Disclaimer: Sí, veo a Jacob. Sí, sueño con Edward. Sí, río con Emmett. Sí, estoy loca. ¡Caray Alice! Te he dicho que sí a cada cosa... –y Alice habla–... ¡Oh claro que no! Los personajes de Twilight no me pertenecen, son todo de S. M.


Capítulo IX: Encuentros furtivos I.

"Adoro lo oscuro, ¿están con alguna nueva tendencia?, sólo si tu y yo nos ponemos de moda."


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– ¿Te encuentras bien? –Rosalie entró a mi habitación una hora después de que John me hubiese dejado ahí, aunque lo intentó sólo recibió una cachetada por el beso que pretendía y mi mano aún dolía.

Sonreí apenas y asentí débilmente. La alegría no me llegaba a los ojos.

–Todo ha ido perfecto Rose –mentí, aunque supongo haberlo hecho bien ya que ella pareció creerlo y la preocupación se desvaneció apenas. Eso era bueno, mi familia era lo que me hacía mantenerme en pie de momento. Apenas me casara con Coleman huiría hacia el mejor abogado que pudiese encontrar para el divorcio. Sí, me casaría con él, pero no llegaríamos a viejos –. De cualquier manera –cambié un poco mi tono a uno no tan decaído –, ¿Qué haces aquí? Gracias al gran retraso de la boda nos quedaremos un semana más, hay que disfrutar del lugar.

Ella continuó sonriendo ahora más honesta. Aunque yo le encontrara algo ridículo al hecho de atrasar la boda una semana, John sería quien se encargaría de todo y a mí me convenía disfrutar a todos antes de irme con él. Por lo menos, era seguro, que no los vería en largo tiempo. No quería que se vieran involucrados en toda la porquería que yo había buscado. Estaba demasiado decepcionada de mí como para aceptarlo. Aprovecharía la semana para poder hacer lo que quisiera, no iría a un ensayo tonto de boda, le había hecho prometer a Coleman que no haríamos ridícula ceremonia y que todo se limitaría una fiesta en el hotel para mantener el show con mis padres y parte de la familia de él que era indiferente a todo. Él se había mostrado reacio pero comprendió que sus términos eran la base de los míos.

– ¿Sabes? Tenía una esperanza diferente, realmente quería que te encontraras mal –confesó Rosalie algo avergonzada.

Presté a ella toda mi atención y fruncí un poco el ceño.

–No lo tomes a mal, por favor –se apresuró a decir –, es sólo que Edward sigue afuera esperando por entrar y...

Abrí mis ojos más de lo que debía antes de interrumpirla.

– ¿Cuánto tiempo lleva ahí? mejor dicho... ¿Qué hace ahí?

–Esperándote por supuesto –contestó como si fuera lo más obvio –. Yo venía a buscarte cuando Daniel me dijo que te encontrabas enferma recién esta mañana... y lo sorprendí a punto de tocar la puerta, no lo hizo al verme pero recién que Emmett acaba de llegar vi que sigue sentado afuera.

Asentí, no podía entender la maraña que era mi cabeza. Nada había resultado ser lo que parecía pero eso no cambiaba la desconfianza que sentía con Edward. Sin embargo no podía evitar sentirme culpable, había sido tan idiota antes y ahora lo era más... Entonces, después de todo sólo me quedaba una duda ¿yo podía sentir algo por Edward? Sin duda había estado resuelta en no dejar a John por él por el simple hecho de ser leal. Ahora bien, que estaba sin John podía pensar en lo que sentía hacia Edward y me sentía... vacía. Un dolor se acrecentó en mi pecho cuando me di cuenta que no podía amarlo como la adolescente que fui de nuevo, y peor era que no pensaba hacerlo como mujer. Sería el gesto más hipócrita de todos, aparte de desesperado.

– ¡Tierra llamando a Bella! –Gritó Rosalie moviendo las manos a mi enfrente –. Mi bebé y yo morimos de hambre Bells –sonrío tomando su pancita –, iremos a aprovechar los deliciosos bufetes nocturnos, me gustaría que Edward y tu lo solucionaran –fruncí el ceño, ella no sabía nada. Y continuó –: Por supuesto que él tal vez no lo merezca pero, lo que paso hace tanto tiempo ya lleva siete años sin concluir, ¿sabes? tal vez puedan ser amigos y reírse de lo inmaduros que fueron... cuando lo vi esta mañana realmente se parecía al Edward que te amaba.

Sonreí sin darle respuesta y asentí acompañándola a la puerta. Me dio un beso en la mejilla y salió caminando por el pasillo. Tome suficiente aire antes de girarme al lado contrario y ahí estaba, con su innata belleza y elegancia mirándome con algo más que intenso. Sentí mis piernas flaquear y mi voz atorarse, no podía arreglar nada. Muy a mi pesar, yo nunca podría comportarme de forma lógica a su lado, siempre me sentía desconfiada del resultado.

Se levantó después de que evadiera su mirada, en un instante estuvo a mi lado. Con todo el acopio de fuerza rehuí tenerlo cara a cara.

–Tenemos que hablar –susurró demasiado confidente.

Afirmé mi mano al marco de la puerta tal vez con demasiada fuerza.

–Edward yo... Gracias por decirme lo del parque pero realmente no...

– ¿Te casaras con él después de todo?

Aunque él no tuviera idea de que era ese 'todo' asentí aún sin mirarlo. Más podía sentir su amortiguada respiración y sus dientes chocar.

–No tengo otra opción.

Él asintió y se alejó un poco aunque poniendo la mano sobre la puerta impidiendo en cualquiera de mis intentos cerrarla.

– ¿Lo amas?

Levanté la mirada sólo entonces, me lo había preguntando tantas veces y ni una sola lo había respondido.

– ¿Te casarías con él dispuesta a todo, Bella Swan? –Preguntó con algo más que insistencia –. ¿Dejarías a tu familia, a tu vida por él? –Y en un susurro más débil dejó su última pregunta –: ¿Serías feliz?

Mi mirada tembló en la suya pero hice todo el intento de mantenerla hasta que finalmente flaqueé y baje todo mi rostro. Mis ojos empezaban a picar, ¿que sabía él? ¿Por qué siempre hacía las preguntas correctas?

–Me casaré con George Coleman –dije firmemente levantando el rostro de nuevo.

Sus ojos se abrieron un poco y retrocedió algo más. Arrugue el ceño, y escuché en mi memoria mejor que antes lo que había dicho: George, tanto me había costado obligarme y que quería pensar en él con ese nombre. Ahora lo decía en voz alta a quien menos debía.

–Lo sabías –murmuró –, sabes quién es él y piensas casarte sin que te importe... tú todo el tiempo, ¿por qué le seguiste entonces?

Arrugué más el ceño y lo miré totalmente molesta.

– ¿¡Tú lo sabías! –ahora éramos dos mirándonos con total decepción.

–Apenas hace algunas horas –me señaló –, ¿cómo puedes vivir con ello? ¿Él... es bueno contigo? No...

–Edward –le interrumpí –. No importa cómo o desde cuando lo sepas pero entenderás que no he podido elegir yo...

–Lo amas –concluyó totalmente dolido –. Lo amas de verdad para seguirle... tú –repitió con sus ojos perdidos –, de verdad lo amas.

Parecía reacio a la idea y no podía evitar que algo en mi pecho se oprimiera al verlo tan triste.

–La he cagado esta vez en serio –soltó bajo su aliento –, he perdido por completo todo.

Se apoyó sobre la pared a mi lado y salí dos pasos en frente. Entonces vi a Félix detrás de una jardinería mirando hacia nuestra dirección. Una ira incontrolable me recorrió el cuerpo, ¡esto era el colmo! Sin ganas de contenerme y con toda mi furia alcé mi dedo medio hacia su dirección y tomé los hombros de Edward.

–Tienes razón –admití –, tenemos que hablar, pero no aquí, te veo mañana en la entrada del segundo salón principal a las ocho con diez –susurré rápidamente.

Pareció aturdido pero asintió.

–Edward –le llamé con la necesidad de ver sus ojos directamente. Los vi tan opacos que me lastimó más de lo que imaginé –. Estaremos bien, ¿de acuerdo?

Me miró y forjó una sonrisa.

–Te quiero –murmuró bajito, me separé un poco apretando mis labios.

–Hasta mañana –y cerré la puerta.

Era demasiado, demasiadas sensaciones y confusiones. Me sentía en un extraño laberinto, donde había ido por tantos caminos que mis trazos antiguos se sentían cargas sobre mis hombros y los caminos a seguir se ocultaban sobre el enorme muro a mí enfrente. Entonces, tendría que dar vuelta atrás y solucionarlo a raíz, esa raíz tal vez no era Edward, tal vez sí. Sólo sabía que raíz o no, yo no lo dejaría tan destruido como lo vi esta noche. Después de todo, mi antigua yo era parte de la carga que llevaba y ella jamás lo dejaría así. Tal vez no amara a Edward Cullen, tal vez no podría amarle de nuevo, pero, sólo tal vez no podría ocultar que alguna vez lo amé para siempre. Ese para siempre era la reacción en cadena.

...

No conocía todas mis opciones y tal vez no estaba analizando una por una como se debía pero ¿qué más se podía pedir de mi? quiero decir, estaba siendo obligada a casarme, me sentía sin un corazón y todo lo que alguna vez creí se esfumó. No podía ser la persona más cuerda del planeta pero de cualquier ángulo por el que viera, todo era mi culpa. Por eso mismo intentaba solucionarlo sola, lo primero que hice a la mañana siguiente fue explicarle a John que no era necesario que me siguiera, que saldría y que si quería mandar un gorila se aburriría por completo en la biblioteca de la ciudad.

Por suerte esta contaba con estrecho pasillos donde, en lugar de leer el libro estaba marcando a todos mis contactos en el nuevo celular que acaba de comprar. Marqué a los conocidos que estudiaron derecho alguna vez, pregunté a ellos las mejores opciones de abogados y así en cadena hasta que hubiera alguien que fuera mi única opción. Para mi desgracia al mencionar el apellido 'Coleman' todo se iba abajo. Los abogados sinceros decían que no se meterían en problemas, otros que no tenían tiempo y algunos preguntaron quien le llamaba. Por supuesto que jamás dije ser la futura esposa del más chico de los Coleman pero me sentía desesperada. ¿Era yo la única ignorante de lo oscura parte de esa familia?

Antes de darme cuenta y sentirme completamente desesperada mi celular (el que todos conocían) sonó en alarma. Faltaban exactamente veinte minutos para la hora en la que había citado a Edward, el tiempo suficiente. Con resignación entendí que él era mi última opción y abandoné el celular en uno de los estantes al tiempo que simulaba volver a guardar el libro y salí de ahí acomodando de la mejor manera mi bolsa. Después de un taxi, caminar un poco más y fingir falsas sonrisas a los invitados con los que me encontraba por el camino pude llegar a avanzar entre el extenso pasillo hacia el salón principal. Daniel me interceptó antes de tiempo.

–John ha programado todas sus citas, me ha alertado de ser precavido y reprogramado todo lo de la boda Bells –informó con desacuerdo y confusión –. ¿Por qué has montado esta farsa?

Me encogí de hombros parándome para mirarlo severamente. Su cara se descompuso un poco y cerró la boca para volver a abrirla.

– ¿Estás dudando?

Negué con una macabra sonrisa.

–Todo está bien, sólo que por... –busqué una buena excusa –, superstición he decidido casarme la próxima semana.

Daniel entrecerró los ojos evaluándome y dibujó una tímida sonrisa.

–Mujer, ahora podremos llamarle superstición a todo aquello con cabellos cobrizos y ojos verdes, que se hace la fama de Casanova y está esperando al final del pasillo –torció su gesto divertido y me evaluó de nuevo.

Una chispa de nervios me recorrió, jaleé a Daniel disimuladamente para tenerlo más cerca al hablar.

– ¿Alguien más lo ha visto?

Negó con la cabeza –; John está en una junta re –programadora, la familia Coleman en un importante desayuno y tu familia en la piscina... sólo los meseros se encuentran en el salón quitando todos los enganches para los listones que no se utilizarán y otros vinieron con un paquete.

Asentí distraída, planeando donde lo vería ahora.

–Bella –llamó mi atención mi amigo de forma seria –, ¿estás pateando por el culo a John?

Una furia creció un poco en mí, es decir, vamos ténganme piedad. Soy yo la que está sufriendo consecuencias de sus tontos actos y aparte soy la mala delante de John. Bufé ante la persuasiva mirada de Daniel.

–Edward y yo tenemos nada –afirmé –, John y yo retrasamos todo por razones apartes Daniel y bueno... si, voy a verlo pero no tiene nada que ver un romance, puedes tenerlo garantizado.

Si bien no podía contarle toda la verdad a Daniel, tampoco podría mentirle. Se lo debía como el buen amigo que había sido y entendí que también me despediría de él. Daniel trabaja para Coleman –no sabía hasta que punto conocía sus secretos – pero era seguro que era su jefe y en cuanto yo me separa por completo de George o John... también lo haría de Daniel. Abracé a mi amigo sin aviso previo y le sonreí después con la voz algo amortiguada.

–Nos veremos después, Dan –susurré y sonreí aún más triste –. Deséame suerte.

Asintió algo confundido mientras me marchaba. De camino al pasillo me encontré con un grupo de hombres vestidos casualmente saliendo de salón, reían y llevaban en sus manos paquetes de entregas. Entendí que acababan de entregar algo, grande intuí gracias al enorme doblado de cartón que llevaba bajo su brazo uno de todos. Hubiera seguido mi camino, ya había visto de reojo al atractivo hombre de cabello cobrizo a distancia pero de la nada un canturreo del salón me tomo desprevenida, la tía de George estaba dentro. Como pude jalé a Edward del brazo cuando él pensaba saludarme, su boca abierta se quedo así hasta que lo metí dentro de un armario al lado derecho, cerré la puerta puse pestillo y encendí la pequeña lamparita colgante entre nosotros.
Sus ojos verdes entrecerrados un poco y una mueca inexpresiva no ayudaron a los nervios debajo de la fría mirada que pretendía. No podía seguir así, la farsa era estúpida hasta para mí, pero mantendría a toda costa el trato con George, no tenía opción.

–Tía Juddy no puede vernos –murmuré de forma rápida y bajito.

Asintió.

–Tal vez un armario no era lo que esperaba –sonrío de lado pero la alegría no era para nada en sus ojos por más broma que intentara –. Dime, ¿hay alguna oportunidad de verte feliz?

Lo miré con el ceño fruncido.

–Ayer dijiste que...

–Que lo amabas –me interrumpió escupiendo las palabras –, pero jamás dije que fueras feliz, de esa manera sería más fácil... tu sabes –sonrío de nuevo de aquella manera tan extraña que me hacía sentir culpable –, sería más fácil alejarme de ti.

Cerré los ojos de repente, este chico estaba loco. Aparecía siendo un patán, se reivindicaba diciendo quererme a un día de mi boda, aparecía como un zombie lastimándome más en la situación y ahora, ¿ahora quería saber si era feliz?

–Te pedí vernos porque necesito tu ayuda –ignoré su pregunta olímpicamente sin evitar que doliera un poco.

Asintió de nuevo y se recargó sobre la pared a mí enfrente haciendo a un lado una aspiradora.

Continué cuando lo vi atento.

–Quiero contactar al abogado que te informó sobre... los Coleman.

Sus ojos y facciones cambiaron por completo a la incredulidad, abandonó la fachada resignada por un poco de coraje y cambió rápidamente la dirección de sus ojos hacia cualquier parte menos mi mirada.

–Yo no diré nada, él no dirá nada –masculló entre dientes –, el secreto de ambos –escupió lo último – está seguro.

Negué con la cabeza.

–No a mi no... –no me importa Coleman, no podía ser tan fácil decirlo. Hablar con Edward había sido un error, no podría mantener mis sentimientos al margen delante de él. En este momento sólo él era capaz de hacerme sentir débil. En un bajo murmullo me precipité a decir la menos información posible –: necesito un abogado que sea capaz de meterse con la familia sin temor a su poder, un trámite algo complicado y que no asentara de buena manera en la imagen de mi futuro esposo.

Dije esto con la cabeza un poco inclinada, no quería que viera la furia en todo lo que podía expresar. Vi sus manos moverse indecisas hasta finalmente reposar a cada lado de sus costados, levanté la vista y fue otro error. Tal vez no debí ser ni un poco honesta, al parecer no había ocultado tan bien como pretendía y podía leer la curiosidad, consuelo y dolor que Edward respondía.

Nos quedamos callados viéndonos, adivinando el pensamiento del otro con temor a herirnos. Madurar apestaba, ahora, ninguna de los dos podía decir palabra alguna. Teníamos que pensarlo primero y eso no ayudaba conseguir lo que quería, gritar y salir enojada antes de azotarle la puerta; eso siempre había resultado más fácil.

...estás diciéndome que remueva todo para la semana que viene, ¿¡es un farsa! No me digas que Isabella está indecisa porque...

La voz de la tía Juddy se escuchó al otro lado y ambos detuvimos el patético intento de no lastimarnos para prestar atención al escalofrío que nos recorrió.

–Deja eso por favor –la única voz de Coleman –, sólo dime donde esta Bella, Félix me ha dicho que la vio por aquí...

Edward frunció el ceño en mi dirección y me limite a encogerme de hombros, no era su asunto. Aunque bien sabía que las sospechas de Cullen aumentarían al saber que me escondía de mi prometido.

–No está aquí cariño, he estado toda la mañana decidiendo el mejor lugar para el piano... ya sabes, cumpliendo la sorpresa que quieres darle a Bella –silencio, tos, y mi cara de sorpresa oculta, Edward mirándome aún más confundido –, no por nada me he tomado mi tiempo para enseñarte a tocarlo por mucho que ella lo deteste.

Abrí mi boca y la volví a cerrar. George no pensaba tocar el piano para mí, él no... ¡Por eso hace una semana pensaba casarme con él! Siendo tan distinto, teniendo nada, absolutamente nada que pudiera lastimarme. Y ahora él, el muy bastardo había estado tomando lecciones para sorprenderme. Me dejé caer en el piso, deslizándome por la espalda hasta apoyar mi cabeza en mis rodillas. Sentí a Edward moverse hasta estar a mi lado y allá afuera escuchar los pasos alejándose.

–Así que ahora detestas el piano –murmuró a mi lado aunque ya pudiera apostar que nadie escucharía.

–No he vuelto a escuchar una sola nota desde hace bastante –farfullé amortiguado en la tela de mis Jeans, Edward se tensó a mi lado y antes de que escuchara un vacío '¿por qué?' me giré hacia él abriendo mis ojos –. No detestaba el piano, detestaba recordarte.

Una mueca extraña de comprensión se dibujo en su rostro y asintió. Se levantó y después me ofreció su mano, lo miré confundida.

–Vamos, tengo algo que mostrarte –dijo con cuidado, midiendo cada tono en su voz.

Lo acepté pero no lo hice con su mano. Me apoyé sobre la puerta y me levanté ignorando la nívea mano tendida hacia mí, también ignore su rostro dolido y abrí la puerta para encontrarme el desierto pasillo. George debía de estarme buscando y gracias al cielo tía Juddy no apareció por ningún lugar. Deje que el guiará hasta abrir las grandes puertas del salón principal, entramos siguiendo sus paso y al fondo en una escalinata reposaba un lustroso piano negro de cola. Hace tanto que no veía uno que lo recordaba menos grande, su cara parecía ser la misma que la mía.

–Dicen que la práctica se pierde –murmuró por lo bajo, caminando indeciso hacia el banquillo, abrió la tapa y miró las teclas reconociéndolas escasamente. Jamás lo había visto incomodo delante de un piano, era algo totalmente nuevo para mí –. Así que se paciente.

Fruncí el ceño, yo no quería escucharlo tocar el piano. Presumiendo como siempre su maldito talento y gritando a los aires que siempre sería perfecto en todo. Excepto en amarme... Y la primera vez que tocó para mí mi nana vino a mi mente.

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Reconocía lejanamente la melodía, podía jurar que ya la había escuchado. Sin embargo, era tan exquisita, tan perfecta, como si cada tonada hubiera tomado siglos para adivinar cuál sería la armonía con la siguiente. El sonido acomodándose en el ambiente de la gran sala sin dejar espacios a errores, inconformidades o vacío. Todo era perfecto, tanto que podría dormirme... Cerré mis ojos, sí, ya lo había escuchado, aquella vez que le pedí a Edward que no se fuera, cuando se quedó a mi arrullándome hasta caer inconsciente y su voz de ángel fue mi boleto a los brazos de Morfeo. Un nudo en mi garganta junto con la desesperación por verlo me hizo abrir los ojos para ver sus esmeraldas brillando en mi reacción, amarme, y hacerme sentir tan vida. Una húmeda gota caía por mi mejilla y él sonrío de lado sin detener el magnífico sonido. Ahora me sentía egoísta, solo yo disfrutaba de él, sólo yo podía disfrutar de esta melodía que era mía. Agradecí que Alice y Jasper llegaran mañana, agradecí que Esme quisiera acompañar a Carlisle en su turno por el hospital aunque Edward y yo acabáramos de llegar. Siendo tan egoísta incluso, guardaría recelosa el momento para recordarlo solo pocas veces, ni mi mente podría robármelo.
Edward me amaba, aunque ayer, antes ir de hacia Forks hubiéramos peleado, aunque la universidad nos estuviera distanciando, el me amaría por siempre. Tendría estos días de vacaciones para demostrarle que yo también, quería demostrárselo ahora. La melodía acabo y me mantuvo en sus brazos antes de que lo besara desesperadamente, dándonos tanto cariños como nuestros cuerpos lo permitían hasta que con nuestra respiración pesada nos apoyamos uno a uno en la frente disculpándonos silenciosamente por todas la tonterías que nos separaban, por la estúpida universidad que nos taladraba y por cualquier cosa que nos mantuvo distantes durante las pasadas horas.

–Te amo, discúlpame cariño, ¿por favor? –murmuró con el ruego en sus verdes e hipnóticos ojos.

Asentí con una media sonrisa.

–Te amo.

Nos volvimos besar de la misma manera, sin protestar por la desesperación de cariño, sin quejarnos porque estuviéramos encima de un banquillo o sin detenernos siquiera a pensar en las consecuencias hasta que él perdió el equilibrio cuando me apoyé en su pecho y caímos a la alfombra. Río un poco bajando a besar mi cuello, reí con él.

– ¿Te gustó tu nana? –murmuró por mi hombro.

Y aunque lo único que se me antojara fuera contestar el escueto ''hmmmpf' de la nada fruncí el seño y lo separé un poco empujando sus hombros. Subió a mi rostro y me miró confundido, con la disculpa ya grabada aunque no tuviera la menor idea de que había hecho, sonreí para relajarlo.

–Es sólo que es otra cosa que agregaré a la lista de 'porque Edward Cullen es demasiado perfecto' –fruncí de nuevo el ceño y lo besé castamente en los labios –, se está haciendo una lista muy larga y tú haces todo bien...

Sus ojos se oscurecieron un poco, y no era precisamente por la pasión. Mi sonrisa decayó y el inmediato me regaló una que no le llegó a los ojos.

–Excepto amarte...

Lo miré sin entenderlo, por supuesto que él era también perfecto en amarme. ¡Me había hecho sentir merecedora de él! Y eso era bastante ya por decir, además el siendo tan él... tan Edward Cullen. Tan irrealmente adorable y tan demasiado aún, tal vez yo era el problema. Intentando tomar sus palabras por otro rumbo sonreí coqueta y jugué con sus cabellos antes murmurar.

–Eso aún no me lo demuestras Cullen... aunque debo decir que estoy muy ansiosa por saber cuánto puedes amarme esta noche.

La indecisión fue ahora lo que sustituyó la culpa y lo besé para borrar cualquier duda que pudiera tener su mente. Normalmente él limitaba cuan apasionado sería nuestros besos o roces pero esta vez me aventuré a demostrarle cuanto lo deseaba y cuan segura estaba de todo.

–Bella... yo...

Me separé solamente para sonreír por el diferente sentimiento oscuro que reflejaban sus esmeraldas y decir con total convicción: Llévame a tu habitación, que quiero estar en tu cama y por primera vez no será para dormir.

Me sonrío de lado –: Sus órdenes son un verdadero placer para mí.

Reí tan pronto nos levantó y nos dirigíamos a las escaleras –; Edward, así no va, es 'sus deseos son ordenes para mí' –reí cuanto rozó su nariz con mi cuello al llegar a su habitación y apoyarme sobre la puerta.

–Hmmm –...(mente en blanco)... –así no es como me siento.

Y mis preocupaciones vitales: amarlo, sentirlo y respirar. Fue la primera noche que me entregué a Edward Cullen, la mejor noche de toda mi vida y esa también se agregó a la lista de 'porque Edward Cullen es demasiado perfecto'.

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Para mi sorpresa un total contraste, las notas un poco tardadas del Edward del presente me sacaron sin piedad de mi recuerdo. ¿Qué caraj...? La cara de esfuerzo, agobio y coraje de Edward me tomo más que de sorpresa, y sus dedos que antes parecían acariciar las teclas ahora se tardaban un poco y su ceño pacifico delante del piano era de total esfuerzo. Edward no estaba tocando bien, y eso ya debía de agregarse a las cosas que me harán morir de sorpresa.
La mal tocada pieza de Pastoral que alguna vez él me había intentado hacer tocar palidecía las bellezas de mis recuerdos. Finalmente acabó y me miró con el seño fruncido y gesto inconforme.

–Yo no... –Bajó la mirada hacia las teclas y con algo de pena terminó de decir –: no he vuelto a tocar el piano desde hace bastante.

–Oh.

Me sentía como una gran tonta justo ahora, ¿pero qué más podía decir? me refiero a que él ahora me decía que no había vuelto a tocar y yo no sabía cómo eso me hacía sentir. El inexpresivo y confundido rostro de ambos nos mantuvo en silencio hasta limitarnos a sus pasos levantándose del piano y yendo hacia mí. Vi sus pies por delante de mí y luego me tendió un papelito, lo abrí y estaba escrita una dirección.

–No puedo seguir aceptando la cortesía del hombre que me ha robado todo –agregó con un tono ligero –, y sí, he sonado totalmente cursí –dibujó su media sonrisa y traté de responder –. Mi abogado ha sido un amigo Emmett –abrí los ojos desmesuradamente –. Tranquila –me pidió en un tono cauto –, no quería involucrar a la familia pero nadie quería darme información y él es de los mejores tanto como idiota así que... está confundido solamente, aunque sospecha que Coleman no te conviene –asentí –, de cualquier forma estoy segura que podrá ayudarnos.

–Su número es...

–Emmett lo tiene –se encogió de hombros –, encontraré una manera de conseguirlo sin que nadie más sepa –me aseguró –, sólo te aviso que me iré y hacia donde –volvió a señalar el papelito –, estaré por un tiempo aquí hasta que...

–Hasta que...

–Me pidas que me vaya o tú te vayas, lo que pase primero.

Me mordí la mejilla por dentro sin saber que decir y me limité a asentir.

–Mañana, a las 9 estaré ahí –le informé.

Asintió y me alejé caminando hacia la puerta. Esperaba no ser vista, aunque llegados a este punto y con tanta información en mi cabeza que de un momento a otro estallaría, sería capaz de jugar la ruleta rusa y ser dichosa. Oh, esperen, estaba jugando la ruleta rusa; disparando y disparando sin saber cual casquillo sería el afortunado.

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16/11/10

Que tal estas? Al otro lado de la compu? Cómodo? Te gusto el capi?

Bueno! que les ha parecido? Es un 'prin-ci-pio' y OH...! Estoy muy, muy emocionada... se que (como siempre, buh! abucheos por favor) me tarde más de lo que acostumbró pero saben que nos es mi intención y que si bien a veces tengo tiempo la inspiración me ha faltado.. :( .. Ahora lo bueno! Tengo como minimo tres capis avanzados de este FIC! Tengo que decir que una vez que me senté a escribir las ideas vinieron una por una...! Y los dos capis que vienen se están haciendo mis favoritos en especial el número 12 jaja.. les gustará

Sólo que siguiendo el orden de lo que tengo planeado les voy a ir actualizando de poco en poco, tenganme paciencia... este chap es de transcición, ahora Bella está más abierta a una relación (aunque sea de amistad) con Edward... Y que creen de ello? Lo estoy haciendo algo rápido?

En fin, les quiero mandar unos cariños enormes! Por que si estás leyendo esto es porque entiendes que JAMÁS -por cuenta propia- dejaré FF sin avisar :D .. Digo esto porque me ha tocado leer fics en los que las autoras dejan de publicar así como así sin disculpas y molesta quedar tan entusiasmada sin nada más jeje

Y bueno, porque quiero dejarlas con un buen sabor de boca y porque son las mejores lectoras del mundo! jajaja...

(Adelanto) Capítulo: 'Ecuentro furtivos II'

-Edward –dije apenas estuve adentro, sin preocuparme por verlo primero deje mi bolsa en un silla-, tienes que entender la parte de encuentros secretos –empecé a quitarme la bufanda, chaqueta y lentes- tu y yo, sin que nadie más lo sepa, en-ti-en-de-lo.

Me giré hacia él esperando ver un rostro de disculpa cuando de la nada me quedé tal cual estatua sorprendida. Mis ojos debían de ser más grandes de un par de limones y mi boca abierta más mi nula respiración era un poema. Los pares de rostros me vieron de diferente manera, uno con la disculpa grabada –era eso lo que esperaba Cullen- y otro con una sonrisa y los oscuros ojos divertidos.

-Cariño, eso no le gustará a nuestro anfitrión quita esa cara –su voz siempre una octava más grave hizo que el primer signo de vida apareciera en mí: un gruñido.

Jacob Black –sí, el mismo traidor- sentado en la mesa aceptando la blanca y pequeña tacita, que Edward le ofrecía molesto, con su gran manota. Idiota Black, más irreal; verlos juntos y sin pelear aunque Jacob no quería cooperar.

-Black, aparte de hablarme así porque tú y yo sabemos que solo lo haces cuando Edward está cerca –mi voz había vuelto y mi respiración irregular bastaba para preguntar lo último antes de que 'el-maldito-Black-aliado-de-Coleman' muriera-. ¿Qué haces aquí?