Capítulo 10. Ahora o nunca.
Año nuevo. Hace diez años que Delphine y yo hicimos el amor por primera vez, que dejamos atrás los miedos y nos dejamos llevar por lo que decía nuestros corazones. Súper cursi, pero era el mismo pensamiento que se repetía año tras año desde que pasó. Ahora no me podía creer que se estuviera repitiendo la historia, otra vez yo la otra, pero, ¿qué decían ahora nuestros corazones? ¿Era sólo sexo para ella o había también amor como la primera vez?
Estuve en una montaña rusa desde que la vi el día de la boda, primero un "vale, seamos amigas", luego un "joder, quiero follármela" que duró muchos y tortuosos días y que pasó a un "¿qué mierda estoy sintiendo?", que se convirtió de repente en un "sí, joder, vamos a follar", y ahora estoy en una mezcla de todo. No hemos hablado de nada relacionado con nosotras dos, de sentimientos concretamente, tampoco hemos tenido tiempo, nos acostamos el día anterior, pero me moría por saber qué había en su mente, por saber el por qué de su cambio de actitud en cuanto a acostarse conmigo.
Me la encontré mientras estaba con unos amigos de fiesta, en fin de año, y estaba absolutamente preciosa, consiguiendo que me derritiera cada vez que me dedicaba una sonrisa desde donde estaba sentada con una copa en sus manos. Mi hermana estaba con ella, también acompañadas de las demás chicas que estuvieron en la casa con nosotras en Navidades. Patrice se me acercó cuando me vio, la tuve que frenar un poco porque casi se me lanza en mitad de la gente y solo quise poner los límites claros entre nosotras, y parece que no le importó, aunque debo admitir que me encantaba ver a Delphine celosa, así que no dudé en dejar que estuviera abrazada a mí y pasar mi brazo por su cuello, cuando fui hacia su mesa para hablar con ellas un rato.
No podía evitar mirar esos labios que tenía la francesa, tenía unas ganas horribles de volver a besarla, y me lo ponía difícil cuando se lamía o mordía ese labio. Aun la sentía en mi piel, si la miraba me entraban escalofríos con su mirada, esa mezcla de deseo y celos por la cercanía de Patrice a mi cuerpo, observando cada movimiento que hacía la chica, analizándolo todo desde donde estaba sentada.
Pronto una amiga mía empezó a hablar con Patrice y me la quité de encima, aprovechando para andar hacia donde estaba sentada Delphine y poniéndome a su lado, observando cómo me miraba divertida con media sonrisa.
- Estás increíble. - susurré a su oído separándome con mi lengua entre mis dientes.
- Tú no estás mal. - me contestó haciendo que ladeara mi cabeza riendo, seamos sinceras, ¿a quién pretendía engañar? Pero sus gestos hablaban por ella. - ¿Me acompañas luego a casa?
- Claro. - acepté, y sentí su mano en mi rodilla bajo la mesa unos segundos antes de buscarla y entrelazar mis dedos con los suyos, pero la solté cuando noté el anillo de compromiso en uno de ellos. - Voy a por algo de beber, ¿queréis algo? - me levanté mirando a las chicas antes de salir hacia la barra.
- No te pongas así... - escuché a mi lado y la vi apoyada junto a mí.
- Delphine, necesitamos hablar, lo sabes, ¿verdad? - ella asintió apretando sus labios. - Todo ha sido muy raro, necesito saber por qué primero no querías hacer nada, me dices que no sabes si estas enamorada de Daniel, le dices que sí te quieres casar con él y luego te acuestas conmigo.
- He querido hacer lo de anoche desde que te vi en la boda de Alison. - la volví a mirar, y otra vez estaba nerviosa, y me encantaba cuando estaba así. - Y he estado controlándome desde ese momento, deseándote mucho, sabiendo que no podía dar ningún paso hacia a ti, pero al final me lo pusiste difícil, y mucho. Estuve a punto de colarme en tu habitación cuando me lo dijiste aquella noche, pero estando Daniel cerca… prefería no hacer nada, porque no quiero que se entere, al igual que no quería que supiera que estuvimos juntas. - o sea, que quiso venir… Eso me hizo sentir mejor por una parte. - No tengo ni idea de lo que voy a hacer con mi vida, Cosima, pero sí tengo algunas cosas claras, como por ejemplo, que quiero volver a besarte, que necesito tus labios… - sostuve su mirada, sintiendo los latidos de mi corazón bombeando contra mi pecho, muy fuerte, y sintiendo pesada mi respiración. - Ahora mismo.
- Bésame. - no sé si fue una orden o una súplica, pero necesitaba que lo hiciera ya. La vi lamerse los labios antes de coger su copa y la mía y empezar a andar hacia la mesa.
Obviamente no iba a hacerlo, y menos delante de sus amistades. La seguí, tuve que mirarle el culo mientras andaba, y sacudí la cabeza, parecía que el alcohol ya estaba haciendo efectos en mi cuerpo. Joder, que buena estaba.
Solté un jadeo cuando sentí mi espalda contra el colchón de mi cama, no había nadie en mi casa, y Delphine estaba muy intensa, todo estaba siendo así, intenso, necesitado y furioso. Creo que jamás nos habíamos besado así, tan rápido, tan húmedo todo, con esos gemidos ahogados que no podíamos evitar soltar cada vez que una mordía el labio a la otra y que ponían los vellos de punta.
La había acompañado a casa, ese había sido el plan, y no la había besado en toda la noche, así que cuando me dejó acorralarla con mi cuerpo contra la pared de su casa no dude en devorar esos labios lentamente. Y el plan se rompía ahí, no había nada más luego, en teoría cada una dormía en la casa de nuestros respectivos padres, pero digamos que la carne es débil.
Fue brusca al ponerme contra la pared de mi casa nada más entramos al comprobar que mis padres eran los que no estaban presentes, podría haberme quejado, pero estaba entretenida agarrando sus rizos con fuerzas mientras mordía mi cuello. Tiré de ellos hacía atrás para buscar su boca con mis labios al mismo tiempo que iban desapareciendo prendas de nuestros cuerpos una vez nos colamos en mi habitación hasta caer desnudas en la cama.
Enredé mis dedos en su pelo, despeinándola completamente mientras gemía contra su boca cuando sentí como se presionaba contra mí con nuestras piernas entrelazadas y arqueándonos en busca de la otra, pero no le di mucho más tiempo para volverme loca con sus movimientos de caderas.
Nos giré en la cama, poniéndome sobre ella, y bajé por su cuerpo, besándola y lamiéndola, entreteniéndome en esos pechos que me dejaban sin aliento, dedicándome a recorrer su vientre que estaba más sexy que nunca, y deslizando mis labios por esas largas piernas antes de perderme en su húmeda intimidad, degustándola y disfrutando de los gemidos que me regalaba.
Levantó sus caderas, pegándose más a mi boca, antes de sentarse agarrando mis mejillas y levantando mi cabeza para darme un largo beso en los labios.
- Te necesito mucho. - la escuché decir con esa voz ronca que tenía.
- Y yo a ti… - gemí otra vez al sentir sus largos dedos encontrando mi intimidad y comenzando a acariciarme,, e hizo que cayéramos sobre el colchón otra vez de lado.
La imité, acariciándola, encontrando su clítoris, tocándolo con la yema de mis dedos, apretándolos suavemente. Gimió con su boca pegada a la mía, y empezamos a mover las caderas al mismo tiempo contra la mano de la otra.
Separé mis labios para besarla de nuevo cuando me penetró con dos dedos directamente, empezando a mover su brazo para crear un movimiento de entrada y salida de mi cuerpo. Intenté imitarla pero agarró mi muñeca subiendo mi brazo hacia arriba y consiguiendo ponerse sobre mí en el colchón, moviéndose muy lento sobre mi cuerpo, perdiéndome en el movimiento de caderas que realizaba sobre mi muslo mientras seguía haciéndomelo de aquella manera.
- ¿Dónde está el arnés? - mierda, cerré los ojos unos segundos antes de suspirar mirándola fijamente.
- ¿Sabes la caja que tengo en el armario…? - no me dio tiempo a explicarle más cuando se levantó y fue hacia allí.
Recorrí su cuerpo desnudo con la mirada notando que me excitaba más de lo que ya estaba, y ella me miró divertida por encima del hombro antes de abrir el armario y sacar la caja.
- ¿Me ayudas? - se acercó a mí y le ayudé a colocárselo mientras sentía las pulsaciones bombardeándome, y no exactamente en el pecho. - Si lo hago mal… - empezó, pero la corté con un beso profundo que le regalé mientras hacía que cayera sobre mí en la cama y se dedicara otra vez a besarme mientras yo abría mis piernas para que pudiera trabajar mejor entre ellas.
- No vas a hacerlo mal. - susurré contra sus labios.
Bajé mi mano y lo coloqué bien antes de empujar con la otra su culo hacia abajo para comenzar a sentir el dildo entrando dentro de mí, tuve que gemir cuando estuvo completamente dentro y sentí sus caderas contra las mías. Ella se apoyó en sus codos para mirarme y yo intenté relajar el rostro y mirarla de vuelta.
Me lo estaba haciendo muy lento mientras yo disfrutaba de la visión de sus movimientos sobre mi cuerpo, su boca contra mi oreja soltando jadeos y de su húmeda espalda bajo mis dedos. Busqué sus labios otra vez, necesitaba besarla, y, después de varios minutos todo movimiento paró y solo eran nuestros labios besándose suavemente, sintiéndose completamente, coordinándose para crear el mejor de los besos.
- Eres preciosa. -me dijo antes de empezar a mover sus caderas de nuevo, continuando con sus ojos fijos en los míos, mientras acariciaba mi mejilla con la yema de sus dedos.
- Delphine… - empecé, pero mordí mi labio cuando comenzó a moverse más rápido, mierda, parecía que había estado practicando, ¿cómo se podía estar moviendo así de bien? Y menos mal que me cortó porque estuve a punto de soltar una locura de las buenas.
Agarré sus nalgas, haciendo que golpeara mejor contra mí, tanto sus caderas como su vientre y sus pechos. Una de mis manos subió a su pelo otra vez, para enredarse ahí mientras la escuchaba gruñir contra mi oreja. En un rápido movimiento, hice que su espalda golpeara el colchón y mi cuerpo quedara sobre ella, empezando a moverme hacia arriba y abajo mientras mi agarraba a su cintura.
- Ahora entiendo por qué te gustaba tanto hacérmelo con esto… - susurró y empezó a acariciar mi cuerpo con sus manos. Esos ojos recorriéndome y los movimientos que supo crear en ese instante fueron suficientes para hacerme llegar al punto más alto de placer.
Salió de mi interior y me tumbé a su lado respirando agitada, y con mis manos busqué para desabrocharle el arnés, ahora quería hacérselo yo. Dios, necesitaba escucharla gemir mi nombre.
- Un segundo, casi no puedo moverme, pero en unos minutos te voy a dejar seca… - sonreí bajo su atenta mirada mientras me ponía de lado para observarla, me excitaba tanto verla con esos rizos humedecidos por el sudor. - ¿Dónde has aprendido a moverte así? - suspiré.
- No te quejabas de cómo me movía antes… - mordió su labio acercándose a mi rostro, y me dejé besar por ella.
- Creo que nunca me he quejado de cómo eres en la cama. - contesté cuando se separó de mis labios.
- Yo tampoco tengo quejas de ti. - me hizo sonreír y me volví a acercar para besarla apoyando su espalda en el colchón y poniéndome sobre ella.
- ¿Es mejor con un hombre o con una mujer? - pregunté con sonrisa pícara.
- Con una mujer. - contestó jadeante agarrando mi nuca mientras miraba cómo besaba su pecho.
- ¿Es mejor con una mujer o conmigo? - mordí su pezón escuchando un gemido por su parte que me puso los pelos de punta.
- Dios, Cosima… Ya sabes la respuesta. -volvió a atraerme a su boca, y dejé mi alma en darle el mejor de los besos que iba a recibir en su vida, haciendo que gimiera contra mis labios.
- Mmm… la que besaba mal… - sonreí otra vez acordándome de lo que me dijo en aquel bar hace unos días, antes de bajar por su cuerpo lamiendo y mordiendo su piel, sin apartar la mirada de su rostro.
- No seas mala, Cosima… - me encantaba como se escuchaba mi nombre en sus labios, y volví a sonreír cuando noté sus manos sobre mi cabeza y mi hombro, guiándome hacia ese sitio tan húmedo donde me necesitaba.
Y yo también la necesitaba, pero de otro modo, así que no le di el placer de sentirme con la boca, sino que me arrodillé entre sus piernas y me coloqué el arnés antes de volver a tumbarme sobre ella, continuando con la mirada fija en esos ojos que me decían que estaba más que preparada.
No sé cuánto tiempo llevaba despierta observándola. No había nada más bello en este jodido mundo, nada más bello que esta mujer. Su rostro tranquilo contra la almohada, esos rizos tan perfectos, su espalda desnuda cubierta de lunares…
Pasé mis dedos suavemente por ella antes de alcanzar la sábana y taparla, acercándome a ella y besando lento su hombro. Noté que su respiración cambiaba y miré sus ojos adormilados para luego perderme en la sonrisa que me regaló.
- Buenos días, dormilona. - me acerqué a ella y dejó que la besara ligeramente en sus labios antes de volverme a apoyar en la almohada a su lado.
Fue ella la que inició otro beso, poniéndose también apoyada en su costado y pegándose a mi cuerpo. Entreabrí mis labios y la besé lentamente agarrando con mi mano libre su mejilla. El beso ninguna de las dos lo profundizó, fue suave, y nos regalábamos cálidas caricias en el rostro o cuello de la otra.
Siempre me ha gustado besarla, pero ahora era distinto a hace tantos años. ¿Tan difícil era admitir que Delphine es lo que siempre he buscado? ¿Por qué tengo esta necesidad de soltar otra vez un "te quiero"?
- ¿Cuándo vuelves a Canadá? - la escuché preguntar.
- Mañana. - contesté.
- Oh… - se puso boca arriba y empezó a darse un masaje en la frente con ojos cerrados.
- ¿Cuándo vuelves tú? - me apoyé en mi codo para verla mejor.
- Esta tarde.
- Cojo el avión en San Francisco. - volvió a abrir los ojos y me miró fijamente.
- ¿Quieres venir conmigo?
- ¿Hoy?
- Sí.
- Tendré que mirar algún sitio para… - me calló sus dedos en mis labios.
- Duermes en mi casa, tonta, no te vas a ir a ningún hotel u hostal si tienes allí sitio para quedarte.
- En dónde vives con Daniel. - me senté en la cama, frunciendo el ceño inconscientemente. ¿Otra vez celos?
- Por favor. - insistió antes de apoyar sus manos en mi nuca y bajarme hasta caer sobre ella y besarme lentamente, yo me dejé llevar. Se empezó a escuchar un teléfono en la habitación, era el de Delphine, que se quedó unos segundos dudando en si cogerlo o no, antes de levantarse rápidamente y buscarlo. - Será Daniel… - susurró asustada antes de descolgar. - Daniel… Hola, mi amor. - ugh. - Sí, salí anoche, con unas amigas... - empecé a observarla. - Sigo con ellas, sí… - y sonreí cuando cambiaron el idioma de habla y la vi sentarse en la silla de mi escritorio. Me acerqué a ella mientras seguía hablando, dejando que observara nerviosa mi cuerpo desnudo, de arriba abajo, entreteniéndose en mi vientre y debajo de él. Sonreí ampliamente arrodillándome frente a ella y escuchando como aguantaba el aliento mirándome fijamente. - No… - susurró agarrando mi hombro y echándome hacia atrás, pero dejando que abriera más sus piernas con sus manos. Que contradictorio.
Me libré de su agarre y empujé su cuerpo hacia el respaldo de la silla, viendo como su pecho subía y bajaba por la excitación del momento, mientras contestaba casi sin aliento y muy monosilábica a su estúpido prometido. Besé sus muslos, el interior de ellos, pasando mi lengua por todo lo largo que eran mientras subía mis manos hasta agarrar sus caderas y así atraerla más hacia mí.
Joder, qué mojada estaba.
Dejó de hablar cuando di con mi nariz por su ingle y, tras hacerlo, saqué mi lengua y empecé a lamer entre sus labios, alegrándome cuando sus caderas se arquearon contra mi boca y vi cómo mordía su labio antes de contestar de nuevo a Daniel, con la voz algo más ahogada.
Cuando me centré en su clítoris, succionándolo en mis labios, no tardó mucho en despedirse de su pareja antes de agarrar mis rastas sobre mi cabeza y pegarme a ella. Y cuando abrí los ojos para disfrutar de su cara, la vi con su labio apretado entre sus dientes y su ceño fruncido.
- No he podido resistirme... Podía oler cuánto me necesitabas desde la cama… - comenté sonriente lamiéndome los labios acariciando el interior de sus muslos con mis dedos.
- Sigue. - pidió.
- Vamos a añadir algo más… - tanteé pícara mientras deslizaba mis manos hacia su entrepierna y la penetraba con mis dedos, notando como aguantaba su aliento antes de soltar un grave gemido. - Estás preciosa ahora mismo. - confesé antes de bajar mi boca a su intimidad.
Volví a enterrar mi lengua entre sus labios, lamiéndola mientras movía mis dedos dentro de ella dando en ese punto que la volvía loca, notando como sus músculos se tensaban y cómo no le faltaba mucho para tener un orgasmo.
Subí por su cuerpo, inclinándome para besarla profundamente y que se notara en mi boca escuchando un suspiro de sus labios mientras se levantaba de la silla lentamente y me subía al escritorio siguiendo con el beso, permitiendo que la rodeara con mis piernas.
- Alice, no lo puedo aguantar más… Estoy muy nerviosa…
- ¿Estás fumando? - me preguntó tranquila y miré el cigarro en mis dedos. - Si quieres pensar con claridad no te viene bien y lo sabes. - lo solté en el cenicero y enterré mi cara en una de mis manos mientras seguía sujetando el teléfono con la otra. - A ver, empieza por el principio, por favor.
- Nos hemos acostado.
- Sabía que sucedería. - la escuché suspirar. - Sigue.
- Ella se va a casar, no sé si se arrepiente o no de haberlo hecho, probablemente no, porque… Bueno, es muy evidente que no se arrepiente porque hemos repetido, varias veces en solo dos días.
- ¿Qué sientes tú? - preguntó y por unos momentos sentí mi boca seca. - Cosima, sé sincera contigo misma, por favor. Si hasta yo misma noté como te ilusionaste por la boda de tu hermana, y no exactamente por el acto en sí, sino porque ibas a verla, estabas súper nerviosa, si te mirabas hasta más de la cuenta en el espejo los últimos días, querías estar guapa para ella. A mí no me engañas, son muchos años ya juntas.
- Alice, me da miedo meterme otra vez aquí, no creo que pueda romper su relación.
- Pero quieres hacerlo.
- Quiero hacerlo, pero no quiero romper otra relación suya, igual con Emi habría sido más feliz que conmigo…
- Cosima, no seas estúpida, mírala, otra vez ha caído, ¿cuánto ha hecho falta? ¿Una semana y ya tenerla suspirando por ti tanto como para acostarse contigo teniendo pareja desde hace cinco años, como para acostarse contigo estando prometida con él?
- No lo sé, Alice… A veces pienso en mandarlo todo a la mierda porque necesito estar con ella. - confesé, sintiéndome muy nerviosa de nuevo. - No sé ni siquiera cómo estoy otra vez así, cómo ha vuelto a pasar…
- Cosima, eres la mujer más inteligente que conozco, pero en temas de emociones y sentimientos no sabes nada… No ha vuelto a pasar, siempre has estado enamorada de ella.
Escucharlo desde fuera fue lo que me hizo falta, porque parecía que mi mente no había querido afirmarlo. Y justo en ese nuevo momento de iluminación desde que llegué por la boda de mi hermana, llamaron a la puerta y tuve que colgar a Alice antes de bajar a abrir y encontrarme con esos grandes ojos avellanas mirándome risueña.
Nos íbamos juntas en un autobús, un viaje largo nos esperaba, pero estaba al lado de ella y me encantaba hacerle reír. Llevábamos varios minutos en silencio, con nuestros dedos entrelazados sobre mi pierna, su mano era tan suave…
- Se lo he contado a Alison. - fue lo primero que dijo, igual podría haberme puesto en situación antes de soltar la bomba. Me quedé quieta notando como acariciaba mis dedos con los suyos. - Lo siento, necesitaba desahogarme.
- Tranquila, lo entiendo, es tu mejor amiga… - dije casi sin aliento, me podía imaginar a mi hermana histérica perfectamente, después de haberme advertido y de recordar por donde me pasaba esas advertencias… - ¿Qué te ha dicho? - pregunté con miedo, y la vi sonreír amargamente.
- Te lo puedes imaginar… Se ha vuelto un poco loca, y cuando se ha calmado me ha confesado que algo raro escucharon Donnie y ella por la noche el día que nos acostamos… - se rió suavemente poniendo su mano libre sobre su rostro. - Que vergüenza…
- En peores condiciones nos ha pillado. - dije divertida intentando tranquilizar un poco la tensión que había, pero nos pusimos serias otra vez. - ¿Y sobre nosotras qué te ha dicho? - y la escuché suspirar.
- Al principio estaba más en modo qué estaba pensando que hacía, qué pasa con Daniel, que qué voy a hacer… Luego me decía que estábamos demasiado juntas, y el roce hace el cariño, y teniendo en cuenta nuestro pasado… Bueno, se ha puesto algo más filosófica, ¿sabes? - miró unos segundos por la ventana antes de mirarme fijamente de nuevo, y sentí un apretón en mi mano. - Cosima, una parte de mi necesita estar contigo...
- ¿Y la otra parte? - ahora acompañaba a la falta de voz un pinchazo en el pecho.
- Siempre has estado en mi mente, siempre he pensado en ti, siempre he imaginado cómo sería el estar contigo si no hubiésemos roto… Pero, la otra parte no quiere necesitarte, no pasar otra vez por lo mismo que años atrás...
- Delphine, no tiene por qué pasar otra vez lo mismo. No tenemos veinte años ya. - agarré su mejilla para que no apartara sus ojos de los míos. - Hemos crecido, hemos madurado... - me podía perder perfectamente en esa mirada, esa mirada asustada y nerviosa.
- Daniel y yo vamos a casarnos… Me he acostumbrado a estar con él, no sé, es raro, no quiero hacerle daño. - me estaba destrozando.
- Vale, lo acepto. - me volví a sentar bien en el asiento y observé la parte trasera del sillón de delante. - Da igual, mañana me voy, es una tontería intentar algo.
- Lo siento, Cosima.
Entonces pude observar esas lágrimas que se acumulaban en sus ojos, a punto de saltar hacia sus mejillas, y cogí aire antes de responder mentalmente a la pregunta "¿estás segura de que esta es la persona con la que quieres estar el resto de tu vida?". Y lo solté.
- Cásate conmigo.
Aquí el nuevo capítulo.
Espero que os esté gustando.
Un saludo, nos leemos lo más pronto que pueda.
