UNA LUCHA POR LA LIBERTAD

Las tierras antes pacíficas de Leinster, ahora se habían convertido en un verdadero caos. La gente se había levantado en armas contra la autoridad de la reina Eris, clamando justicia, alimento y seguridad para sus familias. Abel, primo de la reina había jurado protegerla pero había huido en la primera oportunidad que tuvo; llevándose consigo uno que otro botín. Sin el general Shaka a cargo de la guardia real, los rebeldes fácilmente habían tomado la fortaleza que fungía como casa real, dejando a Eris a merced de varios líderes salvajes.

Sin más ideas para defenderse, Eris intentó negociar con ellos sin éxito, terminando exiliada más allá de la empalizada sin más bienes que las vestiduras que llevaba al momento. Con el clima no favorecedor de aquel territorio, rápidamente la mujer quedó empapada y a punto de congelarse. La última vez que alguien de aquel reino la vio, caminaba descalza y con el semblante desvanecido en dirección a los acantilados. Algunos dicen que siguió caminando hacia ellos sin detenerse y saltó lanzando gritos de ira hacia la familia Leinster. Otros dicen que un granjero la acogió y la tomó como esposa, dejando atrás todo su pasado y cambiando su nombre. Lo cierto es que ella jamás intentó volver al castillo.

Mientras tanto, los pequeños clanes familiares de aquella región peleaban entre sí sin ningún tipo de plan ni control. Una parte pensaba que debían aguardar el regreso de los legítimos herederos de las tierras, el resto pensaba que era la oportunidad de saquear todo y ver solo por ellos mismos. Así, sin un líder que pusiera orden, Leinster parecía destinado a desaparecer.

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El rey Apolo estaba sentado fumando mientras veía caer la lluvia por la ventana de aquella biblioteca, parecía como si toda Inglaterra se hubiera levantado en armas por una u otra razón y eso hacía ver su nula autoridad. Unos ligeros golpes llamaron a la puerta y su hijo Camus entró.

-Llegaron informes interesantes del sitio de Wessex.

-¿Acaso Minos logró entrar?

-Aún no, pero hay rumores que tendrá algo de ayuda.

-¿De que hablas? Leinster está en su propia guerra, Northumbria nos es fiel y… ¿Kent? No. Kanon de Kent evita a toda costa cualquier roce con otro reino, prefiere mantenerse al margen y conservar si imaginaria independencia.

-Pues hay quienes dicen que vieron a los gemelos juntos cabalgando hacia Wessex y más aún, dicen que hablaron por un buen rato con Minos.

-¿Ambos? Pero Sir Saga estaba recluido en las islas del exilio

El pelirojo se levantó de su asiento. Algo más sucedía y era inconcebible que él no estuviera al tanto pero sobretodo que las piezas de su ajedrez se movieran sin que él pudiera evitarlo.

-Hijo ha llegado el momento de que te midas como futuro líder de Inglaterra, quiero que vayas a Wessex con un batallón de nuestra milicia y le brindes apoyo al rey Sísifo y su familia.

-Claro padre, será un honor representar mi escudo. Me prepararé para partir.

El peliazul salio calmado de la habitación y camino por el pasillo hacia su recámara donde estaba su esposa.

-¿Por que esa cara? -preguntó Hilda- ¿Paso algo?

-Tendré que ir a Wessex, es posible que entremos en batalla para ayudarlos.

La albina bajo la mirada preocupada, sabía la situación que había en aquel lugar y a pesar de haber terminado con Aioros hacía ya meses para casarse con Camus, su corazón a veces era infiel.

-¿Es necesario que vayas tu mismo?

-Mi padre me lo ha pedido y no lo pienso defraudar, pero no me hace gracias ponerme en riesgo para ayudar a tu querido Aioros.

-Camus, hemos hablado de esto antes. Tomé mi decisión.

-Porque él tomó la suya. Sabes que no soy segunda opción de nadie y aún ahora puedo ver ese brillo en tus ojos cuando hablas de él. Si no fuera porque nuestra alianza era necesaria, hubiera preferido evitar esta unión.

-Me he esforzado por ser una esposa honorable y estar a tu altura, he cumplido con mi palabra y jamás te faltaré -afirmó Hilda seriamente- si a pesar de eso deseas seguir atormentándote con mi pasado, adelante. Pero debemos estar aquí para el otro y eso no cambiará, será mejor te acostumbres… Suerte en el frente, se que lo harás bien.

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El rey Sísifo estaba indignado ante la falta de apoyo por parte del rey Apolo. Minos de Lindsey se había plantado con su ejercito alrededor de su palacio y empezaba a molestarle no poder salir. Sus consejeros le decían que era mejor aguardar y esperar a que desistiera, pero ya había pasado casi una semana y Minos no parecía tener intención de irse. Por otro lado estaba la opción de pelear, pero sin ninguno de sus 3 generales, tendría que enviar a su hijo mayor o ir él mismo a dirigir los ataques. En realidad él se sentía algo oxidado para dirigir una batalla así.

-¿Estas bien querido? -preguntó la reina Artemisa- estas pálido.

-Esto no me gusta Artemisa, no quiero pensar si Minos decide atacarnos y consigue entrar a la ciudadela, perderemos vidas, saquearan todo. ¡Y Apolo ni siquiera ha enviado a nadie!

-Trata de calmarte, eso no sucederá. Aun tenemos suficientes provisiones y nuestro ejército es fuerte y numeroso,no tenemos de que preocuparnos.

-Un ejército sin líderes ¿sabes lo que sucede cuando el ganado no tiene pastor?

La reina molesta le da la espalda a su esposo.

-Hay mayores problemas que un montón de salvajes acampando en nuestro jardín ¿sabes?

-¿A que te refieres mi reina?

-Estas tan enfrascado en esta lucha que no te has dado cuenta de lo que sucede con nuestro hijo mayor. ¿No te has preguntado donde esta su esposa?

-Supuse que descansando del parto. Por cierto ¿por que no me han traído a mi nieto?

-Ese bastardo no es tu nieto y ella está ahora mismo en los calabozos. Acabo de hablar con Aioros, se negaba a decirme lo que estaba ocurriendo.

-¿Que? ¿Por que encerraron a Lady Saori?

-¡Porque el hijo que dio a luz es de ese infeliz de Saga! Esa mujer es una cualquiera que se atrevió a engañar a nuestro hijo y a manchar con lodo nuestro nombre. ¡No podemos dejar que esto se sepa!

-Fue por eso que Saga fue exiliado, ahora lo entiendo. ¿Y que piensa hacer Aioros con esto?

-Dejarla ahí supongo, pero su hermano y sus sirvientes de confianza están con ella.

-¿Y el bebé?

-También. Sin embargo a mi me preocupa que alguien pueda encontrarla y se sepa todo.

-¿Entonces que propones? ¿Exiliarla también?

Artemisa mira muy seriamente a Sísifo, a pesar de no considerarse una mujer malvada, haría lo que sea para resguardar la seguridad de su familia y su reino.

-Creo que la princesa Saori y su recién nacido debería de convertirse en una lamentable víctima de está situación bélica por la que estamos pasando.

-¿Quieres que la matemos? No, eso no estaría bien.

-Lo que ella le hizo a nuestro príncipe tampoco estuvo bien. Sísifo, no podemos permitir que esto salga de Wessex.

El rey bajó la mirada y guardo silencio, no le gustaba la idea pero tampoco se le ocurría nada más para evitar que se supiera todo, además ya bastantes problemas tenía con el enfrentamiento que estaba en puerta.

-Hagan lo que tengan que hacer…

Artemisa salio de la biblioteca donde había charlado con su esposo sin notar que alguien había escuchado aquella conversación. El más joven de la casa Wessex se había ocultado tras una escultura para que su madre no se diera cuenta de que estaba ahí. A pesar de su corta edad se dio cuenta de la injusticia que su familia pensaba cometer en nombre de mantener un status. Y así como antes había decidido tomar su propio camino respecto a acercarse a su pueblo, también decidió no ser parte de esto.

Sin que nadie lo viera, bajo a los calabozos para asegurarse que lo que había escuchado era verdad. Abrió la pesada puerta de roble y caminó por el pasillo llegando a la celda donde Saori estaba sentada en el piso abrazando a su hijo.

-Princesa, soy yo, Aioria.

A ella le costo un poco acostumbrarse a la luz de la antorcha que el joven sostenía y al hacerlo le regaló una sonrisa.

-¿Que haces aquí Aioria?

-Se todo, lo de tu hijo. ¿Es verdad? ¿Engañaste a mi hermano? ¿Amas a Saga?

-Si pequeño. Cometí errores por los que ahora debo pagar y si, lo amo pero ahora eso ya no importa mucho ¿o si?

-Debes salir de aquí, si te quedas ni tú ni tu bebé vivirán. No creo que tengamos mucho tiempo.

-Pero… ¿Por qué querrías ayudarme?

-Porque se que no eres una mala persona y que no mereces esto.

Aioria abrió la celda de la princesa, ayudándola a ponerse de pie para después abrir las celdas donde se encontraban Mu, Seika y Shaka.

-Vamos, debemos salir de aquí cuanto antes y sin que nos vean.

Mientras tanto en otra parte del castillo de Wessex, Saga y Kanon habían logrado entrar a la citadela por un dren pluvial y vestidos como aldeanos, habían logrado pasar sigilosamente a los soldados del palacio.

-Tantos años viviendo aquí al menos fueron útiles -le dijo Saga a su hermano- ya pasan de las 5, seguramente habrá cambio de guardia. Si nuestra información es correcta, deben tener a Saori en los calabozos, de prisa.

Ambos entraron por un corredor de servicio que los llevaría hacia su destino, sin embargo un soldado los encontró sospechosos y quiso detenerlos.

-Hey ustedes dos ¿a donde se dirigen?

El hombre reconoció a Saga y comenzó a gritar, ambos gemelos se vieron a los ojos al verse descubiertos, sabían que no tendrían más opción que luchar por lo que desenvainaron sus espadas al escuchar que más soldados se acercaban. La lucha no se dejó esperar, los hermanos dominaban el arte de la espada, por lo que parecía que podían acabar con la docena de guardias que los atacaban, pero cuando parecía que fácilmente saldrían de eso, escucharon una voz.

-No puedo creer que te hayas atrevido a volver.

Saga se dio la vuelta al reconocer la voz y fue recibido por un puñetazo en la cara que lo hizo caer al piso con el labio sangrando. Kanon intentó acercarse pero fue sujetado por varios soldados, quienes lo inmovilizaron.

-Aioros -dijo Saga poniéndose de pie- no quiero pelear contigo, solo he venido por Saori.

-¿De verdad? ¿Crees que puedes entrar aquí donde yo tengo el poder y solo llevarte a mi esposa?

-Tu jamás la quisiste, no tienes derecho a…

-Tengo todo el derecho del mundo porque es mi mujer. Te guste o no, le guste a ella o no. No pienso perdonarte por tu traición, debí matarte desde que lo supe pero fui un estúpido en tenerte piedad. Tu y esa maldita zorra lo pagarán hasta el final de sus días. Aunque tu no vivirás mucho, ella sin embargo se quedará aquí conmigo y tendrá que cumplir con su deber de esposa, aunque llore y suplique como la vez que la hice mía.

-¡Eres un malnacido! -dice el peliazul atacando con su espada- yo tampoco te perdonaré por lo que hiciste.

Aioros le pide a sus guardias que no se metan en la pelea, mientras ambos se miden en una lucha donde la ira y el rencor predomina. Kanon por su parte logra liberarse y también inicia a pelear contra el resto de los soldados.

-No tienes oportunidad Saga, rindete y haré que tu muerte sea rápida.

-No. No hasta que esté seguro de que Saori y mi hijo estén a salvo.

-Ah si… Tu pequeño bastardo. Su destino será morir al igual que tu.

-Aioros, te lo pido por nuestra amistad, si alguna vez de verdad me consideraste tu hermano te pido que dejes ir a Saori y mi hijo. Si quieres vengarte hazlo conmigo pero a ellos dejalos en paz. Yo me equivoqué, debí hablarte de frente y asumir las consecuencias de mis sentimientos hacia ella.

-No lo haré, no seguiré siendo el hazmereir de todos,

Con toda su furia, Saga se mueve hábilmente sobrepasando a su adversario durante varios minutos, Aioros logra esquivarlo, despojándolo de su espada y poniéndolo contra la pared.

-Adios hermano -dice el castaño sarcásticamente- ¡muereee!

-¡Nooo!

El grito de Saori que llega corriendo hace a Aioros voltear y Saga aprovecha esto para golpearlo y desarmarlo. Shaka se une a Kanon para terminar con los pocos soldados que seguían de pie. Aioria corre hacia su hermano pero este lo aleja al darse cuenta que ayudo a Saori a salir de los calabozos.

-¡Tu también eres un maldito traidor! -dice intentando levantarse- ¿cómo pudiste ayudarlos? ¿Tu los dejaste entrar?

-Él no tuvo nada que ver en eso, déjalo Aioros, todo terminó -afirma Saga- haz perdido, acéptalo.

Saori se acerca a donde ellos se encuentran con el bebé en brazos y la mirada puesta en aquel hombre que tanto extrañó, sin embargo Aioros aprovecha para sujetarla y amenazarla con una daga que saca de su bota.

-¡Suéltala! -grita con desesperación el peliazul- No te atrevas a ponerle un dedo encima.

-Hermano no -grita Aioria queriendo detenerlo- ¡No lo hagas!

-¡Tu dejame maldito traidor! No se saldrán con la suya.

Cuando Aioros alza la mano para atacar a Saori, quien solo sujeta fuertemente a su hijo, una espada atraviesa el abdomen del príncipe quien solo se mira el estómago con expresión confundida y cae de rodillas. Saga observa la escena y al caer Aioros se da cuenta que Kanon fue quien lo atacó.

-Solo puedes tener un hermano ahora.

Saga corre a abrazar a Saori, besándole la frente.

-Pensé que te perdería -dice él- ¿este es…?

-Nuestro hijo

-Aun no estamos a salvo, no tardaran en venir más guardias -dice Kanon- debemos salir de aquí ahora.

Aioria llora al lado de su hermano quien parece haber perdido sus signos vitales, al ver esto Saori se acerca a él.

-Perdonanos, jamás quise que esto terminará así, Aioros yo…

-No digas nada más, solo vayánse.

-Saori, debemos irnos.

La pelilila derrama algunas lagrimas mientras es tomada de la mano por Saga para dirigirse al lugar por donde entraron.

-No podremos salir sin llamar la atención, somos demasiados. Y la princesa llamara la atención.

-Kanon debemos intentarlo.

En ese momento se escuchan diversas explosiones alrededor del palacio. Minos de Lindsey ha decidido entrar con sus tropas y una violenta batalla inicia en todos los rincones del castillo. El grupo que intenta salir aprovecha la distracción y bajo el flanqueo de Shaka, Saga y Kanon logran salir por el mismo dren por el que entraron.

Ya afuera, se acercaron a donde Minos de Lindsey dirigía la batalla.

-Ah por fin salieron -dice despreocupadamente el rey- lo siento no pude esperar más. Apolo mandó tropas dirigidas por su hijo y tuve que adelantar mis planes.

-Si Lord Camus viene con todo su ejercito no tienes oportunidad -afirmó Kanon- deberías reconsiderar retirarte.

-No viene con todos sus hombres solo son un par de cuadrillas. Wessex caerá hoy. Ahora debo irme, mis hombres me necesitan. Si salgo vivo de aquí, cobraré su deuda pendiente.

Minos agitó su espada y salio galopando. Shaka consiguió varios caballos con los cuales poder escapar de aquella sangrienta revuelta cuanto antes.

-¿Nos acompañaras hermano? -preguntó Saga-.

-No, debo volver a casa. Me preocupa mi esposa, no quiero que esto se salga de control. Ve con tu mujer, después nos veremos.

-De acuerdo, gracias.

La pelilila se despidió agradeciéndole también por la ayuda y se separaron. Kanon regresó a Kent para asegurar su reino, mientras que Saori y los demás decidieron tomar rumbo a Leinster donde tendrían que manejar a los rebeldes antes de poder retomar su hogar.

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La reina Artemisa había buscado desesperada a sus hijos para llevarlos al refugio secreto de la familia real, mientras el rey dirigía personalmente la defensa del castillo. La servidumbre había huido y la guardia real tenía demasiados problemas como para prestarle atención a la frustrada mujer. Después de minutos que le parecieron eternos, vio al final de un corredor a Aioria de rodillas junto a el cuerpo de alguien. Ella se apresuró a él desconcertada porque el joven no respondía a su llamado, pero cuando estuvo a un metro de él entendió el por qué.

Un grito desgarrador se escucho por todo el palacio, uno que ni siquiera el sonido de las espadas y explosiones pudieron acallar, un grito de una madre que encuentra a su hijo sin vida. Aioria la tomó en sus brazos, alejándola de tan terrible vision.

-Vamos madre, debemos irnos de aquí.

-No, Aioros…

-Se ha ido. Perdóname, quería hacer lo correcto pero no quería que terminara así.

-¿Tu?

-No, pero yo los ayudé a escapar, tuve que hacerlo o no habría podido con la culpa.

Artemisa lo mira confundida y voltea a ver la puerta que conduce a los calabozos abierta.

-Por ella, ¡por esa maldita mujer mi hijo esta muerto!

-Vámonos ya.

El príncipe la toma del brazo y a pesar del llanto y rabia de la reina, consigue llevársela a un lugar seguro en una aldea cercana.

El rey Sísifo sin embargo no tiene tanta suerte pues al encarar a Minos fue derrotado, muriendo en el campo de batalla. El reino de Wessex fue tomado finalmente y para cuando el príncipe Camus llegó solo había muerte y destrucción; si algo había aprendido de su padre era que los soldador eran dinero y enviarlos a morir por una causa perdida era estúpido, por lo que así como llegó, decidió regresar. Ya se negociaría aquello de otra manera, en una mesa con una copa de vino, como era siempre mejor hacerlo,

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Cuando finalmente Saga y el resto llegaron a las tierras altas de Leinster, Saori derramo varias lagrimas al ver los pueblos decaídos, gente enferma y carencias. Pronto llegaron a las afueras del castillo y se detuvieron ante un grupo de hombres que les impidieron el paso.

-¿Quien es su líder? -preguntó Saori- Quiero hablar con él.

-Esta bien, la dejaremos pasar pero solo a usted, ellos deben quedarse afuera.

-De ninguna manera entraras ahí sola -dijo molesto Saga- eso no sucederá.

La pelilila se volteó hacia él y le beso dulcemente la mejilla.

-Estaré bien, esta es mi gente y no me lastimaran, confía en mi.

-Dejen que la acompañe, por favor -se acerco el joven Mu- yo tambien soy un Leinster y quiero estar presente.

Al ver a Mu desarmado, los hombres accedieron, llevándolos ante el que había liderado la rebelión. Aldebarán era un hombre tosco de gran estatura y fornido, era conocido por ser de pocas palabras y poca paciencia, pero la gente de aquellas tierras confiaban en él por ser justo y leal.

Cuando Saori y Mu entraron al salón donde se encontraba comiendo, Aldebarán reconoció de inmediato a la princesa y se puso de pie, un poco nervioso.

-Milady, no imaginé verla por aquí.

-Han pasado muchas cosas al parecer Milord.

-¿Lord? ¿acaso tengo aspecto de lord?

-Por lo menos veo que disfruta de las comodidades de mi hogar, lo cual me alegra mucho -dijo tranquila Saori- sin embargo estoy aquí para hablar sobre el futuro de este reino.

-Dudo mucho que haya un futuro Milady, las cosechas se perdieron, los animales mueren de hambre, el pueblo sufre enfermedades y se han quedado sin nada ante los caprichos de su madrastra.

-Pero ustedes se encargaron de echarla y en realidad es un alivio, estoy agradecida con ustedes por ello.

-¿A que ha vuelto? ¿Acaso a gobernar como ella?

-No, solo he vuelto al que siempre ha sido mi hogar. Me duele verlo así, ver el sufrimiento de la gente. Los conozco y ustedes a mí, mi familia ha dirigido estas tierras por siglos y no pienso rendirme solo por las consecuencias de las ambiciones de gente como Eris.

-¿Y como piensa hacer eso Milady? Yo no tengo hambre de poder, usted y su hermano pueden volver a sentarse en el trono y yo regresaré a mi choza en la empalizada pero ¿Que hará? Una mujer sola y un niño.

-Es verdad que he quedado viuda pues el príncipe que desposé ha muerto recientemente pero no estoy sola. Además de mi hermano hay gente cercana a mí que es mi familia. Deben confiar en mi.

El hombre miró a los ojos a Saori, había luz y pureza en ellos, aunque su sentido común le hubiera pedido no confiar en ella, algo en el viento le susurro que lo hiciera.

-Bien Princesa, si es así… Bienvenida a casa.

Este es prácticamente el último capitulo de la historia como tal, aunque haré un epílogo para atar los cabos que quedaron sueltos, en estos días lo actualizare para dar por concluido el fic, espero les haya gustado.