Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SaveCreative, absténganse de plagios.


Summary: Bella ha vivido toda su vida rodeada de vampiros hasta que decide irse a vivir con su padre a Forks. Allí encontrará a otra familia tan extraña como la suya, y a un vampiro de pelo cobrizo con el que tendrá que lidiar. "Aquello parecía confirmar mi teoría de que leía mentes -salvo la mía. ¿No estaba acostumbrado a no saber? Esto podría ser divertido." AU EdxBe


Capítulo 9.

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Música: Woman like me by Beyoncé

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Casi no dormí en toda la noche. Me revolví entre las sábanas sin descanso hasta que no aguanté más y fui hasta la ventana. La abrí, sorprendida al notar que ya no chirriaba, pero no tuve que esforzarme mucho en averiguar quién le había puesto aceite. Sonreí a la noche, y el aire me trajo aroma a vampiro.

Él estaba allí.

Fui a la cama para coger una manta y envolverme con ella. Me subí de nuevo al alfeizar y dejé caer las piernas al vacío. Apoyé mi espalda contra el marco y observé la noche en silencio, sintiendo sus ojos posados en mí. Suspiré.

Quizá me había comportado como una estúpida al no querer decir en voz alta lo que él era. ¿Tan malo sería? Él podía estar seguro de que yo no diría nada. ¿Cómo podía estar yo segura de que él no destapase mi secreto a los Vulturis? Debería hablar con él.

Miré hacia el bosque, sabiendo que estaría allí. Podría simplemente llamarlo y estaba segura de que vendría. Pero no pude. Cerré los ojos.

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Cuando los abrí no estaba en el alfeizar. Estaba tumbada boca abajo en mi cama, y escuchaba a mi padre tatarear en la cocina, probablemente preparando el desayuno.

Me había quedado dormida. Sin poder evitarlo, comencé a reír histéricamente y rodé por la cama hasta caer al suelo. Me había quedado dormida sentada en el alfeizar de mi ventana a dos pisos de altura. Dale las gracias a Edward por evitar que te rompieras la cabeza. Sep, eso haría.

De un salto me puse de pie y busqué mi móvil para mirar la hora. Para variar, volvía a llegar tarde al instituto. Cogí unos vaqueros y una blusa y salí corriendo hacia el baño para ducharme. Hice mi rutina al doble de velocidad, e, increíblemente, sin chocar ni caer al suelo de culo. Cuando iba a recoger mi mochila y salir pitando de la habitación un aroma captó mi atención. Acerqué la manta con la que me había envuelto por la noche y aspiré profundamente. Olía a Edward.

Sonreí, dejé la manta a un lado y corrí escaleras abajo, tropezando en el último escalón pero logrando mantener el equilibrio.

-Llegas tarde -saludó Charlie simplemente, tomándose el café con tranquilidad.

-Lo sé, gracias por despertarme -repliqué con sarcasmo, buscando los cereales a toda prisa.

-No soy tu despertador -dijo, mirándome por encima del periódico-. ¿Recuerdas? Aquél aparato que rompiste el otro día y que prometiste comprar uno nuevo ayer.

-Um... No me suena -mentí, dedicándole una rápida e inocente sonrisa-. ¡Ajá! -chillé al descubrir los cereales.

Desayuné a toda prisa bajo la mirada reprobatoria y divertida de mi padre. Recogí todo rápidamente y comencé a fregar las tazas cuando Charlie me paró.

-Ya lo hago yo.

-¿Seguro? -pregunté, no fiándome de que lo hiciera bien. Había encontrado restos de café en todas las tazas el primer día que había llegado aquí.

-Sí -respondió él, sonriéndome con tolerancia-. Vete a clase.

-¡Gracias! -exclamé, dándole un beso en la mejilla.

-¡Bella! -gritó cuando estaba a punto de salir por la puerta-. ¡Llevas puestas las zapatillas de nuevo!

Miré mis pies. Maldición, era cierto.

-¡Gracias! ¡Ya voy! ¡Ya voy!

Cinco minutos más tarde y dos golpes del mismo dedo meñique contra el marco de la puerta después, logré salir de casa completamente vestida. Recé en voz alta mientras intentaba encender mi monovolumen, y le di un beso al volante cuando el motor rugió.

Sólo llegaba quince minutos tarde, no era para tanto. Hasta que miré mi horario y vi que tenía matemáticas. Genial. El profesor me odiaba. Siempre podía decirle que una raíz cuadrada me había retrasado.

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La mañana, como era costumbre, pasó lenta. Nunca había imaginado lo aburrido y tedioso que podía ser el instituto. Yo había estudiado toda mi vida en casa; los vampiros eran unos excelentes profesores. Sabían de todo, y podían memorizar cualquier cosa. Y la historia era mucho más divertida cuando Daniel la contaba.

Sin embargo, el tiempo seguía y las manecillas del reloj no paraban de moverse. Llegó la hora del almuerzo, y tuve una pequeña depresión porque Angie seguía sin venir y probablemente tuviese que aguantar la charla de Mike durante toda la hora.

Caminé con desgana hacia el comedor, mirando mal a Lauren y a Jessica, que se reían no muy disimuladamente de mí por llevar los calcetines de distinto color. El azul oscuro y el negro se podían confundir cuando tenías prisa. Cogí una bandeja y la llené de todas la comida chatarra que Renée no me dejaba comer, y una Cola Light. Tengo que mantener la figura, después de todo, pensé con burla para mí misma, sonriéndome con ironía. Pena que no estuviese Dan aquí para apreciar mi humor. En Forks el sarcasmo y la ironía no tenían cabida.

Justo iba a dirigirme hacia mi mesa habitual, al lado de Mike, Eric, y los demás humanos, cuando un aroma trajo mi atención. Era extraño, porque los Cullen, contra el final del comedor, nunca pasaban por aquí y era imposible que yo pudiera olerlos desde mi posición. Paré en seco y giré la cabeza. En la mesa de los Cullen había cuatro personas.

Una involuntaria sonrisa se extendió por mi rostro. Sabía perfectamente dónde estaba el vampiro que faltaba. Inspiré hondo y volteé para seguir el aroma. A cuatro mesas de distancia, Edward Cullen me observaba con atención.

Con un saltito, me dirigí hacia él y, sin esperar a ser invitada, me senté en la silla libre.

-Esto es distinto -apunté, abriendo mi Cola y dándole un sorbo.

-Lo sé -contestó él, mirándome con fiereza. Yo fruncí el ceño.

-¿Qué?

-¿Cómo sabías que te estaba esperando a ti? -cuestionó finalmente, y distinguí un toque de frustración en su voz. Él quería saber.

Comencé a reírme fuerte, para después dedicarle una mirada divertida.

-Vamos, Edward -bufé-. Dime, ¿a quién más podrías estar esperando? ¿A Jessica? Puedo dejarte con ella, si quieres -ofrecí con una sonrisa burlona. Su cara cambió totalmente.

-No, por favor -dijo, y realmente parecía asustado de aquella humana. No pude evitar reírme aún más fuerte-. Hoy estás de buen humor -señaló, dedicándome una media sonrisa mientras se inclinaba un poco hacia mí. Apoyó los antebrazos en la mesa, en donde no tenía bandeja.

-Sep -resalté la 'p', y no pude evitar sonreír con malicia al añadir-. ¿No tienes hambre? La pizza está muy rica.

Cogí mi trozo de pizza y lo alcé en el aire. Edward hizo una ligera mueca de asco y entrecerró los ojos en mi dirección.

-No tiene gracia.

-Ohh, vamos, no seas aburrido -me reí, mordiendo yo la pizza y masticando con rapidez. Desde el otro lado de la cafetería pude escuchar las carcajadas de Emmet, que golpeaba la mesa mientras Rosalie le regañaba. Jasper, por otro lado, sonreía mirando la bandeja. Alice no se cortaba, y nos observaba divertida-. A ellos les ha hecho gracia -señalé.

-Mis hermanos tienen un pésimo sentido del humor.

-Ellos no, pero tú sí -repliqué.

Edward volvió a hacer una mueca, y yo le guiñé un ojo, divertida. Nos quedamos en silencio mientras yo seguía comiendo y él me miraba fijamente. Podía escuchar los susurros de la cafetería, normalmente alborotada, hablando sobre nosotros. ¿Qué hace la loca de Swan con el rarito de Cullen? Seh, era divertido escuchar eso, sobre todo porque no tenían ni idea de qué era lo que nos unía.

Levanté la vista de la bandeja y nuestros ojos chocaron. Edward me devolvió la sonrisa, esa media sonrisa pícara tan característica suya.

-¿Qué? ¿No tienes veinte preguntas hoy? -pregunté juguetona, ladeando la cabeza.

-Sí. -respondió con sinceridad. Él parecía tranquilo por fuera, pero podía distinguir la frustración en su rostro-. ¿Puedo...? -no tuvo que terminar para saber a qué se refería.

Con una sonrisa, alargué el tiempo dándole un sorbo a mi Cola. Veía cómo Edward se volvía más y más nervioso, aunque no lo demostrase. Pero en fin, había vivido toda mi vida con vampiros, por mucho que fuesen de piedra, distinguía con facilidad qué era lo que sentían.

-Por supuesto -exclamé-. Pregunta.

Su sonrisa se amplió y se enderezó en el asiento, pasándose una mano por el pelo. Luego, volvió a inclinarse hacia mí atrapándome con su dorada mirada.

-¿Cómo supiste que estaba aquí?

Bien, aquella pregunta era fácil de responder, pero no sabía si debía contarle. Era divertido localizar a un vampiro sin que el supiese cómo.

Así que cambié de tema. Llámenme mala.

-Gracias, por cierto -dije, sonriéndole a su cara de confusión-. Por no dejar que cayera.

Edward comprendió enseguida. Sus ojos se entrecerraron y me observó con fastidio.

-Isabella, prometiste responder a mis preguntas.

-No, no lo hice -le recordé. Solté una risa al ver cómo se enfurruñaba. Si es que un vampiro podía enfurruñarse-. Lo siento -me disculpé-. Es divertido.

Él bufó.

-De nada -dijo con brusquedad-. Y ahora, ¿cómo consigues saber dónde estoy sin verme? ¿Cómo sabías que había sido yo el que te llevó a la cama?

Estallé en carcajadas histéricas ante esa pregunta. Es decir, nunca había imaginado que Cullen pudiese decir algo así. Él pareció darse cuenta lentamente de lo que había dicho y bajó la cabeza, avergonzado. Sabía que si aún fuese humano se habría sonrojado.

Cuando logré calmar mi risa, observé atentamente la magdalena de chocolate que tenía delante. Cogí un trozo pellizcando los dedos y me lo comí con rapidez. ¿Le contaba o no le contaba?

Ya puestos a ir al infierno, ¿por qué no hacerlo del todo? Edward sabía que yo sabía lo que él era. Él sabía que yo no diría nada.

-¿Me prometes que no dirás nada? -susurré, pero sabía que podía escucharme. Alcé la vista para mirarle, y supe que comprendía.

Edward Cullen no apartó sus ojos de los míos cuando susurró.

-Te lo prometo.

Suspiré. De acuerdo, allá vamos.

-Puedo olerte -confesé, encogiéndome de hombros cómo si no fuese gran cosa. Él se echó hacia atrás, sorprendido. Incluso abrió un poco la boca. Quise reírme, pero me contuve-. Sé distinguir tu olor, es decir, el de... -no tuve que decir nada más. El de los vampiros-. Es por eso que siempre sé cuando estás cerca.

Se quedó en silencio, absorbiendo la nueva información, y él parecía fascinado. Me observó de nuevo, y una media sonrisa se instaló en su rostro.

-Nunca dejas de sorprenderme, señorita Swan -susurró con voz seductora. Un involuntario sonrojo cubrió mis mejillas, pero no dejé que me deslumbrara. Alcé la barbilla, sonriendo.

-Y nunca dejaré de hacerlo, señor Cullen -respondí-. ¿Alguna pregunta más? -seguí, y lamí mis dedos cubiertos del chocolate de la magdalena. Cuando volví a mirarle, Edward tenía los ojos negros. ¿Qué demonios...?

Iba a preguntarle si estaba bien, un poco preocupada por si perdía el control, cuando él se removió en su sitio y carraspeó. ¿Podía carraspear un vampiro? ¿Y por qué parecía avergonzado?

-Sí, muchas.

-Tengo toda la hora -dije con suavidad, bebiendo de mi Cola mientras le miraba a través de mis pestañas.

Edward Cullen sonrió y volvió a inclinarse hacia mí.

-¿Cuál fue la última película que has visto? -cuestionó, sin dejar de observarme con sus ojos dorados. La bebida fue por el conducto equivocado y comencé a toser con fuerza, incrédula. ¿Qué es lo que acababa de decir?

-¿Disculpa? -pregunté con un hilo de voz, cuando logré recuperarme. Él se veía divertido.

-¿Cuál fue la última película que has visto? -repitió.

-¿En serio? -inquirí-. ¿Me preguntas por películas?

Edward abrió los ojos con fingida inocencia y ladeó ligeramente la cabeza.

-¿No es eso lo que me pediste, Bella? -mi nombre en sus labios no debería sonar tan tentador como él lo estaba haciendo sonar ahora-. ¿Tener conversaciones normales y mundanas? Aunque, si prefieres, podemos charlar sobre fútbol -se burló, riéndose entre dientes.

Bufé en voz alta y estuve tentada a lanzarle la Cola a la cabeza. Pero no lo hice, había pagado por ella y no iba a malgastarla sabiendo que ni siquiera iba a sentir el golpe. Podía buscar una barra de metal, sin embargo.

-Eres un auténtico asno -le espeté, dispuesta a irme. Sin embargo, el comportamiento de Edward cambió bruscamente y dejó de reírse para cogerme la mano.

-Por favor, quédate -pidió con voz como el terciopelo, mirándome de manera suplicante.

Suspiré, sintiendo miles de corrientes eléctricas subir por mi brazo desde dónde él me estaba tocando. Nunca antes me había pasado aquello. Es decir, había tocado a otros vampiros antes, y con ninguno había sentido aquello. Pero dejando ese pequeño detalle aparte, había echado tanto de menos sentir ese frío tan característico que me ablandé, y no me moví de la silla.

-De acuerdo -acepté a regañadientes. Edward, con una sonrisa aliviada, retiró la mano. Estuve tentada a hacer un puchero ante la ausencia de su tacto, pero me contuve.

Nos miramos fijamente a los ojos, por lo que a mi me pareció una eternidad.

-Un cadáver a los postres -dije finalmente. Él se vio confundido por un segundo antes de sonreír, recordando su pregunta.

Y fue allí cuando comenzó otra ronda de preguntas, pero esta vez el tema no era yo, o él, o los vampiros. Edward me preguntó sobre mis gustos, y yo sobre los suyos.

Y fue justo allí cuando comenzamos a conocernos mejor.

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¡Hola! Sé que el cap es muy corto, pero prometo que el siguiente será más largo :3 Este es para que comprendan que ellos se están conociendo mejor, no sólo por lo de que él es un vampiro y ella una humana que sabe demasiado. Ya se verá en los siguiente caps que la chispa saltará entre ellos aún más que de costumbre ;)

Por cierto, no lo comenté antes, pero esta historia era antes Rating T y la cambié para Rating M porque quizá haya lemmons más adelante (no es seguro, pero de todas formas lo cambié)

Muchísimas gracias a todas por sus reviews (que adoro :D) sus alertas y sus favs. ¡Me alegran el día y me sacan una sonrisa!

Nos vemos en el siguiente cap,

Besos,

JC.