Capítulo 9 (2ª parte): ¡Qué noche la de aquel día!

N/A: Disculpad el retraso, espero que el siguiente no tarde tanto. Ojalá os guste!


Estaban en la barra esperando sus bebidas, después de que Larry las hubiera pedido, cuando una de las chicas que pululaban por el local, vestida con una minifalda imposible y un escote de vértigo, se acercó y le dio unos golpecitos en el hombro a Edgeworth, que empezó a mirar fijamente un posavasos.

-Hola, guapo. ¿Me invitas a una copa?- empezó ella, insinuante.

Edgeworth se giró hacia ella para responderle, tratando de mirar a cualquier lugar que no fuera su escote excesivo.

-¿Una copa? Supongo que no puedo negarme, señorita- dijo educadamente.

La chica soltó una carcajada.

-Una señorita, ¿eh? Te gusta jugar a los caballeros, me parece muy bien. ¡Qué mono eres!- comenzó a acariciar las solapas de su chaqueta, mientras el fiscal enrojecía, paralizado.

Phoenix observaba la escena, extrañamente molesto, hasta que no pudo contenerse más.

-Oye, mi amigo no te va a invitar a nada- soltó-. Prueba con otro, ¿vale?

-Uy, vaya, tu novio se ha molestado- se rió ella, quitando las manos de la chaqueta de Edgeworth.

-¡N-no es mi novio!- exclamaron los dos al unísono, sin mirarse.

Esta vez la risa de la chica fue aún más escandalosa.

-¡Como queráis, guapetones!- se encogió de hombros-. No sé muy bien qué hacéis por aquí, hay otros sitios que podrían encajar más con "vuestros gustos", ¿sabéis?- les dijo con retintín. Sin más, se dio media vuelta y se acercó a otro de los hombres apoyados en la barra.

En ese momento la camarera les sirvió sus copas. Phoenix le dio un trago a la suya y se dirigió al fiscal.

-Oye, Edgeworth, ¿eres consciente de dónde nos ha traído Larry, ¿verdad?

-Por supuesto, Wright, ¿crees que soy estúpido?-replicó con desdén.

-Entonces no vayas invitando a las chicas, o se creerán que quieres algo con ellas. ¿O es que quieres algo con ellas?

-¡Por supuesto que no, Wright! Pero no es caballeroso rechazar una petición de una dama. De todas formas, sé cuidar de mí mismo perfectamente, no tienes por qué preocuparte.

Phoenix iba a replicar algo, cuando le sobresaltó un estridente grito procedente de una zona del local repleta de sofás.

-¡Niiiiiick, ven aquí! ¡Mis amigas quieren conocerte!- Larry se había evaporado de la barra y estaba sentado en uno de los sofás, rodeado de chicas con copas en la mano.

-Deberías decirle a él también que no invite a nadie- sugirió Edgeworth, con una sonrisilla.

-Madre mía… ¿pero no sabe lo caro que puede salir eso?- el abogado sintió una gota de sudor frío por la frente.

Al ver que no iba, Larry y el grupo de chicas se acercaron a Phoenix y le llevaron a rastras a la zona de sofás. Aunque opuso resistencia, le fue imposible. Le pusieron una copa en cada mano y varias de las chicas le hicieron beber otra.

Edgeworth lo observó, medio divertido, medio fastidiado, pero con su cara de póker habitual. Mientras decidía la mejor forma de sacar a sus dos amigos de allí, se le volvió a acercar otra chica.

-¿Me invitas a algo?

-Lo siento, señorita, pero no debo hacerlo.

-¿Ah, no? ¿Por qué no?

-En realidad solo he venido para acompañar a mis amigos. No busco nada.

-Oh, es eso. Puedes quedarte tranquilo. Mira, me puedes invitar a una copa y charlamos un rato tranquilamente. Mucha gente que viene aquí solo quiere hablar, ¿sabes?

La chica era rubia y llevaba una melena corta con flequillo.

-Me llamo Vivian. Sí, como la de Pretty Woman. Irónico, ¿verdad?- le dedicó una sonrisa sesgada-. Por eso me peino así, a ver si un día tengo la misma suerte que ella. Por lo menos, lo mío no es una peluca. Solo teñido.

-Me temo que nunca he visto la película. Aunque tengo una idea de la trama, claro- Gumshoe le mantenía al tanto (muy a su pesar) de cada serie o película que veía. Le sonaba que sobre esta comentó que había llorado como una Magdalena al verla…

-¿En serio?- abrió mucho los ojos-. Vaya, debes de ser de las pocas personas.

-Suelo estar demasiado ocupado como para ver películas.

-Ya. Bueno, pues ahora ya sabes cómo se peina y cómo se llama la protagonista. En mi caso tiene gracia, porque además mi hermana se llama Lilian. Nuestros padres no tuvieron mucha imaginación.

Edgeworth se limitó a asentir, mientras dirigía miradas de soslayo hacia donde se encontraba Phoenix. Vivian le observó.

-No estés tan pendiente de tus amigos, están entretenidos. Pero tú… Pareces preocupado por algo. Te he estado mirando desde que has entrado y solo te he visto sonreír una vez.

Frunció el ceño.

-Tampoco llevo aquí tanto tiempo.

-Cierto. Pero me da que aunque llevaras más tampoco lo harías.

-Seguramente tengas razón-replicó tras pensar un momento.

-Claro que sí. Déjame adivinar qué es lo que te preocupa: a ver, no llevas anillo, así que probablemente no estás casado, aunque mucha gente se lo quita para venir a estos sitios, pero creo que no es el caso; eres joven, alto, guapo, tienes pinta de tener pasta, así que probablemente eres un ligón; sin embargo, aunque conoces a muchas chicas, todavía no has encontrado a una que te parezca especial. ¿Qué tal voy?

Miles se rió entre dientes.

-No muy bien.

-Eh, por lo menos he conseguido que te rías. ¿Me he ganado ya esa copa?

El fiscal miró a la chica, pensativo.

-Sí, pide lo que quieras- ella así lo hizo-. En realidad… Sería un alivio poder contárselo a alguien.

-Hay quien prefiere confesarse en la iglesia, pero creo que nosotras te podemos dar consejos más interesantes-dijo riendo-. Aunque lo que no puedo ofrecerte es el secreto de confesión. Algún día tengo pensado publicar mis memorias, ¿sabes?

-Seguro que se venden bien.

-Eso espero…Bien, íbamos por lo de que aún no has encontrado a la chica adecuada.

Edgeworth tomó aire.

-En realidad sí la he encontrado. Pero… está enamorada de mi mejor amigo, y él de ella.

Vivian silbó.

-Vaya… ¿y ella sabe que te gusta?

-No. Le mentí y piensa que no significa nada para mí.

-Ya veo. Te has hecho a un lado para que no tenga que elegir. Bien para tu amigo, mal para ti.

-Es que ella… no quiere elegir.

-Pero tendrá que hacerlo, ¿no? No va a salir con los dos…

Le miró fijamente.

-¡Un momento! ¿Es eso? ¿Quiere salir con los dos?

Miles seguía en silencio.

-¿No es eso? Entonces me he perdido.

- En realidad, no es que quiera salir con los dos…

-¿Sí?

-Sino que salgamos los tres juntos.

-¿Que seáis un trío?

El fiscal enrojeció al oír la palabra.

-Bueno, no me gusta decirlo así…

-Joder, normal. Es que asusta plantearse algo así. No me extraña que estuvieras tan serio. Bueno, pues por lo que me estás contando, la pregunta del millón es si estarías dispuesto a estar con tu amigo. Y él contigo.

-Premio.

-¿Él te gusta?

Edgeworth asintió.

-Más que nada en el mundo.

Ella esbozó una sonrisa cansada.

-Te entiendo.

Miles terminó su vaso.

-Así que no tienes un gran consejo para darme.

-Pues… me encantaría decirte que sí, pero me lo has puesto más difícil de lo que pensaba, la verdad- se mordió las uñas, pensativa. Al cabo de un rato prosiguió-. Te diría que le digas la verdad a ella. No tienes derecho a decirle que no sientes nada si es mentira. Y también se lo tienes que decir a él.

El fiscal tragó saliva.

-¿Estás segura?

-Claro. Tienes que dejar a los demás que decidan. Tienes que poner todas las cartas sobre la mesa. Para perder siempre hay tiempo.

Miles dio vueltas al vaso vacío, absorto. Mientras, Vivian pidió otros dos vasos de lo mismo.


Siguieron charlando durante lo que pareció un rato, pero cuando Miles miró su reloj y vio la hora que era se sobresaltó.

-Es realmente tarde. Voy a tener que irme, Vivian. Mañana tengo que trabajar.

-Mañana es sábado…-protestó ella.

-Sí, bueno, no iré a la oficina y me levantaré más tarde, pero tengo cosas que adelantar en mi casa.

-Lo que yo digo, eres demasiado serio…-bromeó. A continuación le miró a los ojos fijamente-. Y también eres encantador. Si no tienes suerte con esa chica ni con tu amigo, acuérdate de mí, ¿vale?

Miles enrojeció.

-I-iré a buscar a mis amigos-balbució.

Miró hacia los sofás, pero no vio a Phoenix ni a Larry.

-Se han ido de allí hace rato, ¿no te habías fijado?

No le contestó. Lo cierto es que hacía un buen rato que había dejado de fijarse en ellos. Vivian preguntó a una de las camareras.

-Están en uno de los reservados. Igual no es buena idea ir…- añadió con una risita.

Edgeworth se puso pálido. Vivian le puso una mano en el brazo.

-Quizá es mejor que no vayas a buscarles.

-Ni hablar. Hemos venido los tres y nos iremos los tres. ¿Dónde está ese reservado?

Ella le acompañó para indicarle. A medida que se acercaban a la puerta, se oían más fuertes las risas procedentes del interior. Edgeworth fingía estar tranquilo, pero por dentro no dejaba de preguntarse si vería algo que no estaba preparado para ver. "No, Wright no sería capaz… ¿verdad?", pensó. Miró a Vivian, que se encogió de hombros. Por fin, llamó a la puerta. Se oyeron grititos de sorpresa.

-¿Wright? ¿Larry? Soy Edgeworth, ¿puedo entrar?

- ¡Claro, pasa!- gritó Larry alegremente.

-¡N-no, espera!- dijo Phoenix a su vez.

Pero ya había abierto. Se encontró con Larry en calzoncillos, mientras que Wright conservaba la camisa, pero tampoco llevaba los pantalones. Por su parte, todas las chicas estaban en ropa interior.

-Perdonad, ya veo que estáis ocupados.

-¡Edgeworth, espera!- Phoenix se puso de pie de un salto. Edgeworth le miró de pies a cabeza. Afortunadamente, la camisa era lo suficientemente larga-. Solo estábamos jugando.

En ese momento el fiscal se fijó en que todos llevaban cartas en la mano.

-Y os habéis puesto cómodos para jugar, por lo que veo.

-B-bueno, es que estamos jugando al… ya sabes…

-¡Al strip-póker!- gritó Larry de nuevo.

Edgeworth abrió los ojos un instante y al momento los volvió a entrecerrar.

-En fin… Solo venía a deciros que me voy. Ya son las 3:00.

-¡Fantástico! ¿Has oído, Larry? Tenemos que marcharnos- dijo Phoenix, mientras sacaba sus pantalones de detrás de un sofá.

-Ni hablar, no me moveré de aquí. Candy y yo lo estamos pasando genial. Además, esta jugada es decisiva-guiñó un ojo-. No hay forma de que alguna de las chicas se libre de enseñar algo.

-¿Y si pierdes tú, Larry?

-¡Pero Edgey! ¿Por qué te tienes que meter conmigo siempre?- berreó.

El fiscal puso los ojos en blanco y se dio media vuelta.

-¡Espera, Edgeworth!- Phoenix le agarró del brazo para impedir que se fuera-. Por favor, ayúdame- cuchicheó-. Estoy deseando largarme de una vez, pero no hay forma de convencer a Larry y tampoco vamos a dejarle aquí, está borracho.

-Sí, me había dado esa ligera impresión.

Phoenix le miró con ojos suplicantes, terminando de abrocharse los pantalones. Edgeworth titubeó.

-Está bien- concedió. Se acercó en dos zancadas a Larry y le fulminó con la mirada.

-Larry. Nos marchamos. Ahora.

-¿Eh? ¡Ni de coña, tío! He dicho que no me voy. Marchaos vosotros si queréis, yo me quedo con mi caramelito, ¿verdad, Candy?- abrazó a la susodicha, que le miraba con cara de no saber muy bien cómo reaccionar.

Edgeworth le agarró de un brazo.

-Wright, échame una mano- Phoenix se acercó-. Del otro brazo- el abogado obedeció y empezaron a arrastrar a Larry hacia la puerta.

-¿Qué hacéis? ¡Soltadme ahora mismo!- intentó zafarse sin éxito-. ¡Candyyyyy!


Con muchos esfuerzos, consiguieron sacar a Larry del local y meterle en la parte de atrás del coche de Edgeworth. Phoenix se sentó en el asiento del copiloto. Antes de que Edgeworth hiciera lo propio, Vivian se le acercó.

-Adiós, chico serio- dijo, dándole una tarjeta de crédito-. Las copas de tus amigos te tienen que haber salido por un pico. ¿Puedo hacerte una última pregunta?

Miles asintió.

-El amigo del que estás enamorado… ¿es él, verdad?- el fiscal la miró, sobresaltado-. No, no hace falta que me contestes. He visto cómo le miras cuando él no te mira a ti.

-No…

-Tranquilo, no hablo más- le interrumpió-. Marchaos y que tu amigo duerma la mona. Hasta otra- se dio media vuelta y volvió a entrar en el club. Edgeworth se fijó mejor en su tarjeta y vio que iba acompañada de una tarjeta del local con un número de móvil escrito. Ya le habían hecho ese viejo truco en más de una ocasión, aunque era la primera vez que era ese tipo de tarjeta. Sonrió para sí y entró en el coche.


Afortunadamente, Edgeworth no necesitaba las indicaciones de Larry para volver, porque este no hacía más que protestar en el asiento trasero:

-No, dejadme, quiero quedarme con Candy, es la mujer de mi vida…

Phoenix estaba harto de oírle.

-¿Es que no sabes en qué trabaja?

-Pues claro que lo sé, ¿es que tú no sabes lo que es el amor?- chilló-. No se decide quién te gusta, se siente. Tienes demasiados prejuicios, Nick.

Edgeworth enrojeció. Phoenix se dio cuenta. Ahora no estaba tenso como a la ida, solo pensativo. Se preguntó de qué habría estado hablando con la chica. ¿Quizá le había gustado? Claro, por eso había reaccionado ante el comentario de Larry.

Poco a poco, a fuerza de ser ignorado, el cansancio y el alcohol fueron haciendo mella en Larry y terminó por quedarse dormido, roncando sonoramente.

Phoenix aprovechó para hablar con Edgeworth.

-Al final no hemos hablado en toda la noche.

-Eso parece.

-Intenté volver a la barra a buscarte, pero todo se… complicó.

-Sí, ya lo he visto.

-Oye, perdona por no ser perfecto- dijo Phoenix, molesto.

"Sí lo eres", pensó Edgeworth inmediatamente. Apretó los labios.

-Tienes razón, Wright, disculpa. Se supone que salíamos para animarte, y al final ni siquiera me has contado por qué estás decaído.

-No te preocupes, ya hablaremos un día de estos.

-Y si… Edgeworth carraspeó-. ¿Y si nos tomamos una última copa en mi casa y me lo cuentas ya?

Phoenix se le quedó mirando como si hubiera hablado en un lenguaje alienígena. Finalmente, se rió.

-¿Se puede saber qué pasa?

-Nada, una tontería.

-Eso lo doy por hecho viniendo de ti.

El abogado prefirió ignorarle.

-Me ha hecho gracia porque es la típica frase que se usa para ligar.

Edgeworth se quedó sin palabras.

-Efectivamente, es una tontería- consiguió articular, con su mejor tono despectivo-. Te llevo a tu casa, entonces.

-¿Qué?- el abogado le miró, sorprendido-. No, vamos a la tuya. Me apetece que charlemos, de verdad. Aunque si lo has dicho por compromiso...

-No lo he dicho por compromiso, Wright- le cortó-. Es solo que como has empezado a hacer chistecitos, pensé que te estabas burlando de la propuesta.

-Vale, vale, se me olvida que tienes el mismo sentido del humor que una piedra. No volveré a hacerte una broma.

-Espléndido.

-Pero si luego intentas seducirme, tendrás que pedirme disculpas.

-Wright…