Capítulo diez: Sentencia de Muerte
Esme:
Yo amo a Edward con toda mi alma. Dios es testigo del amor inquebrantable que siento por él. He tenido la firme creencia, desde siempre que mi preciado retoño quien jamás vio la vida, reside en Edward. Pero en estos precisos momentos, si seguía caminando en círculos; sobre la alfombra, me iba a volver loca. Intenté despertarlo de su ensoñación, llamándole reiteradas veces, mentalmente. Pero, cuando mi primogénito entraba en ese estado... Me levanté del sofá desde donde había estado observando a Edward devanarse los sesos desde hacía más de cinco horas, y le agarré por los hombros.
— Basta —Le detuve con firmeza. Él pareció despertar y me miró sorprendido—. Edward. Ya basta —Su cara estaba tan atribulada, que no necesitaba los poderes de Jasper para saber que algo se lo estaba carcomiendo por dentro.
— ¿Ma...?
— Edward. Me estás volviendo loca, ¿Podrías cuando menos hablar con Carlisle ya que yo no parezco ser suficiente?
— Madre —Me reprochó con el tono y su mirada.
— Edward Anthony... —Le detuve, antes de que comenzara con la liturgia. Tomé su rostro en mis manos, mirándole directamente a sus ojos ¿Qué te pasa, en el nombre de Cristo? —Lo único que logré con eso fue que se sentara en el sofá y se llevara las manos al cabello, colocando los codos en los muslos.
— Esme —Escuché que me llamó Alice. Volteé a prestarle atención a mi amada hadita.
— ¿Qué sucede, Ali?
— Esme, ¿Cuáles son tus sentimientos al respecto de las relaciones Homosexuales? —Yo, estupefacta. ¿A qué venía aquello?
— Ali, bebé... ¿Qué sucede? ¿Por qué de repente me preguntas eso?
— Por favor, Esme. Es importante. ¿Qué piensas de dos hombres, en una relación sentimental? —Me presionó, con el rictus más serio que había visto nunca en su cara.
— Em... pues... ¿nada? —Respondí, frunciendo el ceño.
— ¿Nada bien o nada mal? —Aquella situación estaba volviéndose a cada segundo más extraña.
— No lo sé, Alice. Me llegas por la espalda y me preguntas de la nada que ¿qué pienso de dos hombres o mujeres en una relación...? Jamás me había detenido a considerar algo así. ¿Qué sucede? —Volteé a ver a Edward, para evitar que se escapara. Ese niño hablaba hoy, porque si no; el cielo me ayudara. Me sorprendí al ver que él, estaba allí estático, con los ojos abiertos en sorpresa—. Ok, los dos. ¿Qué demonios está pasando aquí? ¡YA!
Inhalé profundamente, ante la mirada de terror que tenían mis hijos. Tenía que calmarme, pero, aquello se nos estaba yendo de las manos y no estaba acostumbrada a algo así. No me gustaba que mis hijos sufrieran, dejándome en la oscuridad; especialmente si lo estaban haciendo para protegerme, cosa que tendía a suceder con demasiada frecuencia.
— Lo siento, almas de mi vida. No fue mi intención tratarlos bruscamente... —Me disculpé tratando de deshacerme de mi frustración, que no ayudaría en nada; en la ya de por sí, frustrante situación.
— Voy a terminar con Isabella —Soltó Edward, de repente; sin anestesia y sin razones para decir algo como aquello.
— ¿Perdón?
— Voy. A. Terminar. Con. Bella... —Repitió él, modulando cada sílaba. Yo miré a Alice, sus irises se habían oscurecido. Volví mi mirada hacia Edward, estaba esperando una explicación, pero, todo había caído en un silencio bastante incómodo.
— ¡EDWARD NO! —Alice gritó, y a velocidad vampírica corrió y le tapó la boca—. No, Edward, no —Mi hija estaba desesperada, a saber qué habría visto para alterarla de tal manera. Estaba llorando, incapaz de derramar lágrimas. Edward sólo había cerrado los ojos, casi con dolor—. Así no, por favor, te lo ruego, por favor, por favor, te lo ruego, te lo imploro, Edward. Así no... por favor...
— Alice, mi ángel. Tranquila bebé... vamos, sólo, cálmate. No va a suceder nada malo ¿está bien? —Traté de consolar a mi pequeña ave, tratando de que soltara a Edward. Suerte que nadie más se encontraba en casa. Apliqué un poco de fuerza para obligarla a sentarte en el sofá. Ella se llevó una mano a la frente y colocó el codo en su rodilla, mortificada—. Todos calmados. Shh... nada va a suceder. Prometo tener una actitud abierta con respecto a lo que está por suceder. Pero, tienen que explicarme la situación y si temen por la reacción de Carlisle, una vez que sepa qué está sucediendo. Yo les ayudaré con la situación. Primero, ¿Qué viste, Alice?
— Edward iba a soltarlo de una manera inapropiada. Es demasiado para sostenerse sin... descontrolarse.
— Edward, corazón. Siéntate, por favor —Él cumplió mis órdenes algo robótico—. Alice. Por favor, continua —La escuché inhalar profundamente, tratando de encontrar las palabras.
— Esme ¿Si a mí me gustara Bella, me odiarías? —De nuevo aquello.
— No. Alice. No te odiaría.
— ¿Me seguirías queriendo igual que siempre?
— No seas tonta, Alice. Por supuesto que te seguiría amando igual que siempre. ¿A qué viene todo esto?
— Déjame, por favor, déjame —Le pidió implorante, ella, mirando directamente a Edward—. Hace algunas semanas que las cosas comenzaron a cambiar Esme... a..., desmoronarse. Esme —Alice, tomó una bocanada de aire—. Edward encontró a su pareja. Y es Harry —Aquello me tomó por sorpresa, pero, Alice volvió a la carga tan rápido que no pude reponerme—. Por el amor a Dios, no digas nada. Espera, déjame terminar de hablar. Harry no sabe nada. Estas semanas han sido horribles para Edward y para mí. Especialmente con lo vengativo y sobre protector que es Draco con Harry. Pero, sí Bella es La Tua Cantante de Edward, sí Edward ama a Bella tanto como me ama a mí. Pero, Harry es un nuevo nivel de frustración y locura. Es horrible Esme. Edward no puede suprimir el llamado de reclamar a su pareja. Y la sangre de Bella está volviéndolo loco. Psicópata, incluso. Edward esta punto de matar a Bella, que es lo único que se interpone entre su camino para llegar a Harry. Esme, Edward tiene dos días sin ver a su pareja que es lo que lo mantenía cuerdo y ni siquiera sabemos si está vivo.
— Alice. Basta, respira —El escuchar mis comandos, hizo lo que le pedí y trató de calmarse. Yo también estaba tratando de ordenar mis pensamientos—. Vamos por parte. Carlisle y yo sabemos que Bella y Edward no son Almas Gemelas, y sabíamos que esto podía pasar —Alice asintió atormentada—. No es para amar lo que se ha destinado a matar. Bella debió morir hace tiempo ya, pero no lo hizo, y todos estamos felices que ella esté viva. Por el amor de Dios, niños —Me desvié, sin poder creérmelo—. ¿Tan crueles somos a sus ojos que decidieron llevar esto al límite por lo que Carlisle o yo pudiéramos pensar? —Miré a Edward, quien simplemente veía al piso—. ¿No piensan decir nada?
— Esme ¿Puedes culparnos? Carlisle es de los años de la cataplún donde los sodomitas eran quemados en la hoguera. Edward, se ha devanado los sesos en todos estos días tratando de abordar la situación. Especialmente porque todo el mundo ama a Bella.
— No los estoy regañando, pero ¡Por todos los cielos! ¡Soy su madre! —Les regañé sin poder evitarlo ¡Su MADRE! ¡Jamás se les olvide! Sí es cierto, hay veces que puedo sentirme decepcionada de todos ustedes por sus acciones, pero… ¿dejar de amarlos? ¡Nunca! —Alice me abrazó y comenzó a llorar sin lágrimas.
Por primera vez en mi vida, Edward se me acercó gateando y me colocó su cabeza en mi regazo, como un niño al que jamás le ofrecieron ni una onza de cariño, apretando su puño en mi falda. Coloqué mi mano en su cabeza, casi temiendo de aquello fuera un sueño. Sólo Carlisle recibía muestras de afectos tan abiertas de Edward, en ocasiones especiales y usualmente dolorosas.
— Hush, todo está bien, mis niños. Todo tiene solución en esta vida.
— Oh Esme, no sabes lo ligero que se siente mi corazón luego de confesarte todo.
— Está bien, bebé... no te preocupes, mi pequeña hadita. Todo está bien. Primero, lo primero. Vamos a casa de Harry a confirmar que esté bien. Seguramente tiene una buena excusa por desaparecer tan de repente y sin avisar. Recuerden que esas pobres almas están huyendo y han estado por su cuenta, sabrá Dios cuantos años... así que, un paso a la vez...
Harry:
La oscuridad que me rodeaba en mis meditaciones, me causaba intranquilidad. Mi mente desde todo aquello era un lugar frío y desolado, los oídos me pitaban, pues Draco no estaba en casa en esos momentos, y Forks no era lo que se podía decir un lugar bullicioso, lo cual; era algo desconcertante.
¿Cuánto tiempo tendría meditando? ¿Cinco minutos? ¿Dos horas? Siempre tenía problemas para distinguir el tiempo pasar, especialmente si mi mente se torturaba así misma con algún problema en particular. Siempre me perdía en la oscuridad de mi mente, pues allí, nada dolía, nada vivía. De súbito, millones de almas brillaron en mi mente, odiaba cuando eso sucedía, aquello, sólo significaba una cosa... abrí mis ojos y mis temores se hicieron realidad.
— Lo siento —Me disculpé con incomodidad.
— Está bien, hijo —Habló la fantasmal Lily Evans de Potter.
— ¿Qué pasó campeón? ¿Meditando? ¡Que aburrido! —Miré a la derecha para distinguir a James Potter, guiñándome un ojo, abrazando a mi madre; dándole un sonoro beso en la mejilla.
— Cachorro —Me sonrió Sirius Black, con la mirada centelleante; causándome una puntada de dolor en el corazón—. ¿Qué podemos hacer por ti, en esta —Mi padrino miró hacia la ventana—. Lúgubre tarde?
— ¡Sí! ¿Dónde demonios están?
— ¡James Potter, modera tu lenguaje!¿Este es el ejemplo que le das a tu hijo?
— ¡Pero Lils, estoy muerto! —Se quejó mi padre, haciéndole pucheros a mi madre.
— ¡Estoy muerto, nada, Potter! —Le regañó ella con mano dura.
— Lo siento, de verdad, no es mi intención molestar a los muertos. Sólo, pasa.
— ¿Draco lleva sin aparecer más de dos días, verdad corazón? —Preguntó mi madre, marisabidilla como sólo ella. Suspiré derrotado, rascándome la frente, estoy seguro que tendría un gesto compungido en la cara—. Harry —Subí la cabeza, al escuchar que mi madre me llamaba directamente—. Querido. Draco no ha muerto. No necesitas invocar a todos los muertos de donde quieras que estés, plus nosotros; para saber eso. ¿Eres consciente de que él primero que sentirá si algo está mal con el pequeño Dragón, eres tú?
— Draco alzó barreras que me tienen atado al a casa hasta que él aparezca.
— ¡Ese maldito mortífago!
— ¡SIRIUS ORION BLACK!
— Lo siento —Se disculpó mi padrino con un hilo de voz, escondiéndose tras James, aunque poco hacía, puesto que todos eran translúcidos.
— ¿Esto es lo que le enseñan a mi hijo? ¡Largo de aquí!
— ¡No podemos! ¡Harry decide quién se va y quien se queda! —Vi a Sirius sacarle la lengua a mi madre, luego de decirle aquella frase. Inmediatamente, James dejó de servirle de barrera a mi padrino y mi madre comenzó a vapulearle. Yo me levanté con un suspiro resignado, me estiré tratando de desentumir mis extremidades, por estar tanto tiempo en posición de loto, me sentó en mi cama y retomé la lectura de Encantamientos Avanzados, ignorando a mi madre, torturando a Sirius; mientras mi padre se alejaba de la trifulca.
Era consciente que debía dejarlos ir y mientras más rápido, mejor para todos. Pero, tenía casi cuarenta y ocho horas (o más), solo; con mis pensamientos, y lo único que podía hacer para evadirme, era meditar. Sí tristemente había perdido dos días de mi vida, entre meditaciones. Sólo me levantaba para ir al baño y... me había olvidado de comer. Pero, realmente la comida no importaba; jamás lo había hecho, estaba acostumbrado a la inanición y ahora, menos que menos necesitaba el sustento que dicha aportaba. Así que sería egoísta como pocas veces en mi vida y dejaría vagar el alma de mi familia; libre, acompañándome, por un rato. Era eso o tratar de suicidarme.
— ¡Harry! —Escuché que gritaban. Frunció el ceño. No era mi imaginación, puesto que las voces de mis padres (sí, Sirius también era mi padre). Se silenciaron. Caminé hacia la ventana y saqué la cabeza. Alice y Edward estaban en la entrada, había otra persona, pero no podía verla. Creo que era Esme.
— Cómo reza el dicho: ¿Si Mahoma no va a montaña...? —Citó mi madre, con una sonrisa pícara; haciéndome voltear y alzar una ceja al estilo Malfoy—. Creo que es hora de irnos.
— ¡No! —Se quejaron los dos hombres que a mí parecer eran más adolescentes en cuerpo de hombres.
— Harry —Ordenó mi madre, agarrando a Sirius y a James por la camisa; quienes me miraban con ruego en su mirada, tratando de huir, pero mi madre tenía razón.
— Expedio —Conjuré vacío.
— Te amamos Harry, nunca lo olvides —Yo asentí. Y no era como si fuera la última vez que los iba a ver, siempre me sucedían ese tipo de deslices.
— ¡Harry! ¿Estás allí?
— Ve... —Me animó su voz, pues su espíritu ya había desaparecido.
— ¡Estoy aquí! —Grité, llamando la atención con mi mano.
— ¿Ábrenos? —Me devolvió Alice, con tono sabihondo.
— ¡Harry! ¿Está todo bien? —Me llegó la voz preocupada de Edward.
— Traten de entrar ustedes —Les expliqué, ganándome una mirada confundida por parte de los hermanos. Suspiré, maldiciendo mi vida—. No puedo gritar qué pasa y no me puedo acercar a la puerta. Traten de saltar la verja por la parte de atrás.
Edward:
No había mediado palabra desde que Alice le había confesado todo a Esme. Sólo me había fijado a su cintura y ya. Nuestra madre siempre tenía esa aura tranquilizadora... sólo tenías que rozar su piel y todo estaría bien. Era más efectivo y realista que los intentos de Jasper.
Entramos todos en el Volvo y nos dirigimos hacia la casa de Harry. Venía la carretera, con una única letanía en mi mente "que Bella no aparezca" Era lo único que murmuraba obcecado en mis pensamientos. El viaje pasó fugaz, había manejado básicamente en auto piloto y en nada, se relevaron ante m la casa de Harry y la casa de Bella.
Alice y yo nos bajamos, y comenzamos a llamar a Harry, quien estaba, más que vivo, y de nuevo nos pidió lo más extraño que pudiera imaginarse en el momento. Que tratáramos de entrar furtivamente en su casa.
Sinceramente, yo sólo quería una vida normal, todo lo normal que un monstruo como yo podía añorar. Una novia, casarnos, velar el uno por el otro. Pelear de tanto en tanto, no estoy en contra de ser infeliz de vez en cuando, pero, aquello era ridículo. No quería que mi vida se convirtiera aún más en una telenovela de angustia adolescente. Sin ponernos a discutir demasiado el por qué no podíamos entrar por la puerta principal. Estacioné bien el carro, y nos dispusimos a allanar el lugar.
Saltamos la verja sin mayores problemas y lo primero que me llegó al caer al piso fue Harry. Tan hermoso y sencillo como siempre. Se notaba que no había salido de casa, porque tenía unos pantalones deportivos grises bastante desgastados y una guardacamisa blanca; demasiado grande para su talla. Fue superior a mí… corrí a abrazarlo, olerlo, tocarlo, recorrerlo, clamarlo. Me sentía como un perro, marcando territorio y aquello me hizo retorcerme.
— Ergh... no que me moleste el abrazo, pero, ¿a qué se debe la efusividad? —Bromeó Harry tan despreocupado como siempre.
— Veníamos a asegurarnos que seguías con vida, mi niño —Habló Esme, con tono calmado y cariñoso—. Desapareciste y nos preocupaste —Verdad a medias. Sólo yo estaba preocupado a muerte y Alice se vio arrastrada a mi huracán, por sus poderes.
— ¡Oh! ¡Por Dios! ¡Lo siento muchísimo! —Se disculpó realmente avergonzado. Tomándole una mano a Esme, sin yo dejar de abrazarlo. ¡Ja! Que intentaran obligarme a que lo soltara. Lo partiría en dos, a quien tuviera la osadía—. Edward, por favor, suéltame un poco —Se quejó Harry con voz ligeramente dolorida. Un gruñido nació desde lo más profundo de mi esternón, sin poder evitarlo.
— Edward, suéltalo —Siseó desdeñosa Alice.
—Suéltame Edward, es una orden —Algo en mi mente me hizo obedecerlo inmediatamente, en contra de mis deseos—. Lo siento, de verdad… pero me estabas sofocando.
— Yo siento esto —Mascullé, alejándome lo más que pude.
—Lamento haberlos preocupado, pero no pude evitarlo; antes de poder hacer algo: Draco hizo todo lo que estuvo en sus manos y poder para recluirme en este lugar y hace dos días que no aparece. Sólo sé que está vivo. Tal vez... lo siento, Esme… de verdad, no fue mi intención causarte problemas.
—Tonterías, mi niño. Nada de problemas y gracias por tus regalos, Harry, aunque no debiste haberte tomado tantos problemas, no hace falta tanta consideración. Draco y tú, son familia…
— No fue nada, después de toda la ayuda que nos prestaste y aún sigues prestándonos. ¿Quieren pasar y tomar algo? Puedo robarme algo de sangre de Nundú que el Profesor Snape le envió a Draco. Aunque, también hay sangre clínica, si no les molesta andar con los ojos azules —Cuando terminó de decir eso; Mi Harry me miró preocupado. Yo sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero el monstruo en mí no me permitía controlarme—. Edward, me estás preocupando un poco y si Draco se entera que estás presionando mis escudos, otra vez, no será agradable… aunque, tal vez deberías seguir intentándolo a ver si da alguna señal de vida.
— ¿Qué le sucedió a Draco? —Inquirió Alice curiosa. Pero ¿quién podía culparla? ¡Con lo protector que era el rubio! Cualquiera diría que en algún momento iba a atarle una cadena al cuello y atárselo a su muñeca.
— No lo sé Alice. No lo sé —Observé como a mi pobre ojiverde, se le aguaban los ojos y se llevaba una mano a la frente claramente desesperado y asustado. Podía oler el miedo fluyendo de sus poros—. Por Merlín que no tengo ni la menor idea.
— Hush, mi niño. Cálmate. ¿Es la primera vez que desaparece por tanto tiempo? —Esme como siempre tratando de mantener la cordura en todo momento.
— No —Admitió sorbiendo, dando lo mejor de sí para evitar derramar las lágrimas contenidas en sus ojos—. Pero la última vez fue horrible —La gota que derramó el vaso. Alice me miró con los labios fruncidos, preocupada. Yo le devolví la mirada, igual de preocupado.
— Shh, shh... Harry, ya cielo. No llores. Estoy seguro que él está bien y sólo no puede comunicarse contigo —Harry respiró entrecortado, pero, trataba de reponerse, apoyándose en Esme, como hacíamos todos.
— Eso mismo me dijo mi madre, pero ¿y qué si no? La situación está tan peligrosa para nosotros en estos momentos y él decide irse sin siquiera tenerme de back-up.
— Ten un poco de fe, cielo. Ya verás que llega sin rasguño alguno… ¿sí? —Harry asintió—. Sopla —Le pidió Esme sacando un pañuelo de la nada ¿Desde cuándo Esme llevaba pañuelos con brocado, encima? Harry frunció el ceño, pero al final decidió encogerse de hombros y dejar que Esme le limpiara la cara.
Harry:
Los Cullen se habían retirado hacia unas cuantas horas atrás; Alice teniendo que arrastrar a Edward quien quería quedarse conmigo hasta que Draco llegara, lo cual era ridículo, especialmente si Bella se enteraba. Sé que Draco posiblemente me pegaría en la cabeza y me miraría con esos ojos que decían: ¿Qué tan denso puedes llegar a ser, Potter? Pero, había algo que me estaba molestando y no lograba saber qué era. Había algo que estaba sucediendo y yo (como siempre) era el único no-partícipe de la situación.
Suspiré agotado, pasándome los dedos por el cabello. Estaba sentado en el mueble del recibidor que me permitiría saber si alguien llegaba por la puerta principal, pero de Draco no sentía ni el menor indicio en la cercanía. Sentí que algo traspasaba las barreras de nuestra casa e inmediatamente me levanté con la varita en la mano; colocándome en posición ofensiva.
La puerta se abrió luego del clic de una llave y cuando se abrió, sentí que podía llorar de nuevo. Draco tenía una de esas capas que normalmente decían que estabas muerto. Tenía unas horribles ojeras y bolsas en sus ojos, su piel estaba gris y cetrina, el cabello lo tenía disparado en todas direcciones y estaba todo manchado. Soltó todo lo que tenía en la mano, di unas cuantas zancadas y lo abracé. Un olor ácido me hizo arrugar la nariz, pero me aguanté.
Sorprendentemente, Draco me abrazó de regreso. Eso jamás sucedía.
— ¿Draco?
— Harry, sólo, déjame estar un rato así —Murmuró con voz destrozada y se aferró más a mi cuerpo, estrangulé un gemido; no hacía falta tanta presión no me iba a desvanecer, pero tampoco iba a ser partícipe de mi inconformidad cuando Draco necesitaba tanto del confort humano.
— Hey, no tengo ningún problema con servirte de osito, pero… apestas. Vamos… estoy seguro que un baño te hará sentir mejor —Terminé en un intento de humor, sin saber cómo comenzar. Draco no dijo nada, eso me preocupó.
Guié a mi destrozado Dragón a su cuarto. Un cuarto ridículamente Slytherin y absurdamente snob me llenó la vista. Ese era el único cuarto que estaba modificado mágicamente, porque Draco se negaba a vivir como un simple plebeyo. Tuve que salir con una alternativa plausible para que Draco aceptara vivir en una casa normal y corriente. Sin detenerme llegué a la puerta que daba al baño y la abrí.
Verde, negro y plateado, todo el elegante y reluciente. En el medio estaba una bañera en el que podían caber tres hombres adultos sin mayores problemas. Miré el pequeño jacuzzi y con sólo pensarlo sentí un cosquilleo en mis ojos y la bañera se llenó espumosa.
Empujé con cuidado a Draco a la bañera aún vestido y en un parpadeo estábamos los dos dentro del agua caliente. Los ojos grises de Draco estaban perdidos en el horizonte.
— ¿Draco? —Susurré un poco inseguro de mí mismo. Al oír mi voz, él me volvió a acunar en sus brazos—. No tienes por qué hablar… ya estás bien, ya estás aquí, a salvo.
— Nunca vamos a estar realmente a salvo, ¿no es así? —Sollozó (a la Malfoy, un Malfoy no llora… oh Dios… he oficialmente pasado demasiado tiempo con Draco).
— Eventualmente Draco, nada dura para siempre… eventualmente estaremos a salvo —Traté de tranquilizarle, aunque yo mismo no me creía aquello. El destruir a Voldemort me parecía algo tan lejano a pesar de mi condición actual. Demasiada ventaja, demasiadas alianzas, cuando de nuestro lado sólo estábamos Draco y yo. Sólo Luna era ligeramente consciente de todo lo que estaba sucediendo en nuestro mundo y lo que nos había empujado a huir, a huir con todo lo que diera.
— ¡Ja! —Draco rió amargo—. Ni siquiera tú, él epítome del optimismo piensa que tenemos salvación.
— Sé que sólo soltarás esa sonrisa de desprecio tuya, pero… para lo que vale; todavía guardo esperanza y fe… Draco. Aún no todo está perdido, sólo necesitamos tiempo… —Expliqué con calma, comenzando a desabotonarle sus ropajes.
— Mi padre, Harry… mi propio padre le ha puesto precio a mi cabeza —Me confesó derrotado y yo sólo pude morderme los labios. Lucius no había terminado de desheredar a Draco porque si la actual cabeza Malfoy, falleciera; según la ley de Gringotts sólo Draco tenía derecho a reclamar el título como Lord Malfoy, lo que vencería el propósito. ¿Qué podía yo hacer? Inclusive Narcisa estaba atada de brazos.
1
Traté de convencer a Draco de quedarse en casa cuando menos por ese día, descansando. Por supuesto, que sólo recibí esa risita deprecativa, pero tenía que intentarlo. No estaba herido, algunos hechizos menores (y no tanto) le habían alcanzado, pero nada que hiciera una herida visible. Por supuesto que el rubio no querría quedarse en casa simplemente lamentándose de su mala suerte. Así pues, nos montamos en el carro y nos dirigimos a la preparatoria.
Una vez que bajamos del carro con nuestros morrales lo primero que vi, fue a los Cullen llegando también. Inmediatamente la mirada de Edward se cruzó con la mía. Yo suspiré pero luego colocó una sonrisa y le saludé con la mano.
— ¡Draco! ¡Hey! ¿Estás bien? —Llegó el tsumani que era Alice cuando vio a Draco. No, Draco no estaba bien. Aún seguía paliducho, para las personas que sabían ver: su mirada estaba opaca y sus hombros estaban ligeramente hundidos. Inclusive sus ropas dejaban de que hablar, acostumbrado a la perfección con la que vestía. Ese día sólo tenía unos pantalones blanco-plateados de deporte y una camisa polo gris medio. No era lo que se podía llamar usual ver a Draco vestido de manera tan informal. El cabello ni gel tenía.
— Estamos bien, Harry me contó que los tuvimos un poco preocupados… me disculpó p…
— ¿Qué es lo que le pasa? —Me preguntó disimuladamente, con una mirada de preocupación, Edward, mientras Draco seguía hablando.
— La historia de nuestra vida —Le respondí evasivo, encogiéndome de hombros y corrí hacia donde estaba Draco, le agarré el brazo y le sonreí lo más deslúmbrate que pude. Draco amaba que yo sonriera… suspiré aliviado cuando una ligera sonrisa apareció en sus labios.
— Gracias Harry —Murmuró y me besó suavemente en la comisura de mis labios y se libró de mí, para seguir su camino.
Alice:
Sostuve a Edward cuando Draco besó a Harry.
— Compórtate, Edward —Le gruñí por lo bajo a mi hermano. Bella se había adelantado y hablaba con Harry, tranquilamente mientras que el pequeño ojiverde sólo asentía o sonreía cuando era necesario—. No vayas a cometer ninguna estupidez que podría ponerte en peligro o poner en peligro tu potencial relación con Harry.
— Fácil para ti, decirlo… —Se soltó de mi agarre bruscamente y se dirigió enfurruñado al salón.
— Y ¿cuál es el pronóstico? —Ironizó Rosalie mirándome directo a los ojos.
— Catastrófico con posibles llantos.
— Todo saldrá bien, mi amor… todos estamos aquí ¿no? Eso tiene que contar para algo —Me animó Jasper. Yo sólo suspiré un poco obstinada y decidí entrar ya al edificio y tratar de sobrevivir otro día como cualquier otro en mi vida.
TBC
