Capítulo 9

-Respira. ¡Venga, mi amor, respira!

-Estoy respirando- pronunció Zelena entre respiraciones jadeantes, y apenas consiguió mandarle una mirada fulminante a Glinda -¿Qué coño crees que estoy haciendo sino respirar?

Glinda llegó a la conclusión de que ya había ultrapasado sus propios límites. Zelena ya la había insultado con todos los insultos que conocía, y hasta algunos que se había inventado. Regina había dicho que ya estaban casi al final, y Glinda se agarraba a eso tan desesperadamente como Zelena le agarraba la mano. Así que, se limitó a sonreír a la esposa y humedecerle la cabeza con un paño.

-Estás rezongando, gritando y amenazando- le besó ligeramente los labios, aliviada al ver que no la había mordido –No me vas a transformar en un insecto ni en una cabra de dos cabezas, ¿verdad?

Zelena rió, gimió y dejó escapar el último soplo de aire

-Puedo pensar en algo más creativo que eso. Tengo que sentarme. ¿Gina?

-Glinda, ponte detrás de ella. Agárrale la espalda. Será rápido ahora- arqueando su propia espalda, sintiendo los ecos de los dolores de Zelena, Regina comprobó una última vez para ver que todo estaba a punto.

Había cobertores calentados al fuego, agua caliente, los instrumentos quirúrgicos y las tijeras ya estaban esterilizados, los cristales brillando en todo su poder.

Amelia permanecía al lado de la hija, los ojos iluminados por la comprensión y la preocupación. Imágenes de sus propias horas de parto, en aquella misma cama, surgieron rápidamente en su memoria. Aquella misma cama, pensó mientras apartaba las lágrimas de sus ojos, donde su hija ahora luchaba a través de los últimos momentos, de los últimos dolores.

-No empujes hasta que yo te lo diga. Sopla, sopla- Regina repetía mientras sentía la contracción crecer dentro de ella misma, un dolor terrible que provocó una capa de sudor en su piel. Zelena se quedó rígida, luchó contra la necesidad de tensarse, y luchó por hacer lo que Regina le ordenaba –Bien, bien. Estás casi al final, querida, te lo prometo. ¿Ya escogisteis los nombres?

-Me gustan Homer y Moe- dijo Glinda, acompañando la respiración de la esposa hasta que ella pudo darle un codazo –Está bien, entonces Lisa y Bart, pero solo si tenemos la parejita.

-No me hagas reír ahora, idiota- pero rió, y el dolor se alivió un poco –Quiero empujar. Necesito empujar

-Si son dos niñas- Glinda continuó, en un tono que rozaba el desespero –quiero se sean Lucy y Malwee- presionó el rostro de su esposa

-Son dos niños, y serán Alex y George- la risa de Zelena adquirió un tono ligeramente histérico mientras extendía los brazos para agarrarse al cuello de Glinda –Dios mío, Gina, necesito…

-Aguantar un poco más- Regina completó la frase –Ahora, Zelena, venga. Empuja

Entre risas y lágrimas, Zelena luchó por traer la vida a aquel cuarto.

-¡Ah, Dios!- allá fuera, un relámpago cortó el cielo sin nubes y un trueno resonó en su pista celestial

-Está bien, amor- Glinda comenzó, pero de repente no podía pensar en nada más -¡Mira! ¡Ay, Dios mío! ¡Mira eso!

A los pies de la cama, Regina giraba la cabeza del bebé, con delicadeza y competencia.

-Aguante firme ahora. Sé que es difícil, pero aguante solo un minuto más. Sopla. Eso, así. La próxima vez será más fácil.

-¡Tiene pelo!- exclamó Glinda en un hilo de voz. Su rostro estaba mojado de sudor y lágrimas como el de Zelena –Mira eso…¿Qué es?

-Aún no he llegado a esa parte- Regina envió una sonrisa a la prima –Muy bien, llegó la hora del gran premio. Aguante un poco más, querida, y veremos quién está aquí, si Lisa o Bart.

Riendo y gritando, Zelena dio a luz al bebé, mientras Regina lo acogía en sus manos. Cuando el primer grito agudo e indignado resonó por la habitación, Glinda hundió el rostro en los cabellos de la esposa.

-Zelena. Dios mío, Zelena…nuestro bebé

-Nuestro- ya olvidada del dolor, con los ojos iluminados, Zelena extendió las manos para que Regina depositara allí el pequeño volumen que se removía. En el idioma de su sangre, murmuró algo a la criatura, mientras las manos la acariciaban dándole la bienvenida.

-¿Qué es?- con mano trémula, Glinda tocó la minúscula cabeza –Olvidé mirar

-Tenéis un niño- anunció Regina.


Al sonido del primer llanto, la conversación en la sala se interrumpió súbitamente. Todas las miradas se giraron hacia las escaleras. Había silencio, inmovilidad. Emocionada, Emma miró a su propio hijo, que dormía pacíficamente en el sofá, con la cabeza recostada en el confortable regazo de Patrick.

De repente, ella sintió un temblor bajo sus pies, vio el vino moverse en la copa. Antes de poder hablar, Damien estaba quitándose su sombrero y dando una sonora palmada en la espalda de Matthew.

-Un nuevo Mills- dijo, y cogió la copa para brindar –Un nuevo legado

Con los ojos inundados de lágrimas, Camilla se acercó para darle un beso a su cuñado.

-Bendito sea.

Emma estaba a punto de dar sus felicitaciones cuando Killian atravesó la sala. Encendió una vela blanca, después una dorada. Cogió una nueva botella de vino, abrió el lacre y sirvió el dorado líquido en un cáliz de plata labrada.

-Una estrella amanece en la noche. Vida por vida, sangre a través de la sangre para generar su luz. A través del amor ha sido dado el regalo del nacimiento, y desde el primero hasta el último soplo, caminará por la tierra. El otro regalo viene a través de la sangre y de la carne, y a él corresponderá aceptarlo y poseerlo. Encantamientos de la luna, poderes del sol. Sin jamás olvidar que ningún mal será hecho.

Killian pasó el cáliz a Matthew, que fue el primero en beber. Fascinada, Emma vio cómo los Mills se pasaban el cáliz de vino de uno a otro. ¿Sería una tradición?, se preguntó.

Cuando el cáliz le fue dado a ella, se sintió honrada y lisonjeada. En el instante que comenzó a beber, otro sonido de llanto se escuchó, anunciando la llegada de una vida más.

-Dos estrellas- dijo Matthew, en un tono enronquecido de orgullo –Dos regalos.

Entonces la solemne atmosfera fue rota cuando Patrick hizo aparecer una lluvia de confeti y serpentinas. Mientras lanzaba un silbido de conmemoración, Cora estallaba en una risa de alegría.

-¡Viva!-Dijo ella señalando el reloj que acababa de dar medianoche –Este es el mejor Halloween que hemos tenido desde que Patrick hizo volar a aquellos cerdos –ella sonrió a Emma –Es un niño incorregible.

-Cerdos…- Emma comenzó a hablar, pero el grupo se reunió junto a Amelia que acababa de entrar en la sala.

Ella fue derecha al marido, que la abrazó con fuerza.

-Están bien- Amelia se secó las lágrimas de felicidad –Están todos bien, y hermosos. Tenemos un nieto y una nieta, mi amor. Y nuestra hija nos invita a todos a subir para darles la bienvenida.

Sin querer entrometerse, Emma quedó atrás cuando el grupo se amontó para salir de la sala. Killian se paró en el umbral y arqueó una ceja en dirección a ella.

-¿No vienes?

-Creo que la familia…

-Has sido aceptada- dijo Killian en tono breve, sin estar muy seguro de si estaba de acuerdo con el resto de los Mills. Él no se había olvidado lo herida que Regina había estado ya una vez.

-Una manera extraña de arreglar las cosas- Emma mantuvo un tono calmo para controlar la súbita irritación que la invadió –Sobre todo teniendo en cuenta que tú no te sientes así

-No importa- Killian inclinó la cabeza, en un gesto que Emma interpretó como desafío o aviso. Sin embargo, cuando miró hacia el sofá, la expresión de Killian se suavizó –Imagino que Henry se sentirá decepcionada si no lo despiertas y lo llevas a ver a los bebés.

-Pero preferirías que no lo hiciera

-Regina prefiere que tú lo hagas- Killian replicó –Y eso es lo que importa-se encaminó de nuevo hacia la puerta, y se paró –Le harás daño, Emma. Regina no es de derramar lágrimas, pero las derramará por ti. Y porque amo a mi prima, tendré que perdonarte por eso.

-No veo…

-No- Killian la interrumpió –Pero yo sí lo veo. Trae al chico, Swan, y júntate a nosotros. Esta es una noche de bondad y pequeños milagros.

Sin saber por qué las palabras de Killian la dejaba tan irritada, Emma se quedó mirando hacia el umbral vacío. No tenía que probarle nada a ese primo superprotector e insolente. Cuando Henry se removió en el sofá y abrió y cerró sus ojitos somnolientos, ella arrancó a Killian de su mente.

-¿Mamá?

-Estoy aquí, amor-Emma se inclinó y lo cogió en brazos –Adivina

Henry se restregó los ojos

-Tengo sueño

-Ya nos vamos a casa, pero creo que primero hay algo que te gustaría ver- mientras él bostezaba y recostaba la cabeza en su hombro, ella lo subió escaleras arriba.

Los parientes de Regina estaban todos reunidos alrededor de la cama, haciendo más ruido de lo que Emma pensaba que fuera normal, incluso tratándose de un parto en casa. Glinda estaba sentada en el borde de la cama, al lado de Zelena, agarrando a un bebé en sus brazos y sonriendo como una boba.

-Se parece a mí, ¿no creéis?- preguntaba a nadie en particular –La nariz. Tiene mi nariz.

-Esta es Alycia- informó Zelena, rozando la carita de la bebé con su rostro –James está conmigo.

-Claro. Bueno, entonces ella tiene mi nariz- Glinda miró a su hijo –él tiene mi barbilla

-Tiene la barbilla de los Mills- corrigió Damien –Firme como una lanza

-¡Bah!- exclamó Cora en tono de desprecio –Los dos han heredado todo de los Jones, de arriba abajo. Nuestro lado de la familia siempre ha tenido los genes más fuertes.

Mientras todos estaban dando sus opiniones en la discusión, Henry emergió del sueño y estiró la cabeza.

-¿Estos son los bebés? ¿Han nacido? ¿Puedo ver?

-Dejad pasar al niño- Patrick le dio un codazo al hermano, abriendo paso –Quiere mirar

Henry mantuvo el brazo alrededor del cuello de su madre, mientras se inclinaba hacia delante.

-¡Ah!- sus ojillos cansados se iluminaron cuando Regina cogió a un bebé en cada brazo y los levantó para que Henry los viera –Son tan pequeñitos- con mucho cuidado pasó su dedito por el rostro primero de uno, y después del otro.

-Un príncipe de las hadas y una princesa de las hadas- Patrick se pronunció

-Pero no tienen alas- dijo Henry, riendo

-Algunas hadas no necesitan alas- Patrick guiñó a la hija –Porque ellas tienen alas en sus corazones

-Y estas haditas de aquí necesitan ahora descansar y silencio- Regina se giró y puso los bebés en los brazos de Zelena – Y la mamá de ellos también

-Me siento bien

-Aun así…- la mirada de aviso que Regina les mandó por encima del hombro hizo que los Mills comenzaran a salir del cuarto, aunque reluctantes.

-Emma- Zelena la llamó -¿Puedes esperar un poco y llevar a Gina a casa? Está exhausta.

-Estoy perfectamente bien. Ella tiene que…

-Claro que sí- interrumpió Emma. Colocó mejor a Henry en sus brazos, mientras él bostezaba –A tu ritmo, te espero abajo

Regina necesitó quince minutos más antes de comprobar que Glinda había entendido las instrucciones. Zelena ya comenzaba a adormecerse, cuando cerró la puerta y dejó a la nueva familia a solas.

Realmente estaba exhausta, y los poderes de sus cristales casi agotados. Durante casi doce horas había enfrentado los dolores del parto con su prima, tan cercanamente conectadas como le había sido posible. Su cuerpo estaba pesado de cansancio, su mente embotada por la fatiga. Era el resultado normal de una fuerte conexión empática.

Vaciló un poco cuando comenzó a descender las escaleras, pero se enderezó y agarró el amuleto de hematites, para captar lo que quedaba de sus fuerzas.

Cuando llegó a la sala, ya se sentía un poco más firme. Y allí estaba Emma, medio dormida en un sillón junto al fuego, con Henry enroscado en su regazo. La rubia abrió los ojos. Y sonrió.

-Tengo que admitir que todo este escenario ha sido un poco loco, pero has hecho un gran trabajo allí arriba.

-Siempre es una maravilla ayudar a traer vida a este mundo. Pero no tenías que quedarte aquí todo el tiempo.

-Quise quedarme- Emma besó la cabeza de Henry –Y él también. Será el suceso de la clase, el lunes, cuando cuente la historia.

-Ha sido una larga noche para él, y será inolvidable- Regina se restregó los ojos, casi como Henry hizo antes de volver a dormirse -¿Dónde están todos?

-En la cocina, atacando la comida y bebiendo. Yo decidí parar, pues he bebido más vino de lo que debería- Emma le ofreció una sonrisa pícara –Momentos atrás, podría jurar que sentí la casa estremecerse, así que creí mejor comenzar a tomar café- hizo un gesto señalando la taza en la mesa de al lado

-Y ahora te quedarás despierta el resto de la noche. Voy a despedirme de ellos rápidamente y, si quieres, puedes ir llevando a Henry al coche.

Fuera, la rubia inspiró profundamente el aire frío de la noche. Regina tenía razón, estaba completamente despierta. Tendría que ponerse a trabajar, al menos, dos horas, hasta que el efecto del café pasara, y era muy probable que pagase el precio al día siguiente. Pero había valido la pena. Miró por encima del hombro, hacia la ventana iluminada del cuarto de Zelena. Había valido la pena cada minuto.

Le quitó las gafas a Henry y lo recostó en el asiento trasero.

-¡Qué noche hermosa!- murmuró Regina acercándose –Creo que todas las estrellas están iluminadas

-Dos nuevas estrellas- intrigada, Emma abrió la puerta para Regina –Fue lo que Matthew dijo. Fue realmente hermoso y emocionante. Killian hizo un brindis, hablando sobre la vida, dones y estrellas, y todos bebieron de un cáliz de vino. ¿Es una tradición de tu familia?

-De cierta forma- Regina recostó la cabeza en el asiento, en cuanto Emma arrancó el motor. Segundos después, estaba durmiendo.


Cuando Emma paró frente a su casa, se preguntó cómo iba a conseguir llevar a los dos a la cama. Salió, abrió la puerta con cuidado, pero Regina ya estaba despertándose.

-Espera que lo lleve adentro, y después puedo acompañarte

-No, estoy bien- somnolienta, Regina salió del coche –Te ayudo con él- rió, al juntar todos los animales de peluche –Papá siempre exagera. Espero que no te importe.

-¿Estás de broma? Estuvo genial con Henry. Vamos, chico- Emma lo cogió en brazos y, con esas maneras de los niños, él siguió totalmente relajado –Le encantó también tu madre, y todos los demás. Pero tu padre, sin duda, fue el héroe de la noche. Imagino que ahora me atormentará para que vayamos a Irlanda a visitarlo en su castillo.

-A él le encantaría- agarrando los peluches, Regina los siguió adentro.

-Puedes dejarlos todos ahí mismo. ¿Quieres un coñac?

-No, gracias- ella dejó los peluches en el sofá, después se tocó los hombros doloridos –Me gustaría un té. Puedo prepararlo mientras metes a Henry en la cama.

-Genial. No tardo.

Un quejido emergió de debajo de la cama de Henry cuando Emma lo recostó.

-¡Qué lindo perro guardián! Somos nosotros, tonto.

Bastante aliviado, Max se deslizó hacia fuera, moviendo la cola. Esperó que Emma le quitase los zapatos y el disfraz a Henry, después saltó a la cama.

-Como vayas a despertarme a las seis de la mañana, juro que te grapo esos hocicos de cachorro. Max bajó la cola y cerró los ojos.

-No sé por qué no escogimos un perro más listo, ya que teníamos que comprar uno- decía Emma cuando entraba en la cocina –Habría sido bien…- se calló de repente

El hervidor estaba pitando en el fuego. Las tazas habían sido colocadas en la mesa, y la tetera estaba a la espera. Y Regina estaba sentada, con la cabeza apoyada en los brazos sobre la mesa, durmiendo profundamente.

Bajo la fuerte luz, los parpados de Regina lanzaban sombras en su rostro. Emma esperaba que fuera la frialdad de la luz la que la hacía parecer tan pálida y delicada. Los cabellos cayendo por sus hombros. Los labios suaves estaban ligeramente abiertos.

Mirándola, Emma pensó en la joven princesa que quedaba dormida bajo el encantamiento de un hada, y dormiría hasta que un beso de amor la despertara.

-Eres tan hermosa- Emma le tocó los cabellos, cediendo al impulso. Nunca la había visto dormir y sintió una urgencia súbita de cogerla en brazos y llevarla a su cama, poder abrir los ojos a la mañana siguiente y verla despertar a su lado -¿Qué hago?

Suspirando, se apartó de ella y fue a apagar el fuego. Con la misma delicadeza que había usado con Henry, la cogió en brazos y, como Henry, Regina siguió inerte y relajada.

Apretando los dientes ante los nudos que se contraían en su estómago, Emma la subió y la acostó en su cama.

-No sabes cuánto he deseado tenerte aquí conmigo- dijo en un susurro, mientras le quitaba los zapatos –En mi cama…la noche entera- la tapó, y Regina suspiró, moviéndose en el sueño y acurrucándose en las almohadas de la rubia.

Los nudos en su estómago se desanudaron cuando Emma se reclinó para besarla ligeramente en los labios.

-Buenas noches, pequeña.


Llevando un pijama de Batman, Henry entró en el cuarto de su madre antes del amanecer. Había tenido un sueño, una pesadilla sobre la casa del terror de la escuela, y quería el consuelo y el calor de su madre.

Ella siempre hacía que los monstruos se marcharan.

Se arrastró hasta la cama y subió, encogiéndose junto a ella. Y solo entonces se dio cuenta de que no era ella quien estaba ahí, sino Regina.

Fascinado, Henry se enroscó. Deditos curiosos juguetearon con los cabellos de Regina. En su sueño, Regina murmuró y acurrucó a Henry en sus brazos, abrazándolo con cariño. Extrañas sensaciones invadieron al pequeño. Aromas diferentes, texturas diferentes y, aún así, se sintió amado y seguro, de la misma manera que se sentía cuando estaba con su madre. Recostó la cabeza en el pecho de Regina y, confiado, se durmió.


Cuando despertó, Regina sintió brazos alrededor de ella, brazos pequeños y relajados. Desorientada, miró a Henry y, después, barrió el cuarto.

No era su habitación, dedujo. Ni la de Henry. Era la de Emma.

Mantuvo al pequeño junto a ella, mientras intentaba recordar lo que había pasado.

Lo último que recordaba era haberse sentado después de poner el agua a hervir. Cansada, estaba tan cansada. Había apoyado la cabeza por un instante y…y, obviamente se había quedado dormida.

Entonces, ¿dónde estaba Emma?

Giró la cabeza con todo cuidado, sin saber si estaba aliviada o decepcionada al ver que el otro lado de la cama estaba vacío. No habría sido muy sensato, dadas las circunstancias, pero sería tan maravilloso si pudiera acurrucarse con la rubia de la misma forma en que Henry lo hacía con ella.

Cuando se giró, vio que los ojos del pequeño estaban abiertos, mirándola.

-Tuve una pesadilla- el pequeño contó, en un murmullo matinal apresado –Con el caballero sin cabeza. Él se estaba riendo, riendo y corriendo tras de mí.

Regina se inclinó para besar la cabeza del pequeño

-Apuesto a que no te alcanzó

-No. Me desperté y vine a llamar a mamá. Ella siempre manda los monstruos fuera. Los que están en el armario, debajo de la cama, en la ventana, y en todos los lugares. Pero tú estabas aquí y, no tuve miedo de ti. ¿Vas a dormir siempre en la cama de mamá ahora?

-No- Regina pasó la mano por los cabellos del pequeño –Creo que los dos nos quedamos dormidos y tu madre tuvo que llevarnos a la cama.

-Pero es una cama grande- Henry añadió –Hay bastante espacio. Ahora yo tengo a Max que duerme conmigo, pero mamá está sola todas las noches. ¿Quigley duerme contigo?

-A veces- Regina respondió, aliviada ante el cambio de tema –Él debe estar pensando en dónde estaré

-Creo que él lo sabe- dijo Emma desde la puerta. Estaba solo con una camiseta tipo top y un short de algodón, tenía los ojos hinchados de sueño y los cabellos presos en un moño deshecho. El gato se enroscaba en sus piernas –Estuvo maullando y arañando la puerta de atrás hasta que lo dejé entrar.

-Ah…- Regina apartó los cabellos de su rostro y se sentó –Perdóname. Parece que se ha despertado.

-Acertaste de pleno

Emma entrelazó los dedos tras la espalda, mientras el gato saltaba a la cama y comenzaba a maullar y a quejarse a su dueña. Los nudos en su estómago habían vuelto, duplicados. ¿Cómo podía explicar lo que sentía viendo a Regina allí en su cama, abrazada a su hijo?

-Chico, ¿qué haces aquí?

-Tuve un sueño malo- recostó la cabeza en el brazos de Regina y se quedó acariciando el pelo del gato –Vine a tu cama, pero Gina estaba aquí. Ella mandó los monstruos fuera como haces tú- Quigley maulló en un lamento, y él rió –Tiene hambre. Pobre gatito…¿Puedo bajar y darle de comer?

-Claro, si quieres…

Antes de que Regina acabara la frase, Henry ya saltaba de la cama, llamando al gato para que lo siguiera.

-Disculpa si Henry te despertó- Emma vaciló, pero fue a sentarse al borde de la cama

-No me despertó. Por lo que parece, subió a la cama y se quedó dormido. Soy yo quien tiene que disculparse por causarte tanto trastorno. Deberías haberme despertado y mandado a casa.

-Estabas exhausta- Emma extendió la mano y tocó su barbilla –Increíblemente linda y totalmente exhausta.

-Ayudar a nacer a bebés es un trabajo agotador- Regina sonrió -¿Dónde dormiste?

-En el cuarto de invitados- Emma se masajeó el cuello y puso cara de dolor –Cosa que hace que la compra de una cama decente sea mi principal prioridad.

Automáticamente, Regina presionó las manos en la nuca y comenzó a masajear.

-Podrías haberme metido en ese cuarto. Creo que no hubiera sabido distinguir entre una cama y una tabla de madera.

-Quería verte en mi cama- Emma la miró profundamente –Quería de verdad que estuvieras en mi cama- atrajo su rostro, acercándola lentamente –Y aún quiero.

Los labios de la rubia estaban sobre los suyos, no muy pacientes, ni muy delicados. Regina sintió un rápido estremecimiento de excitación y alarma cuando Emma la recostó sobre las almohadas.

-Swan…

-Solo un minuto- pidió en un tono de casi desespero –Necesito un minuto contigo.

Tomó su pecho en sus manos, acariciándolo sobre el fino tejido de la blusa arrugada. Mientras deslizaba las manos por todo el cuerpo moreno, los labios trababan una lucha, y a veces soltaban gemidos. Su cuerpo ardía de deseo, queriendo presionarse contra el de ella, queriendo poseerla en silencio, y hasta con violencia.

-Regina…- Emma besó su cuello, antes de abrazarla con fuerza, manteniéndola junto a ella. Después, se apartó para mirar a la morena -¿Cuánto tiempo se tarda en dar de comer a un gato?

-No el suficiente- riendo, Regina posó la mano en el hombro de Emma –No lo bastante

-Era lo que me temía- Emma se sentó en la cama y la agarró por los brazos, ayudándola a levantarse –Henry viene atormentándome con que lo deje dormir una noche en casa de Mark. Si consigo organizarlo todo, ¿vendrías a quedarte aquí conmigo?

-Sí- Regina llevó la mano de la rubia a sus labios y la besó –Cuando quieras.

-Esta noche- Emma se obligó a soltarla y apartarse –Esta noche- repitió –Voy a llamar a la madre de Mark. Implorar, si fuera necesario- se puso derecha, un poco más calmada –Le prometí a Henry que lo llevaría a tomar un helado, y quizás a almorzar al Burguer King. ¿Te gustaría venir con nosotros? Si todo sale bien, podemos dejarlo en casa de Mark y después ir a cenar.

Regina se deslizó fuera de la cama, estirando inultamente la blusa y la falda.

-Me encantaría

-Entonces, hecho. Siento mucho lo de tu ropa. Pero no hubiera sido lo suficiente fuerte para aguantar desvestirte.

Regina sintió un frío en la espina al pensar en la rubia quitándole la blusa. Lenta, bien lentamente, los dedos pacientes, los ojos ardientes. Carraspeó.

-No pasa nada. Tengo que ir a cambiarme y pasarme por casa de Zelena para ver cómo están ella y los gemelos.

-Puedo llevarte

-No es necesario. Quedé con papá para que me viniera a buscar, y así puedo coger mi coche que se quedó allí. ¿A qué hora quieres salir?

-Alrededor del mediodía, dentro de dos horas

-Perfecto. Os veo aquí

Emma la agarró antes de que llegara a la puerta, y la besó otra vez, un beso largo y ávido.

-Quizás podamos comprar algo y venir a comer aquí mismo

-Me parece genial- murmuró Regina, devolviéndole el beso –O podemos pedir una pizza por teléfono, cuando tengamos hambre

-Mejor, mucho mejor.


A las cuatro de la tarde, Henry estaba en la puerta de la casa de Mark, despidiéndose alegremente de la madre. La mochila llena de una variedad increíble de cosas que un niño de seis años necesita para una noche fuera de casa. Lo que volvía todo perfecto, a los ojos de él, era el hecho de que Max fue incluido en la invitación para la "fiesta del pijama"

-Dime algo que no me haga sentir culpable- pidió Emma lanzando una última mirada por el retrovisor

-¿Por qué?

-Por querer a mi hijo fuera de casa esta noche

-Swan…- adorándola, Regina se inclinó para darle un beso en la mejilla –Sabes perfectamente que Henry apenas podía esperar para que lo dejáramos en casa de Mark para poder comenzar su pequeña aventura.

-Sí, pero…No es el hecho de dejarlo dormir en casa de un amigo lo que me incomoda, sino haberlo hecho con segundas intenciones

Sabiendo qué intenciones eran esas, Regina sintió un ligero nudo en el estómago.

-Henry no va a divertirse menos por eso, sobre todo después de que le prometieras que podía hacer la "fiesta del pijama" en tu casa dentro de algunos días. Si aún te sientes culpable, imagina cómo será aguantar el ruido y el desorden de cinco o seis pequeños la noche entera.

La rubia le lanzó una rápida mirada.

-Bueno, pensé que me podrías ayudar con los niños…ya que también tienes segundas intenciones

-¿De verdad?- Regina se sintió feliz por haberla incluido en sus planes –Quizás vaya- posó la mano sobre la de ella –Para ser una madre paranoia, estás haciendo un excelente trabajo.

-Continúa. Ya me siento mejor.

-Demasiados elogios acaban malcriando

-Si es así, entonces no te diré cuántos tipos tuvieron tortícolis cuando se giraron para verte mientras paseábamos esta tarde por el parque

-¿Ah?- Regina se estiró los cabellos hacia atrás -¿Tantos fueron?

-Depende de los que consideres "tantos". Además, demasiados piropos malcrían. Pero creo que puedo decir que no sé cómo puedes estar tan hermosa después de la cansada noche de ayer

-Es porque dormí como una marmota- Regina se estiró –Pero la recuperación de Zelena es impresionante. Cuando llegué hoy temprano, estaba amamantando a los dos bebés y parecía que acababa de volver de una semana en un spa.

-¿Los bebés están bien?

-Están genial. Saludables y radiantes. Glinda ya está aprendiendo a cambiar pañales. Y jura que los dos le han sonreído.

Emma ya había pasado por eso, y se dio cuenta de cuánto lo echaba de menos.

-Es una buena persona

-Sí, Glinda es muy especial.

-Tengo que admitir que me asombré al saber que se había casado. Glinda siempre fue del tipo "cada uno por su lado"

-El amor es capaz de cambiarlo todo- Regina murmuró y, con cuidado, ocultó la esperanza en su voz –Tía Amy dice que es la forma más pura de magia.

-Una buena descripción. Una vez que el amor te ha tocado, se comienza a pensar que nada es imposible. ¿Ya has amado a alguien?

-Una vez- Regina desvió la mirada, observando el movimiento en la calle –Pero acabé dándome cuenta de que la magia no era lo bastante fuerte. Después, descubrí que mi vida no acababa por eso y que podía estar muy bien estando sola. Así que, me compré la casa cerca del mar- dijo sonriendo –Planté mi jardín y comencé todo de nuevo.

-Creo que conmigo fue más o menos lo mismo- Emma quedó pensativa por un instante –¿Ser feliz sola significa que no crees que puedes ser feliz con alguien?

La incertidumbre y la esperanza corrían juntas dentro de Regina.

-Creo que significa que puedo ser feliz como estoy ahora hasta encontrar a alguien que no solo me traiga magia sino también que la comprenda.

Emma giró el coche hacia la entrada del garaje y apagó el motor.

-Tenemos algo juntas, Regina

-Lo sé

-Nunca pensé que sentiría algo tan fuerte de nuevo. Es diferente de lo que tuve antes, y no estoy segura de lo que esto significa. Y no sé si quiero saberlo.

-Eso no tiene importancia- Regina le tomó la mano –A veces tenemos que aceptar que el momento presente es lo que basta.

-No, no basta- Emma la encaró con sus ojos ardientes, profundos –No contigo

Regina respiró profundo, despacio.

-No soy lo que piensas que soy, o lo que te gustaría que fuese. Emma, yo…

-Eres exactamente lo que quiero- las manos de la rubia la agarraron con fuerza.

El leve protesto de Regina fue ahogado cuando Emma la besó, ávida y apresurada.