DISCLAIMER: Todos los personajes y/o lugares conocidos del mundo de HARRY POTTER le pertenecen a la maravillosa escritora J.K. ROWLING. Sólo la trama es mía. CONTIENE SPOILERS.
Disculpen la tardanza, pero estoy obligando a mis musas a seguir con esta historia.
Disculpen los errores y espero que les guste.
¡SOLO UNA VEZ!
CAPITULO 10: El Alquimista
Dumbledore había convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacaciones de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl. Harry deseaba poder olvidar lo que había visto en el espejo, pero no había podido. En él mostraba su más gran anhelo.
Comenzó a tener unas horribles pesadillas. Una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía, una y otra vez. Aun cuando despertaba de la terrible pesadilla podía escuchar la maquiavélica risa una y otra vez.
— ¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo te puede volver loco —dijo Ron, cuando Harry les contó a sus amigos sus sueños.
—Estoy de acuerdo con Ron – secundo Theo.
Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, consideró las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la idea de que Harry, Blaise, Theo y Ron estuvieran vagando por el colegio y desilusionada porque finalmente no hubieran descubierto quién era Nicolás Flamel.
Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir quién era Nicholas Flamel en uno de los libros de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algún parte, pero no recordaba en dónde. Cuando empezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos entre clase y clase.
En aquel momento Neville cayó en la sala común de Gryffindor. Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato de la Dama Gorda, porque sus piernas estaban pegadas juntas, reconociendo de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas.
Todos empezaron a reírse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el contra maleficio. Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie, temblando. Neville le sonrió en modo de agradecimiento.
— ¿Qué te ha pasado? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.
—Malfoy —respondió Neville temblando—. Me lo encontré afuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando un pendejo para practicarlo.
— ¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! —lo instó Hermione—. ¡Acúsalo!
Neville negó con la cabeza. —No quiero tener más problemas —murmuró.
— ¡Tienes que hacerle frente, Neville! —dijo Ron—. Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles. Si Malfoy quiere jodernos hay que joderlo a él también.
—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Malfoy y sus amigos —dijo Neville, atragantándose y avergonzado.
A Harry le dio mucha pena, Neville y también le molesto las estupideces de Malfoy. Buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad y se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.
—Tú vales más que por doce Malfoy's —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa Slytherin.
Neville lo miró entre sorprendido y agradecido. Esas palabras viniendo de Harry valían mucho para él. No pudo evitar que una débil sonrisa se le escapara, mientras desenvolvía el chocolate.
—Esa es tu casa también —murmuró Neville.
— ¿Y? Yo quise venir aquí, como mis padres, pero ese jodido sombrero me envió allí, así que no me queda de otra. Tu solo tienes que joderle las pelotas a Malfoy y verás que te deja en paz.
Neville sonrió.
—Gracias, Harry… Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los coleccionas, ¿no?
Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.
—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...
Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista hacia Ron y Hermione.
— ¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Nicholas Flamel! Les dije que había leído ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchen lo que dice: «El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!».
Hermione dio un salto excitada. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.
— ¡Esperad aquí! —dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas.
Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.
— ¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer.
— ¿Ligero? —dijo Ron mirando incrédulo a Harry, pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando para sí misma.
Al fin encontró lo que buscaba.
— ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
— ¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor.
Hermione hizo caso omiso de él.
—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal.
Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.
— ¿La qué? —preguntaron Harry y Ron al unísono.
— ¡Oh, no lo entiendo! ¿No saben leer? Miren y lean aquí. Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:
El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).
— ¿Ya entienden lo que les digo? —preguntó Hermione, cuando Harry y Ron terminaron de leer—. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Nicholas Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardara, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!
— ¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.
—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Nicholas Flamel en ese Estudio del reciente desarrollo de la hechicería —dijo Ron—. Él no es exactamente reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?
Harry y Hermione asintieron unísono. Luego de conversar sobre Flamel, la piedra y de porque Snape la quería, Harry se fue a su casa. Cuando llegó a su habitación les contó a Blaise y a Theo el nuevo descubrimiento.
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una. Blaise y Theo se habían unido a la discusión, pero inmediatamente Ron cambio de tema por el partido de Quidditch a celebrarse en los próximos días.
Todos decidieron ir al partido. Querían vigilar a Snape para que no intentara robar la piedra, además de que Harry pensaba que el profesor intentaría algo en su contra en cualquier momento. Theo decía que eran imaginaciones suyas, pero Hermione, Ron y Blaise concordaban con el pelinegro.
Encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido, pero Hermione y Ron se preocupan por la seguridad de Harry. Aunque Harry no sabía era que ellos habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas. Se les había ocurrido la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba alguna señal de querer hacer daño a Harry.
— ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido! —dijo Blaise asombrado.
El corazón de Harry dio un brinco. Le hacía sentir más seguro que Dumbledore estuviera en el partido. Él no creía que el profesor Snape fuera tan tonto de atacarlo con tantos testigos, pero si podía ir al tercer piso durante el partido para robar la piedra y él no iba a permitírselo.
— ¿Dumbledore? —dijo observando el mismo lugar en donde Blaise miraba.
Aquella barba plateada era inconfundible. Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a salvo. No había forma de que Snape se animara a hacerle algo si Dumbledore estaba mirando. Tal vez por eso Snape parecía tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron también notó.
De repente, alguien había golpeado a Ron en la parte de atrás de la cabeza. Era Malfoy.
—Oh, perdón, Weasley, no te había visto.
Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle. Mientras que Blaise daba un paso adelante amenazante, pero Harry lo detuvo. No quería que se metiera en problemas. Theo por otra parte se había parado al lado de Hermione.
— ¿Qué quieres, Malfoy? —preguntó en un tono helado encarándolo.
— ¿Sabes por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor? —dijo Malfoy en voz alta unos minutos más tarde mirando a Hermione y a Ron con desprecio—. Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, están los Weasley, que no tienen dinero... Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.
Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para encararse con Malfoy.
—Yo valgo por doce como tú, Malfoy —tartamudeó.
Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Blaise se acercó a Neville y le dio unas palmadas en la espalda.
—Así se habla, Neville.
—Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más pobre que un Weasley, y con eso te lo digo todo.
Harry se acercó a Malfoy amenazante. Crabble y Goyle sacaron inmediatamente sus varitas, pero Theo, Hermione, Ron y Blaise ya tenían las suyas fuera esperando que alguno hiciera algún movimiento en falso. Las tres serpientes estaban en desventajas.
—Te prevengo, Malfoy... Una palabra más y te rompo la cara —dijo Harry furioso.
—Oh, ¿crees que te tengo miedo, huérfano? —dijo burlón.
Neville no aguantó más y por primera vez supo que debía ser valiente. Harry le había demostrado ser un buen amigo y él sabía lo que era crecer sin padres. Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Neville estaba encima de él, tirándolo al suelo.
— ¡Vamos, Neville! —gritaba Hermione, mientras Malfoy y Neville rodaban bajo el asiento.
Crabbe y Goyle intentaron intervenir, pero Theo y Blaise los apuntaron con sus varitas negando con la cabeza.
El partido había terminado. ¡Gryffindor había ganado! Era el momento de separar a Malfoy y a Neville antes de que algún profesor se diera cuenta de la pelea y terminaran castigados, así que Harry y Theo los separaron. Cada grupo se fue por su lado.
Los chicos vitoreaban a Neville que tenía una gran hemorragia nasal, pero que se sentía muy contento en ese momento.
—Estoy muy orgullosa de ti, Neville. No me gusta la violencia, pero era hora de que te hicieras respetar —dijo Hermione acercándose y dándole un beso en la mejilla, mientras que el aludido se sonrojaba hasta las orejas.
Y los chicos volvieron al castillo vitoreando a Neville por a ver golpeado a Malfoy.
Se aceptan comentarios, críticas y sugerencias.
¡HASTA EL PROXIMO!
