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Una sensación de peligro se diseminó por todos los nervios de James Wilson cuando el camarero le explicó que sólo tenían un equipo básico de primeros auxilios. Acuclillados a lado y lado, Wilson y Cuddy observaban al hombre desmayado, cuya piel se había tornado casi azul.

- ¡Traigan lo que tengan! – La característica autoridad de Cuddy afloró rápidamente.

Wilson le abrió la boca al hombre y buscó dentro la causa de la obstrucción sin encontrar nada. Cuddy le tomó el pulso y sintió que cada latido estaba cada vez más debilitado.

- Está entrando en paro cardíaco – Le informó a Wilson.

Un mesero les puso al lado un maletín rojo que Cuddy desparramó en el suelo.

- Qué hay? – Wilson miró el contenido esparcido.

- Casi nada…guantes, un poco de alcohol, gasas, unas mascarillas y …

- Creo que los salvavidas tienen un equipo completo – gritó uno de los empleados del hotel.

- ¡Búsquenlo! - Wilson sabía que cada segundo que demorara ese cerebro sin oxígeno eran menos posibilidades de sobrevivir. Él y Cuddy se enfundaron sendos guantes de látex.

- Necesito una navaja y un bolígrafo- gritó Wilson a todo pulmón a la gente que se agolpaba a su alrededor. En un momento aparecieron una navaja suiza y un bolígrafo azul con el nombre de una aerolínea.

Cuddy despejó el cuello del hombre y lo empapó en alcohol. Wilson desarmó el bolígrafo y se quedó con el tubo plástico. Repitió el lavado con alcohol para el tubo del bolígrafo y la navaja.

La mujer que estaba acompañando al hombre, los miraba horrorizada, junto con el resto de la concurrencia que, atónita, permanecía en silencio.

Wilson miró por última vez a Cuddy, mientras tomaba la navaja en su mano. Esta le respondió asintiendo con la cabeza. Wilson hizo una profunda cortada en el cuello del hombre, justo por encima de la manzana de adán. La sangre de un rojo oscuro empezó a manar lentamente. Cuddy introdujo el tubo de plástico en la herida hasta que sintió que había alcanzado su objetivo. Wilson tomó el pulso en el cuello.

- Paro cardíaco. Inicio masaje – Apoyó su cuerpo sobre sus manos entrelazadas e inició unas compresiones rítmicas en el pecho del hombre. Paró un momento y Cuddy sopló muy fuerte por el tubo plástico directo en la tráquea del hombre, tratando de llevar, por fin, aire a sus pulmones. Dieron así lugar a un ritmo desenfrenado de reanimación.

Los minutos eran como horas, y Jimmy sentía como el sudor empezaba a escurrir por su frente. Cesó el masaje y colocó nuevamente sus dedos en el cuello del hombre. Uno, tal vez dos latidos débiles.

- Parece que lo tenemos! – Exclamó con júbilo.

Cuddy se inclinó sobre el tubito plástico y sopló con fuerza otra vez. El pecho del hombre se expandió lentamente.

- ¡Llegaron los paramédicos! – gritó alguien desde la entrada del restaurante.

Wilson no había retirado los dedos del cuello, y el pulso se hizo más constante.

- ¡Tenemos pulso! – exclamó.

El hombre tosió y comenzó a respirar a través del tubo en su cuello. Un murmullo de alivio llenó el ambiente. Dos paramédicos llegaron junto a ellos.

- Obstrucción de la vía aérea, hemos hecho un cricotomía con lo que teníamos a mano – Informó Cuddy a los recién llegados. Tanto ella como Wilson se pusieron en pie y dejaron a los otros hacer su trabajo. Se apartaron hacia la baranda que daba a la playa, donde el aire era más fresco.

- Hacer reanimaciones en mi tiempo libre cuenta como trabajo extra? – Wilson le sonrió a Cuddy.

- Honestamente Jimmy, había pensado en algo diferente.- Lisa Cuddy suspiró profundamente sin quitar los ojos de la cara de Wilson.


El zumbido metálico de la máquina de resonancia era aterrorizante. House había olvidado que ese largo túnel blanco era casi como una tumba, casi tan silenciosa y aislada. No eran raros los casos de crisis de claustrofobia en ese sitio.

- Todo parece normal – escuchó a través del micrófono de la sala. Foreman estaba sentado en la sala adyacente, junto con Cameron y Chase, mirando atentamente las pantallas de los monitores. El localizador de Chase empezó a sonar.

- Me necesitan en emergencias. Vuelvo más tarde- Dijo antes de salir rápidamente.

- Voy a imprimir las imágenes a ver si puedo ver algo diferente.- Explicó Foreman a Cameron.

- Yo llevaré a House de vuelta a la habitación. Por ahora no nos queda más que esperar los resultados de los análisis de las autoinmunes, que espero salgan en un par de horas.- Respondió Allison.

House escuchó el ruido de la puerta del recinto, sintió el clic electrónico del aparato, la camilla se desplazó fuera del túnel del resonador y luego vió el rostro hermoso de Cameron ante sí.

- Vamos, te llevo de nuevo a tu cuarto.

Los corredores del hospital estaban casi desiertos. Eran las dos de la mañana y solo se escuchaban los cuchicheos de las enfermeras de turno. Al llegar a la habitación Cameron lo ayudó a acostarse en la cama. No habían prendido la luz y el lugar estaba solo iluminado por el reflejo de la luna que entraba por la ventana, y los destellos de las luces del corredor que penetraban las cortinillas plásticas. Durante la última hora, House no había dicho palabra alguna. La incertidumbre de sus síntomas le dejaba una sombra en su pensamiento. Cerró su único ojo funcionante, se sentía cansado.

- Necesitas algo? – Cameron habló muy cerca de su oído, suavemente, casi como una caricia.

Ella lo miró a través de la penumbra y vió su ceño fruncido, preocupado. Ese gesto atormentado hizo que le temblaran las piernas. Sin meditarlo dos veces se sentó en la cama, al lado de él. House percibió el movimiento y se quedó muy quieto, entre asombrado e intrigado. Cameron llevó su mano a la cara de House y la deslizó sobre su frente, con un movimiento pausado y delicado. House dio un respingo al sentir la mano fresca y suave en su cara. Allison siguió lánguidamente hacia la sien y la mejilla, sintiendo cada irregularidad, acariciando su barba, totalmente concentrada en las sensaciones que su mano le transmitía. Respiró profundamente y acercó nuevamente los labios a la oreja de él.

- Trata de descansar un poco. – Murmuró, mientras trataba de incorporarse.

Gregory House sintió miedo. No quería estar solo. No ahora. Movió una de sus manos y tomó la mano que estaba empezando a retirarse de su mejilla.

¡No!

- Guédate gonmigo.- La voz de él era ronca. Se movió en su cama hacia un lado, como haciéndole espacio.

Qué diantre estás haciendo Greg?

Cameron entendió el gesto y su corazón empezó a latir desordenadamente. Se acomodó junto a él y quedaron acostados de frente, ella sobre la colcha. Él seguía con los ojos cerrados y con una mano de ella aprisionada entre sus dedos largos. Era todo el contacto que necesitaban. Allison permaneció en silencio, contemplando entre las sombras la cara de él, hasta que percibió que su respiración se hacía pausada y rítmica. Luego, se durmió.