Capitulo 10.

Edward pov.

Un relámpago ilumino la noche y al instante, se oyó un trueno muy cerca de la casa. Apagándose todas las luces encendidas tanto en el interior como el exterior de la casa, quedándonos sumidos en la oscuridad.

—Se ha apagado el generador-dije, separándome de Bella-No te preocupes, dentro hay una linterna- retire cuidadosamente mi brazo, mientras ella lo volvía agarrar.

-¡No me dejes!-grito llena de pánico.

-No voy a dejarte- dije mientras la agarraba de la mano-Ven conmigo. Estarás bien en cuanto encendamos la luz.

De la mano, nos abrimos camino en la oscuridad para llegar al interior de la casas. Recordé que David me había mostrado donde estaba la linterna y como encender las lamparillas de gas. Aun así para encontrarlas, tarde un rato. Cuando las encontré, las encendí.

-Así está mejor-dije, sin soltar la mano de Bella aun. -¿Estás bien?-pregunte.

Ella miro nuestras manos entrelazadas, y se sonrojo instintivamente.-Si, estoy bien-contesto, mientras soltaba mi mano.

Es curioso- pensé- Había estado a punto de besarla, y si no se hubiera ido la luz en ese momento no me había podido detener ¿Dónde habríamos terminados?... Yo sabía en donde, en aquella cama. En una situación en la que había imaginado más de una vez y trataba de convencerme de que debía evitarlo.

Bella también se había dado cuenta de lo que sucedía. Me había percatado de lo rápido que ella había retirado la mano y en cómo se abrazaba a sí misma con nerviosismo. Quizás estuviera asustada por la tormenta. Pero lo que parecía inquietarla era el hecho de que yo como su jefe hubiera estado a punto de besarla. Decidí que era mejor aparentar que nada había sucedido.

-Bueno-dije después de un largo silencio-Vamos a encender las demás lamparillas y cenaremos algo de la nevera, he visto que hay montones de ensaladas.

Bella Pov.

Nunca olvidaría aquella cena a la luz de las lamparillas de gas, con la lluvia golpeando sobre el tejado y mis dedos sensibles tras haber estado entrelazados con los de Edward. No podía apartar la vista de su cuerpo. Intentaba hacerlo, pero no lo conseguía.

Cuando dejo de llover, los insectos volvieron a ambientar la oscuridad. Me puse de pie y comencé a recoger los platos sucios. Edward no había dicho nada, pero era evidente que había decidido aparentar el hecho de que hace rato estábamos a punto de habernos besado. Así que decidí que era mejor que no hubiera pasado nada. Habría sido muy extraño. Edward era mi jefe y, en dos semanas más, tendríamos que volver a trabajar juntos. Y aunque él me hubiera besado, no significaría nada. Simplemente, no quería ser una sustituta de Tanya ¿Verdad? Por supuesto que no- me dije.

A partir de este momento, no volvería a darle la mano, ni a fantasear con la idea de besarlo. Habíamos decidido ser amigos y amiga era lo que estaba dispuesta a ser.

Al día siguiente, me desperté y vi el cielo azul. El aire era fresco y el agua del mar seguía siendo muy clara a pesar de la tormenta. Igual como todos los días, nos dirigimos hacia los arrecifes, me alegre de poder disfrutar del silencio del agua. En Bucear me sirvió para aclarar mis pensamientos de lo que había sucedido la noche anterior. Cuando Edward me indico que debí regresar al barco, me sentí mucho mejor y pude comportarme con normalidad durante el trayecto de regreso.

Lo ves, puedes hacerlo. Me felicite más tarde mientras me acomodaba en la tumbona para leer mi libro favorito. La noche anterior había sido una aberración. Todo había sucedido a causa de la tormenta. Lo único que tenía que hacer era continuar tratando a Edward como un amigo y disfrutar de mis vacaciones. Ya me preocuparía sobre cómo recuperar la relación laboral cuando regresáramos a casa. Una cosa estaba clara: no me imaginaba siendo amiga de Edward en Londres. Nuestras vidas eran completamente diferentes.

Edward no disfrutaría estando tumbado en el sofá mientras yo y Alice cotilleábamos acerca de las últimas novedades de las revistas. Tampoco se ofrecería pedir comida para llevar cuando no hubiera nada de comida en la nevera, ni se quedaría en la cama hasta el mediodía de un domingo. Ni mucho menos soportaría el desorden de mi departamento. Necesitaba el alguien como Tanya, guapa, glamorosa, inteligente y que viviera en un departamento ordenado.

Quizás pudiéramos ser amigos en Coconut Island, pero no tenía sentido pensar que podríamos hacer lo mismo en Londres.

Más tarde, Edward apareció con un vaso de zumo de lima, deje el libro a un lado y le sonreí.-Eres un camarero estupendo-dije. -Tendré que llevarte un montón de cafés al despacho cuando regresemos.

-De hecho, deberías prepararle el café a David-dijo Edward, sentándose en la tumbona [es una hamaca] a lado de mi. -El prepara el Zumo. Por cierto, ¿Tu sabes algo acerca de esta noche?

Fruncí el ceño-No. ¿Debería?

-El ha intentado explicarme algo que todo estaba organizado, pero no he conseguido enterarme de que lo que estaba hablando.

-Ni idea. ¿A lo mejor hay una fiesta o algo en el hotel? Me preguntaba si queríamos ir…

-Espero que no-dijo Edward-Le he dicho que si, solo porque me resultaba más sencillo decirle eso, que tratar de comprender lo que me decía, pero ¿Te apetece ir a conocer a otra gente-?

Normalmente, me hubiera encantado la idea de ir a una fiesta, pero solo me quedaban dos semanas aquí y no me apetecía compartir a Edward con nadie más. No podía decírselo, así que lo mire y conteste-Puede ser divertido., veamos lo que sucede esta noche.

/

-¿Estas preparada?- oí que Edward me preguntaba desde el porche-David esta aquí con el barco- Me había puesto un vestido de lo más elegante para la fiesta. Era de color Azul claro, que resaltaba con mi piel un poco bronceada por el sol; llevaba el pelo con una diadema y unos zapatos planos del mismo color que el vestido.

-Me pregunto a donde vamos-Le dije a Edward, mientras me ponía los pendientes en el porche.

-ya lo descubriremos-. Me dijo, mientras se encaminaba hacia el embarcadero. Descubrí que él también se había bronceado y sus ojos Verdes contrastaban más que nunca con su rostro. Me fije en su espalda; llevaba una blusa blanca y sentí como el deseo me invadía por dentro.

Basta. No lo mires. Ni siquiera pienses en el.

David estaba esperándonos al final del embarcadero. Con una sonrisa, señalo hacia un precioso barco de madera-Para ustedes- dijo.

-Esto no parece una fiesta-dijo Edward, aliviado.

Mire el barco.

-¿A que es precioso? Creo que se llama Dhoni. Recuerdo haber leído algo acerca de ellos cuando hice la reserva. Al parecer, son estupendos para navegar al atardecer. Me pregunto si es lo que vamos a hacer.

-¿No lo has reservado?

-No, pero es posible que lo reservara Tanya-dije despacio-Me pidió todos los detalles del centro. ¿Quizá había planeado una sorpresa para ti?

-Bueno, ya lo descubriremos- David nos señalo acabo de unos instantes que subiéramos-Parece que nos están esperando-dijo Edward- ¿Qué quieres hacer? Puedo decirle que es un error, o podemos ir y ver qué pasa.

-Vamos, será divertido.

El Dhoni se movió suavemente cuando nos subimos a bordo. Edward y yo nos sentamos en proa, donde había muchos cojines. La tripulación levo ancla y extendió la vela cuadrada. Una vez que comenzamos a navegar con el viento. Apagaron el motor, solo se oía el ruido del agua contra la embarcación. El aire era fresco y el cielo comenzaba a teñirse con la luz del atardecer.

-No sé de quién ha sido la idea, pero es estupendo. -Dije.

Edward me observo y sentí un nudo en la garganta, su cabello cobrizo y despeinado brillaba contra los rayos del sol, su blusa blanca medio abierta, resaltaba sus músculos. El deseo de acariciarle su pecho a medio ver, era tan fuerte que tuve que ponerme de pie por un instante.

-Delfines-dijo él.

Respire aliviada por la distracción.

-¿Donde?-dije dirigiéndome hacia donde él señalaba. -¡OH, si! ¡Son maravillosos!- me apoye contra la lateral del barco, me encontraba a poca distancia de Edward. No lo miraba a él, solo miraba a los delfines que saltaban en el agua. La brisa alborotaba mi cabello, mientras yo trataba de sujetármelo con una mano.-Es perfecto-suspire, mientras miraba a Edward con una sonrisa.

-Si-dijo él, me pecarte que solo me miraba a mí y no a los delfines. Fue entonces que cometí el error de mirarlo a los ojos. Igual que la noche anterior, no fui capaz de apartar la mirada. Edward tenía una expresión que no era capaz de reconocer, pero que provoco que se me acelerara el corazón. Como si estuviéramos unidos por una fuerza extraña, ninguno de los dos nos percatamos de que la tripulación estaba bajando las velas. Tampoco de que David estaba preparando la barca auxiliar. Solo el grito del capitán a un marinero provoco que volviéramos a la realidad.

Ambos miramos rápidamente a otro lado. Edward se aclaro la garganta- ¿Qué ocurre?

-No estoy segura. Hemos parado por algún motivo. Solo es una franja de arena, pero hay alguien allí…- Mire por encima de la barandilla de madera, sin haber si aquella distracción era un alivio o no.

Solo me había hecho falta mirar a los ojos de Edward, para sentirme completamente perdida. Estaba temblando y mi corazón latía con fuerza.

-Parece que vamos a desembarcar-dije, forzando una sonrisa pero sin mirarlo a los ojos-Siempre he querido hacer un Tour mágico y misterioso ¿Tu no?

-No. -Dijo Edward-A mí me gusta saber a dónde voy.

Poco después estábamos subidos en la barca auxiliar rumbo a la franja de arena. Una vez allí, Edward me ayudo a bajar a tierra y mire a David de forma inquisitiva.

-Para vosotros-dijo él, señalando a un hombre mayor vestido de blanco que parecía estar esperándonos.

-¿Qué pasa?-pregunto Edward, mientras nos acercábamos al hombre.

-No tengo ni idea-confesé desconcertada. Al acercarnos un poco más, me fije que habían dibujado un círculo en la arena. Me detuve y agarre de la mano a Edward.

-¿Qué te pasa?

-No me da buena espina-susurre. Edward miro al hombre mayor y después a mí, solo era un anciano pero me resultaba amenazante.-Creo que pueden haber preparado una ceremonia de boda.

-¿Qué?-dijo Edward alzando la voz, lo mire para que hablara más bajito.

-Leí sobre ello cuando estaba preparando tu viaje de luna de miel, uno puede casarse aquí porque es un país musulmán, pero si se puede hacer una ceremonia especial para renovar los votos o bendecir el matrimonio.

-¿Y contrataste la ceremonia?-dijo Edward abriendo los ojos en grande.

-Por supuesto que no-dije-¿Y si lo hizo Tanya? Debió de pensar que sería romántico. Una boda requiere tanta organización que, a veces los novios les resulta difícil disfrutar de ella y reflexionar sobre la promesa que han hecho durante la ceremonia. De esta manera, habríais tenido tiempo de relajaros después de la boda y podrías haber pronunciado los votos otra vez. Cuando estuvierais centrado el uno con el otro. Creo que es una idea bonita-dije desafiante, al ver el escepticismo en el rostro de Edward.

-Pensándolo bien, recuerdo que Tanya me había dicho algún comentario sobre los votos, pero no le había puesto demasiado caso.-dijo él en susurro-Si lo hubiera hecho caso, le habría dicho que no se le ocurría nada peor que eso… pero ¿Por qué no nos comentaron nada cuando llegamos?

-Quizás lo hicieron, pero ninguno de los dos presto mucha atención a lo que decía el director del hotel.

-Supongo que no. Cielos ¡Que desastre!

Miramos al hombre mayor y vimos que nos hacía señas para que nos acercáramos

-¿Qué vamos a hacer?-pregunte horrorizada.

-Será mejor que sigamos el juego, es demasiado difícil intentar explicarlo ahora. ¿Estás segura que no es una ceremonia legal?

-no lo sé-suspire-Creo que solo es simbólica

-Entonces ya esta-dijo él, agarrándome del brazo-No significara nada. Será mejor pasar 5 minutos de apuros que estar media hora dando explicaciones.

-No lo sé…-Me detuve un momento, Edward tiro de mi y pronto nos encontrábamos delante del hombre mayor.

-¿Su nombre?-Me pregunto con una vos gruesa.

Trague saliva –Isabel.-

-Y Edward-contesto Edward antes de que le preguntaran. Después nos metió en el círculo y se acerco frente a mí.

-¿Han venido a celebrar el amor que sienten el uno por el otro?

-Eh… Si

-Solo están ustedes dos, eso está bien. Esto solo tiene que ver con ustedes. Este es su círculo. Compártanlo. Representen la unidad. La unión entre ustedes. Representen el amor.

Cuando dijo aquellas palabras sentí un escalofrío en mi columna vertebral, me mordí el labio. Sentía que estábamos engañando a aquel señor, pero ya era demasiado tarde para echarme asía atrás. Así que me repetí una vez más que esto no significaba nada, pero mientras el hombre nos daba su bendición, sentí como si una red invisible cayera sobre el círculo donde nos encontrábamos y nos unía, separándonos del resto del mundo.

El sol tenía el dorado del agua del mar. Era como un sueño. Estaba de pie sobre la arena blanca y Edward me agarraba las manos con fuerza.

No quería mirarlo, pero no podía apartar la mirada de sus ojos. Me pecarte que él me agarraba con fuerzas, como si fuera lo único que podía anclarme a la realidad. La ceremonia fue sencilla, Creí que el hombre nos hablaba sobre el amor, sobre el compromiso, sobre la felicidad….Y todo me parecía bien.

-Isabela-dijo el hombre mayor-¿Es Edward el hombre que amas?

-Si-dije con nerviosismo, y entonces reconocí que lo decía desde el corazón.

-Edward ¿Es Bella la mujer que amas?-cuando dijo aquellas palabras el señor viejo, sentí como mi corazón se aceleraba a mil por hora.

—Si—contesto Edward

—Isabela, acepta el corazón de Edward y cuídalo bien. Y Edward, acepta el corazón que Isabela te da y respétalo. Amaos y sed sinceros el uno con el otro. Encontrad la felicidad y la paz.

—Lo hare—dijimos los dos al mismo tiempo.

—Prometedlo con un beso— dijo el hombre mayor.

Suspire nerviosa girándome para quedar frente a frente con Edward, lo mire a los ojos y vi un brillo especial en su mirada contuve la respiración por un instante. Iba a besarme. Por supuesto que me iba a besar, no tenía más elección.

Pero por fin lo iba a besar. Sabía que este beso complicaría todo en especial para mí, cuando estoy sintiendo algo por Edward mi jefe… Edward embozo una sonrisa y me sujeto mi rostro entre sus manos

—Lo prometo—dijo él al hombre que estaba enfrente de nosotros me miro —Deja de pensar— susurro cercándose poco a poco a mí y me beso en los labios.

Al sentir sus labios calientes y firmes contra los míos me estremecí. Edward me sujeto de la cabeza para besarme con más intensidad mientras yo me apoyaba en el, lo rodeé por la cintura y lo abrase con fuerza, disfrutando el momento. Sabía que podía ser un error pero, en aquel momento me parecía lo correcto. Edward se fue separando de mí poco a poco murmurando algo en modo de protesta.

Me encontraba con los ojos abiertos después de aquel beso, mi respiración era entrecortada y mi corazón estaba al borde del colapso pero no me importo. Tampoco me importaba haberme olvidado del hombre mayor que nos miraba con una pequeña sonrisa, apenas nos percatamos que aquel hombre nos había atado nuestras muñecas con un lazo hecho de hojas.

—Ya esta—dijo el hombre dando un paso para atrás—Estáis unidos, ahora sois solo uno.

David nos acompaño de regreso al Dhoni, donde me entregaron una guirnalda de flores. Cuando nos acomodamos en proa, me había sentido un poco mareada pensé que sería por el fuerte aroma que desprendía las flores ¿O quizá fuera por haberme dado cuenta de lo mucho que lo amaba?. Mientras desplegaban las velas y el barco avanzaba sobre las olas. Me agarre de la barandilla con fuerza temiendo que mis piernas temblorosas no pudieran sujetarme.

— ¿Qué hemos hecho?.

—No hemos hecho nada—dijo Edward, soltando el lazo con el que nos había atado las muñecas antes. Dudo un instante y lo tiro al mar—Ha sido un ritual.

Observe como desaparecía el lazo y sentí ganas de llorar—Hemos hecho una promesa—dije con dificultad, mire a Edward y el giro su cara a otro lado. Sabía que yo tenía razón ¿Y no era él, el que siempre se sentía orgulloso por cumplir lo que prometía?

Había sido una extraña experiencia. Después de que el agarrara mis manos y mirara mis ojos, una inexplicable sensación de alivio se había apoderado de mi, como sin saber porque nos hubiéramos encontrado en el lugar exacto y en el momento adecuado. Haciendo lo que necesitaba hacer. Después el me había besado con dulzura me había hecho estremecer, su sabor, la suavidad de sus labios, el cabello sedoso bajo mis dedos…

—No ha sido real—dijo—No estamos casados.

No podíamos estar casados. Ninguno de los dos nos queríamos casar. Era ridículo pensar que eso era lo que había sucedido en la franja de arena.

—No, por supuesto que no—dije con una sonrisa—No puedo creer que haya pasado, si te digo la verdad. Ha sido como un sueño.

—Toda esta semana ha sido como un sueño—dijo. —Es como si estuviéramos en una burbuja, desconectados de nuestra vida real.

—Sí, eso es lo que parece… ¡Cuando volvamos a la realidad va a ser un shock!

—Todavía no tenemos que hacerlo—dijo el agarrándome las manos y girándome para que lo mirara—Podemos mantener el sueño un poco más. —Sus dedos eran tan cálidos que me volví a sentirme ligeramente mareada.

— ¿El sueño?

—Estamos aquí, porque queremos estar juntos—dijo el—Ambos sabemos que no es cierto, y que no duraría aunque quisiéramos. En cuanto regresemos a Londres, todo será diferente. El sueño terminara. No podremos recuperarlo y tampoco querremos hacerlo— ¿Tenía algún sentido todo lo que decía? No estaba segura de si el mismo comprendía lo que quería decir y por otro lado, me preguntaba si no estaría cometiendo un gran error. —No somos las mismas personas que cuando estábamos en Londres. Allí queremos cosas diferentes, pero aquí…A lo mejor aquí queremos lo mismo. Yo sé lo que quiero. Quiero besarte otra vez. Quiero acariciarte otra vez. No quiero pasar otra noche ese maldito sofá pensando en ti y deseando estar a tu lado.

Lo mire asombrada. Abrí la boca para decir algo, pero Edward se apresuro a continuar. —Se que todavía estas enamorada de Jacob—Mentira-pensé-Estoy enamorada de ti—Se que buscas la perfección y yo no puedo dártela, pero estaba pensando que mientras estemos aquí, quizá podría ser perfecto. Ambos sabemos que esto no es real, pero todavía nos quedan 2 semanas. Entonces ¿Por qué no sacarle el máximo partido?

— ¿Te refieres a como si fuera una luna de miel de verdad? ¿Cómo si los votos que acabos de pronunciar fueran ciertos?

—Si—admitió Edward—No me refiero a para siempre—añadió. —En cuanto regresemos a Londres, nos olvidaremos de todo esto. Fingiremos que nada ha sucedido. Pero ahora, solo estamos los dos y podemos… Podemos amarnos tal como hemos prometido—hizo una pausa y me miro— ¿Qué te parece?

Entrelace los dedos con los de el -No me refiero a para siempre- Había dicho el. Y sabía que cuando aquello terminara iba a sufrir mucho. Pero me di cuenta que si de por si iba a sufrir de todos modos. Eso era lo que sucedía cuando te enamorabas de un hombre como Edward. ¿No era mejor disfrutar 2 semanas que ninguna? Al menos, cuando nos dijéramos adiós tendría muy buenos recuerdos. Eso sería lo único que permaneceré. No tenía sentido confiar en que el sueño durara para siempre. Suspire y sonreí, apoye las manos contra el dorso de Edward y lo mire con el corazón en la mano.

—Creo que es una gran idea— le dije entrecortado.

Edward me miro por un instante, como si no se atreviera a creer lo que había oído y después una sonrisa ilumino su perfecto rostro. Me estrecho entre sus brazos y me beso de forma apasionada. Sentí una ola de calor que recorría mi cuerpo y me agarre de su camisa, tratando de no derretirme de puro placer y también de una loca enamorada besando a su príncipe.

Por fin podía besarlo y acariciarle tal y como había deseado durante una semana y media. Nos fuimos sentando en los cojines y disfrutamos del anochecer, rodeados por el aroma de las flores y el sonido del agua.

La tripulación estaba en la parte trasera del barco, permitiéndonos privacidad. Edward se tumbo junto a mí y me acaricio el cuerpo bajo el vestido. Lo abrace olvidándome de todo. Estaba asustada por el deseo que sentía y a veces me preguntaba si no estaría cometiendo un error. Pero ¿Cómo podía ser un error cuando sus besos eran tan placenteros? ¿O cuando tras cada caricia, deseaba más?

El cielo estrellado iluminaba Coconut Island cuando llegamos al pequeño embarcadero. Después fui incapaz de recordad como había llegado hasta allí. Suponía que David nos había llevado en la barca auxiliar, pero solo recordaba estar agarrando de la mano de Edward, el sabor de sus besos y su cuerpo ardiente de deseo.

-Todo me resultaba familiar-Pensé mientras subíamos las escaleras del porche. Todo parecía exactamente lo mismo cuando debía parecerme diferente. Todo había cambiado desde que había bajado los escalones para encontrarme con David en el embarcadero.

En aquel entonces éramos Jefe y secretaria.

Y en estos momentos era Marido y Mujer.

EXCEPTO que no lo éramos en la realidad. Me tropecé al pensar en ello con claridad. Edward estaba detrás de mí, acariciándome el cuello mientras me aprisionaba contra la puerta para besarme otra vez.

— ¿Qué pasa? —pregunto él.

— ¿Crees que no nos arrepentiremos? —pregunte—Después tendremos que trabajar juntos-le recordé, mientras el besaba mi cuello— ¿Cómo vamos a hacerlo si…?

— ¿Y cómo vamos a estar aquí dos semanas si no…?—contesto Edward, sonriendo con picardía. Había encontrado la cremallera de mi vestido y se disponía a bajarla—Olvidémonos del trabajo ahora.

Me estremecí al sentir sus caricias. Sabía que no me resultaría tan sencillo como él decía, pero no podía pensar y menos cuando él me recorría el cuerpo con las manos, mientras me besaba de forma apasionada. Al instante me rendí ante el deseo.

No sé en qué momento habíamos llegado a la cama pero era maravillosa y la idea de estar completamente a solas con él era muy atractiva. Nadie nos podría ver. Nadie nos podría escuchar. Solo estábamos los dos solos, con nuestros cuerpos entrelazados y nada importaba, excepto acariciarnos, saborearnos y sentir.

—Pensemos solo en estar aquí—me susurro Edward—Centrémonos en el ahora.

Así que cerré la mente al futuro y me centre en el presente disfrutando las caricias que me daba Edward y el deseo que sentía hacia él.

Edward oculto su rostro contra mi cuello e inhalo, presione mi mejilla contra la de él y agarre su camisa. Me empezó a acariciar mis curvas de mi cintura. Me desabrocho la cremallera del vestido y me lo retiro de los hombros.

Agacho la cabeza; colocando su boca sobre mi pecho derecho, succionándolo a través del sujetador. Lo arañe mientras intentaba desabrocharle la camisa, entonces abandone la idea e intente quitársela por la cabeza. El me sujetó el trasero con ambas manos mientras buscaba mi boca para besarme apasionadamente.

Supongo que él nunca supo lo que paso con su ropa, cuando se la quite le sujete con mis dedos fríos su miembro y lleve a Edward a un estado de la locura. El se peleo con el preservativo que había conseguido en su maleta y me acaricio mi cuerpo desnudo con la lengua e inhalando mí aroma.

Empezó a masajearme mi clítoris mientras me acomodaba sobre él con las piernas temblorosas lo recibí en mi interior. Deslice hacia abajo su miembro cuando no fui capaz de evitar gemir de placer en mis labios. Unos labios que habían besado su rostro, su cuello y sus hombros musculosos. Edward me mordisqueo el cuello y sentí una ola de calor me invadía por dentro. Al instante recordé que él era mi jefe y este era el tipo de error que terminaba con las carreras profesionales y arruinaba las vidas.

Olvide aquello cuando el jugueteo con su lengua mis pezones y empecé a temblar. Edward me sujeto por la cintura y oculto su rostro entre mis senos un gesto tan íntimo y cariñoso que pensé que me partiría el corazón. No me había percatado de lo mucho que echaba de menos el simple hecho de estar cerca de alguien. Edward me acaricio la espalada, me abrazo y comenzó a moverme de arriba abajo hasta que la sensación era tan intensa que se convirtió en casi insoportable.

Me sujeto mi rostro y abrí mis ojos un instante, él me beso de manera apasionada y no pude evitar que mis caderas comenzaran a moverse de forma rítmica, provocando que una ola de placer recorriera mi cuerpo. Nuestras lenguas se encontraron y sus brazos se entrelazaron en mi cuerpo el ritmo era cada vez mayor. Un fuerte sentimiento se apodero de mí y pensé que podía estallar o ponerme a llorar.

Solo es una sensación, no significa nada-. ¿O no era así. Edward me abrazaba con tanta fuerza que apenas me dejaba respirar. Me sentía tan bien entre sus brazos. Segura. Había pasado mucho tiempo sola y asustada. A veces ni siquiera recordaba cómo era sentirme de otra manera, no quería separarme de su lado. Aunque al final mi corazón iba a salir lastimado.

Estaba perdiendo la capacidad de pensar o sentir, cuando el me tomo entre sus brazos y con un último empujón hizo que sobrepasara el límite de la realidad.

Era un salto al vacío, donde no había donde agarrarme. Sabía que el aterrizaje seria doloroso. Caería de manera brusca y que me haría tanto daño que quizá no pudiera superarlo nunca.

Continuara...