Capítulo 9: Recuerdos que van y vienen II
Severus había guiado el paso y durante todo el trayecto, Hermione no dejó de preguntarse a dónde se dirigían exactamente. Durante el camino se topó con varios niños y dudó que su ex profesor de pociones la estuviese llevando a una juguetería, pero parecían traer curiosos objetos entre sus manos.
- ¡Vuelvan pronto! ¡La semana próxima tendremos nueva mercancía! - esa sí era una voz que podía reconocer y de inmediato se separó del hombre, para correr en dirección del joven parado en la entrada y despidiendo a los clientes personalmente.
- ¡George! - no lo pudo evitar y un par de lágrimas saltaron a sus ojos, a lo que Snape hizo una pequeña mueca de dolor. - ¡Qué alegría verte!
Y Severus sabía que no mentía, puesto que lo podía sentir recorrer su cuerpo. Esa alegría, algo totalmente nuevo para él.
- ¿¡Hermione!? ¡Pero qué diantres estás haciendo aquí! - reparó en su acompañante y guardó silencio por unos segundos, como si escogiera sus palabras con mucho cuidado. - Profesor Snape, siempre es un gusto verlo.
- Hmm... - fue su única respuesta, mientras George los estudiaba de arriba hacia abajo. Mismos abrigos negros, juntos, sin Ron a la vista...
- ¿Y qué están haciendo aquí? Pensé que Ron estaría contigo en este momento.
Sintió en su interior, que Hermione dudaba y comenzaba a sentir miedo por tener que explicar lo que había sucedido. Todavía no podía explicarlo con precisión, pero su desesperación por encontrar una explicación sincera y lo suficientemente creíble para lo que les había ocurrido, comenzaba a convertirse en una sensación inquietante para él. Su pulso se aceleraba y sentía que le sudaban las manos, mientras ella se mordía el labio inferior y continuaba estudiando la mejor respuesta para decir. Era una experiencia tan desagradable, que contempló la idea de responder él mismo.
- Tuvimos que separarnos por un tiempo. - dijo Hermione tras pensarlo y aunque se sintió aliviado de que al fin hubiese tenido el valor de hablar, la sensación no mejoró. Pudo sentir la tristeza que la embargó de pronto, al notar la mirada de sorpresa e incredulidad en el joven frente a ella.
- Lo siento. Sabía que Ron terminaría arruinándolo en algún momento. Eres la mejor novia que ha tenido, prácticamente la única si no contamos esa chica, Lavander Brown, pero él tiene que arruinarlo.
- Es un poco más complicado que eso. - dijo la chica en voz baja, acariciando uno de sus brazos y con la mirada fija en el suelo a sus pies. Snape sentía que estaba por perder la cordura con ese dolor tan insoportable y ese repetido mensaje en su cabeza de que su otra mitad estaba sufriendo y que necesitaba hacer algo para evitarle el dolor.
- Entremos. Quizá haya algo que pueda ayudarnos. - dijo, con una extraña voz que no se había escuchado antes. Como un gemido ahogado. Apenas y podía hablar, el dolor por las emociones de Hermione era muy intenso. Continuaba retando a su umbral de dolor.
George Weasley señaló el interior de la tienda e hizo un gesto para que le siguieran dentro. Antes de que Hermione pudiera dar un sólo paso, el profesor la detuvo con una mano en uno de sus hombros e inclinándose para susurrarle algo.
- Trate de relajarse, señorita Granger. Recuerde que sus emociones pueden afectarme a mí también y causar efectos indeseados.
- ¡Oh! ¡Lo siento! ¿Acaso le hice daño de alguna manera? - preguntó, estudiándolo de arriba hacia abajo.
- No más que un molesto dolor en el pecho y un incómodo calor. Pero si sigue poniéndose nerviosa o deprimida, podría empeorar.
- Es que todo esto es tan complicado. ¿Qué se supone que responda cuando todos me pregunten, por qué he dejado a Ronald?
- Lo que le dije en el hospital. - dijo Snape entre dientes, ya que George parecía haber regresado sobre sus pasos, al notar que no lo seguían. - que está conmigo para recibir clases privadas en pociones y obtener buenas recomendaciones.
- ¿Recomendaciones para qué...?
- No importa. - Le cortó el hombre de inmediato y muy a tiempo, puesto que el joven Weasley se había detenido frente a ellos.
- ¿Sucede algo?
- En lo absoluto. - Sostuvo uno de los brazos de Hermione, sin siquiera mediar palabras y muy pronto se encontró recorriendo la tienda a su lado, mientras George hablaba al respecto. Tenía que admitir que los muchachos eran grandes empresarios. O habían sido, en el caso de Fred. La tienda estaba repleta por donde mirara y aunque no estaba seguro de la veracidad de la información en las etiquetas, comenzaba a cuestionarse la razón por la que sacaban tan bajas calificaciones en su asignatura. Además de la pobre concentración que ponían durante las clases y el desdén por los deberes y las reglas. Y quizá también, sus propios prejuicios.
Comenzaba a sentir que les debía, al menos, un par de puntos por un trabajo bien hecho. Mantener una tienda no era nada fácil y con la creatividad que veía que tenían, mucho menos.
- Lamento mucho que Fred muriera, George. Yo... no... lo recordaba. - dijo Hermione con un tono condescendiente y mientras el joven arqueaba las cejas, Severus pensaba en la mejor forma de zanjar la conversación.
- Señorita Granger... - interrumpió, antes de que George preguntara a qué se refería con no recordarlo. - por qué no pasea por la tienda un rato y trata de ver si algo le es familiar. - dijo, disipando el humo rosado a su alrededor que se imaginó, debía ser alguna poción de amor con base en la Amortentia.
Le pareció que Hermione se había distraído con el humo también, tratando de identificar el aroma alrededor de la tienda. Antes de que tuviera que insistir con su orden, la chica se marchó por sí sola y en cuanto se perdió de vista, George frunció el ceño y miró al hombre que continuaba parado a su lado, con mucha curiosidad.
- ¿Qué es lo que le pasa? Luce desorientada y eso es raro, puesto que Hermione Granger es la chica más centrada que conozco.
- Tuvimos una especie de accidente, mientras trabajábamos en una poción. La señorita Granger está interesada en obtener una maestría en pociones y otras asignaturas además, así que Minerva McGonagall me ofreció para la tarea. Se recuperará muy pronto, sólo fue un pequeño revés. Algo que no salió precisamente como esperábamos.
- Ya veo. Así que estará confundida por un tiempo, ¿cierto?. - George sonrió un poco y agregó. - quizá pueda convencerla entonces, de comprar algo. Nunca le gustó lo que hacíamos. Le parecía que fracasaríamos, si no teníamos la correcta educación mágica. Pero aquí estamos.
Antes de que Snape pudiera decir lo que pensaba, Hermione caminaba en su dirección y parecía sostener a un pequeño niño pelirrojo.
- ¡Vaya, creo que encontraste a Fred! - dijo el joven con cariño, despeinándole un poco los cabellos. - Pensé que estaba con Angelina, pero siempre le gusta esconderse en algún rincón de la tienda y de vez en cuando nos cuesta mucho encontrarlo.
- Me parece un niño de lo más encantador. Y me ha parecido que la tienda tiene un cierto aroma a pergamino fresco. Dígame... profesor Snape... ¿lo ha percibido usted también?
- Sí... - ¿y por qué mentir? Si le resultaba ya natural, que hasta la amortentia tuviera el mismo olor para él.
- Debe ser la amortentia. Hemos estado preparando nuevas muestras. Bueno, las nuestras tienen un par de aditamentos extra...
- ¿Y ello no compromete la estabilidad de la poción? - cuestionó Hermione y de inmediato frunció el ceño, señalándolo con un dedo de forma acusadora. - Ahora que lo recuerdo, a ti te gustaba mucho agregarle cosas extrañas a las pociones y venderlas como la solución a todos los problemas. ¡George...! ¡Eso es mentir! La amortentia no puede ser mejorada, ya de por sí es una poción potente y peligrosa.
Severus agradeció que el joven se distrajera con las críticas de Hermione acerca de su trabajo y no se hubiese fijado en que ambos tenían el mismo aroma para una tonta poción de amor obsesivo. Le tomó un par de minutos, obligarla a parar de discutir y tras despedirse, permaneció inusualmente callado durante el viaje de vuelta.
- Es muy extraño. - comentó Hermione, mientras intentaba sacar su varita de uno de los profundos bolsillos de aquella túnica gigante que el hombre le había prestado. - mientras recorría la tienda, recordé tantas cosas.
- Esa es la idea, supongo.
- Sí. - sonrió ella encontrando su varita y apuntándola sobre sí misma, de modo que el abrigo le quedara a la medida. Severus sintió una pequeña puntada en la frente y se llevó una mano a la sien, mientras Hermione dejaba escapar un prolongado suspiro.
- ¿Podríamos parar para descansar y quizá beber algo? Por alguna razón, todos esos recuerdos me dieron dolor de cabeza.
De hecho no era una mala idea y muy pronto se encontró en una mesa al final del caldero chorreante, mientras Hermione se masajeaba la sien con ambas manos e intentaba sofocar la sensación con un helado tarro de cerveza de hidromiel.
- Podríamos volver a casa. Creo que es la mejor idea. - el hombre hizo un ademán de levantarse, pero Hermione sacudió un poco la cabeza.
- Estoy segura de que se me pasará pronto. Si estoy empezando a recordar, no quisiera volver tan pronto.
- No tiene sentido apresurarnos, señorita Granger. La memoria necesita un proceso progresivo de recuperación. No sanará más rápido, por más tiendas que visitemos.
A pesar de que aún deseaba recuperar más memorias de su pasado, su ex profesor de pociones comenzaba a tener razón y su visión se tornaba cada vez más y más borrosa, debido al fuerte dolor de cabeza que tenía. Y sabía que él podía percibirlo, puesto que había comenzado a frotarse el puente de la nariz con cierta incomodidad.
Pagó por las bebidas y sostuvo uno de los brazos de la chica, cuando se dio cuenta de que ni siquiera podía caminar. Desaparecieron en un dos por tres y al reaparecer en Spinner's end, sintió un fuerte dolor en el pecho y se percató de que Hermione estaba tan pálida como la cal y a punto de desmayarse.
Lo que le hizo preguntarse: Si ella se desmayaba, ¿él también lo haría? Eso sonaba de lo más ridículo y agradeció que Tobby, el pequeño elfo, atendiera su llamado con prontitud y que pudiera ayudarle a sentarse en el sofá. Se quedó dormida tras una poción contra el mareo, mientras él evaluaba los riesgos que acarreaba, el recuperar la memoria.
- Su cuerpo ha recibido mucho estrés. Es una carga emocional muy fuerte y supongo que colapsó. - dijo en voz baja, mirando al pequeño elfo a pocos metros del sofá. - Tobby, prepara la habitación para la señorita Granger.
El elfo asintió de inmediato y el librero se apartó sin chistar, mientras subía las escaleras a saltos. Se detuvo por unos segundos para preguntarse si debía informar a Minerva sobre su progreso, para al final levantarse del sillón en el que estaba e inclinarse con el mayor de los cuidados posibles, para levantar a la chica del sofá y subir las mismas escaleras con ella entre sus brazos. Iba a necesitar todo el descanso que fuera posible y no había un lugar mejor para hacerlo, que en una cama.
Incómodo que tuvieran que compartirla, pero estaba muy exhausto como para pensar dormir en el sofá. Además, cualquier cosa podía suceder durante la noche y si las emociones que compartían ya eran de por sí fuertes, no quería ni imaginarse cómo se tornarían si no estaba en la habitación. Apuntó a la chica con su varita y sus túnicas se convirtieron en la misma pijama que había utilizado la noche anterior, aunque no se le escapó que el elfo había traído las pertenencias de Hermione y comenzó a desear que hubiese algo allí en las valijas, menos revelador.
Hizo lo mismo, utilizando las pijamas más formales que tenía. Pantalones verdes con su par superior del mismo color, mangas largas y la misma línea de botones que usaba a diario. A veces se sentía cómodo así. Seguro, bajo tantos botones.
Se quedó tendido boca arriba sobre su lado en la cama y tras unos minutos de contemplar el tejado, ladeó la cabeza para mirar a Hermione quien continuaba dormida, dándole la espalda.
¿Acaso era posible que se desmayara también, si ella lo hacía? Compartían emociones, pero continuaba sin entender por qué compartían el mismo estado de salud. Mientras ella descansaba, podía sentir un extraño malestar en su cuerpo también. Como un ligero mareo, lo que le dio a entender que la poción comenzaba a hacer efecto y la sensación iba disminuyendo con el paso de las horas.
¿De eso se trataba el amor? ¿De compartirlo todo? Estaba tan cansado de darle vueltas al asunto. Aquel día, había hecho un poderoso descubrimiento.
Para los dos, la amortentia tenía un mismo aroma. Pero eso tal vez no significaba nada. Aunque no había leído que existiesen dos pociones perfectamente idénticas. Así que no era una copia. Ambos habían percibido el mismo aroma.
Entendía que se podían reproducir las pociones, pero en el caso de la amortentia, cada una tenía un distinto aroma. No había aromas idénticos, sólo personas "casi" idénticas.
Trató de no pensar demasiado para que sus pensamientos y su estrés por intentar encontrar una explicación, no perturbaran a Hermione.
Y teniendo en mente que quizá a McGonagall le gustaría enterarse de las novedades, comenzó a cerrar los ojos hasta finalmente quedarse dormido.
N/A: Importantes hallazgos para los dos. Espero que pronto me comenten lo que les ha parecido y lo que les parecerá, cuando Ronald no soporte no tener noticias y decida buscarlas él mismo. Y cuando Snape le explique lo que ha sucedido a McGonagall, pasarán muchas cosas también. Besos.
