Ella introdujo su lengua en mi oído.
Haciendo oscilar mi percepción.
Reclamando un beso desde su rostro recostado aun lado del mío.
El cual garantice.
Sin dudarlo.
Asami rasguño lo que alcanzaba.
Alimentando el masoquismo que me agradaba.
Mi esternón ascendía agitado.
Descendía sumiso.
Consecuencia del diafragma apresurado.
Enamorado de la mujer que lo oprimía.
Los pectorales estaban orgullosos de acunar a mi profesora.
Quien descansaba sobre ellos.
Asami desplazo las manos a su centro colorido.
Libre.
Atrevido.
Lleno.
Sensible.
Colocando los dedos justo en la entrada del túnel femenino.
De paredes hambrientas.
Ella suspiro en mi oído.
Introduciendo profundo algunos.
Mientras los otros parecían acariciar su bulto superior al agujero.
Que ya estaba enorme.
Colosal.
Elevado.
Todo gracias al estímulo.
Mental.
Físico.
Emocional.
Intente soltarme las esposas con todas mis fuerzas.
Partir el material que me suprimía de consumar.
Pero.
Ni con todo el poder cedían.
Eran de una excelente calidad.
Mis muñecas ya ardían.
El interior de mi ser gritaba.
Un interruptor entre mis muslos estaba nutrido.
Los alrededor que le daban protección, adoloridos.
Notaba voluptuosidad.
Humedad a cántaros.
Mi bóxer estaba empapado.
Los muslos morenos mojados.
No solo de mis fluidos.
Lubricantes.
También los de Asami.
Ella me susurro que le digiera cosas.
Las más bajas que se me ocurrieran.
Que la ayudara a llegar al orgasmo con mi voz.
Era la oportunidad que estaba esperando.
No quería rogar que me soltara.
Tenía que dejar algo de argullo en mi ego.
Lo que no hacia mi cuerpo que lo hiciera mi cerebro.
Que estaba abolido.
Estúpido.
Pendejo.
Lleno de sexo.
Erotismo.
Deseo.
Pero trataría de incitarla subliminal para que soltara mi custodia.
Reproduciendo con mis palabras.
Pensamientos atrevidos.
Como Asami los pidió.
Audaces.
Intrépidos.
Vigorosos.
"Cambia tus dedos por los míos, llenare por completo tu interior con mi tamaño"
Incite.
"Déjame probar tu sabor"
Instigue.
"Succionar con mis labios"
Seduje.
Ella solo se removía.
Clavando sus tacones en la mesa.
Tratando de no moverla para no perder la preciada posición.
Manteniendo el punto que le daba placer alimentado por todo lo que pasaba.
Palabras.
Roces.
Pensamientos.
Olores.
Sonidos.
Cuerpo contra cuerpo.
Miedo.
Temor por ser descubiertas.
Desvergüenza.
Fantasías.
Poder.
Supremacía.
Susurre su nombre.
Junto a muchas cosas.
Pero se mantenía firme.
Asami lo disfrutaba.
Yo me desmoronaba.
Castigada.
Aprendiendo una lección.
Siendo reprendida.
Incapaz.
En medio de su éxtasis.
Ella busco más tracción.
Le indique que empujara todo lo que quisiera el escritorio.
Que yo metería mis pies tras cada pata trasera del mismo para que este no se moviera.
Sato lo hizo.
Mis cuádriceps se acortaron mostrando potencia.
La que Asami necesitaba para llegar al clímax.
Percate su tensión cercana.
Le pregunte.
"¿Ya te vienes?"
Ella me dijo.
"Si"
Entrecortada.
Busque su boca.
Hundiendo mi lengua.
Plantando un beso.
Ardiente.
Vehemente.
Irresistible.
Técnico.
Que la hiciera juntar lo que sentía en su interior conmigo.
Mi profesora coloco flexibilidad en sus caderas.
Ampliando más su abertura.
Estaba en el lugar de gozo.
Contrayendo su intrínseco.
Lo interno del útero.
Piso pélvico.
Mientras yo jugaba con su lengua.
Ella dejo escapar un gemido.
De los que me negó durante todo el encuentro.
Le respondí mordiendo su labio inferior.
Ahogando el mío propio producto del fantaseo.
De figurar las sensaciones profundas de su sexo.
Escuchando los pezones erectos bajo la camisa Chanel gritando por atención.
Su organismo sensible que me reclamaba ser manoseado.
"¿Quieres probar?"
Pregunto.
"Por supuesto"
Adjunte.
Sabiendo a lo que se refería.
Asami acerco la mano que segundos antes estaba en su interior.
He introdujo dos dedos bañados en mi boca.
Permitiendo saborear el néctar de la vida.
Chupando como si de una golosina se tratara.
Necesitada.
Hambrienta.
Mendiga.
Ella disfruto verme hacerlo.
Saboreo delicioso.
Exquisito.
Apetitoso.
Mi profesora los saco privando el gusto hasta de ese placer secundario.
Callando un reclamo.
Al juntar nuestras bocas de nuevo.
Para compartir la sustancia.
Llena de espesor.
Como la miel.
Liquida.
Alimentadora.
Característica.
El contacto pasó de ser desenfrenado a calmo.
Asami se relajó.
Continuando el beso de forma diferente.
Ya no tan pasional.
Más sentimental.
Sin embargo a un sentía que mi organismo iba a explotar de abstinencia.
Ella alzo su humanidad de mi regazo.
Originando extrañar su calor.
El peso que me oprimía ligeramente.
La voluptuosidad pegada a mi ropa y piel descubierta.
Generando entre la tristeza de no tenerla cerca que me preguntara que vendría a continuación.
