Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece ni sus personajes es propiedad de Akira Amano.
Advertencias: El siguiente fic ha sido clasificado con rating M. Por si no ha quedado claro, es Yaoi, pareja principal G27. Posible violencia y lemon futuro.
Aclaraciones:
"Hablan los personajes".
'Pensamientos'.
"Lo que Tsuna escribe para comunicarse".
-aclaraciones- (Mías XD)
Summary: Su vida era perfecta, casa perfecta, familia perfecta, amigos perfectos e incluso trabajo perfecto. No le pareció inconveniente aceptar a un nuevo inquilino en su casa. Sólo había un obstáculo, su inquilino no podía hablar.
Yunmoon Projects
Presenta:
YOUR VOICE
Capítulo 9 – Tensiones y citas
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En algún momento de la noche debió de haberse levantado de la cama y quedarse dormido en la sala. Giotto soltó un suspiro y se levantó del sofá, se sentía incomodo y adolorido, dormir en ese lugar sin duda no era la mejor opción, aunque lo desconcertante era saber que no había tenido su amnesia mañanera… tal vez el problema era su cama… en fin, ese no era el punto, el punto era el hecho de no haber parado de pensar sobre lo que Tsuna le había escrito.
Era gay.
Tsuna era gay.
¡Por qué rayos eso le alteraba tanto!
No es como si fuera la primear persona gay que conocía. No. Cozart era gay, Yamamoto era gay, G era bisexual, Alaude era un poco volátil respecto a las relaciones, aunque Giotto se imaginaba que estaba en las mismas que G. Ni que decir de Hibari, con lo poco que lo conocía sabía que el chico tenía una desorientación sexual total, el pelinegro ignoraba que podía procrear y que un hombre también podía servir de pasivo, era un chico conflictivo y además desinteresado en la convivencia humana.
Aunque el día anterior (su gran viaje por el mar) Hibari se había mostrado demasiado interesado en Tsuna, ciertamente, Giotto prefería que el pelinegro comprendiera que podía tener una relación sana con una bella mujer a que supiera que un hombre podría servir para tener sexo… no es que le molestara que saliera con Tsuna, que va, si se gustaban pues que bien por ellos… pero… Hibari era… era…
"Soy un imbécil".
Soltó todo el aire de sus pulmones y miró la pantalla que se encontraba frente a él. Debería simplemente de ignorar lo dicho, que Tsuna fuera gay no debía de cambiarlo nada, cuando Cozart se confesó a él, Giotto simplemente ignoró el tema y dejo que todo continuara como siempre, no quería incomodar el pelirrojo ni quería sentirse incomodo él mismo, nada cambió porque Cozart seguía siendo su mejor amigo a pesar de saber que habían sentimientos de amor de por medio. Pero así fue como Giotto decidió tomarlo, para Cozart fue totalmente diferente; ser ignorado, que sus sentimientos fueran ignorados fue la causa de su separación.
'Así lo perdiste'. Pensó mientras se levantaba. 'Cozart se cansó de tu indiferencia… Cozart quería algo que no podías darle ni siquiera si él lo intentaba mucho…'.
Tal vez… debió de haberlo intentado en lugar de comenzar a salir con Bianchi. Tal vez se hubiera enamorado de Cozart y no se hubiera comprometido con Bianchi. Tal vez incluso se habría ido a Argentina, incluso podrían estar viviendo juntos, solos, felices.
Pero entonces no hubiera conocido a Tsuna.
Eso habría sido muy triste.
¿Es que Tsuna significaba más que Cozart?
No, no significaba más que Cozart. Tsuna era especial, no tenía duda de ello, casi consideraba al castaño como el hermano menor que nunca había tenido, lo quería proteger, quería que le contara todo, quería ser su apoyo, su refugio, su luz en esa inmensa oscuridad y desesperanza. Pero Cozart era más que un hermano, todo el tiempo que pasaron juntos fue algo muy valioso para Giotto, Cozart fue agradable y estable en su vida; el pelirrojo estuvo con él cuando su madre murió y también fue su paño de lágrimas cuando su abuela tuvo que irse, le ayudo con muchos problemas y festejo sus victorias, era consciente que Colonello era su hermano, pero Cozart…
Cozart había sido más que Colonello, había sido su compañero, el hermano que Giotto había escogido sobre cualquier otra persona. Hasta que todo terminó por la declaración del pelirrojo. Ciertamente, hoy en día, Giotto seguía pensando en Cozart y lo que pudo ser de su relación, pero no podía evitar pensar que era lo mejor, porque él no amaba a Cozart y no quería estar con él sólo por mantenerlo a su lado.
Habría sido lo peor para el pelirrojo.
Un extraño sonido lo devolvió a su realidad, Tsuna bajaba por las escaleras con calma, pero cuando se dio cuenta que alguien estaba en la sala se puso totalmente pálido. Giotto le sonrió y le hizo una seña con la mano, pidiéndole que se acercara, el castaño dudo mucho pero finalmente comenzó a acercarse. La atmosfera que rodeaba a Giotto era confusa, era divertida, pero a la vez era desconcertante. Tsuna no sabía que hacer pero Giotto estaba seguro de lo que haría.
"¿Cómo pasaste la noche?". Comenzó Giotto, mientras le pasaba una libreta que se encontraba en la sala.
"Bien… ¿Cómo se encuentran tus heridas? ¿Te sientes bien?".
"Muy bien. Esto no es nada, no tienes que preocuparte". Tsuna asintió, avergonzado. "Por cierto… sobre lo que… escribiste…". Ahora el chico se puso más pálido, probablemente creía que Giotto le diría algo desagradable… en el mejor de los casos. "… Realmente, voy a explicártelo con una historia".
Le sonrió. Tsuna se sintió más confundido.
"¿Una… historia?".
"Sí. Una historia". Giotto se acomodó en el sofá y comenzó. "El hermano de Enma, Cozart, y yo teníamos una amistad que iba más haya de una amista normal, yo lo amaba, fue mi primer amigo y siempre había estado conmigo, separarme de él era algo que veía imposible, ninguna chica, por mucho que nos gustara, nos separaba. Para mi, Cozart era más importante que nadie, el hermano que había escogido y creo que para él era lo mismo…".
Tsuna estaba ligeramente sonrojado, Giotto le sonrió como única respuesta mientras tomaba su mano y lo sentaba a su lado.
─"Mi amor por Cozart no era fraternal, para eso tenía a mi hermano y a mi padre. Era el amor que sólo puedes darle a un amigo, era algo superior. Para él era exactamente lo mismo… pero a la vez diferente. En uno de nuestros veranos de preparatoria, cuando cumplimos los diecisiete, Cozart se confesó a mí, él dijo que me amaba". Tsuna tragó saliva tan fuerte que Giotto pudo escucharlo. "Me tomó por sorpresa, después de todo siempre había estado con él y nunca había notado que Cozart era gay… ni que yo era el causante de su orientación sexual". Para ese momento Tsuna le miraba con pánico, Giotto le acarició el cabello, tranquilizándolo. "Pero yo no amaba a Cozart como él hubiera esperado, así que no pude aceptarlo… pero yo lo seguía queriendo como mi hermano, él era, para mi, una persona muy trascendente, con gran importancia en mi vida".
Tsuna se separó del toque suave de su mano, aunque le gustaba, y se puso en pie, mirándolo.
"¿Por qué?".
Ese 'por qué' era algo que contenía demasiado para ser ignorado, Giotto lo sabía, la mirada de Tsuna le transmitía esos sentimientos, mucha desesperación se mostraba en sus ojos, el castaño no quería ser lastimado. Ser gay podía ser problemático para un lugar como Japón, Japón vivía bajo muchas normas, bajo mucha moral y honor que a veces era un poco sofocante. Aunque eso era cierto, poco se acercaba al verdadero temor que tenía Tsuna…
"Porque no lo amaba, pero no odiaba su amor, él tenía el derecho a amarme si así lo quería, pero me confundió, porque saber que Cozart podía amarme me… me alegraba pero a la vez no quería que yo fuera su objetivo. No es porque odiara la idea, es porque Cozart significaba mucho para mí, pero a la vez no deseaba perderlo. Puedes decir que fui cobarde, pero yo simplemente no podía ni quería eso para nosotros. Yo quería que fuéramos amigos, que nos apoyáramos siempre, como amigos".
"¿Por qué?".
La pregunta continuo, Giotto miró a Tsuna y se puso de pie, el tamaño de Tsuna era tierno, pero lo más tierno era ver esas pequeñas lágrimas juntándose en sus ojos, era tierno porque había esperanza y Giotto iba a terminar de dárselas, quería una buena convivencia para los dos, no sólo por Iemitsu y Nana; sino por él y Tsuna.
"Porque a mi no me importa que tú seas gay. Te quiero Tsuna y nada va a cambiarlo".
Las lágrimas descendieron en su pequeño rostro, Giotto lo abrazó con ternura y lo sentó sobre su regazo mientras continuaba acariciando su cabello y su espalda.
Tsuna se sentía tan… dolido. ¿Por qué tenía que ser tan… perfecto? Imposible que en la vida existiera alguien como Giotto, era desconcertante, era escalofriante y a la vez le llenaba de paz. Era atractivo, era amable, era comprensivo… era de Bianchi. Lo cierto es que eso le altero por segundos, pero al poco rato sólo podía sentir las caricias agradables de Giotto. Tocándolo suavemente, con dulzura… Se sintió un poco adormecido, porque esas caricias eran como las de su madre, pero a la vez sentía otro tipo de calor.
Era un calor desconocido, pero que sabía de donde provenía.
'Proviene de mi'. Aseguró, mientras temblaba por un escalofrió que le había asaltado en toda la espalda, un cosquilleo lleno de placer le turbo los sentidos y estuvo apunto de soltar un sonido que delatara su estado. 'Detente… detente… detente… ¡Detente!'.
"¿Se encuentran bien?".
Tsuna saltó del regazo de Giotto y miró a G con un enorme sonrojo, fue tan lindo que G se sonrojó un poco, se encontraba desconcertado pero no sabía por qué, eso le desconcertaba aún más. Giotto se levantó de su lugar y miró a G, de cierta forma estaba un poco enfadado, ese momento que había compartido con Tsuna había sido muy agradable y significativo, no esperaba que fuera cortado de manera tan abrupta, pero como no encontró razón para molestarse (no otra más razonable) sonrió, restándole importancia al asunto.
"Claro. Tsuna, sube a cambiarte".
El castaño asintió con la cabeza y le sonrió al pelirrojo como saludo, este notó las pequeñas lágrimas que aún se juntaban en sus ojos caramelo, pero no agregó nada mientras lo vio subir las escaleras, G se sentó en el sofá y miró a Giotto de forma acusadora, el rubio ni se molesto en mirarlo, de alguna forma sentía que G era un poco entrometido en su relación con Tsuna y eso no le era muy grato.
"¿Qué estaban haciendo?". Preguntó finalmente el pelirrojo.
"Estaba llorando… bueno… ¿Acaso vas a cuestionar a tu jefe?". G soltó un gruñido. "Vamos, no seas curioso, G. ¿No has escuchado que el gato murió por eso?".
"Tch. Como sea". Aunque su curiosidad estaba en el castaño y su amigo, había cosas más importantes en ese momento. "No encuentro a Alaude".
"¿Cómo que no lo encuentras?". Giotto se sentó en el sofá de al lado, mirando al pelirrojo.
"Bueno, de repente… ¡Puf! Desapareció. Trate de comunicarme con él después del incidente en el mar, no aceptó ninguna de mis llamadas, entonces le hable a su hermano, pero Hibari me dijo que no sabía donde estaba, Alaude no le dijo nada".
"Bueno, ciertamente eso es un poco preocupante. Alaude nunca se va sin decirle algo a Hibari, aunque… Hibari siempre suelta la lengua porque no le importa guardar los secretos de su hermano, he de suponer que por eso esta vez no le dijo nada". G alzó una ceja. "Probablemente sólo quiere estar solo. No es la primera vez que lo hace, aunque que lo haga de forma tan repentina me preocupa".
En ese momento Tsuna bajó, llevaba la mochila en el hombro y una libreta en la otra mano, eso le hizo recordar que tenía que comprar celulares nuevos, el suyo buceaba con los peces y el de Tsuna se encontraba hecho pedazos en la basura, al menos había rescatado la memoria del teléfono y la tarjeta SIM. No es que le importara comprar celulares, él compraba uno cada dos meses, pero esta vez no había pasado ni un mes. Derrochando dinero… Cozart le hubiera regañado.
"Bueno, nosotros nos vamos". Anunció G, dirigiéndose a la puerta.
Giotto asintió, entonces recordó algo y tomó a Tsuna del brazo antes de que se marchara.
"Recuerda tus asesorías con Reborn de la tarde".
Tsuna asintió y salió junto con G de la casa. Giotto se quedó solo y soltó un suspiro pesado, de alguna forma se sentía agotado, aunque tenía como consuelo que Alaude no iba a aturdirlo con un montón de trabajo pesado (que ni siquiera le pertenecía).
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La hora del descanso llegó más pronto de lo que esperaba. Enma se sentó en las escaleras que conducían a la azotea, solo. Tsuna había sido llamado por el profesor Reborn desde el comienzo del descanso y ahora veía que probablemente no volvería. Reborn era un poco escalofriante.
Se levantó de su lugar y se encamino al patio trasero, pese a que ahí habían sido golpeados, Tsuna y él apreciaban mucho ese lugar, era tranquilo y reconfortante.
Su caminata fue lenta y pasiva, él sabía que muchos lo clasificaban como un ser sombrío y un poco excéntrico, pero Enma sólo era muy pasivo, pocas personas podían entender que su personalidad llegaba al extremo, no le gustaba los conflictos, ni los malos entendidos, ni las relaciones largas… aunque Tsuna y sus hermanos eran la excepción. Por alguna razón Tsuna tenía un enorme poder en él.
Eso le asustaba un poco.
Ciertamente, era la primera vez que le pasaba, sentirse tan identificado y tan unido a alguien era nuevo para él… era… era… muy agradable. Tsuna era comprensivo, tan tranquilo y tan adorable. Daba miedo el saber que el moreno era mayor a él por un año porque el moreno tenía la apariencia de un tierno chico, incluso aún menor que el propio Enma, el castaño casi parecía un niño. Pero era…
No sabía como decirlo, probablemente se estaba enamorando del castaño y lo que le motivaba a no desilusionarse o retroceder era saber que Tsuna podía devolverle los sentimientos (si existieran). Después de todo, el moreno era homosexual. Eso le llevaba a preguntarse, ¿podría ser atractivo para alguien que gustaba de los hombres? No estaba seguro de eso. No había tenido amigos, ni novias, ni nadie que le dijera como era o como se veía, que le diera consejos o algo similar. Sólo se basaba en que Adelheid le había dicho que era muy lindo. ¿Eso era algo bueno? Esperaba que si.
En algún momento se dio cuenta que ya había llegado al lugar indicado, pensar en Tsuna siempre tomaba gran parte de su mente y su tiempo… eso era sorprendentemente cautivador, contando que el pequeño castaño no hacía nada por ello, simplemente permanecía a su lado, era su amigo y le sonreía con timidez y gentileza; sencillamente era adorable hasta el extremo de ser demasiado cautivante y atrayente.
Si, en definitiva, probablemente (resaltaba esto) estaba enamorado de Tsuna.
Murmullos provenientes del lugar en donde solía estar con Tsuna lo alertaron, nunca iba a olvidar que ahí mismo, donde se conocieron (más bien, donde entablaron una 'conversación') fue el lugar donde esos delincuentes hirieron a Tsuna hasta dejarlo casi incapacitado. Aún ahora se preguntaba quien había llevado a Tsuna a la recepción, aunque tenía una vaga idea de quien había sido el responsable de tan noble acción, pero ya se imaginaba que el dichoso responsable no iba a decir nada.
Hibari era alguien realmente difícil de entender.
Volviendo a los murmullos, Enma pensó que lo mejor sería irse, no quería meterse en problemas… pero… ¿Qué tal si esos delincuentes estaban abusando de alguien pequeño y débil como él? Tsuna había regresado y le había intentado ayudar, de alguna forma sentía que debía de hacer lo mismo, con el castaño sentía que debía de ser un poco más fuerte, sino era por el mismo, al menos que fuera para defender a su mejor amigo.
Volviéndose un poco valiente, pero minucioso, Enma camino hacia el lugar, se detuvo detrás de un árbol y miró el lugar de donde provenían los sonidos.
"Por favor, Kyoko-chan, sólo nos acompañaras".
"No, de verdad no puedo, quede de ver a mi hermano mayoR".
"¡No te preocupes por él! ¡Le diremos que nos acompañaste!".
Enma frunció el ceño, desde donde estaba podía ver una pequeña figura siendo rodeado por tres chicos grandes, los reconoció enseguida, eran los mismo que habían herido a Tsuna (y a él, pero eso era lo de menos). Ellos se movieron un poco dejando ver a una chica, pequeña y con el cabello cobrizo (parecía rojizo pero era más bien un castaño más claro que el de su mejor amigo), ella no parecía estar disfrutando de la atención, esos chicos la querían obligar a ir con ellos.
"Lo siento, pero no puedo".
Insistió ella, se veía un poco nerviosa, pero trataba de sonreír para apartar a los chicos. Claro que las cosas no iban a ser tan sencillas.
"Vamos, realmente sería… agradable disfrutar de tu compañía".
Enma frunció el ceño al notar el doble sentido de la oración, no, no podía dejarla sola, no sólo era una chica, sino que ellos podrían propasarse con ella, una mujer jamás debería de experimentar un acoso tan… tan enfermo y ofensivo. Salió de su escondite y un poco sombrío comenzó a acercarse al lugar, ella lo vio enseguida y por ello los otros chicos también.
"¿Tú que quieres mocoso? ¡Piérdete!".
Ese chico… ese chico fue quien le puso el pie encima de la cabeza y no lo dejaba ir a ayudar a Tsuna, la frustración del momento (cuando golpearon al castaño frente a sus ojos sin piedad) volvió a él, deseaba… deseaba hacerles lo mismo, no podía evitar sentir un odio profundo por esos seres que habían herido a su mejor amigo, quienes habían lastimado a Tsuna y lo habían dejado a él como un simple espectador del violento acto.
Estaba… molesto.
"Ella dice que no quiere, déjenla en paz".
Argumento, más duro de lo que nunca había sido, con un tono frió y duro de voz, los chicos parecieron dudar al escuchar el tono frió, incluso él se sorprendió, claro, que al ser un grupo ellos perdieron el miedo al instante.
"No te metas… enano".
Habló otro chico que Enma reconoció al instante, realmente le daba igual que hablaran de su estatura, lo que no podía soportar era que ese chico le hablara así, no cuando recordaba sus puños golpeando a Tsuna sin piedad, cada vez sentía más furia en su interior, nunca se había sentido tan… tan molesto.
"Déjenla".
Demandó, perdiendo los estribos y la calma, realmente se sentía furioso, nunca había sentido algo tan fuerte, era un sentimiento de protección demoledor, nunca se imagino que él podría sentir algo de una forma tan… intensa. Era un poco extraño, pero sentía que le daba fuerza.
Se sentía diferente.
Los chicos soltaron una risita burlona y dejaron a la chica sola, pero ella no se movió y por ende Enma tampoco, parecía un poco descolocada y tímida, Enma necesitaba que ella se fuera para que él también pudiera marcharse, si ella no se iba entonces él tampoco podía hacerlo. Ser un héroe si que tenía desventajas, se alegraba que el complejo de héroe no fuera algo que tuviera, después de todo se juraba que no volvería a hacer algo tan estúpido como meterse con tres chicos que parecían dispuestos a repetir lo que le habían hecho a Tsuna.
Eran tres enormes idiotas.
Uno de ellos se detuvo y sonrió de lado, medio burlón.
"Esperen… ese niño… ¡Es el que estaba con aquel otro, el castaño! Los chicos de los teléfonos". Y como queriendo demostrarlo extrajo de su bolsillo un teléfono móvil, no era el suyo así que supuso que era el de Tsuna. "¡Hey! ¿No tendrás otro? A mi amigo le faltó un móvil, vamos, se gentil amigo".
Enma frunció el ceño. "Lo siento, pero no tengo uno para su am-…".
Uno de ellos le propino un puñetazo en el estomago y lo mandó al suelo, la chica soltó un jadeo y pareció reaccionar ya que se acercó a todos.
"¡Por favor! ¡Déjenlo!".
"¡A parta!".
Uno de ellos la empujó y ella fue directo al suelo, Enma frunció el ceño y, de alguna manera, se levantó y pateo a un chico en la cara, no sabía como había logrado estirar su pie hasta ahí y tampoco sabía como había conseguido romperle la nariz, pero lo había hecho y los otros chicos no parecían felices.
"Si que tienes cojones… y nosotros que pensamos que el maricón del cabello castaño era tu novio".
Sin más comenzaron a golpearlo, Enma se cubrió el rostro y trató de doblarse para que no lastimaran su estomago, pero era difícil, uno de ellos le había tomado del cuello. Probablemente quedaría peor que su amigo castaño, ellos parecían realmente enojados y no se estaban midiendo absolutamente nada… no, probablemente era igual que como golpearon a Tsuna, después de todo el castaño había golpeado al líder, Enma sólo había golpeado a uno de sus secuaces.
'Lo merezco… por meterme donde no me llaman'. Pero prefería los golpes a tener la conciencia sucia por no haber ayudado a una chica cuando lo necesitaba.
"Wao. Aquí hay una reunión de herbívoros… esta en contra de las reglas reunirse en manadas, exceptuando las reuniones escolares oficiales o actividades que sean demandadas".
Ellos, los chicos que le golpeaban (en algún momento se había unido al que le había roto la nariz) temblaron al acto, se levantaron y comenzaron a correr, Enma entreabrió los ojos, miró y quedó fascinado.
Era Hibari, moviéndose con gracia y con violencia; era extrañamente fascinante y alucinante. El pelinegro había dado un espectacular saltó hasta quedar frente al líder y lo había noqueado en menos de tres segundos, luego, en movimientos agiles y gráciles, había hecho lo mismo con los otros dos. Después de terminar su trabajo apilo los tres cuerpos y sonrió. Era una sonrisa tan cautivante y fascinante que los ojos de Enma se vieron imposibilitados de apartarse, su corazón palpitaba con fuerza y sus manos comenzaron a sudar. Estaba nervioso y no entendía muy bien la razón. El pelinegro sonrió peligrosamente cuando lo vio, Enma tragó saliva de forma ruidosa, ahora entendía esa sonrisa, era una promesa de dolor y sufrimiento.
"Tú también tendrás tu castigo".
De la nada, la chica castaña se levantó de su lugar y corrió hacia el pelinegro, aferrándose del brazo del chico, Enma se sintió un poco… intranquilo.
"¡No! Hibari-san, él estaba ayudándome… esos chicos estaban molestándome".
Hibari la miró por unos segundos y luego lo miró a él, sus ojos eran grises, pero pequeños destellos azulosos le hacían brillar, parecían piedras preciosas, unas hermosas piedras. Él sonrió, pero esta vez fue de una forma distinta, fue como si le hubiera reconocido. ¿Le habría reconocido del viaje? Recordaba no haberse presentado, pero Enma sabía que su cabello solía ser muy deslumbrante como para pasar desapercibido, más si se encontraban en Japón, aquí abundaban las cabezas castañas y oscuras, Enma tenía el cabello rojo fuego y los ojos igual.
"Eres el amigo de Tsunayoshi".
Dijo, entonces se acercó a Enma y le tomó el brazo, el tiempo se congelo para el pelirrojo, una chispa pasó por su piel y fue directo a su cabeza, estaba sensible, muy sensible, tanto que pudo haber soltado un gemido por el contacto, se justifico con la paliza que acababa de ablandarle la piel. Pero el contacto no fue tan largo como el pelirrojo se lo imagino, el pelinegro lo levantó con tal fuerza que torpemente se dejó arrastrar hasta quedar pegado a su pecho, ensuciando su inmaculada blusa blanca, entonces un dulce aroma a limón lo inundo. Olía a limón, a naturaleza y a algo salvaje. Era muy, muy extraño y fascinante. Enma pensó que así debería oler un ser indomable.
"L-lo… lo siento".
Se disculpó mientras se apartaba, pero el chico le tomó de la barbilla y le examinó el rostro, acerándose mucho, su espacio personal se vio crudamente tomado, podía sentir la nariz del otro rozando la suya. Entonces el pelinegro sonrió de nuevo.
"Tienes unos ojos extraños… herbívoro".
El comentario fue crudo y un poco burlón, pero indudablemente era un cumplido, Enma se sonrojó tanto que sintió que podría sangrar por la nariz, nunca nadie le había dicho algo similar, sus ojos se abrieron con gracia y el pelinegro sonrió burlón, se veía entretenido con su reacción.
"¿Hibari-san?". Preguntó la chica, cortando toda la atmosfera, Enma reprimió un bufido.
"Lo dejare pasar esta vez, Sasagawa Kyoko".
Sin más, Hibari lo soltó bruscamente, devolviéndolo al suelo y caminó directo al edificio. Enma estaba un poco perplejo pero a la vez se sentía caliente, se sentía conmovido y algo en su interior se había removido. No sabía que, pero era perturbador e inesperado.
"¿Te encuentras bien?".
Recordó entonces que estaba con otra persona, su rostro volvió a sus facciones comunes, frías e inexpresivas, y miró a la chica de reojo.
"Sí, estoy bien".
Débil y un poco aturdido, pero bien. Se levantó de su lugar y se miró el uniforme, aparte de la sangre y la tierra la ropa se encontraba intacta, si se apuraba y lo lavaba se iría la sangre y no quedaría mancha, tendría que saltarse las clases porque no podía volver así. Fue entonces cuando sus ojos cayeron en un aparato en el suelo, el celular de Tsuna, lo tomó delicadamente y lo acarició, casi como si se tratara del mismo castaño. No podría irse, deseaba devolver eso primero, ya vería que hacer con el uniforme, probablemente compraría otro, realmente no le importaba mucho el destino de un par de prendas.
"¿Estás seguro? Podríamos ir a la enfermería, ahí también podrían prestarte un uniforme… o po-…".
"Me encuentro bien, no te preocupes".
Sinceramente, esto no era nada, Tsuna había quedado muchísimo peor, él había tenido la suerte de que Hibari apareciera en el momento indicado y lo salvara. Aunque… tal vez, si hubiera quedado inconsciente, también hubiera sido cargado por él, así como Tsuna. El castaño tenía mucha suerte o una muy mala, dependía del punto de vista.
"Yo… Gracias por haberme ayudado… ¿Qué podría hacer por ti?".
Enma la miró por primera vez detalladamente. Kyoko era una chica bonita, de cabello corto castaño claro (rozando al rojizo), tenía un rostro redondo e infantil (muy similar a Tsuna), ojos grandes, redondos y color almendra, era una chica pequeña y delgada, era sencillamente hermosa y brillante. Pero por alguna razón, Hibari era mucho más impactante que ella.
"En un futuro, no te metas en problemas".
Dijo y se fue.
El rostro de Kyoko se distorsiono en una mueca avergonzada, estaba sonrojada, miró al pelirrojo irse y soltó un suspiro, un suspiro breve y ligeramente soñador.
Ese encuentro había sido impactante para los dos, en formas diferentes.
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Cuando fue llamado por el profesor Reborn, Tsuna no pensó que las cosas dieran el giro en el que estaba. Ciertamente, se hubiera decepcionado si el hombre nunca le hubiera echado en cara su inutilidad, porque, realmente, era un completo inútil. El trabajo que tenía frente a él había sido entregado hace tres días, había sido un trabajo patético y pobre, por ende, Reborn le había mandado a componerlo.
Cosa que le estaba tomando todo su descanso.
Habría deseado ir a buscar a Enma y pedirle perdón por haberse ido, pero no lo consiguió, a menos que quisiera provocar al hombre que le miraba como si fuera un depredador, parecía como si fuera a lanzarse en cualquier momento y morderle la yugular, Tsuna amaba su vida, gracias. El hombre se puso de pie y Tsuna sintió un cosquilleo. Lo que había notado, desde sus clases privadas con el pelinegro, es que entre ellos había una inquietante tensión sexual que le estremecía. Lo cierto es que no le importaba que el hombre fuera su profesor, era gay y el juego que tenía con Reborn le hacía temblar de miedo y placer a tiempos iguales. Pero había más placer en esa aura peligrosa que irradiaba el hombre.
"¿Terminado?".
Preguntó el pelinegro, con voz ronca y Tsuna sintió que ronroneaba por ello, pero se golpeo mentalmente y comenzó a escribir en una hoja en blanco.
"Está terminado".
Anunció mientras le mostraba el trabajo terminado, Reborn lo tomó y examino, hizo una mueca de ligero desdén y arrojo el trabajo a su escritorio. Entonces dio un paso hacia su banca y Tsuna tembló de anticipación. ¿Le haría algo? ¿Reborn también sentiría la tensión? De cualquier forma el castaño se negaba a aceptar cualquier avance, no es que no lo quisiera (tenía tiempo de no tener 'nada' con nadie, hacer un poco de cosas traviesas no le molestarían mucho), pero… de alguna forma tenía dos impedimentos. Su fracasada relación pasada y… Giotto.
"Puedes marcharte".
Soltó finalmente el pelinegro y Tsuna asintió, comenzó a recoger sus cosas, un poco decepcionado de que todo hubiese terminado así, pero bueno, era preferible que todo fuera de ese modo a que todo se saliera de control, aceptaba que su antigua personalidad (no iba a explicarla, era vergonzoso recordar lo impuro que era) podría influir mucho en el transcurso de algo… inapropiado. Entonces se puso rígido cuando una fría mano se poso en su cuello y, con una suavidad inesperada, recorrió la curvatura. Se alejó como un animal asustado y luego se tocó el cuello, asustado y excitado en partes iguales.
"¿El nombre de Rokudo Mukuro te es familiar?".
Entonces… se heló.
Reborn había esperado eso por mucho tiempo (confesaba que también le gustaba jugar con esa tensión sexual que surgía cuando estaba con Tsuna). El momento había llegado, necesitaba avanzar en su investigación. Con su talento innato de detectar cosas, pudo ver las pequeñas y sutiles reacciones del moreno. Primero que nada vio un pequeño tic en su mejilla, los ojos se le escurecieron y movió las manos. Reborn sabía que una persona tardaba en procesar una pregunta de tres a cuatro segundos, habían pasado ocho y el castaño seguía sin reaccionar. De repente el castaño mostró una libreta (que Reborn no había visto) y comenzó a escribir.
"No". Escribió enseguida, pero ya había sido tarde, ambos lo sabían.
Reborn lo sabía y eso era preocupante.
"Supe… que estabas con él…". Con una sonrisa Reborn notó como el calor de las mejillas de Tsuna se iba lentamente, entonces agregó. "… en el colegio, en Madrid".
"No lo recuerdo… yo no me llevaba bien con muchas personas".
Esta vez no tardo nada en contestar. Reborn tendría que advertirle a Giotto que Tsuna era un buen mentiroso, muy buen mentiroso.
"Cierto. No te llevabas bien con nadie. Pero… tú ni siquiera estuviste en el colegio medio semestre, dime… ¿Qué fue exactamente lo que hiciste en Madrid por dos años? No estudiabas, no trabajabas, ¿entonces qué hacías?". Lentamente Tsuna volvió a sentarse, como si hubiera perdido la fuerza en sus piernas, probablemente la había perdido, parecía… asustado. "Ese chico, es buscado por muchos lugares, transporta mercancía 'ilegal', estupefacientes es su preferencia. Mis contactos me han contado… que es un bastardo arrogante, que le gusta engañar a niños tontos y luego botarlos como basura. Sin duda, un pequeño pedazo de…".
Tsuna se levantó abruptamente, azotó las palmas en el escritorio y miró a Reborn con furia mal disimulada. Sorprendente, el chico estaba enojado. Reborn sintió el impulso de reír, esto era más de lo que esperaba y no podía sentirse más complacido, si el moreno hubiera sido un gatito miedoso y asustadizo entonces hubiera sido decepcionante. Lo cierto era que Tsuna tenía un lado oculto, uno oscuro, entonces el chico comenzó a escribir.
"No te metas donde nadie te llama. Lo que yo tenga que ver con Mukuro no es tu maldito problema".
Sorprendido, Reborn lo vio salir del lugar, azotando la puerta en el proceso. Sorprendente, había algo oscuro en ese pasado, algo que Tsuna se negaba a revelar. Estaba seguro, que si el chico hubiera tenido voz la hubiera alzado y tal vez hubiera blasfemado más.
¿Qué era exactamente Rokudo Mukuro para ese chico?
Hasta donde Reborn sabía, ese pequeño delincuente era un mafioso que se encargaba del transporte de drogas y otro tipo de mercancías ilegales, nadie había podido probar algo y antes de que Mukuro fuera interrogado se había contratado un abogado que había roto todas las pruebas en su contra con una jugada espectacular y muy verídica. Y, sorprendentemente, el chico tenía ayuda de la familia Gesso… al igual que de la familia Vongola.
¿Exactamente que había en todo ese problema entre Tsuna, Mukuro, la familia Gesso y Vongola?
Seguro nada bueno, de eso no tenía duda.
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Fue bajo, fue realmente bajo. Ese maldito… se había metido con su pasado, nunca perdonaría eso. No si él mismo no lo permitía (por ello Enma era una excepción).
Lo cierto fue que la causa de su molestia no fue precisamente que se hubiera metido con su pasado (realmente su pasado no podía importarle menos), lo que le molestaba es que hubiera sugerido que el peliazul le hubiera molestado. No estaba equivocado, Mukuro no sólo le había molestado, también le había utilizado e insultado, le había dicho que era repugnante por ser gay y pese a ello había utilizado su debilidad. Había utilizado su amor. Era doloroso, no iba a negarlo. Pero Reborn no tenía el derecho de meterse donde nadie lo llamaba.
Su pasado sólo le pertenecía a él y a Mukuro.
Porque Mukuro era un cruel bastardo… pero lo amaba y por ello no le importaba defenderlo sin recibir algo a cambio, no le importaba seguir siendo utilizado. En esos dos años en Madrid (tal vez más, tal vez menos) Mukuro había tomado mucho de él, su felicidad, su integridad y su independencia. A veces se sentía perdido, porque Mukuro le hacía falta.
Necesitaba tenerlo (a veces).
Pero era lo mejor, no seguir juntos, Mukuro era un bastardo y él era demasiado sumiso, su relación no tenía nada bueno, un claro ejemplo era el estado de su madre, causa de su relación insana. Mukuro le había advertido, pero Tsuna había creído que podría cambiar al peliazul con todo su amor, que iba a hacerlo diferente.
Que equivocado estaba.
Mukuro había nacido bastardo y moriría de igual forma, como un imbécil e infeliz, matando esperanzas y destruyendo vidas. Porque eso fue lo que le había hecho a Tsuna. Le había amarrado con fuerza y con sutileza… luego lo había soltado, cuando era totalmente dependiente de él.
Le odiaba pero le amaba mucho.
'Bastardo… maldito bastardo'.
Un olor a limón le distrajo, por alguna razón se le hizo conocido, pero una voz terminó por llamar toda su atención. El pelirrojo llegó a su lado con paso veloz, pero un poco torpe. El castaño abrió los ojos asombrado cuando vio las heridas del pelirrojo, estaba lleno de tierra y sangre, sin duda alguna le habían lastimado.
"¡Tsuna-kun! ¡Recupere tu teléfono móvil!". Victorio el pelirrojo mientras le mostraba el aparato, una BlackBerry negra, Tsuna abrió los ojos horrorizado mientras sujetaba a Enma de los hombros. No podía hablar, porque sentía la garganta demasiado irritada, pero podía expresarle todo con la mirada, deseaba mostrarle su preocupación y su temor. "Estoy bien". Aseguró y luego le pasó el teléfono, Tsuna comenzó a escribir con él.
"¡Pero estás totalmente herido! ¿Realmente te encuentras bien?".
Entonces Enma se sonrojó. "Bueno… la verdad… es que si no hubiera sido por Hibari-san yo no estaría tan bien".
Tsuna alzó una ceja. "¿Hibari-san?".
"Llegó justo a tiempo y derroto a todos en menos de medio minuto… es… sorprendente".
Tsuna notó el brillo en su mirada y como los extremos de sus labios se elevaban en una sonrisa. Sorprendentemente, Enma parecía estar muy emocionado y un poco atraído, tal vez el pelirrojo si que era gay. Pero Tsuna no iba a meterse en algo que sólo el pelirrojo podía arreglar, no quería ser una influencia cuando su sexualidad siempre le había causado problemas.
"Ya veo… pero… ¿Por qué te metiste en problemas? Deberías evitarlo, Enma".
Enma se encogió de hombros. "Estaban molestando una chica… tú… me protegiste y yo…".
"Pero yo lo hice porque tú eres mi amigo".
"Sentí que debía de hacerlo, tú fuiste mi esperanza, quería darle eso a alguien más". Enma sonrió entonces. "No es un complejo de héroe, te lo aseguro".
Tsuna sonrió levemente y asintió. Realmente no quería meter en la mente de Enma cosas que no pertenecieran en la personalidad del chico, no quería ser una influencia, realmente no sentía que fuera algo bueno. Enma continuo hablando de muchas cosas y Tsuna se sintió mal por no entenderlo del todo.
El recuerdo de Mukuro había despertado en su mente de forma feroz y preocupante. Lo mejor, sin duda alguna, era olvidarlo. Lo había logrado por vario meses, necesitaba hacerlo por el resto de su vida.
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Para la tarde Tsuna se encontraba solo, recargado en la puerta de salida de Namimori-chuu. No había ido con Reborn, no estaba muy seguro, pero preferiría dejar de ir a recibir sus tutorías, Reborn conocía mucho de su pasado. Podría decirse que estaba huyendo, ni que lo dudaran, si que huía, huir de su pasado, de Reborn y la tensión, de Mukuro y sus sentimientos.
¿Podía permitírselo?
Probablemente no, pero no quería seguir con ello.
Si… si sólo Giotto estuviera ahí, acunándolo con tanto fervor y cariño.
Ojala…
"¡Tsuna!" El castaño elevo la mirada y sintió un rebote en su pecho. "Vamos, sube".
Giotto.
Asintió efusivamente y se subió en el auto plateado. El aroma del rubio lleno sus pulmones y Tsuna dudo un poco de algo, de algo que no supo que era, pero dudo. El auto dio en marcha, un suave ronroneo y el aroma lo adormecieron, la forma de conducir de Giotto fue suave, como su forma de caminar, incluso era elegante. Que sorprendente, nunca se imagino que una forma de conducir pudiera cautivarle, aunque era gracioso lo creía.
"¿Qué ha pasado con G-san?".
"¿Y ese teléfono?".
Tsuna admiro el aparato, nunca iba a perderlo, Enma se lo había dado, mostrando muchas cosas que Tsuna aún no podía comprender, una amistad profunda y extraña, nunca se imagino que un objeto tendría un valor sentimental para él.
"Lo recupere, fue el que me robaron… el día que me golpearon. Bueno, yo no lo recupere, fue Enma".
Giotto asintió como toda respuesta, la oscuridad del vehículo no le proporciono todos los detalle, no pudo ver su rostro ni sus reacciones, pero el perfil se ilumino con la tenue luz del atardecer, Giotto parecía un poco distraído o muy concentrado mirando el camino.
"Iemitsu-san habló conmigo hoy en la mañana".
Tsuna se estremeció, a parto la mirada del perfil del rubio y miró el camino, no se dirigían a casa, parecían dirigirse a Tokio, presintió que algo malo podría ocurrir, tal vez su madre estaba muy grave… incluso ella. Soltó un gemido y le temblaron los hombros. Giotto pareció reaccionar el escuchar eso, se estaciono en una esquina y volteo a mirarlo, para ese momento pequeña lágrimas se deslizaban por las mejillas del moreno.
¿Y si su madre había muerto?
Nunca podría perdonárselo. Todo lo que ella había pasado había sido su culpa, su estupidez, sólo él era el culpable. Ni siquiera era Mukuro, o las drogas o Madrid, sólo era él.
Giotto lo envolvió con ternura, mientras besaba con lentitud su frente, fue tal la devoción que Tsuna se estremeció de nuevo, llorando con más fuerza, si pudiera usar su voz, con normalidad, habría dicho muchas cosas, probablemente de su pasado o de un futuro que veía venir.
De su ruina.
"Tranquilo, él dijo que todo va muy bien. Hay muchas probabilidades de que tu madre despierte. ¿Por qué lloras? Tranquilo, tranquilo Tsuna". No se tranquilizo, porque todo volvió a él. Trago saliva, miró a Giotto y asintió, intranquilo y con lágrimas en los ojos queriendo deslizarse junto con las otras, Giotto le acarició el cabello. "Si algo malo pasara, te aseguro que estaré contigo, pero ahora no llores, continua pensando que tu madre va a despertar… estoy seguro que eso pasará".
Giotto podía entenderlo, él había perdido a su madre de pequeño, su madre había muerto por una enfermedad, su cuerpo se había debilitado y sus defensas habían caído, leucemia, su muerte temprana había dejado a Timoteo con dos pequeños rubios, una familia triste por la perdida de su 'ángel'. Daniela, la abuela paterna, había estado ayudando a su hijo, cuidándolos, educando a sus nietos y a su hijo. La muerte de esa mujer fue otra perdida para Giotto. La diferencia entre él y Tsuna era algo más profundo, el rubio lo suponía, Tsuna parecía débil, triste y cerrado.
Como si se lamentara de haber hecho algo malo.
"¿A dónde vamos?". Logró escribir el moreno, aún apretado entre los brazos de Giotto, pero queriendo desviar el tema. La verdad es que no quería decir nada que tuviera que ver con su madre, no aún.
"Lo siento Tsuna, intente hacerlo pero no lo conseguí". Al parecer funciono, después de todo Giotto frunció un poco el ceño.
"¿Conseguir? ¿Conseguir qué?".
Giotto lo soltó y recargó la frente en el volante, Tsuna se limpió las mejillas, sin saber que decir por la cara de horror del rubio, ¿habría pasado algo malo?
"Bianchi nos espera en un restauran cerca de aquí… para la 'cita doble'".
Tsuna frunció el ceño. Ciertamente se había olvidado de eso, desde que le había confiado a Bianchi su secreto, que era gay, pensó que ella no se metería de nuevo con él. Pero bueno, tampoco esperaba menos, esa mujer era una prueba clara de la determinación y la terquedad. No la odiaba, ella tenía un poco de su respeto, Bianchi era una mujer fuerte y determinada, no había duda que iba a continuar con su santa voluntad. Solo que Tsuna se imaginaba que había algo que esa mujer le ocultaba, 'el que' era lo único que no sabía.
"No es tan malo".
Giotto lo miró, sus ojos azules brillaron intensamente, como si estuviera molesto o decepcionado… o algo. Tsuna sintió un cosquilleo en el estomago.
"¿Quieres tener una cita con una chica?".
Oh.
Tsuna abrió la boca de forma graciosa y miró al rubio sin poderlo creer. No quería hacerse ilusiones… pero, parecía… no, no, imposible. De cualquier forma, Tsuna negó con lentitud y le sonrió al chico, Giotto frunció el ceño, confundido.
"No se trata de eso… Pero creo que podríamos cumplir ese capricho de Bianchi-san". Giotto asintió como única respuesta, aún parecía no creerle. "Además, nunca he visto a Bianchi-san ser amorosa contigo".
Giotto soltó una risita. "En estas semanas he recibido más amor de ti que de ella. Así que no hay mucho que ver". Soltó, sin pensarlo.
Tsuna se sonrojó, agradeció la poca luminosidad del interior del auto.
Entonces, Giotto giró la llave del auto, el motor lanzó un ronroneo y luego se apagó, el rubio palideció sin que Tsuna lo notara. Sin pensar mucho, el rubio volvió a girar la llave, el auto soltó el ronroneo y luego se apagó, no sin antes hacer un ruido como si estuviera enfermo, fue entonces que el moreno lo notó. En la tercera ocasión que Giotto giró la llave, todo quedó más que claro. Tsuna jaló la manga del rubio.
"¿Está descompuesto?".
Un silencio fue la respuesta, obvia respuesta. Tsuna miró a Giotto y el rubio escondió la mirada apoyando la frente en el volante. Era gracioso (para Tsuna claro). El lugar reducido, oscuro, cálido y perfumado le gustaba al castaño, era raro pero realmente le gustaba. El olor, ¡Oh bendito aroma! Masculinidad, dulzura y elegancia; un afrodisiaco irresistible, Giotto desprendía algo puro… no quería darle nombre, así que decidió no pensar tanto en ello.
Repentinamente sintió algo burbujear en su interior, era algo que llevaba tiempo preparándose dentro de si, al parecer hoy podría terminar y expulsarlo. Sintió un poco de pánico, pero valientemente lo ignoró, se lamió los labios sin notarlo y tocó el hombro de Giotto.
El rubio elevó la mirada, un poco avergonzado. G le había dicho que tenía fallas el auto y que necesitaba mandarlo a reparación, Giotto le había ignorado, ahora se daba cuenta lo tonto que había sido al hacer eso. Pero lo que vio le dejo en silencio. Los ojos caramelo cerca de la altura de sus ojos, pupilas dilatadas, cálido aliento en su rostro, dubitativamente entrecerró los ojos, esperando algo que no sabía que.
No, si sabía que.
Cálidos, húmedos y suaves labios se pegaron en su mejilla. Giotto se desconcertó por completo, las manitas de Tsuna se apoyaron en sus hombros y finalmente se impulsó un poco más hacia él, pegándose a su cuerpo de forma sutil y despreocupada. Sus pensamientos se fueron y un remolino de calor recorrió su cuerpo comenzando desde su mejilla y extendiéndose hasta las puntas de sus pies. La boca se le hizo agua y sintió algo recorrerle la ingle.
Tsuna se separó, dejando una suave fragancia sobre su cuerpo, era dulce como la miel y fresca como la hierva, era pura naturaleza. Ni siquiera se dio cuenta cuando cerró los ojos, pero los abrió lentamente, la mirada del castaño le desconcertó aún más. Sus ojitos estaban entrecerrados, mojados en lágrimas o algo similar, mostrándole tanto que no supo si quería averiguarlo.
Pero sonrió, porque eso siempre se llevaba la tensión del momento y los malos pensamientos que pudieran estar rondando su cabeza.
"No tienes que hacerme sentir bien, pero me disculpo, G me dijo que el auto tenía fallas… yo lo ignore". Soltó una risita y con ello Tsuna sonrió, fue una sonrisa tensa y nerviosa, pero Giotto lo ignoró. "Salgamos, conozco la zona, pidamos ayuda".
Tsuna asintió ante eso, Giotto se bajó rápidamente y abrió la puerta para Tsuna, le dio la mano y le ayudó a bajar, sabía que eso estaba fuera de lugar, que debería de soltar la mano de Tsuna (aunque el castaño pareciera un niño era un adolescente), pero él no quería hacerlo.
Ese beso le había provocado algo que no podía ignorar.
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"Llegan tarde".
Fue lo primero que soltó Bianchi, con una sonrisa mística, se veía igual de hermosa que siempre, su largo cabello rojizo ligeramente ondulado, sus ojos oliva brillantes, sus rasgos refinados y su sonrisa, Bianchi era una combinación letal que fascinaba a Tsuna cada que la veía, pero también le daba un poco de temor, ella era letal y bella, era una flor bella y carnívora.
"Lo sentimos, el auto se detuvo".
"¿No hiciste caso a G? Si que necesitas de mi primo, Giotto".
Tsuna miró a Bianchi y luego se dio cuenta de algo, Bianchi, G y Gokudera compartían una belleza similar, ¿por qué no se había dado cuenta? Sin duda esos tres eran familia, eso si que era sorprendente.
"Así que… ¿Usted es la señorita Haru Miura?". Dijo Giotto, ignorando los regaños de su novia.
Tsuna la miró, Haru Miura, como la había nombrado Giotto, era una chica bonita, de cabello café, casi negro, de ojos cafés y piel clara, llevaba una blusa naranja, una falda de mezclilla azul y un suéter verde, se veía linda, aunque parecía un poco fastidiada, pero cuando Giotto la nombro la chica se sonrojó. Tsuna supuso que era un efecto común que causaba Giotto, él mismo aceptaba que cuando conoció al rubio (aquel día que tuvo que esperar casi por diez horas) casi se había sonrojado por su belleza.
"Sí… ¡Yo soy Miura Haru~ desu!".
Tsuna no pudo evitar sonreír ante el sonrojo infantil y su voz alta, ella hizo una reverencia y miró de forma soñadora a Giotto, luego miró a Bianchi y su sonrisa brillo más.
"¿Haru-chan?". Bianchi miró a la chica y la castaña se acercó a ella.
"Bianchi-san, usted tiene un novio muy, muy educado y guapo~desu".
La emoción en sus palabras era casi palpable, un poco incómodo, Tsuna retrocedió un paso y miró a los tres compartir sonrisas y luego como Giotto rodeaba a Bianchi con un brazo en forma cariñosa, entonces, la pelirroja le dirigió una mirada, como siempre fue enigmática, ella le transmitía palabras con su mirada y Tsuna no sabía que tenía que descifrar de esa mirada.
"Haru-chan, él es Tsunayoshi, Sawada Tsunayoshi. Esta quedándose con Giotto mientras sus padres viajan en el extranjero; no puede hablar".
Haru lo miró, sus ojos chocolates lo inspeccionaron y sonrió, no fue una gran sonrisa, pero al menos fue sincera, parecía un poco precavida, probablemente era el tipo de personas que no confiaba en los extraños, sinceramente, era una actitud muy lista.
"Mucho gusto, Sawada-san".
Tsuna le sonrió y afirmó con la cabeza, entonces Haru se sonrojó y Tsuna no entendió la razón, ella le miró dubitativa y el sonrojo aún latente… oh… tal vez ella había sentido algo por él, Tsuna no pudo evitar sonrojarse, esta era la primera vez que una chica reaccionaba así frente a él. Aunque se hubiera sentido mejor… si hubiera sido Mukuro… o si se tratara de Gio…
"Vamos a sentarnos".
Cortó Giotto y dirigió a Bianchi a una mesa, Haru lo miró y Tsuna imitó los movimientos del rubio, colocó una mano sobre la espalda de la chica y comenzó a guiarla.
"Gracias… eres muy atento". Dijo ella, pero la sentía tensa, tal vez no estaba haciendo algo bien. "Uhm… Sawada-san…".
Ella no agregó nada más y Tsuna no supo que más hacer en esa noche. La noche pasó tranquila, Haru era muy animada y enérgica, Bianchi se mantenía con su mirada misteriosa y Giotto se mostraba caballeroso y amable con todos los presentes.
Por alguna razón, Tsuna sintió que la velada iba a ser, aún, demasiado larga.
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Por primera vez en su vida, Giotto sintió que estar en el trabajo era lo mejor, la velada había sido… había sido interesante. Digo, Bianchi había estado rara, esa chica, Haru, se había enamorado de Tsuna y el castaño había estado muy, muy nervioso. Una velada demasiado larga, esperaba no repetir algo así… bueno, no es que no le hubiera agradado, es solo que… ni siquiera entendía que era exactamente lo que no le había gustado. Bianchi había sido amorosa y muy melosa… realmente le había fastidiado. Haru había estado pegada como lapa al castaño, eso le había mosqueado un poco. Finalmente, Tsuna se había comportado como si correspondiera a la pequeña chica… ¿No que era gay? Tal vez no lo era y el castaño sólo estaba mintiendo.
Bueno… si no lo era… ¿No sería algo bueno? Digo, lo normal es que un chico y una chica salieran… ¡No es que Tsuna fuera anormal! Simplemente que…
Giotto colocó la cabeza sobre el escritorio, se sentía tan idiota al pensar todo eso. Pero Tsuna le había dicho que no le importaba salir con una chica, pero durante la cita había parecido que salir con una chica si que le gustaba, había sido atento, caballeroso y condescendiente. No es que eso fuera malo, pero…
Realmente debería de concentrarse en el trabajo en lugar de estar pensando tanta tontería. Se sentó adecuadamente y comenzó a hacer su trabajo. Ciertamente, extrañaba un poco el exceso de trabajo que le daba Alaude, le evita pensar tanto.
"Holgazaneando como siempre, Giotto".
El rubio levantó rápidamente la cabeza, sintió que algo se había estirado en su cuello y luego sonrió, sabía que Alaude no podría estar lejos del trabajo por mucho tiempo. De repente el rubio platino colocó una carpeta frente a sus ojos, la fotografía de Tsuna en el exterior llamó su atención.
"¿Qué es esto?". Preguntó, abriendo la carpeta.
"Sawada Tsunayoshi estuvo en un juicio, se le acusó de ser cómplice de la venta ilegal de estupefacientes y de encubrir al presunto culpable de todo". Alaude sonrió de lado. "Y al parecer si que es culpable".
El rostro de Giotto era todo un poema.
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Bueno, bueno, aquí tenemos la actualización de Your Voice. Las cosas se están poniendo mejor, ¿cierto? Con los celos de Giotto y Alaude con esta nueva información entramos a un nudo (¡Solo uno!) de la historia. Lo siento por la tardanza, pero este capitulo fue muy movidito para mi, tuve que cuidar de no meter demasiadas cosas, de ir despacio y creo que he logrado un buen resultado. Gracias por todos los reviews, estuve contestándolos vía PM, pero a las chicas que no tienen cuenta en aquí va sus respuestas.
YokoSoraChibi: Gracias! Me encantan los comentarios largos, así que continua de esa forma! Me alegra que te guste la historia, por lo regular yo también busco historias G27 y tampoco he encontrado, así que decidí hacer una yo misma, espero que continúes leyéndola y que te guste.
Ali: Hola! Perdona, me he tardado mucho con este nuevo capítulo, pero como ves ya esta aquí. Gracias por tu review!
Shao~ shao~
