2005.–
Asiento.
Deseaba con todo mi corazón que llegasen pronto las vacaciones de verano. Para aquello, debían de pasar tres meses más de clases. Ya estábamos a finales de septiembre, no quedaba tanto, si comenzábamos a pensar que hace tres meses atrás, serían seis los que me distanciaban de mi tan soñado descanso.
Eso sí, habían varias razones del por qué extrañaría a Seattle, eso incluía a Mike. Mi novio.
Mike fue una de esas personas inesperadas, que no pensé y creí que conocería en esta ciudad.
Llegué el primer día a clases con mucho nerviosismo. El colegio era tres veces más grande que el de Forks. Caminé con indecisión hacia un panel que tenía escrito el nombre de todos los nuevos alumnos y alumnas que entraban al mismo nivel de clase que yo.
Encontré mi nombre en un segundo listado. Subí los escalones hasta el tercer piso y busqué el salón con el número diecisiete. Este estaba en toda la mitad de un pabellón con forma de L. Traté de buscar a alguien con rostro amistoso, mas no aparecía nadie con esas características. Unos hablaban como si se conocieran de siempre, otros reflejaban que tenían mucho sueño.
Una chica igual de asustadiza que yo tenía sus manos colgando hacia el balcón, que estaba al frente de mi nuevo salón de clases, y daba toda la vista panorámica a uno de los tres estadios para hacer deporte que tenía el colegio.
–Disculpa… ¿estás en el primero B? –le pregunté tímidamente. Ella asintió mientras me regalaba una sonrisa.
–Sí. Al parecer somos nuevas, tenemos muchos compañeros que venían juntos del año pasado. La mayoría se conoce –me informó–. Me llamo Teresa. ¿Y tú?
–Bella.
–Mucho gusto Bella. ¿De qué colegio vienes? Yo provengo de la primaria tres de Seattle, que está al noroeste de la ciudad.
–Yo estudié en la primaria de Forks, ahí es donde vivo también –seguimos conversando y juntas nos ubicamos en una de las primeras mesas que estaban al medio del salón, cuando la que parecía ser nuestra profesora jefe, nos pedía que tomásemos aquella posición y guardásemos silencio para que nos pudiésemos presentar.
–Muy buenos días, niños y niñas, que ya no son tan infantes y forman parte de los más jovencitos de la secundaria. Me llamo Nadia y seré su nueva profesora guía. Algunos me conocen, porque han estudiado aquí desde el jardín infantil, y otros me conocerán desde hoy. Los querré como mis propios hijos, por lo que si tienen algún problema, no duden en confiar en mí.
–Buenos días, profesora Nadia –respondimos más relajados.
–Muchos de ustedes deben saber el difícil momento que está pasando la familia Newton, sobre todo, uno de sus compañeros de curso, Mike. Hace dos días falleció su padre, y hoy se realizarán los funerales. Cuando Mike se reintegre al salón, quiero que todos le apoyen y animen.
Asentimos con responsabilidad, y algo de pena. No conocía a ese chico, pero creí que era bastante amable con los demás. Vi muchas caras compungidas por el dolor, y como no, si con el sólo hecho de pensar en que mi padre se podría morir, me daba escalofrío.
Pasó una semana desde mi primer día en el nuevo colegio. Increíblemente, no me sentía tan sola como creí. Rápidamente me fui haciendo muy buena amiga de Teresa, varios compañeros se acercaban a mi persona por la curiosidad de ser de otra localidad. Me fui acostumbrando al ritmo de los estudios, que eran más exigentes que Forks. Así llegó un nuevo lunes, pero no cualquiera, porque apareció Mike.
Todos le saludaron con bastante alegría, y él les respondía con el mismo cariño. No se le veía tan triste como pensé. Su mirada reflejaba una paz interna muy atrayente. Se sentaba al final del salón, en mi misma fila.
Por cosas del destino, terminé un día sentándome con Teresa unas mesas más adelante que él, y comenzamos a conversar. Ahí supe que su padre estaba enfermo hacía muchos años atrás, y que la familia ya estaba preparada para su fallecimiento. Fue triste, pero él sabía mejor que todos los presentes, que su padre se encontraba muchísimo mejor 'en el cielo'.
Con los primeros meses de estudio iniciamos una muy bonita amistad junto a otros chicos, formando un grupo de trabajo y simpatía.
Fue a finales de mayo, que supe de su amorío por Marie. Una chica que no hablaba con muchos de nosotros.
–Marie y Mike eran muy amigos, desde que iniciaron la primera –eso me hacía recordar a Edward, inconscientemente–, se gustaban y todo era muy evidente entre los dos –proseguía en la historia Catalina, otra chica del grupo de amigos–, pero unas ex compañeras que teníamos, inventaron un problema entre ambos, y desde ese entonces, Marie no le dirige la palabra. Mike ha estado enamorado de ella desde aquel entonces –finalizaba el relato con pena.
Junto a Catalina nos propusimos tratar de unirles para que hablasen, como mínimo. Pero a medida que nuestro plan iba en marcha, supimos que Marie tenía un novio, se querían y ella había olvidado todo lo del pasado, mas prefería mantenerse a la distancia de Mike, porque le había dolido el hecho de que él creyese chismes y no creyera en su palabra.
Entendimos su posición, y con el correr de otro mes más, el cariño que le tenía a Mike se acrecentó. A fines de julio salimos a dar un paseo después de clases, y cuando llegó la hora de despedirnos, me besó en la mejilla y me pidió que fuese su novia.
Acepté con una sonrisa.
Llevaba recordando lo que me había pasado hasta estas instancias durante el año, cuando sentí a una señora sentarse al lado mío. Bastaban alrededor de tres o cuatro pasajeros para que el transporte comenzase su recorrido hasta Forks.
La señora se quejaba por la gran cantidad de bolsas que llevaba consigo. Se corría de un lado a otro, tratando de acomodarse lo mejor posible. Mi celular vibró y vi que me acababa de llegar un mensaje de Mike: 'Nos vemos el lunes, ya te extraño'. No tenía saldo para responderle, ya que solía hablar con él durante horas y horas los fines de semana.
Una cabellera que reconocería a metros de distancia se posicionó al frente de mí.
–¡Bella!
–¡Edward! –nos saludamos a la distancia. Él estaba en el pasillo del bus, y yo, sentada en el asiento que daba a la ventana, estaba al medio de nosotros la señora con su gran cantidad de bolsas. Edward divisó que paralelamente hacia mi asiento, quedaba otro vacío.
–Señora… ¿podría usted irse en este asiento, por favor? –el pidió con su toque de caballerosidad, y su voz mucho más grave. La señora me observó con rabia, de la misma forma lo hizo con Edward. Sacó un walkman de su enorme cartera, se colocó los audífonos e hizo caso omiso a lo que le había pedido Edward tan humildemente.
Resignados, él se sentó en la misma corrida que yo, pero con el pasillo y aquella señora de por medio. Sonó el timbre de su celular, contestó animado y se despidió con un yo también te amo, corazón.
¡Vaya!, al parecer no era la única que estaba de novia con alguien. Hacía muchísimo tiempo que no le veía. De seguro que habían cambiado muchas cosas…
.
El viaje comenzó y cuando comencé a cerrar mis ojos, la señora me entregó una notita.
'Ya no te atas el cabello, se te ve muy bien como lo llevas ahora' –decía. La caligrafía era inconfundible, me alcé un poco para observarle, y él me hacía la morisqueta para que yo le respondiese en el papelito. Saqué una lapicera y le respondí.
'Sí, era tiempo de soltar mi cabello… en cambio el tuyo, sigue teniendo el estilo de siempre' –le entregué el papelito a la señora. Furiosa, prácticamente se lo tiró en la cara a él.
'Es el talento de un Cullen, y a Tanya le encanta así'
'¿Tanya? ¿Ella es tu novia?'
'Sí, estamos saliendo hace un par de meses, y todo va fenomenal. ¿Tú estás saliendo con alguien?'
'Sí, se llama Mike, pero difícil que le conozcas, es un compañero de curso'
'¿No es compañero de banco? xD'
'No. Es solamente mi novio, y unos de mis mejores amigos. ¿Cómo está Emmett?'
'Muy bien, más feliz que nunca con Rosalie'
'Supe que ha sido la novia que más tiempo le ha durado'
'Y tendrá que durar con ella por el resto de sus días, Rose está embarazada'
–¡¿Emmett será papá? –grité, olvidándome de escribir mi sorpresa en el papelito.
–¡Ya me tienen harta ustedes dos! Aburrida con sus papelitos, y ahora con tus gritos, y la risotada de este niñito –reclamaba furiosa la señora. Edward me mostró su celular, haciéndome entender que me enviaría mensajes, pero también le hice señas, para explicarle que no tenía minutaje. Permanecimos callados el resto del viaje.
Cuando llegábamos a la ciudad, la señora comenzó a prepararse para descender del bus. Fue una de las primeras, y apenas se puso de pie para bajarse, Edward se sentó a mi lado. Nos saludamos con un beso en la mejilla, y me habló en lo que nos quedaba de recorrido, acerca del nacimiento del nuevo integrante de la familia.
–Tienes que ir a mi casa uno de estos días, así hablamos, y saludas a Emmett.
–Claro que iré. Creo que desde el año pasado que no te visito.
–Tú me avisas, y le digo a Emmett –habló mientras se preparaba para bajar del bus.
Pero cuando iba a ir a verle, él me avisó a último minuto que no podía recibirme porque Tanya le había pedido que le acompañase a comprar unas cosas para el colegio.
Y cuando me invitó por segunda vez, yo no pude porque Mike se encontraba de cumpleaños.
Con el tiempo, nos olvidamos de volvernos a invitar, y cuando nos conectábamos al MSN, a veces hablábamos.
Nota de la autora:
Suele suceder que a veces nos encaminamos en una vida 'nueva', por así decirlo, dejamos de lado las cosas –y sobre todo, a las personas– que solíamos frecuentar con cotidianidad, y nos acostumbramos al nuevo ajetreado camino.
Lo malo es que uno se da cuenta de aquellas cosas tarde.
PD: Aunque ahora que lo pienso, peor sería si no reflexionáramos en cuanto a aquello.
