¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien ^^

Lo primero es decirles que me he hecho Facebook, así que si alguien me quiere agregar esta es mi página .

Lo segundo es contestar a los review a los que no puedo mandar un mensaje privado ^^

Raito: Puedo imaginarme los improperios que has dicho, seguramente son parecidos a los que yo dije en la mía (Para el fanfic también tuve que leer los experimentos y la verdad eran unos malditos hijos de asdfaecrfaefjonaewf).

Chao ^^

PD: Espero que lo de los tomates fuera broma ¿Verdad? (Traga) Menos mal que no sabe dónde vivo...

hinata uzumaki: Espero que no te haya hecho llorar mucho... las cosas mejorarán, ya verás... aunque podrían pasar muchas cosas... (Animar a la gente no es lo mío - -U)

Gracias por lo que dijiste sobre qué explico bien lo que sucedió. Todavía no sé si tardo más en escribir o en buscar en internet si todo está correctamente, jeje.

Espero que te guste este capi, saludos ^^

Capítulo 10

9 de agosto de 1944

Dos meses. Más de dos meses habían pasado desde el día en que me encontré por primera vez con Feli. Unas seis visitas en esos dos meses. Seis visitas, arriesgándonos en cada una de ellas a que nos descubriesen para que pudiese estar unos minutos con Feli. Seis visitas en las que Feliciano no consiguió reconocerme.

En cada una de aquellas visitas Feli creía que era un joven alemán que no estaba relacionado de ninguna forma conmigo o una persona totalmente diferente a la anterior. En todas ellas intentaba recordarle, al menos, algo de nuestro pasado juntos. Era inútil, lo único que conseguía era que se acurrucase en sí mismo y murmurase las frases que los médicos le habían obligado a aprenderse de memoria... Salvo una vez.

En mi tercera visita, harto de que no me reconociera, le dije a gritos quien era en realidad. Al oírme, Feliciano me miró a los ojos durante unos segundos y pude vislumbrar un brillo de reconocimiento de su cara, la mirada era de felicidad y esperanza, no del miedo que los médicos le habían inculcado. Intentó decirme algo, pero antes de conseguirlo sufrió uno de sus ataques y el momento acabó.

Puede parecer poco tras dos meses pero estas visitas tenían otros motivos, uno de ellos era memorizar cada rincón del área médica para encontrar algún lugar por donde poder infiltrarme y sacar a Feli.

Además de buscar una salida, era la única persona que había persuadido a Italia de comer un plato entero según Ulrich. En una de nuestras conversaciones el joven alemán había mencionado que Italia daba todas sus raciones a otras personas que lo necesitaban más. Me asusté cuando dijo eso, por mucho que una nación aguantase sin comer, al final esa situación pasaba factura. Yo estaba agotado y los primeros síntomas de desnutrición empezaban a mostrarse tras todos estos meses de cautiverio (físicamente seguía igual, pero por dentro me sentía mucho peor de cómo estaba en realidad.)... ¡Y recibía raciones de alimento todos los días!

Italia, que siempre había sido un país un poco débil en ese sentido, llevaba meses alimentándose solo cuando le obligaban (Algo que no solía suceder) y las palizas y experimentos solo conseguían minarle. Desde que me enteré, llevaba algo de comida escondida y le obligaba a comérsela. Al principio rehusaba, pero tras asegurarle que yo también comería (En realidad no probaba bocado) empezó a comer. Y poco a poco conseguí que al menos tomase dos o tres cucharadas de su comida antes de dársela a otros prisioneros.

Y mis sentimientos... simplemente sigo sin saber que es verdad y que es falso. A veces creía que estaba enamorado de él, en otras ocasiones la cruda realidad me devolvía a mi sitio; seguía preso en Auschwitz y había una gran probabilidad que tras la guerra Feliciano me odiase y no quisiese volver a verme. Después de pensar eso me llamaba egoísta, si salíamos de esta quizás Feliciano nunca conseguiría reconocerme ni a mí o a ninguno de los otros países; o podría quedar así, algunas veces en nuestro mundo y otras veces en otra realidad, demasiado alejada de la nuestra para que le dañasen. Aunque me doliese más, preferiría la primera opción, aun significando que me odiase. Al final decidí dejar de preocuparme, pensaría todo aquello cuando Italia estuviese en un lugar seguro.

Aquí acaban las buenas noticias, todo lo demás fue de mal en peor. El ZOW se negó a aceptar mi ayuda, para ellos un alemán era un alemán, por muy preso que fuese. Y tras meses en el campo uno de mis compañeros, Adam, cayó enfermo. Poco a poco su aspecto desmejoraba y ahora poco quedaba del joven bromista que reía en los peores momentos. Enfermo como estaba, todos temíamos que no aguantase mucho más, cualquier día le enviarían a la zona médica para "curarle". Yo sabía de primera mano que era mentira, eran hacinados en barracones hasta que morían, algunas veces dejándoles con los que habían muerto, a veces durante días.

Sin embargo, seguíamos sin perder la esperanza ninguno de los cuatros de que se recuperase. Intentamos buscar alguna forma de poder conseguir medicinas, pero era imposible: Casi nadie tenía medicinas, y quienes las tenían las guardaban para su uso personal, negándose a intercambiarlas por otros artículos. Al final había sido Dawid a quien se le había ocurrido lo más cercano a un plan que teníamos: Entrar en la enfermería y robar los medicamentos que le curarían. Pronto desechamos los demás la idea, las posibilidades de que nos descubriesen eran muy elevadas y nada aseguraba que las medicinas le salvasen. Los demás seguimos buscando otras formas de conseguir los antibióticos sin resultado, Adam seguían sin mejorar y Dawid se desesperaba cada vez más, sin desistir en su empeño de convencernos de que su idea era la mejor.

Eso fue todo hasta este día, donde tomé una decisión que lo cambiaría todo.

-¿No puedes preguntarle a tu amigo si puede conseguir esas medicinas? Siendo alemán podrá llegar fácilmente a ellas- Me preguntó Dawid tras seguirme por todo el barracón repitiendo esa frase una y otra vez. No quería contestarle la verdad, pero estaba convencido de que no se iría sin una respuesta.

-Nein, se lo he preguntado y me ha dicho que es imposible. Los medicamentos están muy racionados, solo pueden tomarlos si un doctor lo considera conveniente. Además, no le volveré a ver hasta dentro de dos semanas y seguramente será demasiado...- Me callé al darme cuenta de lo que había estado a punto de decir, pero él ya sabía cuál era la última palabra: Tarde. Demasiado tarde para salvarle.

Al oír mis palabras, pareció perder las fuerzas y sentó en el suelo apoyando la espalda en la pared, seguramente había sido su última esperanza.

-Siento no poder hacer nada.

-No te disculpes, no es tu culpa que estemos en esta situación. Pero mi mejor amigo va a morir y no puedo hacer nada para salvarle.- Comentó mirando el suelo. En realidad si era mi culpa en parte... No, tenía que dejar esa línea de pensamiento... Pero de alguna forma me recordaba a mí, intentando ayudar a su amigo... no podía pensar lo siguiente, no debía... Ulrich me estaba ayudando aun sabiendo el peligro... Suspiré, me iba a arrepentir de mis siguientes palabras.

-Dawid ¿Y si entramos los dos en la enfermería?- Ya lo he dicho.

-¿Qué?!- Exclamó atónito sin creer lo que había oído ¿Alguien se ofrecía a acompañarle?

-Los cinco sabemos perfectamente que la única razón por la que no has ido todavía es porque necesitas un compañero. Solo nunca lo conseguirás. Así que me ofrezco voluntario, voy a ayudarte.- Con esas palabras sellé mi destino y el de muchas otras personas. Todavía no lo sabía, pero mis palabras iban a desencadenar una serie de reacciones en cadenas que nadie habría podido predecir.

11 de agosto de 1944

Caminamos silenciosos entre los barracones, parando a cada sombra proyectada en las paredes por miedo a que fuese un guarda. En mi opinión tendríamos que haber elaborado el plan durante más tiempo, pero el empeoramiento de la salud de Adam había acelerado los planes. Si no nos dábamos prisa, sería demasiado tarde para que las medicinas hicieran efecto.

-Ludwig para, creo que he visto algo.- Susurró el castaño a mi lado. Rápidamente nos escondimos tras una carreta usada en las mañanas para recoger los cadáveres. Dawid no se equivocaba, unos segundos después apareció un guarda que tras mirar a ambos lados, siguió su ronda como si nada. Ese estuvo cerca.

Tras asegurarnos de que se había ido, continuamos nuestro camino. No podíamos pararnos durante mucho tiempo. A las tres de la mañana los primeros prisioneros empezarían a despertarse y si nos veían nada nos salvaría.

Por fin llegamos a la zona médica sin más complicaciones. Me pregunté si esta excursión me prepararía para el día que sacase a Italia de aquí. No estaba muy seguro, nosotros sacaríamos hoy unas pastillas y yo tendría que sacar a un italiano que lo más seguro es que se debatiese contra mí.

Durante unos minutos rodeamos la alambrada buscando un sitio por donde poder entrar, aunque no estuviese electrificada, eso solo sucedía con las que rodeaban enteramente Auschwitz, era fácil que nos viesen al subir o que nos enganchásemos en ella. No costó mucho encontrar un agujero lo suficientemente grande para que entrásemos y que no estaba muy lejos del edificio donde se guardaban los medicamentos.

Fue relativamente fácil entrar dentro, a ningún guarda se le ocurriría que un prisionero tuviese el valor de robar por las consecuencias que acarrearían sus actos. A Dawid solo le hizo falta un alambre y una pequeña varilla metálica para abrirla. Aunque el agujero y la facilidad de abrir la puerta nos beneficiaba, me enfadaba un poco que hubiesen abandonado tanto la seguridad y el aspecto del campo, yo no había enseñado así a mis soldados (aunque tampoco les había enseñado a matar civiles inocentes).

Como acordamos el día anterior, cerré la puerta y me quedé a su lado vigilando mientras Dawid buscaba entre los estantes las pastillas que buscaba. Él había estudiado medicina y yo lo más difícil que había hecho era curar una herida, no era muy difícil saber por qué era él quien se encargaba de buscar.

-Ludwig, ya he acabado.- Me giré para encontrar a Dawid detrás de mí. Tenía dos pequeñas bolsas en las manos y me tendía una de ella.- He cogido dos por si sucede algo, así el otro podrá ayudarle.- Asintiendo conforme cogiendo la pequeña bolsa de su mano. Parecía increíble que ese pequeño paquete pudiese salvar una vida.

-Vamos, deben ser ya pasadas la una de la mañana. Tenemos que irnos ya o no llegaremos.- Le insté saliendo al exterior fijándome antes de que no había nadie en ambos lados. Podía tener prisa, pero si nos capturaban todas esas prisas no servirían para nada.

Cuidando cada paso que dábamos, pasamos la alambrada, nos escondimos entre dos barracones, giramos... y me golpeé contra un alemán, cayendo encima de él. Un espasmo de dolor llegó desde mi abdomen, el golpe había sido fuerte.

-Aber das...- Farfulló el soldado caído. Antes de que se diese cuenta de lo que sucedía, le golpeé, desorientándolo durante unos segundos.

Me levanté y junto con dawid dimos media vuelta. Zidzagueamos entre los barracones mientras oíamos los gritos de ayuda del hombre al que había golpeado. En pocos minutos tendríamos a varios guardas detrás de nosotros.

Paramos detrás de un cobertizo para tomar aliento, nos estábamos alejando de los barracones y de la seguridad que proporcionaban, si hubiésemos aguantado las siguientes horas en la zona de barracones, el día en Auschwitz se habría iniciado y nos habrían confundido con los demás presos. En esta zona, solo habitada en las horas de trabajo, facílmente nos encontrarían. Lo primero que tenía que hacer es...

-Ludwig...- dijo mi compañero, haciéndome perder el hilo de mis pensamientos.

-¿Was?- Pregunté exesperado, esperaba que fuese realmente importante, estaba buscando una forma de salvarnos y no estaba para interrupciones.

-Tu herida...

-¿Que herida?- Pregunté desconcertado ¿De qué estaba hablando?

-...se está curando... ¡Demasiado rápido!- Chilló apuntandome. Bajé la mirada hasta el punto que señalaba. En ese punto había un corte superficial que se dejaba ver a través del desgarro de mi ropa, ese debió ser el dolor que sentí en la caída, el soldado tenía algo afilado en la mano y me corté con él. Aunque ya no podía llamarlo corte, la herida se cerró ante los ojos atónitos de mi compañero dejando la piel como si nunca se hubiese abierto. Suspiré apesumbrado, los planes tendrían que cambiar.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::::::::::Fin del capítulo:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: :::::::::::::::

Un capítulo en el que alguien no sufre horriblemente, eso se merece un premio (No sé si es para alegrarse o preocuparse por mi salud mental)

Acepto tomates, review, favoritos o seguir como sabéis. Así que mandad muchos, vosotros sois el motor (Aunque si soy yo la que dirige el coche-Fanfic seguramente nos daremos contra un árbol)

Aquí está mi pequeño apartado de historia:

-Realmente dejaban a los enfermos hacinados en barracas junto con los enfermos que murieron, algo enfermizo ¿A quién se le ocurre hacer eso? También era verdad lo de la carreta, sacaban los cuerpos de los que habían muerto por inanición o enfermedad durante la noche.

-Lo del edificio con las medicinas no tengo ni idea. Busqué información en google pero no salía nada, así que si alguien sabe algo que me lo diga por favor, sabéis lo mucho que me gusta la exactitud histórica.

-Al situárse Auschwitz tan al norte, los prisioneros se levantaban a las 3 para estar durante unas horas haciendo el recuento.

Bueno, esto es todo... ¡Os espero en el próximo capítulo!