Los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

El lado oscuro de la luna

Capítulo 10

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A los iracundos artemarcialistas se les saltaron los ojos al mirar, incrédulos, el tremendo desastre en el que les habían dejado el departamento luego de la fiesta organizada, de la cual, se perdieron una buena parte por efecto y causa de los dos atemorizados jóvenes que ahora tenían enfrente.

Botellas de licor, bolsas de dulces, colillas de cigarros, patatas fritas tiradas por doquier… "¿Eran eso que estaban en una esquina del sillón, unas pantaletas?"

—Por más que intento, no puedo creer que hayan sido capaces de hacernos esto —Se lamentó Ranma, siendo quien más molesto se hallaba con los hermanos. Sus párpados estaban enfatizando una mirada de sumo coraje y hacía círculos en la estancia para quitarle a su cuerpo parte de la tensión que, sólo al lanzarse a sus cuellos y despedazarlos, le tranquilizaría.

Juno y Yusei se volvían del tamaño de una hormiga en el sillón más grande de la sala, y que ahora les servía de banquillo de acusados en medio de un juicio despiadado. La muchacha se miraba un poco más confiada, sentada de un modo más relajado que su hermano; el otro, se preguntaba cuánto faltaba para que el joven de la trenza cumpliera con la sed de asesinato que mostraba en sus ojos.

—Ranma tiene mucha razón —Secundó la chica de cabellos índigo quien, al igual que Ranma, aún vestía la ropa de la fiesta. Mostraba más indulgencia que su ex prometido, y el profundo semblante de culpa en el hermano mayor le inspiraba compasión, después de todo, pensaba en el fondo que su actuar no era con una mala intención hacia ellos—. Se supone que somos buenos amigos.

—Por eso es que lo hicimos, Akane —Se atrevió a emitir palabra la más joven de los Tanamashi, quienes si tuvieron tiempo de vestirse con sus respectivas pijamas—. Creímos que necesitaban un pequeño "empujoncito" para arreglar sus diferencias. No es que quisiéramos perjudicarlos de ninguna manera, en serio.

—¡Esas son patrañas!—. Refunfuñó el aludido, lanzando una fuerte exhalación por la nariz. Los chicos no hacían otra cosa que imaginarse en medio de un ruedo, con Ranma como un toro y donde ellos dos eran el capote.

—Son más que… "diferencias" Son problemas personales que no vamos a resolver bebiendo como unos cosacos, ni dejándonos encerrados por cien días —Atajó la ofendida—, tú lo sabes, Juno— ahora se dirigió a la más pequeña de los hermanos, causándole, por primera vez, un ahogo de culpa al notar la tristeza en las palabras de Akane—. Escuchen, sé que sus propósitos son buenos, pero no quiero que vuelvan a tomarse ese tipo de atribuciones, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. Lo prometemos, pero, no nos corran—. Yusei aceptó de inmediato. Desde el principio estuvo tratando de recalcarle a su hermana lo arriesgado del plan, así como cada una de las malditas consecuencias que esto tendría si fallaban; ahora que todo estaba descubierto, sólo podía rogar porque no los echaran a patadas del departamento.

—Pe-pero… —Y por lo visto, la entusiasta hermana era más cabeza dura para entender de razones—… Ustedes dos deberían…

—Juno—. Recalcó Akane, modificando su timbre de voz a uno que recordaba al de una madre regañando a su hija.

—Está bien, está bien. Acepto—. Respondió de no muy buena gana, se podría decir, que hasta cruelmente obligada.

—Ranma, ¿qué dices?—. Akane se cruzó de brazos y se atravesó en el andar de su prometido, quien se detuvo y quedó frente a ellos, listo con su veredicto final.

—Pueden quedarse, por mí no hay ningún problema. Sin embargo, la próxima vez que quieran jugar a los casamenteros, pueda que no esté tan de buen humor, así que les aconsejaría no tentar su escasa suerte—. El joven se marchó a su habitación sin emitir ninguna palabra más. Era obvio que no toleraría ni en pintura a los hermanos un par de días, más el buen corazón le ganaba.

—Ya lo escucharon, chicos —Secundó la joven— yo tampoco tengo ningún inconveniente en que se queden, pero traten de portarse bien… y, lamento decirles esto, pero —añadió, llevándose uno de sus dedos a los labios—, esta vez, les toca a ustedes limpiar el desorden que ha quedado. Mi cabeza todavía no termina de aterrizar. Pero, creo que podrán encargarse de la limpieza sin ningún problema. Yo necesito ir a dormir un poco más—. Murmuró más como una auto-orden que como un comentario hacia los muchachos.

Una vez que Akane también se perdió de vista, la joven de cabello castaño se terminó por desparramar en el sofá sin recato alguno.

—Eso estuvo muy cerca. Por poco nos corren.

Te dije que no era un buen plan, Juno—. Le recriminó Yusei, fingiendo inocencia en todo aquel asunto. Cosa que no pasó desapercibida para la ofendida, quien rodó los ojos por lo increíble del reclamo.

—La próxima vez no fallaremos—. Señaló orgullosa.

—Yo ya no pienso ayudarte más —Se cruzó de brazos el mayor—. Ese Saotome puede dar miedo si así lo quiere.

—Con que poco te asustas —La otra sonrió victoriosa, pasándose las manos por la parte de atrás de la cabeza—. Estamos muy cerca, muy cerca de conseguirlo.

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—¿Aún estás muy enojado con ellos?—. Después de unas horas de descanso, Akane se dio una ducha de agua tibia, se vistió con unos pantalones de algodón y una camiseta gris de manga larga, se amarró el cabello en una coleta baja y salió a la sala. Allí miró a Ranma, sentado en el borde de la única ventana, la cual, estaba entreabierta. El artista marcial se miraba bastante pensativo, así que decidió acercarse.

—Aún no he pensado en el castigo que voy a darle a esos dos —Respondió taciturno—. Sin embargo, no será sólo limpiar el departamento, eso puedo jurártelo. Voy a hacer que no les queden ganas de seguir jugándonos más bromitas de esas.

—Oh, vamos. No seas tan duro con ellos—. Akane ya estaba dispuesta a perdonarlos, y no veía por qué él no podría hacerlo también.

—"Previsión" Me aseguro de que no intenten otra cosa así de arriesgada de nuevo —Suspiró él, cerrando otro botón de una chaqueta sobre su ya tradicional camisa China. Estaba haciendo más frío del que se esperaba—. No quiero tener de qué arrepentirme la próxima vez que pierda el control de mis acciones por culpa del licor.

—¿Te acuerdas de todo lo que platicamos esa noche, Ranma?—. Ella se asombró de la férrea seguridad con la que hablaba el pelinegro, como si se acordara de todo con sumo detalle.

—No. N-no —Se lamentó él —Pero algo me dice que no me porté mal—. Aquello hizo que Akane forjara una pequeña sonrisa, y al verla, él iluminó su cara con una sonrisa más infantil, mientras que sus ojos cobraron vida con un brillo nostálgico.

—Creo que algún día deberíamos dejar de tener miedo de nosotros mismos y de nuestras acciones, ¿no lo crees? —Akane se acercó un poco más a la ventana y pudo aspirar la helada brisa de una tarde invernal; pronto, se encontraba frunciendo la nariz ante un repentino cambio de temperatura en su cuerpo—. Todo sería mucho más fácil para nosotros.

—Eso trato, pero a veces me cuesta más de lo que quisiera —Para gusto de él, había quedado con la guardia baja después de decir eso, pero se decidió, de una buena vez por todas, a hacer la pregunta que llevaba varios días consumiéndole— ¿Vas a ir a la cita con ese chico de primer año, Haru?—. No se atrevió a mirarla a los ojos, por miedo a encontrar alguna gota de entusiasmo en ellos; la vista la tenía hacia abajo, contemplando las calles cubiertas de espesa nieve.

—Tengo que ir. Lo prometí y debo cumplirlo—. Respondió ella, con un breve toque de emoción en el timbre de su voz al ver el interés de la joven de la trenza, cosa que, por supuesto, el malinterpretó con el entusiasmo de Akane por salir con su amigo.

—Ese tipo está muy interesado en ti. Lo sabes. Y si vas, le darás a entender que a ti también te agrada.

—Es un amigo cualquiera y una cita nada más. No estoy interesada en él… ni en ningún otro chico más.

—¿Y si, por así decirlo… —Ranma entrelazó sus manos y se las llevó a la altura de sus labios, jugando con ellos antes de decidirse a hablar—… te pidiera que no vayas?

—Bueno —Dijo Akane—. Por así decirlo, te pediría una buena explicación para hacerlo.

—Vamos, Akane, no la necesitas. Tú ya deberías de saber perfectamente cómo me siento con eso—. Inconscientemente, Ranma no dejaba de reprenderse ante tantas afirmaciones guardadas, pero su boca parecía estar bajo algún misterioso hechizo que le impedía decir mentiras. Se levantó del borde de la ventana y quedó de pie, a un costado de ella. Ambos se miraban de reojo.

—¿Es que de verdad te interesa lo que haga?—. Akane no se fue más por las ramas e hizo la pregunta que la carcomía por dentro.

—Qué más da —Gruñó con desgana—. No importa lo que diga, tu reacción es tan impredecible como una moneda lanzada al aire.

—A mí me gustaría saberlo, Ranma —Esbozó ella, divertida con las ocurrencias de su ex prometido—. Podrías hacerme cambiar de opinión.

—A veces… siento… que lo único que nos separa, es no saber cómo acercarme nuevamente a ti. Porque los sentimientos ahí siguen.

No supo por qué, pero Ranma tuvo una extraña necesidad de tomarle de la mano y se decidió a cumplir con su fantasía, sólo que la imagen de la chica se fue desvaneciendo y, cuando finalmente sus dedos hicieron contacto con la blanca piel de la muchacha, esta había terminado por desaparecer completamente.

Luego de aquello, Ranma abrió los ojos por completo. Para su mala suerte, se encontró con que todo había sido un sueño, estaba en el futón de su habitación y quien se hallaba roncando a su lado era Yusei.

El artista marcial se rascó fuertemente la cabeza y luego trató de depositarla nuevamente sobre su almohada, tratando de dormir un poco más, sin embargo, aquello se volvió una acción por demás imposible.

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Varios días después y, como cada fin de semana, Ranma se encontraba en el pequeñísimo cuarto del departamento que estaba destinado como lavandería.

Las paredes de ahí eran de un color mucho más oscuro que en el resto, y en su interior, sólo había espacio suficiente para albergar, en forma alineada, una lavadora mediana, una secadora del mismo tamaño y un par de cestos para la ropa; el resto era un minúsculo pasillo para que transitara quien lavara.

Como se debía esperar de un chico, aquella actividad le resultaba cansina. Él recordaba con nostalgia que era ella quien solía lavar toda su ropa, mientras él se ofrecía a preparar la mayoría de los almuerzos. Obviamente, aquella íntima rutina entre ellos dos era ya algo imposible.

Esperando a que pasara el tiempo del ciclo del lavado, Ranma se hallaba sentado en el suelo, con las rodillas dobladas y las manos sobre estas, mirando atentamente el movimiento de su ropa a través del cristal circular en la puerta de la lavadora.

—Ya casi termina el tiempo de mi carga—. Explicó escuetamente, luego de que viera al par de hermanos parados en el umbral de la lavandería.

—Humm… no importa —La muchacha dejó su cesto de ropa sobre la tapa de la secadora y se recargó en ella, mientras su hermano se quedaba parado en el marco de la puerta, a un lado del pelinegro—. Preferiría estar viendo la tv o saliendo a pasear, a tener que pasarme más de una hora encerrada aquí, lavando mi ropa.

—En serio que te pierde la flojera—. Le reclamó Yusei.

—¿Lavarías mi ropa si prometo cocinar durante las próximas dos semanas?

—Sólo si tu prometes limpiar todo el departamento.

—Lamento interrumpirlos —Intervino el chico sentado en el suelo—. Pero esas actividades no están en discusión. Todavía les quedan suficientes días para meditar lo sucedido.

—Ya hemos sufrido bastante con nuestro castigo —Ella hizo un puchero—. Deberías tener más consideración con nosotros. Parecemos un par de cenicientos y mis uñas ya están estropeadas por completo. Cuando esto termine, voy a necesitar una sesión urgente de manicure.

—Eso les pasa por querer ser padrinos mágicos de causas insalvables —Criticó Ranma—. Nadie les pidió que…

—Sí, sí, sí, ya sabemos —Interrumpió la castaña, con un dejo de molestia—. Que no metamos la nariz donde no nos llaman. No obstante, si los dejáramos arreglar las cosas a ustedes dos, se harían viejos antes de lograrlo.

—Oye, gracias por el buen augurio —El hijo de los Saotome arqueó una ceja, adoptando un timbre sarcástico—. No esperaba menos.

—¿En verdad te gustaría que no hiciéramos más por ustedes?—. Preguntó el muchacho que se hallaba de pie. Se notaba sincero.

Ranma se sintió un poco cohibido con la interrogante, sin embargo, respondió con la firmeza que su respuesta necesitaba.

—Se los agradezco, en serio, pero ya no lo hagan, por favor.

—Entonces, descuida —Contestó Yusei, dando por fracaso la idea de unirlos—. Te damos nuestra palabra de que no lo haremos más.

—Pero tú debes prometernos que no te darás por vencido—. Suplicó Juno, bastante comprometida con la causa.

—Va a ser feliz—. Decretó el artemarcialista. "Aunque no sea conmigo" Añadió para él.

Su negro y largo cabello impidió que el resto notara el pesar en sus ojos oscurecidos por la tristeza al aceptar que había perdido, y que ya se estaba dando por vencido.

Por suerte, se distrajo cuando el tiempo de secado de su ropa terminó, y el par de hermanos comenzó a pelearse por ver quién lavaba su ropa primero.

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Como todo aquello que tiene un plazo por cumplirse, el día de la cita de Akane y Haru finalmente llegó.

Ranma, como ningún otro inquilino del departamento, tenía más que presente la fatídica fecha, así que no le extrañó en lo absoluto cuando sonó el timbre del departamento al caer el atardecer.

—Hola, buenas tardes —Saludó Haru al muchacho de pantalones oscuros, camiseta de tirantes blanca y una toalla azul cielo sobre los hombros—. ¿Se encuentra la señorita Tendo en casa?

De inmediato, el labio superior de Ranma trató de alzarse en una mueca de disgusto y sus pupilas bajaron para fraguar cualquier mentira que negara la presencia de la chica de ojos marrones. Tenía la oportunidad de inventar cualquier cosa, total, nadie estaba ahí para descubrirlo… sin embargo, la desazón terminó por dominarlo y se abstuvo de hacerlo.

—Todavía debe estar arreglándose en su habitación —Señaló con su pulgar derecho hacia atrás —Puedes pasar a esperarla si quieres—. Agregó con seriedad, pero manteniendo, ante todo, una actitud amable.

—Gracias, ¿Saotome, cierto?—. El más joven de los muchachos se apresuró a hacer una leve inclinación.

El hijo de Genma y Nodoka asintió y le dio el pase al interior del departamento, quedándose rezagado para cerrar la puerta… y, por qué no, para darse el gusto de analizar cualquier movimiento en falso del recién llegado.

Los minutos sentados silenciosamente en los sillones de la sala se hicieron eternos entre miradas recelosas y golpeteos en el piso con la suela de los zapatos, además, Ranma imponía con su mirada casi oscurecida y penetrante, completando su papel con los brazos cruzados estoicamente sobre su pecho, lo cual contrastaba totalmente con la actitud perdida e inocente del joven amigo de Akane.

—Tardé en decidirme qué ponerme —Vaciló tímidamente, revolviéndose con incomodidad en el sillón, luego de que el silencioso anfitrión lo mirara un par de veces, observando su peculiar manía de acomodar los pliegues de sus pantalones y su camisa, ambos en colores claros—. Nunca acordamos el lugar al que iríamos.

—No va a importarle a dónde la lleves —Contestó Ranma en fingida camarería, aunque en verdad, sólo estuviera haciendo alarde de las vivencias compartidas con su ex prometida—. Ella no suele fijarse en ese tipo de detalles, es más, sus lugares preferidos son los parques, las heladerías y el lago que está al otro lado de la ciudad.

—Oh, vaya, te agradezco el dato —El joven de mirada gris y cabellera negra no ocultó para nada su alegría—. Eso hace que me tranquilice muchísimo.

—No es nada—. Ranma respondió secamente.

—Y veo que les gusta el deporte a ambos—. Con la curiosidad habitual de un invitado, Haru pasó la vista por todos los rincones del departamento, observando todo aquello de lo que se perdió en su primera visita. Entre otras cosas, encontró un portarretrato en una mesita junto a su sofá, en donde aparecían Ranma, la chica de cabello color índigo y una docena de niños pequeños; todos vestidos con trajes de entrenamiento.

—Esa es la mayor pasión de Akane… y la mía también —Respondió con la mayor naturalidad del mundo, sin necesidad de pensar—. Tal vez, a veces me cueste reconocerlo frente a ella, pero lo lleva en la sangre y en el corazón. Es una artista marcial en toda la extensión de la palabra.

—Vaya, no parece una chica a la que le gusten los deportes rudos —Dudó el menor, acercándose a la orilla del sofá para tomar la fotografía en sus manos—. Ella parece tan… delicada.

—Pues, ya ves que no es así —Recalcó el otro—. La realidad es que es una completa marimacho. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

—Dime una cosa, Ranma —Haru dejó el portarretrato en su lugar y clavó una mirada perspicaz en el otro chico—. ¿A ti no te atrae ella?

—¿Akane? —Sus ojos se abrieron de asombro, tal como si lo hubiesen acusado de algún asesinato—. ¿Esa flaca desgarbada? No, ¿por qué?

—Porque si no me juraras lo contrario, pensaría que podría haber algo más entre ustedes dos. Parece que comparten muchas cosas en común. Cualquiera que los conociera, lo pensaría.

—Precisamente por eso —Atajó el ojiazul; las palabras salieron amargas y evasivas—. Akane y yo somos demasiado parecidos para intentar ser algo más que buenos amigos.

Ranma se levantó de improviso, dando por terminada la conversación. Ya estaba harto de estar allí, fingiendo que no le importaba estar compartiendo la vida de su ex prometida y suya con un puberto aprovechado.

—Lamento mucho la tardanza—. Justo en ese instante, Akane salió del pasillo principal y terminó parada en medio de los dos chicos.

—Hola, buenas tardes, señorita Tendo—. Haru de inmediato se desentendió del otro muchacho y se desvivió en su reverencial saludo hacia ella, quien correspondió con una inclinación similar—. No te disculpes, apenas han sido un par de minutos.

El artemarcialista se contuvo, manteniéndose varado en el sitio; se olvidó por completo que no quería ver cuando ella se fuera de la mano de otro… y en cambio, ahí estaba, admirando como un bobo la escena.

"Estúpida e idiota marimacho" Eran sus mordaces pensamientos, pero sus ojos le traicionaban, mirando con ternura a la joven, vestida casualmente con una falda larga y un abrigo color camello sobre una blusa que no estaba a la vista.

—¿Ranma?—. Akane apenas había reparado en la presencia de su ex prometido. Volteó al sentir su imponente presencia y no se equivocó; al girar, la penetrante mirada color mar ya estaba incrustada en ella.

—Y-yo… verás—. Susurró él, incapaz de reaccionar.

—Gracias por hacerle compañía—. Él tensó las facciones de su cara rápidamente, como un acto reflejo que lo cubriría de algún posible sonrojo ante el encanto de la sonrisa femenina.

—No fue nada—. Lanzó a regañadientes.

—¿Nos vamos, señorita Tendo?—. El más joven de los tres fue el que terminó por romper esa extraña comunicación de miradas.

—Akane. Llámame Akane, por favor —Ella volteó para dirigirse a su nuevo amigo, y de inmediato volvió a fijarse en el menor de los Saotome—. Voy a volver más tarde, dile a los chicos que no se preocupen por mí.

—Yo les aviso —Comentó Ranma—… Yo también voy a salir más tarde. Ahora que volvieron a comenzar las clases, es tiempo de que vaya a renovar la inscripción al gimnasio.

—Haces muy bien, Ranma. Me da mucho gusto por ti —Akane exaltó, llena de buen humor, ignorando el bufido que había dado su compañero—. Ya verás que te hará muy bien volver a las actividades que tenías antes de irte.

—Akane…—. Esta vez, la voz del chico de cabello trenzado se volcó casi en un llamado de súplica. Mentalmente, no dejaba de preguntarse cómo era capaz de ser tan torpe para no darse cuenta.

—Dime.

—No… —No. No podía obligarla a quedarse—. Cuídate, quieres.

—Lo haré —Meditó ella, quedándose unos segundos más con la atención puesta sobre él, quien parecía querer decirle algo más —Tu también—. Finalizó, pensando que, tal vez, era su imaginación jugándole malas pasadas.

Después de aquella pequeña conversación, la artemarcialista y su nuevo amigo salieron, mientras que Ranma se encargó de cerrar la puerta, para luego dirigirse al baño a darse una ducha.

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Al día siguiente, Ranma y Akane salían de su única clase compartida con rumbo al receso, cuando una pequeña turba compuesta por los dos latosos hermanos los arrastró fuera del Instituto, justo en la mesa y bajo el árbol que solían sentarse siempre.

Contrario a los chicos procedentes de Nerima, tanto Juno como Yusei llevaban unos pantalones oscuros y una camiseta blanca con el escudo de la escuela bordado al costado izquierdo. El uniforme era opcional, pero ya que las habían conseguido, se les hizo mucho más sencillo ocuparse la semana con esas camisetas, en lugar de quebrarse la cabeza pensando en qué ponerse a diario. Por el contrario, Ranma y Akane iban de lo más informales; él, con su inseparable camisa China; ella, con una camiseta tejida de manga larga color marrón oscuro que le llegaba casi a medio muslo, en conjunto con unos pantalones blancos más que entallados.

—¿Y bien, Akane? —Juno fue la primera en hablar—. Ayer en la noche ya no tuvimos tiempo de platicar, pero hoy tienes qué contarnos todos los detalles acerca de la cita. Queremos saber cómo te fue con Haru, ¿qué te dijo? ¿A dónde fueron?¿Qué comieron? ¿Te hizo alguna propuesta? ¿Se portó atento contigo?

—Juno —Sonrió la chica de cabellos cortos, palmeando el aire con una mano—. Respira.

Ranma quiso protestar, diciendo que era al que menos le interesaban los vaivenes románticos de su ex prometida, sin embargo, la verdad es que si quería saber, por lo que abrió su bento y comenzó a comer en el más absoluto de los silencios, escuchando atentamente al resto de los presentes.

Para decepción de los dos hermanos espectadores, la cita apenas habían consistido en una visita al parque más cercano, un par de conos de nieve y un algodón de azúcar para los dos, todo ello, mientras platicaban de cosas triviales sobre la escuela y alguna que otra pregunta escueta para conocerse mejor.

El chico estaba sumamente tranquilo para lo que solía imaginarse de él; creía conocer a Akane. Aunque su relación no tuviera vuelta atrás, aún era demasiado pronto para que ella iniciara algo nuevo. Podía sonar estúpido, pero aún mantenía la esperanza de qué, cuando ella pudiese dejar esa pesadilla en el pasado… tal vez… y sólo, tal vez…

—¿Qué volvió a invitarte a salir? —Ranma casi se va de bruces al escuchar la pregunta de la joven de pelo castaño—. ¿Y aceptaste? ¿Qué le dijiste?

Esta vez, Akane dejó su hasta entonces indiferencia con el artemarcialista y volteó a verlo. Realmente no había ninguna reacción definible en su rostro, y si no se hubiese quedado con los palillos a medio camino de su boca, para luego dejarlos otra vez sobre el recipiente, habría creído que ni siquiera le había estado prestando atención.

"¿Por qué no decía nada?" Se cuestionaba internamente él, deseando tener la valentía de preguntarle él mismo.

—Aún no lo decido —Determinó, girándose nuevamente hacia su interlocutora—. Tengo un par de exámenes la próxima semana, así que voy a checar la agenda y voy a llamarle más tarde.

—Me alegro tanto por ti, Akane —Suspiró Juno, enamorada de la idea de salir con un chico tan agradable, como tenía catalogado a su compañero de clases—. Tú que puedes, no debes de perderte esas oportunidades que la vida te brinda.

—¿No crees que estás exagerando? —La joven de mirada marrón sonrió con timidez—. Recuerda que sólo es un amigo. Un buen amigo.

—Oh, Akane, Akane, cómo te fascina arruinar mis emociones—. Lloriqueó la hermana de Yusei, apuñando las manos como una niña pequeña.

Juno continuó lamentando su vacío amoroso y su vivencia a través de las de Akane, hasta que el timbre de la escuela se hizo escuchar y todos, salvo Ranma, que tenía esa hora libre, se pusieron de pie para ir a sus respectivas clases.

En unos minutos, el muchacho se quedó solo, agradeciendo internamente por quedarse sin más compañía que su amiga soledad. Aquello ya se estaba saliendo de control. "¿Por qué ella se mostraba tan dispuesta a salir con otros compañeros?" Nunca le habían interesado ese tipo de cosas, "¿Por qué ahora?"

De alguna forma, se sentía muy traicionado. Tal vez, conscientemente la estuviera arrojando a los brazos de alguien más, pero internamente, lo único que deseaba es que Akane superara sus traumas y le diera otra oportunidad.

Varias veces pensó en dar el primer paso, sin embargo, si su plan no funcionaba, su ex prometida seguiría rechazándolo y su declaración la haría sentir aún más insegura, estando junto a un sujeto que sentía algo por ella y que no sabía cómo controlar sus emociones.

Pero… ¿Y si ella estuviera esperando esa señal?

Ranma dejó caer la barbilla en la mesa, mientras su cabeza seguía haciéndose un lío con su debate interno.

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Para el siguiente fin de semana, después de tanto pensarlo, lo había resuelto: hablaría con ella. Akane había llamado para confirmarle la cita a ese aprovechado y yo ya estaba muriendo de celos y coraje por verme desplazado de esa forma tan abrupta. Esto no podía seguir así.

Decidí interceptarla antes de que pudiera encontrarse con él, expresarle lo que sentía y rogar a todos los dioses porque ella sintiera lo mismo que yo.

Me armé de valor, salí de mi habitación y fui a tocar la puerta de su cuarto, esperando que, como un golpe de suerte, Juno no estuviera presente para escuchar lo que debía decir.

—¿Qué quieres, Ranma?—. De más está decir qué, cuando ella me abrió la puerta y me recibió de esa manera tan "cariñosa" mis objetivos primarios se esfumaron de mi cerebro. Además, el verla tan arreglada para salir con ese renacuajo no hizo otra cosa que terminar por sacarme de mis cabales.

—¿En verdad aceptaste volver a salir con ese tipo otra vez?—. Cuestioné lo obvio, y aunque ya lo sabía, nada me preparó para enfrentarlo. Sin darme cuenta, me había sujetado de ambos lados del marco de la puerta con los brazos, como si intentase bloquearle la salida. A más de eso, lejos de que saliera la declaración inicial que tanto me había costado pensar y decidirme; solamente los celos hablaron por mí—.¿Es que no te cansas de darles falsas esperanzas a las personas?

—¿De qué rayos me estás hablando?—. Contestó ella. Yo apreté los labios con fuerza. "Le gustaba hacerme rabiar"

—Akane, te lo voy a decir sólo una vez y será mejor que me obedezcas —Maldije sin darme cuenta, aunque al mirar los ojos incrédulos de ella, me di cuenta de que estaba utilizando un tono hosco y grosero. No me importó—. Te prohíbo salir con ese renacuajo otra vez, ¿me escuchaste?

Ella se echó un poco hacia atrás de la sorpresa ante las tonterías que estaba diciendo, pero no dejó que aquello la desestabilizara más de la cuenta, al menos, que yo no lo notara.

—¿Y se puede saber por qué demonios tendría qué hacerte caso?—. Inquirió, poniendo los brazos en jarra ante un mandato que encontraba inaceptable.

—Por… porque ante los ojos de todos, sigues siendo mi prometida, boba —La miré y le hablé con fiereza—. No voy a permitir que me hagas quedar como un estúpido idiota frente a todos los que nos conocen por tu culpa.

—Si eso es lo que te tiene tan molesto, no tienes nada de qué preocuparte —Me señaló con un dedo en el pecho—. No voy a hacer nada indebido, pero de una vez te advierto que no voy a tolerar tus arranques machistas de posesividad. Que no se te olvide en ningún momento que tú y yo no somos nada. Por mi, puedes salir y pedirle matrimonio a la primera mujer que se te atraviese en el camino, a mi me interesa un sorbete.

—No puedes estar hablando en serio —Vacilé, sin saber cómo demonios se había descarrilado tanto la conversación de aquella tranquila propuesta que tenía planeada al principio. Como cereza del pastel, en mi interior no sabía si soltar una risa lacónica o molestarme con sus celos camuflados bajo falsa palabrería. Tan seguro de que ella tampoco soportaría verme con otra chica, como yo no podía aceptárselo a ella—. Ya te lo dije, no puedes.

—Dime una razón de por qué debería de hacerte caso, Ranma —Me reto—. Sólo una.

—Las razones están de más —Contesté, sin poder articular una mejor excusa para mi inusual pedido—. Te prohíbo que…

—¡No, Ranma! ¡Ve a ponerle prohibiciones a otra que te idolatre lo suficiente para dejarse —Me encaró, con el aura de batalla emergiendo alrededor de ella—. ¡No tienes ningún derecho sobre mí. Que te quede bien claro, mi vida no le pertenece ni a ti ni a nadie!

—¡Bien, ¿eso es lo que quieres?!… ¡entonces, vete al diablo, tarada!—. Mascullé, con los puños apretando las paredes para no hacer ni decir alguna tontería peor.

—Lo haré cuando me dejes pasar, imbécil—. Me replicó ella, dando un paso más hacia la salida del cuarto y quedando a un palmo de distancia mío—. ¡Quítate de mi camino!

Estoy seguro de que las paredes crujieron entre mis manos, sé que la miré con la mirada más despreciable que pude ofrecerle, e iba a rebatirle con más saña, pero finalmente pude calmarme un poco, no mirando otra opción que hacerme a un lado. Realmente no tenía ningún medio para hacerla quedarse. Nada de lo que había planeado había salido como quería. "¿Qué caso tenía ya intentar algo?" Me giré a un lado y ella salió con paso veloz, atravesando en un santiamén el pasillo que conectaba la sala y la cocina, sin importarle mirar atrás. Unos instantes después, ya no pude verla, sin embargo, pude escuchar la puerta principal siendo azotada con fuerza.

—¡Puedes hacer lo que se te de la gana! —Grité a todo pulmón, a sabiendas de que ya no iba a escuchar—. ¡¿A quién le importas?! ¡A nadie!

Me recargué en la pared del pasillo, justo para echar la cabeza hacia atrás. Luego, una idea macabra se me vino a la mente y cualquier gesto de coraje fue sustituido por una mirada siniestra y una sonrisa burlona. Me alejé de la puerta del cuarto de Akane y me fui al propio con una clara intención en mente. Pero antes, hice una rápida parada en el baño para coger una botella de alcohol de la caja de primeros auxilios y una caja de fósforos.

—Voy a sacarte de mi vida, Akane —Bramé con impotencia, bastante dolido con las respuestas de ella—. Voy a hacerlo. ¡Te lo juro!

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"¡¿Ese animal qué se creía para hablarme así?!" Salí del departamento hecha una furia y caminé un par de calles, deseando que con cada paso fuera disminuyendo un poco la guerra de emociones que había en mi sangre. El buen humor había desaparecido por completo, y sólo el deseo de hacerle ver a Ranma que no podía obligarme a nada me hacía caminar con rumbo al restaurante-bar al que me había invitado Haru.

Lo peor que puedes hacer cuando estás de mal humor es desquitarte con alguien más, pero en ese momento no era consciente de cuánto estaba exteriorizando las intensas ganas que traía de tomar revancha con quien fuera, inocente o no.

Cuando menos lo pensé, ya estaba parada en la puerta del concurrido restaurante en el que tenía mi cita. Era un establecimiento muy angosto de dos pisos, con un cartel cuadriculado de colores y el nombre en letras color carmesí brillante.

Por un momento me arrepentí e hice el intento de sacar mi móvil del saco que portaba para llamarle a Haru y decirle que no podría ir, pero finalmente desistí y decidí entrar. Igual y el distraerme podría quitarme un poco de la rabia que sentía en mi interior.

Dentro, el sitio parecía realmente cálido. Estaba casi oscuro en su totalidad, iluminado con unas bombillas de colores radiantes que giraban por todo el sitio como si fueran la luz reflejada por un faro. Los baños estaban casi en la salida, casi como un lugar aparte del restaurante, mientras que las mesas estaban acomodadas con una simetría perfecta por toda la plaza, sólo interrumpiéndose al fondo para darle espacio a la fuente de bebidas y una tarima especial donde se hallaba el karaoke y la gigantesca pantalla donde aparecían imágenes de quienes cantaran y las letras de las canciones.

Fui caminando lentamente entre la multitud de personas que estaban esa noche ahí, mientras buscaba la mesa que había escogido Haru. Al final, lo encontré sentado en una de las mesas más próximas a los karaokes, escuchando atentamente a una pareja de chicos que cantaban una canción romántica en el escenario.

Llegué, arrastré la silla que estaba a un lado de él y me senté discretamente, con un simple, "hola" como saludo.

—¿Se… te encuentras bien? —Apenas notó mi presencia, creo que él pudo saber exactamente el estado colérico que traía encima. Si pudiese verme en un espejo, podría decir que mi ropa lucía un tono cobrizo debido a mi aura.

—Por supuesto —Atajé, ladeando mis labios en una discreta sonrisa que me evitara dar una explicación con pormenores—. ¿Por qué no habría de estarlo?

—No lo sé, te noto muy molesta ¿Pasó algo antes de que llegaras? ¿Te puedo ayudar en algo?—. Lo miré nerviosa. Tal como lo suponía, era una pésima actriz para ocultar mis emociones.

—Er… no. No, por supuesto que no… Etto… Por qué mejor no me cuentas cómo estuvo tu día—. Traté de fingir una sonrisa mientras buscaba camuflar el coraje que traía contra ese inútil posesivo que era mi ex prometido.

—Claro—. Esbozó feliz, un poco menos preocupado.

o-o-o

Llegué a la habitación que compartía con Yusei y luego de encender una lámpara y de asegurarme paranoicamente de que no hubiese nadie, lo primero que hice fue arrastrar el bote metálico de basura al centro de la habitación, dejándolo allí junto con el frasco de alcohol que había conseguido del botiquín. Luego, fui hasta mi parte del armario y saqué una pequeña caja que trajera conmigo desde que vivía en Dojo; estaba llena de recuerdos, pero eso se iba a acabar.

Tomé asiento alrededor del bote y deposité la caja de cartón entre mis piernas cruzadas. Era una pequeña caja de un color verde oscuro, con algunas esquinas desechas por el impasible paso del tiempo. En su interior, no había más cosas que aquello que me había sido regalado por Akane o que pertenecía a ella.

Nunca, hasta ese momento, llegué a pensar que haber pasado tantos años atesorando algo que no era mío, era una completa estupidez. Aunque no era el momento para ponerme a reflexionar, así que retiré la tapa y cogí lo primero que había en la caja: las pocas fotos que Akane y yo nos habíamos llegado a tomar juntos. Las miré por un momento; en algunas, apenas tomados de las manos; en una sola tira instantánea de cuatro fotos consecutivas, me había animado a pasarle los brazos por sobre el hombro.

—Es lo que debí hacer desde un principio—. Susurré para mí. Contrario a mi excitación inicial, los impulsos por quemar todo se habían disipado casi por completo, sin embargo, no dejé que aquello fuera un impedimento y eché la docena de fotos dentro del recipiente de rejilla cuadriculada metálica y vertí la mitad del alcohol sobre ellas, empapándolas casi por completo.

—Tenía que haberme olvidado de ti sin esperar que pudiéramos volver a estar juntos algún día—. Continué con mi monólogo, sacando un fósforo de la cajita, lo encendí con toda parsimonia y lo terminé lanzando al interior del pequeño contenedor.

Pronto, las llamas acariciaron el papel de las fotografías y se levantó una singular llamarada que superó el tamaño del trasto de basura por unos centímetros. Las fotos se hicieron añicos en menos de ocho segundos, pero eso no me importó. Ni siquiera estaba viendo realmente el efecto de mis acciones, me hallaba contemplando el resto de las pertenencias, pensando en cuál sería su siguiente objetivo.

—Hoy me despido de ti… marimacho.

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Después de algunos minutos, habíamos ordenado un par de bebidas sin licor, pero Haru parecía tener un radar de emociones, porque no me dejaba de ver con cierto dejo de preocupación en su mirada.

De pronto me sentí impotente de ser tan mayor y, aún así, no poderme controlar. En cualquier ocasión no me importaría, pero no quería echarle a perder la velada a mi compañero por mi culpa.

—¿En verdad te encuentras bien? —Volvió a insistir, dejando su vaso sobre la mesa—. Podemos irnos a un lugar más tranquilo si así lo quieres.

—No, no —Tartamudeé sin evitarlo, espabilando otro tanto con las manos—. No me pasa nada. Es que tuve un día algo agitado, eso es todo. Los exámenes que faltan son los más difíciles, tal vez eso sea lo que me tiene tan preocupada.

—De acuerdo, voy a confiar en ti —Consintió, mirándome con más seriedad de lo habitual—. Akane, te invité a este lugar porque deseaba hablar contigo de algo muy importante.

—Dime, ¿de qué se trata?¿te puedo ayudar en algo?

—Ehh… no es tanto ayuda, en realidad… ¿quería saber si te gustaría ser mi novia? Sé que tenemos poco tiempo de conocernos, pero ni tú ni yo estamos comprometidos, y a mí me gustaría poder seguir saliendo a pasear contigo.

Algo se comprimió en mi interior, y de la nada surgieron unas intensas ganas de salir corriendo despavorida de allí.

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—Eres una torpe, fea y no importa lo mucho que te esfuerces, jamás aprenderás a cocinar ni un mísero huevo —Enumeré con enfado—. ¿Cómo es que pude llegar a fijarme en ti? Nunca debí permitirme hacerlo.

Lo siguiente que saqué de mi caja fue una perfectamente doblada bufanda con las orillas terriblemente bordadas y las iniciales de mi nombre en una de las esquinas; la que me regalara unas navidades atrás.

—Era feliz a mi manera —Suspiré, a la vez que estiraba mi brazo para desplegar completamente la bufanda sobre el bote, y lentamente lo fui bajando, mientras las hebras más próximas al fuego se iban consumiendo. Después de unos momentos, cuando ya no había posibilidad de que el fuego se apagara, solté los restos de la tela y esta cayó al fondo como un gusano de fuego, avivando más las llamas mientras se terminaba de consumir junto con los restos de las fotos—. No debí permitirte que entraras a mi vida… No sabes cuánto te odio.

o-o-o

—¿N-novios?—. Pregunté trabajosamente, deseando todavía que aquello fuera un error de interpretación por parte mía.

—Espero que no te moleste —Me respondió, increíblemente avergonzado—. Me gustaría poder seguirte invitando a salir. Quisiera poder conocerte mejor.

Mis dudas se confirmaron y yo me encogí en mi asiento, incapaz de formular una respuesta que no lo hiriera tanto.

—Haru… y-yo… no puedo —Vacilé, sin saber cómo explicarle mis razones—. Eres una persona muy agradable, sin embargo, en este momento no podría ser una buena compañía para nadie. L-lo siento, pero no soy la persona adecuada para ti.

—Yo sé que no soy el más indicado para decir estas cosas —Mencionó él, mirándome fijamente a los ojos—. Sin embargo ¿no crees que eres muy joven para tener ese concepto de ti? En el poco tiempo que te he conocido, te has convertido en una persona muy especial para mí, y me gustaría poder seguir haciéndolo.

—Siento que te hayas ilusionado conmigo, p-pero no puedo—. Susurré, sacando fuerzas para mirarlo sin que la vergüenza me minara.

—Por favor, Akane, piénsalo —Insistió él—. Podemos salir un par de veces más para conocernos antes de tomar una decisión. Los dos estamos solos, ¿por qué no darnos una oportunidad.

—Haru… verás —Cavilé, sin saber si era correcto decirlo, aunque terminé por confesarlo—. Yo no puedo iniciar otra relación porque estoy enamorada de otra persona.

—Pensé… pensé que tú —Tartamudeó el chico, tal vez por la respuesta, tal vez porque no creía del todo mi explicación.

—Ranma es mi prometido—. Atiné a decir, desviando luego la mirada.

o-o-o

En este punto, una sonrisa siniestra ya estaba instalada en mi rostro, como si el fuego chispeante hubiese despertado una vena psicótica en mi interior Tomé la caja en mis manos y vacié el contenido sobre el suelo, pero ya nada más quedaba, salvo aquello que había conservado casi desde que había arribado a esa casa: el mechón de cabello de Akane. El que había recogido después de que Ryoga accidentalmente le cortara con su cinturón.

Aquella vez, ella se había alejado del sitio después de molernos a golpes a Ryoga y a mí, dejando tirado la mata de cabellos que habían sido cortados bruscamente. Siempre pensé en devolvérsela, además de ofrecerle una disculpa por haberle ocasionado tantos problemas, aunque sólo logré lo segundo. Jamás encontré el momento apropiado para regresárselo, a más de que creer que ella se pondría triste al mirar lo que con tanto esfuerzo había hecho crecer, y la más importante, porque de cierto modo, quedarme con su cabello era quedarme con un pequeño recuerdo de Akane.

—Debí tirarlo a la basura, junto con todo lo demás —Volví a maldecir, tomando la masa de cabellos que estaban sujetas de ambos extremos con citas de diferente color para que no se desparpajara—. Nunca debí guardar nada que me recordara a ti.

Tomé los mechones de cabello entre mis manos, pero en mi mente sólo seguí elucubrando imágenes en las que la tiraba al fuego, junto con las fotos y la bufanda.

—Estoy harto de sufrir por ti cada día —Lancé al viento En algún instante, el enojo que me estaba consumiendo por dentro se disipó, dejando paso sólo a la amargura y al desamor—. Estoy harto, Akane. Sólo… sólo quiero poder dejar todo esto atrás, pero no sé cómo hacerlo. Quiero volver a ser el chico que era: sin preocupaciones… sin el corazón atado porque no sabe qué hacer. No sé cómo ayudarte… y no sé cómo hacer para que estés junto a mí sin tenerme miedo. No sé, no sé. Dime, ¿cómo le hago?

Sé que no estaba pensando cuando arrojé el atado de cabello al fuego, pero casi inmediatamente salí disparado hacia adelante para cogerlo, antes de que fuego comenzara a abrasarlo. Sacudí con rapidez las pocas brasas que habían saltado sobre el cabello y cerré mi mano sobre una de las puntas para apagar unos puntos rojos que amenazaban por convertirse en fuego.

—No puedo —Me recriminé con dureza—. Por más que trate, no puedo terminar con todo lo que nos ha hecho lo que somos. No puedo.

—Ranma, ¿estás ahí? —La voz de Yusei, al abrir la puerta, me sacó inmediatamente de concentración y oculté la masa de pelos junto a mi pecho—El departamento se está llenando de humo—. El chico se quedó en el marco de la puerta, comprobando que era yo quien estaba provocando la humareda.

—Fuera de aquí —Rezongué, sin tomarme la molestia de voltear a verlo—. No estoy para escuchar a nadie, así que vete.

—No me digas —Lo escuché sonreír, guardando prudentemente su distancia conmigo—. ¿Estás así por la nueva salida de Akane con Nakajima?

No le contesté, volteé y le eché una mirada gélida que por poco apaga el incendio que estaba causando.

—Lo sabía —Se animó a proclamar el invasor de intimidades—. Tal vez ustedes no lo sepan porque están dentro del remolino, pero creo que ambos se sienten igual y están esperando lo mismo el uno del otro.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de lo que ella y yo sentimos?—. Inquirí con recelo, negándome a aceptar lo dicho por Yusei.

—Akane se lo confesó a mi hermana —Probablemente mintió, rogando porque yo no fuera demasiado intuitivo para averiguarlo—. Si me lo preguntas, creo que los dos están deseando lo mismo, pero no son lo suficientemente valientes para dar el primer paso.

—Yo le hice mucho daño, sabes —Me abrí un poco y confesé—. ¿Cómo podría ella seguir…?

—Ranma —Lo sentí acercarse unos pasos—. El amor no se explica ni conoce de razones, sólo se siente, y no es algo con lo que puedas acabar de un día para otro.

—Ojalá fuera así

—Nunca lo vas a saber si no se lo dices—. Suspiró, seguramente, pensando en cómo a pesar de ser mucho mayor que él, estaba actuando como un niño.

—Deja de decir tonterías y déjame solo—. Refunfuñé, volviendo la vista a al recipiente de basura. No quería escuchar más.

—Voy a ver televisión, pero no eches en balde todo lo que te he dicho.

En cuanto lo sentí cerrar la puerta a mis espaldas, inmediatamente tomé la toalla con la que me había secado después de una ducha y la utilicé para apagar los restos del fuego que había iniciado, levantándose una cortina de humo mucho más densa, pero que se disipó unos segundos después al ya no haber material para quemar.

—Te lo diré —Me repetí, acercándome al armario para tomar otra muda de ropa que no oliera a humo—. ¿Quieres escucharlo? Intentaré que lo sepas. No sé que resulte de esto, pero al menos quiero que conozcas lo que siento.

o-o-o

—¿Tu… prometido? —Haru se mostró incrédulo ante la respuesta—. Él… él me dijo que tú y él no podían… que no podía haber más allá de una amistad.

No voy a negarlo, aquel comentario me dolió, pero sólo fueron unos segundos los que me permití dejar que aquello me afectara, después de todo, Ranma tenía razón.

—Lo fuimos hasta hace poco —Rectifiqué, hablando del modo más tranquilo que encontré para no soltarme a llorar en cualquier momento— Algunas cosas han cambiado entre nosotros y ahora estamos distanciados, pero… no puedo sacarlo de mi vida tan fácilmente. Por eso es que no me sentiría bien dándote falsas esperanzas —Me disculpé, haciendo una leve inclinación mientras esbozaba un gesto de tristeza. En mi vano deseo de salir para distraerme de estar junto a Ranma todo el tiempo, no me di cuenta de que estaba ilusionando a otra persona—. Lamento si en algún momento has malinterpretado mi amistad contigo.

—No… te preocupes, Akane —A pesar de la cruel decepción que se acababa de llevar, Haru sacó fuerzas para no dejar caer su rostro sereno y su tierna sonrisa—. Puedo entender tu situación, y créeme me gustaría conservar tu amistad por sobre todo. Eres una chica muy especial Tendo, espero que Saotome sepa valorarlo.

—Muchas gracias por entenderlo —Me alegré porque en ese instante supe que Haru estaría muy bien pronto—. Aún estás muy joven, verás que cuando menos te lo esperes, encontrarás a esa persona especial para ti.

—Espero que no se tarde mucho en aparecer —Bromeó, ya con el humor más compuesto—. ¿Quieres que pidamos otro refresco?

—¿Podrías pedirla por mi? —Me excusé, levantándome de mi asiento y tomando el pequeño bolso que estaba sobre la mesa—. Necesito ir al tocador un momento.

—Claro, ¿del mismo sabor?

—Por favor —Asentí, dirigiéndome a la entrada del lugar, en donde se hallaban los sanitarios.

Caminé lentamente, haciéndome paso entre todas las personas que bailaban cerca de sus asientos mientras alguien al fondo entonaba una canción alegre en el karaoke.

Justo en el momento en el que iba a entrar al baño y tocador, sentí que alguien me sujetó del brazo, por lo que volteé inmediatamente para ver de quién se trataba. Mis labios se entreabrieron de la sorpresa al ver quién era.

—Akane—. Me nombró con su voz impulsiva.

—¿Ranma? ¿Qué haces aquí—. Lo cuestioné, moviendo mi brazo para que lo soltara, aunque no con mucha fuerza. Él comprendió y me soltó sin mayor objeción.

—Escucha, necesito hablar contigo—. Tembló, sus ojos azules se miraban tan asustados y su voz se notaba tan afectada, que por unos segundos olvidé cómo era que había finalizado nuestra anterior conversación.

—Este no es el lugar apropiado. Lo sabes.

—Por favor —Suplicó—. Es algo urgente y no puedo esperar un día más para decirte.

—Está bien, vamos afuera—. Accedí.

Como estaba más próximo a la puerta, Ranma salió primero al exterior, seguido muy de cerca por mí. Un torrente de emociones se albergaba en mi interior, expectante por saber qué era eso tan importante que deseaba decirme. "¿Es que se volvería a ir de viaje luego de nuestra discusión?"

Al final, quedamos frente a frente, a una distancia de algunos cinco pasos.

—Y bien—. Lancé con frialdad, a pesar de que no deseaba contestar así, no podía arriesgarme a mostrar debilidad frente a él.

—Primero, tengo que decirte que lamento todo lo que dije esta tarde. Lo lamento muchísimo. No quise decirlo realmente.

Aquello me cayó de sorpresa, sin evitar un gesto que me evidenciara. Lo estudié detenidamente. "No" no parecía estar burlándose, aunque me parecía tan extraño escuchar algo así de él.

—¿T-te… te sientes bien, Ranma?—. Lancé, aún presa de la incredulidad.

—No estoy jugando, ¿de acuerdo?—. Sé que se molestó, porque desvió por un corto tiempo la mirada, supongo que avergonzado de estar frente a mí, diciendo esas cosas. Quería creerle, pero no podía arriesgarme. Dejé que hablara por mí la indiferencia.

—Eso no me queda muy claro, Ranma. ¿Quién eres esta noche? ¿El que me dice cualquier pretexto para ocultar sus verdaderos pensamientos? ¿El chico celoso, quizás? ¿El tipo que quiere que me vaya al demonio y me pudra en el infierno? ¿El que decía que deseaba que nos lleváramos bien, pero parece odiarme? Porque te has vuelto tan cambiante, que no me queda claro con qué propósito vienes a decirme esto.

—Soy yo, Akane —Tartamudeó nervioso—. Cada una de mis reacciones son una manera infantil de tapar lo que realmente siento, lo que en verdad quiero expresar. No sé cómo parar mi boca para no decir tantas tonterías, pero tienes que saber que nada de lo que te he dicho como ofensa ha sido en serio.

—Yo… no tienes… no tienes nada de qué disculparte —Le sonreí con indulgencia. Sintiéndolo por primera vez sincero en estos meses—. No tengo nada qué disculparte, de acuerdo, no es como si no nos hubiésemos gritado ambos.

—Akane, esto va más allá de todo esto, ¿No lo ves? Estoy muriendo de celos. Es el no saber cómo llegar hasta ti lo que me hace actuar así. No sé cómo hacerte saber que me duele creer que estás saliendo con alguien más. Lo de esta tarde sólo ha sido la gota que derramó el vaso. No quiero perderte.

—Deja de jugar así conmigo —Le ordené, negándome a escucharlo. Mi alma estaba brincando de emoción por sus palabras, pero mi cerebro se negaba a escuchar los latidos furiosos que emitía mi corazón. No podía dejarme caer. No podía darle ese gusto —No juegues conmigo— Repetí un par de veces más.

—¿Es que es tan difícil entenderme? —Lo escuché suspirar fuertemente, apenas controlando sus propios nervios para no echar a perder el momento con alguna frase incorrecta—. Estoy consciente de lo que nos separa, pero no puedo evitar sentirme celoso al ver que estás tratando de salir adelante… y no es a mi lado.

—Ranma… yo —Se me acabaron las excusas. No sabía qué más decirle para detenerlo. No quería seguir escuchándolo—. ¡Basta!

—¿Por qué bromearía con algo tan serio? Sabes, no es nada divertido. Lo intenté. Esta tarde estuve buscando la manera de desaparecerte de mi vida, y sabes qué, no puedo; simplemente te niegas a salir de ella… y yo… no sé cómo hacer para que puedas ponerte un segundo en mi lugar y entiendas lo que siento por ti, pero… ya no sé de qué otra forma decirte que te quiero, y te quiero recuperada… te quiero a mi lado.

Esbozó una sonrisa sutil, mientras sus labios y sus hombros no dejaban de temblar. Sus ojos estaban vidriados, pero se notaba su férrea convicción de no hacerlos llorar.

—Ranma, estoy tratando de dejar ese mal recuerdo atrás —Contesté, algo temerosa de responder, pero si él se había sincerado, no me quedaba más que hacer lo mismo—. Pero quiero que sepas que no estoy buscando la manera de hacerte a un lado. Quizás lo intenté al principio, sin embargo, eres más testarudo de lo que pareces.

—Akane, no sé qué tanto tiempo pueda tomarnos esto, pero quiero que volvamos a ser los de antes, quiero que vuelvas a ser mi prometida.

—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? —Lo miré entristecida—. Tal vez… yo, no pueda… acercarme…

—No te estoy obligando a nada —Sonrió él, acercándose un par de pasos—. Podemos empezar siendo amigos, si quieres. Lo que no deseo es estar peleando contigo cada vez que nos vemos ¿Qué dices? No estoy esperando que todo vuelva a la normalidad tan rápido, pero quiero poder estar cerca de ti sin fingir que me molestas, que no te tolero.

—Ranma… —No pude decir nada más, un nudo se alojó en mi garganta, impidiéndome darle una respuesta adecuada. Mi cuerpo también comenzó a temblar, como el de él lo estaba haciendo al ver el efecto que causaba en mí. Y, sin poderlo evitar, una tímida cadena de lágrimas emergió de mis ojos.

—Akane —Buscó acercarse otro poco, aunque devolvió el paso hasta quedar a la misma distancia—. Es sólo si tú quieres. No te estoy obligando. No lo estoy. No quiero hacerte llorar. Si no quieres, sólo dime, no pasa nada.

—No es eso —Sollocé, mientras las lágrimas seguían emergiendo. Mis manos se alzaron hacia él, pero volvieron a caer por su peso a mis costados—. Es sólo que… no sé cómo lo vamos a hacer. ¿Sabes las endemoniadas ganas que tengo de acercarme a ti y abrazarte? Pero no puedo, Ranma. Ese maldito recuerdo no se borra de mi mente y no sé cómo quitarlo. Quiero destruirlo, pero no puedo.

—No te preocupes, ¿de acuerdo? —Atisbó una tímida sonrisa, aunque si sus ojos no me mentían, se estaba pudriendo por dentro—. No sé cómo le vamos a hacer, pero vamos a estar bien. Lo vamos a superar. Confía en mí.

Sabía que todo estaría mejor de aquí en adelante, pero no podía dejar de llorar por la impotencia de no poderme acercar a la persona que amaba.

No entendía por qué me estaba costando superarlo, cuando lo conocía de sobra y sabía que jamás se atrevería a ponerme una mano encima.

Aquella sonrisa en sus labios murió poco a poco, siendo sustituida por un gesto de dolor, mientras un par de lágrimas finalmente conseguían escapar de sus ojos acuosos.

Intentó decirme que todo estaría bien, sin embargo, no podía decirlo porque nada estaba bien ahí.

Dos personas que se aman, pero que no son capaces de acercarse hasta tocar la piel del otro, de sentir un abrazo, de no poder demostrar nada físico, más que con palabras.

Con el llanto saliendo a raudales, porque era la única forma para expresar nuestras emociones.

Debía ser la reconciliación más mediocre de la que se hubiera sabido jamás.

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Notas

Hola n_n

No quería cerrar el año sin dejar de actualizar esta historia n_n Tuve algunos contratiempos para terminar de escribirla, a pesar de que ya tenía la mitad del capítulo escrito desde el año del caldo.

Gracias por continuar aquí y darse un tiempo para leerla, también quiero agradecer por sus comentarios, por sus lecturas, favoritos y demás. Es muy grato recibirlos n_n

Y bueeeh, finalmente ya dieron su brazo a torcer XD Aunque Akane y yo vamos a estar esperando los tomatazos y pedradas por tan bonita reconciliación XD jajajaja.

Nos leemos luego.

PD: n_n Que tengan una feliz navidad y un próspero año nuevo.

Liz :P