Hola chiquitines ¿cómo están? Una Disculpa en verdad, una enorme disculpa por tardar demasiado en actualizar, pero si les contase las cosas que me sucedieron podría crear otra historia, entre ellas descubrí que la tecnología y yo no vamos de la mano y es que la computadora "nueva" que me compré resultó tener fallas técnicas y al enviarla con el proveedor para la garantía perdí todo, Absolutamente TODO lo que tenía en ella, incluyendo esta historia y una segunda que también estoy publicando en la plataforma (pueden pasar a leerla si tienen tiempecito se llama "memorias de un detective") pero bueno cuando recupere la laptop me dio mucho coraje saber que había perdido todo porque este capítulo ya lo había terminado de escribir pero por desidiosa y subir tanto el capítulo del segundo fic y este juntos no lo publique y ahora debía de re escribirlo, pero no se preocupen que lo reescribí, lo reedite y ahora es totalmente mejor que el primero que había escrito. también les comento que estamos entrando en la recta final, a partir de ahora los capítulos serán más largos y probablemente solo nos queden tres o cuatro capítulos más, ya llevo la mitad del siguiente así que probablemente y si la tecnología nos lo permite nos leemos la semana siguiente.

Sin más disfruten el capitulo.

Espero sus comentarios y portense mal Momo :)

Rukia Agosto 7

Mi intento por olvidar lo ocurrido el día anterior comienza con el pie derecho, a partir de este día Kaien se ha ido de vacaciones, el plan es olvidar la escena que presencié, no podría describir que tengo celos o quizá que los llegué a tener, en primer lugar Matsumoto es mi amiga mientras que Kaien solamente es un hombre, que visto por la perspectiva de la sociedad machista en la que he crecido es común su comportamiento en el sentido de creer que todo ser que use falda se rendiría a él. Por supuesto que eso es lo ocurre conmigo y la idea de él. Detesto este comportamiento, detesto que clasifiquen en cuestión de géneros las actividades, los deportes, la vestimenta, los gustos, mientras que él con su mente abierta o tan lista es capaz de saber el momento perfecto para ser el caballero de armadura reluciente o aquel patán disfrazado de caballero ojete.

Mientras pienso esto Orihime llega junto con Ichigo muy sonriente, su éxtasis de felicidad me enferma, no entiendo el motivo, ella es una chica muy linda mientras que él a pesar de todo es buena persona, quizá demasiado transparente ante todos pero ante ella es como si no lo notará ninguno de los dos, que él está roto por dentro y que ella está enamorada, quizá lo saben cada uno pero prefieren callarse, ignorarlo por miedo al rechazo o la vergüenza.

Matsumoto me lo ha puesto fácil, su exceso de trabajo hace que no pueda siquiera voltear a ver otro lado que no sea el ordenador. No puedo decir que estoy enojada, decepcionada o triste, realmente no tengo ánimo para verle a la cara y fingir que no vi sus piernas acicaladas por las manos de Kaien. No puedo juzgarla, es mujer y a pesar de decir que es feliz en su matrimonio a mi no me consta absolutamente nada.

Agosto 9

Esto es inevitable y me siento mal, me irrito por todo, me siento igual que un animal enjaulado, no tengo claro aún el motivo de mi comportamiento pero esto de evitar a Rangiku comienza a ser más difícil cada día, llamadas por la mañana, al salir del trabajo, inventar estar demasiado ocupada, apegarme más a Orihime y que me hable de él. No estoy segura de mis motivos pero no puedo más.

-Muy bien kuchiki ¿Qué diablos ocurre contigo?- Matsumoto está de pie frente a mi en la pequeña cocina con una taza de café en una mano mientras la otra está extendida en la barra acorralandome para evitar que huya de ella, giro para endulzar mi café

-¿de qué hablas? Creí que con esas torres de papeleo no necesitarías compañía alguna ya que él malhumorado de tu jefe esta rondando tu escritorio para evitar que te distraigas

-Por el amor de Dios, estoy harta de estar sentada en el escritorio- se queja y puedo respirar pues funciono mi excusa improvisada -Por cierto ¿Cómo sigues?- pregunta al tiempo que me toma del mentón haciendo girar mi cara para cerciorarse de que todo estuviera en orden

-¿cómo? ¿de que hablas?

-El Martes te vimos mal

-¿me vieron?

-si, Kaien se preocupo mucho. Estabas tan pálida y al salir con tanta prisa parecía que vomitarías pero te veo ojerosa ¿has dormido? Bueno que importa hoy al salir iremos de compras para aliviar mi estrés y buscar algo para ti.

-no es necesario Mat, solo necesito dormir todo el fin

-dije que iremos, así que más vale que tu trasero siga aquí cuando pase a buscarte o te arrastraré desde tu casa. Tú decides

Se que su amenaza tomará represarías si sucede lo contrario así que me limito a sonreír, porque al escuchar que él se preocupo por mi me dio un segundo aire.

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Después de varias tiendas departamentales me siento cansada de tanto reír con Rangiku, es demasiado divertida y si no fuese obstinada mi berrinche no hubiera durado ni un día. Al principio me comportaba reticente con ella, pero sus bromas y ocurrencias me ablandaron. Pero poco duro el gustó, entramos en una cafetería a unas cuadras de la estación de tren, reíamos como locas hasta que el celular de Rangiku comenzó a sonar y un número no registrado apareció en la pantalla, las risas se paralizaron y ella se disculpo levantándose de la mesa, algo en mi interior se estremeció, como una bomba en cuenta regresiva mis lágrimas picaban en mis ojos listas para salir. No podía aguantar las lágrimas y no podía permitirme que Rangiku me viera así. Pague y salí corriendo, el golpe de aire al salir de ahí fue asfixiante, me urgía llegar a mi casa para dejar fluir aquellas lágrimas contenidas que, estaba segura, eran de varios días contenidas.

Había caminado tan solo una cuadra y mi campo de visión se nublo, frente a mí una mujer de facciones nobles y cabellos oscuros sonreía, irradiaba felicidad por cada poro de su existencia, a su lado estaba aquel hombre el cuál era victima de mis celos, y en sus brazos una pequeña niña descansa exhorta de su alrededor. Ahí me di cuenta de lo que sentía por él. Me había enamorado de un hombre 11 años mayor que yo, un hombre casado, un hombre con una familia. Un hombre que era jefe en el lugar donde yo laboraba.

Agosto 10

La puerta no paraba de sonar, mi cabeza ya no soportaba la insistencia de quien fuera que estuviera detrás de la puerta, mi único interés era estar sola. Tras descubrir mis sentimientos mi autoestima decayó por completo. ¿Qué podía esperar de un hombre así? Lo mejor que podía hacer por mí era olvidar si quiera que por mi mente pasó la idea de ser alguien en su vida. Yo apenas comienzo a vivir y él… él ya tenía una vida hecha.

Eran las 11 de la mañana y yo apenas iba levantándome después de haber derramado lágrimas y comer en exceso la noche anterior, mis ropas de cama arrugadas podrían aparentar que estuvieron puestas por más tiempo de lo que en realidad lo estaban, mi cabello era un desastre y si no fuera porque seguramente Matsumoto es quién trata de derribar mi puerta podría jurar que intentaría ocultar todo rastro de lo que soy en estos instantes. Al abrir la puerta maldiciendo a más no poder, mi vergüenza revive de las sombras y mi quijada decae.

-Buenos días, mí Ruki- esa sonrisa brillante detrás de la puerta derritió los pensamientos que había planteado en mi cabeza

-Kaien ¿Qué haces aquí? - sin preguntar pasó y se dejó caer en el sofá

-extrañaba molestarte y desde la última vez que nos vimos me quede preocupado- lo intentaría a pesar de las circunstancias, intentaría que él me amará.

-estoy bien gracias, ¿ya desayunaste?- sus ojos verdes fijos en mí me indicaban que me veía totalmente opuesto a como realmente lo decía.

-vamos te invito a desayunar- estaba cerca de mí y podía oler su colonia. Y como recordatorio de quién realmente era él, su imagen con su familia cruzando la calle me inundo la mente.

-realmente me gustaría no salir de casa- intente cortar por lo bueno

-entonces te cocinaré si no te importa- más que una pregunta fue una sentencia y sin más se quitó la chaqueta, arremangándose las mangas de la camisa y se adentro en la cocina

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Después de desayunar nos tumbamos en el sillón hablando de mi vida, de la suya, del mundo, de las aspiraciones que teníamos, de los sueños que no cumplimos, de los errores cometidos, de lo extraordinaria que es la vida y sus coincidencias. Sin darnos cuenta la noche había caído, ninguno de los dos nos percatamos del paso del tiempo, fue como si las horas se hubieran detenido al comenzar hablar. Era lo suficientemente noche como para que se excusara con algo y quedarse más tiempo, ninguno de los dos quería que acabará, pero el tenía responsabilidades y yo aceptar la cruda realidad, en mi corazón la esperanza vivía a flor de piel cada que me sonreía. Lo acompañe a la puerta del departamento intentando alargar su estancia aquí. Y como si leyese mi mente se inclinó y susurro al oído

-me agrado charlar contigo Rukia. No estés triste, sea lo que sea que te afecte no permitas que se incruste en tú corazón-

-yo también disfrute de tú compañía. Gracias en verdad- él no sabía lo que me decía ¿Cómo podría no permitirle acceso a mi corazón si hacía y decía cosas como estas?

Al despedirme los nervios inundan mi mente, antes de que pueda poner la mejilla el planta su boca sobre la mía, como respuesta un tierno beso me asalta, siento la calidez de su boca y la suavidad de sus labios que provocan en mí un remolino de sentimientos entre los cuales puedo detectar culpa.

Y como verdugo se ha separado de mí, sentenciando mis sentimientos sellados por una promesa de amor no dicha. Su cara es neutra al separarnos, pero logro ver un desconcierto creciente en su rostro que provoca el no saber si pedir perdón o simplemente dejarlo pasar, el fantasma de una sonrisa intenta aparecer en su rostro y sin atreverse a decir más me da las buenas noches. Al cerrar la puerta no único que puedo hacer es sonreír como una idiota

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Agosto 26

No puedo más, no lo soporto, ha pasado más de una semana y aquel beso aún repercute en mi memoria todo el tiempo, mientras que él actúa como si nada hubiera ocurrido. Como si aquel sábado nunca hubiera pasado. En el instante que había descubierto mis sentimientos, había aceptado que no tendría oportunidad alguna, que ni siquiera lo intentaría. Pero aquel día, el me hizo creer que podía intentarlo a pesar de su vida, a pesar de su historia.

Estoy sentada frente al escritorio sin siquiera poder disimular que le observo como platica con una chica de cobranza, a ella le gusta, se le notá por como sonríe y juega con las puntas del cabello, por mi mente se cruza la pregunta ¿la ha besado?, ¿le ha visitado a su casa?. Ahora solo puedo sentirme como una idiota, él continúa con sus bromas de casanova, al final decidió dejarlo pasar por lo sano pero sin saberlo alimenta estos sentimientos que me obligo a mi misma a sepultar, por un lado puedo ver que no juega solo conmigo sino con el resto del personal. Algo en mi interior pide a gritos explicaciones pero no soy capaz de hablar en voz alta de ellos.

Agosto 27

Llegue más temprano de lo habitual al trabajo, Ichigo a tenido problemas con un cliente en especial y solo le presta atención a su caso mientras que Orihime acaba de irse de vacaciones así que debo de adelantar contratos y los papeleos que le corresponden a Orihime. Desde un tiempo a la fecha me resulta extraño ver más estrecha la relación entre ese par, Orihime no lo dice pero es más que obvio que algo ocurre en su corazón cuando esta cerca de Ichigo pero me temo que él no se percata de su presencia de la misma manera de la que ella quisiera.

La espalda me duele y los zapatos nuevos me lastiman demasiado ¿porqué debía de cambiar los anteriores? Me pregunto al tiempo que observo aquellos zapatos más altos y de un bonito diseño puestos en mis pies. Caminó con cautela pero presiento que el día de hoy no me iré limpia de vergüenza. Al abrir la puerta de acceso para entrar al banco, esta golpea a alguien haciendo que se regrese la puerta golpeando justamente a mi talón haciéndome perder el equilibrio siendo obligada a dejame caer al piso, pero antes de tocar la tierra firme, una mano fuerte me detiene y me obliga a mantenerme de pie como si de una muñeca de trapo me tratase. En mi desesperación por sentirme segura me aferro a su torso intentando mantener mis pies estables. No tengo valor de ver la cara de mi salvador, siento mi cara arder ante la vergüenza, solo a mí Rukia Kuchiki me pasa esto.

-vamos suéltame- su gruesa voz me trae de regreso y se a quién le deberé una disculpa y las gracias -¿estas bien enana?

-Ichigo buenos días- a penas puedo soltarme de él y mirar el suelo. Vuelve a preguntar, sigo sin atreverme a verle a la cara -si estoy bien. Gracias

-¿qué ocurre contigo? ¿porqué no tienes cuidado?

-Lo siento en verdad, no esperaba que alguien más estuviera tan temprano aquí

-No eres la única con mucho trabajo enana- me tiende la mano para que avance primero sin embargo los zapatos siguen lastimándome, apenas si doy un paso y mis pies flaquean provocando que me aferre del muro. Puedo oír su risa. Apenas he avanzado un par de pasos, él me toma de una mano guiándome de regreso a los casilleros. No estoy segura de si es por mi vergüenza o la calidez de su mano pero aún puedo sentir la onda de calor salir de mis mejillas. Cuando me suelta me doy cuenta que había estado aguantando la respiración.

-ten, estos te han de quedar- en el poco tiempo que llevó aquí nunca había prestado atención por el casillero de los demás y una punzada de curiosidad alberga mi interior al ver que de su casillero saca una caja de zapatos realmente hermosos, un poco más bajos que los que traía puestos, extrañamente son nuevos y por fortuna me quedan. Abrí la boca para saciar mi curiosidad pero me detiene -no es necesario que sepas el porque. Puedes conservarlos, debí de deshacerme de ellos hace ya mucho tiempo pero puedes agradecer que no lo haya hecho. Te veo en piso.-

El ver su espalda alejarse hace que me pregunte ¿Quién es? ¿Qué clase de persona fue la mujer que lo abandonó con una hija? ¿Qué clase de persona fue él para no evitar su actual situación? Siento un poco de lástima por él, ante mis ojos es un buen hombre y siempre me esta ayudando, por desgracia este día no fue la excepción y ahora me siento más en deuda con él. Lo único que se me ocurre para agradecerle es prepararle café.

Para cuando estoy en piso él ya esta encerrado en aquella burbuja donde solo entraba la computadora y él. Dejó la taza con el café, preparado tal y como le gusta, nunca me trató como "copy boy" pero tras aquellas travesuras de llamarle o pedirle ayuda por las noches, en el intento de sobrevivir al día siguiente descubrí sus gustos matutinos. Sonrió ante el recuerdo al tiempo que él sonríe para agradecer el gesto y por primera vez en el tiempo que llevó tratándolo veo una sonrisa sincera que muestra la mayor parte de su dentadura blanca y perfecta, ¿será esa sonrisa la que muestra siempre a su hija? . Me siento cohibida al notar que sigue mirándome y el motivo es que aún no suelto del todo la taza en su escritorio, para cuando me doy cuenta alejo mi mano de ella como si de fuego se tratase provocando que salga de su boca una carcajada y un denso calor se concentra en mis mejillas.

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A penas es medio día y ya no soporto ver tantos papeles sobre mi escritorio, lo más difícil de este departamento lo hace Orihime, ella se encarga de los contratos de las personas foráneas y extranjeros que llegan a vivir a la ciudad, se debe de corroborar la información pero no tengo idea de como hacerlo e Ichigo sigue discutiendo con el jefe de zona por teléfono, tengo miedo de acercarme suplicando por ayuda, nunca me la ha negado pero a veces suele contestar golpeado o denota su exasperación.

Me levanto con dos contratos en la mano y me acerco a su escritorio, aún no llego del todo pero ya puedo escuchar su grave voz que muestra lo enojado que esta. Estoy a espaldas suyo y mi cobardía me incita a dar la media vuelta y llamar a Orihime por quinta vez en el día esperanzada por que esta vez tome el teléfono móvil y conteste. Estoy dando mi primer paso de regreso a mi escritorio cuando se oye un teléfono siendo colgado ferozmente y mi nombre pronunciado tal y como en mi infancia.

-¡kuchiki!- brinco ante su voz y regreso sin tardar demasiado, me mira y solo extiende su mano, yo le entrego los contratos y sin necesidad de que vea el interior de los folders se levanta de su escritorio dirigiéndose al de Orihime dejándome de pie en el mismo lugar en el que me encontraba justo minutos antes, toma de uno de sus cajones una cajita blanca con varios clips de colores y varios folders del mismo color que ellos y me los entrega en la mano. -separalos por entidad si se encuentran viviendo dentro del país desde su infancia con color azul, si son procedentes de otro país pero tienen más de 3 años viviendo aquí de color verde, si solo tienen meses viviendo aquí con amarillo y si han vivido aquí desde su infancia pero quieren desplazarse al extranjero de color rojo, el orden para acomodarlos es igual que en los contratos que haz estado haciendo hasta la fecha a diferencia que en este hay dos copias de su identificación, la que te sobra la pondrás al reverso de la caratula del folder del respectivo color, cuando termines regresas para que te enseñe como confirmar los datos personales.

Vuelve a sentarse sin mirarme, con su actitud hace que me sienta como una carga, pues a penas si gira el asiento para ver su ordenador y el teléfono vuelve a sonar, al contestar solo atina a decir -no es lo único que tengo que hacer-

Regreso a mi escritorio y veo la pila de contratos que debo clasificar por colores, bendita sea Orihime por hacer siempre esto.

-Descuida, ha tenido días difíciles- la voz de Kaien inunda mis oídos

-¿cómo?- le veo como se deja caer en la silla frente a mí

-Ichigo, normalmente no es así de gruñón pero ese cliente le ha hecho darle muchas vueltas a su contrato-

-¿tan grave es su situación?

-lo suficiente para que el distrital de la zona se involucre-

-¿de quién fue el cliente?- mi mayor miedo era que el grave error hubiese sido mío

-tranquila el error no fue tuyo- como pocas veces lee mi mente -el señor es cliente desde mucho antes de que tu e incluso Ichigo comenzase a trabajar aquí. El error fue del gerente Ukitake cuando estuvo como jefe de este mismo departamento. Habrá un gran cambio si todo sale mal-

En sus ojos puedo ver coqueteo pero la seriedad de lo que me confía me hace confundirme más. Le veo levantarse de la silla dispuesto a marcharse y siento un impulso segado de pedir explicaciones

-Kaien- apenas puedo oír mi voz. Él se voltea con fingida inocencia, detesto que pueda leer mi mente a esa velocidad, sonríe tan ampliamente que puedo ver sus dientes que sobresalen de sus gruesos labios, sus suaves labios. -Yo…- las palabras no llegan a mi boca y las ideas están sin terminar en mi cabeza. Puedo ver que sus ojos cambian a un verde denso, como aquel depredador que fija su mirar en su próxima presa. Su lado casanova más que molestarme me confunde

-¿qué ocurre?- muerde un poco su labio inferior -¿te ha gustado? Ese día no estaban pintados ¿quieres que despinte esos finos labios tuyos?- el tono de su voz me decía que era otra de sus bromas, no tardo en dar la vuelta al escritorio, ya estaba recargado sobre mi escritorio dando la espalda al resto del banco mientras se acercaba a mí

-Aquí no- solo pude decir, él se detuvo expectante -pueden vernos- solo junto sus cejas en signo de desconcierto -¿crees que no se que eres casado?- su sonrisa desapareció dejando solo una línea recta en su lugar. Sin decir más me dejó sola. Al final mis sentimientos le han quitado la gracia a sus bromas

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La mayoría de los empleados se ha ido mientras Ichigo y yo seguimos en el trabajo, me enseñó todo lo que tenía que aprender a cambio de ayudarle a buscar información atrasada de tres personas distintas en líneas crediticias. A lo que Kaien y la jefa Unohana siguen aquí ayudándonos, no lo dice ninguno de los tres pero percibo tensión, al parecer el problema es muy grande pues buró de crédito se ha visto implicado junto con atención a clientes. Son poco más de las 10 de la noche y apenas vamos saliendo del banco. Unohana e Ichigo se han adelantado al salir, yo tardo en salir pues debo de cambiarme los infernales zapatos de tacón que me veo obligada a usar, por algún motivo mientras me cambio percibo la presencia de alguien y al mirar mi espalda Kaien esta caminando hacia mí.

-perdón si te asuste- se detiene frente a mí -corre que es muy noche para que andes sola por las calles-

-no es necesario que te preocupes, sabes que vivo un poco cerca de aquí, no me arriesgo demasiado-

-te lo dije, me preocupo porque me importas- al oírlo solo puedo pensar ¿porqué lo hace? Y el recuerdo de él con su familia inunda mi mente obligándome a intentar alejarme de él lo más rápido posible. Tomo mis cosas y camino hacia la salida, no se si viene tras de mi o sigue de pie pero mi corazón late como si lo primero ocurriese

-deja que te bese una vez más, por favor- dice y me detengo en seco -por favor, perdóname el atrevimiento, pero … ¿porqué no te conocí antes? ¿si nos hubiéramos conocido antes… ? Conozco mi situación pero no eh podido sacarte de mi mente- sin más solo pude voltear a verlo, él seguía de pie lejos de mí, su camisa blanca arremangada hasta los codos marcaba su figura varonil, su cara me decía que era honesto y yo solo pude regresar hasta él e intentar besarlo, me acerque con torpeza y mi mente voló ante el contacto de sus suaves labios sin embargo al sentir el tacto de su lengua en mis labios me aleje abruptamente del placer que sentí. Caminé sin voltear atrás, sin permitirme caer de nuevo en su manera de besar, en su manera de tomar las riendas de mi corazón.

Al salir del banco pequeñas gotas de lluvia caían sobre mí. Apaciguando el calor de mis mejillas.

-Rukia- su voz me hizo temblar -por favor permíteme levarte a tu casa-

-no creo que sea correcto-

-sólo… disculpame. No me mal interpretes. Quiero asegurarme que llegues bien a tu casa, eso es todo- su cara al igual que su voz demuestran aflicción. Afirmo con la cabeza mientras aparto mis ojos de él incapaz de verle directo a la cara.

El frío de la noche me hace temblar, o quizá es porque me encuentro muy cerca de él, no lo sé. Ya es muy tarde, realmente no sé porque accedí a esto, es mayor que yo pero a veces se comporta como un niño y otras como un adulto responsable, esta noche ha sido el último quien me acompaña a casa, no dice nada, solo se limita aproximarme a él de manera protectora cuando un desconocido pasa cerca de nosotros, incluso en los cruces a pesar de que hay muy pocos carros por las calles me detiene cual niña pequeña. Sé muy bien que esto no es correcto, no debería estar aquí conmigo debería estar en casa disfrutando de su familia, no debería estar alimentado esto que comienza a crecer dentro de mi cuál bomba, si eso es lo que ocurre cuando estoy cerca de él, mis nervios, mi temperatura corporal y mi cuerpo comienzan a reaccionar de manera tan rápida que no puedo ver el momento exacto en el que mi agitación es evidente y mis mejillas estallan como una bomba, no advierte, no suena, no tiene cuenta regresiva, solo detona dentro de mí. Aquellas bromas que me juega, a veces siento que realmente lo desea, realmente quiere estar conmigo y muy a mi pesar yo, yo quiero estar con él.

Llegamos a la puerta principal del edificio donde está mi departamento, yo solo puedo darle las gracias e intentar torpemente abrir la cerradura pero mis manos tiemblan evidentemente, pues mi mente juego conmigo repitiendo una y otra vez lo ocurrido, cuando por fin el cerrojo cede abro la puerta y sin mirarle le doy las buenas noches, no tengo el valor de verle a la cara pero su mirada penetra lo suficiente en mí que me cala los huesos.

Doy un paso para entrar y su mano detiene mi delgado brazo, su calidez traspasa mi suéter dándome un poco de paz a esto que no se definir si es frío, nervios o éxtasis. Su agarre es tan firme que me obliga a verle y cuando lo hago sus labios se encuentran en los míos intentando abrirle paso a su cálida lengua. Y no le detengo, al contrario le doy libre acceso a mi boca, mis manos se encuentran entre sus cabellos largos y enmarañados, sus manos rápidamente se abrieron paso entre mi blusa y su calidez me seduce. No pienso en lo que hago, solo permito que el impulso albergue mi razón.

No tengo idea exacta de como es que me encuentro en la entrada de mi departamento buscando como loca la llave, mientras él tiene una mano en mi busto y la otra abriendo mi pantalón mientras me besa el cuello. Puedo sentir su erección empujar sobre las ropas. Al oír la puerta abrirse, una luz de alerta se enciende en mi cabeza y se que no habrá vuelta atrás. Debería detenerlo, debería decirle que estamos cometiendo un error pero ya es demasiado tarde, nos encontramos en la habitación semi desnudos, hábilmente se deshizo de sus prendas y sorprendentemente yo contribuí a eso.

-oh Rukia- dice mi nombre en un suspiro y yo me rindo ante sus hábiles manos - me tienes mal, todo este tiempo haciéndote la ruda, la fuerte- gimo

- Deberíamos detenernos- oigo mi voz en susurro. Pero mis manos están aferradas a su espalda manteniéndolo cerca de mí. Oigo como bufa ante mis contradicciones. Se detiene

- si , si es lo que quieres… – dice sin más y se aleja de mí, su cara es neutra, se está colocando los pantalones, yo aún sigo tumbada en la cama intentando recuperar la respiración. Sin embargo me siento vacía, sola, frustrada, le necesito. Con la misma velocidad que se quito la ropa se la ha vuelto a poner y veo su espalda pasar más allá de la puerta.

Corro detrás de él. Gritando su nombre, saboreando mis palabras, mi voz es suplicante, desesperada. Él se detuvo en la puerta se giró sin soltar el pomo de la puerta

-Dime realmente que es lo que quieres- su voz era distante, no me atrevo a decir nada -Dime que realmente es lo que tú quieres-

-Por favor- suplique acercándome a él con miedo, ese que me atormenta por su rechazo, nuevamente si me acerco a él mi vista se nubla y mi jubilo desaparece, solo puedo sentirlo, saborearlo besándome con fervor, me rendí, me entregue porque le quería, porque le necesitaba. Necesitaba sentir su calor, no por el sexo, sino porque solo así podría saber que era real.

Me toma de los muslos y yo enredo mis piernas sobre su cintura sin poder dejar de besarlo, sus suaves labios me tienen hipnotizada. Gimo ante sus caricias, puedo sentir su erección que empuja contra mi muslo y me siento excitada, sus fervores besos, sus manos recorriendo mi cuerpo, hacen que pierda los sentidos, ahora solo soy suspiros, gemidos, placer.

La anticipación de sus húmedos besos, la delicadeza de sus manos recorrer mi cuerpo hicieron que ignorara la incomodidad de tenerlo dentro de mí, su respiración entrecortada que chocaba contra mi piel aumentaba mi libido. Sus gemidos me dieron la seguridad de que no era la única que había deseado este final. Qué no me arrepentiría de esto a pesar de todo.

Era la una en punto de la madrugada, mis ojos se cerraban en contra de mi voluntad. Kaien se levanto pesadamente de la cama comenzando a vestirse, ver su ancha espalda desnuda me decía que era momento de la realidad. Lentamente terminó de vestirse. Internamente luchaba por no quedarme dormida.

-vamos, no seas masoquista, duerme- se inclino para besar mi frente. Ahí supe que podía dormir tranquila esa noche. No fui capaz de volver a abrir los ojos pero pude escuchar decir -Rukia, quiero te quede claro que esto no fue un error ¿de acuerdo?- poco a poco mi cuerpo entero pesaba de cansancio.