QUÉDATE CONMIGO
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 10
Ayako se sentía nerviosa. Aquella sería la primera reunión con los antiguos miembros del equipo desde que salieran de la preparatoria. Eran cerca de tres años desde aquella época. Se sentía muy orgullosa de aquella iniciativa, y sabía que su novio había sido un apoyo muy importante para llevar a cabo el cometido.
No comprendía por qué, pero podía presentir que esa fiesta resultaría muy bien.
—¿Estás lista? —escuchó la voz de su novio en la entrada de su habitación. Lo miró a través del espejo en el que terminaba de retocarse el maquillaje y le sonrió al reflejo.
—Sí —se levantó de la silla y se giró. Caminó algunos pasos y quedó frente al rostro de Miyagi; le rodeó el cuello con los brazos —. Te ves muy guapo.
—Gra-gracias, Ayako —tartamudeó el hombre totalmente sonrojado. Ella era lo mejor que le había sucedido en la vida.
—Vámonos, Ryota.
—Sí.
La chica tomó su bolsa y se alisó la falda del vestido por última vez. Acto seguido, ella y el muchacho abandonaron el departamento para dirigirse a su antigua preparatoria.
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Hanamichi Sakuragi se sentía ligeramente nervioso esa noche. No entendía el motivo, puesto que, al enterarse de la reunión, se había puesto feliz: vería a todos sus amigos juntos durante toda una noche, cosa que no pudo hacer desde que terminaron la preparatoria.
Sin embargo, aunado a su felicidad, estaba el hecho de que esa noche tendría su primera cita desde que terminara con Haruko, dos años atrás. Sería la primera vez que saliera con una mujer en dos largos años. Ya no recordaba cómo debía comportarse, qué debía hacer o decir ni cómo concluiría aquella velada.
No obstante, estaba muy emocionado. Michiko Ike era una muchacha muy atractiva, y, según logró percibir el pelirrojo en la breve charla que tuvieron cuando se encontraron en la biblioteca de la facultad, también era inteligente. Eso podría parecer peligroso, dado que él aún conservaba la inocencia que lo caracterizaba en la preparatoria, y que a veces rayaba en la ingenuidad. Pero para él era una oportunidad de estar cerca de una chica que le atraía mucho.
Al salir del baño con la dentadura reluciente y demasiado limpia, se dirigió a su habitación. Tomó la chaqueta que había dejado sobre la cama y se la puso. El reloj marcaba las cinco de la tarde y él había quedado en recoger a Michiko a las cinco treinta. Calculó el tiempo que haría en llegar a la dirección que ella le había dado, en total era como media hora, así que decidió ponerse en marcha.
—Todo listo —se dijo cuando comprobó que llevaba la cartera en la bolsa del pantalón, las llaves del departamento y una rosa que había conseguido el día anterior en el jardín de su madre. No sabía qué esperar de aquella velada, pero estaba ansioso por que comenzara.
Salió de su habitación y entró en el baño para mirarse en el espejo por última vez. En cuanto volvió a arreglarse el cabello pensó que todo estaba en orden y se encaminó a la sala de estar. Fujii se había quedado dormida en el sofá. Youhei se situó junto a él con sigilo, y el pelirrojo habló en voz baja para no despertar a la muchacha.
—¿Estás seguro de que prefieren quedarse?
—Sí, Hanamichi —reiteró Youhei—. Fujii se levantó con náuseas esta mañana y prefiero que descanse. Ya habrán otras fiestas después.
—De acuerdo… Entonces nos veremos más tarde.
Youhei le deseó buena suerte al pelirrojo y luego lo vio cerrar la puerta del departamento tras su salida. Dirigió la mirada a la mujer que descansaba en el sofá. Lucía tan apacible y frágil, que le dieron ganas de sólo observarla dormir. Fujii era ahora su mujer, y él haría todo por que ella no sufriera.
—Ya tendremos otras fiestas después —repitió en voz baja en tanto acariciaba su cabello con suavidad. Aunque sabía que esas fiestas ya habían quedado atrás.
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Justo a las cinco treinta, un enorme pelirrojo llamó a la puerta de una residencia que parecía pertenecer a una familia acomodada. No temía equivocarse, puesto que siguió al pie de la letra las indicaciones de Michiko para llegar hasta ahí. No recordaba el protocolo de una primera cita, así que decidió simplemente ser natural.
—Hola, me alegra que seas puntual —fue la propia Michiko quien atendió. Hanamichi casi se va de espaldas cuando la contempló de cuerpo completo enfundada en el vestido de tirantes y falda corta. Tenía un discreto escote en el frente y se adhería exquisitamente a la piel de la morena. El color marrón del vestido resaltaba los ojos castaños de la muchacha, y los zapatos la hacían lucir algunos centímetros más alta. Hanamichi se ruborizó.
—Michiko… —murmuró Sakuragi— Te ves preciosa… —fue todo lo que pudo articular. Michiko se sabía atractiva, pero nunca un hombre la había hecho sentir tan hermosa como Hanamichi Sakuragi lo hacía.
La mujer sólo sonrió.
—Te-te traje esto —Hanamichi extendió la rosa que había robado del jardín de su madre. Michiko la tomó con una mano y la aproximó a su nariz. Aspiró el perfume que desprendían los pétalos y sonrió.
—Gracias, Hanamichi —entró de nuevo a la casa y colocó la flor en un vaso con agua. Acto seguido, salió de la casa—. ¿Nos vamos? —preguntó, cerrando la puerta tras de sí.
—Claro —Hanamichi asintió y ofreció su brazo a la muchacha.
Todo el camino hasta el taxi que tomaron para llegar a Shohoku, el pelirrojo se sintió como embelesado. Michiko olía a fresas, y mirarla le resultaba verdaderamente placentero. Estaba casi convencido de que aquello era un sueño. Ni siquiera con Haruko se había sentido así en su primera cita. Le dio la impresión de que la morena que estaba a su lado era una figura intangible, pero cuando ella colocó de nuevo su mano sobre su brazo supo que estaba teniendo una primera cita con la mujer fascinante que había conocido hacía algunas semanas.
—Y entonces… ¿vamos a una reunión de tu preparatoria? —preguntó Michiko. Por alguna razón pensó que sería interesante conocer algo del pelirrojo.
—Sí —respondió escueto. Sakuragi estaba nervioso, pero no quería parecer grosero, así que se esforzó por hacer una plática interesante—. Es la primera desde que salimos de Shohoku.
—¿O sea que es la primera vez en tres años que verás a tus antiguos compañeros?
—A algunos sí. Hay otros a los que frecuento seguido.
—¿Si?
Hanamichi asintió con un movimiento de cabeza, y luego prosiguió.
—¿Recuerdas el día que tu primo nos presentó?
Michiko asintió en silencio sin apartar su mirada de los ojos de Sakuragi.
—Estaban en la mesa también un chico y una chica —recordó la muchacha.
—Youhei y Haruko —reiteró Hanamichi—. Ellos son mis amigos desde hace tiempo. Y estudiamos juntos la preparatoria.
—Entonces hoy estarán ahí también, supongo.
—Sólo Haruko. La reunión es para los antiguos miembros del equipo de básquetbol. Haruko fue asistente desde el segundo año, y Youhei y los muchachos sólo iban a apoyarnos.
—¿Y sólo por eso no puede ir?
Hanamichi pensó que podría decirle a Michiko la situación de su mejor amigo.
—De hecho yo lo invité, a él y a su novia, y Haruko también lo hizo. Pero ahora están pasando una situación algo complicada.
—¿Complicada?
—A Fujii no la conoces. Ella es la mejor amiga de Haruko y también es novia de Youhei. Y pues… ellos se acaban de enterar de que serán padres en algunos meses. Tal vez habrían venido también, pero Fujii no se sentía bien y Youhei prefirió que descansara.
—Entiendo…
Hanamichi y Michiko siguieron conversando hasta que el taxi se detuvo en frente a la entrada principal de la preparatoria Shohoku. El pelirrojo pagó lo que el taxímetro indicaba y, al descender del vehículo, ayudó a su invitada.
Michiko, por su parte, se sentía rara: hacía algún tiempo que no salía con alguien, y de hecho había rechazado ya a varios muchachos que la habían invitado en las últimas semanas. Cuando conoció al pelirrojo le pareció extraño, y por supuesto que notó el interés que él había puesto en ella. Se sabía atractiva, muchos hombres le dedicaban miradas a veces lascivas, pero Hanamichi la había mirado diferente desde el principio. Pensó que tal vez por eso le había parecido buena idea aceptar su invitación.
—Pues esta es mi preparatoria —escuchó que el pelirrojo le indicaba. Estaban frente a un letrero que rezaba Shohoku en kanjis bien estilizados.
—Nunca había estado por estos rumbos —confesó ella—. Será porque es una escuela pública.
—¿Estudiaste en escuela privada? —preguntó el pelirrojo.
—Sí. En el Instituto Ryonan.
A Sakuragi casi se le cae la mandíbula.
—¿Lo conoces? —preguntó Michiko al notar la reacción de su acompañante.
—Muchas veces jugamos partidos de práctica ahí.
—¿En serio?
—Sí —sonrió Hanamichi—. Tal vez en alguna ocasión nos cruzamos en el camino.
—Yo creo que no.
Hanamichi la miró sin entender. Entonces Michiko prosiguió.
—La verdad es que en la preparatoria yo era bastante diferente y lo que menos me interesaba eran los deportes. Lo único que de algún modo me acercaba al básquetbol era la amistad que tenía con uno de los miembros del equipo.
Hanamichi pensó que sería muy gracioso que ese amigo de Michiko miembro del equipo resultara ser Sendoh, su antiguo rival en la cancha y que al final resultó ser un buen amigo de él y de Rukawa.
—¿Sabes? —continuó Michiko— Puede que a él sí lo hayas conocido. Su nombre es Akira Sendoh.
El pelirrojo se fue de espaldas. El mundo era bastante pequeño después de todo.
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En cuanto estuvieron frente a la entrada de la preparatoria Shohoku, Haruko y su acompañante descendieron del automóvil. Kenta Yukatori se había sentido tan feliz de que Haruko lo hubiera invitado, que convenció a su padre de que le prestara el auto para ser todo un caballero en aquella cita.
Yukatori estacionó el auto y descendió de él, apresurándose al otro lado para abrirle la puerta a Haruko y ofrecerle la mano para que ella bajara también.
Haruko se sintió extraña cuando estuvieron frente al gimnasio. Habían pasado ya algunos años desde que terminó su estancia en la preparatoria, y pensó que la siguiente vez que estuviera ahí sería en compañía de quien entonces era su novio: Hanamichi Sakuragi.
—Akagi —escuchó la voz de Kenta—. Gracias por permitirme acompañarte.
Haruko se sintió rara aún: él no la llamaba por su primer nombre como todas las personas que la conocían. Pero era un buen chico y parecía tener buenas intenciones con ella.
—No me agradezcas, Yukatori —Haruko le dedicó una sonrisa que a él le pareció encantadora.
Cuando entraron al gimnasio ya había gente ahí: Ayako estaba con Ryouta, Takenori Akagi estaba hablando animadamente con Kogure y Mitsui, Yasuda e Ishii bebían ponche, y habían algunas mujeres conversando entre ellas en algunos lugares de la duela. Haruko supuso que serían las parejas de sus superiores.
—¡Haruko! —escuchó la voz de Ayako que la llamaba.
—Hola, Ayako —sonrió y agitó una mano desde su posición, en tanto la mujer de rizos y su novio se aproximaban a ella.
—Haruko, estás muy cambiada —dijo Miyagi sonriéndole a la muchacha.
—No creo haber cambiado mucho —dijo ruborizada. Su cabello ahora era más largo que cuando estuvo en la preparatoria, y su cuerpo se había alargado unos centímetros. Además, su modo de vestir también había cambiado, y el maquillaje resaltaba sus rasgos.
—Te ves muy bien, Haruko —finalizó Ayako.
—Gracias —sonrió cortés, y luego tomó el brazo de su acompañante—. Él es Kenta Yukatori —luego se dirigió al mencionado—. Ellos son Ayako y Miyagi. Ayako y yo fuimos entrenadoras del equipo y Miyagi fue capitán.
—Mucho gusto —Kenta hizo una reverencia y sonrió cordial.
—¿Tu novio? —Ayako sonrió con picardía y le dio un codazo a la castaña.
—¡Ay, Ayako! ¿Qué cosas dices? Yukatori es un compañero de la universidad.
Completamente ruborizada, Haruko se excusó con sus superiores y prefirió presentar a su acompañante con el resto de los asistentes. Cuando la pareja estaba con Takenori, Mitsui y Kogure, una nueva pareja entró al gimnasio.
—¡Hanamichi! —gritó Ryouta emocionado. Se aproximó a su amigo y lo abrazó con efusividad.
—¡Ryouchin! —a Sakuragi también le alegraba ver a su antiguo capitán y gran amigo.
—¡Hanamichi Sakuragi, me da gusto verte! —Ayako, olvidando un poco sus costumbres, también abrazó a su amigo.
El pelirrojo presentó a Michiko con sus amigos. Cuando entraron de inmediato se integraron a la conversación que Haruko mantenía con los otros miembros del equipo. Completamente superada la situación, Haruko y Hanamichi relataron cómo se había desarrollado su relación hasta esos días, y también el parentesco existente entre Michiko y Kenta. Lo que a todos les parecía gracioso era que Hanamichi siguiera conservando aquello que lo hacía especial en la adolescencia.
Ya caída la noche, todos animados bailaban o conversaban tras haber roto el hielo.
Sin embargo, el cuestionamiento general era uno: ¿dónde estaba Rukawa?
—Yo estaba segura de que vendría —dijo Ayako. La pregunta la había hecho el propio Hanamichi, extrañado por la ausencia del Zorro. A esas alturas de la vida cualquier rencilla que hubiera tenido con quien fuera ya debería haber desaparecido.
—Pero parece que nos ha dejado plantados —completó Miyagi. A él también le parecía extraño que Rukawa no estuviera. Él estaba con Ayako cuando Kaede la llamó para confirmar su asistencia.
Pero justo en el momento en que todos daban por hecho que él seguiría en Estados Unidos, la puerta se abrió una vez más y por ella entró Kaede Rukawa, la súper estrella de la adolescencia de todos los presentes, seguido por un muchacho más o menos de su edad, de cabello castaño y mirada alegre.
—Hablando del Rey de Roma… —murmuró Mitsui. Kogure le dio un codazo y reinó el silencio.
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Notas de la autora:
También este fic andaba en el baúl, pero lo he retomado y por fin Rukawa ha llegado a Shohoku.
Pensé en poner aquí el acercamiento con las personas que lo rodearon en la juventud, pero iba a ser un capítulo muy largo y preferí partirlo a la mitad. De todos modos se entenderá, y ahora sí es seguro que en el siguiente capítulo habrá algo entre algunas parejitas. Ustedes ya deben imaginarse quiénes.
Pues ya estaré descansando de la escuela un rato, pero igual todavía estaré trabajando así que no me dedicaré al ocio. Mi intención es que me vean más seguido por estos rumbos.
Dejen reviews.
Saludillos.
