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Capítulo 10.
Kate se giró de costado levantando y apoyando la cabeza sobre su brazo doblado.
- ¿Cómo dices? – le preguntó espabilándole.
- Que sabes que te amo.
- ¿Y esto ha sido una demostración de ese amor?
El escritor soltó aire por la nariz y se giró para mirarla, doblando su codo y apoyando también su cabeza sobre la mano.
- Estamos casados Kate – volvió a repetir – sólo quería que lo entendieras.
- ¿Entender? ¿Qué? ¿Qué estamos casados? ¿Qué soy de tu propiedad?
- Lo que acabo de hacer lo he hecho por ti.
- ¿Por mí? – preguntó entrecerrando los ojos.
- Dime que no te ha gustado.
Ella sintió como sus mejillas le ardían. Claro que le había gustado. Pero ese no era el punto.
- Castle, no ha sido… - se calló sin saber cómo continuar – Adecuado…
- ¿No? No me pareció ver ninguna señal tuya indicándolo… Yo diría que en ninguna de las tres veces…
- Te estás pasando ¿Sabes?
- Tengo justificación, estoy borracho.
- No creo que estés borracho.
- Me lo has repetido varias veces. Y es cierto, no puedo negarte que he bebido.
Se quedaron en silencio durante un largo instante, sin dejar de mirarse.
- Lo siento. Tenías que entenderlo – insistió él.
- Pues no lo entiendo Rick. Has llegado y te has comportado como un verdadero idiota – él hizo una mueca – y yo… Yo no sé qué me ha pasado…
- Bueno… He hecho lo mismo que haces tú. Decidir por los dos.
Ella abrió mucho los ojos. No entendía nada de lo que le estaba diciendo.
- Los dos sabíamos – continuó él – que queríamos acabar con nuestro enfado de la manera más lógica y decidí que lo mejor sería que tomase la iniciativa, y tal y como haces tú, decidí por los dos, sin dejar que participases, ¿Para qué? Total iba a hacerte disfrutar ¿Por qué iba a dejarte participar? ¿Me dejas tú participar a mí cuándo decides por los dos?
- Castle… No ha sido la forma adecuada, me has obligado a …
- ¿A dejar tus manos quietas? – ella asintió – Juraría que ya hemos jugado otras veces con tus esposas…
- No es lo mismo…
- ¿Por qué siempre ha sido de mutuo acuerdo verdad? Y esta vez no. Como cuando tú decides por los dos sin que yo participe.
Kate no pudo contestarle. Entendía lo que estaba echándole en cara.
- Estamos casados Kate. O todo juntos o nos iremos al garete. Soy tu marido… ¿Tanto te cuesta entenderlo? Ya no estás sola. Somos dos. Dos Kate…
Ella asintió.
- Me duele que perdiésemos ese bebé por mi culpa. Lo sabías. Pero esa no es razón para que me lo ocultases Kate. El que no quisieras hacerme daño, hace que me duela aún más. Ahora no puedo soportar saber por todo lo que has pasado sola.
- No te he culpado.
- No. Lo sé. Pero ambos sabemos que fue por mi culpa. Si hubiese estado a tu lado…
- Podría haber pasado igual…
- No tengo perdón Kate… No estaba a tu lado.
El escritor llevó su mano libre a la cara de su mujer con la intención de acariciarla, pero se arrepintió y la dejó en suspenso antes de tocarla, sabiendo que ella estaba molesta por lo que había ocurrido minutos antes.
- Lo siento… No… No he estado acertado… No…
- No he dicho que lo haya pasado mal…
Kate le cogió la mano haciendo que él la terminase de posar sobre su mejilla dejándose acariciar.
- Pero me has roto la camiseta – le culpó sonriendo.
- Tienes que reconocer que ese verde era horrible – aseguró arrugando la nariz.
- ¡Por eso la utilizaba sólo para la cama!
- Para la cama ¿Eh? ¿Con que intención inspectora? ¿Matar mi lívido?
- ¿Por eso la has destrozado?
Castle hizo un gesto con la boca, realmente se había librado de la horrible camiseta.
- Pienso destrozarte tus calzoncillos de Angry Bird – le amenazó.
- ¿Quieres que me los ponga ahora? – preguntó con picardía.
- ¿Quién ha dicho que lo haré cuando los tengas puestos?
- ¿No? – preguntó suplicante – Porque sabes que no me importaría que lo hicieses y…
- ¡Castle!
El escritor se acercó y la besó lentamente en la frente.
- Y ahora necesito que me expliques porque decidí desaparecer para castigarte. Porque crees que yo tenía un plan.
Ella suspiró. Había llegado el momento delicado.
- Tengo algo más que confesarte. ¿Te vas a enfadar?
- Ven aquí – dijo tirando de ella para que se acomodase sobre su torso.
- No quiero que estemos enfadados… -dijo mirándole – Prométemelo.
- No puedo enfadarme si cuentas conmigo.
Ella asintió. Tomó aire y le besó sobre el torso.
- He hablado con tu padre.
- ¿Con mi padre? – preguntó extrañado - ¿Cómo…?
- Sé cómo localizarle.
El escritor se mantuvo en silencio. Toda la vida intentando desvelar ese misterio, pero desde que él había aparecido en su vida, se había perdido el interés que tenía en él. Quizá porque su presencia estaba asociada a momentos ilegales y con malos recuerdos para él.
- ¿No vas a decir nada? – le preguntó en un susurro.
- Sí… Es mi padre, compartimos genes, pero…
- ¿Qué? – le inquirió ella después de su silencio.
- No es de mi familia, no le conozco. ¿Para qué has hablado con él? ¿Por qué le has localizado?
- Necesitaba respuestas.
- ¿Sobre qué? – preguntó rápidamente - ¿Qué tipo de respuestas?
Ella se incorporó ligeramente para mirarle.
- Has dicho que no íbamos a enfadarnos.
- Kate…
Kate llevó su mano hasta la mandíbula de él, acariciándole la mejilla con el pulgar.
- Necesito saber dónde estuviste realmente.
- ¿Qué? Kate, todo ha quedado aclarado…
- No.
- Kate…
Ella tomó aire y lo expulsó sonoramente.
- Si realmente salvaste el mundo, te tomaste muchas molestias en olvidarlo… ¿Por qué?
- No lo sé Kate, no lo sé. Quizá hice cosas de las que no estaría orgulloso…
- ¿Y si hubieses elegido marcharte por tu cuenta el día de nuestra boda y has querido justificarlo con una amnesia provocada?
Él se incorporó sentándose sobre la cama, obligándola a ella con ese movimiento, a que hiciese lo mismo.
- ¿De verdad piensas eso? ¿Qué planee fastidiar nuestro día?
Ella resopló de nuevo, encontró la camisa de su marido sobre la cama y se la puso.
- ¿De dónde sacas esa idea Kate? ¿Me crees capaz de tal cosa?
- No lo pensaba. Tan solo necesitaba saber porque habías querido olvidarlo todo.
Castle llevó su mano al puente de su nariz, apretándolo.
- Mira Kate, me da igual – dijo tras un instante - estamos casados, si hubiese habido una razón por la que no quise hacerlo aquel día, no estaríamos casados ahora.
Volvió a recostarse sobre la cama tirando de ella para que volviese a la posición en la que estaban anteriormente. Ambos se quedaron en silencio durante un largo rato. Kate pensó que era el momento de que ambos durmiesen al menos un par de horas. Sintió las caricias distraídas de su marido sobre su espalda.
- ¿Eso te dijo él? – preguntó al fin el escritor.
Kate se incorporó para mirarle y asintió con la cabeza.
- Pues voy a necesitar tu ayuda, porque no tengo ni idea de lo que habla…
