Capítulo 9

"EL CORAZÓN DE UN DRAGÓN"

Estaba recostado sobre el pasto cerca del lago. Tenía los ojos cerrados, tratando de evitar mirar hacia el castillo. Sus brazos cruzados detrás de su cabeza ya casi habían perdido la sensibilidad a causa de su inmovilidad.

¿Cuánto tiempo tenía ahí, mirando a la nada? Realmente no lo sabía, pero no importaba, mucho menos por el escandaloso ruido que tenían todos por culpa del estúpido baile, el cual seguramente no tardaba en comenzar.

Incluso Ron, en un ataque de histeria al ver a Hermione casi siendo invitada por un chico de Ravenclaw se había hecho el valiente y le había pedido que fuera con él. Ella se quedó perpleja ante su actitud, decepcionándole por completo y haciéndole salir huyendo de tan bochornosa escena; mas sin embargo, pronto lo siguió para decirle que sí, que era lo que más deseaba. Después de ello, no había nada en el mundo que los separara.

Los envidió. Si sólo él…

Escuchó algunos pasos a su espalda. Eran algo pesados, así que volteó, encontrándose con Lupin. Éste le sonrió y se sentó a su lado, mirando hacia las aguas tranquilas del lago.

-¿No piensas ir a cambiarte para el baile? –preguntó como si nada.

-No tengo pareja.

-¿Y qué pasó con esa persona que te acompañaría, la cual causó revuelo en todo el colegio?

-Esa persona no existe –resopló-. Sólo fue producto de la imaginación de Mione para que todos dejaran de molestarme.

-Pues a mí no me lo pareció –tomó una piedra con su mano derecha, para después lanzarla al río-. ¿Qué es lo que te pasa realmente, Harry?

-Nada, en serio –volteó a otro lugar, causando con ello que el dolor de sus brazos llegara repentinamente.

-¿Has sabido algo más sobre la llave? –señaló hacia el pecho de Harry, el cual estaba incorporándose con lentitud.

-Nada… -estiró con esfuerzo sus brazos-… o más bien…

Hizo una pausa para recapacitar si contarle a Remus. Ni hablar, él era una persona en la cual se podía confiar totalmente, así que se decidió.

-… Tom también es un elegido del Dragón –arrancó con nerviosismo algo de pasto-, bueno, más bien no sabe si soy yo o si es él, debido a nuestra conexión.

-¿Y cómo lo sabes? –le sonrió, preocupado.

-El niño que veo en mis sueños me lo dijo.

Volteó hacia el cielo, viendo cómo este comenzaba a teñirse de colores rosados y púrpuras. El ocaso estaba cerniéndose sobre el bosque prohibido.

-Pero no me dijo qué pasaría si yo llegase a perder la prueba.

Lupin se quedó pensativo por unos instantes, recapacitando, al parecer, sobre la información recibida. Se llevó la mano derecha hacia el mentón, tratando de corroborar sus deducciones.

-Harry… la profesora McGonnagall me comentó sobre el incidente que tuviste, por el cual llegaste a la enfermería.

Se sonrojó visiblemente, pero cuando iba a protestar el profesor de DCAO lo detuvo.

-Seguramente después de la visita de aquel niño te pusiste a pensar el porqué te eligió a ti, ¿no?

-Algo así…

-Talvez lo que llegue a continuación sea muy difícil para ti –le puso una mano en el hombro-, pero sé que tú podrás con todo ello.

-¿De qué hablas? –le miró consternado.

-Lo sabrás a su tiempo… -sonrió condescendientemente mientras se incorporaba-… por cierto, ¿a qué le tienes tanto miedo que te has venido a refugiar en este lugar?

-¿Miedo? –se sorprendió, levantándose también del piso.

-No trates de engañarme, Harry, te conozco lo suficiente como para saber que algo estás ocultando.

-No, te equivocas Remus –evitó mirarle a los ojos-. No es miedo.

El licántropo dio unos pasos, deteniéndose cerca del lago. Miró su reflejo por unos instantes, viendo cómo este era distorsionado levemente por el movimiento del agua. Cerró los ojos después, intentando reprimir un sentimiento, el cual no pudo descifrar.

-Algunas veces, si no enfrentas tus miedos, puedes arrepentirte por el resto de tu vida. Si no confías en ti mismo puedes llegar a perderlo todo de una manera cruel. Pierdes a tu familia, a tus amigos, y tus seres más queridos.

Aquel hombre de mirada tierna y cansada, de apariencia avejentada y de sonrisa amable parecía derrumbarse cada vez más. Sus puños estaban apretados, al igual que sus ojos, los cuales parecían contener las lágrimas de dolor por los recuerdos evocados con anterioridad. Harry sintió pena y dolor por él, ya que después de Sirius, lo consideraba como un padre, al igual que a Dumbledore.

Caminó hacia él, colocándose a su lado, mirando también su reflejo.

-¿Hay algo de lo cual te has arrepentido en tu vida, Remus?

Miró a su profesor. Éste se sorprendió por la pregunta, afirmando con la cabeza. En esos momentos comenzó a hacer algo de viento, el cual se había enfriado por la falta de luz solar. El cielo ya había oscurecido y brillaban sobre él la luna y las estrellas.

-Pero ya no tiene importancia, porque lo hecho, hecho está.

El licántropo volteó a verlo de pronto, sorprendiéndole. Su semblante era el mismo de siempre, ya que en su rostro se encontraba aquella sonrisa que adornaba todo el tiempo su faz.

-¿No piensas ir al baile?

Harry sonrió algo condescendientemente y afirmó con la cabeza.

-Talvez no sea una mala idea, aunque no me guste admitirlo.

-Qué bien que lo pienses –apretó con premura su hombro izquierdo-, porque es muy triste que un muchacho de tu edad se pase solo y afligido una fecha tan importante del año.

-Bueno… -volteó hacia el castillo, señalándolo-… creo que es mejor que yo me vaya.

-Claro –soltó al muchacho-. Y ten en cuenta las palabras que te dije.

-¡Sí, gracias!

Dijo antes de perderse en la maleza del bosque.

-----------------------

Todo el recinto brillaba a la luz de las velas que flotaban cerca del techo encantado del comedor de Hogwarts. Luces danzarinas que bailaban con el viento que entraba por los altos ventanales de aquel amplio salón. Listones anchos de los colores de las casas se mecían al mismo ritmo que las velas, decorando con singular "alegría" y colorido los pilares que se alzaban majestuosamente hacia el cielo.

Todos llevaban sus mejores túnicas de gala. De terciopelo, de satín, de piel, de gamuza, de paño. Inclusive de todos los colores habidos y por haber. Tan arreglados y ostentosos como nunca, siendo acompañados por sus respectivas parejas.

Al subir a la sala común, y después de pensarlo detenidamente optó por tomarle la palabra a Remus. Se había arreglado un poco, incluso hasta intentó peinar su desparpajado cabello, cosa que no logró. Una túnica de satín negro con forro verde oscuro fue lo que decidió ponerse. No quería llamar la atención, así como quería pasar desapercibido.

Después de arreglarse un poco había salido a la sala común de Gryffindor, encontrándose con su mejor amigo.

Ron Weasley había cambiado al paso del tiempo, al igual que él. Su cabello pelirrojo hacía contraste con sus bellos y sinceros ojos azules, así como con su cara pecosa. Su temperamento era el que seguía ahí, luchando contra todo por quedarse así, algo que Hermione lenta e imperceptiblemente estaba cambiando. Incluso podía decir que Draco había ayudado un poco, claro, después de mofarse en su cara en cuarto año.

-Hey, Ron –saludó algo sorprendido a su amigo.

-Hola, Harry… -el pelirrojo sonrió, constatándose de que se encontraban solos-… ¿qué ha pasado con el hurón?

La sonrisa se le borró del rostro, no había querido pensar en eso en todo el tiempo que caminó de regreso a la sala común, pero era casi imposible no hacerlo, sobre todo cuando cualquier cosa se lo recordaba.

Ron Weasley vio claramente la expresión en su rostro.

-¿Qué te hizo? –dijo con rabia.

-Nada… -mintió, forzándose a sonreír.

-Harry, somos amigos y sabes bien que no puedes engañarme tan fácilmente. Ahora dime qué te hizo ese jodido hurón para partirle la cara –parecía claramente calmado, cuando la situación era otra.

-No ha pasado nada entre nosotros –negó con la cabeza, comenzando a caminar para salir de ahí-. ¿Y entre tú y Mione cómo van las cosas?

Sonrió al ver el efecto del nombre de su amiga en Ron. Parecía como si hubiera borrado su disco duro y lo hubiera llenado con sólo imágenes de ella. Era tan fácil de manipular que algunas veces hasta parecía ridículo.

-Uh… bueno… -se sonrojó visiblemente-… yo la estoy esperando porque se está poniendo bella, bueno… -tartamudeó un poco-… más bella no puede estar, porque es la mujer más perfecta del mundo. Ella es como un cremoso pastel de tres leches de chocolate con su pan esponjoso –claramente se vieron sus ojos refulgir al decir aquellas palabras-, como suflé de vainilla con galletitas de chocolate, mmm… -detuvo su explicación, volviendo a la normalidad aunque con el rostro ligeramente sonrojado-… bueno, no digamos más porque me está dando hambre.

En esos momentos su mejor amiga rió, sorprendiéndoles a ambos.

Llevaba un bello vestido de fiesta largo color caqui, el cual estaba cubierto con un fino velo del mismo color. Unas zapatillas doradas adornaban sus delicados pies, mientras un ligero y provocativo escote se asomaba por la espalda de su vestimenta.

-Te ves… -Ron se veía deslumbrado, provocándole a Harry una ruidosa risita, la cual hizo al otro dudar.

-Ron dice que te ves… -con aire soñador-… hermosa… -dejó escapar un suspiro al decir eso, recibiendo un golpe en la cabeza por parte de su amigo.

-Gracias… -Hermione bajó la cabeza algo avergonzada-… yo pensé que sería más conservador si me ponía otro tipo de vestido, pero Ginny me dijo que me vería mejor con éste –removió nerviosa la túnica que llevaba en sus manos, disponiéndose a colocarla sobre su hombros-, espero que te guste, Ron…

Weasley tenía la mirada más soñadora que le había visto nunca, incluso frente a la comida más apetitosa. Veía a su amiga como si fuera la más hermosa de todas las mujeres, algo que le hizo sentir alegría por los dos. Vaya que se le merecían, y sabía en el fondo que Hermione quería muchísimo al pelirrojo, aunque no lo aparentara tan abiertamente como su amigo, el cual casi besaba el piso por el que ella pisaba; agradeciendo, y alabando conjuntamente, a quien hubiese diseñado tan hermoso vestido.

-Mi lady –Ron colocó la túnica sobre los hombros de su amiga-, si es tan amable en acompañarme –le ofreció su brazo izquierdo.

Después ambos habían salido, con él detrás de ellos, tratando de no importunar a la pareja; no quería ser el tercero no interesado en el asunto estropeando el ambiente casi romántico que ambos tenían. Pero cuando iba tras sus amigos cerca del vestíbulo se encontró con dos ojos grises que le miraron fijamente.

-Veo que por fin se han declarado el amor puro que se tienen –Malfoy dijo con algo de burla hacia los mejores amigos de Harry-, al menos espero que no estén de melosos en mi clase.

-Piérdete, Malfoy –dijeron al unísono Hermione y Ron, sorprendiéndose por ello.

-Nos vemos en el baile, Harry –la castaña guiñó sutilmente hacia su amigo antes de entrar por las puertas del gran comedor.

El ambiente estaba tenso, incluso Draco lo podía sentir. Ninguno de los dos parecía querer hablar, hasta que el Dragón murmuró algo inteligible.

-Habla claro, que no te entiendo –el moreno había dicho con cansancio, no queriendo escuchar nada que proviniese del rubio.

El nuevo profesor de pociones dudó si en continuar, pero se veía decidido.

-Yo… -dejó escapar un suspiro, asustando a Potter, no era usual ver a Draco así-… no invité al baile a Pansy, ni pienso pedirle matrimonio.

Harry sintió cómo algo en él brincó, pero no demostró sentimiento alguno. No sabía cómo reaccionar a aquello. Ahí estaba Draco Malfoy, diciéndole que no haría algo que pondría en peligro su vida, pero no estaba seguro de por qué lo hacía.

-Voldemort va a matarte si no lo haces –dijo con apuro.

-Me importa una mierda lo que él piense o lo que quiera de mí. El muy hijo de puta dejó que mi padre muriera en Azkaban. Después mi madre se fue con él. ¿Crees que a él le importa lo que yo piense o lo que deje de pensar? Él lo único que necesita de mí es mi nombre y mi posición en el mundo mágico.

-Pero… -tembló ligeramente-… si es por venganza hacia él…

Draco sonrió con algo de tristeza, haciendo que el corazón de Harry se encogiera.

-No, no es por eso… -rompió la distancia que tenían con tres largos pasos-… alguien me pidió hace tiempo que me quedara a su lado.

Harry sintió un cúmulo de emociones remover su interior. Sabía que Draco se refería a aquella ocasión en la que le había pedido que se quedara con él, pero aún no entendía porqué lo hacía.

-Pero eso pondría tu vida en peligro –dijo de pronto, no pudiendo controlar sus emociones-, piénsalo bien, Draco.

-Pensé que eso era lo que querías –el rubio entrecerró los ojos-, creí que… -hizo una pausa-… Nunca nadie, a parte de mis padres me había dicho que me amaba. Ahora mismo –sonrió con ironía- me siento como un colegial estúpido o como un niño sin amor –enterró la mano derecha en su rubio cabello-. Sé que esto no debe de ser así. Hay algo que me impulsa a querer corresponderte, pero otra parte de mí quiere odiarte; lo necesita. Quiero protegerte, pero a la vez quiero alejarte, porque sé que al estar conmigo lo único que puedo hacer es condenarte.

Harry se quedó sin palabras. Era como algo irreal; él ahí, escuchando una confesión del rubio hacia él. Nunca lo hubiera creído, así como de él mismo.

-Tienes qué hacerlo, Draco… -le dio la espalda al rubio-… esto sólo te haría sufrir más.

Malfoy quiso decir algo, pero Harry sutilmente lo calló.

-Hay veces que no se puede decidir en la vida. Me hubiera gustado no nacer en un mundo de caos, que mis padres no hubiesen muerto, así como mi padrino. Haber vivido en una familia que realmente me apreciara, no cargar con la pesada cruz de salvar al mundo mágico. Sé que tú decidiste muchas cosas, pero algo es claro, te arrepentiste de muchas otras. No puedes zafarte de Voldemort si tú quieres, él no perdona a un traidor –sus ojos y voz temblaron levemente-. Soy un egoísta, lo sé. Pensé que nosotros talvez podríamos estar juntos. Supongo que me sentí a gusto contigo, aún cuando en un principio las diferencias de pensamientos y casas nos separaran. Aún me pregunto qué hubiera pasado si yo te aceptara como amigo cuando recién nos conocimos, si la casa a la que entrara fuera Slytherin y no Gryffindor. Pero el pasado no se puede cambiar, el futuro sí –hizo una leve pausa, dejando escapar un suspiro-. Quiero que el tiempo que pases aquí, aún si no es conmigo –su voz se quebró-, aún si no estoy contigo, estés tranquilo. Aún si tengo qué compartirte.

-¿Estás aceptando ser mi amante, Potter? –el asombro golpeó con crueldad a Draco.

-Yo… -dudó si en continuar.

-¿Qué pasó con el pensamiento Gryffindor; con sus principios? –se acercó lentamente al moreno-. ¿Qué pasó con todo eso, Harry?

-Sólo quiero que seas… que estés bien mientras estés aquí…

De repente todo cambió. Draco se había vuelto a aferrar a su cuerpo. Estaba inmóvil, asombrado, dolido. ¿Por qué todo tenía qué ser así? ¿Por qué tenía qué hacer sufrir a las demás personas a causa de su condición? Sabía que todo debía terminar, pero no sabía cómo finiquitar algo que nunca supo cómo comenzó.

-Draco… -su expresión se suavizó-…

-Eres un maldito, Potter –la voz del rubio se había quebrado-, lo sabes, ¿verdad?

Él sólo sonrió, disfrutando aquel contacto y aquel momento.

-------------------

Estaba sentado en la mesa de Gryffindor, mientras los demás bailaban. Todos le miraban con incertidumbre y asombro, ya que no había llegado acompañado y se preguntaban el porqué. Aunque algunas habían querido aprovechar el que estuviera solo invitándole a bailar e insinuándosele descaradamente. Y sí, había bailado ya con varias chicas, pero su atención estaba centrada en el rubio de ojos grises que se encontraba sentado en la mesa de Slytherin, el cual parecía meditabundo mientras Pansy Parkinson le contaba algo muy entretenida y Blaise Zabini tenía cara de pocos amigos.

Sonrió con tristeza interiormente, recordando el pasado momento, cuando Draco lo había abrazado. A través de su abrazo pudo volver a sentir la desesperación por la que el rubio pasaba, sintiéndose culpable por ser tan estúpido y egoísta. Nunca había amado tanto, si a aquello se le llamaba amor, y aquel sentimiento se le estaba escapando de las manos.

Algunas veces se preguntaba cómo es que siendo sólo un chico se podía meter en tantos problemas que él ni siquiera había ocasionado. Primero un loco maniático queriendo asesinarle porque por su culpa había casi muerto, después una serie de acontecimientos no previstos, la muerte de personas cercanas a él, como Sirius, y por último un amor que lo único que podía hacer era llevarle a la muerte o a la locura. Y pensar que odiaba a Draco por ser una molesta serpiente rastrera. Qué vueltas daba la vida, de verdad que sí.

Se levantó de su asiento, caminando hacia el vestíbulo del castillo. Abrió la puerta del Gran Comedor, saliendo y colocando su cuerpo contra la pared que estaba a su lado.

-Pensé que te estabas divirtiendo –escuchó la voz de Blaise Zabini a su lado.

-Zabini… -dijo con cansancio.

-No vengo a mofarme de ti, no en éste momento –se colocó a su lado, recostándose igualmente en la pared-. Draco no le pedirá a Pansy matrimonio. Aduje que fue por una causa poderosa llamada Harry Potter.

-Yo no le dije nada –se enfadó por los comentarios del Slytherin.

-No te culpaba, sólo pienso que él nunca había hecho algo así por alguien. Pero esto le causará un gran problema.

-¿Qué es lo que quieres? –encaró al otro, entrecerrando los ojos.

-No quiero que le digas nada, sólo que te prepares para estar con él.

Harry se volteó sorprendido, mirando a Zabini. ¿Había escuchado bien? ¿Acaso le estaba jugando una broma?

-¿Te estás rindiendo? –dijo con ironía.

-Algo así… -sonrió con tristeza-… ya me cansé de pelear por alguien que nunca me va a amar, no como yo deseo. En estos días lo he pensado. Te odio, pero quiero lo mejor para él. Talvez tú lo seas, talvez no. Sólo espero que ambos hayan tomado la decisión correcta.

-¿Qué quieres decir?

El Slytherin negó con la cabeza.

-Cuida de Draco, como yo no pude hacerlo.

Zabini le dedicó una triste sonrisa antes de volver a entrar al baile.

No supo qué decir ni qué hacer. No entendía la decisión de Blaise, sin embargo sí lo hacía de alguna manera. Era estúpido pasar toda la vida aferrándose a una persona que nunca iba a corresponderle como él quería, con el amor que él deseaba. Algunas veces, cuando una relación lastima siempre es bueno alejarse, aunque ames con desesperación a aquella persona. Pero era tan difícil olvidarlo, tan difícil…

Negó con la cabeza. Si todo fuera tan fácil. Amar a Draco Malfoy era como una maldición para él, pero lo encontraba deliciosamente intoxicante; tanto como para seguir con esa relación.

Con el paso del tiempo no se había detenido a pensar cómo era realmente aquel rubio de mirada arrogante y ojos grises tan penetrantes como el cielo tormentoso. Y había descubierto que no era como él pensaba, ni siquiera se acercaba a lo que él se imaginaba. El Draco que conocía ahora, el auténtico, era una criatura bella, mortífera y a la vez frágil y oscura. Se contradecía con el exterior, cuando en una mirada calculadora y fría podías ver la fuerza y determinación, así como la flaqueza y madurez que aquella enfermedad le habían obsequiado.

Él también se había hecho más fuerte con el correr de los años. Incluso, aunque pareciera ególatra, se podría decir que hasta había madurado como ser humano y como mago al mismo tiempo. Era poderoso, aunque algunas veces demasiado ingenuo.

-Sr. Potter, ¿qué hace aquí tan solo?

Harry se sorprendió al escuchar la voz de Minerva McGonnagall a su lado. Volteó con algo de incertidumbre a ver a la vieja maga, la cual le sonrió para que se tranquilizara.

-Yo… -no supo ni qué decir.

-Quisiera que hablásemos en un lugar más privado, por supuesto, si usted quiere.

-Claro… -dijo algo inseguro.

-Bien, ¿qué le parece el lunes en mi oficina?

-Sí, seguro… -dijo algo condescendiente.

-Perfecto, lo veré entonces.

La bruja se alejó, subiendo las escaleras para marcharse a la oficina del director, donde ahora estaba su despacho.

Algo desconcertado comenzó a subir los escalones, necesitaba descansar; sin embargo, al subir el tercer peldaño alguien lo detuvo, jalándole la capa.

-Se ve muy solito aquí, señor… -la voz de Draco se escuchaba juguetona-… ¿no quiere que le acompañe un momento?

Sonrió interiormente. El rubio algunas veces le sorprendía, pero se había dado cuenta de que era una de las cosas que más le gustaban de él.

-¿Qué haces aquí? –se dio la vuelta, encontrándose con dos orbes grises mirándole con escrutinio- Pensé que te divertías en el baile.

-Bueno –rodó los ojos-, no estaba la persona con la que quería bailar.

-¿Ah, no? –sonó sarcástico.

-Pues no… -soltó la túnica de Harry, acercándose a él con premura-… es por eso que salí a buscarla, encontrándome contigo.

-Es una lástima que no sea esa persona que tanto buscas.

-Sabes que eres a quien he estado esperando –sus rostros casi se tocaban-. ¿Me concederías ésta pieza?

El rubio no le dio tiempo de responder, ya que tomó con delicadeza su mano derecha, besándola con algo de ternura, haciéndole estremecer. Se sonrojó, removiéndose algo inquieto por tan sutil gesto de romanticismo; sin embargo, pronto se sintió aún más abochornado cuando el rubio acercó ambos cuerpos, tomándole de la cintura e instándole a que colocara su mano izquierda sobre su hombro.

-No me trates como si fuera una chica –se sonrojó, desviando la mirada.

-Te trataría si lo parecieras, pero no tienes la finta de una. Creo que careces de dos atributos y te sobran otros como para serlo –sonrió con malicia, haciendo sonrojar aún más al otro.

-¡Deja de intentar molestarme! –sentía su rostro caliente por la vergüenza del momento- Además, ¿qué pasaría si alguien nos ve bailando?

El rubio le hizo girar, volviéndole a tomar de la cintura, haciéndole moverse también. No obstante, no contestó a la pregunta, no como Harry hubiera esperado.

-Aún no me has respondido –dijo, apenado de la situación y del silencio del rubio.

-Realmente ahora no me importa nadie, ¿a ti sí? –su voz sonó con algo de enfado.

-No –sonrió con algo de gracia-, tampoco a mí. Pero…

-Harry… vamos a otro lugar –susurró en el oído del moreno, haciéndole estremecer por el aliento en su oreja.

-¿A otro lugar? –se sobresaltó por ello- ¿A…adónde?

-Terminemos lo que dejamos inconcluso la otra vez en mi habitación.

La sangre se le subió a la cabeza por la respuesta tan desinhibida de Draco. Sabía que quería, pero estaba algo inseguro.

-Yo… -la lengua se le trabó-… yo sólo lo he hecho una vez y con una chica…

Bajó la cabeza, evitando la mirada del otro. Con un sutil gesto, Draco removió uno de los mechones rebeldes que caían sobre su rostro, instándole después a que le mirase a los ojos. Harry desvió la mirada, pero aún así no intentó alejarse, aún y cuando se sintiera tan nervioso por la cercanía de ambos cuerpos.

-No haré nada que no quieras, Harry –dijo casi en un susurro-. Después de Blaise eres lo único que me queda, no quiero lastimarte. Si no quieres, lo entenderé.

Se separó, pero el moreno lo detuvo. Aún sentía su corazón palpitando con mucha rapidez dentro de su pecho, no obstante, quería pasar esa noche con él, pero no estaba seguro de si podría gustarle al rubio.

Al darse cuenta de sus pensamientos se puso aún más inseguro.

-Yo… no sé qué hacer… -su rostro se sentía aún más caliente-… no sé qué hacer para…

-Yo te enseñaré…

-----------------------

Era lunes por la mañana cuando se dirigía a hablar con la profesora McGonnagall. Se había levantado temprano para no molestar a nadie y para que no le preguntasen nada. Algunas veces eran tan incómodas sus preguntas que hasta llegaba a odiarlas.

Incluso Ron, quien no dijo nada cuando lo vio llegar el día anterior, sólo para tirarse en la cama y dormir; sin embargo, la expresión en su rostro reflejaba que aunque quería preguntar no se atrevía y menos por lo que talvez le iba a contestar.

Se sonrojó de repente al recordar las caricias y los besos del rubio sobre su piel, su boca hambrienta de deseo, sus manos tibias acariciando su longitud hasta hacerlo desfallecer. Pero a parte de esos besos y esos toques no habían llegado a nada más, como había prometido Draco; sin embargo, sabía que se había quedado con ganas de seguir, incluso él mismo. Ahora que lo pensaba se estaba volviendo adicto al rubio.

Caminó por los pasillos, llegando hasta la gárgola, pero justo cuando iba a tocar la puerta, alguien lo distrajo de su objetivo.

-Buenos días, Potter –escuchó la voz de Malfoy detrás, sorprendiéndole.

-Buenos días, Malfoy –trató de pasar desapercibido su nerviosismo, diciendo esas palabras con el mismo tono irónico del rubio, copiando su gesto de superioridad.

-¿Y qué haces aquí? Aunque no es de mi incumbencia.

-La profesora McGonnagall me citó –suavizó su expresión, al igual que el rubio-, ¿a ti también, Draco?

-Sólo pasaba por aquí –sonrió con algo de diversión-, por cierto, ¿qué pasó contigo? Ayer que desperté ya no te encontré en la cama.

-Oh, eso –volteó a otro lugar totalmente azorado-, necesitaba regresar antes de que Ron comenzara con una de sus escenas.

-¿Weasley? ¿No se te hace que te alucina? Bueno, yo creo que es demasiado sobre protector contigo –ironizó su comentario.

-¿Qué es eso que veo en tus ojos? –sonrió con malevolencia-, ¿es acaso que estás celoso?

-Jo, ¿celoso yo? –colocó las yemas de sus dedos de la mano derecha sobre su pecho- Ya quisieras, Potter.

Justo cuando iba a replicar la puerta de la dirección se abrió. Un retorcijón en su corazón lo hizo dudar en entrar. Dumbledore no estaba ahí, pero Draco, él sí sabía en dónde estaba.

-Antes de entrar –detuvo la marcha del rubio, el cual iba escaleras abajo-, ¿es cierto que…?

Tragó saliva, no sabía cómo comenzar. Era un tema difícil, era muy complicado, y estaba seguro de que si no lo manejaba con cuidado podría estropear la relación que tenía con Draco.

-¿Es cierto que tú…?

Su corazón palpitaba con mucha rapidez. Sabía lo que tenía que decir, conocía las palabras a la perfección, pero su boca no se movía y su garganta no emitía sonido alguno. Se odió por no poder expresar lo que estaba sintiendo, comenzando a comprender que casi siempre que estaba frente al otro sus palabras le fallaban.

-¿Sí? –Draco le miró preocupado.

-¿Es cierto que tú fuiste quien mató a Dumbledore?

¡Maldición! A decir verdad, por la expresión de Malfoy, podía aducir que estaba entre estupefacto y molesto. Su forma nada sutil de decir las cosas siempre lo metía en aprietos, sobre todo cuando intentaba ser cuidadoso al momento de elegir las palabras.

Soltó el agarre sobre las ropas del rubio, después bajó la cabeza. Dejó escapar un suspiro y le dio la espalda. El silencio del otro le hacía ver que había tocado un punto muy sensible.

-¿Por qué sacas esa conclusión?

Se sorprendió al escuchar la voz temblorosa de Malfoy. Era inusual percibir el estado de nerviosismo en el que el Slytherin se encontraba. Sin embargo, sabía que no había vuelta atrás, era ahora o nunca.

-Porque muchos dicen que así es. Pero cuando desapareció Snape las sospechas recayeron en él. Sólo que, aún me quedan dudas sobre ti.

-Piensa lo que quieras –comenzó a caminar.

-¿Es que acaso tú no lo mataste? Si es así puedes redimirte ante todos…

-¡Potter… Potter! –su voz estaba cargada de resentimiento- ¿Crees que alguien perdonaría tan fácilmente a un mortífago sólo porque sí?

-Dumbledore lo haría… -dijo con determinación.

-Pero Dumbledore no está aquí…

-Entonces no está muerto… -ese timbre de voz seguía ahí.

-¿A dónde quieres llegar? –fue directamente al punto.

-¿Lo mataste o no? ¿Lo mató Snape o en realidad Dumbledore se encuentra vivo?

El silencio se hizo más penetrante, sin embargo el primero en hablar no fue Harry para replicar otra vez.

-Ah, aquí estás, Potter –Minerva McGonnagall acababa de salir de la dirección-. Necesito hablarte sobre…

La bruja se detuvo al ver a los dos muchachos, los cuales se miraban tratando de descifrar las expresiones del otro.

-Profesor Malfoy –sonrió hacia Draco, el cual hizo un ademán con la cabeza antes de retirarse-. Bien Potter, si es tan amable de seguirme hacia la oficina.

-Sí, claro… -volteó hacia atrás antes de seguir a su profesora.

----------------------

Al entrar a la dirección volvió a sentir esa sensación de desasosiego acentuarse en la boca de su estómago. Sabía que ésta vez Malfoy no lo perdonaría tan fácilmente por preguntar algo con tanto descaro, pero realmente necesitaba saber qué estaba pasando a su alrededor. Nuevamente la gente intentaba controlar los hilos de su destino sin darle la oportunidad de decidir por sí mismo, así como tomar su propio camino. Siempre se había preguntado porqué todo ya parecía estar predestinado en su contra.

-Siéntate por favor, Potter.

La profesora McGonnagall tomó un poco de aire, mostrándole un asiento delante de ella. Él se sentó, esperando escuchar lo que la bruja intentaba decirle. Primeramente se veía preocupada, pero aún así su semblante estaba tranquilo. Se descolocó, no era muy común ver así a la profesora de transformaciones.

-El motivo de tu comparecencia lo es para informarte sobre algo, pero primero te contaré una historia.

-¿Una historia? –dijo algo confundido.

-Sí… es una historia de amor y de odio, Potter.

La profesora le sonrió con algo de tristeza.

-¿Cómo te encuentras después de lo que pasó en las mazmorras?

Se sorprendió por la repentina pregunta de ella. Así que aquel sueño había sido verdad, la profesora estuvo hablando con Malfoy sobre una leyenda, talvez esa era la historia de amor y de odio que quería contarle.

-Bien, aunque no me explico qué sucedió –dijo tallándose con algo de descuido su brazo izquierdo con la mano derecha.

-Yo no sé bien los detalles –dejó escapar un suspiro-, pero creo que tienes qué tomar ésta vez tu decisión… alejarte de Draco Malfoy.

Se quedó en silencio. Por primera vez le daban una oportunidad de elegir, pero él no quería en ésta ocasión alejarse del rubio. Claro, si varios meses atrás hubiera sucedido algo similar no tendrían porqué decírselo dos veces; sin embargo, estaba seguro de que él no quería dejar solo a Draco, no ahora que sólo los tenía a él y a Zabini.

Apretó el puño derecho sobre su túnica. No, ésta vez no haría lo que otros quisieran, él tomaría su propio camino, lo haría definitivamente.

-No, no lo dejaré –dijo con determinación-. Lo quiero, no podría estar lejos de su lado. No me importa si él no me corresponde, yo…

Se sonrojó al darse cuenta de sus palabras. Demonios, tenía qué controlar su boca.

-Si esa es tu decisión no podré interferir en ella, aunque quiera –la profesora McGonnagall negó con la cabeza, mirándole después con aprecio-, y aún aunque crea que es lo mejor alejarte de él. No obstante, te pido que tengas cuidado. La piedra que llevas contigo, esa marca no es lo que parece. El amor al poder, el odio irracional a todo. Muchos dicen que aquellos que lleguen a tener en sus manos el deseo de su corazón podrán ser destruidos por éste. Así que por favor ten mucho cuidado con lo que deseas, Harry…

------------------------

Definitivamente sentía que lo que le había comentado la nueva directora no era todo lo que debía decirle, pero aunque hubiera querido que ella le tuviera la suficiente confianza, las cosas no habían salido como deseaba. Se sentía aún más confuso con lo que la bruja le dijo.

Era por ello que después de las clases se había sentado frente al lago, mirando las hojas de los árboles caer sobre éste. El otoño ya comenzaba a pintar el paisaje en tonos cafés, como si de naturaleza muerta se tratara. Muerto…

-¿Por qué demonios nunca me cuentan nada de lo que sucede?

-Porque aunque trates de comprenderlo nunca lo haces…

Se volteó de repente, encontrándose con Draco, quien le sonrió con sorna. Él entrecerró los ojos, volviendo a concentrarse en las formas de las nubes que nublaban el cielo.

-¿Estás preocupado por eso? –el rubio se sentó a su lado, mientras él recargaba su cabeza en el regazo de éste.

-No exactamente –mintió.

-¿Entonces?

-No es nada…

Cerró los ojos, disfrutando de la calidez del cuerpo de Malfoy. El viento comenzaba a soplar con fuerza, estando éste helado. Se estremeció de pronto por la temperatura del ambiente cuando se dio cuenta de que el clima había comenzado a fresquear.

-Draco… -dijo sobre el muslo del otro-… ¿crees que no soy digno de confianza?

-No… -dijo con tranquilidad-, pero siempre he pensado que todos te sobreprotegen. No quieren que veas la crueldad de la gente, pero te empujan a una guerra. No quieren que desconfíes de ellos, cuando ellos mismos son los que no confían en ti.

-Es verdad… -sonrió con algo de enfado-… tienes mucha razón.

-Hace frío, te vas a resfriar –acarició con cuidado su hombro derecho, meciéndole.

-No importa…

-Potter, está oscureciendo –replicó la atención del otro, pero tarde se dio cuenta de que éste ya estaba dormido-. ¿Qué voy a hacer contigo?

Draco se incorporó con cuidado para no despertar a Harry. Cuando lo hubo hecho acarició con ternura sus cabellos azabaches, junto con su rostro taciturno. Sonrió con dulzura, pensando que sólo dormido podía tener ese aire de inocencia que todos veían en él, del cual no se había percatado nunca. Entonces con ese pensamiento decidió que quería protegerlo, aún y cuando él fuera el primero en apartarse de su lado.

-------------------------

Abrió los ojos al recordar que estaba en el lago, pero no tenía frío, es más, tenía sobre sí un brazo del rubio junto con el edredón de la cama de éste.

Se sonrojó cuando Draco lo tomó de la cintura, acercando su cuerpo aún más, abrazándole por la espalda mientras su aliento caliente chocaba contra su oreja y mejilla izquierdas. Fue por eso que no pudo controlar más su cuerpo, el cual le mostró el grado de excitación en el que se encontraba cuando una presión en sus pantalones le hizo sentir incómodo.

Se estremeció de repente, despertando sin querer al otro.

-¿Ya te despertaste? –el rubio pronunció con lentitud sus palabras.

-Eh, sí… -se removió inquieto, tratando de pasar desapercibida su excitación.

-¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

Malfoy se movió, encontrando algo hilarante la escena cuando notó el nerviosismo del otro. Rió sin querer, molestando al moreno.

-¿De qué te ríes? –dijo con enfado.

-De nada –mintió.

De repente el ambiente se puso algo tenso, al grado de que ninguno de los dos se mirase a la cara. El primero en hablar fue Malfoy; aunque su voz era casi inaudible pudo escuchar levemente lo que le dijo.

-Con respecto a lo que platicamos en la mañana…

Harry le miró expectante, pero de pronto se sintió culpable.

-Lo siento, algunas veces soy algo… -buscó las palabras para expresarse-… algo idiota.

Draco no dijo nada, poniéndole aún más nervioso. Talvez ésta vez le diría que hasta ahí terminaba su torcida amistad y que por favor no lo buscara nuevamente. Bajó la cabeza, estaba triste por ese simple pensamiento.

-… debes prometer que no se lo contarás a nadie, Harry –tomó con premura el mentón de su acompañante, instándole a mirarle a los ojos-, ni siquiera a la comadreja ni a la sangre sucia que tienes como amigos.

-No le digas así a mis amigos –intentó defenderlos, quedándose callado inmediatamente.

-Debes prometérmelo –Harry asintió con la cabeza-. Bien.

El rubio se levantó de la cama, sentándose en la orilla, dándole la espalda. Después dejó escapar un suspiro para darse valor.

-En el ataque al colegio intenté matar a Dumbledore…

Esa información Harry la conocía, pero no quiso que Draco lo supiera, después de todo él lo escuchó sin permiso. Sin embargo, estaba seguro de que algo más estaba escondido en todo eso, así que quería averiguarlo y lo mejor para hacerlo era quedarse callado.

-… pero no pude…

Si él se lo confiaba talvez le contaría la verdad de todo eso, aunque fuera cruel.

-Si no lo mataste, ¿en dónde está él?

-Ven…

Malfoy se levantó de la cama, mirando al otro, instándole a tomar su mano para seguirlo. Harry dudó un momento, pero después de semejante revelación no podía menos que permitirse confiar en él, ya que, a pesar de todo, parecía que el asunto era realmente serio, al igual que su actitud.

Se levantó de la cama, dejándose arrastrar fuera de la habitación. Ahí siguieron por los pasillos de las mazmorras, subiendo al vestíbulo del castillo, para posteriormente salir por la puerta principal.

El frío le golpeó con suavidad, aunque su cuerpo, desacostumbrado a esa temperatura, comenzó a tiritar. Aún así siguió el camino por el que su acompañante le llevaba, guiándole por un sendero, hasta donde descansaban las lechuzas. Justo al llegar ahí éste se detuvo, soltándole para abrir la puerta con cuidado.

Al entrar a la extraña torrecilla varias plumas cayeron desde el techo, donde Pig, el inquieto "mensajero" de Ron se le abalanzó, despertando sin querer a las demás aves que descansaban en su pedestal.

-¿Para qué me traes aquí? –preguntó, justo en el momento en que callaba con poca suavidad al pajarillo.

-Porque Dumbledore está aquí –dijo de mala gana.

-¿Y eso?

Preguntó, pero al analizar las cosas se dio cuenta de que aquella lechuza con gorrito de mago realmente se parecía al viejo director de Hogwarts.

-Entonces… esa lechuza…

-Yo sólo puse un hechizo protector, él hizo el resto –dijo al llegar justo frente al ave, la cual se desperezó-. No soy tan poderoso como él, así que él lo reforzó.

Frente a sus ojos aquella lechuza comenzó a tomar forma humana. Sus ojos se cristalizaron y llenaron de lágrimas cuando por fin aquel hombre apareció frente a él después de un tiempo que la pareció eterno.

Se abalanzó al regazo de Dumbledore, a quien consideraba como un miembro de su familia, sonrojándose después por su falta de compostura en un momento como ese. Se separó despacio del viejo mago, sonriendo con alegría.

-Lo siento, fue un momento de euforia –dijo bajito, mientras el otro hombre le sonreía.

-No te preocupes por ello, Harry –apretó con cariño uno de los hombros del joven, volteando hacia Draco, quien miraba distraído el exterior de la torrecilla por una de las múltiples ventanitas por las que entraban las aves-. ¿Cómo te ha tratado Draco?

Dumbledore sonrió con un brillo especial en los ojos al ver el sonrojo en las mejillas de Potter. Después caminó lentamente hacia el rubio, el cual volteó de repente a verlo algo sorprendido.

-Te agradezco por cumplir tu palabra –dijo el antiguo director de Hogwarts-, es muy importante para mí compensártelo.

-No es necesario que me lo agradezca –Draco contestó con frialdad-. Yo sólo hice lo que tenía qué hacer.

-Me sorprende que Tom te haya creído… -volvió a dirigirse al rubio, el cual sonrió con arrogancia.

-Usted hizo muy bien su parte –se cruzó de brazos, recargándose en la pared más cercana-, sobre todo al desaparecer su esencia mágica.

-Me muero por un caramelo de limón –cortó de tajo todo, haciendo reír a los dos muchachos que le acompañaban.

-Típico de usted… –Draco negó con la cabeza, mientras Harry reía por lo bajo.

-----------------------

El mes de noviembre había pasado bastante rápido por los deberes y obligaciones que tenían todos. La relación de Hermione y Ron había sido difícil, pero con el tiempo había comenzado a fortalecerse, hasta cierto punto en que ambos molestaban. No obstante todos los felicitaron cuando por fin el pelirrojo le pidió a su amiga que fuera su novia.

Harry era punto y aparte. Su relación con Malfoy no había avanzado, aunque tampoco había retrocedido, sin embargo, a pesar de todo, los dos seguían viéndose. Él no se quejaba, parecía que el rubio tampoco, pero siempre se sentía inseguro por la inestabilidad que provocaba el desconcierto de no saber qué pasaría. No obstante ahí seguía, yendo con él, durmiendo algunas veces en su habitación, haciéndole compañía, molestándole o viceversa.

Se dio cuenta que el pergamino que traía en las manos emitía algunas luces, entonces leyó lo que estaba escrito en él.

"Buenos días, Harry James Potter" la caligrafía exquisita de Malfoy se dejó ver.

"Buenos días, Draco Lucius Malfoy" sonrió, al imitar su saludo.

"El día de hoy me levanté con muchos ánimos, ¿sabes por qué?" Harry se sintió confundido.

"Dame una pista" trató de no sonar ansioso, sin embargo no lo logró.

"Nos autorizaron un paseo a Hogsmeade" a decir verdad por la escritura del otro se podía decir que estaba realmente feliz. "Por cierto, ¿ya sabes dónde pasarás la navidad?".

Harry se desconcertó un poco por la pregunta, realmente no se la esperaba. Jugueteó un poco con la pluma sobre el pergamino, llenando de puntitos de tinta una parte de éste. Al final sonrió juguetonamente.

"No lo sé… Ron me pidió que fuera con él a la madriguera" escribió con tono inocente, pero tratando de molestar al otro.

"¿Estás seguro que no le agradas más para otra cosa que para amigo?" por la forma de la letra supo que el rubio estaba entre enojado o celoso.

"Ron es como un hermano para mí, al igual que Hermione. Por cierto, ¿sabías que están juntos?" no dejó que el otro le contestara "Sí, lo sabías. ¿No quieres mejor venir tú a la madriguera con nosotros?" preguntó como que no queriendo.

"¡Qué!" esa reacción ya se la esperaba "No creo que a ellos les agrade que yo ponga un solo pie en su jardín, primero me lanzan un crucio y luego investigan".

Rodó mentalmente los ojos, algunas veces Malfoy podía ser igual de terco que Ron. Sonrió y rió por lo bajo, si ellos supieran que se parecían en eso lo más seguro sería que se odiaran aún más de lo que ya lo hacían.

"Talvez no, pero Dumbledore puede hablar con ellos".

"Se supone que es un secreto que él está vivo, ¿se lo has contado ya a tus amiguitos?" Parecía enojado.

"No, no lo he hecho, pero creo que tienen derecho a saberlo. Ellos saben guardar secretos, aunque no lo parezca. Además no serían mis amigos si no supieran lo que yo sé".

"¿Les has contado lo nuestro?".

"Lo saben, pero no con lujo de detalles" con un leve temblor en las manos le dio a entender al otro que se puso nervioso.

El pergamino dejó de emitir luces por unos instantes, hasta que se desesperó.

"Quisiera pasar la navidad contigo, Draco… pero…" claro que quería estar con el rubio, pero estaba más seguro en la madriguera que con él. Sin embargo, si se lo decía de esa manera se enfadaría con él.

"Estás más seguro con ellos, ¿no es así?".

Se atragantó con su propia saliva al leer eso.

"Talvez, pero…" se arrepintió después por lo que iba a decir, no obstante era su mayor deseo "… podemos pasar unos días en tu casa todos juntos, claro, si quieres".

-"Define todos, Harry…" algo no le gustaba al rubio de todo eso, se podía ver.

"Mis amigos y yo…".

Nuevamente el silencio los envolvió a ambos. Había excedido los límites, era lógico que él se enojara.

"No creo que ellos quieran" por fin escribió.

"Yo hablaré con ellos…" sonrió "Pero si pasamos la navidad en tu casa tú tienes que pasar el año nuevo en la madriguera".

"Debes de estar bromeando".

"¿Y por qué bromearía con eso?".

----------------------

Justo a la hora de la comida había invitado a sus mejores amigos a comer con Draco, frente al lago. Hermione estuvo encantada, pero Ron se mostró muy renuente a aceptar la invitación. Aunque terminó "accediendo" cuando la castaña lo jaló del brazo hacia ese lugar.

Frente al lago se encontraba el rubio, esperándoles con una cesta de comida, sentado sobre una manta a cuadros con los colores de su casa. Estaba meditabundo, mirando las hojas de los árboles caer sobre el agua, creando ondas que se disolvían cuando chocaban contra otras. El viento jugaba con sus cabellos rubios, casi platinos, acariciándole lentamente el rostro.

-Perdón si llegamos algo tarde –dijo Hermione algo apenada-, pero arrastrar a Ron hasta acá fue una ardua tarea.

Malfoy rió por lo bajo, molestando al pelirrojo, quien se sonrojó por el comentario.

-Calla, Hermione –Ronald hizo un puchero.

-Fueron hechos el uno para el otro –no hubo sarcasmo en sus palabras, algo que sorprendió a los otros-. Mírense. Tú… -dudó un poco al decirlo-… Weasley, siendo un cabezahueca, y tú…

-Puedes decirme Hermione, Draco –sonrió.

-Claro, Hermione… tú eres una mujer encantadora a comparación del tarado que tienes por novio. Pero creo que se complementan de alguna manera.

-No sólo es con nosotros –Potter se sonrojó como un foco de navidad, al contrario de Ron, quien intentó no vomitar-, creo que también tú y Harry fueron hechos el uno para el otro.

-Pues díselo a tu novio, porque no parece muy convencido de ello…

-Claro, no creo que tú lo estuvieras cuando tu mejor amigo anduviera con una sabandija como tú –Weasley se sentó muy a fuerza frente al rubio, quien sonrió de lado, molestándole.

-Bueno, en fin… -Malfoy sólo le dio vuelta al asunto por Harry-… espero que les gusten los chocolates de importación suiza de Honeydukes, además de la comida, por supuesto. Me hubiera gustado acompañar todo con champagne, pero lo más seguro sería que la profesora McGonnagall me reprendiera por ello –dejó escapar un suspiro.

-Huele delicioso –Ron por fin estuvo de acuerdo con Draco, el cual intentó no carcajearse en su cara.

-Por supuesto, Weasley, ¿qué esperabas de mí?

Comieron tranquilamente, incluso Ron estuvo platicando animadamente con el rubio, hasta que Potter decidió informarles sobre los planes navideños que ellos tenían.

-Draco y yo pensamos que talvez podíamos pasar la navidad en su casa…

Todos se sorprendieron de escuchar la suave voz de éste, pese a que estaban haciendo bastante ruido con sus risas y comentarios. Le prestaron atención, Malfoy comprendiendo a donde llevaba la plática, los otros esperando a que les explicara el motivo de su interrupción.

-Pero también pensamos que ustedes podían venir, aunque… -no dejó que nadie dijera nada-… con la condición de que pasara el año nuevo en la madriguera.

-Hombre… a mi familia le va a dar un "gustazo"… -dijo el pelirrojo con ironía-… pero creo que puedo hablar con ellos. Talvez si los invitaras a tu casa también.

De repente se quejó cuando recibió un codazo por parte de su novia, la cual le miró con cara de pocos amigos.

-No abuses de la hospitalidad de Draco.

-Bueno, yo sólo decía. Pero guarda todos tus artilugios oscuros y esas cosas –nuevamente se quejó, ésta vez por el pellizco que le propinó la castaña-. Ouch, no tienes porqué hacer eso.

-¡Mantén entonces la boca cerrada, si no quieres que te propine otro golpe en la espinilla!

El rubio comenzó a carcajearse, llamando la atención de los otros.

-Lo siento, pero son bastante divertidos cuando se lo proponen –pareció enjugarse una lagrimita-. Creo que puedo hacer todo lo posible, pero no me hago responsable de que caigas en alguna trampa.

-Sí, ya parece, tú la vas a poner.

-Por otra parte, me parece razonable; sin embargo, no creo que a tu familia le agrade estar en mi casa.

-¿Puedo, Draco? –preguntó Harry tímidamente.

-Mejor digámoselos en la noche, ¿no, Harry? –sonrió seductoramente hacia el moreno, el cual sonrió de igual manera.

-¡No me digan que piensan casarse saliendo del colegio! –Ron parecía con un ataque de histeria.

Ambos, junto con Hermione, rodaron los ojos, sabiendo de antemano que el pelirrojo no terminaría de quejarse hasta dentro de mucho tiempo.

---------------------

Eran las diez de la noche, justo después del toque de queda. Tres figuras se veían pasar por los pasillos desiertos del castillo, hasta que desaparecieron de la nada. Segundos después se abrió la puerta de la entrada principal y así como se abrió se cerró, escuchándose unos pasos en dirección a la torre donde descansaban las lechuzas. La puerta de aquel lugar también se abrió, cerrándose igualmente, después volvieron a verse esas tres personas.

-Los estaba esperando –dijo Malfoy con impaciencia-, arguyo que los culpables son Weasley y Potter.

Ambos aludidos entrecerraron los ojos, pero no dijeron nada. No así Hermione, quien estaba muy intrigada en qué querían Draco y Harry.

-Hay algo que quiero que sepan, pero deben prometerme que bajo ningún motivo van a decirlo, aún y cuando lo deseen con todas sus fuerzas.

Sus amigos asintieron. Justo en ese instante los pasos de alguien más se escucharon ahí dentro, hasta que la luz de la luna iluminó una alta figura. Aquel sujeto, quien parecía un hombre de edad avanzada, sonreía, mientras se podían ver sus cabellos y larga barba, tan blancos como la nieve. Sus ojos azules, tan vivarachos como siempre, brillaban detrás de sus gafas de media luna. Su vestimenta, muy llamativa, cabe decir, de un color azul chillón, resplandeció con la luz que entraba por las ventanitas de la pequeña torre.

-Dumbledore…

Dijeron Hermione y Ron, quienes no cabían en su asombro. Hasta que la castaña corrió a abrazarlo con fuerza, llorando de alegría al verlo con vida, sano y salvo. Al pelirrojo también se le llenaron los ojos de lágrimas, pero él sólo bajó la cabeza en señal de saludo, gesto que el viejo mago correspondió con una sonrisa llena de picardía.

-Me han dicho que ustedes dos están juntos –los aludidos se pusieron tan rojos como un jitomate-, me da mucho gusto por ustedes, pues se lo merecían. Harry me dio los pormenores éste mes pasado.

Los dos chicos voltearon a ver a su amigo, quien sonrió con algo de vergüenza.

-¿Qué fue lo que pasó en todo este tiempo? –la castaña miró al moreno con ojos acusadores- ¿Sabías que Dumbledore estaba vivo y no nos dijiste?

-No, yo me enteré el mes pasado –bajó la cabeza-, Draco fue quien me mostró dónde estaba.

-Nadie sabe que estoy vivo, sólo ustedes, aunque creo que también Blaise Zabini está informado de ello, ¿no es así, Draco? –sonrió hacia el rubio, quien había estado algo alejado de ellos.

-Sí, nadie más lo sabe, es por eso que se debe quedar así. Deben jurar que no se lo dirán a nadie, como lo hizo Harry.

Los dos chicos asintieron, sonriendo felices de ver nuevamente a su querido director. Si todos lo supieran se armaría un gran escándalo, pero ellos guardarían el secreto, si era necesario hasta la tumba.

Después del reencuentro, Harry les había comentado los pormenores a sus mejores amigos, quienes sintieron simpatía hacia el rubio, pues después de todo no era tan malo como parecía. A éste no le agradó mucho que hasta Ron le llamara por su nombre, instándole a que hiciera lo mismo con él. Aunque después de tiempo ambos se llevasen mejor.

--------------------

Ese día se encontraban en la puerta, esperando a que Draco, Pansy Parkinson y Zabini, acompañados de Craibe y Goyle, salieran por ésta.

-A ver, los de tercero aquí, por favor –la profesora McGonnagall señaló una fila-. Las casas pueden mezclarse, pero si surge algún problema tienen qué ir con el jefe responsable de sus casas.

El profesor Flitwick, jefe de casa de Ravenclaw, al igual que la profesora Sprout, jefe de casa de Hufflepuff iban acompañando a Malfoy, jefe de casa de Slytherin, y a la nueva directora, aún jefa de casa de Gryffindor, quien miró a todos con gesto preocupado.

-No se alejen, sólo es una excursión a Hogsmeade. Por favor…

Ron llamó la atención de Harry, diciéndole en el oído: "Creo que nos tratan como niños". Zabini también escuchó, asintiendo, a su pesar, las palabras del pelirrojo.

-¿No quiere que también le den la mano para pasar el puente?

La voz hastiada de Draco Malfoy sorprendió a todos, haciendo reír a los que estaban más próximos. La nueva directora se alarmó por el comentario, comprendiendo el grado de nerviosismo que todos tenían. No obstante miró desaprobatoriamente al rubio, quien tenía cara de pocos amigos.

-Entonces vámonos ya…

Sentenció la directora mientras comenzaba a caminar hacia el puente, para posteriormente dirigirse al pueblo de Hogsmeade.

----------------------

Mientras caminaban, Ron miró con desconcierto a los Slytherins que les acompañaban, llamando bastante la atención por la mezcla de las casas, aún y cuando no trajeran el uniforme.

Zabini llevaba a Pansy del brazo, platicando ésta sobre banalidades, seguidos de cerca por Craibe y Goyle, quienes intimidaban a los de tercero con sólo mirarles debido a su altura y voluminosidad.

-¿Ellos qué hacen aquí? –dijo por lo bajo Ron, haciendo que su novia volteara.

-Nos acompañan –no le tomó importancia.

-Pero si sólo están molestando a los de Gryffindor, incluidos nosotros –bajó lo más que pudo la voz.

-Pues a Harry no parece importarle –señaló al moreno, quien fue tomado del guante rápidamente por Pansy-. Incluso hasta soporta su sola presencia, así que cierra la boca.

Subieron a los carruajes, siguiendo la mezcla de las casas, pero ésta vez acompañados por Luna y por Neville, quienes se sintieron inseguros al ver a tantos Slytherins con ellos, con excepción de Craibe y Goyle, que se subieron a otro.

Ron iba a alegar algo más, hasta que a lo lejos por fin pudo distinguir Hogsmeade. Su rostro se iluminó, a tal grado de que estuvo a punto de salir corriendo hasta ese lugar. No obstante la voz de Malfoy lo alejó de esos pensamientos cuando bajaron de los vehículos.

-No quiero repetirlo –el rubio intimidó a unos de tercero de Slytherin-, no se alejen ni se metan en dificultades. Para los menores de edad están prohibidas las bebidas alcohólicas. No quiero que me decepcionen –entrecerró los ojos, mostrándoles a los de su casa, que como jefe no aceptaría ninguna réplica y no ayudaría a nadie que inflingiera las reglas-. Si me entero de que alguno de ustedes se mete en problemas yo mismo me encargaré de ponerles un castigo. Lo mismo para los mayores.

Dean Thomas estaba imitándolo, algo que no pasó desapercibido para el rubio, así que éste, acercándose al Gryffindor, puso su mano sobre el hombro del muchacho, sobresaltándole.

-Lo mismo digo para los de Gryffindor –sonrió maquiavélicamente, asustando incluso a los chicos de su edad de todas las casas-; por supuesto, si no quieren un castigo todo lo que resta del año en las mazmorras.

El chico aludido sonrió nerviosamente, murmurando un: "Por supuesto, profesor Malfoy", dirigiéndose con cuidado hasta donde estaban Harry y sus amigos.

-Él da miedo. No es por nada, pero tiene la sonrisa marca Snape en su rostro –dijo por lo bajo a Ron, quien rió levemente al pensarlo.

-Je, ¿qué te pasa? –volvió a reír, ésta vez con mayor volumen- La que él tiene es patentada para todos los Slytherins.

Zabini volteó inmediatamente a donde estaban ellos, haciendo que Harry y Pansy también lo hicieran.

-Claro –dijo Blaise, soltándose del agarre de su compañera-, pero por lo menos no parecemos venados frente a las luces de un carro muggle.

Craibe, Goyle y Pansy rieron ante el comentario; incluso Hermione y Harry se atrevieron a hacerlo. Ron se sonrojó furiosamente al quedar como un idiota frente a sus compañeros.

-Buen intento, amigo –le dijo Dean, al momento en que se alejaba de ese extraño grupo.

-----------------------

Se encontraban en la taberna de "Las Tres Escobas" charlando y tomando cervezas de mantequilla. Malfoy estaba en la mesa con los demás profesores, escuchando las peripecias de muchos de los alumnos, así como quejas, quejas y más quejas. Que si los Slytherins ya habían lanzado bolas de nieve a los de Gryffindor, que si los de Slytherin habían empujado a una chica de Ravenclaw a la calle y ésta había caído sobre un charco de lodo. Que si uno de Hufflepuff había perdido un zapato…

Draco estaba a punto de lanzar una maldición, cuando vio la figura de un extraño niño de cabellos platinados salir de la taberna. Se quedó mirándole por espacio de unos segundos, hasta que desapareció de su vista.

-Por supuesto, Minerva, ¿no has escuchado que la academia de aurores espera que Potter entre el año próximo a sus cursos? –dijo el profesor Flitwick, hablando con unos ademanes exagerados de las manos-. Creo que era lógico, ya que lleva buenas calificaciones. No puedo decir que sean excelentes sus notas, pero es muy bueno en encantamientos. Por cierto, joven Malfoy, ¿usted qué piensa seguir estudiando?

Malfoy salió de sus cavilaciones al escuchar que le llamaban. Con un pausado y elegante gesto volteó a mirarle, sonriendo con algo de arrogancia.

-Pociones, por supuesto –dijo con desenvolvimiento-. Creo que en San Mungo necesitan algunos magos capacitados. Pero uno nunca sabe si se pueda llegar a terminar la carrera –no dejó que el profesor le interrumpiera-; me refiero a la guerra. En estos momentos hay mucha incertidumbre en si el mundo mágico se salvará o será presa nuevamente de la oscuridad.

-¿No cree que exagera un poco? –Flitwick se secó con un pañuelo nerviosamente la frente-. Digamos, tenemos a Potter de nuestro lado y en él descansa el bienestar del mundo mágico.

-Me parece que es algo ingenuo pensar que un "niño" nos salvará a todos –rodó los ojos, siendo coludido por las profesoras que les acompañaban.

-Es verdad –Minerva habló-. Se podrá creer que Potter es muy poderoso, pero él no está preparado para una guerra, al igual que ninguno de nosotros. El grado de madurez que tiene no es suficiente para plantarse frente a una parvada de mortífagos y salir ileso. Creo que aún es muy pequeño para dejar que él lleve solo una guerra que ha acabado con todos sus seres queridos.

El tintineo de la puerta se escuchó cuando entraron unos chicos al abarrotado establecimiento.

-Todos velan por sus intereses –Sprout habló, dejando escapar un suspiro- sin pensar en si Potter quiere eso o no. Talvez parezca su destino, pero él no lo piensa así. Cuando esté en el campo de batalla sólo él decidirá si lo que hace es lo correcto…

Los profesores se quedaron callados, hasta que Malfoy se levantó de la mesa.

-Si me permiten –señaló la mesa donde estaban sus amigos.

-Pase… -dijeron al unísono sus acompañantes.

Draco se dirigió a donde estaban los otros, sintiendo un leve mareo y un fuerte dolor en el estómago. El sabor metálico en la boca le hacía saber que no se encontraba muy bien de salud, aunque se lo atribuía al vacío que sintió en el tubo digestivo cuando comenzaron a hablar del camino que Harry escogería.

Todos eran muy crueles al dejarle todo el trabajo sin pensar en lo que él quería. Siempre decidiendo por su cuenta, ocultándole cosas, negándole la verdad.

Al llegar sólo colocó su cabeza sobre el hombro de su mejor amigo, descansando por unos momentos.

-¿Qué tan mal estás? –Blaise le preguntó con preocupación.

-Lo suficiente como para recargarme en ti –dijo con discreción.

Potter había notado la palidez en el rostro del rubio, mirando cómo cuchicheaban Zabini y él. Incluso Ron se veía preocupado por su estado de salud.

-¿Qué les parece si tomamos algo de aire fresco? –Ronald se levantó del asiento, instando a los demás a hacerlo- Vi unas magníficas Saetas de Fuego en la tienda de Quidditch al final de la calle.

Todos se levantaron, entre ellos Malfoy, quien se tambaleó un poco al hacerlo.

-Vamos… -susurró cerca del oído de Zabini, respirando con dificultad.

-----------------------

Ron estaba relativamente callado cuando habían regresado del paseo. Trataba de distraerse hojeando el libro que tenía frente así, pero no podía. Él no era el único que se encontraba en ese estado de desasosiego, pero los demás parecían bastante relajados.

Unos pasos se escucharon, al igual que el sonido de una puerta al abrirse.

Madame Pomfrey salió de la habitación de Draco con cara de disgusto. Llevaba en las manos varios frascos de pociones, mientras en el brazo le colgaba una sábana bañada en sangre seca.

-El ataque ya pasó –dijo con pesado gesto-. A pesar de eso se encuentra débil, creo que está en estado terminal por el sudor de sangre que perlaba su frente…

Harry se levantó de su asiento inmediatamente, al igual que Blaise.

-Cuando estos síntomas aparecen lo máximo de vida que se les puede dar son entre seis meses a un año, pero a como lo veo talvez le quedan menos de seis meses.

Los ojos de Harry se cristalizaron. Se negaba a saberlo, se negaba a aceptarlo.

-Lo más sensato es que sea hospitalizado en San Mungo, ya no puede ejercer aquí –se dirigió a la profesora McGonnagall, quien asintió con tristeza-. Mañana a primera hora pediré su traslado.

La enfermera salió por la puerta de la estancia, seguida de la nueva directora.

Harry tembló levemente, mirando a Zabini, quien le abrazó, ofreciéndole un hombro en el cual apoyarse en esos momentos tan difíciles.

---------------------

Todos se habían marchado ya, dejándole sentado en el sillón de la salita de estar que estaba en la habitación del profesor de pociones. Tenía la mirada perdida, recordando cómo, después de regresar del paseo, el rubio había comenzado a ahogarse con su sangre en un pasillo. McGonnagall estaba cerca y fue ella quien mandó que trajeran a la enfermera al cuarto de Malfoy. También, al igual que todos, se había quedado esperando para saber cómo se encontraba Draco.

Pasaron cuando mucho dos horas de incertidumbre, hasta recibir aquel aterrador veredicto.

Ahora estaba un poco más desahogado, pero no más tranquilo. Sus ojos estaban rojos, su rostro pálido, su boca seca.

Tenía miedo de poner un solo pie en aquella habitación, por temor a derrumbarse, sabiendo que comenzaría a suplicarle a Draco que no lo dejara solo, que no se fuera de su lado. Sabía que si tenía la oportunidad nuevamente sería egoísta, pidiendo, sin pensar en el rubio, un poco más de tiempo.

Por fin se levantó, caminando hacia la puerta abierta. Los segundos que le tomó el alcanzarla le parecieron relativamente cortos, cuando lo único que quería era aplazar ese encuentro.

Dentro se podía distinguir la luz que llegaba de la sala de estar, pero a pesar de ello, se veía algo oscuro. Draco se encontraba recostado en la cama, mirando el techo, como si observándolo pudiera calmar el dolor que tenía, pero sin lograrlo. Cuando se dio por observado volteó lentamente con Harry, sintiendo cómo, sin que pudiera evitarlo, una lágrima de sangre abandonaba sus ojos.

Al verlo así, el moreno sólo tragó saliva, sintiendo cómo ésta parecía una lija dentro de su seca garganta. Suspiró, para darse valor, más que para llevar aire a sus pulmones, sentándose después en la cama del rubio y acariciando sus cabellos le dio un suave beso en le frente.

-Hace algo de frío, estás helado –dijo al sentir la frialdad en la piel de Malfoy-, prenderé la chimenea…

Sus intenciones se cortaron cuando una débil mano le detuvo. Sintió que las lágrimas estaban a punto de brotar, pero las detuvo.

-Quédate…

Ésta vez no pudo detener más el dolor, atrincherándose en el hombro izquierdo del otro, ocultándole las lágrimas que ya recorrían su rostro.

-Ya te lo había dicho, mientras yo pueda me quedaré a tu lado…

Su voz se había cortado entre sollozos. Se sentía impotente al saber que no podía hacer nada para combatir aquella enfermedad tan cruel. Se sentía solo, se sentía perdido, incapaz se continuar si él moría. Injusta y cruel vida que le arrebataba siempre la felicidad de las manos.

-Te amo, Harry…

Se quedó paralizado al escuchar esas palabras, sintiendo como su corazón se partía en mil pedazos.

-Yo también te amo…

Cerró los ojos, tratando de menguar aquel dolor de saber que la primera persona que había amado iba a morirse…

-----------------------

Sintió que algo lo jalaba hacia atrás, hasta que cayó con un sonido sordo. Arqueó la espalda, sintiendo después lo mojado que estaba el piso.

Abrió los ojos, viendo cómo la cama de la habitación estaba en el techo, con las sábanas colgando hacia el piso, pero aún en su lugar. Volteó a todas partes, encontrando nuevamente aquel espejo de los dragones de oro y plata entrelazados.

-Es tiempo… -la suave voz de un niño se escuchó a su espalda-… de que abras la puerta. Tú has sido el elegido, tu otra mitad ha fallado la prueba.

Harry quiso decir algo, pero no supo qué. Sus ojos estaban abiertos como platos de la impresión, hasta que logró componerse.

Justo en ese momento el espejo se abrió, como si esa fuera la puerta que le había anunciado con antelación el pequeño niño. Sus ojos eran plateados, sus cabellos también lo eran; tan parecido a…

-Draco… -dijo por fin, saliendo de su estupor.

El niño le sonrió, pero negó con la cabeza.

-Mi nombre no tiene importancia –el pequeño señaló la puerta, la cual comenzó a brillar con fuerza-, porque después de lo que pase podrás saberlo todo.

De aquel lugar comenzó a soplar un fuerte viento y sintió cómo la luz lo engullía. Se preguntó que pasaba con los que no lograban superar la prueba; no obstante, más rápido de lo que creía, le darían la respuesta de todo lo que quería saber...