Naruto.
Después de aterrizar y conseguir nuestro equipaje, nos metimos en un transbordador para el viaje de treinta minutos a la ciudad de Paris. Mi cabeza palpitaba y entre el parloteo feliz de mis compañeros de clase y los cambios de dirección del conductor, lo único en lo que me concentré fue en no vomitar mientras íbamos disparados por la autopista de la ciudad.
Abrí los ojos cuando la furgoneta llegó a su parada final. Nuestro hotel era un simple edificio de nueve pisos de piedra pálida en el vestíbulo. Iruka nos recordó que teníamos un par de horas para descansar en el hotel, o hacer turismo cerca antes de la visita al Museo Nacional de Historia y luego una cena en grupo esta noche.
Después de un rápido proceso de registro, Kiba y yo encontramos nuestra habitación. Era una pequeña habitación de esquina con dos camas estrechas, un armario y una televisión de pantalla plana montada en la pared. La alta ventana se elevaba con cortinas blancas transparentes. Me planté en la cama junto a la ventana, sin siquiera molestarme en quitarme los zapatos.
Así que voy a salir un poco- dijo Kiba.
Solté un gruñido y agité una mano a ciegas por encima de mi cabeza, esperando que él entendiera que eso quería decir: "genial, hasta luego."
Oí la puerta abrirse y sonidos de risas y conversaciones mientras Kiba se reunía con los demás en el pasillo.
Los golpes en mi cabeza se intensificaron y me sacaron de mi sueño. Abrí un ojo y luces multicolores pasaron ante mis ojos, incluso después de que los cerrara otra vez. A veces dormir me ayudaba a librarme del dolor de cabeza, pero hoy no. El vuelo y el jet lag debían haber sido una perfecta combinación para la migraña. Me di cuenta de que los golpes no venían de dentro de mi cabeza, pero en vez de eso eran contra la uerta, la abrí y volví a caer sobre la cama.
Um, ¿hola?
Alcé la mirada y vi a Sakura de pie en la puerta abierta. La luz inundando desde el pasillo creaba un halo a su alrededor.
Cierra la puerta- dije en mi almohada. Oí la puerta hacer clic con suavidad y estuve agradecido.
Vamos, todos van al museo.
No me moví.
¿Qué, el grande y fuerte Naruto Uzumaki tiene demasiado jet lag para salir?
Gemí y me di la vuelta sobre mi costado en posición fetal.
¿Qué pasa?- preguntó, su voz más suave que antes.
Migraña – respondí, sin abrir los ojos.
Oh. – Dudó por un segundo-. ¿ Cualquier cosa que pueda hacer?
Mis medicinas. Están en mi mochila- Hice un gesto hacia la maleta que había dejado caer en el extremo de mi cama. La oí acercarse y abrí los ojos para verla agacharse y abrir mi maleta. Hizo a un lado mis boxers cuidadosamente y cavó entre los montones de camisetas hasta que encontró el frasco de pastillas.
¿Es éste?
Asentí y tendí la mano.
Gracias. – Apreté mi mano alrededor del frasco y luego dejé que colgara lánguidamente de la cama, reuniendo la energía para realmente abrirlo.
¿ Necesitas que te consiga un poco de agua o algo así?
Eso sería genial- susurré.
Empujó mis hombros hacia atrás hasta que yací en la almohada.
Sólo trata de relajarte. Ya vuelvo.
Unos pocos minutos pasaron y Sakura tocó suavemente la puerta. Salí de la cama para ir a abrirla. Me quedé allí, estabilizándome contra el marco de la puerta, entrecerrando los ojos por la luz. Ella puso su mano alrededor de mi cintura y me guió de vuelta a la cama. Me senté, inclinándome contra el cabecero para apoyarme. Abrí el frasco de pastillas y me dio una, luego trajo la botella abierta de agua a mis labios. Cerré los ojos y trague la pastilla. No sabía que había causado el repentino cambio en Sakura, o por qué estaba siendo agradable, pero no iba a quejarme en estos momentos.
Gracias Sakura.- Incliné mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos otra vez.
En cualquier momento.
Supongo que tienes que irte ahora- dije, sin mirarla a los ojos.
No puedo simplemente dejarte aquí solo.
Yo estaba callado, tratando de averiguar lo que ella quiso decir.
Ya le he dicho a Iruka que no te sentías bien y que nos encontraríamos con todos más tarde . Pero si no me quieres aquí, probablemente puedo alcanzarles.
Abrí los ojos otra vez. Sakura estaba sentada junto a mí en la cama, sus ojos verdes llenos de preocupación.
Quiero que te quedes – dije suavemente.
Bien, entonces. – Se puso de pie y se acercó al borde de la cama y me quitó los zapatos y los puso cuidadosamente al lado de mi maleta.
Me deslicé hacia abajo en la cama y puse mi cabeza en la almohada. Me sentía como una mierda, mi cuello estaba rígido, mis palmas estaban frías y sudorosas y estaba nauseabundo. Realmente esperaba no vomitar en frente de ella. Se sentó frente a mí en la cama de Kiba y me miró.
Gracias por cuidar de mí – dije.
Está bien, estoy acostumbrada a ello.
No tenía la capacidad cerebral para interpretar lo que eso significaba. En su lugar, me concentré en mi respiración, pero la habitación continuó girando, y pese a que los dolores de cabeza normalmente me ayudaban a sentirme mas cerca de Konohamaru, simplemente me sentí solo y lejos de casa.
Sabía que ella no era el tipo de preocuparse por mantener las apariencias, así que supe que no me juzgaría por bajar la guardia en este momento y así lo hice.
¿Sakura? – dije sin abrir los ojos.
¿Si?- Susurró.
¿ Puedes venir tumbarte conmigo?
Ella dudó.
Por favor. Creo que ayudará.- Tendí una mano hacia ella.
Sentí el cambio de la cama cuando ella se sentó a mi lado en el estrecho colchón y a regañadientes se acostó junto a mi. Mantuvo su cuerpo rígidamente en equilibrio en el borde de la cama, para que no nos estuviéramos tocando, pero después de unos segundos, me acerqué más a ella.
Al segundo en que la sentí contra mi cuerpo, una relajada calma se apoderó de mí. Acurruqué mi cuerpo alrededor de ella y me sentí anclado por la forma en la que nuestros pechos subían y bajaban juntos, deteniendo la sala de girar.
