Momentos después, Luna y yo nos hallábamos sentadas en medio de las escalinatas que llevaban a la biblioteca de la escuela, ubicada en el primer piso. En ese lugar, por lo menos tendría algo de tranquilidad hasta que acabase el recreo, puesto que no era precisamente el lugar más visitado por los estudiantes durante la hora del recreo.
De hecho, la única visitante habitual era…
-¿Se puede saber que hacen sentadas en medio del peso? ¡Y encima, comiendo! ¿Acaso para eso no está el comedor de la escuela?
La visitante habitual…No era otra que la alumna estrella de mi clase, Hermione Granger. ¿Quién más?
Resulta que mientras estábamos allí esperando a que terminase el recreo, me dio hambre, pero no tenía deseos de ir al comedor, en donde seguramente me encontraría con Lavender, o con alguna integrante de su escuadrón, las cuales sin duda alguna estarían dispuestas a asediarme de preguntas sobre Harry y sobre nuestro supuesto noviazgo. Por esa Luna me ofreció uno de los paquetes de galletas que traía en uno de los bolsillos de su casaca: Se trataba de una de esas marcas de galletas "saludables" probablemente hechas neohippies y que no sabían a nada, pero de todas maneras yo acepté de buena gana su regalo como el único medio que tenía para engañar el hambre hasta el término de las clases…La mayor parte de los profesores seguramente estarían en sus respectivas oficinas, tomándose un café, o comiendo dulces, así que por lo menos contaba con que nadie nos echaría de allí.
Pero claro, se me pasó completamente por alto el factor Granger.
-Si ninguna de las dos va a entrar a la biblioteca, pues no sé qué es lo que hacen aquí…-Nos recriminó Hermione con un tono de voz digno de la profesora McGonagall, al tiempo que se cruzaba de brazos.
-Yo…La verdad…-tartamudeé, mientras mi mente se esforzaba por inventar alguna excusa que sonase convincente. ¡Qué extraño era tratarse con una chica de esta forma! Pero la personalidad de Hermione era tal que cuando conversábamos con ella, sentíamos casi como si estuviésemos dialogando con alguna profesora…Y una de las que no se andan con bromas.
-Nosotras estábamos buscando a Harry, pero no lo encontramos…-se apresuró en decir Luna.-Estábamos cansadas y quisimos tomarnos un descansito…Y como este era un lugar tranquilo…
-No me parece que este sea un lugar para tomar "un descansito"…-se apresuró a señalar Hermione con voz cortante-Además, si están buscando a Harry, es más que seguro que no lo encontrarán aquí. Lo más probable es que ahora esté en el salón de arte, al igual que los alumnos "estrellita" de Trelawney…
-¡Pero claro!-exclamé yo, poniéndome de pie de un salto, al tiempo que tanto Luna como Hermione me miraban con expresión confundida en sus rostros.- ¿En dónde más iba estar él?
Era algo tan obvio, que no sé por qué no se me había ocurrido antes.
-¡Muchas gracias, Hermione!-le dije, dándole una palmadita en el hombro, y ella me miró como si hubiese perdido la razón de un momento a otro.
Luna y yo nos dirigimos inmediatamente al tercer piso de la escuela, que era donde se hallaba ubicado el salón de arte, el más cercano a la azotea.
En el segundo piso, la misma chica que me había pasado el papelito con su pregunta oportuna trató de hacerme conversación, lo mismo que otras muchachas a quienes yo reconocí de inmediato como parte del escuadrón del cupido Lavender, pero yo me las ingenie para esquivar sus preguntas lo mejor que pude. Ni siquiera recuerdo que fue lo que les dije en esos momentos: Tan sólo quería encontrarme de una buena vez con Harry para aclarar de una vez por todas lo que estaba ocurriendo esa mañana.
La puerta del salón de arte estaba cerrada, pero yo era capaz de oír voces en su interior. Voces que conversaban, que reían. Y aunque no podía entender claramente sus palabras, pude reconocer la voz de Harry.
Antes de llamar a la puerta, me sentí invadida por los nervios, sabiendo que pronto tendría que encarar a Harry...
Me preocupaba decir alguna tontería que terminase desatando algún malentendido entre los dos…Y es que porque aquel entonces, tú eras un amigo muy querido, Harry. Ni en mis sueños más locos pude haberme imaginado que terminarías convirtiéndote en mucho más que eso.
Por un segundo, incluso pensé en marcharme. Pero no había llegado tan lejos para acobardarme al último minuto.
Y en cuanto llamé a la puerta por segunda vez, el destino que ambos tendríamos que compartir, quedaría sellado para siempre… ¡Ah, quien se hubiera imaginado que lo que comenzó como otro aburrido día de clases terminaría siendo tan crucial por lo que ambos compartimos!
-¡Ginny!-exclamaste tú, al momento de abrir la puerta. Parecías más sorprendido que nunca y tus brillantes ojos verdes se abrieron de par en par, como si hubiesen visto una aparición. -¿Q-Qué pasa? ¿Por qué…Por qué estás aquí?
-Necesito hablar contigo…- dije yo, esperando que no notases la inseguridad de mi mirada y de mi tono de voz.-Ahora…
