Cómo domesticar a un lobo amagado.

Derek rodó en la cama de Stiles otra vez. Desde la mañana, lo único que hizo fue caminar de una esquina a otra: la computadora estaba bloqueada y solo habían comics aburridos en los estantes.
¿Enserio Stiles se divertía así?
Tuvo que admitir que más de una vez agarró la almohada y la enterró en su cara, Stiles tenía un olor tan dulce, embriagador... único. Quizá fue una de las razones por las que Malia se enamoró de él.
Realmente hoy fue un desperdicio. Para colmo, Stiles nunca llegó con comida, cómo lo había prometido. La pelea de ésta mañana con Scott lo había molestado mucho, al parecer. En México, todos los días debían comer alimentos demasiado condimentados y poco apetitosos. ¿Qué estaría pensando Araya en éste momento? ¿Qué la había abandonado para quedarse en Beacon Hills? Posiblemente. Nunca volvió con Los Calavera, después de todo. No es cómo si pudiera llamarles e informarles sobre todo: el único teléfono que podía usar era el de Stiles y él se lo llevó. Perfecto. El Sheriff se había marchado en la mañana, antes que Stiles, así que el día entero fue Derek y sólo Derek.
— ¿Puedes retroceder un poco?—Stiles preguntó detrás de la puerta cerrada.
Derek recordó cuándo en la mañana Stiles entró en la habitación y ambos quedaron uno frente al otro. Demasiado cerca. Quién estuviera fuera del cuarto no podía ver ni oír a Derek... de hecho ¿Cómo siquiera se le ocurría preguntar? No escucharía la respuesta. Y cómo, al parecer, nadie le creía a Stiles, él era su única compañía. ¡Qué suerte la suya!
Dándose cuenta de que no respondería, la puerta se abrió. Tenía la mirada perdida y sostenía una caja de pizza. Cruzó el umbral y su mirada viajó hasta la cama.
—Traje la cena—dijo sacudiendo la caja.
—Ya era hora—Derek se levantó y se la quitó.
Abrió la caja. El vapor caliente golpeó su olfato haciendo que su estómago rugiera; en el interior estaba una gran y redonda pizza fresca, el queso fundido sobre ella y rociada con un innumerable número de ingredientes. Derek se sentó en la cama y arrancó una rebanada del círculo.
—De nada—Stiles rió. Pero Derek captó una rara expresión en su cara. Tal vez sólo era cosa de adolescentes.
Stiles se sentó junto a él y agarró una rebanada. Derek reparó en el hecho de que su la pizza tenía trozos de piña esparcidos. Uno a uno, comenzó a apartarlos.
— ¿A quién demonios se le ocurrió que una pizza sería más deliciosa con piña? Debe ser castigado.
Stiles sonrió. Derek sabía que él no era gracioso, sin embargo, los chistes salían de su boca ocasionalmente.
—Amén por eso—Stiles dijo con la boca llena.
Derek continuó comiendo su rebanada. Enserio que tenía hambre. Se percató en que había un pedazo de queso en la comisura de los labios de Stiles.
—Oye, tienes algo...—Derek se tocó los labios refiriéndose a la parte dónde Stiles tenía el queso.
— ¿Dónde aquí?—tocó la parte contraria de su boca.
—No. Sólo déjame...—Derek se acercó y con su pulgar, retiró el queso. Su chupó su dedo
Stiles cortó su respiración. Estaban muy cerca... otra vez. El recuerdo del beso en el bosque golpeó a Derek. Intentó hablarlo con Stiles, pero él seguía negándolo, alegando que nunca estuvo en la mansión Hale ese día.
Algo se apoderó de él y se inclinó hacia adelante, juntando su boca con la de él. Sus labios eran tibios y tenían un delicioso sabor a pizza. Se sentía exactamente cómo la última vez. Ambos se separaron.
Se miraron a los ojos, Derek enserio comenzaba a maravillarse cada oportunidad que los veía: castaños, tiernos, inocentes.
Stiles suspiró y se lanzó en la cama. Sólo mirando hacía el techo. No dijo nada.
Derek se ruborizó—Perdón yo no debí...
—No. Está bien—Stiles aún miraba al techo—, me gustó. —Pasó un segundo antes de darse cuenta de lo que había dicho. Miró a Derek—Quise decir... la verdad...—se sentó—. Por favor, no le digas a Malia. —apretó el brazo de Derek.
—Lo prometo—él sonrió.
Stiles se acostó una vez más—Es sólo que... han pasado muchas cosas. El día de hoy, la verdad, fue muy agotador. Emocionalmente.
— ¿Quieres hablar? Tengo mucho tiempo. Enserio.
Stiles cubrió sus ojos—Bien. —guardó silencio. Parecía estar pensando en las palabras que iba a usar. — ¿Recuerdas el chico del que te hablé ayer por la noche? ¿Stephen Thomas?
Derek buscó en su memoria. No recordaba nada. Stiles parloteaba tanto, que a veces era difícil prestarle atención. Arriesgándose, sólo respondió: —Sí.
—Bien. Mi papá asegura que no estamos relacionados, y quiero creerlo... pero hoy, hoy conocí a otro muchacho. Su nombre es Stuart. Somos dos gotas de agua y él SÍ está vivo.
La piel de Derek se erizó— ¿Estás seguro? Tal vez te confundiste.
— ¡No! Dios ¿Por qué nadie puede aceptar lo que digo?—se dio la vuelta.
—Bien, bien. Te creo. —sus palabras sonaron más forzadas de lo que debieron. —Pero pensemos ¿Alguien que se parece a ti, y no son hermanos? Sólo existe una criatura que es así.
Stiles lo miró. Sus ojos encogieron su corazón. Cuándo Stiles negó haberlo besado en el bosque, una idea pasó por su mente, pero la descartó de inmediato. No quería creerlo. Al principio pensó que fue porque le gustó el beso y necesitaba creer que era Stiles, pero la verdad era que, si lo que pensó en un principio era verdad, estaban tratando con algo grande. Y ahora, con lo que Stiles estaba contando, sus temores se estaban confirmando.
—Los llaman Doppelgängers. —soltó.
—Salud.
Derek rodó sus ojos—Stiles, esto es serios. Un doppelgänger es la copia malvada de una persona. Quién ve a su doble va a morir.
Su madre, Talia, le había contado sobre ellos cuando era niño. Eran las criaturas más inofensivas y letales, al mismo tiempo.
Stiles se levantó— ¡Doppelgänger! Claro. Leí esa palabra hoy en la biblioteca, pero antes de seguir...—una expresión amarga cruzó su rostro—olvídalo.
Derek lo miró—Éste chico Stuart ¿Dónde lo conociste?
—Ésta tarde en tu mansión. Lo vi merodeando y lo seguí.
— ¿Acaso te saltaste la escuela?
—Larga historia.
Stiles caminó hasta la ventana.
—Cuándo me vio, no parecía sorprendido. Incluso parecía conocerme.
Derek se paró detrás de él. Sus reflejos se mostraban en el vidrio—Eso lo hace mucho peor: un doppelgänger quiere ser único. Busca matar a su doble. —los tomó por los hombros, lo giró y ambos se miraron—. Éstas en peligro.
Stiles pasó una mano por su cabello—No puede ser. ¿Estuve con un psicópata en una mansión abandonada en el bosque?
—Básicamente. ¿Había alguien más con ustedes?
Stiles apretó los ojos, cómo si su cerebro buscara un nombre especifico—No. Nadie más.
—Debemos avisar al resto. Necesitas protección.
La expresión de Stiles se endureció—Puedo cuidarme sólo.
El vidrio de la ventana se agrietó.
—Además—Stiles continuó—. No van a creerme: piensan que perdí la cabeza.
— ¿Hablaste con alguien además de Scott?
—No.
—Entonces no generalices. Avisa a tú padre, a Parrish. Incluso a Mason. Puedes cuidarte sólo—Derek sabía que mentía—, pero unos refuerzos no estarán de sobra.
Stiles lo pensó un momento—Tienes razón—sonrió—. Gracias.
Derek pensó en decir algo, en vez de eso, atrajo a Stiles hacía él y lo abrazó. Sintió cómo se tensaba, pero luego sus músculos cedieron y correspondió al abrazo. Instaló el olor de su cabello, mientras Stiles rodeaba su cadera con los brazos. Todo se sentía en el sitio correcto.
Aún sin romper el abrazo, Derek añadió: —Ahora dime ¿Por qué tu jeep no está en la entrada?