- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. WritersCompulsive .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Edward ya llevaba tres meses viviendo en el hogar de niños de la familia Platt y, la verdad, es que se había acostumbrado bastante bien a su nuevo estilo de vida.
Sus problemas para dormir habían ido disminuyendo, ya no hacia rabietas y su forma de hablar había mejorado considerablemente con las terapias que le hacía practicar Ángela después de clases. Básicamente se podía decir que iba "madurando" poco a poco.
También habían logrado llevarlo a ver a su madre y ese fue un momento muy emotivo. En cuanto se vieron se abrazaron con fuerza y lloraron abrazados el uno con el otro. Luego se separaron y Edward se mantuvo sentado en las piernas de Bree durante toda la visita mientras que Diego los miraba con adoración y Esme con Carmen, que miraban desde fuera de la sala, no podían dejar de emocionarse. Era una hermosa escena.
Hoy, justo el día de hoy, las dos hermanas Platt habían ido a visitar a Bree a la cárcel con los resultados de las pruebas genéticas. Estas las tenían desde hace unos días, pero no los querían ver sin Bree presente.
— ¿Cómo crees que reaccionará?—preguntó Esme, removiendo sus manos la una sobre la otra. Estaba nerviosa.
— Creo que será mejor que la primera vez que vinimos a verla. Después de todo ya nos conoce un poco más y sabe que no somos malas y que no le mentimos... Solo espero que el examen nos apoye.
La mayor asintió completamente de acuerdo y esperando que lo que decía su hermana fuera verdad.
Hasta el momento no les habían dicho nada a sus padres hasta no ver los resultados de las pruebas que se habían hecho con el pequeño y con la chica para no crearles falsas ilusiones, pero sabían que esta vez no se equivocaban.
Llegaron al lugar y se estacionaron en el primer lugar que encontraron disponible, para luego entrar con el sobre en sus manos.
Le informaron al oficial a que venía y a quien querían ver, haciendo que este mandara a buscarla para luego acompañarlas hasta la sala de visitas.
Pronto la vieron apareciendo en el cuarto, con ese horrible overol naranja y con unas esposas en sus muñecas. A pesar de eso seguía siendo guapa.
La chica se sentó en su puesto y cogió el teléfono a la vez que sus posibles hermanas hacían lo mismo.
— Hola, Bree— la saludó Esme y Carmen imitó su gesto.
— Hola... Hace tiempo no venían— comentó con pesar. Aunque no las conociera, siempre era agradable recibir visitas y no estar encerrada en esa celda tan horrenda.
— Hemos tenido muchas cosas que hacer, lo siento— se disculpó la mayor— Traíamos... Los resultados
— ¿Y qué dicen?
—No los hemos visto— contestó Carmen— queríamos hacerlo contigo presente
Le entregaron el sobre a un oficial y este se lo pasó a su compañero para que luego llegara a la manos de la chica. Esta lo recibió y, con manos temblorosas, lo abrió y vio el documento que había en el interior del pulcro sobre.
Compatibilidad genética entre la señora Esme Cullen y la señora Bree Masen: 99%. Compatibilidad genética entre la señora Esme Cullen y el señor Edward Masen:70%.
Estaba más que claro, ella era hermana de esas mujeres que estaban frente a ella y nada podía negárselo. La prueba de ADN no mentía.
Toda su vida, todo su mundo era solo una gran mentira. Había vivido en una falacia durante casi 25 años y eso... Eso le dolía en lo más profundo de su alma.
No se dio cuenta que estaba llorando hasta cuando vio que el papel comenzaba a mojarse y la tinta del logo del laboratorio del hospital comenzaba a escurrirse.
—¿Qué sucede?— preguntó Carmen
— Sucede que lo que decían era verdad... Soy adoptada y nunca lo supe... Esto es horrible
— Bree... Lo siento— se disculpó la mayor. Podía o creía entender lo que la chica sentía en esos momentos, pero nadie podía tener siquiera una noción de lo que le ocurría, de lo que pasaba por su mente— Lamento que te enteraras de esto y en estas circunstancias
—No se preocupe, no es su culpa— dijo limpiándose una rebelde lágrima que había escapado de sus ojos— Ya comenzaba a hacerme a la idea, pero nunca es fácil del todo... ¿Cómo le diré a mi pequeño que tiene más familia que solo yo? Él ha estado siempre solo conmigo
— Edward es un pequeño inteligente, el entenderá a la perfección— trató de consolarla Carmen
La chica seguía con sus ojos aguados y rojos, pero ya no sabía que pensar o decir. Solo se limitaba a escuchar lo que sus nuevas hermanas tenían para decirle.
Carmen y Esme le decían que no debía preocuparse por nada, que ellas y sus padres se harían cargo de hacer todo lo posible para sacarla de ese lugar y cuidar de su pequeño nuevo sobrino.
Después de unos minutos en los que ellas se comprometieron a tratar de hacer lo posible por ser tutoras legales de Edward hasta que ella saliera del lugar, se despidieron y salieron del lugar para ir a una nueva dirección un poco alejada del recinto penitenciario.
Tenían un cúmulo de sentimientos encontrados en su interior. Se sentían alegres por haber encontrado de una vez por todas a su hermana, pero además se sentían apenadas porque a pesar de haberla encontrado ella estaba encerrada y enfrenta un cargo tan grave como el de homicidio.
Después de casi media hora de viaje llegaron a una zona residencial muy lujosa y tranquila. No se veían perros ni personas vagas, las casas eran tan enormes como una mansión y ni siquiera podía entrar cualquiera. Para poder pasar había que primero registrarse con un guardia de seguridad en la entrada del lugar.
Desde que había ocurrido lo del secuestro de su pequeña hija que los padres de Esme y Carmen lo se había sentidos seguros en su propia casa y habían contratado a un guardia para que resguardara la entrada. Este les informaba quien llegaba y no dejaba pasar a nadie sin antes preguntarles a sus jefes. Pero obviamente las hermanas tenían libre acceso al lugar.
El guardia las saludó y les abrió la puerta para que entraran. Ellas le sonrieron y se dirigieron hacia la entrada del lugar.
Se estacionaron frente a la puerta de entrada y pronto tuvieron al mayordomo abriéndoles la puerta y saludándolas. Les comentó que los señores estaban en la sala y luego las acompañó hasta ese lugar.
— Hijas mías, que sorpresa verlas por estos lugares— se alegró su madre, dejando de lado el control de la televisión y levantándose para abrazarlas.
— Si, es que teníamos unos minutitos libres antes de ir a buscar a los chicos a sus clases y pensamos en venirlos a ver— le dijo Esme saludando a su padre y luego dejando que su hermana hiciera lo mismo
— Pero podrían haberlos traído. Hace mucho no los vemos— comentó su padre
— Es que habían estado un poco enfermos y luego tuvieron que ponerse al día en el colegio— comentó Carmen— Tú sabes como son Emmett y Jacob, si cae uno cae el otro.
Su padre solo asintió, sacándose sus gafas de lectura y dejándolos a un lado, en una mesa donde se encontraba una pequeña lámpara.
— Pero no solo vinimos a verlos— comenzó Carmen, captando la atención de los dos. Miró a Esme y esta le asintió— Vinimos a darles una noticia.
— ¿Noticia?— cuestionó su madre, sentándose al lado de su esposo. Maximilian estaba tan confundido como su esposa y no entendía nada de lo que sus hijas pensaban hacer ¿Cuál era esa noticia que tenían para darles?— ¿Qué noticia?
— Hace unos meses llegó un pequeño al hogar con una historia un poco... Complicada. Su madre había sido detenida por un homicidio por defensa personal y su padre no se sabía dónde estaba— comenzó la menor
— ¿Y cuál es la novedad? Eso siempre pasa en el hogar— inquirió su padre. Sabía ya por donde iban sus hijas y no quería que su esposa saliera herida nuevamente por un error de sus hijas, eso ya había pasado antes y no quería que se repitiera.
— Pero esta vez fue distinto... Nos bastó solo ver al pequeño para sentir que se parecía demasiado a alguien y esa personas eras tú, papá— le dijo Esme— Edward es igual a ti en todo. Pero lo que me hizo pensar aún más que podía ser familiar nuestro es su mancha de nacimiento... Tiene la misma de todos los Platt
— Pero eso solo puede ser coincidencia— inquirió, aun incrédulo. Por otro lado su esposa parecía completamente ilusionada.
— Al principio pensamos igual, pero en cuanto vimos a la chica supimos que esta vez no nos equivocábamos. Bree es completamente una Platt. Nariz perfilada, ojos verdes aún más intensos que los nuestros, ese cabello castaño color chocolate igual al de mi madre y una mirada profunda... Era una Platt— continuó la mayor
— Y Edward... Ni hablarlo... Es igual a ti, padre
— Eso no dice nada— insistió Maximilian, aún reacio
—Pero un ADN sí— siguió Esme, entregándole el sobre que Bree les había regresado hace un momento
El hombre tomó el sobre que su hija mayor le tendía y lo abrió con ansias por lo que podía encontrar. Las otras veces que sus hijas habían creído encontrar a su hermana nunca habían llegado hasta la prueba de ADN, por lo que ahora de verdad no sabía que pensar.
Tanto el cómo su esposa miraron el papel y luego se miraron el uno al otro... Esto no podía ser verdad. Por fin, después de tantos años, habían encontrado a su hija perdida.
Dana, la madre de las chicas, se llevó ambas manos a su boca sin creer lo que veía y luego abrazó a su esposo con emoción. Él le devolvió el gesto con los ojos tan anegados en lágrimas como los de ella.
Las dos hermanas estaban igualmente emocionadas y tenían lágrimas que se acumulaban más y más en sus ojos. Tenían un nudo en sus gargantas al escuchar el ahogado llanto de su madre.
Ahora todo debía comenzar a cambiar y ya no tendrían que guardarse el secreto nunca más. Ahora solo quedaba decírselo a Edward y los pequeños.
Mientras tanto, en el hogar, se encontraban los pequeños jugando en el jardín después de las primeras clases d ese día. Estaban en su momento de receso.
Edward y Rosalie jugaban en un "sube y baja" que había en el lugar. Era bueno que la nieve se hubiese derretido hace unos días y que ya no quedara nada más que un tibio sol.
La maestra los miraba a todos los pequeños desde su puesto para que nada malo fuera a ocurrir y Jessica jugaba con algunos a la ronda.
— Ángela...— llamaron a la chica sede la puerta de entrada y ella no tardó en voltearse
— ¿Qué sucede, Garrett?— le preguntó
— Llegaron unos señores mayores y buscan a las directoras, pero ellas no están—le informó— Dicen que son los abuelos de Rosalie y Jasper.
— Voy yo. Jessica, cuida a los pequeños que yo ya vengo— se levantó de su asiento y siguió al otro chico hasta la oficina de Esme y Carmen donde dos adultos mayores los esperaban.
Se veían imponentes, de una gran estampa, pero a la vez te daban una tranquilidad y reflejaban una armonía extraña en personas de esa edad. Ella era una mujer espectacular que no debía pasar de los 50 años y él se veía un poco mayor, pero no mucho más que ella.
Se presentaron ante la chica y comenzaron a conversar de todo lo relacionado con sus nietos, añorando verlos después de tanto tiempo. Había sido fuerte enterarse por su mayordomo de la noticia de la muerte de su único hijo, su nuera y su pequeño nieto, por lo que ahora solo querían estar con los que aún estaban en este mundo.
Los niños jugaban en el jardín ajenos a todo lo que estaba ocurriendo en el lugar y se divertían demasiado. Jasper, quien había aprendido a caminar hace poco, los seguía entre risas y con pasos completamente rudimentarios.
Nada les podía interrumpir n sus juegos infantiles y ajenos a todo lo que podía estar ocurriendo a su alrededor.
En ese mismo momento estaban llegando tres lujosos autos al lugar. El primero era de Esme, quien venía con su hermana, luego los padres de las dos y por ultimo Carlisle que venía a buscar a su esposa para llevarla a comer a algún restaurante y hablar de los resultados de los exámenes y lo que harían a partir de ahora.
Los cinco se bajaron luego de estacionarse y el rubio se fue directamente a saludar a sus suegros. Desde que vio aparecer el auto del señor Platt que supo que los resultados habían mostrado lo que ya todos más o menos presumían, así que ahora solo quedaba decírselo al pequeño y esperar a que este se lo tomara bien.
Los dos ancianos lo recibieron con gusto y se alegraron de verlo. Les contaron la alegría que sentían y Carlisle, como ya lo había hecho su esposa y cuñada antes, les confirmó el parecido que tenía el pequeño con Maximilian.
Después de hablar por unos minutos más y tratar de calmar a los padres de las chicas, se adentraron en el lugar para ir directamente a buscar a Edward. Pero nadie se esperó escuchar un grito desgarrador proveniente desde el patio trasero del recinto, donde se suponía que debían estar los pequeños del curso de su nieto y sobrino.
Se echaron a correr hasta este lugar y pronto divisaron a Ángela y Garrett tratando de calmar a Edward, quien no dejaba de retorcerse en los brazos del chico. Otras dos personas estaban en el lugar y tenían en sus brazos a Rosalie y a Jasper, quienes parecían muy cómodos con ellos.
Jasper tenía apoyada su cabeza en el hombro de la mujer mientras ella le acariciaba la espalda y trataba de calmar su llanto y Rosalie trataba de bajarse de los brazos del hombre alto que la tenía abrazada.
— ¡No quero que se los lleven! ¡No a Dose! — lloraba el pequeño desesperadamente
Esme y Carmen se adelantaron a entrar, preocupadas por lo que presenciaban sus ojos. No entendían lo que estaba ocurriendo.
— ¿Qué sucede? — preguntó Carmen mientras Esme se acercaba al pequeño Edward que no dejaba de llorar y patalear en los brazos de Garrett.
— Los señores... — comenzó Ángela señalando a los presentes— Son los abuelos de Rosalie y Jasper. Señores… — llamó la atención de ambos— Carmen Denali y Esme Cullen. Ellas son las directoras del lugar.
— Hola es un placer— dijo el señor acercándose a Carmen que se encontraba de pie, a la vez que le tendía la mano— Nos acabamos de enterar de lo sucedido con nuestro hijo, cuñada y nieto pequeño y venimos porque queremos hacernos cargo de nuestros demás nietos... — informó el hombre.
— Ehm, claro— dijo aun contrariada por lo que ocurría.
Se volteó a su hermana y vio a su pequeño sobrino llorando a más no poder. Sufriría, pero todos sabían que este momento llegaría en cualquier minuto y Edward lloraría de todas maneras.
Esme estaba tratando de calmar a su sobrino, pero no estaba consiguiendo demasiado y eso también estaba colocando nervioso a Rosalie y Jasper que en esos momentos ya eran los únicos niños que quedaban en el jardín. Los demás ya habían sido llevados al salón por Jessica.
Carlisle, al ver que su esposa no estaba consiguiendo demasiado y que tenía que irse con los abuelos de los hermanos Hale, se acercó a intentar hacer algo para ayudarle en su pesada labor.
Se posicionó al frente de Garrett y lo cogió en sus brazos. Muchas veces había tenido que lidiar con las rabietas de Alice y Emmett, por lo que una rabieta más no sería un reto muy grande.
Le indicó a su esposa que fuera con los señores y que él se haría cargo y esta, no convencida del todo, se retiró con los dos ancianos hacia su despacho, acompañada por su hermana y por los nietos de estos.
Al pasar por el lado de sus padres les pidió perdón por la situación y ellos solo se encogieron de hombros, restándole importancia. Sabían de sobremanera que sus hijas hacían todo para que esos niños vivieran bien en el hogar y que estas cosas solían presentarse cuando algún pequeño se iba.
Otra cosa que también los mantenía impresionados era el enorme parecido de su nuevo nieto con Maximilian. Tenían que admitir que todo lo que les habían dicho era poco en comparación a la realidad. Edward era más que parecido a su abuelo, era idéntico.
Veían como Carlisle trataba de calmarlo diciéndole palabras tranquilizadoras y pidiéndole al chico que estaba a su lado que fuera por un vaso de agua con azúcar para el pequeño. El muchacho asintió y pasó por el lado de ellos, dirigiéndose a buscar lo que le habían pedido.
Se acercaron con paso lento a los dos para ver si podían ayudar en algo. Hace mucho que no criaban pequeños, pero sus nietos les habían hecho entrar en el ritmo nuevamente y creían que las cosas no habían cambiado tanto como para no saber qué hacer con un niño enrabiado.
— Hey, pequeño— intentó captar su atención su abuela y fue ahí cuando vio esos profundos ojos verdes esmeralda. Eran demasiado hermosos, incluso más verdes que los de su esposo, pero estaban aguados por las lágrimas y lo que debería ser blanco estaba empezando a tomar un color rojizo— Hey, no llores. No hay porqué llorar.
— Dose se va, me defará solo— sollozó en los brazos de su tío.
— Hey, pero los hombres no lloramos y mucho menos por una chica— trató de alegrarlo su abuelo, pero no sirvió
— ¡No soy un hombe, soy un niño! — gritó, molesto ¿Quién era el para decirle que no debía llorar? Su mami siempre le había dicho que si tenía pena o rabia tenía que soltarlo aunque fuera llorando. Que los valientes lloraban cuando perdían algo que querían.
— Tranquilo, pequeño— le repetí Carlisle una y otra vez en su oído— Lo siento, está un poco sensible— trató de disculparlo el rubio
— No hay problema, yo me equivoqué— le sonrió su suegro— Lo siento, pequeño. No debí decir eso
Edward poca atención le prestaba al anciano y a la señora que estaba a su lado. El simplemente seguía tratando de escapar de los brazos del doctor.
Sin ninguna arma más que sus pequeños dientes se abrió paso hacia el escape. Clavó su pequeña dentadura en la mano del rubio y este lo soltó de inmediato a causa del dolor, dándole la oportunidad de escapar de sus brazos e irse a su lugar secreto.
Carlisle lo llamaba y tanto el anciano como su esposa trataron de detenerlo, pero él fue mucho más rápido y logró huir.
La suegra del rubio se acercó a su yerno para preguntarle cómo estaba y gracias al cielo no le había ocurrido nada grave, solo tenía las marcas en su mano.
Decidieron que lo mejor era dejarlo en paz para que pensara y pasara su pena, pero luego tendrían que hablar con él para hacerle entender lo que pasaría con él y sus amigos. Además aún tenían que explicarle lo de sus nuevos abuelos y familia en general.
Mientras tanto Esme y Carmen conversaban con los abuelos de los pequeños para aclararles la situación de sus nietos y mostrarles los papeles que debían firmar para que todo quedara en regla y no hubiese problemas más adelante.
Se notaba que Rosalie había extrañado a sus abuelos. Desde que habían entrado en la habitación que no se había separado de ellos y los abraza a con cariño.
Jasper era otro que también demostraba la falta que alguien conocido le había hecho falta a pesar de su corta edad. Ahora dormía tranquilamente en los brazos de su abuela y parecía que nada podía interrumpir su sueño.
Casi una hora y media estuvieron conversando en el despacho acerca de diversos temas, pero al fin habían terminado y los dos pequeños eran libres para irse con sus abuelos a su casa. Ahora podían volver a su mundo.
Los dos abuelos acompañaron a sus nietos a buscar sus cosas. Las de Jasper ya estaban preparadas en una pequeña mochila y a Rosalie aún le quedaban algunas fuera que Ángela no había alcanzado a guardar.
Cuando tuvieron todo listo se dispusieron a irse del lugar, pero la pequeña Rosalie salió corriendo por los pasillos en búsqueda de su amiguito para despedirse.
— Hey, pequeña ¿A dónde vas?— le preguntó Garrett, deteniendo su camino
— Voy a buscar a Eddie— le sonrió— ¿Tu sabes dónde está?
— Creo que lo escuché cerca de la escalera de la biblioteca— le contestó y ella salió corriendo hacia ese lugar gritando el nombre de su amigo
Era lo más seguro que estuviera en ese lugar. En ese lugar se resguardaban en las noches de tormenta, en ese lugar se habían escondido el día que habían ido a colocarles las vacunas de los cuatro años y en ese lugar se habían jurado ser los mejores amigos por siempre y nunca separarse.
— ¿Eddie?— lo llamó, pero no obtuvo respuesta. Solo escuchó el llanto de su amigo bajo las escaleras— ¡Aquí estas! ¡Te encontré!
— ¡Vete! ¡No quero verte!—le gritó con enojo, volteándose para no verla y quedar de espaldas a ella
— Pero Eddie, quiero despedirme— trató de convencerlo a que la viera
— ¡No quero vedte! ¡Vete con tus abelos! ¡Défame solo!— volvió a gritarle
— Eddie, por favor… Tu sabes que te quiero y que siempre podrás ir a verme cuando quieras junto a tu tito Diego
— ¡No! — se levantó de donde estaba y salió corriendo, empujando a su amiga a la pasada.
Rosalie casi cae, pero logró mantenerse de pie. Sintió como sus ojitos comenzaban a picarle y no aguantó más. Salió corriendo como su amigo, pero ahora en dirección al auto de sus abuelos, tropezando de vez en cuando por las lágrimas que no le dejaban ver por dónde iba ni con que chocaba.
Cuando llegó a donde sus abuelos, este lo recibió de inmediato en sus brazos y la acunó con cariño. Ella solo le decía que quería irse pronto, así que se despidieron y salieron del lugar para irse a su casa.
Los demás fueron a buscar a Edward y lo encontraron en su habitación. Aun sollozaba, pero empezaba a quedarse dormido. Esme lo cubrió con una manta que había a los pies de la cama y luego salió de la habitación para dejarlo descansar.
La tarde pasó sin sobresaltos. Edward estuvo dormido la mayor parte de la tarde y cuando despertaba solo lo hacía para ir al baño o comer un poco. Habían intentado que bebiera agua por todo lo que había llorado, pero no quería nada.
Cuando pidió hablar con su tío Diego no dudaron en permitírselo. Le rogó para que fuera a verlo y le contó la terrible situación que estaba viviendo— según sus propias palabras— pero Diego estaba muy ocupado en unas reuniones y organizando los últimos fines de semana de la temporada de ski de ese año.
Después de esa llamada Edward se volvió a ensimismar y fue a su habitación sin querer saber nada de nadie.
— Lamento que lo vieran así— se disculpó Esme con sus padres, sentándose en un sofá de la sala de su casa. Después de haber intentado hablar con Edward por unas cuantas horas para contarle quienes eran ellos, desistieron y se fueron a la casa de esta para cenar— Por lo general es un niño alegre y que no causa problemas, pero lo de hoy fue una situación muy fuerte para él.
— Claro, es entendible. Se nota que tiene un gran cariño por esa niña y no ha de ser fácil para él. Además ha sufrido tantas pérdidas que es lógico que se sienta así y que reaccione de esa forma— comentó la madre de Esme, siempre con su comentario más psicológico infantil. Ella había estudiado lo mismo que su hija y tenían la misma especialidad.
Se escuchó como la puerta de la casa se abría y por esta entraron corriendo dos pequeños torbellinos, bueno uno corría más que el otro. Eran los pequeños de la casa.
— ¿No van a saludar? — inquirió Esme, haciendo que sus pequeños se detuvieran
— Hola mami— la saludó su hijo con un beso en la mejilla— ¡Abuelitos!
— Hola pequeño— saludaron al unísono y este corrió a lanzarse a las piernas de su abuelo
— ¡Litos! — gritó la pequeña Alice, como hace un rato lo había hecho su hermano
Se quedaron conversando por un buen rato, prepararon la cena y comieron alegremente ajenos a todo. Luego bañaron a los pequeños y los acostaron, deseando que en algún momento hubiese otro niño a quien cuidar y educar.
Luego se sentaron en la sala a conversar por un rato más antes de que los señores Platt decidieran que era momento de irse. Después de todo su hija tenía que descansar y al día siguiente tendrían que empezar con la tramitación para la custodia de Edward y para la defensa de su hija ante el juzgado. Ellos no permitirían que su pequeña, ahora que la habían encontrado, se volviera a separar de su lado.
Cuando Carlisle y Esme despedían a los señores Platt, el teléfono de la casa comenzó a sonar con insistencia. El rubio entró a contestar antes de que cortaran o sus hijos despertarán.
Era Ángela quien llamaba, preocupada y muy alterada. A medida que le contaba a Carlisle lo que pasaba este también se iba preocupando.
Esme, al entrar, vio a su esposo tan pálido cono un papel y parecía que se desmayaría en cualquier minuto. Se acercó preocupada y le preguntaba que ocurría.
Carlisle cortó el teléfono y se quedó mirándolo por unos segundos antes de reaccionar.
— Edward desapareció— Esme sintió que sus piernas le fallaban y tuvo que sentarse para no caer directamente al suelo.
Su sobrino había desaparecido.
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Hola mis queridas lectoras ¿Cómo pasaron la noche de año nuevo? Espero que bien y que este año 2015 venga lleno de nuevas energías, alegrías, salud y éxito para todas y todos. De corazón les deseo lo mejor a cada uno de ustedes.
Ahora, regresando a la historia ¿Qué les ha parecido este capítulo? ¿Se esperaban lo de Bree? ¿Y la reacción de Edward? ¿Qué creen que pasará para el próximo capítulo? ¿Estará bien nuestro Eddie? Hagan sus apuestas.
Como todas las semanas me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:
Green day forever: hola y bienvenida a la historia. Espero seguir viéndote por aquí y que la historia te agrade.
Candy1028: Si, Diego quedó en la friendzone jajaja. Pero es un amor y de verdad se preocupa por los dos, así que es fácil enamorarse de él y quien sabe, en una de esas en el futuro le resulta. A mí también me da cosita escribir esas partes, me cuesta. Nos leemos.
Yolo: Si, más drama ¿Qué sería de mis historias sin el drama? Espero te hayan quedado uñas para comer esta semana jajajaja. Si, Diego es importante en la historia y cada vez va a ir apareciendo más. Nos leemos.
Marlene28: Hola y bienvenida a esta historia. Espero que te siga gustando y verte por estos lados.
Bueno, cin nada más que decir, nos leemos la próxima semana. Antes tengo que decirles que a esta primera parte solo le quedan dos capítulos ¿Qué creen que pasará? Espero sus apuestas.
Saludos.
Babi_Cullen
