Bien, después de tanto tiempo sin publicar: ¡Aquí me tienen!

Puede que no le sigan el hilo, es normal después de este parón tan grande que he tenido, pero espero me sepan disculpar. También debo decir que este no es el capítulo más gracioso, creo que ni hay escenas humorísticas-humorísticas, pero si es uno de los capítulos más emocionales; por así decirlo. Ojala lo puedan disfrutar.

Y como siempre, pido disculpas por el gran atraso. Me tardo, pero continúo.

Ya saben, los personajes no son de mi autoría, todo los créditos al creador de Naruto.

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Paternidad

Capitulo IX: El amor que nos une

El día que su padre la desterró de su vida para convertirse en un ser que jamás había conocido realmente, una inmensa tristeza y soledad la abrazó con fuerza inquebrantable, recordándole también al día en que había perdido a su madre. Entonces, Gaara incapaz de seguir viéndola sufrir le explico algo muy importante y que jamás había olvidado.

En la vida existían dos tipos de dolores. Por un lado, estaban los dolores físicos, como cuando te cortas con algo filoso el dedo o cuando te caes y te raspas la rodilla. Esas heridas sanaban visitando al doctor, con medicamentos, vendas, cuidados y paciencia, y así, finalmente estas heridas cicatrizaban. Pero luego se encontraban las heridas para las cuales las vendas, medicamentos y los médicos eran inservibles; eran las heridas del corazón y alma.

—Entonces… no se pueden curar —había dicho Matsuri—. ¿Es eso lo que me quieres decir?

—No —respondió Gaara—. Tienen una cura. Una única cura.

—¿Cuál? ¿Cuál es la cura para estas heridas?

—El amor, Matsuri. El amor es la única capaz de curar estas heridas y con el tiempo ellas también cicatrizan. Pero al amor no lo compras en una farmacia ni en ningún otro lado, pero podría decirse que existen… proveedores.

—Hablas como si fueras un empresario interesante, Gaara.

—Silencio, te estoy explicando algo.

—Sí, si… sensei.

Matsuri puso los ojos en blanco y Gaara continuo con sus palabras.

—Aquellos que nos proveen amor son nuestros seres queridos, las personas que nos aman.

Ella al comprender el mensaje, cabizbaja y con las mejillas sonrojadas se le llenaron los ojos de lágrimas: su padre, quizás, ya no la amaba. En ese momento, unos fuertes brazos cubrieron de calor su menudo cuerpo.

—Se que tu padre era la única familia que te quedaba. Pero yo te amo, Matsuri, y ahora tú y yo seremos una familia. Juntos.

Él había tenido razón, pensó Matsuri. Su hija Natsumi era la mayor prueba de ello. Y aunque había sido una familia que se deshizo antes de comenzar, ella sintió una fuerza cercana al deber, una voluntad sobrehumana.

Quizás era el amor. Un deseo de seguir. Una razón para vivir.

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Cuando la última gota de lluvia se desvaneció al tocar el suelo, el sol se fue asomando curioso y perezoso, con intenciones de que las nubes grisáceas se tomaran con más empeño dar paso a un poco más de diluvio. La respiración de Gaara se evaporizo sobre el gran ventanal de la habitación privada en el último piso del hospital privado donde en su última semana de vida había pasado a vivir prácticamente.

Las dos personas más importantes en su vida dormían; una hace dos horas que despertaría de su siesta, la otra no habría sus ojos desde hacía mucho tiempo más, lo que durante esos días no le dejaba conciliar el sueño. Por las noches o cuando el cansancio le vencía, sus miedos se apoderaban de su mente trasmitiéndoles terribles pesadillas. Él lo sabía, era el karma de sus malas y egoístas decisiones.

Y no lo podía entender, como las personas que mas amaba podían generarle a su vez tanto miedo.

—Gaara.

El joven se turbo al sentir la presencia de su hermana, no le había escuchado entrar.

—¿Qué sucede? —dijo él, girando en sus pies para mirarla directamente.

—Considero que Natsumi tiene que volver al hotel conmigo, hay que bañarla, y además debe merendar. La traeré apenas este lista. Lo prometo.

—Esta bien. Prefiero que no este tanto tiempo aquí en el hospital —Gaara miro a Matsuri sobre la camilla—. Llévate a Natsumi a dar una vuelta, salgan ambas a despejarse un poco. Tráela un rato recién mañana.

Temari sonrió con bondad a su hermano, a pesar de todo, siempre había estado orgullosa de él y Kankuro. Pero la fortaleza que Gaara estaba demostrando en estos momentos de su vida era admirable.

—Gaara, tú también deberías descansar —aconsejo ella.

—Estoy bien.

—Es claro que no lo estas. A estas alturas tus ojeras se van a expandir alrededor de tus ojos y parecerás un panda.

—No exageres, Temari.

Ella se resignó, pero al menos lo había intentado. En silencio se acerco hacia Natsumi, la cargo con cuidado de no despertarla y con un guiño simpático se despidió de Gaara.

Así el silencio volvió a reinar en el momento que su hermana dejo la sala, y la desazón lo asecho. Nunca se había sentido tan solo "¡Qué ironía!", pensó. A él que se le había dado todo lo que un hombre desearía tener, lo había desperdiciado tan pulcramente. Una bonita esposa, una adorable y bella hija, una familia incondicional, padres que lo amaban, hermanos que lo adoraban… y él no había valorado nada.

Sus remordimientos le pesaron y su cuerpo cayó sentado en el sillón. Sus lágrimas comenzaron a dolerle, su mirada se aguo nublándole la vista. Dolía, demasiado. Si tan solo tuviera el poder de cambiar el pasado, lo haría sin ningún engaño, volvería un par de años atrás solo para encontrarla sonreír cuando ella decía su nombre.

Pero entonces, sus deseos hicieron que su alma saliera de su cuerpo… se quedo inmóvil sintiendo su corazón latir más rápido de lo normal.

Un dificultoso susurro, le devolvió la vida.

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Su respiración agitada, lo preocupo. Y aunque no era un momento para sorprenderse, lo hizo. Él no era una persona que se preocupara por los demás, siempre estuvo su propio bienestar como prioridad, pero ella volvió a retorcerse entre las sabanas, y él ya no lo tolero. Antes de que volviera a escuchar un grito, la despertó.

—¡Sakura!

No hubo reacción.

—¡Sakura, despierta!

Ella brincó sobre la cama, sobresaltada. Al mirar a su alrededor se topo con unos profundos ojos negros, brillosos y enigmáticos. Ella lo amaba, sentía un amor incondicional, crudo y realista. Porque era fácil amar al héroe, no así al villano.

—Tenías una pesadilla —dijo él.

—¿Cómo?

Al notar su cuerpo transpirado y el acelerado latido de su corazón, Sakura recordó lo que había estado soñando. No era la primera vez desde que supo que ese hombre había muerto. No, se había quitado la vida. Demasiado cobarde, pero fiel a su estilo.

—¿Con que soñabas?

—¿Cómo?

Sasuke resoplo con cierto malhumor.

—Tenías una pesadilla, ¿qué estabas soñando?

—Nada importante, supongo. No lo recuerdo —respondió de manera sencilla y mecánica.

Sakura sonrió de manera fingida y Sasuke no le creyó. Y a pesar de que tuvo el impulso de reclamarle, no lo hizo, simplemente dirigió sus pasos al baño, mientras Sakura lo siguió con su mirada triste. A veces las cosas eran demasiado complicadas. No era justo, pensó Sakura. En algún momento de su vida ella se merecía un poco de tranquilidad y ser feliz. Pero existía algo sobrehumano que la unía a Sasuke Uchiha,

Quizás solo era cuestión de hacer las paces con su pasado y solo así tal vez podría ver las cosas con mayor claridad. Porque por el bien de su salud mental, ese hombre debía dejar de asecharla en sueños.

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—A-Agua…

Gaara se paro como si se tratara de un robot, sintiendo a su corazón latir con una fuerza imposible de ser humana.

—Mat-Matsuri…

Una leve tos hizo que sus pasos se apresuraran torpemente hacia la bandeja de agua, sus manos nerviosas tomaron un pedazo de algodón, lo humedeció y sin poder dejar de temblar, lo acerco a los labios de Matsuri.

—Abre… abre solo un poco la boca…

Ella con cierta dificultad, lo obedeció.

Ahí estaba, después de tanto tiempo sin reaccionar, ella empezaba abriendo lentamente sus ojos. Debía ser un milagro, uno que ansiaba desde que había conocido la noticia. Debía llamar a los médicos, él lo sabía. Pero quería que este momento único fuera solo de ellos, seguía siendo un tanto egoísta, después de todo.

—Matsuri.

Ella finalmente abrió por completo sus orbes y lo miro, cuando se encontraron silenciosamente, ese solo segundo fue eterno con todo un mundo de sensaciones no explicadas. Las lágrimas asomaron por los ojos negros de Matsuri y sus mejillas se sonrojaron.

—Gaara… —expreso con dificultad, su voz seca.

—No te esfuerces, te hará daño —llevo su mano hacia la frente de Matsuri y la acaricio—. Todo estará bien.

—Nat…Natsumi…

—Ella está muy bien, ahora se encuentra con Temari. Me has dado una inteligente y hermosa hija, Matsuri.

Las lágrimas se acumularon en los ojos de Matsuri, con más de un sentimiento sin poder expresar.

—Lo… siento —dijo finalmente.

—Sshh —él cerró sus ojos y negó con la cabeza—. No tienes que pedir perdón por nada —y beso su frente.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió y la figura de Sasori apareció.

—¿Qué sucedió?

Gaara miro al médico con desdén, no podían estar en el mismo lugar respirando el mismo aire, pero aun así Gaara no podía negar que la ayuda de Sasori hacia Matsuri era desinteresada. Y quizás era eso lo que más le molestaba del sujeto. Sasori se acerco un par de pasos…

—¿Matsuri?

Ella había despertado, Sasori se alegro profundamente y su alma le volvió al cuerpo, como si en esos días de sufrimiento estuviera andando sin sendero. Finalmente, él se acerco a ella para corroborar que todo estuviera bien.

—No te esfuerces, Matsuri. Estas en buenas manos.

—Sa…sori…

—Tranquila, no digas nada —le sonrió y guardo sus lagrimas de alegría para otro momento—. Pero quiero que sepas que me alegra mucho volver a escucharte.

Gaara carraspeo y Sasori luego de aplicarle un sedante a Matsuri para que sus emociones no afectaran el estado de su corazón, con un movimiento de cabeza le hizo seña a Gaara para que lo acompañara. Ambos casi sin apartar su mirada de Matsuri se dirigieron hacia el gran ventanal.

—¿Se puede saber porque no avisaste de inmediato en el momento que despertó? —recrimino Sasori.

—Fue hace solo instantes —se defendió Gaara—. Y necesitaba un momento con ella.

—No se trata de un tontería, por si no te has dado cuenta, se acaba de salvar de la muerte por un trasplante de corazón. Así que me gustaría que…

—¡No me vengas a dar órdenes!

Gaara y Sasori no se molestaban en mostrarse algo de respeto, por lo que sin permiso ya se tuteaban entre sí. Había un mar de olas antes de que ellos dos pudieran llegar a buen puerto.

—Se perfectamente el estado en el que se encuentra Matsuri y por lo que acaba de pasar, así como que se hubiera salvado con mucha anticipación si "tu maestro" hubiera actuado de la manera que todo medico profesional y ético lo hubiera hecho. Así que no me des sermones, eres el menos indicado.

Sasori apretó sus puños.

—El hecho de que haya sido el alumno de Joshep Watson, no te da derecho a categorizarme de la misma manera.

—Lamento herir tus sentimientos, pero no te ayuda mucho haber sido su alumno.

—¡El doctor Watson esta muerto!

—¡Y Matsuri lo podría haber acompañado si Sai y Rin no hubieran intervenido a tiempo!

—¿Qué está pasando aquí? —una suave voz femenina, pero intransigente intervino—. ¿Por qué están discutiendo ahora?

Rin y Sai se encontraban dentro de la habitación observándolos.

—Doctora Nohara —hablo Sasori—. Matsuri acaba de despertar.

—¿Cómo? —Rin y Sai rápidamente se acercaron a su paciente—. Háblame…

—Sus latinos se encontraban bien, pero algo acelerados, creo que le impacto mucho la situación —dijo Sasori—. Aplique un calmante suave, si todo marcha bien en menos de dos horas se volverá a despertar más relajada.

—Has hecho bien —comento Sai, chequeando el suero de Matsuri.

—¿Qué hay que hacer ahora? —pregunto Gaara.

—Tener una muy importante conversación —dijo simplemente Rin, mas calmada luego de revisar medicamente a Matsuri—. Gaara-san, Sasori-san acompáñenme, por favor.

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No podía creer su maldita suerte, se dijo a sí mismo, mientras observaba como la mujer junto a la niña estaban en compañía de su compañero de equipo. Definitivamente en este último tiempo alguien lo debió de haber maldecido, porque otra explicación no le encontraba. Su malhumor era insaciable. Pero lo que más lo tenía desentendido era esa sensación horrible que se arremolinaba en el medio de su estomago cuando ese estúpido compañero suyo buscaba en todo momento con cualquier descuido y argumento inocente rozar el brazo, la espalda, la mano de la joven chica ¡El muy descarado!

—¡Oh, muchas gracias, Kiba-san!

—De nada —dijo el joven, mientras ponía la cartera en el brazo de la chica. Y ahí estaba, bajando su mano suavemente hasta llegar a la mano de ella, apartándose en cámara lenta.

No supo porque, pero en una ráfaga sin razonamiento, intervino.

—¿Qué hacen ustedes por aquí? —dijo, sorprendiendo a la pareja.

—¡Hey, Neji! —saludo Kiba.

TenTen miro al joven Hyuuga con desconfianza.

—Buenos días —Neji la miro y ella asintió de cabeza en silencio.

—¡Buenos días!

La pequeña Umi Ama saludo a Neji con alegría agitando una de sus manitos, sacándole una sincera sonrisa al engreído muchacho.

—Veras, la pequeña Umi empezara el infantil aquí en las sedes del Club.

Konoha Futbol Club hacia un par de años había inaugurado su primer Jardín de Infantes, y hace ya un año la escuela primaria, expandiéndose como un gran club a nivel nacional.

—Ya veo —dijo Neji.

—¡Juguetes! —expreso Umi, corriendo para una de las tiendas del club.

—¡Umi no!

—No te preocupes, TenTen. Yo la traigo —dijo Kiba y miro a Neji—. Creo que es momento para que ustedes dos hagan las paces.

Y sin decir más, Kiba fue en busca de Umi. Mientras TenTen y Neji son se quitaban la mirada de encima, pero fue ella la que bajo por un momento la guardia, tratando de ser decorosa intento dejar el pleito de lado por el bien de la paz.

—Kiba tiene razón. Es tonto llevarnos mal, yo solo hice mi trabajo. Espero lo logres entender.

—Claro que lo entiendo —dijo él con una sonrisa arrogante—. Además, supongo que te tendré que tratar como es debido, después de todo.

—¿Qué intentas decir?

—Conozco a las mujeres como tú, las que se manejan en este ambiente y no son nada e intentan ser algo más. Desfilan por este Club sin conseguir nada más que ser tratadas como lo que son: una diversión.

—¿Qué?

—Lo sé, quieres enredar a Kiba para que se haga cargo de tu hija y de ti ¿Cierto? —Neji no se pudo contener—. Hay miles como tú, en serio ¿Qué te hace creer que serás especial para Kiba? ¿Sabes con cuantas mujeres de las cual no recuerda ni el nombre él ha estado? Mantén un poco de dignidad, por favor.

Entonces lo inevitable sucedió, Neji Hyuuga sintió unas nauseas terribles cuando su cara dio vuelta de 180 grados en el momento que TenTen Ama lo abofeteo con todas las de la ley.

—¡Ten-neesan! —gritó Umi.

—Sera posible —suspiró Kiba—. Estos dos no pueden estar ni dos segundos solos que ya estar amando jaleo.

TenTen tomo a su hermana entre sus brazos y se alejo del lugar, con lágrimas en los ojos, pero con la frente en alto. Ella no tenía nada de que estar avergonzada, que el maleducado de Neji Hyuuga pensara lo peor sobre su persona, no le dolía en lo absoluto ¿Dolor? ¿Por qué a ella le debería de doler lo que ese idiota pensara?

Neji viendo como ella se marchaba, supo que una vez más la había fregado y más aun cuando una voz gruesa le llamo la atención.

—Muchacho, que manera tan especial tienes para demostrar que una mujer te interesa —sentencio Gai con una mirada dura sobre el joven.

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—Muy bien —dijo la mujer, luego de escuchar el relato de las dos personas que tenia frente a su escritorio—. Después de revisarla como corresponde, la recibiré en mi clínica. Les pido disculpas de no poder haberla recibido antes, estuvimos completos hasta el día de hoy —suspiró, con cierto cansancio—. Es por eso que he pedido un subsidio al distrito de Tokio y también un crédito al Banco Central, haber quien de los dos me ayuda para ampliar la clínica. Si no me es imposible con todos mis pacientes.

—No se preocupe, Tsunade-sama. Comprendemos a la perfección —dijo Sakura.

—Además, yo personalmente me hare cargo de todos los gastos que sean necesarios —expresó Shikamaru—. No dude de ello.

—¡Pero si eso es lo de menos! —respondió con una sonrisa Tsunade—. Iré a revisar a… ¿Cómo me han dicho que se llama?

—Takaba —dijeron Sakura y Shikamaru al unisonó.

—Esta bien. Mirare los informes que me has traído, Sakura, sobre el estado de Takaba y su bebé, y la revisare como es debido. En unos momentos vuelvo.

Tsunade salió de su despacho medico dejando solos a los dos amigos, pero fue Sakura quien se animo a terminar con el silencio que los acompañaba.

—Shikamaru se lo has dicho a Temari-san ¿Verdad?

"Que problema", pensó el joven antes de responder.

—No, aun no lo hice —dijo mientras abría la boca de un bostezo—. Escucha, Sakura, si no lo hice no fue porque no quisiera, sino porque la familia no está pasando por un buen momento y Temari está muy afectada con ello. Además, no estoy haciendo absolutamente nada malo, es más, si ella estuviera aquí, no tendría reparo alguno de ayudar a esta pobre mujer.

—Comprendo, y nadie ha dicho que estuvieras haciendo algo malo, Shikamaru. Y también estoy de acuerdo que Temari-san ayudaría a esta chica sin siquiera dudarlo. Pero hay algo que no estás teniendo en cuenta.

—¿Qué?

—Por muy loable que sea, estas ayudando a una mujer embarazada.

—¿Y eso? —Shikamaru levanto una ceja.

—Me refiero a que Temari-san no lo está… y no podrá nunca —Sakura se sintió terrible al decir aquello, pero lo creía necesario.

—Disculpa, Sakura, pero no estoy entiendo tu punto así que te expresas mejor o puedo llegar a tomar las cosas a mal gusto.

—¡Espera, Shikamaru! No es mi intención ofender a nadie —dijo ella de inmediato—. Lo que estoy diciendo es que Temari-san lo puede llegar a tomar a mal. Mira, no es que seas un desalmado, pero nunca has reparado en las personas en dichas condiciones en la calle, y de repente tomas la protección de esta chica…

—No la podía dejar así, cuando me pidió dinero y luego note que… ¡Estaba embarazada!

—¡Lo ves! —apunto Sakura—. Te mueve el hecho de que este embarazada y en ese estado, porque te encuentras sensible con el tema de ser padres. Ves injusto que alguien como Takaba pueda ser madre y Temari-san no.

—Yo…

Shikamaru estaba sorprendido de la rapidez con la que Sakura entendía estos temas.

—¡Y no es que este mal, por Kami-sama! Todo lo contrario, Shikamaru. Solo trataba de que entiendas el punto a donde quería llegar, porque tienes el deber de tratar el tema con sumo tacto, respeto y responsabilidad, no solo por Temari-san sino por Tabaka también ¿Acaso ella sabe lo que sucede con tu esposa?

Claro que no lo sabía, se dijo a si mismo Shikamaru, él pensó que la muchacha podría malinterpretar sus acciones.

—Gracias —dijo finalmente.

Y Sakura pudo respirar nuevamente con tranquilidad.

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El bueno para nada de Akasuna No Sasori había dicho que en menos de dos horas ella estaría despertando nuevamente, pero habían pasado ya dos minutos de las dos horas acordadas y Matsuri no había vuelto a despertar.

—Puñetero fantasma —susurro Gaara para sus adentros.

Se trataba de algo que sobrepasaba sus expectativas, no podía confiar en Sasori después de las cosas que se había enterado sobre el doctor Watson, mucho menos podía confían en él luego de notar que el interés que tenia Sasori en Matsuri trascendía mas allá de lo estrictamente profesional.

En pocas palabras, lo detestaba.

—No he visto a la pequeña Natsumi hoy por aquí —comento Sai, quien estaba haciéndole compañía desde hacia media hora.

—Le he comentado a Temari lo sucedido, y a pesar de que ella misma quiso venir aquí en primer lugar, le dije que hasta no estar seguros de la recuperación de Matsuri, lo mejor es resguardar y no ilusionar a Natsumi.

Sai sonrió levemente, nada de falsedad en dicha sonrisa.

—Eres un buen padre, Gaara-kun.

—No… yo no creo que sea un buen padre, le falte siete años a mi hija y solo intento… no fallar demasiado. Realmente, no sé cómo ser padre, es decir, que es lo que uno debe hacer en cada situación, lo debido o no.

—Comprendo —dijo Sai bajando la mirada—. Yo aun no lo sé, le he fallado a mi familia tantas veces que ya no confían en mí, ni siquiera mi propio hijo. A veces pienso que es muy tarde para recuperar el tiempo perdido, pero cuando los veo tanto a Ino como a Kai, existe algo más fuerte que me impulsa a no querer estar lejos de ellos nunca, y a buscar la manera de obtener su perdón a como dé lugar.

—Si —dijo Gaara.

Quizás era el amor que los une. Un lazo tan difícil de quebrar como intentar tapar el sol con el dedo.

—Gaara-san —la presencia de la doctora Rin, saco de sus cavilaciones a ambos hombres—. ¿Le parece bien que le comente los próximos procedimientos a seguir con Masuri-san?

—Por supuesto.

Gaara se mantuvo firme y sin rechistar, había tenido una charla con la doctora Nohara en la que le había quedado claro que era una mujer sensible, comprendedora, pero también muy firme y seria en su labor.

Ella había superado su límite de paciencia con respecto a las discusiones entre Sabaku No Gaara y Akasuna No Sasori, y dio por terminado ese pleito —por lo menos en su presencia— hasta el día de la fecha. Si esos dos hombrecitos querían armar jaleo, que sea a diez kilometro fuera de su espacio personal.

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El hombre en cuestión rechisto con sorna y pesadez al escuchar el sonido de los tacos contra el piso anunciando la llegada de aquella molesta mujer. Ella al llegar a su presencia no pudo evitar dar un suspiro de cansancio.

—Danzo.

—Terumi —él la observo meticulosamente—. Estuviste muchos días fuera.

—Espero que todo por aquí se encuentre muy bien en mi ausencia —ella ladeo su cabello para un lado, con aires de importante.

—Por supuesto. Estoy seguro que tus dos fieles empleados te habrán estado informando de todo.

—Así es —dijo ella pensativamente.

—¿Y se puede saber en donde estuviste?

Mei Terumi tuvo en sus manos la oportunidad de su vida.

—Primero no me fui muy lejos, estuve por la misma ciudad de Tokio resolviendo unos temas correspondientes a tu nieta, Natsumi, luego viaje con ella hacia Miami en donde conocí a tu hija Matsuri. Si, estuve muy ocupada, Danzo.

Ninguna experiencia vivida con anterioridad, le hizo prever alguna reacción decorosa o anticipada ante lo dicho por su socia en ese preciso momento ¿Ella se refirió a su hija? ¿También dijo nieta? ¿Acaso él tenía una nieta?

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La noche hizo acto de presencia con una suave brisa fresca, perfecta para salir a los alrededores y conocer al mundo. Porque cuando cae la noche, muchas personas empiezan a definir su futuro o tomar decisiones importantes, la oscuridad de la noche les hace creer que nadie los ve.

—¡Yo abro, TenTen-neesan!

Umi corrió rápidamente hacia la puerta de su casa cuando escucho el timbre, al abrir instantáneamente miro hacia arriba, encontrándose con la figura de Neji. La pequeña lo reconoció de inmediato, era el hombre que había hecho llorar a su hermana. Y así, sin previo aviso Umi Ama le dio una severa patada en las pantorrillas a Neji Hyuuga.

—¡ITAIII! —gritó el agredido.

—¿Qué sucedió? —dijo TenTen, apareciendo en la puerta detrás de hermana.

—TenTen-nee le di su merecido a este hombre.

La joven miro con horror la escena.

—Vete a tu cuarto en este mismo instante, Umi.

—Pero…

—¡Pero nada, obedece! —termino ella su reto, apuntando con su dedo la dirección de la habitación de su hermana menor.

La niña corrió hacia su cuarto, y aunque TenTen podría sentir un poquito, solo un poco, de orgullo por Umi, sabía que no estaba bien que ella reaccionara y se comportara de esa manera. Aunque le costara, sabía que le debía una disculpa al engreído hombre que se sobaba la pantorrilla con dolor.

—Lo siento, ella no debió actuar de esa manera.

—Esta bien —respondió él, tratando de recomponer la compostura—. Yo… me lo merecía.

—¿Cómo? —TenTen arqueo una ceja con desconfianza.

Neji suspiro con cierta vergüenza, y por primera vez, timidez.

—Gai-sensei siempre me dijo que mi tío me había consentido demasiado, que alardeo en mí, muchas de las actitudes que le hubiera gustado que tenga el hijo que, bueno, nunca pudo tener. Él solo tuvo a Hinata y Hanabi, y yo… Lo que intento decir es que me malcrió ¿Sabes? Hizo de mí un muchachito muy engreído y altanero.

—¿Y…?

—Yo… estuvo muy mal como te trate y todas esas horribles cosas que dije. Realmente, no soy así. Lo siento —Neji respiro nerviosamente, era tan difícil para él pedir disculpas aunque fueran con justa razón—. La niña, yo pensé que era tu hija, y…

—Es mi hermana pequeña —dijo Tenten—. La única que tengo, a decir verdad.

—Sí. Se lo que es.

—¿Disculpa?

—Sé lo difícil que es no tener padres. Los míos murieron cuando tenía 8 meses, no recuerdo absolutamente nada de ellos. Si alguna vez me amaron, nunca lo sabré, por mucho que tío me diga que si lo hicieron.

TenTen bajo la mirada con melancolía, no sabía porque él le contaba esas cosas a ella, pero era realmente muy honesto de su parte.

—Recuerdo perfectamente a mis padres —dijo ella, captando toda la atención de Neji—. Y deseo algún día poder borrar de mi memoria aunque sea algo de ellos. Fueron malos, eran malos, son malos… terriblemente malos.

Un escalofríos recorrió el cuerpo de TenTen y Neji tuvo el impulso de contenerla, preguntándose que tan desalmados podrían llegar a ser ciertos padres para que un hijo los considera la reencarnación del mal. A veces se sentía terriblemente idiota, había personas en el mundo que acarreaban peores cruces.

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—Estas eran las pertenencias de su padre, John —dijo una mujer de edad avanzada.

—Muchas gracias.

La mujer miro con cierta compasión al serio joven. Lamentaba mucho que un doctor tan prestigioso hubiera terminado su vida de esa manera.

—Lo sentimos con sinceridad. Todos aquí respetábamos mucho al doctor Watson.

John Watson asintió de manera cordial, realmente no le interesaba escuchar ninguna historia absurda que dejara a su padre como algún héroe anónimo que había dado su vida para salvar a la humanidad. Las historias de la gente muerta eran así, según él, siempre eran buenas personas. Podría ser que alguna sea verdad, pero ese no era el caso de su padre.

—¿John?

Una voz que conocía desde su época de universitario, lo sorprendió. Cuando giro en sus talones, se encontró con ella y su siempre sincera mirada.

—Rin —dijo él con una leve sonrisa.

Ella se acerco y lo abrazó.

—Aunque ya estés fastidiado de ello, lo siento mucho, John.

—Sinceramente yo no lo siento en absoluto y si llego a sentir pena es solo por mi madre y hermano, mi padre nos ha dejado metidos en un gran problema legal y financiero.

—¡Oh! —expreso Rin con pena—. John yo misma estoy atendiendo a Matsuri Shimura.

—¿Podríamos hablar en otro lugar más privado?

—Sí.

.

.

.

—Así que esa es la situación ¿eh? —dijo John dado un suspiro fastidioso—. Esta todo color de hormiga.

—Tu padre se manejo de manera muy turbia, John —hablo Rin seriamente—. Aunque se perfectamente que tú y tu familia no tienen la culpa de nada.

—Pero de alguna manera se debe resarcir a estas familias, y no pudiendo ir mi padre a la cárcel por estar muerto, no queda de otra que pagar de manera monetaria. Como si la depresión y tristeza de mi madre al enterarse de todo no fuera suficiente.

—Si hay algo que pudiera hacer…

—No te preocupes, Rin. Yo soy la cabeza de la familia en ausencia de mi padre, resolveré todo esto.

—Sigues siendo un hombre admirable, John —ella sonrió—. Y muy guapo también, así que por favor dime que has logrado encontrar a alguien.

El silencio de él fue la respuesta de todo.

—Aun no olvidas a Sakura ¿eh?

—El día que la encuentre y termine de cerrar ciertas dudas, quizás la olvide.

—Estas obsesionado, John —hablo Rin con preocupación.

—Te recuerdo que ella estuvo con mi padre —dijo John sombríamente.

—Y te recuerdo que jamás lograste comprobarlo, y además te lo dijo tu padre, y tú más que nadie sabe cómo era él, capaz de decirte una cosa así por el simple hecho de herirte.

—Esto es distinto.

Rin suspiró, su amigo era tan terco.

—Pero cambiando de tema… ¿No me digas que tú sigues con Obito Uchiha? Si es así, me vas a asustar, mujer. Terminaras casándote con ese hombre tan cursi.

—¡John! Obito no es tan malo, y si, aun sigo con él. Pero… no vamos a casarnos.

"Nunca", pensó Rin, asustándose por un momento de su propio pensamiento.

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El hombre chisto con cierta pereza, provocando que la mujer que lo observaba arqueara las cejas.

—¿Dices que pidió verme? —dijo él.

—Claramente, Shikamaru —respondió Tsunade desde su escritorio.

—¿Y tiene alguna idea de que puede llegar a querer o necesitar?

—Ha pasado una semana desde que no has vuelto a aparecer.

—Tengo un trabajo y compromisos.

—¿Quién te esta recriminando, Shikamaru? ¡No me dejas terminar! —continuo Tsunade—. Solo intentaba decirte que seas amable y comprensivo ¿Si? Takaba ha vivido una vida difícil, no conoce lo que es el cariño, no sabe lo que significa que alguien se preocupe por su bienestar, para ella el abandono es algo común y corriente. Fuiste, quizás, la primera persona que la ha ayudado de verdad, para ella eres un bicho raro, Shikamaru. Pero… a pesar de su ignorancia, hay ciertas cosas que entiende a la perfección, y sabe que lo que has hecho por ella es realmente noble.

Shikamaru se sintió abochornado, Tsunade Senju sabia como explicar las cosas de un modo impecable.

—Es la habitación 57 —término por decir.

—Gracias.

Y sin despedirse, Shikamaru dirigió sus pasos hacia donde le habían indicado, trato de mantener la compostura. Había recibido buenos consejos en esos últimos días, debía hacer lo correcto.

—Permiso —aviso antes de entrar—. Soy yo, Shikamaru.

—Sí, pase, Shikamaru-sama.

—Oi, oi… no me llames así que me haces sentir un viejo.

Shikamaru no podía creer el cambio que había sufrido aquella chica que solo conocía pedir limosnas en las calles de Tokio. Estaba pulcramente vestida, le habían cortado el cabello, estaba muchos más "rellenita", si hasta podía decir que había descubierto que tenia cachetes.

—Con que me digas Shikamaru está bien por mí —dijo él—. ¿Cómo has estado, Takaba?

—Muy bien —expreso entusiasmada—. Aquí me han tratado de maravilla, Sakura-san ha venido esta semana a verme, Tsunade-sama pregunta cómo me encuentro todos los días, he hecho dos amigas, ahora salieron a caminar al parque.

Tsunade-sama tenia razón, se dijo a si mismo Shikamaru, Takaba no sabía lo que era ser tenida en cuenta por otros.

—Qué bueno que usted ha venido —continuo ella—. Pensé que nunca más volvería y me angustio saber eso.

—Lo siento, he tenido cosas que hacer —Shikamaru se sintió ciertamente incomodo.

—Sí, me lo han dicho. Que usted es una persona importante, con compromisos, trabajo y una esposa que necesitan de usted. Yo no quería molestarlo, ni hacerle perder su tiempo.

—Nada de eso, Takada. Puede que no esté siempre, pero tienes en mí a un amigo.

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas, jamás había tenido a un amigo. La última vez que alguien le había dicho que podía ser su amigo, termino abusando de su confianza, forzándola y dejándola embarazada. Pero Takaba sabía que Shikamaru era un ser bueno, que le debía su ayuda y su nobleza para con ella, también sabía que él hubiera ayudado a cualquiera que también se encontrara en su lugar.

—Muchísimas gracias, Shikamaru-san. Por todo.

—No tienes que agradecer nada, lo hubiera hecho por cualquiera —dijo él—. Pero hay algo que quiero que sepas por mi cuenta, ya que si te enteras por otro lado puede haber una confusión o malinterpretación.

—¿Qué? —ella se seco sus lagrimas con los puños de su camisa.

—Como sabes estoy casado —Takaba asintió—. Lo que no sabes es que estoy casado con una mujer fuerte, valiente y hermosa. Puede que sea un poco problemática —Shikamaru sonrió—. Pero es la mejor mujer que pude haber escogido para pasar el resto de mi vida. Ella tenía, es decir, ambos teníamos el sueño y el deseo de ser padres. Pero eso es algo que nunca va a suceder, Temari no puede tener hijos. Fue reciente la noticia y estamos asimilando todo y como será nuestra vida de ahora en adelante, seguramente malcriando a nuestra sobrina y los muchos sobrinos que quizás tengamos. Porque es un hecho que debemos aceptar la realidad que nos toca. Takaba yo te ayude porque así quise hacerlo, fue un impulso y lo hice sin pensar, desinteresadamente. No quiero absolutamente nada a cambio. Tu deber es ser fuerte de ahora en adelante para responder por tu hijo y amarlo por sobre todas las cosas ¿Comprendes, verdad?

Takaba asintió sin poder ocultar las lagrimas que se acumulaban en sus ojos azules, con timidez ser acerco a Shikamaru y lo abrazó. Jamás olvidaría lo que él había hecho por ella. Por su parte Shikamaru pensó que la vida a veces era bastante problemática, porque aunque algunas cosas fueran injustas, uno debía hacer frente a la parte que le tocaba, con dignidad y la frente en alto.

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Con sus pequeñas manitos tomo uno de los lujosos cubiertos mirando con anhelo a su madre, no tenía ganas de comer realmente porque había tomado su lechita hacia menos de una hora, pero quería la atención de su mamá quien en ese momento acomodaba la camisa de su papa. Infló sus pequeños cachetitos y lanzo los cubiertos al aire, haciendo que muchas miradas se posaran sobre él.

—¡Ginji-chan!

—¡Mamá! —chillo el niño.

Naruto intento tomar entre sus brazos a su hijo, pero el pequeño le dio un fuerte manotazo y lo rechazó.

—Levanta los cubiertos, Naruto-kun —dijo Hinata agarrando a su hijo para calmarlo.

Ginji Uzumaki se abrazó con fuerza al cuerpo de su madre quien lo acunaba con mucho cariño entre sus brazos, pero de un momento a otro se aparto de ella mirándola con extrañeza. Y para sorpresa de Naruto y dolor de Hinata, el niño le dio una fuerte patada a su madre en el estomago.

—¡Itai! —exclamo Hinata.

—¡Ginji-chan! —retó Naruto—. No se hace eso. No se golpea a mamá, niño malcriado —dijo, y aunque no le gustaba, le dio un cachetazo.

Y como era de esperarse, el niño comenzó a llorar haciendo una fuerte pataleta. Hinata miro con extrañeza la situación, su Ginji era un niño calmado y tranquilo, se podría decir que había heredado su carácter, pero en los últimos días estaba de un humor de los mil demonios.

—Te he dicho que basta, Ginji, dattebayo —hablo Naruto con una mirada severa.

—Todo el mundo nos está mirando, Naruto-kun —susurró Hinata acariciando su barriga.

—El niño tiene que aprender, Hinata, no podemos irnos de un restaurant por que él hace una pataleta.

Hinata asintió, y a pesar de que su hijo, no dejaba de llorar y patalear, lo tomo con fuerza entre sus brazos y se dirigió al baño, quizás allí y con menos gente mirando podría calmarlo. Naruto miro como Hinata se alejaba y suspiró.

—Esto es culpa del teme, malcría a mi hijo.

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—Te estoy diciendo que se encerró en la habitación y no nos deja pasar.

—¿Pero qué fue lo que le paso?

—Gaara si lo supiera, ya lo hubiera resuelto y no te hubiera llamado —dijo con exaspero su hermana, él simplemente suspiró, reconociendo que tal vez era hora de que Temari se tomara un vuelo de vuelta a Tokio.

—Natsumi ¿me escuchas? Soy yo, Gaara, ábreme la puerta, por favor.

—¡NO! —rugió la niña desde adentro de la habitación, sobresaltando a los dos mayores.

Los dos hermanos se miraron entre sí, Gaara estaba seguro que su hija había hecho alguna que otra travesura dentro de la habitación del hotel y que ahora consciente de lo sucedido no quería que nadie la retara o asumir algún castigo por ello. Pero al parecer no había pensamiento más alejado de la realidad.

—Yo no quiero hablar contigo nunca más en la vida ¡Mentiroso!

Así que el tema era con él, pensó Gaara, ¿y ahora que había hecho?

—¿Pero qué fue lo que paso? —cuestiono Temari con sus ojos abiertos como platos.

—Eso mismo me gustaría saber… Natsumi no me gusta repetir las cosas, abre la puerta de una buena vez.

—¡NO!

La niña gritó, al mismo tiempo que tanto Gaara como Temari sintieron como Natsumi le daba una patada a la puerta desde adentro, y eso fue la gota que derramo el vaso de la paciencia de su padre.

—¿Cómo es posible que tenga este carácter? —dijo Temari de forma reprochante.

—Te recuerdo, hermana, que tú le hacías estos berrinches a nuestros padres cuando te invadía un carácter de los mil demonios.

—¿Qué insinúas , Gaara?

Para su suerte de la situación frenando quizás una disputa familiar, un empleado del hotel trajo una de las llaves duplicadas de la habitación, Gaara entro de inmediato a la misma.

—¡No! No entres, que no te quiero ver jamás te he dicho.

—¡Basta de hacer dramas, Natsumi! —reto Gaara—. Dime que es lo que te pasa.

Natsumi lanzo uno de sus ositos de peluches en dirección a su padre, quien lo atrapo rápidamente con su mano antes de que llegue a su cara.

—Y si vuelves a hacer una cosa así, juro que voy a castigarte —amenazo Gaara.

—Me mentiste —dijo la niña, luego de un corto silencio, pensando seriamente en la advertencia de su padre—. ¿Siempre fuiste así de mentiroso, verdad? Lo mismo hiciste con mami, le prometiste muchas cosas y jamás cumpliste...

—¡Basta! —rugió Gaara, y tuvo el impulso de levantar su mano, pero una fuerza sobrehumana se lo impidió, seguramente el dolor que le había provocado dichas palabras—. Eres una mocosa insolente que no sabe nada.

—Y tú eres el peor del mundo, ni siquiera te quiero de verdad, ya me voy a buscar a otro papi por ahí.

Gaara estaba convencido de que en otro momento de su vida hubiera ignorado cualquier tipo de palabra hiriente contra su persona, siempre se las había ingeniado muy bien para sobrar a los demás en ese aspecto… hasta ese momento. Cuando su única hija pretendía cambiar de padre como cambiaba de vestido todos los días.

—¡Suficiente, Natsumi! —exclamo Temari—. No le hables así a tu padre.

—Gaara no es mi padre, nunca estuvo conmigo, ni cuando cumplí años ni cuando empecé el jardín, tampoco el día que me caí de las escaleras de casa y me quebré el bracito o cuando la maestra en la escuela me regañó por romper el vidrio del salón con la pelota de gimnasia. Nunca, nunca estuvo y jamás va estar, porque me voy a buscar otro papi que no sea un mentiroso.

"¡Por Dios!", pensó Temari, su sobrina era una maquina de balbucear palabras hirientes cuando estaba enojada. Entonces la voz susurrante e impasible de Gaara se hizo escuchar, no grito, no se altero, solo pregunto lleno de dolor.

—¿Qué fue lo que hice mal esta vez, Natsumi?

Ella simplemente lo miro, apretó sus puños y su rostro se inflo en un tierno puchero, pero sus lágrimas afloraron por sus ojos, idénticos a los de su padre.

—Me mentiste, no me dijiste que mami despertó… yo también quiero verla.

Gaara se acerco a su hija y la tomo de los hombros, entendiendo que detrás de sus palabras hirientes, solo se escondía el miedo y la ansiedad por el estado de su madre. Después de todo, su hija había viajado cruzando el mundo para encontrar su ayuda y salvar a su madre.

—Lo siento, hice mal. Debí decírtelo.

—Quiero verla, quiero verla…

—Te prometí que tu madre estaría bien, que volverías a verla y voy a cumplirlo.

No retrocedería a su palabra, no volvería a cometer los mismos errores de su pasado. Con su hija remediaría todo aquello por lo que se sentía culpable, porque Natsumi era la clave del amor que había compartido con la única mujer que amaba en su vida.

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Kakashi termino de ver los últimos movimientos de los jugadores del plantel, no eran como sus titulares de primera, pero se podría decir que Jiraiya había hecho un trabajo decente con los jugadores que había conseguido. A veces su vida se dividía en ser un técnico de futbol y un lector único de los libros Icha-Icha, por lo que una parte de su vida estaba solucionada con esta convocatoria. Sino no sabría como afrontar los siguientes compromisos del Konoha Futbol Club.

—Te mereces un descanso, Kakashi —dijo Azuma.

—Sabes que tengo tiempo de sobra.

Asuma sonrío, Kakashi era un hombre simple de palabras sencillas, a veces más de una persona se preguntaba como un hombre como él aun no había sentado cabeza, con todas las mujeres dispuestas a estar con el apuesto hombre que se escondía detrás de la máscara. Si, era todo un misterio.

—¿En qué piensas, Asuma?

—En que deberías casarte.

Kakashi puso los ojos en blanco ¿A qué venía ese tema?

—Te estás poniendo viejo, solo eso —dijo Asuma encogiéndose de hombros.

—Como si importara de verdad.

—Aunque no lo creas llega un momento en la vida que si importa, Kakashi. Solo deberías pensarlo un poco.

—Ya no hay mujeres… con ese cierto toque —confeso Kakashi—. Supongo que moriré virgen.

Asuma no pudo evitar comenzar a reír a carcajadas y Kakashi sonrío debajo de su máscara, aunque lo había dicho en broma, quizás ya se había paso su cuarto de hora para encontrar a la mujer indicada. No todos en la vida nacían con el destino marcado para esas cosas.

—Bien… ¡Muchachos necesito que me escuchen! —grito Kakashi, llamando la atención de sus jugadores .

Al parecer él había nacido para ser un hombre éxito por medio de su inteligencia y tacto, por eso se dedicaba exclusivamente a ello, su etapa de mujeriego y galán ya había caducado.

Hatake Kakashi no tenía idea que la vida aun tenia sorpresas guardadas para él.

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Lentamente su espalda se fue deslizando contra la pared, cuando sintió el frio del suelo rozar su cuerpo, tembló haciendo que perdiera ante las lágrimas que asomaban en sus hermosos ojos. Sakura volvió a sentir el miedo helarle el alma, como si su mente volara a su pasado como un deja vu. Había sido descuidada, se dejo llevar por el momento, por la ilusión que le hacía cumplir el sueño de estar con el hombre que siempre había amado.

—Esto no puede estar pasándome… él va a odiarme.

La historia volvía a repetirse y se odiaba a si misma por llorar, porque debía ser un momento feliz. Sus lágrimas llegaron a sus manos mojando el palillo blanco que sostenía. Su resultado positivo marcaba nuevamente un antes y después en su vida.

Estaba embarazada.

Continuara…

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¡Al fin Matsuri despertó! Estaba esperando ansiosa que esto sucediera, porque eso solo significa una sola cosa: GAAMATSU, señores. Y muchas escenas que tenía en mente desde hace años y ya las puedo poner en marcha. Sé que me tarde con respecto a este momento de la historia, pero tampoco la quería apresurar, pero ahora todo está en línea. Peroooo… no todo era fácil para los personajes, hay muchas cosas que tienen que superar.

Bueno y ah, me puse a toda marcha con el final que me mande. Sí, creo el SS tendrá su esperado desarrollo, siempre estuvo en mis planes esta trama para ellos en esta historia, a ver cómo me sale.

También estoy abriendo ciertas tramas para algunos personajes que hasta ahora tenían apariciones esporádicas, sepan que siempre fue la intención, pero como todo estaba esperando el momento indicado. Además, eso no significa que dejare de lado las otras paring, nada de eso. Ya verán cómo se va uniendo todo como un excelente rompecabezas. Espero sepan leer entre líneas ciertas pistas que fui dejando

Nada más que decir, solo que espero hayan disfrutado de este capítulo.

Próximo episodio: Cuentas pendientes.

Gracias por su tiempo.

¡Hasta la próxima!