Disclaimer: Yumeiro Pâtissière no me pertenece. Su autora es Natsumi Matsumoto.
Detalles: One shot. Pareja: Ichigo x Príncipes dulces, o algo así, no me culpen a mi, culpen a las hormonas xD Ubicado en unas vacaciones imaginarias en Francia.
Advertencias: Ligeramente subido de tono, pero purrff, nada lemon, ni a lime llega...creo...
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Sweet Romance
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El postre de hoy:
Kakigoori
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Junio, mes de inicio de vacaciones, de la diversión en playas y actividades recreativas y, por supuesto, de un calor insoportable.
-¡Morire de calor!
-Nosotros también si no te quitas del ventilador Amano.
La chica, avergonzada, se quitó del lugar en el que se encontraba frente el aparato, permitiendo que el mismo continuara con la dura misión de enfriar la habitación.
Sus compañeros no podían culparla del todo, el calor era insufrible, y el hecho de que el aire acondicionado del hotel en el que se hospedaban se hubiera descompuesto por exceso de trabajo, les ponía en una situación peor.
Una pegajosa, sudorosa e incomoda situación.
Al no poder permanecer en sus respectivas habitaciones debido a la elevada temperatura que cernía sobre ellos, y que a solo poseían un ventilador, por desicion unánime habían optado por compartir el área común en busca de no morir deshidratados.
Y todo había estado relativamente bien hasta que decidieron que era buena idea llevar el mínimo de prendas. Kashino, Ando, y Hanabusa, no tenían problema en solo usar un bermudas. Eran hombres y no les incomodaba el verse los unos a los otros los abdómenes bien trabajados que la escuela y el gimasio que poseía el campus de Francia les había proporcionado. Hasta ahí, todo normal, el inconveniente como siempre, tenía nombre de mujer: Amano Ichigo.
La chica tampoco había tenido reparos en usar pocas prendas. Nada escandoloso, la castaña había optado por un sencillo bikini rojo, que le quedaba bien.
Quizás demasiado bien, a opinión de los varones.
A sus plenos quince años, Ichigo dejaba atrás la pubertad para adentrarse con ganas a la adolescencia, que estaba haciendo buen trabajo en su cuerpo. Su rostro dejaba atrás los rasgos aniñados para darle un rostro mas juvenil, sus piernas habían crecido unos centímetros regalándole mas altura a su dueña, su cintura se había definido y, lo mejor de todo, sus caderas y su busto habían adquirido un par de tallas, no voluptuosas, sino perfectas y delicadas para la castaña.
Las ultimas vacaciones que habían compartido la chica apenas y parecía un palo de escoba con bañador, ¿cuando había cambiado tanto? ¿como es que había logrado tener esa figura si se la pasaba devorando cuanta cosa dulce se le atravesara? ¿y desde cuando les importaba?
Sí, que la chica era su amiga y le apreciaban y todo, pero eso no explicaba porque, horas antes cuando Amano había sugerido ir a la playa para combatir el calor, los tres hombres se habían negado rotundamente por temor a que alguien mas apreciara los cambios en su anatomía.
La pobre había estado a punto de abandonarlos para ir sola hasta que se percató de que su torpeza le había hecho olvidar su bloqueador solar en la academia.
Los contentos chicos no le riñieron como ella esperaba, sino que se mostraron aliviados y prometieron acompañarle a comprar uno en cuanto el sol se hubiese metido y pudieran usar mas ropa sin sudar.
Y como era de esperarse la chica se quejó, pero quisiera o no, habia tenido que hacerles caso ya que no le apetecía tener la piel quemada el resto del verano. Y por alguna extraña razón, ninguno de los tres había deseado compartirle de sus bloqueadores, alegando que eran para diferentes tipos de piel. De haber sido otra persona habría sospechado de la conducta extraña de sus compañeros, pero hablamos de la misma estudiante de repostería distraída de siempre.
Así que, mientras esperaba a que las horas pasaran, Ichigo se encontraba tumbada en el piso de la sala, que no era el sitio más cómodo del mundo, pero el frío del azulejo le daba ciertos alivio a su calor corporal, estirándose y moviéndose por el piso mientras se quejaba de una forma un tanto infantil.
Si conocías lo suficiente a la chica, sabrías de sobra que no era intencional, que la mujer desconocía por completo lo que un cuerpo femenino y la imaginación de los adolescentes podían provocar, pero eso no evitaba que sus contantes movimientos y quejidos activaran las mentes creativas de los chicos presentes, chicos que por cierto, estaban descubriendo que sentían un sentimiento mas profundo que la amistad por su compañera.
Y que también estaban descubriendo, que con el paquete de la adolescencia, venían unas amigas llamadas hormonas, que estimulaban el desarrollo físico, y la -llamemosle reacción- a ciertas partes de su anatomía.
¡No era su culpa! Si no de las benditas hormonas y de la torpe fémina que siempre sacaba a relucir lo mejor y peor de ellos.
Trataban de ignorarle, de verdad que sí, pero Ichigo no ponía de su parte. La joven seguía moviéndose en busca de un lugar fresco en el piso, y su último movimiento la había dejado recostada sobre su abdomen, desacomodando la parte baja de su bikini, para dejar ver unos redondos y aparentemente, suaves, glúteos.
Los chicos tragaron en seco al verla de reojo.
¿Es que de verdad la mujer no se daba cuenta de lo que provocaba?
—¡Que calor!—soltó Ichigo en un gemido que podía perfectamente malinterpretarse.
No, la chica no se daba cuenta de nada.
Andou, que era el más respetuoso en el trió de varones, estuvo a punto de arrojarle una toalla encima para cubrirle cuando unos suaves golpes en la puerta le distrajeron.
Todos se miraron extrañados cuando escucharon que la persona detrás de la puerta mencionó algo sobre servicio a la habitación.
—Amano-san, ¿acaso tu...
—No, no he sido yo.
Satsuki, que era el más cercano a la puerta se dirigió a abrir la misma para ver de que se trataba.
Del otro lado esperaba un joven con el uniforme del hotel, y a juzgar pos sus rasgos físicos, de origen oriental como ellos.
—Buenas tardes, mi nombre es Shinoda Ryuu—se presentó el chico en un francés con acento que lo delató como japonés y después acercó un carrito de servicio con lo que parecía ser vasos y hielo raspado—, en nombre del hotel pido disculpas por los inconvenientes que ha provocado el fallo en el aire acondicionado.
Los hombres que ya se habían acercado a la puerta para ver de que iba aquello, le miraron hostiles. ¿Que el hotel lo lamentaba? El personal de esa lugar no tenia ni la mas remota idea de la tortura a la que habían estado siendo sometidos. Ni tampoco de cuantas duchas heladas habían tenido que tomar.
El empleado sintió un escalofrío al ver la hostilidad de los huéspedes. Supuso que se debía a la falla antes mencionada, mas no entendía porque tanto odio en sus mirada y no deseaba averiguarlo, así que decidió hacer lo que tenia que hacer lo mas rápido posible para salir huyendo.
—La reparación terminará en una hora, mientras tanto les he traído un refrigerio cortesía del hotel.
El joven maniobró con maestría sus utensilios y preparó cuatro copas con el hielo raspado y procedió a sacar unos jarabes de debajo del carrito.
—Tengo de sabor fresa, melón, soda y frambuesa.
—¡Kakigoori!—dijo una contenta Ichigo que, como siempre, estaba ajena a la mala vibra que le rodeaba—yo quiero de fresa por favor.
El joven vertió una generosa cantidad del dulce en uno de los conos y procedió a entregárselo a la chica.
Y a partir de ese momento, todo sucedió en cámara lenta.
De alguna manera que la lógica tendría complicado explicar, la castaña logró tropezar con algo en los escasos dos pasos que la separaban de su postre frío. Ninguno de los varones llegó a tiempo, así que lo único que pudieron hacer fue ver como el hielo fragmentado y coloreado de rojo caía como lluvia encima de Ichigo, mientras la misma se precipitaba hacia el suelo sobre su trasero. La joven se quejó desde su posición del dolor en su parte trasera y del repentino frío que sentía en todo el cuerpo.
Amano estaba triste por haber tirado su dulce, pero al ver que estaba cubierta del jarabe de fresa soltó una carcajada.
—¡Miren chicos, soy una kakigoori de fresa!—dijo señalándose a si misma—, ¿entienden? ¡de fresa!
La simplicidad del chiste hizo que Kashino rodara los ojos, Hanabusa suspirara y que Andou riera ante la simpleza del asunto, pero antes de ver quien la iba a ayudar a levantarse, Ichigo hizo algo que paralizó a los varones y los obligó a tragar en seco, incluso también al pobre empleado del hotel que seguí allí.
De verdad que si se lo preguntaban, Amano Ichigo no sabría que responder si le preguntaban si lo hacia a posta. Ella solo ladearía la cabeza y te respondería: ¿el qué hacía a posta? Así que no tendría caso cuestionarle.
Lo único que quedaba por hacer era pedirle que no lo volviera hacer y menos en presencia de testosterona adolescente.
De nuevo, en cámara lenta, cuatro pares de ojos observaron a un dedo índice pasearse por en medio de dos montículos femeninos, llenarse de un liquido espeso y ser llevado directo a un par de delicados y rosados labios, que gustosos dejaron pasar una pequeña lengua que saboreo con increíble lasitud el dulce.
—Mmm... Deberían de probarme, estoy deliciosa—concluyó la castaña con la mas inocente de las intenciones. Ella solo se refería al dulce. ¿que otra cosa sería, si no?
No obstante, las recién estimuladas mentes de los jóvenes no pudieron evitar tergiversar la escena antes vivida por algo mas indecente. Que exactamente, no era algo que fueran a revelar.
Después de unos segundos en donde todos parecían perdidos en su propio mundo, los jóvenes recordaron que debían salir de sus fantasías mentales para volver al mundo real, y ver que la causante de todo seguí allí, sin entender que sucedía.
Como cosa de la nada, los aclamados príncipes dulces, se sonrojaron hasta las orejas y corrieron lejos de la escena del crimen.
—¡El baño es mío!
—¡No si llego antes!
—¡Yo lo necesito más que ustedes!
Ichigo miró confundida a la entrada de la habitación, ¿es que se sentían mal sus amigos? La chica se incorporó notando que el chico del hotel la observaba con ojos desorbitados y la cara completamente roja. Antes de que pudiera preguntarle si se sentía enfermo, el chico balbuceó una excusa para después salir corriendo.
Decir que Ichigo estaba desconcertada por la actitud tan extraña de todos era decir poco, pero no iba a indagar mas al respecto.
Y como debía esperar a que el baño se desocupara para poder tomar una ducha, decidió que mientras podía entretenerse comiendo algo.
—Mas para mi—canturreó la chica al deleitarse con la refrescante sensación del dulce.
Sí, en definitiva, el de fresa era el mejor.
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Acá en mi "rancho" les llamamos raspados. Es típico que en verano o en su defecto, tiempos de calor, se pongan señoras con puestos casi en cada esquina. Compran una barra grande de hielo que raspan con una navaja especial (cuyo nombre no me lo sé xD) y te lo sirvan en un vaso desechable con popote y cuchara. Hay infinidad de sabores de... pues es algo así como una mermelada pero con consistencia mas liquida. Los típicos en México son tamarindo, jamaica, fresa, rompope, vainilla, coco, arrayán, mango, guayaba, y demás frutas y sabores, casi como los helados, la variedad depende del lugar donde lo compres. Incluso puedes combinar sabores, como vainilla con fresa, mango con chile, o algo tan loco como oreos y jamaica xD, eso es a gusto de cada quién.
+o+
