Future Fish.
Capítulo 10. Shorts
A Sousuke no le costó trabajo darse cuenta de que Rin se encontraba no sólo de mal humor. Estar enojado era una cosa, pero estar, como justamente estaba su amigo en ese momento, era completamente otra.
Una rabieta normal adjudicaba una cara compugida, gruñidos, quejas y blasfemias, además de que los pasos serían marcados y el cuerpo estaría tenso. A veces se encorvaba y mantenía los brazos en jarra durante muchas horas.
El enojo de ahora era de los peores. Del silencioso que no se nota. El aura es tranquila pero el fondo es turbio como lodo sulfuroso. La mirada mata y desgarra y vuelve a despedazar si te mantienes a la vista, pero parece cotidiana. El cuerpo es lánguido y aun así, la desazón en la piel se nota como bruma evaporada.
Su amigo no estaba enojado como se enojaría con el Teniente o Momotarou. Algo mucho más profundo, más delicado, más algo tenía a Rin con una furia fría y devastadora, que una simple rabieta por dos idiotas tratando de conquistar a su hermana.
…Y hablando de esos dos idiotas.
Aunque lo dudó un poco, pasó un brazo sobre sus hombros en cuanto estuvo cerca. Rin siquiera se molestó en gruñirle. Las cosas estaban peor de lo que pensaba.
— ¿Dónde estuviste el día de ayer? — El oficial pelirrojo habló calmado mientras le tomaba la mano que colgaba a un lado de su hombro y la pasaba por sobre su cabeza para deshacerse del semi abrazo —. Intenté llamarte para que saliéramos un rato. Me hiciste pasar el día con "precioso renacuajo gris" y mi madre.
—Fiuuu — Sousuke imitó un chiflido —. Eso suena a un mal descanso.
—Lo fue.
—Anteayer saliendo de turno fui a tomar una cerveza y me encontré con Kisumi. Nos la pasamos un buen rato en un bar.
—¿Kisumi volvió?
Sousuke se encogió de hombros. Su amigo comenzaba a evaporar la parte superficial de su mal humor.
—Así parece. Consiguió entrar de paramédico en hospital. Tomamos unas cuantas cervezas y conocimos a unas chicas. A la mía me la llevé a un hotel.
Rin levantó una ceja. Una sonrisa pícara se asomó en su rostro.
— ¿Noche movida?
—Algo— Compartió la sonrisa del pelirrojo —. La titina sabía moverse bien.
—Bueno, pero traté de llamarte también por la noche. Siempre me mandó a buzón.
Sousuke enrojeció ligeramente, se rascó la nuca y miró a un lado.
—La chica me lo robó. Se enojó conmigo porque dijo que le hice "cosas impensables" — hizo énfasis en ello haciendo el ademan de comillas con los dedos.
Rin le golpeó el hombro lastimado, y aunque se quejó, no sintió remordimiento. Sousuke era el único policía en el mundo al que podían incluso robarle un celular arcaico cuyo único mérito era una lamparita.
—No sé si eres un idiota o un imbécil.
—Tal vez ambas—Se rió —. Y hablando de idiotas…sé de algo que te mejorará ese humor de perros que tienes hoy.
Dejó que su compañero marcara su tarjeta de entrada antes de encaminarlo al encierro de patrullas, donde a lo lejos se escuchaba un gran barullo.
Cuando Nitori regresó, Haruka le mandó a limpiar las mesas del local ya rellenar los saleros y pimenteros.
Sin chistar, Aiichirou se entregó a la labor.
Mientras pasaba un trapo por las mesas, se preguntó por qué su jefe tenía tan alto el audio en el televisor. Desde fuera de local había podido escuchar una melodía de piano bastante enérgica.
Llevando los saleros de la primera mitad del local para rellenarlos hasta la barra, le preguntó al chef si gustaba de la música de ese instrumento y él le contestó que no. Al menos no particularmente. Cuando preguntó entonces si podía disminuir el volumen, Haruka volvió a darle una negativa.
No dijo más. Rellenó los frascos y los devolvió a las mesas. Su jefe, mientras tanto, desmoldaba el pastel de zanahoria, lo cortaba y adornaba con el glaseado de colores que estaba haciendo en cuanto él regresó al local.
Haruka, entre que colocaba una línea larga y robusta de glaseado naranja sobre una capa de glaseado blanco y entre que ponía unas más pequeñas y verdes, haciendo la idea de una zanahoria pequeñita, por el rabillo del ojo observó a su mesero limpiar la mesa más cercana al baño, respingar y alejarse rápido y rojo hacia una parte escondida de la cocina.
Rodó los ojos.
Seguro había escuchado algo.
— ¿Escuchaste algo?
Nitori saltó espantado entre una barra y el rincón.
—Yo…sí.
El cocinero levantó una ceja con elegancia. Este podría ser el momento perfecto para saber si a Nitori le molestaba ese tipo de…relación. Después de todo, era ahora su empleado de más confianza y Makoto un cliente frecuente del local. Seguro llegaría un momento en el que les descubriría gracias a su curiosidad nata o al sentido de discreción del que Makoto carecía.
— Y eso… ¿te molesta?
Nitori negó con la cabeza.
—No realmente…pero, bueno, hay lugares para..."eso".
—Los hay. —reconoció con el mismo además que hizo cuando aceptó que Nagisa era en verdad muy lindo.
— ¿Te molesta incluso si te das cuenta de que son dos hombres?
Aiichirou se quedó callado un momento, pensando bien su respuesta. Por alguna razón, su espina presentía que lo que contestara era de suma importancia para su jefe. Suspiró al fin, optando por la sinceridad.
—No — Sus ojos mostraron la profundidad de un cielo despejado. —. En absoluto. Siempre he creído que se ama a quien se ama…y aún si no se amaran, es decisión de cada uno elegir a quien se entrega el cuerpo. Somos responsables de uno mismo.
— ¿No te sientes incomodo con gente "así"?
El peligris negó nuevamente con la cabeza, sus flequillos grises se ondearon pulcros y suaves.
—Estamos en un mundo más abierto. Sólo veo gente que tomó su propia decisión, lo cual respeto.
—Bien.
Haruka le hizo un ademán con la cabeza para poder sacarlo de la cocina, el barista lo siguió. Durante un tiempo, en lo que llegaron un par de clientes, le enseñó a hacer las diminutas zanahorias de glaseado sobre los pasteles.
Minami observó interesado el restaurante al que los había enviado el Teniente Mikoshiba. Obviamente lo conocía. Todo mundo en esa parte de la ciudad lo conocía. Lamentable para él, que nunca había podido darse el tiempo de entrar al local.
Uozumi ingresó de inmediato apenas estacionó la patrulla y lo dejó ahí, mirando el menú del día escrito con gis en la pizarra junto a la puerta. Lo que daban ese día se le antojaba enormemente, empero, Mikoshiba les había dado un mandato claro. Finalmente, imaginándose a sí mismo comiendo en una de las mesitas exteriores sin perder vista de los cerezos en flor o admirando el otoño desnudar a la naturaleza, entró para encontrarse con su compañero.
Se acomodó la gorra policial y caminó elegante entre las mesas, hasta la barra, donde Uouzumi conversaba con un elegante hombre en filipina y un toque blanche en la cabeza. No sabía de qué hablan, pero a lo que su bina decía, el otro asentía.
—Nitori-Kun. Café.
De la trastienda, invocado por esa pétrea voz plana, un pequeño hombrecito salió a toda prisa, encendió la cafetera y tomó una gran cantidad de vasos de papel. Minami lo miró con detenimiento. De pelo gris y lunar bajo una mirada azul cielo, complexión pequeña y piel extremadamente pálida, lo recordaba de la comisaría.
Uno de los altercados de Momo-Kun, si mal no recordaba.
—Teniente ¿Me copia?
Un ruido de interferencia se escuchó en la radio que su compañero, Uozumi, sostenía en la mano. A las pocas, la voz enérgica de su jefe, estruendosa, como siempre, opacó incluso el concierto de piano que pasaban por la televisión. Todos los presentes se taparon los oídos.
—Te copio, Uozumi.
Minami, con una mano apretando contra su oreja, le regañó desde lo lejos.
—Uozumi. Te dije que le bajaras a esa cosa.
El aludido se molestó.
— ¡Lo tengo en el volumen más bajo! —se quejó, luego volvió a la comunicación con su Teniente —. Teniente ¿Me copia?
—Afirmativo.
—Estamos ordenando el café donde Nanase-San. Hay promoción de postres.
—Te copio, Uozumi. Pregunta a Minami si trae consigo su celular.
Uozumi miró su compañero, más no necesitó de preguntar absolutamente nada. Minami siempre llevaba consigo su celular.
—Afirmativo, Teniente.
La comunicación se cortó a la par que el celular del castaño policía comenzó a sonar. Un escalofrío en la espalda le hizo sentir que aquello probablemente le acarrearía problemas.
En la pantalla de su Smartphone una selfie del teniente pelirojo le indicaba que contestara. Minami, muy lentamente, así lo hizo.
— ¿Diga? —comenzó con inseguridad. Mikoshiba al otro lado de la línea se rió. Esto, en el auricular, sonaba por demás estridente contra sus tímpanos. Cambió el aparato de oreja —. No vaya a gritar por favor, teniente.
Mikoshiba pareció estar de acuerdo, puesto que lo siguiente que dijo fue muy bajo.
—Minami-Kun, necesito un favor — Ese "kun" le supo agrio al oficial de policía —. Dime ¿Ves a un muchachito de cabello gris atendiendo el lugar? Sólo di Si o No.
—Si.
—Bien. Este es el trato: Uozumi dijo algo de una promoción especial.
—Ajá.
—Dímela.
Kazuki tapó el micrófono del aparato y miró al chef, luego a su compañero.
—Pregunta por la promoción de la que le habló Uozumi-Kun.
—Si compras el café, más setenta yenes, se te da un postre a elección. Hay Cup Cakes, Tiramisú y pastel de zanahoria.
A Minami le costó trabajo escuchar al dueño del local con la música de piano tan alto, sin embargo, le repitió a su teniente la oferta, le oyó balbucear y finalmente pedir que la compraran. Cuando estaba por decirlo al cocinero, Mikoshiba le interrumpió.
—Minami-Kun, escúchame bien — el castaño claro puso especial atención. Su respiración se mimetizó con un silencio profundo. Tras de él, el concierto de piano mostraba a una mujer poseída por el alma de la música, de ojos cerrados y expresión concentrada, tocaba una melodía rápida e imposible —. Pedirás los cafés acordados con los respectivos postres y te quejaras de que es demasiada carga. Le pedirás a Nanase que te preste a su empleado y en todo el trayecto hablaras bien de mí ¡¿Entendido?!
—Si. —Con voz temblorosa, Minami accedió sin dar pelea a la petición del Teniente.
—Y por supuesto que te compensaré, Minami-Kun. Sé que casi no es un secreto que andas tras de Uozumi-Kun. Te daré las guardias nocturnas más tranquilas y te propiciaré oportunidades, así que… ¿Me ayudaras a ayudarte? Sólo di Sí o No.
Kazuki miró a su compañero de ronda. Takuya observaba el menú de manera desinteresada, esperando por su respuesta con la mano en la cadera, dándole la espalda. Sus músculos se marcaban bajo el uniforme policial, delineando suavemente los omoplatos. La manga corta le dejaba ver con facilidad los bíceps apretados y ese musculo del que no sabía el nombre, pero que iba del codo a la muñeca. El recuerdo fugaz de una sonrisa maliciosa y una ceja perforada alzarse prejuiciosa, le hicieron tomar la decisión sin pensárselo mucho.
— Si.
Lo siguiente que hizo fue confirmar la orden al chef y quejarse por que todo junto era demasiado para ser transportado por sólo dos personas.
Nervioso, pero decidido a cumplir bien con su labor, Nitori recordaba tragedias. Un chico ruidoso e impasible, un hombre intimidante de mirada turquesa y un apuesto policía mal encarado con ojos de sangre y mirada predadora. No. Aunque en ese instante tenía las manos libres y estaba rodeado de postres y cafés cuidando que no cayeran, la sensación horrible de estar en la parte trasera de una patrulla la tenía bien pegada a los huesos.
— Y… ¿qué te parece Iwatobi, Nitori-Chan?
— ¿Chan?
Uno de los dos policías, el que parecía tener un carácter más cálido, le hubo dirigido la palabra.
—Pareces buen tipo.
—No te fíes de él, que se toma confianzas demasiado rápido— El otro policía, de cabello corto y copete largo, le habló también—. Dale tiempo y te estará poniendo apodos y pidiendo prestado porque no ha podido llegar a fin de mes.
Minami golpeó el brazo a su compañero antes de llamarle cruel.
—Sólo te he pedido una vez. Y te he pagado.
—Cinco veces, de las cuales sólo dos de ellas te has dignado a devolverme lo prestado.
— ¿Cinco? Mientes.
—Con el dinero no se miente — Su voz sonó más profunda de lo que ya era —, y tampoco se olvida.
Nitori miró la pelea desde la parte trasera del vehículo, sus interlocutores difuminados por las rejas entre su asiento y los de enfrente.
—Nitori — cuando el policía de copete largo giró para verle, el peligris pudo notar viejas marcas de perforaciones en su cara. Concentrado en eso, dejó pasar la confianza excesiva que se había tomado con él, dejando de largo el Keigo —. Sujeta bien los cafés, que vamos a dar una vuelta larga.
Al muchacho apenas le dio tiempo de colocar los brazos sobre los vasos cuando el policía desvió el camino de la comisaría.
— ¿Sabes quién sí que es una buena persona, Nitori-Kun? —El policía con rostro de rompecorazones le miró sobre el hombro con una sonrisa encantadora, luego habló sin esperar a que el barista contestara —. El Teniente Mikoshiba.
La indescifrable sonrisa se volvió más ancha y en sus ojos se dibujó una añoranza verdaderamente entrañable. Luego volvió a hablar.
—Nosotros éramos unos malandrines.
El rostro de Uozumi, que estaba de alguna forma disconforme, se suavizó escuchando el termino con el que su amigo los hubo denominado.
— ¿Quién dice "malandrines" hoy en día? No dejaré que sigas viendo esas novelas de época, que aparte son aburridas como la mierda.
Aiichirou miró con atención la discusión sin sentido que llevaban esos dos. A grandes rasgos, le recordaban a sus padres peleando por trivialidades. Sintiendo que era riña personal, giró los ojos, intentando distraerse con el entorno. Su cuerpo saltó cuando, apenas desvió la mirada a la ventana, un chorro de agua impactó contra el cristal blindado. El repiqueteo violento contra el acero laminado de la patrulla le hizo deducir que habían pasado justo debajo del chorro a presión con el que una pipa de agua regaba la naturaleza de un amplio camellón. Nitori no dijo nada. Continuó escuchándoles discutir hasta qué, nuevamente, el policía apuesto volvió a dirigirle la palabra.
—Te decía, antes de que este inculto interrumpiera, que nosotros éramos chicos malos. Éramos traficantes.
Ante dicha confesión, el mesero se congeló en su asiento. La desviación de la patrulla hacia un lote en construcción, le crisparon la espina. Takuya, quien le miró por el retrovisor, se rió de su reacción.
—No vamos a hacerte nada malo, Nitori. "Éramos", bien lo dijo Minami. Der verbo: "Ahora somos policías".
Una vez callado Uozumi, Minami retomó las riendas de la conversación.
—Éramos traficantes. Pero no teníamos mucha experiencia. En una redada secreta, Matsuoka-San y Yamazaki-San nos tendieron una trampa y caímos tan patéticamente, que ahora no sé qué me da más vergüenza, si el hecho de que fuimos maleantes, o de la idiota forma en que nos capturaron. La idea era podrirnos unos años en la cárcel, como mínimo, pero el bueno del Teniente Mikoshiba vio algo en nosotros. Nos metió en un programa especial de protección a testigos, nos consiguió un abogado ¡y hasta nos empleó como policías!
Mientras Minami hablaba maravillas de su Teniente, Uozumi volvió a arrugar la nariz. Consecuentemente, sin poder quejarse, concordó en declarar que el pelirrojo de ojos ambarino era un buen hombre.
Ya con los cristales completamente empañados de mugre, salieron del lote en construcción y retomaron el camino a la comisaría. Una vez en el recinto y habiéndose callado el policía castaño, le dejaron salir de la unidad, la cual, apenas posar su vista en ella, Nitori pudo constatar que estaba completamente enlodada.
Cuando entraron al cuartel, cargado de cafés y postres, el ruido de un coro de chiflidos y leperadas burlonas, les dio la bienvenida.
Momotarou saltó en su sitio moviendo un pie antes de que una bala le perforara la zapatilla deportiva. Mojó la esponja nuevamente en el agua jabonosa y talló con ímpetu el vehículo policiaco hasta dejar el parabrisas reluciente. Muerto de pena, bajo la atenta mirada turquesa del Oficial Yamazaki y la filosa mirada roja y asesina de Matsuoka, se pegó al automóvil para enjabonar el techo. Su playera mojada y transparente se le adhirió más a la piel.
Usualmente era un cabeza dura que sacaba provecho a las situaciones. Las veces que lo hubieron encerrado en la cárcel gracias a sus disturbios en sus intentos por llamar la atención de Gou, él se dedicó a pasarla bien. Dormir en las celdas o hablar con lo demás detenidos eran sólo unas de las cosas a las que se había acostumbrado a hacer cuando le hubieron encerrado ahí. La verdad no era tan malo.
Pero esto…esto era inhumano.
Bueno…en realidad se había pasado un poco. Estrellar en un descuido el auto de Seijurou contra el muro del jardín en un intento de mostrarle a Gou- San sus habilidades de piloto había sido un poco más allá del demasiado que su hermano mayor usualmente soportaba.
Y aun así no era justificable el horrible castigo al que le estaba sometiendo.
Ya suficientemente malo era lavar los autos policías, uno a uno, con una esponja bien pequeña y a cubetadas de agua, sin permiso de manguera, como para encima hacerlo bajo la atenta mirada de toda la estación y la puntería casi perfecta de su hermano mayor.
—Lindas piernas, Ginger.
Momotarou tragó un grueso grumo de vergüenza y humillación que se le atoró justo sobre la Manzana de Adam.
El Plus que había agregado su hermano aprovechando el enojo para matar otro pájaro con el mismo tiro, era todo culpa de Ichika y los cortísimos shorts que acababa de comprar. Porque "ninguna señorita decente vestía shorts así", palabras justas de su hermano que terminaron por dejarlo ahí, mostrándole los muslos a todo el cuerpo policial que se aglomeraba en las ventanas para burlarse de él.
Claro estaba que con un tamaño demasiado chico, aún con su cuerpo esbelto, tuvo que cortarle los costados y mantener a la vista su speedo con el cierre abajo y el botón abierto, lo que dejó a Ichika sin su nueva prenda predilecta y a él sin pisca alguna de dignidad.
— ¡Hey, Ginger! ahí queda una mancha.
Momotarou sonrió forzado, sumergió la esponja en el agua jabonosa y talló la macha inexistente que Yamazaki señalaba. Luego, el alto oficial mostró un poco de compasión.
—No entiendo que cosa tan grave hiciste esta vez para que el Teniente te tenga haciendo esto, con pistola en mano.
—Le estrellé el carro contra el jardín.
Sousuke chifló largo.
— ¿Y los shorts?
—Son de Nee-chan.
Rin, quien se burlaba de él por lo bajo, se introdujo a la conversación.
—Ninguna señorita decente debe usar esa clase de ropas.
El oficial Yamazaki giró los ojos ante eso que él, como hijo único, jamás comprendería: Hermanos mayores y su complejo de protección…Después de todo él se había acostado con más hermanas menores de las que podría sentirse orgulloso de mencionar.
—En fin…jamás habría adivinado que tienes pecas en los muslos, Ginger.
Momotarou enrojeció y estuvo a nada de hacer una pataleta infantil, a no ser por la bala de goma que se volvió una mancha rosa en el piso, justo junto a su pie.
— ¡Más jabón y menos berrinche, "Ginger"!
— ¡Nii-Chan! ¿Tú también?
La estruendosa carcajada retumbó los pasillos con el altavoz policial que Seijurou olvidó apagar.
— ¡Especialmente yo, Ginger!
Rin se rió fuerte antes de revolver los cabellos de Momotarou.
—Cada uno obtiene lo que se merece, Ginger.
El hijo menor del matrimonio Mikoshiba lo decidió en ese momento: Jamás perdonaría a "Minamicchi" por ese apodo de mierda.
Y hablando del Diablo de sonrisa encantadora…
Cargado de bebidas y cajitas adorables, hizo presencia acompañado de un chico que se le hacía muy conocido, pero igual no podía reconocer. El Teniente llegó hasta ellos en un suspiro antes de gritar que había postre y café gratis para todos.
Como hubo de esperarse, ni bien terminó la oración, el aglomerado de uniformados se precipitó sobre Minami y el chico de cabellos plateados quien, ingeniados como mejor pudieron, repartieron las viandas.
— ¡Vaya que eres lindo! — Un policía de gran tamaño y ancha nariz soltó sin pensar.
Nitori dio un pisotón al piso al tiempo que ponía una sonrisa que se notó más forzada que Momotarou en esos cortos shorts de mezclilla. Esa acotación comenzaba a fastidiarle.
Rin notó la incomodidad de su inquilino y, contrario a su decisión de quedarse al margen como hubo querido en un principio, dando un par de pasos al frente, se colocó al lado de Aiichirou.
—Oi —Le saludó.
Nitori sonrió con una sonrisa brillante y pura, justo como la de Makoto.
— ¡Matsuoka-San! ¡Está aquí!
—Bueno, trabajo aquí —Rin rascó la parte trasera de su cuello, lo que, para el buen ojo de Sousuke, no pasó desapercibido.
Yamazaki no tenía nada en contra del mesero de Nanase. Al contrario, admiraba a quien pudiera convivir con su mejor amigo y sus cambios de humor, repentinos y marcados. Aun así, pese al buen ánimo que Ginger y sus largas piernas descubiertas habían devuelto a su bina, se convenció a sí mismo que una oportunidad como esa sería imposible de repetir.
—Así que éste es el precioso renacuajo gris del que me has hablado estas últimas semanas.
Rin se puso rojo, Nitori infló los cachetes.
La verdad es que el oficial de dientes afilados si se refería así de Nitori. No es que pensara exactamente como su mejor amigo acaba de externar. Había sido más bien una exageración a la que se había referido para dramatizar más su situación a los dos días de que hubieron firmado el acuerdo de convivencia.
—Yo no…bueno, lo dije, pero…
Nitori le miró con ojos oscuros y profundos. Rin no supo descifrar si era furia, enojo o decepción. Volteó a Sousuke para que éste enmendara lo hecho, más él, fuera de la sonrisa burlona y el encogimiento de hombros, no estuvo dispuesto a hacer nada en absoluto.
Aunque de igual forma no fue necesario. Tan fácil como las facciones de Nitori cambiaron para mal, lo hicieron nuevamente para bien con sólo escuchar una quejumbrosa grosería leve de una voz bien conocida pidiendo que le hicieran camino. Ichika apareció en escena, se quitó un zapato y se lo arrojó a la cabeza a su hermano mayor, bastante molesta.
— ¡Nii-Chan, eres un imbécil!
Con un rugido frágil, la chica, ya junto al teniente, comenzó a golpearle el hombro con el puño. Su cara roja de ira y sus ojos brillantes como lava intimidaron poco al mayor de los Mikoshiba.
— ¿Has visto que corto le quedan a Momotarou? Ninguna hermana mía se hará faltar al respeto de esa forma. Dame las gracias de que te he ahorrado la vergüenza de salir a la calle así.
La chica infló los cachetes hasta ponerse roja otra vez y una nueva lluvia de puñetazos se auguraba en el futuro cercano del Teniente de la estación, de no ser por el peliplata que se acercó a ellos, entusiasta de ver a la hermana menor del mentado Mikoshiba del que hubo escuchado la última media hora.
— ¡Ichika-Chan!
Rin volteó a mirarle. Sólo cuando estuvo a un lado de los ruidosos pelirrojos se hubo dando cuenta que Nitori había abandonado el espacio junto a él. Frunció el ceño molesto sin perder de vista la sonrisa refrescante de Aiichirou y los ojos dorados y alegres de la Minishiba.
Lo peor de todo, es que su ojo veloz pudo ver la mirada que el teniente le dedicó a su inquilino. Profunda y analítica qué, viniendo de él, no podían significar nada bueno.
Nitori miró a Momotarou por primera vez, sus ojos se centraron en lo corto de los shorts y las pecas en sus muslos.
— Así que ese short era tuyo.
Ichika palideció y los cabellos de su nuca se crisparon. Antes de que Nitori sacara más conclusiones, golpeó el hombro con una suavidad áspera al barista de Nanase.
— ¿Cómo crees? —Negó rápido con la cabeza —. Ninguna señorita decente que se precie de serlo, usaría esa clase de prendas.
Aiichirou rió tras su puño con ese gesto encantador que Rin comenzaba a conocer muy bien. El problema fue que no sólo él pudo ver la explosión de reacciones alrededor. Sousuke le miró a él y descubrió algo interesante. Ichika le sonrió de vuelta tratando de negar la propiedad de la prenda y, la reacción más peligrosa de todas, Mikoshiba se llevó una mano al mentón mirando a su hermana interactuar con el enano platinado, renegando por lo que en un principio vino a dar batalla. En su rostro había una sonrisa complaciente y ancha.
つづく
No tengo mucho que decir, sólo pedir disculpas.
Por cierto, con Minami y los apodos extranjeros, no es mi idea. Se la robe a Japierade su fic Samezuka, Tú y Yo (muy bueno, por cierto, recomiendo el fic) y de pronto ese Minami se volvió mi Head Canon indiscutible. Sigo esperando que algún día hagan la versión de Samezuka en una nueva temporada de Free!. Eso sin duda sería una explosión de sistemas circulatorios. Mi corazón sufriría de mini infartos.
Por Ginger hago referencia a una de las tantas formas en las que apodan (o nombran) a la gente pelirroja. No veo a los Mikoshiba exentos de ello.
Agradezco mucho los reviews y favs que ha recibido esta historia. También los follows.
Creo que no había agradecido apropiadamente a los Guest que han dicho cosas hermosas del fanfic. Me animan mucho con sus comentarios. Mucha gracias a: Ichigo no Kokoro, Katy365, Isa, Liziz, HappyAkira, WunjoJera, NeeZii2, Amada123, Freee, Denise y LindaLaLinda, quines a pesar de no tener usuario registrado, animan a los escritores a seguir adelante con sus trabajos. Mil Gracias.
Otra cosa que me agradaría recalcar, es que me alegra que les agradara el oficio de Nagisa. Él y Rei comenzaran a salir más a menudo ahora. Lamento si tardé nueve capítulos en hacerlos entrar de lleno, más porque Nagisa es un personaje con mucho jugo al que tengo mucho cariño. Platicando hace unos días con unas amigas, terminamos concluyendo que si se pudiera describir a Nagisa en un concepto, él sería algo así como "Una Carta Trampa".
Debo confesar que el capítulo lleva días terminado, pero se quedó atorado en la laptop. No tuve la precaución de guardarlo en una memoria aparte y faltando sólo las notas de autor, se fue a dar un paseo por una larga semana. En fin, merezco linchamiento.
Extremando precauciones, nos vemos pronto.
.Misao Kirimachi Surasai.
