Luego de caminar por varias tiendas y probarse varios vestidos, finalmente encontraron uno apropiado para la ocasión, decidieron que era hora de regresar a casa pero María comenzó a quejarse del hambre, ante eso Ana buscó con la mirada un lugar para ir a comer cerca de donde estaban, encontrando un lugar que se veía agradable.
- Mira, es una cafetería, si quieres vamos ahí, comes algo ligero y ya en casa te hago de comer.- María asintió y ambas chicas comenzaron a caminar hacia el local. Entraron como si nada y se sentaron en la mesa más cercana a la entrada, en eso la camarera se acercó.
- Buenos días, aquí les traigo la carta para que vean nuestro menú, en unos minutos vendré a tomarles su pedido.- se retiró. Isabel tenía una carta en sus manos pero como no sabía leer le daba vueltas y vueltas buscando un botón, el cual al presionarlo le dijese con lo que contaban en el lugar pero simplemente no lo encontraba.
- ¿Qué tanto buscas?- le preguntó Ana con un tono de curiosidad.
- Es que… esta… tiene que ser una hoja mágica… y debe de tener un botón… para decirme el menú.- contestó sin dejar de buscar el botón.
- No tiene ningún botón, solo tiene letras, por eso es importante que aprendas a leer.-
-Que mal… creí que era una hoja mágica… y no quiero aprender a leer, es aburrido.-
-Tienes que aprender, es muy importante sobre todo para cuando estés más grande, ahora haciendo a un lado ese tema te leeré la carta y tú me dirás que es lo que quieres ¿sí?- la pequeña asintió y Ana comenzó a leerle la carta de una manera que ella le entendiera.
- ¿Ya decidieron que van a comer?- preguntó la mesera.
- Así es, tráigame un baguette, pero por favor pártalo en dos y aparte me trae un segundo plato, si no es tanta molestia claro.-
- ¿Cómo podría ser una molestia? Además estamos para servirle, ¿y de tomar que es lo que gusta?-
- Para la niña un jugo de naranja y para mí… mmmmm… un café por favor.-
- En un momento se lo traigo.- la camarera tomó ambas cartas y se retiró dejando solas a María y Ana, la primera miraba una pequeña sección de juegos.
- ¿Quieres ir a jugar?- preguntó Ana.
- No.- contestó mientras movía la cabeza en forma de negación.
- ¿Segura? Es que pareciera que quieres ir para allá.-
- Estoy completamente segura, aquí estoy bien, además ya podré jugar allá en casa.- la joven ya no quiso insistirle en que fuera, pues a pesar de estar pequeña sabía tomar sus propias decisiones, en eso llegó la camarera y depositó en la mesita la taza de café y el vaso de jugo.
- Disculpe si le molesta la pregunta pero ¿es su hija?- Ana no pudo evitar sonreír ante esa pregunta y con esa misma sonrisa tonta contestó.
- No, yo simplemente soy su nana.-
- Ya veo, es que es una niña realmente hermosa, su mama debe de ser muy bonita.- ante eso Ana ya no contestó y bajó un poco la mirada, la camarera se percató de la situación.- Lo siento, no fue mi intención, además no es algo que me tenga que importar, su familia ha de ser de la alta sociedad y no tengo derecho alguno a cuestionar o saber cosas de esta o… ¿o es que ella no es como nosotros?- el silencio fue la respuesta que la joven obtuvo.- Debe de ser difícil crecer sola, pero al menos debería de tener un hermano que la apoye, que la cuide… es solo una niña.-
- Lo tenía pero… con la independencia… se quedó aparentemente sola…-
- ¿Gusta algo más? Disculpe por hacerla tragar amargos recuerdos… lo siento.-
- No tienes por qué disculparte, nadie está enterado de la situación y nadie pensaría que ella es… pues… diferente… lo que sé… es que es una gran niña y no, gracias, así está todo bien.- la camarera se retiró, ahora solo hacía falta esperar a que les sirvieran el baguette, en eso la campanita de la entrada sonó, anunciando que alguien entraba al lugar, cuatro figuras entraron por esta: dos adultos y dos niños.
- Muy bien ¿ya saben que van a pedir?- preguntó la mujer.
- Maldición ¿que no pudimos ir a casa primero?- gruñó uno de los niños.
- El señor Austria nos invitará lo que queramos.- contestó la chica.
- ¡Entonces yo quiero pasta!-
- ¡Idiota, estamos en un café no en un restaurante italiano!-
- Lovino, no digas esas palabras o sino…- un aura negra apareció de la nada detrás de Elizabeth, haciendo que los infantes temblaran un poco del miedo y se escondieran detrás del austriaco, rápidamente regresó a su estado normal con una gran sonrisa.- *modo berseck: desactivado* Entonces… vengan a pedir ¿Qué esperan?-
- Pero Hungary…- intentó detenerlos el hombre.
- Shhh ya va a empezar de tacaño.- interrumpió Lovino a Roderich. Desde donde estaban ambas chicas Isabel miraba aquella escena, no dijo nada pero se sintió en parte algo triste pues ella no podía convivir así, parecían una linda familia, cosa que ella no tenia y el único hermano que tenía no estaba más con ella, ahora solo estaba con Ana a quien quería mucho y hasta la sentía como su hermana, entre sus pensamientos oyó la palabra tacaño, la cual era completamente desconocida para la menor, por lo que no dudó en preguntarle a su nana.
- Ana… ¿Qué es tacaño?- preguntó con aire de inocencia. Las cuatro figuras oyeron la pregunta de la pequeña e instintivamente voltearon a verla sin querer culparla.
- Lo siento.- se disculpó Ana.- No lo dijo con malas intenciones.-
- No tiene nada de malo, después de todo a los niños les gusta aprender.- contestó Eli con una sonrisa.
- Además este tío sabe que es la verdad, es un tacaño.- comentó Romano.
- ¡Yo solo quiero pasta!- apenas y se oyó esa voz por lo que lo ignoraron.- Ayyy…- dijo al darse cuenta de que no le habían prestado atención.
- Entonces las dejamos, que tengan buena tarde.- los cuatro regresaron al mostrador donde comenzaron a pedir, la mesera finalmente regresó con el baguette y puso los platos en la mesa.
- Provecho.- dijo y se retiró.
Flannya: Muajajajaja sufre en silencio, ok no. Pienso que tal vez al siguiente capítulo ya se conozcan ambos.
