Holas!

Me costo mucho sacar este capítulo, creo que es el mas largo de todos, u.u sufrí escribiendo xD pero el resultado me gusto y mucho :D

Espero que les guste!

¡Gracias a todos los que leen, le dan fav, follows y comentan!

Bye.

Buen fin de semana.


Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


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Capítulo 10. Despedidas y verdades dolorosas

Dos semanas después…

Hermione sabía que ya no podría dilatar más la situación. En esas dos semanas su hijo ni siquiera se había acercado a Ron, ella lo sabía… realmente no entendía porque Hugo estaba tan afanado en conseguir el apellido Malfoy. Cierto era que, bueno, él la odiaba, pero Ron no tenía nada que ver en el asunto de su mentira. Él siempre había insistido, luego de saber que Hugo era novio de Altair, en que debía decirle la verdad. ¿Por qué no lo había hecho en un principio? A sí, el jodido temor de que su hijo la odiara, pero ahora era así. Él la odiaba, y mucho, tanto que le dolía ver su mirada vacía y rota. ¿Cuánto daño había provocado su mentira? ¿Cuántos corazones había roto al mentir todos esos años?

Debió de haber dicho la verdad cuando tuvo la oportunidad, ahora las cosas serían completamente diferentes. Hugo la odiaría, pero quizás no tanto como lo estaba haciendo. Lamentablemente ya era tarde para arrepentimientos. Solo debía seguir adelante con la verdad, y eso haría ahora.

Sabía que Ron odiaba ser molestado cuando estaba encerrado en el pequeño estudio que tenían en la casa, sin embargo esto era más importante.

Tocó la puerta antes de entrar. Su marido estaba sumergido en papeles, no le gustaba que él se trajera el trabajo a casa, pero, desde que comenzó todo, las cosas eran así. Más frías, más difíciles, más distantes.

—Ron. Necesito hablar contigo.

Él siguió trazando algunas palabras sobre los papeles antes de levantar la mirada. Ojeras, profundas y grises, opacaban su rostro. Al parecer dormir ya no formaba parte de la vida de ninguno.

— ¿Qué sucede? —su voz sonó cansada. Hermione odio verlo así. Odio tener que hablar de Hugo en aquel momento.

—Creo que debes leer esto —elevó una carpeta mostrándosela.

— ¿Qué es?

Ella le tendió la carpeta y él la tomó dejándola en la mesa, meditando si debería leerla o no.

—Han pasado un poco más de dos semanas desde que hablé con Hugo y sé que él no lo ha hecho contigo, así que decidí hacerlo yo.

El hombre abrió la carpeta lentamente y comenzó a leer.

Hermione suspiró y se sentó —Los papeles que estás leyendo son con respecto a la decisión de Hugo de cambiarse el apellido —le dijo suavemente.

Ron apretó los puños a medida que leía cada palabra trazada ahí. Era doloroso ver como su hijo pedía renunciar al apellido que le dio a penas lo vio. Cuando se enteró de que Hermione estaba embarazada, no quiso preguntar por el padre del bebe, él la apoyaría sin decir nada. Siempre deseó que Hugo fuera de su sangre, pero a medida que pasaron los años supo que eso no importaba. Hugo era su hijo, sin importar lo que había pasado.

— ¿Lo firmaras? —preguntó en un susurró.

Ella se mordió el labio —Creo que se porque Hugo está haciendo esto. Me odia, pero no tendría que haberte pasado a llevar a ti. Eres su padre. La que cometió el error fui yo, pero no he logrado que lo comprenda.

El pelirrojo le devolvió la carpeta desviando la mirada. Pensando. Procesando la información. Nunca había barajado decirle la verdad a Hugo, cierto era que cuando apareció de novio de Altair Malfoy esa posibilidad tambaleó en su mente —Quizás… deberías darle en el gusto. No hemos hablado mucho él y yo, pero creo que si no lo hacemos será mucho más pesado en el tema.

—Ron…

—Vamos, Hermione —él la miró dolido—. Ambos sabíamos que tarde o temprano pasaría algo así. Fírmalo. Dale en el gusto.

—Lo siento.

—Lo sé, Herm. Fírmalo. Déjalo que lleve el apellido Malfoy —escupió.

Hermione se estremeció ante el dolor en las palabras de su esposo. Jamás lo había visto así.

—De acuerdo.

Tomó una de las plumas de su marido y firmó el papel. Ron hizo lo propio. Ahora solo faltaba que Draco Malfoy hiciera las gestiones finales.

Hugo escribía afanosamente. Estaba realmente concentrado, y es que por fin la jodida inspiración había llegado a su cabeza. Las palabras fluían solas, tan fácil como jugar el Quidditch.

Sabía a qué se debía eso. Sonrió. Ella siempre sacaba lo mejor de él, a pesar de que no la había visto hace meses valió la pena la espera. Definitivamente le abría los sentidos en todos los aspectos.

—Esto es tuyo.

Se sobresaltó cuando la carpeta cayó sobre el teclado. Miró a la persona —Te lo contó —murmuró frunciendo el ceño.

—Sí, por supuesto, pero pensé que tú lo harías. Siempre hubo mucha confianza entre nosotros.

—Sinceramente —Hugo lo miró a los ojos—, no sabía cómo decírtelo. No es fácil para mí hacer esto.

—Entonces, ¿Por qué lo estás haciendo? ¿Tan importante es llevar el apellido de un hombre que ni siquiera sabía que existías? ¿Qué ni siquiera te quiere, Hugo? —Ron sabía que las preguntas dolían, pero necesitaba entenderlo. También necesitaba que su hijo entendiera. ¿Por qué lo hacía?

El chico desvió la mirada. Eran verdad aquellas preguntas. Draco Malfoy no lo quería y sabía que no le importaba. Si el no estuviese insistiendo con el apellido seguiría con siendo Weasley —Él es mi padre y merezco ese apellido tanto como Altair.

—Puedes tener razón, pero ¿Por qué tan afanosamente?

— ¿Por qué no? El apellido Malfoy me beneficiara, su herencia será también mía. Quieres una razón, esa es.

Hugo pudo ver el dolor en la mirada de su padre, últimamente era lo único que veía, pero necesitaba que él entendiera que aquello era una de sus razones. Sinceramente, sus padres le habían dado todo lo que quería, pero no podía negar que siempre había querido mucho más. Mucho más.

— ¿Firmaron?

Ron asintió incapaz de hablar.

—Gracias.

—Ya tienes lo que querías, ahora solo perdona a tu madre.

—Eso es algo difícil, pero lo pensaré —murmuró mirando la pantalla de su computador. La inspiración se había ido.

—Creo que nos veremos en unos días más porque tengo una misión fuera del país.

—De acuerdo. Suerte.

Ron no dijo nada más y se fue.

Hugo miró la carpeta. Por fin había conseguido lo que tanto había deseado: la firma de sus padres para obtener el apellido Malfoy, ahora solo tenía que conseguir la firma de su padre.

Altair se tocó el vientre y deseó que todo fuera mentira.

Lágrimas descendieron por sus pálidas mejillas. Finalmente todo había sido más complicado de lo que había esperado. Jamás creyó que hacer aquello se llevaría parte de su alma.

Parpadeó intentando controlarse. Cuando fueron, su madre y ella al dichoso lugar, había pedido expresamente que nadie estuviese allí, y lo agradeció más adelante. Vaya que estaba agradecida de ello.

Estaba agotada. Lo único que deseaba era dormir para siempre, pero ahí estaba, dos días después, arreglando todo para irse muy lejos. Lejos de sus padres, de su vida, de Hugo… su hermano, del amor que sentía y que sabía que sería difícil de olvidar. Muy difícil, después de todo.

— ¿Estas lista?

Altair miró a su madre. A veces, muy pocas, deseaba que ella fuera un poco más sensible. Hubiese deseado un abrazó después de lo que hizo, pero solo obtuvo un asentimiento y nada más. Lo mismo fue con su padre —Lista.

—Estarás bien, cariño. Puedes tener hijo más adelante con el hombre adecuado.

Pero este también era su hijo. Lo quería, lo quiso desde que supo que estaba en su vientre. Era hijo de Hugo, también, ¿Tan malo era eso? Sí, realmente lo era, pero no fue su culpa. Si lo hubiese sabido, nunca se habría acostado con él.

—Ahora no pensaré en ello. Solo quiero alejarme un tiempo y, bueno, hacer mis cosas: estudiar, conocer y vivir.

—Vamos, querida, la pena pasara. Ya verás que en unas cuantas semanas todo pasara y lo olvidaras.

La rubia se detuvo. Eso jamás. Jamás podría olvidar —No lo olvidaré nunca, madre —siseó con odio. La rabia contenida en sus ojos—. Hace dos días, perdí a mi hijo. Lo hice y me estoy arrepintiendo cada segundo que respiró porque sé que cuando este allá sola el remordimiento me comerá, pero da lo mismo. Sabes, ¿Por qué?, porque a ustedes les ha importado nada mis sentimientos al respecto —susurró con voz quebrada.

Constansie solo puso una mano sobre su hombro. Altair sabía que solo eso conseguiría de su madre, pero deseaba más. Siempre había querido mucho más de ella, de ellos —Lo superaras, cariño. Las mujeres podemos con cosas mucho más fuertes que esas. Te entiendo, pero simplemente debes superarlo. Será difícil, lo sé, pero no debes caer.

Altair se tocó inocentemente el vientre —Necesito tiempo, mucho tiempo. Solo… ¿Podrías abrazarme?

La mujer dudó un poco, pero finalmente lo hizo; abrazó a su hija. Altair tuvo que ser muy fuerte para no rendirse y llorar desoladamente porque sabía que después de esto se alejaría mucho más de ellos. Se alejaría tanto que sería inubicable. Necesitaba estarlo.

Necesitaba superarlo, como dijo su madre.

— ¿Vamos?

—Vamos —murmuró contra su hombro.

Sí, esto era el adiós. Lamentablemente sus padres no lo veían así.

Su padre las esperaba abajo y tan solo besó su mejilla en modo de despedida. Altair se saltó todo el jodido "protocolo Malfoy" y le abrazó. Por primera vez sintió como él se derretía ante tal acto, como si supiera… como si supiera la verdad.

Las despedidas dolían.

Pero ya habría tiempo de llorar sola.

Esta vez, Hermione sabía que él vendría, Draco le había mandado una nota el día anterior. Ambos estuvieron de acuerdo en que el mejor lugar para reunirse era Hogwarts.

Hermione prácticamente canceló todas sus clases de la tarde, necesitaba tiempo para hablar con Malfoy.

Ahora estaba ahí, esperándolo, impaciente por lo que tendría que decirle, aunque ella también tenía cosas que informarle.

La puerta se abrió y Draco caminó elegantemente hacia ella. ¿Cómo lo hacía para siempre verse así de bien?, ociosamente comenzó a ver algunas semejanzas con su hijo. Siempre pensó que Hugo solo tenía los ojos de Draco, pero la verdad era que también poseía su porte y elegancia, sin siquiera saberlo ni practicarlo. No por nada había, ambos, ido a Slytherin.

— ¿Granger? —Draco chasqueó los dedos frente a Hermione y esta parpadeó— ¿Estas bien?

—Sí —susurró avergonzada—. Yo… me alegro de que me hayas enviado la nota, también necesitaba hablar contigo.

Draco asintió sentándose en uno de los sillones que estaban desplegados en la estancia. Hermione estaba frente a él —Habla tu primero —él fue condescendiente, mucho si veía lo impaciente que estaba. Ella pocas veces lo había visto así, es decir en el pasado.

— ¿Has hablado con Hugo? —Draco solo negó—. Bueno, de haberlo hecho te habrías enterado de que Ron y yo firmamos los papeles para que se pueda cambiar el apellido.

— ¿Lo aceptaron? ¿Así de sencillo? —preguntó desconcertado.

— ¿Así de sencillo? —preguntó irónica—. No tienes una idea de lo que pase, de lo tuve que escuchar hasta que finalmente cedi. Ron está destrozado. Es como si Hugo fuera otro, no lo reconozco —susurró.

—No sé qué decirte. Solo sé que antes de darle mi apellido debo hablarlo con Constansie, en realidad debo decirle al mundo —dijo irónico—. Todos se enteraran de que tuve un hijo bastardo contigo.

Ella tensó los labios — ¿Con una sangre sucia?

—Con una sangre sucia —concedió él—, antes, quizás, no lo hubiese aceptado, pero ahora, hoy, pienso que es lo mejor. Después de todo Hugo podría hablar más de la cuenta con cualquier persona, me has dicho que ya no le reconoces.

—Si crees que es lo correcto. Nosotros solo firmamos la aprobación, eres tu quien debe decidir finalmente.

Ambos se quedaron en silencio mirándose.

Draco se levantó y se sentó a un lado de Hermione.

—Altair se fue, hace unas pocas horas —le dijo con voz tensa.

—Lo siento. Sinceramente, creo que es lo mejor —dudó ella.

—La vi muy afectada —comenzó sin mirarla—. Yo sé que ella no va volver, lo presiento.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó no entendiendo—. Es obvio que está afectada, dejó a sus padres y al hombre que ama.

—Creo que dejó mucho más que eso —murmuró él pensando en todo lo que ella había tenido que pasar—. Solo lo sé. Sé que no regresara, por mi parte intentaré no buscarla por algún tiempo.

Sin pensarlo Hermione tomó una de las manos de Draco apretándola suavemente. Él la miró. La había odiado tanto en un principio, pero ahora todo eso se había diluido y era así solo porque ella había tenido razón. De cierta forma, y si hubiese sabido la verdad, igual la habría abandonado con él bebe, cruel y todo, pero ya tenía su futuro trazado. Hermione había sido un desliz, un bonito desliz en su vida.

Draco le devolvió el gesto.

—Estoy bien —murmuró luego de unos minutos— porque sé que ella lo estará. Altair es fuerte.

—Lo sé, estará bien. Sé muy bien que no la dejaras sola y menos dejaras que sea inubicable.

Él le sonrió nostálgico; Hermione le conocía bien, Constansie en cambio solo le había dicho que la dejara por un par de meses sola —Tienes razón.

—Siempre la tengo, Malfoy.

—Más quisieras, Granger.

Ambos se miraron nuevamente. Hermione podía sentir miles de mariposas revoloteando en su estómago. Draco se acercó a ella y la besó.

Oh, joder, ¿Era tan intenso?, pensó Hermione. No, realmente no creía que antes había sido así. Ahora era más maduro, carnal, había más química más… más deseó, y eso la asusto y mucho. Porque sabía que sentir eso estaba más que prohibido, ambos estaban casados.

Draco, por su lado, no podía creer lo que había hecho, pero no se arrepentía. La necesitaba, siempre había sido así, aunque no se hubiese dado cuenta antes. Sin embargo, tenía que ser realista, pese a que doliera.

Se separaron, casi al mismo tiempo, como si supieran el error que habían cometido. Porque eso era: un error.

—Debo irme —murmuró, sin aliento, Draco.

Hermione no respondió. Estaba sumida en sus pensamientos.

—Nos vemos, Granger.

Las pisadas de Malfoy eran como clavos en su corazón. Oh Dios, dolía, pensó, pero ahora era distinto. ¿Por qué ahora dolía más?

—Puedo curar tu espalda —susurró bajo. Tan bajito que pensó que no lo había dicho—. Tengo… una poción.

Draco se tensó visiblemente y la miró como si estuviese loca. Hace un minuto se estaban besando y ahora… —Nadie ha podido crear una, ni los mejores pocionistas que he contratado.

—Puedo imaginármelo, es algo difícil de lograr.

— ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?

Oh, aquí viene. No podía, no podía decírselo, pero estaba en las nubes por el beso. Las palabras resbalaron de sus labios —Porque tenía la secreta esperanza de volverte a ver.

Y eso.

Esa fue la confesión que Draco no pudo soportar.

Porque aunque la hubiese abandonado no podía engañarse con haberla olvidado.

La amaba, ¿Amor?, a estas alturas, creía que sí. En realidad, siempre había sido así.

—Puedo ayudarte —le dijo mientras se levantaba—, se como hacerlo y quiero hacerlo.

—Y yo quiero que lo hagas.

Draco se acercó a ella y la besó. Si Hermione pensó que beso anterior fue intenso, este se llevó su alma y se entregó completamente.

La quería. Joder… ¿Cuánto había deseado hacer eso?

—Perfecto, Draco, muy buena manera de hablar con la sangre sucia —escupió Constansie desde la entrada.

Ambos se separaron jadeantes mirando asombrados a la mujer rubia.

— ¿Qué haces aquí?

Ella lo ignoró y miró a Hermione con odio. Jamás pensó que ella, tan insignificante y normal, le estuviese quitando a Draco —Creí ayer me habías dicho lo contrario, Granger.

— ¿Constansie?

La rubia caminó hacia ellos. El odio destilaba en sus pupilas —Me dijiste que no lo amabas y ahora te veo besándolo. Dígame, señora Weasley —escupió asqueada—, ¿Por qué me mintió? ¿Por qué me dijiste que no amabas a Draco cuando es obvio que si lo haces?