Capítulo X
Hasta tu misma dirás que eres mía
Aterrizar en los brazos de tu amado, puede ser un destino alineado, o una maldición, la persona que se apodera de tú cuerpo y de tu alma, lo tiene todo, tu felicidad en sus manos pero también el poder de destruirte, amar la única cosa más poderosa y mortal que pueda existir, solo para los que han amado castamente y no con la pasión en carne propia abandonad toda esperanza.
Los zapatos eran los más altos que había usado, me hacían ver las piernas tan largas, que yo misma no me reconocía al espejo, como me pude haber dejado convencer de usar lencería, me sentía impropia y muy insegura si yo le daba batalla a éste tipo de prendas.
La sensación de sentirse como un ratón se hacía más mientras me acercaba a las imponentes puertas de color negro, la puerta se habría lentamente y al entrar al pasillo la sensación cálida se hacía presente con notas de vainilla flotando en el aire había música suave que no podía identificar. No había luces encendidas era un espectáculo de luces esparcidas por todo el departamento, una mesa de centro con una vajilla y una cena que humeaba un vino tinto y copas se veían también. Pero lo que realmente dejaba sin aliento era el hombre en traje azul marino, de espaldas viendo por los enormes cristales, ni siquiera había notado mi presencia y tuve carraspear un poco.
-Hola Terrence he llegado.
-Lo había imaginado el aire se a tonando más dulce en segundos.-Me devolvía una sonrisa maravillosa, cálida tenia mil revoloteos en mi estómago se me sentía la mujer más afortunada del mundo, ¡Toma eso cenicienta y maestra de quinto grado! La que decía que los cuentos de hadas no de hacían realidad.
-Todo esto es hermoso, yo jamás había visto algo así.
-Pues me alegro de ser el primero, pero me extraña que no lo hayamos hecho antes, somos esposos, amigos, amantes.-Su mirada era intensa de un azul profundo sostenía mis manos muy cerca de su pecho. Mirándome con solemnidad como lo hacen los hombres enamorados que leía en las novelas.
-No pasabas mucho en tiempo en casa.-Apenas las palabras salen de mi boca me arrepiento eso lo hacía él, Terry jamás se iría o haría las cosas que él hacía.
-Eso va a cambiar de ahora en adelante, Candy mis recuerdos se vuelve cada vez más turbios no te veo en ellos, he comenzado a recordar mi infancia el instituto.-Me voy tensando cada que escucho sus palabras, ¿Habrá recordado todo al fin?, pero por qué me retendría y se portaría así.
-Disculpa cariño, esto no ha de ser nada fácil para ti, saber que recuerdo casi toda una vida pero no a la razón de mi vida y existir soy un insensible.
-Todo se ve estupendamente, tú lo preparaste.
-Sí resulta que recordadas habilidades desconocidas a ésta ahora. Está noche pienso darte placer de muchas maneras. Quiero quietud y paz para mi mente y tú me darás todo eso.
-Terry tal vez vamos muy deprisa, podemos ir a buscar un medico mañana tal vez una terapeuta.-Las palabras me salen tan deprisa, tenía miedo de tener algo que el día de mañana pudiera arrebatarme.
-Está noche no pensaremos en las consecuencias, hoy simplemente soy un hombre adorando en cuerpo y en alma, a una venus, te viste en el espejo, estoy seguro que soy el hombre más afortunado, eres una diosa.-Yo no podía evitar evadir la intensidad mirada.
-Mírame cuando estoy hablando, quiero que me mires, eres preciosa, una venus, a la cual hay que adorar en cuerpo y alma está noche voy a besarte entera, voy amarte y a unirme a ti.
Éste Terry era muy diferente era así con tal solo recuperar un poco de sus recuerdos, era autoritario, intenso te absorbía y yo me sentía más delicada a su lado, me sentía suya.
Cenábamos en tranquilidad me asfixiaba, cada que daba unos bocados o tomaba la copa de vino entre mis labios, Terry se veía incómodo y se removía en su silla, ¿Será que tan malos modales tenía? Yo lo suponía Terry era de eso hombres de mundo, con los cuales solo soñamos.
-Ven vamos a bailar.- Me extendía su mano y una sonrisa y mirada intensa me hacía tomar su mano con torpeza.
Como todo estuviera calculado, una melodía resonaba por toda la habitación unas palabras que no podían entender, y lo que mi poco español podría entender, eran las palabras, seguirás siendo mía.
Nos movíamos a un ritmo lento, sentía su respiración tan cerca su colonia y un olor a mente indescriptibles, todo en él era inmaculado y yo solo era un desastre andante.
-Quiero que me mires, porque voy a besarte, y no creo que me queden fuerzas para detenerme.
Sus ojos pedían mi permiso y no podía moverme solo mi respiración se hacía más errática al pasar segundos, pase mi lengua por mis labios y la sensación de respiración sobre ellos hizo que un escalofrío me recorriera entera con un gemido muy quedo.
-Mi dulce Candy aun no te he tocado y me estás volviendo loco.-Me besaba sus labios perfectos y varoniles me exploraban, recorría con su lengua mi labio inferior como una invitación para que abriera mi boca y poderme así explorar, inclino mi garganta y eso fue todo miles terminales nerviosas había cobrado vida, mis dedos se hundía en su cabello, realmente yo no sabía qué hacer, pero Terry me hacía sentir una mujer segura, ni siquiera sentía que mis pies ya no tocaban el sueño. Poco a poco sentí tocar mis pies de nuevo tocar el suelo, me sentía mareada asfixiada por sus besos.
-Voy a desnudarte Candy, voy amarte toda la noche entera.-Sentía su aliento en mi nuca y como bajaba el cierre del vestido y caía como una suave cortina a mis pies, temblaba como una hoja y el dejaba besos como plumas por mi espalda, con una lencería de encaje blanco sin sostén quería cubrir mi desnudes porque su mirada podría penetrarme.
-Estoy sin aliento Candy estoy excitado de tan solo mirarte.-Se arrodillaba antes mi pies para quitar los zapatos de tacón y acaricia todo a su paso del tobillo hasta la pantorrilla su tacto era caliente o tal vez yo era la que ardía bajo su tacto.
Me llevaba a la cama y se sentó al borde la cama conmigo ahorcajadas, pero no me tocaba, recorría con sus pulgares mi cuello, mi clavícula estudiándome seduciéndome, sus manos no quedaron quietas ascendieron a mis pechos y los acariciaba como dos piedras preciosas
-Candy no sabes cuánto llevo esperando el momento de tocarte y no detenerme, quiero marcarte entera, tienes que entender que eres mía nada ni nadie podrá borrarte eres mi sueño más profundo que yo pedía.-sus palabras eran intensas y un gemido broto tan fuerte, al sentir sus labios en mi pechos, su cálida saliva y lengua torturándome, al succionar mi pezón, no pude evitar frotarme contra su erección, ¿En qué me estaba convirtiendo?
-No tengas vergüenza soy todo tuyo, y tú eres toda mía en está habitación no caben los complejos, eres dueña de todo en mí.
Sus manos hacía círculos en mi abdomen y sus manos descendieron hasta las bragas de encajes y las rompió con sus fuertes manos, siguen descendiendo para tocar ese botón de placer que no dejaba de palpitar hasta casi doler. No podía detener los sonidos de placer los gemidos.
-Dime qué te gusta, dime que me deseas tanto como yo Candy. Ardo por ti.
El ritmo de sus caricias no descendía él sabía comprendía el cuerpo de una mujer, no podía evitar tomar sus hombros con fuerza, esa sensación estaba cerca lo sentía mi cuerpo se contraía los latigazos de electricidad recorrían mi espalda, y en un grito sórdido pronuncie su nombre.
Terry…
