Capítulo 10 - Desayuno con Diamantes
Tres toques en la puerta y un par de ojazos verdes del otro lado.
« Hey. » Emma le sonríe tímidamente, entre contenta y sigilosa, pues se sabe caminando sobre vidrios casi-rotos.
« Buenos días, Sheriff. » Las pupilas de Regina danzan alborotadas dentro de sus cuencas, y Emma debe controlarse para no… hacer algo al respecto… allí mismo.
« ¿Sheriff? » Le pregunta con un dejo de picardía en la voz. « Pensé que éramos más cercanas que eso. »
Regina la mira de vuelta, toda sonrisas solapadas.
« Me gusta cómo suena. Le otorga cierta… » La observa de arriba a abajo, claramente tasándola. « autoridad al asunto. » Emma traga saliva y Regina cambia el tono por uno tentativo y también tímido. « Buenos días, Emma. »
La rubia se le acerca, le planta un suave beso en la mejilla y cruza el dintel de la puerta. « Hola. »
A la ex-alcaldesa le impresionaba cómo su relación con la madre biológica de su hijo no hacía sino avanzar a pasos agigantados, todavía más aceleradamente desde la noche en que…
Te quiero demasiado, Eres una idiota, yo también te quiero.
Siempre respiraba un poco más profundo cuando lo recordaba. Dios.
« ¿Y Henry? » inquiere la princesa, colgando su chaqueta café en el colgador de la entrada de la casa y revelando una polera blanca sin mangas debajo.
« Todavía fuera de combate después de su salida de 'Entrenamiento de Caballeros' con tu padre ayer. » le informa, rodando los ojos hacia atrás.
« Ahh, verdad. » La rubia procede a quitarse las botas de cuero, cuidando de dejarlas ordenadas de manera de no enfadar a la morena. Habían acordado reunirse aquel sábado por la mañana para una matinée cinematográfica, aprovechando que la noche anterior Henry se quedaría con Regina, pues habían convenido dividir el tiempo del chico entre las dos; lo que a final de cuentas no importaba mucho puesto que, de un tiempo a aquella parte, igual pasaban casi todo su tiempo libre juntas.
« Emma, ¿no trajiste un sweater? Te va a dar frío, ¿cuántas veces tengo que decirte que te cuides? » la regaña la morena.
La Sheriff la mira con ojos brillantes de cariño; le encanta que Regina se preocupe por ella. « No me va a dar frío, te lo aseguro. » La hechicera aparta la mirada en hastío; Emma tiene el talento de ruborizarla. « ¿Qué vamos a ver mientras Henry vuelve a la vida? »
Regina la observa, confusa. « ¿No quieres desayunar? » Cada vez que Emma aparecía por su casa antes de las once de la mañana, aprovechaba de comer su peso en waffles y similares.
« Desayuné donde Granny's. » Rubor. « Ya me he aprovechado bastante de tu buena voluntad de alimentarme. »
« Emma… no seas idiota. No te aprovechas. ¿Y qué hago ahora con los hotcakes que preparé? »
« Humm seguro que Henry los… »
« Son demasiados. »
« A lo mejor tú… »
« Yo no como hotcakes. »
« ¿Los hiciste pensando en mí…? »
Regina elevó los ojos al cielo, negándose a contestar algo que para ella era evidente.
Emma recapacita. « Huelen delicioso. Tendrás que detenerme si pretendes que queden para nuestro Bello Durmiente. »
Esta vez Regina elige la película, aprovechando la dormilona de Henry. Es Breakfast at Tiffany's. Emma reclama que es una película antigua, a lo que la morena contesta que los clásicos son para siempre. Inserta el DVD y partieron.
Luego de veinte minutos, Emma se empieza a acercar a la hechicera, quejándose de que la película es soporífera. En un momento de valentía se acomoda en el regazo de Regina, mirando hacia la TV, intentando pasar desapercibida. Claramente no pasa desapercibida, pero la ex-alcaldesa se lo permite de todos modos. Pronto, la rubia se relaja y efectivamente se duerme, evidenciado por su ritmo más pausado y profundo al respirar; el atracón de hotcakes no ayuda a mantenerla despierta. La antigua reina, cautiva dentro de lo íntimo del momento, comienza a acariciar rizos dorados con una mano, y el flanco de la princesa con la otra. Emma, dentro de su sueño, prácticamente ronronea, mientras Regina utiliza todas sus fuerzas para mantener los ojos puestos en la pantalla en vez de sobre la mujer acurrucada encima de ella. En la película, Audrey Hepburn canta Moon River, melodía que la morena inicialmente tararea y luego canta suavemente. Cuando termina, Emma se gira sobre ella para mirarla, ya despierta.
« No sabía que supieras cantar. » afirma con quieta sorpresa.
« Todo el mundo sabe cantar. » responde Regina, sin dejar de acariciar su cabello.
Emma la mira con fingido hastío. « Sabes a lo que me refiero. Tu voz suena… » hesita. « Cantas muy bien. »
« ¿Debería ofenderme por la sorpresa, Miss Swan? » la pregunta sonaría más amenazante si no fuera por la calidez de la mano de la morena sobre su melena.
« No, es sólo que... no te imagino derribando reinos mientras cantas dulcemente su caída… » responde con travesura, lo que provoca que Regina detenga su caricia. Emma prácticamente solloza. « Mmm ok, ok, lo siento. » Empuja la mano de la hechicera con su cabeza de modo de instarla a continuar, lo que logra. « Ahora que lo pienso, eras una princesa antes de ser reina. » Deja el malvada fuera de la oración a propósito. « Y tienes más cualidades principezcas. »
Regina eleva una ceja. « ¿Como cuáles? »
Emma enumera con los dedos. « Bueno, tienes una extraña comunicación con los animales. Evidencia A: el ciervo que encontramos en el bosque; evidencia B: Pongo. Es como si te amaran espontáneamente y, ahora que sé que puedes cantar, ¡tengo la duda de si no acudirían a ayudarte si te asomaras a la ventana y emitieras una llamada musical! » se exclama.
« Eso es más del estilo de tu madre », le responde la ex-alcaldesa, entrecerrando los ojos en desagrado.
Emma le sonríe, ignorando su último comentario. « Cántame más. » le pide.
Regina inhala aparatosamente y luego... le regala un No exhalado. Emma rueda los ojos hacia atrás. « Oh, Reg, vamos. ¿Por fis por fis por fis por fis? » le ruega.
« ¿Me viste cara de Jukebox? » la desafía.
« Espera, creo que por aquí tengo una moneda. » Emma está on fire con sus bromas esa mañana.
« Idiota. » murmura Regina, pero ambas saben que no es un insulto.
Y también lo sabe Henry, agazapado en la escalera que lleva al segundo piso, falso bello durmiente, testigo solapado de la rutina azucarada en la que han caído sus madres. Mucha azúcar y pocas nueces, a su entender; su paciencia tiene un límite, piensa, y decide acelerar la Operación Amor Verdadero. Mira una última vez hacia el estar y observa que Emma ha convencido a regañadientes a Regina de cantar la bendita Moon River, y ambas son todo sonrisas.
« No tienen para cuándo. » Murmura, y luego vocifera. « ¡Mamáaaaaaaaa tengo hambreeeee! »
« Entonces ».
Emma interrumpe abruptamente la trayectoria de su bearclaw desde sus dedos hacia su boca. « ¿Entonces qué, kid? »
Es una fría mañana en Storybrooke, y Granny's está repleto de clientes. Henry sorbetea una cocoa caliente con crema y canela, igual que su madre. « ¿Cómo que 'entonces qué'? ¡Nuestra Operación! ¿Hay algún progreso? »
« Nuestra opera— » a Emma le toma un momento recordar a qué operación se refiere su hijo. Y es que las cosas han andado tan bien últimamente que casi había olvidado la Búsqueda del Alma Gemela. Por un lado, habían recuperado el collar de copo de nieve y rescatado a Anna (tras allanar el campo de los Merry Men luego de una llamada anónima recibida en la oficina del Sheriff; un tal Will Scarlet lo había sustraído según él por error); habían desbaratado los planes de una tal Ingrid que, aprovechando que Elsa tenía poderes frigoríficos, también reveló los suyos, junto con sus intenciones de transformar a la reina de Arandelle y a la Sheriff en sus hermanas (cada vez salía con planes más nefastos el Villano Semanal (TM) como le decía Emma); y las cosas entre la antigua Reina Malvada y la rubia no hacían sino mejorar. Los besos en las mejillas, los arrumacos mientras veían películas, los halagos solapados tras insultos vacíos, la preocupación, el cuidarse mutuamente, eran pan de cada día. A Emma le costaba cada vez más estar cerca de Regina sin tocarla o sin mirarla; más temprano que tarde sus manos deambulaban hasta la espalda, los hombros o la cintura de la reina, y sus ojos también se iban en picada libre hacia ella. No podía hilar dos frases sin mencionar a Regina; claro que, esto último, Emma todavía no lo sabía. « ¡Nuestra Operación! Claro, claro. » Le da un gran mordisco a su bearclaw y murmura mientras mastica. « He tenido las manos llenas con el trabajo, kid. No he podido avanzar en— »
« ¡Yo lo he hecho! » Henry produce un enorme archivador y lo abre en una página equis. Emma lee el título: Prospecto número uno: Dr. Whale y se atraganta. El dossier tiene hasta foto de currículum vitae.
« ¡Henry! ¿Whale? En serio, ¿Whale? » arruga el ceño. « El hombre es un canalla, ¿de verdad quieres eso para tu madre? »
Henry no se conmueve y enumera: « Es un doctor, tiene trabajo estable, ayuda a la gente, es inteligente, es apuesto, tienen la misma edad. » Tras cada cualidad va señalando la columna de « Pros » que figura bajo la foto.
Emma se traga el resto del bearclaw para poder contraargumentar. « Es un falso doctor, su trabajo real consiste en transplantar cerebros, le pone el loco a científico loco, es un casanova y la edad es irrelevante. » ¿Qué tenía que ver la edad? Ella era más joven que Regina y sin embargo… Espera. Qué demonios estoy comparando— Momento. ¿Qué edad tiene Regina? « ¿Kid, qué edad tiene tu madre? »
« Treinta y cinco. Pero tuvo treinta y dos durante veintiocho años. »
Los engranajes crujieron dentro de la cabeza de la rubia. Treinta y cinco. Con un hijo de 14 años. ¿La convierte eso en una MILF? ¿No tenían que tener más de 40 años? ¿Dónde fue que lei eso? Claro que treinta y dos más veintiocho suman—
« ¡Ma! » La llamada de atención de Henry la hace enderezarse en su silla. « Necesito que te concentres. Hemos estado muy dispersos con nuestra operación. Yo propongo a Whale, ¿a quién propones tú? » Silencio reticente. Al chico no le queda otra que ir por la yugular. « Ma… ¿de verdad no has tenido tiempo de preparar esto o hay otra razón por la cual no quieres encontrarle un novio a mamá? »
Emma se colorea de rojo y se deshace en evasivas y cuando salen del Diner ya se ha comprometido a concertar una cita entre el médico y la morena.
« ¿Con Whale? ¿Una cita con Whale? Olvídalo. »
Es sábado por la noche y en vez de estar relajadamente tendida sobre (el sillón de) Regina disfrutando de su movie night en casa con ella y Henry, Emma figura en medio de una ruma de ropa que extrajo del clóset de la ex-alcaldesa, en pleno altercado con la dueña del vestuario, tratando de vender a Whale como material apto para citas.
Y más encima le había costado toda una tarde convencer al estúpido de Whale de que Regina era la mujer de su vida. Por los mil demonios.
« Hay que tener mente abierta para estas cosas, 'Gina. El tipo es un doctor… » utiliza los argumentos de Henry.
« Doctor por maldición, querrás decir, porque grado académico real no le vas a encontrar. » le espeta la morena.
Tocada. « … Tiene buena pinta… »
« Es un Don Juan. Y es rubio. »
Emma se pone a la defensiva de pronto. « ¿Algún problema con los rubios? » se cruza de brazos.
« Su rubio es medio desabrido. » Regina debe suprimir una sonrisa cuando constata que Emma inconscientemente toca su cabello. « En todo caso, no importa, porque la respuesta es no. »
Emma suspira y lanza otro argumento del archivo. « Ayuda a la gente… »
Regina rueda los ojos. « Transplantaba cerebros antes de eso. ¿Leíste la novela, o no? »
La princesa quiere gritar que está totalmente de acuerdo con ella pero Henry la estafó con todo esto. « Todos podemos cambiar. ¿O no? »
Regina sostiene su mirada y el aire se vuelve pesado de repente. « ¿De verdad quieres que salga en una cita con él? »
La rubia se da cuenta que ha caído en una trampa pues no hay respuesta correcta a aquella pregunta.
La hechicera aprieta la mandíbula. « Muy bien. Si la Savior opina que eso es lo que tengo que hacer para obtener mi final feliz… así será. » Ofuscada, empuja a Emma fuera de la cama para sacar una prenda sobre la cual estaba sentada, da media vuelta y se encierra en el baño. Emma vuelve a sentarse en la cama y se deja caer de espaldas con un ¡Arggggh! desesperado. Henry elige ese momento para aparecer y chequear cómo va el plan, y se gana una mirada fea de su madre biológica. En eso, Regina sale del baño. Lleva un litte black dress ceñido y sentador, totalmente en el estilo de Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, con unos tacones negros que llegan al cielo - a la usanza habitual de sus fuck-me heels - y maquillaje y peinado ad-hoc, con unos labios rojos como rubíes que derraman sex-appeal y con un mechón de pelo cayéndole pauteada y sensualmente sobre la frente. El conjunto noquea a Emma de forma automática y por unos instantes cae en afasia, para el deleite de la morena.
Henry es pura emoción por la cita de su madre y habla a mil por hora sobre lo bien que se ve, lo mucho que le gusta que esté teniendo citas, y cómo seguramente tendrá que apartar a los hombres con su espada cuando se agolpen a las puertas de su casa. Regina le desordena el pelo y lo besa en la mejilla, tocada por el gesto de admiración de su príncipe. Henry le guiña un ojo a Emma cuando Regina no está mirando, y Emma siente como si el príncipe le hubiera clavado una daga por la espalda.
¡Ding-Dong!
Regina deja la casa escoltada por un boquiabierto Whale y Emma siente súbitos deseos de atiborrarse de helado y ver comedias románticas. Se zampa un Häagen-Dazs de un litro del refrigerador de la morena prácticamente ella sola, y hace oídos sordos cuando Henry reclama que no quiere ver Jamás Besada.
Notas
¡Pobrecita Emma! Acorralada por su hijo y su (mujer)… otra madre de su hijo. Y eso que todo iba tan bien. Tough times, kid. La trama avanza y la Operación también, cortesía de El Principito. En el próximo capítulo… sabremos el resultado de la cita con Whale y veremos si jealous!Emma logra controlarse. ¡Nos vemos!
