43.
Rick O´Connel entra en la sala ceremonial disparando como un demonio, mientras busca con la mirada a su hermana y a Ardeth, deseando con todas sus fuerzas no haber tardado demasiado en venir a rescatarlos. -¡¡Jessica!!...- Grita cuando la ve inmovilizada de rodillas frente a Imhotep. El sacerdote aún sostiene ante ella el puñal. Rick alza su revólver mientras se acerca corriendo a ellos- ¡Apártate de él, Jessica!... Voy a mandarle de una vez por todas dónde tiene que estar... ¡Vete al infierno, maldito sacerdote!... -¡No, Rick! – Jessica se incorpora empujando a los sorprendidos guardias que la agarran y se planta delante de Imhotep.- ¡No lo hagas!... Por unos momentos, el decidido Rick se queda inmóvil y sorprendido, hasta que su hermana le avisa: -¡Cuidado a tu espalda!... Gracias a la advertencia, O´Connell esquiva una estocada mortal y le pone la zancadilla al desprevenido sacerdote que se disponía a acabar con él. Hace morder el polvo a otro par de sacerdotes y rueda por el suelo esquivando unos cuantos golpes más. Apenas se pone en pie, intenta acercarse a su hermana mascullando maldiciones. Ella se ha vuelto hacia el silencioso nuevo Faraón.
-No te dejes engañar por Baal, Imhotep... ¡Por favor! - Murmura ansiosa de captar su atención antes de que sea demasiado tarde-Baal-Seti no busca el poder de Egipto, tan sólo el suyo propio... ¡Debes escucharme!...
Imhotep contempla brevemente los restos de la que amó más que a su vida y luego alza los ojos para sostenerle la mirada a Jessica, a la que casi ha matado para poder recuperar a su amor inmortal. Asiente con gravedad y luego utiliza el puñal de sacrificios para cortar las ligaduras de sus muñecas. Ella le mira fijamente antes de abrazarle.
-Oh, Imhotep... ¡Gracias!. Murmura
-¿Qué demonios?...- Rick ha llegado junto a ellos y les contempla incrédulo sin saber muy bien qué hacer, pero vuelve a apuntar a Imhotep cuando este alza el puñal de sacrificios. Sin embargo, el recién nombrado Faraón ni siquiera le contempla cuando lo deja caer a sus pies y abraza con más fuerza a Jessica.
-Mi reina Ank-Su Namun ya no pertenece a este mundo... ¡Y yo tampoco!- Murmura aferrándose a ella como si no tuviese fuerzas para sostenerse en pie. Jessica tiene los ojos llorosos cuando mira a su hermano.
- Imhotep es sólo una víctima más de esta locura... ¡Es a Baal-Seti al que debemos detener!
Mientras, los sacerdotes han ido cayendo o se han rendido... Y poco a poco el breve y violento enfrentamiento contra los Med-jais llega a su fin con la victoria aplastante de estos últimos. Ardeth Bay, que ha sido liberado por sus hombres, contempla a los derrotados sacerdotes y hace un gesto para que todos se detengan: ¡Han vencido!...
Apenas es consciente de esto, se vuelve con ansiedad buscando los ojos de Jessica.
Aún abrazando con calidez al nombrado Faraón Imhotep, ella le devuelve la mirada junto con una cansada sonrisa.
Sin embargo es la calma que precede a la tormenta...
Profundas palabras dichas en egipcio antiguo parecen elevarse y enredarse en cada una de las columnas de la sala ceremonial. Ardeth siente que la sangre se le congela en las venas cuando reconoce la voz de Baal...
Olvidado por todos cuando empezó el enfrentamiento entre los sacerdotes y los Med-jais, Baal-Seti se refugió detrás de una columna, llevando con él en su breve huida el libro negro de los muertos. En sus páginas encuentra la venganza contra sus enemigos y ahora eleva palabras a su dios Anubis, esperando que el chacal de los muertos egipcios se digne escucharle. Y claro está, gracias a los antiguos hechizos del libro negro, el Dios egipcio no hace oídos sordos a su más terrible servidor...
-Escucha mi súplica gran chacal Anubis. Escucha la maldición que lanzo como veneno contra mis impíos enemigos... Dame el poder para ordenar a los muertos que se levanten de sus sueños de muerte y que vuelvan a caminar en este mundo con el poder de mis palabras que son la tuyas... ¡¡Anubis, señor de los muertos, dame tu poder!!
El silencio retumba entonces y todos pueden oír con claridad el propio sonido de sus latidos como si fuese el de una imparable avalancha. Poco a poco, como si de un rugido de animal se tratase, las palabras del hechizo de Anubis se van elevando de tono y van cobrando fuerza en la boca de Seti.
-...¡Oídme, hijos de Anubis, señor de los muertos!... Oíd mis órdenes que son las suyas. Alzaos para proteger a aquél cuya voluntad es vuestra guía. ¡Alzaos y obedecedme!...
Baal ha salido al descubierto mientras pronuncia las últimas palabras de su hechizo y extiende la mano libre, al tiempo que sostiene firmemente con la otra el libro abierto de los muertos. Del estanque de negro fango, abierto en mitad de la estancia, parece surgir de repente una espesa niebla gris azulada, que va cubriendo poco a poco el suelo de la sala donde yacen tirados y desmadejados los recientes cadáveres de Sacerdotes y Med-jais. Estos parecen agitarse levemente, como si sus rígidos miembros fuesen recorridos por convulsiones cada vez más violentas y se van poniendo poco a poco en pie, mientras sus ojos vacíos de expresión se abren otra vez a una parodia de vida en muerte... Pero ahora sólo son marionetas, los títeres de Anubis a las órdenes de su servidor: Baal-Seti...
Todos los vivos contemplan con estupefacción y horror el dantesco espectáculo. Jessica le da la espalda a Imhotep mientras mira asustada a su alrededor. Pero de pronto, nota que el antiguo sacerdote se estremece y le oye murmurar el nombre de alguien que murió hace mucho, mucho tiempo...
-Ank-Su Namun...
Se vuelve un instante para contemplar los ojos aterrados y doloridos de Imhotep. Después, con un desagradable escalofrío, dirige la mirada hacia dónde momentos antes yacía inmóvil la destrozada momia de la antigua princesa egipcia: Por supuesto, ella también se ha levantado...
44.
La antigua amante de Imhotep murió por amor. Por amor mató y por ese mismo sentimiento fue condenada. Se enamoró del hombre equivocado: Cuando según los dioses su corazón había de pertenecer al Faraón Seti, ella amó con todas sus fuerzas al sacerdote Imhotep.Y él la amó a ella. Ambos mataron y fueron condenados por amor... Pero no es el amor lo que ha hecho levantarse nuevamente de su tumba a lo que hoy queda de la antigua princesa egipcia...
Uno de los brazos de la destrozada momia, ha quedado inerte y separado del tronco en el interior del sarcófago. A través del torturado cadáver puede verse el resplandor de las antorchas a su espalda. Sin embargo, se ha puesto en pie. En cierto modo, Ank-Su Namun vuelve a vivir... ¡Anubis la ha traído desde la muerte, como a los demás!
Las cuencas vacías de la antigua princesa se dirigen al que fue su amante y por un breve y terrible instante, la calavera cubierta de fina piel momificada parece sonreirle. Detrás de Jessica, Imhotep tiembla violentamente mientras levanta a medias los brazos hacia ella.
-Ank-Su Namun... - Murmura. La sala está sumida en un silencio tan profundo, que resuena el nombre en todos los oídos como si fuese un grito. Pero esa momia no puede hablar. La lengua se convirtió en polvo hace siglos, después de que le fuese arrancada al ser momificada... Sin embargo, lo que queda entero de la antigua princesa egipcia, sí que puede moverse: Como si parodiase a su antiguo amante, la momia alza su único brazo y lo extiende hacia él... Y luego grita.
Un chillido agudo e inhumano, desagradable y terrible, al que se van uniendo poco a poco todos los demás muertos vueltos a la vida. El estruendo retumba en la sala ceremonial hasta el punto en que parece que Hamunaptra va a volver a hundirse en las arenas del desierto.
-¡Dios Santo!...– No es la primera vez que O´Connell desea ser más creyente desde que renunció a su luna de miel, pero sin duda esta podría ser la última. Tan sólo le queda el relativo consuelo de haber logrado que Evelyn olvidase su pretensión de volver a Hamunaptra con él y los Med-Jais, cuando acudían al rescate de Jessica y de Ardeth... ¡¡Si su mujer estuviese contemplando esa pesadilla ahora, él se volvería loco!! De hecho, tal vez ya lo esté...
Mientras, Baal sonríe con frialdad contemplando la estancia desde arriba, junto a la estatua del dios chacal Anubis. Sostiene el libro como si fuese su cetro. Es el bastón de mando con el que dirigirá a sus ejércitos de muertos, los ejércitos de Anubis... Y la primera batalla está ganada antes de empezar. Carraspea levemente antes de volver a hablar, quiere disfrutar lo posible paladeando el temor de sus enemigos antes de asesinarles...
-¡¡ACABAD CON TODOS ELLOS!!!...- Grita estrechando los ojos.
Los muertos revividos detienen al instante su grito y parecen jadear, mientras se ponen en marcha para acatar las órdenes dadas.
-¡¡No os dejéis atrapar!!!- Grita Ardeth desesperado, mientras oye que O´Connell sugiere algo parecido. El americano se agacha con rapidez agarrando una espada y mantiene con ella a raya a los enemigos más próximos. Algunos sacerdotes que se habían rendido y habían sido desarmados, son las presas más fáciles. Los gritos de terror de estos acaban tan pronto como se rompen sus cuellos. Los muertos no hacen distinción alguna... Su señor Baal no lo ha indicado. Este sonríe con frialdad: Le servirán mejor así, tendrá la completa garantía de que jamás le fallarán... Apenas caen inmóviles al suelo, sus miembros rígidos se convulsionan y vuelven a una muerte en vida para unirse a sus verdugos. Además, los muertos también tienen armas y las utilizan con una rabia mortal.
Ardeth Bay golpea con una lanza a dos que fueron antiguos guerreros suyos, pero es difícil matar a un muerto y si no pueden matarlos, ¿cómo podrán detenerlos?...
-¡Son demasiados!... –Grita mirando hacia O´Connell. Después se vuelve hacia algunos Med-Jais que resisten junto a él a duras penas- ¡¡No dejéis que os toquen!!
Al retroceder para esquivar una estocada, casi pierde pie y se ve obligado a hacer frente de rodillas el siguiente ataque. Intenta recuperar ventaja poniéndose nuevamente en pie, pero una fría mano sin vida le agarra con fuerza el tobillo haciéndole tropezar otra vez. Desesperado suelta una estocada sin mirar. Corta el brazo, pero la mano le sigue sujetando. Ardeth se ve obligado a agacharse entonces para intentar librarse de ella y por eso no se percata de un sacerdote que se le acerca con la intención de convertirle en un compañero de filas. O´Connell si le ve. Grita con furia mientras se arroja hacia delante, atravesándole el pecho con el asta partida de una lanza. El sacerdote muerto es ensartado en el suelo de piedra como si se tratase de una mariposa disecada, pero aún así se debate con furia hasta que consigue soltarse de la lanza y alza la espada hacia un dolorido O´Connell, que apenas se ha levantado del suelo, por el que ha rodado al caer siguiendo el impulso de su propio salto.
-¡¡Vuelve con los tuyos, condenado muerto!!- Grita Ardeth mientras le prende fuego con una antorcha. Y el antiguo sacerdote se convierte en una llama humana que parece gorgojear horriblemente, antes de caer de rodillas y quedar inmóvil de forma definitiva.
-¿¡Has visto eso!?- Grita O´Connell mientras se acerca a Ardeth. Este asiente.
-Sí... – Ardeth confirma sus pensamientos, mientras mira detenidamente por unos instantes la antorcha que aún sostiene- Puede que quemarlos sea una buena forma de acabar con ellos...
-¡¡Puede que sea la única que tenemos!!- Grita Rick, aferrando una antorcha cercana y disponiéndose a enfrentarse a los muertos con renovados bríos.
Mientras todo esto sucede, Jessica ha tomado una determinación.
-Imhotep... - Dice volviéndose hacia él y agitándole para llamar su atención. Cuando él la mira vacilante, parece que está aterrado, fuera de sí... Jessica traga saliva- ¡Escucha!... Debes detener a Baal Seti... Tú sabes dónde guarda ese bastardo el libro Dorado de Amón-Ra, ¿verdad?... ¡Me figuro que es la única manera de acabar con esta pesadilla!... - Imhotep asiente levemente sin dejar de temblar. Jessica le agarra con fuerza, arañándole con las uñas para obligarle a que siga atento a sus palabras- ¡ESCUCHAMÉ!... Tú conoces el libro... ¡Sabes como detener esta locura! ¡¡Debes hacerlo... ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDEEEEEE!!- Le grita exasperada, cuando Imhotep deja de mirarla a ella y alza los desorbitados ojos para contemplar el cadáver momificado que ha salido con lentitud de su sarcófago y aún junto a él parece contemplarles sonriente. Soltando un improperio, Jessica se planta delante de Imhotep con decisión y le espeta en la cara:
-¡Esa condenada cosa no es más que un despojo!... ¡NO ES LA PRINCESA ANK-SU NAMUN!... ¡¡Debes parar a Baal!! ¡Detén todo estooooooo!... ¡VAMOS!
No le da más opción. Le empuja hacia atrás, mientras ella se vuelve para encararse con la desagradable presencia de la momificada princesa.
-¡VEN AQUÍ, MALDITA MUÑECA ROTA!...
Le grita con todas sus fuerzas para atraer su atención... Imhotep, aún vacilante, se aleja de ambas. La estratagema de Jessica ha dado resultado, la momia de Ank-Su Namun se pone en movimiento hacia ella con lentitud, chirriando desagradablemente los dientes.
-"Perfecto"- Piensa Jessica percatándose de que está desarmada- "Y ahora qué??..."
La momia muerta hace tres mil años vuelve a gritar, mientras se arroja contra ella con el único brazo extendido hacia su cuello. Jessica apenas tiene tiempo de apartarse. Traga saliva, mientras pone entre ella y su enemiga el volumen del altar de ceremonias. Una gran improvisación, pero no resulta... El altar de piedra no detiene más que un instante a la esquelética momia manca, cuando esta decide que la mejor forma de atrapar a su presa es saltar sobre ella. El hechizo que Baal ha conjurado del libro de los muertos, parece haber dotado a la princesa momificada de una sorprendente agilidad y Jessica se ve sorprendida por ella siendo presa fácil. Ambas ruedan dolorosamente por los escalones del altar cuando Ank-Su Namun agarra a su presa, empujándola al mismo tiempo con el salto. Cuando se detiene su caída, al final de la escalera, Jessica siente que la cabeza le da vueltas mientras le palpitan las sienes con fuerza. La momia ha quedado sobre ella y contemplar de cerca la faz descompuesta no es demasiado agradable, más bien le da ganas de vomitar. Mientras intenta controlar las arcadas involuntarias, siente el repugnante tacto de los dedos alargados cuando se cierran con fuerza sobre su cuello. Al instante se da cuenta aterrorizada de que no puede respirar y golpea con todas sus fuerzas a la princesa para que le suelte, pero esta se aferra su presa con más saña aún. Jessica apenas puede moverse: La tiene sobre ella como un peso muerto y poco a poco, va pareciéndole que fuese más y más pesada. Intenta retorcerse con desesperación, buscar algo para golpearla e intentar que la deje respirar otra vez... Mientras, nota que se va empañando su visión: Manchas oscuras aparecen ante sus ojos haciéndose más y más espesas.
Entonces unas manos agarran con fuerza los hombros de Ank-Su Namun.
-¡¡DÉJALA!!
Imhotep consigue apartar de Jessica el despojo momificado. Lo aferra casi con desesperación, intentando que se detenga, mientras le llama por su nombre:
- Ank-Su Namun... ¡Princesa mía! Debes despertar del hechizo...
Pero, lo que queda entre sus manos de la mujer que un día fue su amante, no quiere atender a razones... Esa cosa se revuelve entre sus brazos y consigue contorsionarse de forma casi imposible para agarrar con fuerza el cuello de Imhotep. Él, entre sorprendido y apesadumbrado, aún la sujeta por los hombros mientras el aire deja de circular por su garganta. Poco a poco, sus manos aferran con menos fuerza los hombros de la criatura, mientras cae de rodillas al borde de la inconsciencia y la muerte. De repente, un filo atraviesa el agujereado pecho de la momia. Ella mira la espada como si estuviese sorprendida y grita con rabia cuando el filo la rebana el hombro haciéndole perder el único brazo que la quedaba. Este cae al suelo sin vida, soltando su garra de hierro y liberando el cuello de Imhotep que vuelve a respirar.
-¡¡No dejaré que acabes con él, maldito despojo!!- Grita Jessica mirándola desafiante con la espada en la mano, mientras retrocede para preparar el siguiente ataque. La momia avanza, saltando nuevamente hacia ella. Jessica consigue esquivarla esta vez y le da otra estocada que apenas le roza el costado. Ank-Su Namun la empuja con violencia, haciéndola tropezar con los escalones, pero Jessica conserva el equilibrio y salta a su vez hacia un lado, arrojando de una patada un brasero encendido hacia la momia.
-¡VETE AL INFIERNO!
Jessica grita mientras los restos de vendas que cubren a Ank-Su Namun empiezan a arder con rapidez. Al momento, la momia entera se prende fuego, mientras sus horribles chillidos retumban en la sala de manera espantosa. Imhotep contempla la escena aún de rodillas, con los ojos brillantes, sin poder hacer nada... Sabe que ya ha perdido de forma definitiva a su antiguo amor... ¡Ya no le queda nada de ella! Jessica le mira de reojo unos instantes, le gustaría tanto decirle que no tenía otra elección...
Sin embargo, cuando aparta los ojos de ella, la antigua momia reúne los últimos instante de esa parodia de vida que ha tenido, para buscar venganza: ¡Llevándosela consigo a la tumba! Así que la incendiada momia echa a correr hacia Jessica y ella, que no se lo esperaba, retrocede hacia atrás de forma instintiva.
-NOOOOOOOOOOOOOO- Grita Imhotep extendiendo los brazos hacia ellas, como si pudiese de esta forma detener el tiempo. Jessica, sin apartar los desorbitados ojos de la momia en llamas, siente de pronto que pierde pie y cae al estanque de fango oscuro que se abre como un pozo negro en el centro de la sala.
Antes de seguirla, la momia de Ank-Su Namun se derrumba, definitivamente muerta después de más de tres mil años...
