Ese domingo, Hermione se dedicó a terminar las redacciones y lecturas que tenía pendientes. Cuando por fin acabó, se dio una relajante ducha. Su mente no se alejaba del rubio. No lo había visto en todo el día, así que probablemente estuviera volando o en las mazmorras. Invocó su imagen y sonrió instintivamente. De una manera que no lograba comprender, el rubio la hacía feliz. Poco le importaba el peligro que hubiera detrás de aquella felicidad.

Draco pasó el día en las mazmorras, sentado junto a Nott pero sin intercambiar palabras con él. Le servía con sentir algo de compañía mientras reflexionaba acerca de su situación. Era obvio que todo el asunto de la castaña se le había ido de las manos. Notaba que sentía algo especial, diferente por ella. En su presencia no era capaz de decir nada coherente ni de actuar según la fachada que tantos años le había costado construirse. Y esto era, seductora e irremediablemente, lo más atrayente que había sentido nunca.

Los días pasaron y sus encuentros fueron incrementando en cantidad e intensidad. Draco había tenido que reprocharse más de una vez antes de apartar sus manos de los botones del pantalón de la chica. Aun no era el momento, se decía. ¿Lo sería alguna vez?

Sucedió un viernes a mediados de febrero. Concretamente, el 14, día de San Valentín. El trío de oro llegó a desayunar a las 8. Como todos los años, el castillo estaba adornado con miles de querubines dotados de alas y flechas que volaban sobre las cabezas de la gente. Harry y Ron estaban teniendo una acalorada discusión sobre el último partido de Quidditch y la chica iba a su lado ausente. El ojigris no había dormido en la torre y se sentía inquieta. ¿Eran celos? Puede.

Se sentaron y cinco minutos después, el diario El Profeta aterrizó sobre las mesas del desayuno. Pronto el Gran Comedor se llenó de inquietos susurros así que Hermione cogió su ejemplar y leyó la portada:

"FUGA EN MASA DE AZKABAN"

La pasada madrugada, tuvo lugar en la considerada "la prisión más segura del mundo mágico" una fuga en masa de más de una docena de retenidos mortífagos. Se considera posible que contaran con ayuda exterior y el Ministerio baraja la probabilidad de eliminar a los dementores de guardianes…

(El artículo seguía a lo largo de dos hojas, pero la chica se limitó a leer los nombres de los mortífagos, sabiendo lo que vendría a continuación).

NOMBRES:

- Dolohov

- Nott

- Lestrange

- Avery

- Mulciber

- McNair

- Crabbe

- Jugson

- Rosier

- Malfoy

- …

Hermione no pudo seguir leyendo. Tenía miedo. Sabía que debería haber avisado de la fuga, pero eso le hubiera causado numerosos problemas. Ahora ya no había nada que hacer.

Miró hacia la mesa de Slytherin. El rubio mostraba unas horrorosas ojeras y por lo que parecía, no había tenido tiempo de peinarse. Sus miradas se encontraron durante un segundo y pudo observar odio en los ojos grises. Un escalofrío le recorrió la espalda. Remarcó también que todas las miradas estaban puestas en la mesa verde. Draco, indiferente a que todo el mundo le observara, se levantó y abandonó el comedor. Harry aprovechó la situación.

- ¿Qué os he dicho? Malfoy estaba al tanto de esto. Lo sabía perfectamente y ahora irá a mandar alguna carta o Dios sabe quién. Estaba eufórico.

- Harry, a mi no me ha parecido que estuviera muy contento.

- Créeme Hermione. Sé de lo que hablo.

- Sí Harry. Puede que tengas razón – dijo Ron con la boca llena de tostadas con mermelada.

- Quizás tengáis razón chicos – aunque la chica no estaba muy segura y necesitaba averiguarlo – me siento algo mal. Voy a ver a la señora Pomfrey.

- ¿Estás bien? – preguntó el pelirrojo preocupado.

- Sí sí, un ligero dolor de cabeza. Nos vemos en clase. Adiós.

- Adiós Hermione –se despidió Harry y acto seguido se volvió para saludar a Ginny mientras Ron apartaba la mirada.

La chica recorrió tres pisos hasta encontrarlo, guiándose por el caos que iba dejando el rubio a su paso. En su iracunda huída había destruido todo lo que se encontraba en su camino y Hermione tuvo que esquivar varios objetos voladores.

- ¡Draco! ¡Espera!

El muchacho no se giró y una cristalera estalló frente a él.

- Déjame.

- No, escúchame. Entiendo que estés molesto pero no creo que…

- ¡NO QUIERO HABLAR DE ESO AHORA!

Hermione se asustó ante el grito y retrocedió asustada mientras el muchacho se giraba. Por un momento, reconoció arrepentimiento en su mirada.

- ¿Qué es lo que te ocurre? – no lograba comprender que lo enfurecía tanto.

- Simplemente déjame sólo.

Tras esto, se dio la vuelta y echó a andar rápidamente, dejando a una desolada chica que observaba su marcha con pesar.

La chica se encontró con sus amigos en el aula de Transformaciones. Estos llegaron justo cuando la profesora cerraba la puerta. Tan justos como siempre.

- Señor Potter, señor Weasley, siéntense por favor.

Tomaron asiento, uno a cada lado de la castaña mientras la profesora McGonagall se enzarzaba en una –a los ojos de los chicos – aburrida charla acerca de las características de los metamorfomagos.

- ¿Te encuentras mejor Hermione?

- Mucho mejor. Ya sabéis, las medicinas de la señora Pomfrey. – aunque lo cierto era que estaba preocupada por el rubio, cuyo asiento estaba vacío.

- Por favor, comiencen a tomad apuntes. Voy a dictarles contenidos esenciales para sus Éxtasis.

La chica comenzó a escribir velozmente, mientras Harry y Ron esperaban para copiárselo más tarde.

Draco se lavó una vez más la cara con agua fría, mientras se miraba en el espejo del baño de chicas del segundo piso. Myrtle la Llorona danzaba a su alrededor, susurrando frases que intentaban consolarlo pero no lo ayudaban. La fantasma no hacía mucho por él, pero en ciertos momentos necesitaba compañía y le daba igual de donde procediera.

Apoyó las manos en el lavabo y vio que temblaban considerablemente. No consiguió librarse del rastro de las lágrimas hasta un rato más tarde. Se soltó el nudo de la corbata y se sentó en el suelo, apoyando la cabeza contra el frío lavabo.

Estaba así porque sabía que llegaba el momento. Ahora que los mortífagos comenzaban a reunirse, tardarían poco tiempo en llamarlo a su lado. Y entonces tendría que abandonar Hogwarts. Sumarse a la lucha. Obedecer al Señor Tenebroso. Y… olvidarse de la chica. No podía concebir aquella idea, de ninguna manera. Era imposible que se separara de ella. Que no oliera su perfume al despertarse, ni viera su despeinada melena en el comedor, ni sintiera como la adrenalina le recorría con cada beso, cada roce, cada sonrisa… le quedaba tiempo con ella, sí. En la anterior carta que había recibido, la información estaba clara. Pasaría aproximadamente un mes hasta que fuera reclutado. Y eso lo aterraba como a un niño.

El día pasó rápido. Draco y Hermione no se vieron durante toda la tarde, pues cada uno estuvo ocupado en sus asuntos. El rubio, discutiendo con Nott y la castaña, ayudando en sus tareas a Ginny, Ron y Harry.

Eran las 10 cuando, tras la cena, la chica cruzó el umbral de la Torre de los Premios Anuales, tan exhausta como siempre. Draco apartó la vista de las llamas para dirigirla a la Gryffindor.

- Granger – dijo, para luego volver a sus cavilaciones.

- Hola Draco – la chica llevaba toda la tarde anhelando ese encuentro para preguntarle acerca de lo de aquella mañana.

- Me voy a dormir – dijo mientras se levantaba.

La chica lo observó en silencio. Se le notaba triste y decidió intervenir.

- De eso nada, es muy pronto.

- Estoy cansado.

- No lo estás. Sólo quieres aislarte. Evitarme.

- Tampoco hay nada que hacer aquí.

De repente la chica tuvo una idea.

- Puede que no en esta sala. Sígueme.

- ¿Fuera? Puede que nos vean y…

Hermione comprobó la lista que indicaba todas las rondas de Prefectos. Esa noche les tocaba a los Hufflepuff, Hannah Abbot y Enrie McMillan. Pero su recorrido quedaba lejos del lugar al que la chica se dirigía.

- Nadie nos verá. Vamos.

Sin dejarle tiempo para más preguntas, salió de la torre con la certeza de que el chico la seguía.

Llegaron hasta el octavo piso, momento en que la castaña se detuvo ante el lugar donde debería estar la Sala de los Menesteres.

- ¿Ya me vas a decir qué hacemos aquí? – susurró el ojigris con voz ronca en el oído de la chica, haciendo que un escalofrío recorriera su espalda.

- Ahora lo descubrirás – de pronto, su idea le parecía algo ridícula. Pero ya no iba a echarse atrás.

Se situó frente a la pared, pensando en cómo pedir lo que deseaba. Por fin, recorrió tres veces el pasillo mientras pensaba: "Un lugar que ofrezca intimidad y sea acogedor para ver un DVD" "Un lugar que ofrezca intimidad y sea acogedor para ver un DVD" "Un lugar que ofrezca intimidad y sea acogedor para ver un DVD". Una puerta se materializó ante sus narices y la chica la abrió. Dentro encontró un lugar más íntimo del que se había imaginado. Con un sofá rojo de aspecto cómodo en el centro, grande para una persona pero algo pequeño para dos. Justo delante, una pantalla de televisión enorme. Por todo el lugar, flotaban velas. A parte de eso, no había más luz. La puerta contaba con un cerrojo y en una esquina, había otra puerta entreabierta que dejaba a la vista una habitación con un baño y una cama de matrimonio.

Antes de que la chica tuviera tiempo de rectificar, el rubio ya había visto la sala por encima de su hombro. Abrió ampliamente los ojos al ver lo que perfectamente podría ser una habitación para unos recién casados.

- ¿Debería sacar conclusiones precipitadas Granger? – el rubio estaba perplejo y, para su sorpresa, eufórico. La castaña lo ignoró.

- Bueno, mis padres me mandaron en Navidad un DVD con mi película favorita. No creo que la conozcas, es muggle pero aun no había tenido la ocasión de verla y pensaba que quizás así te animaras porque…

- ¿Cine muggle? – la incredulidad del chico se reflejaba en cada palabra.

- No es tan malo. La película es de hace unos años, de todas formas si no te gusta no importa. Yo me quedaré viéndola.

- ¿Qué película?

- El diario de Noah.

- Nunca he oído hablar de ella.

- No creo que sea muy conocida entre los magos.

El rubio echó una última mirada a la sala. Total, no tenía nada mejor que hacer.

- Cine muggle… en fin, adelante con ello. Espero que no sea tan horrible como dicen.

Entró a la sala y se sentó en el mullido sofá, intentando dejar hueco a la castaña. No tuvo éxito. Esta iba a tener que sentarse encima o no cabrían en el sitio.

Hermione lo dispuso todo para ver la película mientras el chico bufaba detrás suya.

- No seas impaciente. Hace mucho que no utilizaba esto, pero ya casi está.

El chico observó la imagen en la pantalla.

- ¿¡Dos horas!?

- ¿Cuánto quieres que dure?

- Es demasiado para una película de cine mug…

- Draco, estás aquí porque quieres. Así que deja de protestar.

El chico la miró y rodó los ojos.

- Lo que tú digas Granger.

Hermione observó el sofá en silencio, mientras la sala se iluminaba por la tibia luz del comienzo de la grabación. Al no encontrar más sitio, acabó rindiéndose y se acurrucó en el regazo del chico. Enzarzados en un ligero abrazo, la película comenzó.

La castaña le explicó el argumento y conforme la película iba avanzando, le explicaba algunos elementos del mundo muggle que él no entendía, como el correo sin lechuzas o la diferencia de clases sociales. Se ganó más de un reproche hacia los inventos "inútiles y difíciles de comprender" a los ojos del chico, pero lo ignoró la mayoría de las veces.

´ El rubio observaba la peli mientras reprochaba internamente a la castaña. El argumento parecía elegido según su situación. Eran un muchacho de clase baja y una muchacha de clase alta –según le explicó la chica – que se enamoraban. Sufrían numerosas dificultades pues a su alrededor, la gente no quería que estuvieran juntos. Pero, de forma un tanto suponible, acabaron venciendo todos los obstáculos por su amor. Todo esto, años más tarde, era relatado por el mismo chico, Noah, a la chica, que sufría una enfermedad llamada Alzheimer, cuyo funcionamiento el ojigris no comprendió. Era una historia triste y cursi. Nada que él hubiera disfrutado ver en su tiempo libre. La situación de los protagonistas era parecida, viviendo una historia de amor – aunque en el caso de los jóvenes, no fuera exactamente eso-. La diferencia era, a los ojos del Slytherin, que él y la Gryffindor nunca acabarían juntos.

En sus cavilaciones, oyó el llanto bajo de la chica, que estaba visiblemente emocionada. Iba a reírse de ella pero decidió limitarse a abrazarla. Momentos después, las últimas notas de la banda sonora se apagaron, la película acabó y la tele se apagó. La sala quedó iluminada únicamente por la luz de las velas y Hermione se dio la vuelta para encarar al rubio.

- ¿Te ha gustado? – dijo mientras se secaba las lágrimas.

- No es mi tipo de película.

El silencio invadió la sala mientras el rubio se aproximaba a la castaña. Unieron suavemente sus labios mientras la mano del chico descendía suavemente por la espalda de la castaña, cuyas lágrimas seguían derramándose por su mejilla.

El chico limpió las gotas con suaves roces del pulgar mientras la Gryffindor realizaba pequeños movimientos en su regazo que despertaron todos los sentidos del rubio. La castaña se desplazó desde los labios del chico, pasando levemente por la mandíbula hasta detenerse en su cuello. Aspiró fuertemente aquel olor que tanto le gustaba y comenzó a succionar levemente mientras el chico la aferraba con fuerza en un intento de reprimir sus suspiros.

De pronto, Draco se levantó portando a Hermione. Sin separarse, consiguió llegar a la habitación de al lado y una vez allí, se tumbó, dejando a la chica debajo suya. Los besos siguieron, cada vez con más pasión, cargados de sentimientos, mientras la mano de la chica describía círculos en el fuerte abdomen del Slytherin. Le quitó la corbata verde y momentos después comenzó a desatar los botones de la camisa, mientras el chico hacía lo mismo con la ropa de la Gryffindor. Cuando desató la camisa de la chica bajó con suaves besos hasta su pecho, mientras la chica se deshacía de su falda.

Minutos después, vestidos únicamente con la ropa interior, la chica se decidió a dar el paso que tanto tiempo llevaba deseando. Por un breve momento, desenlazó sus bocas para hablarle:

- Dra… Draco… - gimió.

- Hhmm – fue el grave suspiro como respuesta.

- Hagámoslo – la chica se sonrojó tras esto.

Draco se separó unos centímetros para mirar a los ojos a Hermione.

- ¿Estás segura? – era la primera vez que preguntaba aquello, y si recibía un no como respuesta, sería la última.


¡Y fin del capítulo!

Siento haberlo dejado en este punto, sé que no es bueno para vuestros corazones pero no os preocupéis, porque la espera merecerá la pena :)

La fuga en Azkaban es una de las novedades del capítulo y supongo que muchos os preguntábais cuando iba a pasar. Pues bien, aquí tenéis la respuesta XD

Draco se siente asustado y, por una vez, no controla la situación. Todo esto es nuevo para él, así que supongo que le costará un tiempo adaptarse; a la guerra, al amor... y a cualquier otra clase de forma de destrucción.

No me voy a alargar mucho más que no quiero ser pesada, mandad vuestra opinión, muchas gracias por leerme y no olvidéis darle al Go :)

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea