Es muy extraño que Sabine y Marinette puedan pasar tiempo juntas, debido al trabajo de la mayor. Ese trabajo requiere de mucho tiempo fuera, debido al horario que debe cumplir.
Pero hoy, Sabine podía llegar un poco más tarde debido a que pidió permiso.
Ambas se encontraban desayunando, solo que Sabine se veía un poco ida, distante.
—¿Sucede algo, mamá? —le preguntó Marinette.
La adulta pareció reaccionar y observó a su hija regalándole una sonrisa, esa sonrisa decía "no es nada", aunque sus ojos decían todo lo contrario.
—Puedes contarme —prosiguió Marinette.
—Es solo que tuve un sueño extraño, nada más.
"Sueños extraños"...
Marinette sabía mucho de ese tema, ella también tiene ese tipo de sueños. En más de una ocasión ha soñado con Adrien, como lo del incendio, o de la selfie juntos. Aunque antes también tenía sueños con famosos, que ella viajaba con ellos. ¡Sus sueños eran geniales!
Parece que cuando alguien te gusta, incluso tus sueños cambian.
Aunque... en ocasiones los sueños de su madre podían predecir el futuro, ya había sucedido en más de una ocasión.
—¿Y qué soñaste? —preguntó intentando sonar tranquila, el punto es que no lo estaba.
Sabine dejó su pan con queso en su plato y miró fijamente a su hija, con seriedad marcada en el rostro.
—Soñé que íbamos al Lider, y en el lugar en el que amarramos las bicicletas, tú te separabas de mí. Te ibas corriendo. Corrías para abrazar a Adrien, que te esperaba ahí.
Marinette se quedó quieta, estática.
¿Ese sueño significaba que su madre sabía de sus sentimientos? ¡oh, por Dios!
No pudo evitar sentirse completamente incómoda, se sintió expuesta y eso en definitiva no era lindo.
—Ustedes estaban abrazados, pero no era un abrazo tierno, era uno lleno de melancolía —continuó explicando el sueño —. Y mientras tú estabas con él, yo abrazaba a Lila.
¿Lila también? ¿qué podía significar ese sueño?
—¿Y por qué tu amigo me abrazaría de ese modo?
—Eso es lo que no sé. Siento que algo pasará.
Y continuaron con su desayuno, solo que de modo silencioso. Ese tema había generado cierta incomodidad en ambas mujeres.
Esa tarde, Marinette habló respecto al sueño con Alya.
—Hay algunos sueños que pueden ser una advertencia de algo que pasará —explicó su amiga —. Si todos estaban tristes, eso quiere decir que algo malo pasará.
—¿Algo cómo qué? —preguntó Marinette.
—No lo sé —Alya levantó sus hombros, despreocupada —, no tengo todas las respuestas.
Continuaron estudiando, la próxima semana tenían prueba de Matemáticas y ninguna de las dos era muy buena que digamos en esa materia.
Tres días después...
Habían pasado tres días en los que Marinette se sentía nerviosa. Ella estaba esperando que algo malo sucediera, solo que no sabía lo que esperaba y eso era lo que la asustaba aún más. Era extraño tener un presentimiento, pero no saber qué esperar.
En su vida todo estaba bien, sus notas estaban bien, sus amistades también. Su madre también estaba bien.
¿Sería acaso que le pasaría algo malo a Adrien? ¡ojalá que no!
Adrien normalmente contaba con una buena salud. Una sola vez, en Abril de éste año sufrió de un accidente en su trabajo, se cayó de la escalera y estuvo con una pierna mala, aunque sin yeso.
—Tengo que relajarme, las cosas malas no pasan solo por un sueño —se dijo a sí misma.
¿Saben cuál es el problema de ser una persona responsable? Que los demás no lo son. Entonces, mientras tú ya hiciste todas tus tareas, los demás no. Es como tener todo el tiempo libre, y no saber qué hacer.
Marinette decidió meterse a la computadora un rato. Ella se sabía la clave de su madre. Iba a revisar los perfiles de Adrien y de Lila.
¿Qué? Ella no los tenía agregados en su Facebook, nunca se atrevió a hacerlo. Por eso podía recurrir al perfil de su madre.
—¡Oh, qué bien, muchas publicaciones de hijos! —la mayoría de los adultos solo publicaban fotos de sus hijos, era muy incómodo. Pero bueno... a ellos les gustaba —, vaya, mi primo hace muñequitos...
De pronto, comprendió el sueño de su madre.
Lila Rossi:
"Diste una gran batalla mamá. Te extrañaré mucho, vuela alto".
—¡Ese fue el sueño de mi mamá! —exclamó con sorpresa.
¡Claro! ¿cómo no pensarlo antes? La madre de Lila era una abuelita, ella no respiraba bien y estuvo en distintos hospitales, además, tenía casi ochenta (o algo así, la verdad no lo recordaba muy bien). ¡Eso era lo que sucedería!
—Pobre, Lila —Marinette se lamentó mucho.
Puede que Lila le diera algo de miedo, pero aún así... perder a una madre debe ser algo muy feo, muy complicado.
Marcó a Alya.
—Marinette, estoy haciendo tarea.
—La mamá de Lila murió.
—¿Quién es Lila? —Alya parecía desconcertada.
—Lila es la madre del hijo de Adrien —ella nunca usaba la palabra pareja, le daba cosa.
Escuchó un jadeo salir de los labios de su amiga.
—¿Qué? ¿cómo?
—Era muy viejita, estaba mal —explicó —. No quiero pensar en cómo estará Lila, debe ser muy difícil para ella perder a su madre.
—La verdad no sé qué decirte —admitió Alya —, ¿qué hay de Adrien?
—Supongo que debe estar sufriendo, al igual que el niño.
—¿No que tiene tres años?
—Tres años y medio. ¿Por qué?
—No creo que los niños entiendan mucho respecto a la muerte, más que sufrir debe estar muy confundido.
Después de un rato, cortaron la comunicación.
Marinette no podía dejar de pensar en todos ellos. La muerte nunca era bonita, mucho menos cuando se trataba de tu madre, esa persona siempre será sagrada. Lila debía estar mal, muy triste. Aunque... Adrien podría consolarla, contaba con apoyo.
Respecto al niño... ¿qué sentiría? Confusión. No debe ser lindo ver a tus padres llorar. Pobrecito.
—Descanse en paz, señora... —le susurró al aire.
