Disclaimer: XDDDDDDD en fin, que nada es mío

Y de nuevo por aquí

At the beginning

Cap 10. De regresos y confusiones

-Buenos días, dormilona.

Fue lo primero que Lily escuchó tras su llegada a Londres. Entreabrió los ojos despacio, vislumbrando a duras penas la figura de una chica apoyada en la pared de su cuarto. Era Kaitleen. Sonrió, incorporándose.

-Ayer no quise despertarte –explicó, reprimiendo en vano un bostezo-. Llegamos tarde.

-Me imagino, por la cara que traes.

Lily no dijo nada, pero lo cierto era que la culpa de su insomnio no había sido el avión, sino no poder dejar de darle vueltas a situaciones que no debería. Se levantó, forzando una sonrisa.

-¿Qué tal el viaje?

La pelirroja comenzó a vestirse.

-No sé qué decirte. No te perdiste nada. Quiero decir, el hotel estuvo muy bien y eso pero…

Kaitleen se cruzó de brazos.

-Escucha, no tienes por qué intentar convencerme de nada ¿vale? Ya estoy bien. Estos días sola me han hecho pensar.

Lily sonrió.

-Me alegro, pero que sepas que ninguno de los que estábamos allí apoyábamos la boda.

La morena le dio un beso en la mejilla, agradecida, y salió camino a la cocina.

-¿Quieres leche?

-Un café, mejor.

-¿Sueño, eh?

-Ni te lo imaginas.

Lily llegó también a la cocina, frotándose los ojos, y cogiendo un par de bollos del armario. Kaitleen preparaba la mesa.

-¿Piensas contarme qué ha pasado en las Vegas o voy a tener que sacártelo yo?

Frunció el ceño.

-¿A qué te refieres?

-A esa cara que tienes.

-Estoy cansada.

-Y preocupada.

Lily se sentó en la silla, a sabiendas de que a ella no podría engañarla. Kaitleen le miró muy seria.

-Problemas con Sirius –dedujo-. ¿Me equivoco?

Tardó en responder, pero terminó asintiendo con la cabeza. En cierta forma, podría describirse como tal.

-¿Habéis discutido?

-No, no ha sido eso.

-¿Entonces?

-Hemos hablado.

La morena alzó las cejas, y se sentó frente a ella tendiéndole su café. Parecía algo serio. Lily tomó aire.

-Creo que… bueno, los dos lo pensamos en realidad, o quizás sea simplemente ahora o no lo sé pero… creo que se nos está pasando, Kait.

-¿El qué?

-Ya sabes. Lo nuestro. Que ya no es lo de antes. En Las Vegas él y yo… -quiso explicarle lo que habían intentado hacer, pero se cortó turbada-, no estuvimos tan juntos como pensábamos, no lo sé. Él se quedó jugando a las cartas y yo me fui con James.

Kaitleen se quedó con la vista fija en su taza, sin decir nada. James. ¿Desde cuándo era James en vez de Potter?

-¿Y con… James todo bien?

La pelirroja se limpió una nubecita de crema de la punta de su nariz, tragando el café. ¿Que qué tal con James? Era una pregunta curiosa, pero no pudo evitar acordarse de aquel momento descubriendo el hotel, juntos, y en el baile y…

-Bien –respondió de forma escueta.

-¿Bien?

Lily estaba a punto de preguntarle a qué venía tanta insistencia, cuando un "plop" anunció la llegada de Sirius en medio de la cocina.

-Buenos días, chicas.

La pelirroja esbozó una sonrisa poco entusiasta. Kaitleen, por el contrario, le tiró una bola de pan a modo de saludo. El chico la esquivó; estaba contenta de verle, seguro.

-Existe la puerta, Black.

-¿Cómo estás, Kaity?

-Podría estar peor.

El chico cogió una silla, sentándose junto a Lily y dándole un beso mecánico en la mejilla.

-También podrías estar mejor. De hecho, para eso he venido yo aquí. Para haceros una pequeña propuesta.

La pelirroja le miró confundida.

-¿Debo asustarme?

-Nah. Sólo hablo de una pequeña noche de juerga.

Kaitleen se apresuró a intervenir.

-Id vosotros, chicos, de verdad –dijo, sabiendo que después de los supuestos problemas que habían tenido en Las Vegas, tendrían que pasar algo de tiempo juntos-. Yo no estoy de humor para juergas.

También era cierto. Pero eso no era sino un argumento más para Sirius.

-Precisamente por eso quiero que vengas. Tenemos que animarte un poco ¿eh? Odio ver tanta cara larga. Hoy el club de los deprimidos va a salir de marcha, y si no te gusta te aguantas.

La morena refunfuñó en vano.

-¿Club de los deprimidos? –preguntó Lily.

-Sí. Pero Remus no vendrá. Se ve que en las Vegas se lo pasó muy bien –rió, contento-. Por el momento, iremos tú, yo, Kaity la despechada y Prongs el no-quiero-levantarme-de-la-cama.

-¿James?

-El mismo. Está raro, y no sé si triste o qué…–explicó sin querer mostrar sus propias conjeturas sobre sus sentimientos o no por Lily-. Así que todos conmigo.

Lily no parecía tan segura.

-Sirius, yo no sé si…

Kaitleen se levantó.

-Yo iré, Sirius, tienes razón. Un poco de juerga no le hace daño a nadie ¿no? –Sirius soltó un grito triunfante-. Voy a ver si encuentro algo decente para ponerme esta noche.

-¡Podemos ir a un bar de alterne! –propuso, mientras esta salía por la puerta gritando algo parecido a "vete a la mierda". El chico gritó con ganas, y advirtió que Lily seguía sin mostrar mucho entusiasmo por la salida-. Eh, venga, Lils, lo pasaremos bien. Buscaremos una chica para Kait y otra para James ¿eh?

La pelirroja tomó aire.

-Claro.

0o0o0

Pero James no parecía tener ganas de buscar a ninguna chica. De hecho, a esas alturas de la noche, en un bar de alterne, Sirius (más borracho que una cuba) paseaba a Kaitleen por todas partes intentando presentarla a toda chica medianamente guapa que aparecía por allí. La chica no sabía dónde meterse. Y Lily, por su parte, al lado de James, bebía un cóctel de vete a saber tú qué bebida. Estaban callados, escuchando la música disco, incesante, palpitando en sus oídos con fuerza.

-¿Estás segura de que no quieres que rescatemos a Kait?

Ella rió, empezando a planteárselo también. Sirius se había tomado muy en serio su tarea de buscarle pareja. También lo había intentado con James, pero este se hacía el loco de todas las formas posibles y se mantenía quieto en la barra con un vaso en la mano, como todo chico bueno.

-Va, déjala –terminó por decir, con una sonrisa-. En el fondo se lo agradecerá.

Unas cuantas chicas miraban a Lily desde una esquina, con una sonrisita más que sugerente. Y James se acercó más a la pelirroja "por su propio bien". Ella se tambaleó un poco.

-¿No has bebido mucho?

-Un par de copas… -mintió, algo cohibida.

-Ya… -murmuró, mirándola-. Tienes ojeras.

Lily apartó la mirada.

-No he podido dormir bien.

-¿Las Vegas?

-¿Qué?

-Que si es por Las Vegas, ya sabes.

La pelirroja apretó los labios, preguntándose en silencio si sabría por qué no había podido dormir.

-Algo así –respondió sin más-. Mucha emoción en muy poco tiempo.

Era una respuesta estúpida, pero sin quererlo, dio de lleno en la yaga de James. Esas seis palabras habían sido una sutil forma de decir "sí, me acosté con Sirius". De repente le daban ganas de vomitar.

-Pues qué bien ¿no?

Lily se encogió de hombros, sin entender en absoluto aquel repentino cambio en el tono de voz de James. El chico se reprendió mentalmente, cerrando sus ojos con fuerza y apoyando sus brazos en la barra con gesto abatido. ¿Qué culpa tenía Lily? Era normal, claro. Ella estaba saliendo con Sirius. Probablemente se besarían, estarían mucho tiempo juntos y… bueno, sexo habría también. Era algo evidente. ¿Por qué tomárselo así de repente? Lo había sabido siempre.

Claro que nunca había sido tan consciente como cuando SUPO que compartirían habitación durante toda una maldita noche. Una noche daba para muchas cosas. Muchas. Y si no, que se lo preguntaran a él.

Sí, definitivamente se habían acostado. No había más que mirar a Lily desde tan cerca como estaban ahora. Era preciosa, tenía esa mirada analítica y concentrada que llevaba siempre con ella, y ese cuerpo… esa cintura tan fina y ese olor a colonia que desprendía… Sirius no podría haber sido tan tonto como para no haber sabido verlo.

Se detuvo en sus pensamientos, siendo consciente de ellos y de su mirada recorriendo a Lily de manera descarada. Se obligó a pensar en otra cosa.

-¿Está rico?

La voz de Lily le sorprendió. Pero no llegó a oírla. Los altavoces en su oreja eran más potentes que aquella voz tan suave.

-¿Qué?

-El vodka.

-¿El qué?

Tan pronto como se dio cuenta tenía a Lily cerca, estirándose para hablarle en su oído. Todo pasó a cámara lenta, o a cámara rápida quizás. Hablando del vodka, hablándose al oído, la música sonando desenfrenada, todos bailando, y ellos unos segundos, minutos… ¡horas! Hablando así. Se oían mejor, el alcohol burbujeaba en sus cabezas y les hacía creer que hablar así entre amigos era normal, aunque no lo fuera que el corazón de James bombeara con fuerza y que Lily cerrara los ojos al hablar.

-¡Kaitleen tiene un ligue!

Y Sirius apareciendo, surrealista, agarrándose a la barra a duras penas, borracho, más que ellos dos juntos. Se separaron, vieron efectivamente a la morena más que ocupada con una chica de rizos bastante despampanante, y se miraron. Sirius no dejaba de desvariar.

-Le llevo a casa –propuso James, muy serio.

-Te acompaño.

Ambos le cogieron, y pese a las quejas del chico, consiguieron hacerse paso entre la gente para salir de allí. Kaitleen no les echaría en falta esa noche.

Conforme ambos salieron del bar y rozaron el frío de la calle, se dieron cuenta de que no iban tan borrachos. Probablemente era el ruido del bar el que les ensordecía y les hacía sentirse flotando, o… o que habían hablado muy cerca.

Pero ambos caminaban perfectamente con Sirius siguiéndoles a cuestas, y se animaron a bromear mientras le llevaban a su casa. Un ambiente tenso siempre puede disculparse con la excusa del alcohol, aunque ninguno de los dos se hubiera pasado con la bebida.

0o0o0

Cuando por fin llegaron a casa de James, Sirius dormía como un tronco, y tanto él como la pelirroja tenían serios problemas para cargar con él por las escaleras.

-Mataré a este capullo –masculló el chico por lo bajo, dejándolo en el suelo para coger las llaves de su bolsillo. Lily soltó una risita y, cuando por fin la puerta estaba abierta, le ayudó a volver a levantarle.

-¿Qué hacemos?

-A su cama. Ven, por aquí.

A ciegas, casi a tientas, dieron con su cuarto, y con alivio le dejaron caer sobre el colchón. Sirius apenas si se movió, murmurando algo entre sueños. La pelirroja se agachó, abriendo la cama no sin cierta torpeza. Después de todo, el merodeador no era el único que había bebido.

-Está realmente dormido… -murmuró, tapándole con las sábanas.

-Lo que lleva es una borrachera que te pasas.

Lily rió por lo bajo y, no queriendo despertarle, salió de la habitación, seguida por el chico. Llegaron a la sala y James encendió la luz de una lamparilla.

-¿Quieres algo para beber? –ofreció, mientras la chica se sentaba en el sofá.

-¿Más? Creo que ya voy servida, James.

-No digo alcohol, digo, no sé… algo. ¿Café?

-¿Ahora?

-¿Agua?

Lily rió. Por algún extraño motivo, todavía hablaban en susurros.

-Agua está bien, gracias.

-Voy –dijo satisfecho, y a los pocos segundos regresó con dos vasos. Ella lo cogió, y dio un par de sorbos antes de dejarlo en la mesita auxiliar. James hizo lo mismo, y se quedaron en silencio sin saber qué decir. El chico se apoyó en el respaldo.

-La cabeza me da… vueltas.

-Pues eso no va a ser por el agua, Evans –se burló el chico, con media sonrisa.

Lily cogió un cojín e intentó pegarle, hasta que él se lo arrebató, haciendo que balanceara peligrosamente en el sofá.

-Hacía tiempo que… -empezó a decir-. ¿Te importa que me quite los zapatos? Los pies me matan.

-Claro.

Ella se los quitó, y James comprendió al instante. No querría saber cómo estarían sus pies después de haber llevado esos tacones.

-¿Por qué llevas eso?

-¿Los tacones? Porque soy muy bajita.

-No eres baja. Quiero decir, para chica estás bien.

Lily sonrió. Era una mezcla de risa tonta producto de la bebida y tal vez por el piropo. James alzó las cejas.

-¿Decías…?

-¿Eh?

-No, habías empezado a decir "hacía tiempo que…" y ahí te has quedado.

-Ah, eso –recordó-. Que hacía tiempo que no me llamabas Evans.

El chico rió abiertamente.

-¿Y cómo te llamo?

-Normalmente Lily, creo.

Él la miró. No entendía por qué hablaban tan bajo si Sirius seguía durmiendo como un lirón y nada ni nadie conseguiría despertarle.

-¿Y qué te gusta más? –preguntó acercándose un poco, con la simple intención de poder oírla-. ¿Lily o Evans?

-Supongo que Lily, aunque Evans es… más tú.

-¿Más yo? Más Hogwarts. ¿No?

La pelirroja rió, asintiendo con la cabeza.

-Sí, de cuando… te metías conmigo y me pedías salir y…

El chico se cruzó de brazos, inflándose de ego.

-Así que aún te acuerdas ¿eh?

-¿Cómo iba a olvidarme? No me dejabas vivir tranquila…

-No creo que fuera tan terrible –aseguró, girándose para poder mirarla más de frente. A él, ahora que se paraba a pensarlo, también le daba algo de vueltas la cabeza-. Podría haberte convencido si hubiera querido.

-Claro que sí, Potter –respondió, siguiéndole el juego. Por un momento, habían adoptado los roles que durante toda su estancia en Hogwarts habían llevado el uno con el otro. Casi al mismo instante, ambos rompieron a reír-. Shhh, vas a despertarle.

-¿A Padfoot? No lo creo. Haría falta que se le pasase una manada de elefantes por encima para que se despertase a estas horas.

Lily sonrió y tomó aire, dejándolo salir en un hondo suspiro, mirando a su alrededor.

-¿Qué miras? –dijo él.

-Tu casa. La casa de James Potter –rió entre dientes-. Quién me iba a decir a mí que acabaría aquí después de una noche de juerga…

-Bueno, si llego a saber yo que iba a traerte a mi casa un sábado por la noche supongo que habría flipado.

-Qué idiota eres –le recriminó, con falso reproche.

Volvieron a quedarse en silencio, y Lily cogió de nuevo el vaso de agua. Era curioso. Jamás, desde que estaba con Sirius, se les había ocurrido tocar el tema de lo mal que se llevaban en Hogwarts. Sería por el alcohol, claro, o porque de repente el tema se les antojaba divertido. Era paradójico cómo cambiaban las cosas.

-¿Aún te acuerdas? –murmuró él entonces.

-¿De qué?

Él tragó saliva, aún algo inseguro.

-Ya sabes… de nuestro… bueno, del beso.

Lily le miró en silencio, algo incómoda y sorprendida por la pregunta.

-¿Te refieres al de… Halloween?

-¿Te he besado otras veces? –preguntó, algo avergonzado. Ella negó con la cabeza, y llevó un mechón detrás de su oreja con nerviosismo.

-Sí, me acuerdo. Fue mi… primer beso.

El chico abrió mucho los ojos, realmente sorprendido. Se incorporó en el sofá, mirándola. La tenue luz de la lamparita no le dejó saber si estaba sonrojada o era sólo producto de su imaginación.

-¿Entonces fui el primer chico que…? –preguntó, y ella asintió con la cabeza-. Joder.

-¿Qué?

-Pues que no lo sabía –dijo-. Quiero decir, que no se… que no se notaba. Vamos, que parecía que… no sé, que tú, que besabas bien y eso y… bah, déjalo, me estoy haciendo un lío.

Lily sonrió y le miró ahora sí, sonrojada.

-A mí también me gustó, James.

Él la miró desconcertado.

-¿En serio?

-Sí. Suena ridículo pero sí.

-No es ridículo –se apresuró a decir, acercándose probablemente más de lo convencional a Lily-. Es… raro.

Ella asintió con la cabeza, sin llegar a comprender a ciencia cierta qué estaba pasando allí. El alcohol del bar parecía burbujear con fuerza en su cabeza, haciéndole ver las cosas borrosas e inconexas. Volvía a tener esa sensación de vértigo que había sentido en el bar. A duras penas consiguió darse cuenta de la situación hasta que sintió los labios de James sobre los suyos. Un beso corto, suave, inseguro. Nunca llegó a saber si James la había besado o había sido ella.

Se separaron enseguida, quizás no lo suficiente, y se miraron a los ojos. Había confusión en ese juego de miradas; incertidumbre… perplejidad. Pero probablemente ni aún entonces eran conscientes realmente de los hechos, porque casi al instante ambos volvieron a juntarse, con menos titubeos.

Los labios de James eran cálidos, suaves, y en medio de su estado de embriaguez Lily podía sentirlos acariciando los suyos. Era surrealista, pero era real. Tanto como las manos del chico que en ese momento la abrazaban por la cintura haciendo que quedaran todavía más juntos.

El corazón latía frenético en el pecho de Lily, quien por puro instinto profundizó el beso. Labios contra labios, la lengua del chico recorriendo su boca, sus manos subiendo por dentro de su blusa… era demasiado perfecto para poder estar ocurriendo realmente. Era una sensación de letargo tan intensa que creía que estaba soñando. Tal vez realmente lo estaba.

Pero James, sintiendo sus manos tironeando de su camisa, se encargó de despertarla.

-Lily, para.

Sí, fue exactamente la sensación de estar dormida y creer caer de lo más alto de un edificio, despertándose al tocar el suelo. Se apartó de él, confusa y avergonzada.

-No puedo hacerle esto a Sirius –dijo él como si acabase de comprender en ese preciso instante lo que estaban haciendo. Se levantó. Su cara era un poema.

-Yo… no sé qué ha…

-Déjalo –murmuró de mala gana, dirigiéndose a las habitaciones.

-James, espera.

-Me voy a dormir –dijo sin más-. Tú puedes quedarte en el sofá.

Lily le observó marchar con la boca abierta. No entendía su actitud. Estaba claro que no había estado bien lo que habían hecho, pero no había sido únicamente culpa suya. Lo que la pelirroja no sabía era que James estaba enfadado consigo mismo y no con ella.

Se quedó quieta en el sofá unos minutos. Olía a James. Y ella misma aún sentía que la piel le quemaba allí donde el chico había pasado sus manos. Buscó su bolso prácticamente a tientas. No podría quedarse en ese sofá aunque quisiera. Necesitaba volver a casa.

0o0o0

Dos horas después, James salía de su habitación, sin haber conseguido dormir ni cinco minutos, sintiéndose culpable por haberla tratado así. Lo único que había hecho era huir de darle una explicación.

Había sido un idiota, era cierto; no tendría que haberla besado.

Volvió a la sala, pero el sofá estaba vacío.

Lily se había marchado.

Fin del capítulo. Capítulo corto, pero intenso (o al menos eso creo). Considero bastante evidente cual era la "sorpresita" y espero que os haya gustado, porque era una de las escenas que más quería escribir. Ha sido una semana rara. Estoy muy contenta y muy nerviosa a la vez, mi vida ha dado un pequeño giro y estoy muy muy muy feliz n.n Espero que os guste este cap!!

Dream-kat