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Hoy era el día. La Hokage había hecho todo lo posible por retrasarlo pero el día había acabado por llegar sin que tuvieran noticias de la kunoichi de la arena.
Sakura salió de la cama y se vistió con colores oscuros y ropa de abrigo. Una pesada niebla se había adueñado de la villa como un manto fúnebre, raído con el pasar del tiempo, se adueña del cuerpo de una anciana que ve como la preceden todos sus hijos en el camino hasta el tártaro. Se dirigió a la ventana y la abrió. El cielo estaba despejado. Ni siquiera sus amadas nubes querían asistir a tan nefasto acontecimiento. Le iban a prohibir a su perezoso amante verlas. Y entonces, perfilada contra el horizonte, la vio.
Un águila imperial sobrevolaba el cielo de Konoha con lo que parecía un pequeño abanico colgado de la pata. Un abanico. Temari. Al fin, tras tres días de espera interminable, llegaban noticias de la arena. Rogaba a Dios que fueran buenas. Ya habían tenido suficientes disgustos.
Como si conociera al destinatario de su mensaje de toda su vida, el águila sobrevoló el bloque de pisos donde vivía la muchacha y dejo caer el abanico en el balcón de la pelirrosa, la cual se agachó para recogerlo y lo leyó rápidamente. Una sonrisa se dibujo en su rostro.
Olvidándose de la hora que era y de avisar en su casa de que salía, bajo corriendo las escaleras armando demasiado ruido. Mientras se ponía las sandalias, su madre apareció por la puerta envuelta en un batín color azul pastel.
—Sakura... No son ni las 7 y media de la mañana... ¿Qué demonios haces despierta?
—Salgo – contestó sin vacilar.
—Son las 7 y media de la mañana. Los comercios no han abierto. Además ¿a dónde piensas ir así vestida? – preguntó medio dormida al repara en el extraño aspecto de su hija:el pelo recogido en una coleta, la cinta de ninja en la frente y vestida con un traje negro —¿se ha muerto alguien?
—No, tranquila. Mama no me esperéis hoy. Voy a casa de Naruto y posiblemente me quede allí todo el día.
—¿Todo esto es por un chico? ¿Ese chico?
—Me voy, un beso – abrió la puerta, dispuesta a salir e ignorar a su madre.
—Sakura. Tú no te vas a ningún sitio ¡vuelve arriba ahora mismo! – la madre se acercó al recibidor mientras su hija, cercana ya a los diecisiete años, cerraba la puerta a su espalda —. ¡Sakura! – con un ligero "clic" dejo a su madre con la palabra en la boca.
Debía darse prisa y reunir a todos inmediatamente, aunque tuviera que levantarlos de la cama. Claro que, esta noche, en la aldea, muy poca gente habría podido conciliar el sueño...
Las calles estaban desiertas, la mayoría de la gente huía del frío. Cruzó las avenidas corriendo, emocionada, hasta que al final de una bocacalle calle vislumbró una casa de un solo piso y de aspecto antiguo. La casa de Naruto.
Petó insistentemente en la puerta hasta que un ojeroso rubio apareció por la puerta.
—¡Sakura—chan! Creía que no habíamos quedado hasta las once y media para ir a... para ir allí.
—Lo sé, lo siento. Buenas noticias – empujó al rubio dentro de la casa cerrando la puerta a su espalda. Este la miraba sorprendido, con los ojos muy abiertos.
—¿Buenas noticias?
—Carta de Temari. Hay que hablar con los chicos.
—¿De Temari? – la pelirrosa asintió enérgicamente.
—Vuelvo ahora mismo – grito animado, repentinamente despierto y dispuesto a vestirse con rápidez. Cuando escuchó encenderse el calentador del agua, se descalzó y comenzó a pasear por la casa. No era una vivienda lujosa, ni tampoco demasiado grande, pero tenía los toques identificativos de su habitante: algunas fotografías, montones de paquetes de ramen pre—cocinado y detalles naranja chillón por toda la casa. Decidió esperarlo en la sala de estar, donde la casa parecía menos desordenada. Al cabo de un momento, el calentador se apagó y Naruto apareció totalmente vestido con una camisa negra de manga larga y esos vaqueros negros rotos por las rodillas. El pelo mojado se le pegaba a la cara y las profundas ojeras contrastaban los brillantes iris azul cielo.
—¿Y bien?
—Léelo tu mismo.
"Viento colabora. Salida de la partida: ayer. Estoy de camino. Llegó mañana a medianoche. Temari"
—¡Es genial! Tal vez ellos le encuentren.
—¿De verdad lo crees? Me parece que es hora de llamar a los chicos y salir nosotros mismos en su búsqueda.
—¡Por fin! No aguantaba un solo día más sin hacer nada. ¿A quien llamamos?
—Pues a... no lo sé.
—Neji piensa bien.
—Y Lee es rápido.
—Kiba tiene buen olfato.
—Y Hinata buena vista.
—Shino es muy competente.
—Y Chouji muy fuerte.
—Ino puede ser útil.
—Y TenTen... Naruto, como sigamos así no acabamos nunca.
—¿Y si llamamos a todos y decidimos quienes vamos entre todo el grupo que se presenta?
—Me parece bien. Son todos de confianza, nadie se irá de la lengua.
—Bien ¡pues al teléfono sea dicho!
—Naruto...
—¿Dónde estará mi agenda?
—Naruto ¡son las 7 y media de la mañana! Creo que tu y yo somos las únicas personas despiertas a parte de... de nadie.Aparte no podemos olvidarnos de Temari—san. Te recuerdo que llega esta noche y seguro que quiere venir.
—Ahm... ¿Y que hacemos hasta que sea hora?
—Pues no sé.
—A mi se me ocurre algo – comentó el rubio sentándose en el sillón, muy pegado a Sakura y mirándola a los ojos.
—Na... Na... Naruto... ¿qué...?
—Shh... no digas nada... – la muchacha lo miró sorprendida. Ese no era el Naruto normal – Sakura, yo... quería decirte... preguntarte si... Sakura, tu... – su corazón latía cada vez más rápido. Estaba a punto de hacer lo que llevaba años soñando — ¿te gustaría, aunque fuera solo por hoy...? – la veía ahí parada, observándole. Sus esmeraldas brillando sorprendidos y muy en el fondo, complacidos. Sus labios, finos, luciendo de rojo carmesí, entreabiertos. Mechones de su cabello rosado cayendo sueltos a ambos lados de la cabeza, escapándose de la coleta hecha con un lazo verde, el mismo tono que tiñe el fondo de sus ojos —, ¿querrías... querrías... jugar al monopoli conmigo?
Sakura casi se desmaya al oírlo. Naruto se había puesto así de serio, de formal, ¿solo para pedirle que jugaran al monopoli? Debía estar de broma.
Naruto sonrió con todas sus fuerzas, cerrando sus zorrunos ojos. Había estado tan cerca... y al final, se había acabado echando atrás... otra vez. Él, que siempre había presumido de no retroceder ante nada, de traspasar los limites establecidos por las normas. Él que había sido entrenado por dos depravados sexuales (uno de ellos en potencia), expertos en mujeres, no era capaz de decirle a su compañera de equipo, a la que conocía desde hacía ya diez años, que la quería, que la amaba como nunca había amado a nadie.
Llegó al parque a la hora indicada en la carta. Era una mañana soleada y la dorada luz solar iluminaba la figura de una muchacha sentada sobre unas rocas. Se acercó corriendo a la muchacha que, con la espalda apoyada en una roca, semejaba dormida.
La observó mientras se acercaba. Había sido de las primeras chicas de la villa en dejar atrás su cuerpo de niña. Su timidez se había acentuado cuando los chicos comenzaron a fijarse en ella y, con orgullosa satisfacción, se vio obligado a admitir que se había vuelto muy guapa.
No la veía desde el invierno, cuando los pesados abrigos y los gruesos jerséis le impedían apreciar las curvas femeninas que se adivinaban ahora bajo la vaporosa tela de aquel vestido de tirantes. Iba muy levemente maquillada, en tonos naranjas, y se había recortado los mechones que llevaba enmarcando su rostro desde niña.
Se la veía tan dulce durmiendo que hasta dudo en despertarla, pero si lo había citado allí sería por algo.
—Hinata... – la ojiblanca abrió los ojos, somnolienta y con pereza, pero cuando descubrió la persona que la había despertado se sonrojo.
—Na... Naruto—kun...
—Que guapa.
—Gra... gra... gracias.
—¿Y bien¿Qué era lo que querías?
—Ah... eso... yo... pues... quería... quería... – el rubio la miro paciente, sabía que a la muchacha le costaba mucho hablar con él – quería saber... si a ti... te... te gustaba alguien – acabó de un tirón mientras bajaba la cabeza de tal modo que el flequillo le ocultara los ojos.
—¿Qué... qué si me gusta alguien? – la muchacha asintió, en silencio, y los cabellos se movieron ligeramente con destellos azules —. Pues... yo... esto... – el rubio apartó la vista mientras reía nervioso t se rascaba la cabeza —. ¿Tanto se me nota? Jeje. La verdad es que... bueno... sí... un poco... bueno, hay una chica... que me gusta un poco bastante... más bien mucho...
—¿Y... – Hinata lo miró de reojo esperanzada – la... conozco? Oh, entiendo – cerró los ojos, respirando profundamente intentando serenarse, no derrochar lágrimas al ver su asentimiento. Estaba claro que no era ella —. ¿Y... ella... te corresponde?
—No, bueno, al fin y al cabo... Sakura—chan siempre estuvo enamorada de Sasuke y... sigue estándolo, supongo – "Sakura. Como no. Es de las chicas más guapas y fuertes de la villa... al contrario que yo" —. Pero, Hinata¿qué era lo que me tenías que decir? – la muchacha respiró profundamente. Ya no tenía nada que perder al decírselo. Naruto... nunca sería suyo, porque él ya había entregado su corazón.
—Pues... que... que... – respiró profundamente, otra vez.
—Hinata, ¿Estás bien? — le preguntó el rubio sacándola de su ensimismamiento.
—Sí... sí. Lo que... quería decirte, Naruto—kun, es que me gustas. Te... Te quiero – el rubio la miro sorprendido. Jamás lo hubiera imaginado — y creo que no deberías esperar ni un segundo más para decírselo a Sakura—san —. Levantó el rostro con una enorme y dulce sonrisa dibujada en su boca – Hasta luego, Naruto—kun – se despidió sin tartamudear mientras se levantaba y se iba a paso tranquilo y maduro. Semejaba haber crecido años en tan solo segundos.
—Naruto…¿era eso?
—Sí, ¿por? ¿Esperabas otra cosa? – preguntó el rubio con una sonrisa dulce e inocente en su aniñado rostro.
—Eh... no... nada. Olvídalo, anda – acabó la pelirrosa con un suspiro.
—¿Entonces qué? ¿jugamos?
—Naruto, vale que el mensaje te haya alegrado, eso lo entiendo. Pero... ¿de verdad crees que es el momento para ponerte a jugar al monopoli?
—Ok. Tienes razón —. Naruto la miró extrañado por un momento. "Que rara está últimamente, Sakura—chan... desde que salimos del hospital y se lo dije, se comporta... no sé. No es tan bruta y no me pega tan a menudo... me trata más como a Lee... Sakura—chan, algún día te diré lo que siento. Te lo prometo." – ¿Y entonces qué hacemos? No podemos llamar a nadie hasta que sea una hora más decente.
—Tienes razón, ¿y entonces?
—¿Vamos a dar un paseo?
—¿A las siete y media de la mañana?
—Te propondría ir a entrenar pero con lo guapa que vienes... toda trajeada – se metió con ella el rubio.
—¡Imbecil! Anda, vamos. Te invitó a desayudar – se río la pelirrosa mientras salía de la casa dejando al rubio en la sala, observando atento cada uno de sus movimientos.
Los relojes de toda la villa dieron las once y media de la mañana y la mayoría de los chuunins estaban reunidos frente la lápida de conmemorativa del parque. Faltaba media hora para la convocatoria realizada por el consejo en la plaza mayor. La noticia la daría el consejero mayor, Amashi Shigeru, frente a todo el pueblo. La Hokage, en un acto de solidaridad hacía la familia, se había negado a ser ella la portavoz.
Todos vestían de tonos oscuros, negros y grises, mostrando a través de los colores y las ropas, su disconformidad.
Formaban una extraña comitiva, reunidos en aquella plaza. Hasta Akamaru llevaba un lazo negro atado al cuello. Naruto los miro a todos. Kiba e Ino habían recibido el alta el día anterior y los médicos les habían mandado guardar cama, pero allí estaban. Al pie del cañón. Ino, con un vestido negro y la bandana atada en la frente en señal de respeto, no se movía demasiado. Kiba, vestido igual que Naruto y con Akamaru sobre la cabeza, se veía obligado a caminar con muletas.
—Propongo que lo boicoteemos – propuso una voz grave y suave entre el gentío.
—Shino, jamás hubiera esperado algo semejante de ti – se burló Kiba. Al menos de ánimos estaba perfecto.
—Cállate, chucho sarnoso – Hinata, vestida con un yukata largo de color gris oscuro, se apresuró a calmar al castaño que se preparaba para saltar sobre el chico de gafas.
—Haber, chicos – llamó Neji, vestido con una levita negra – Naruto y Sakura nos han citado aquí por una razón. ¿Queréis escucharles?
—Gracias, Neji – le sonrió Sakura – Bien, tenemos que quedar esta noche o mañana temprano. Es importante, ¿podréis escaparos? – una oleada de murmullos se extendió entre el grupo de amigos. Los que más difíciles lo tendrían serían Kiba e Ino, ambos todavía convalecientes.
—No hace falta escaparse, basta con que aviséis que dormís en casa de algún amigo —. Anunció una voz femenina cercana al herido. La mayoría de los presentes miraron sorprendida a la muchacha. Había sonado decidida, sin miedo, sin tartamudeos. Mi padre ha tenido que salir en una misión y mi hermana se acuesta pronto. Así que yo me quedo a cargo de la resistencia principal de la familia. Si queréis, podemos quedarnos a dormir todos allí.
—Hi... Hinata ¿estás segura? – todos miraron sorprendidos al muchacho de ojos grises. Algo tenía que haber pasado y algo muy serio. Hinata hablaba con la seguridad de una kunoichi experimentada que ha regresado de miles de misiones sin un solo rasguño, sin que una sola gota de sangre haya manchado su vestimenta; y Neji, siempre con ese carácter tan altivo, egocéntrico, frío y seguro, tartamudeaba ahora como un niño asustado ante la proposición de su prima – No... no creo que... le haga mucha gracia a Hizashi—sama... jeje...
—El no está y no tiene porque enterarse si nosotros no le decimos nada, Neji—niisan.
—Pero... sabes que siempre acaba enterándose de todo y que nos aliemos y conspiremos para formar una conspiración... no le alegrará.
—Yo tomaré la responsabilidad de todo. Total, para lo que me valoran en casa... Y en cuanto a Hanami, bueno, tú eres su ídolo. Si tu le dices que es de noche, aunque el sol este en su punto más alto, ella se ira a la cama. Hará lo que tu le digas – Neji miro sorprendido a su prima echando en falta sus clásicos tembleques y tartamudeos¿qué demonios le había pasado?
—Eh... Neji... – el moreno la miró muy serio.
—¿A que viene eso de la conspiración?
—Bueno, es lo que vamos a hacer. ¿No?
—Sí, sí, pero... – Sakura parpadeaba sorprendida mirando a la muchacha que con mirada decidida y madura semejaba dispuesta a comerse el mundo.
—¿Entonces? Kiba, Ino. ¿Creéis que podréis venir está noche?
—Eh... pues si es a tu casa, supongo que sí... que no habrá ningún problema, claro... Mi... mi... mi madre te tiene... te tiene en muy buena estima.
—Genial. ¿Y tu, Ino?
—Sí, también – afirmó la rubia con un susurro de voz, mientras se colocaba ausente un mechón de pelo e intercambiaba una mirada de sorpresa con sus compañeros más cercanos, Chouji y Lee, vestidos con una camiseta negra y con pantalones vaqueros.
—Bien. ¿A qué hora quedamos?
—¿Nueve?
—Ocho, mejor, y así os libráis de las preguntas de vuestros padres durante la hora de la cena – la mayoría de la gente afirmó conforme ante la propuesta de Neji.
—¡Ah! Se nos olvidaba deciros. A medianoche, alguien debe ir hasta la puerta de entrada a recoger a un ninja que viene – avisó Naruto.
—¿A medianoche? Eso llamará mucho la atención de las guardias.
—Llamaría menos la atención una pareja que se reencuentra con un viejo amigo – apuntó Shino con voz tenue detrás de sus redondas gafas de sol.
—¿Fingir una cita? No creo que funcione.
—Pues yo creo que si lo hará – apoyó Ino —, siempre y cuando los actores se metan bien el papel.
—Además, tienen que verlos juntos antes, para que piensen que llevan juntos todo el rato.
—¿Y quienes serán los protagonistas?
—TenTen y Neji lo bordarían, creo yo — todos miraron sorprendidos a los dos nombrados, que ligeramente enfadados y sonrojados, miraban avergonzados a Lee y Hinata.
—Hinata, guapa. Me caías mucho mejor antes, cuando no hablabas — por toda respuesta la aludida sonrío inocentemente.
—¿Neji y TenTen? A mi no me dan el pego. Además, ¿no sospecharán algo de que tengan una cita hoy mismo?
—Puede que funcione – saltó Chouji —, al final, ellos nunca han tenido mucha relación cercana con Shikamaru. Son más mayores así que es normal que los dejen hasta más tarde. Además – añadió al cabo de un rato —, hacen buena pareja.
Todos los presentes estallaron en cuchicheos que evitaron que se oyesen las quejas de los dos implicados. Habían pasado veinte minutos desde que se habían reunido por lo que, en calidad de fúnebre comitiva se pusieran en marcha.
—Haber una cosa, la "parejita" – TenTen lanzó un kunai a la cabeza de Lee que llegó a cortar algunos mechones del cabello de este, a pesar que él lo intentará esquivar a la mínima oportunidad —. Recordad que esta noche tenéis una cita, así que poneos guapos. Sobre todo tu, Neji, que ella va siempre guapísima.
—Gracias, Lee, cielo.
—Y si metéis algo de temita por el medio, mejor...
—¡Maldito pulgoso!
Se pusieron en marcha, todos vestidos con sus ropas oscuras, sin una sonrisa en sus labios o brillos en el fondo de sus ojos, con miradas reservadas de frío odio, de cálido respeto, en un hostil silencio hacía el resto del mundo. Llegaron puntuales a la plaza mayor. Kiba miró a su alrededor.
—Ha venido mucha gente.
—Te recuerdo que el consejo tiene por tradición avisar con tres días de antelación el comienzo de las fiestas del pueblo y estas comienzan el lunes – le contestó Chouji.
—¡Hostia! Se me había pasado con todo lo que esta pasando.
—Supongo que el consejo lo planeó así y le dejo creer a Tsunade—sama que era ella la que había cambiado la fecha – alegó Neji como si fuera la cosa más obvia del mundo provocando una disimulada vergüenza en Naruto y Kiba, a los que no se les había ocurrido.
En verdad la plaza estaba a rebosar de gente, algunos con semblantes fríos y serios, otros alegres como niños ante la proximidad de las fiestas patronales. Estaba reunida la mayor parte del pueblo a excepción de los niños y algunos sensei, reunidos en la academia y algunas familias de los que hoy se nombrarían traidores o muertos.
Chouji alzó la vista hacía el escenario desde donde se pronunciaría el discurso y al fondo, después de todas las túnicas divisó una cabellera rubia. La Gondaime debía estar presente, aunque no pronunciara ella el discurso. Era su deber como Hokage. Paseó la vista por la multitud reunida, encontrando en ella muchos rostros conocidos, hasta que, en la otra esquina de la plaza, se sorprendió al encontrarse con el rostro cansado de Nara Shikaku.
Estaba en compañía de Inoshi y de su padre, también ellos con rostros serios y tristes. A la señora Nara no se la veía por ningún sitio. Había supuesto que se quedarían en casa, ambos. Nadie quiere oír como un viejo malíciento llama traidor a tu hijo. Sin embargo, ahí estaba él, al pie del cañón, enfrentándose con la cabeza bien alta a cualquiera que se atreviese a cuchichear sobre su familia.
El señor Nara reparó en que una de las miradas que se posaban sobre su persona era más fija de lo normal, con menos malicencia y más cariño y consideración impresos en ella. Buscó entre la multitud, intentando localizar a aquella persona y rápidamente localizó a un muchacho castaño de dieciséis años, vestido completamente de negro, apoyado en la pared de uno de los edificios colindantes a la plaza, con las manos en los bolsillos, cabizbajo, con la frente tapada por su banda ninja que lo identificaba como ninja de Konoha, una resignada sonrisa en sus labios, con las manos en los bolsillos, en la misma postura en la que tantas veces vio a su hijo. Y en su rostro, una mirada decidida, agresiva, solidaria y cariñosa. Paseó la vista, orgulloso, por la multitud de adolescentes que lo rodeaban, todos vestidos en el mismo tono y con la bandana atada en la frente en señal de respeto.
Regresó su mirada hacia aquel muchacho que lo observaba fijamente, y comprendió al instante que cualidades tenía que lo habían hecho alzarse como el mejor amigo de su hijo. No pudo evitar que en sus labios se dibujara una sonrisa de sincero agradecimiento. Todos aquellos muchachos, el futuro de Konoha, creían en la inocencia de su hijo, de su pequeño. Sonrió todavía más para si mismo. Había visto algo en aquel par de ojos castaños que no mucha gente vería: decisión, valor, coraje para plantar cara al mundo. Ese muchacho pensaba salir en busca de su amigo. Solo o acompañando, pero iba a ir.
—Chouza, Inoshi – los llamó en un quedo susurro. Sus dos compañeros se acercaron —. Vigilad bien a vuestros hijos estos días.
—¿Creen que se escaparán?
—Tengo una corazonada.
—Como en los viejos tiempos... ¿Sabéis qué? Creo que si salen ellos, lo encontraran.
—Cierto... – sonrío levemente Inoshi —. De todos modos... no sé como voy a vigilar a Ino. No me habla.
—¿Y eso?
—Le dije que no podía luchar contra la decisión del consejo y bueno, ya sabéis como es... Se volvió medio loca, empezó a gritar y me lanzó desde zapatos hasta una lámpara... Con lo que me había costado ganársela cuando era pequeña...
—De todos modos, tu hija está herida. No creó que pueda hacer mucho – le reconfortó Shikaku, apartando la vista del joven Akimichi y dirigiéndola hacia sus amigos.
—¿Con lo testaruda que es? Te apuesto lo que quieras a que esa va.
El tumulto guardó silencio, dando lugar al final de las conversaciones. El consejero mayor acababa de acercarse a la barandilla dispuesto a hablar.
—Hoy, primer viernes del inaugurado mes de junio, se celebra la XVII convocatoria del consejo. Les avisamos que se ha producido una fuga en el complejo penitenciario de Konoha, y que dos presos que corresponden a los nombres de Ryakun y Fyakun pueden estar por la zona. En caso e encontrárselos deben proporcionarles comida inmediatamente y avisar a la fuerza policial de Konoha o acudir a algún miembro del equipo militar. Ellos se encargarán de salvaguardar su seguridad y la de su familia. Les rogamos efectúen medidas de seguridad contra los diferentes ninjas que han demostrado su rechazo a la villa mediante alianzas o grupos contrarios a la política del país del fuego – hizo una pausa teatral en la que dirigió una significativa mirada a la Hokage que pasó inadvertida para todos los asistentes excepto para los dos sanins allí presentes. Más de uno sintió como el corazón se le encogía en el momento en el que el consejero mayor guardó silencio —. Muchos de estos ninjas son familiares o conocidos, amigos y compañeros, pero les ruego dejen atrás estos aspectos y cumplan con su deber de ciudadanos. Estos ninjas han sido condenados al exilio y si se atreven a adelantarse en las fronteras serán detenidos y condenados a la pena de muerte por decapitación como corresponde a su grado de traidores. Si desean comprobar la lista completa deben acudir a la jefatura de policía. Los últimos nombres añadidos a la lista son: Namada Taichi, Nara Shikamaru, Okashio Yanami y Yamahita Takeru. Les ruego, una vez más, que si los ven o reciben noticias de ellos, avisen a las autoridades pertinentes. El segundo punto a tratar es el comienzo de las fiestas patronales. Les recuerdo que el plazo para inscribir sus puestos, comparsas o actuaciones finalizará mañana y que las obras para la construcción de los puestos comenzarán al día siguiente...
El consejero siguió hablando durante un rato en el cual, su publico disminuyo notablemente. Mucha gente solo asistía a la reunión por el morbo y la curiosidad que le producían saber los nombres de los nuevos traidores. Seguramente, esa misma tarde, se produciría una oleada de histeria colectiva en la que la mitad de los pueblerinos asegurarían ante la policía haber visto a alguno de aquellos criminales destrozando las flores de su jardín. Otra sola iba porque no tenía nada mejor que hacer, y la minoría de los que abandonaban la plaza, solo asistían porque todavía no se creían la noticia de que alguno de sus seres queridos se había vuelto su enemigo.
Cada uno de los chicos se marchó en una dirección diferente, quedando todos en la residencia Hyuuga a las ocho de la noche. Hinata y Shino acompañaban a Kiba hasta su casa, cargando ella a un perro igual de activo que su dueño. Sakura, por su parte, se dirigía a casa de los Yamanaka para ayudar a hacer la mochila a su amiga. El equipo de Gai se fue al completó en la misma dirección, visiblemente sumido en un silencio incomodó roto, de vez en cuando, por la risa ahogada de Lee.
—Lee, por dios ¡ríete de una vez! – estalló Neji, rompiendo su tradicional estado de apacible serenidad – Pero como vuelva a oír ese sonido una vez más, ¡te mataré!
—Tranquilo hombre... si yo ya me voy. Yo me quedo aquí – se río Lee parándose frente a la puerta de la panadería de sus padres.
—¡Hasta la noche, Lee! – se despidió TenTen con la mano mientras ella y el Hyuuga continuaban su camino.
Anduvieron por diferentes calles en completo silencio, sin apenas mirarse. Ninguno se atrevía a pronunciar palabra y romper aquella estresante monotonía que se había instalado entre ellos dos. Intentando distraerse, en la mente de Neji una idea iba tomando forma: "diferentes maneras de matar a Hinata", estaba seguro de que ella era la responsable de todo. Si se hubiera mantenido callada... no estaría en esa situación tan embarazosa. Claro que, su subconsciente, se encargaría de agradecérselo en un futuro no demasiado lejano.
—Por aquella calle se acerca Gai—sensei – advirtió Neji mientras se acercaban a un cruce de caminos.
—Entonces deberíamos planear algo, ya sabes, para disimular y eso... ¿no crees?
—Sí... – contestó el muchacho evasivo —. ¿Sabes a qué hora se produce el cambio de guardia?
—A las nueve, creo. Si fingimos una cita, lo lógico sería que te pasará a recoger a tu casa
—Uy no. No sé si vendrá mi abuela, lleva amenazando un mes con venir un día de estos y si coincide con hoy acabaremos cenando en mi casa con toda mi familia y no podremos recoger al ninja, que por cierto, sabes quién es? Creó que deberíamos quedar en la puerta – el muchacho la miró interrogativo —. Está cerca de mi casa y si preguntan pues le podemos decir que como desde allí se puede como desde allí se puede ir a casi cualquier sitio de Konoha...
—De acuerdo. Entonces quedamos allí entonces – la muchacha lo miró de reojo un momento, dudando en preguntarle —. A las nueve y media en la puerta – aclaró el ojiblanco al mismo tiempo en que llegaban a la plazoleta donde se encontraron con su sensei.
—¡Oh! ¡Hola chicos! ¡Veo que disfrutáis de la primavera de vuestra juventud!
—Buenos días, Gai—sensei — saludó con una sonrisa y un extraño brillo en los ojos. Neji se limito a hacer una ligera reverencia con la cabeza.
—¿Y vosotros por aquí¿Los dos solos?
—Ya nos retiramos a nuestras casa. Pronto será hora de comer y nos esperan en nuestras casas. Acabamos de dejar a Lee en su casa.
—¡Porras! – TenTen se dio un golpe en la frente —. Se me olvidó coger el pan.
—TenTen... hay que estar a lo que estás si no se te pasará pronto la juventud y te volverás vieja y fea, y te verás sola porque nadie soportará tus continuos despistes... – un aura oscura y peligrosa envolvió paulatinamente el cuerpo de la castaña, mientras instintivamente sacaba un kunai de algún sitio indescifrable de su traje. Gai se apresuró a cambiar de tema ocultándose tras su alumno —. Bueno, ¿y qué? ¿Entrenamos hoy?
—Hoy esto... nos es imposible, Gai—sensei, perdón... Lee dijo que iba a ayudar hoy en la panadería y nosotros... eh... esto...
Tenemos planes que nos sería un poco difícil aplazar.
—Ahm... ¿Y que vais a hacer?
—Tenemos una cita – "Fin de la discusión" Fue el pensamiento que cruzó por la mente de los tres en el momento en el que el ojiblanco confesó. TenTen, ante la palabra "cita" enrojeció y bajo la vista.
—Sí... eso... – apoyó en susurros, totalmente cohibida.
—¡Ahm! ¡Eso es maravilloso, chicos! – alabó Gai con su entusiasmo habitual —. ¡Fantástico! En ese caso, ¡Disfrutad muchachos! ¡Tenéis solo 17 años, sois jóvenes! ¡Disfrutad! ¡Divertíos y usad condón!
Ahora fue el turno de Neji para sonrojarse. En ningún momento se le había ocurrido llegar hasta tan lejos con la chica que se sonrojaba a su lado mirando con los ojos fuera de sus orbitas a su maestro, y menos en semejante farsa. Suponía que debería abrazarla, agarrarle la mano y todas esas cursilerías que hacen los novios, para que fuera creíble, pero no llegar a tanto... Todo estaba en la cabeza del degenerado de su maestro. Era culpa suya, que se emocionaba. Sí, era eso. Anonadado, vio como se alejaba celebrando a voz en grito, él solo, que hoy dos de sus estudiantes tenían una cita.
—Neji... ¿estás bien? – preguntó preocupada la muchacha viendo la cara descompuesta y colorada de su amigo.
—¿Eh? Sí... ¿De verdad tiene que ir haciendo eso? – preguntó al cabo de un rato viendo como su sensei desaparecía entre los corrillos de gente que atestaba la calle del mercado.
—Pues a mí me parece genial.
—¿Qué...?
—Dentro de unas horas toda la villa sabrá que tenemos una cita. Eso nos viene de perlas...
—Sí, supongo... – susurró para si mientras se ponían en camino hacía sus casas. Cuando llegó a la residencia familiar una Hinata vestida con un yukata viejo, le esperaba con una enorme sonrisa de satisfacción.
