Hola! Aquí les tenemos un nuevo capítulo. Muchísimas gracias a quienes dejaron review en el capítulo anterior =D ¡Ya pasamos los 100!
El capítulo va dedicado a quienes hicieron esto posible (mmm sonó como discurso de entrega de premios o algo haha pero es en serio xD)
Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de Petite24 y Altea Kaur, los personajes principales y demás, son de Rowling.
Ego.
Cuando Rose llegó por fin a su departamento luego de hacerle prometer a Scorpius que la llamaría cuando llegara a casa sólo para asegurarse de que estaba bien, supo que algo andaba mal.
Albus se había ido.
Los recuerdos de su pelea horas atrás llegaron a ella, pero al contrario de lo que pensó que sentiría, su corazón estaba lleno de decisión. Iría por él y le pediría perdón.
Y no sólo porque estaba en su lista de "personas a las que debo pedir perdón", sino porque necesitaba a su mejor amigo de regreso.
Pero por el momento no podía hacer nada, los ojos se le cerraba de cansancio y apenas pudo llegar a su habitación para dormir, justo a tiempo para alcanzar a ver un mensaje de Scorpius donde le decía que había llegado bien.
Tuvo un sueño muy extraño, que olvidó en cuanto se despertó, como si la información vista se le hubiera sido negada conscientemente.
Cuando despertó vio la hora en su celular, que indicaba que eran las cinco de la tarde. Rose sentía el cuerpo pesado, como si un automóvil le hubiera pasado por encima y hubiera regresado a rematarla. Con pereza, recodando lo vivido horas antes pero decidida a arreglarlo, se dirigió al baño a darse una buena ducha que le relajara los hombros.
"Sólo por hoy, relájate"
La frase del cartel acababa de llegar a ella como por arte de magia, quizás porque había visto esas palabras demasiadas veces los últimos días, pero al fin les hacía caso, acudía a ellas para salvarse.
De una manera u otra sabía que todo saldría bien.
-¿Rose?- preguntó su tío Harry cuando éste abrió la puerta, sorprendido de verla allí.
-Hola, tío Harry- saludó Rose ruborizada.
-Pasa, pasa- dijo Harry haciéndose a un lado para dejarla entrar-. Albus no está aquí, tenía trabajo en la cafetería.
¡Lo había olvidado! Su primo estaba trabajando, pero ya que estaba allí…
-¿Está tía Ginny?- preguntó esperanzada, entrando apenas a la casa- Necesito hablar con ustedes.
-Sí, yo… la llamaré- Harry lucía realmente confundido y titubeaba, quizás esperando que su sobrina le gritara de nuevo.
-Estoy aquí- dijo Ginny llegando al vestíbulo-. Hola, Rose- dijo amablemente- ¿Por qué no nos sentamos los tres en la sala?
Rose asintió, apenas observando la casa donde tantas veces había visitado a sus primos y habían hecho pijamadas cuyos recuerdos se habían esfumado del ambiente con el pasar de los años.
-Vine a pedirles disculpas- dijo Rose antes de que alguien dijera algo. Se sentía como niña regañada estando en esa situación, con sus dos tíos mirándola fijamente sentados en un costoso sofá frente a ella.
Harry y Ginny intercambiaron una mirada.
-No debí gritarles la otra noche, no estaba en mi derecho- siguió-. Estaba molesta de verlos allí luego de todo por lo que Albus tuvo que pasar solo que…
-Y sin embargo los dos maduraron- interrumpió Harry con una sonrisa de lado-. Es difícil para los padres ver que sus hijos han crecido, Rose, y que no siguen los planes que uno ideó para ellos, las expectativas se derrumban y crean conflictos.
En otro momento Rose se habría molestado y les habría gritado de nuevo, pero en ese momento incluso los entendía, o hacía el intento. Siempre le había sorprendido escuchar hablar a su tío Harry, quien parecía siempre decir lo indicado, aunque Rose sabía que eso no era cierto.
-Y por supuesto que aceptamos tus disculpas, cielo- dijo Ginny con una sonrisa-. Queremos darte las gracias por haber cuidado tanto de Albus, has sido una magnífica prima con él.
Rose se miró los zapatos como si fueran lo más emocionante del mundo. Las palabras de Ginny se le clavaron en el pecho como dagas envenenadas. Sabía que su tía no lo decía con mala intención, pero no podía negar que había sido una pésima prima.
-Ya debería irme- dijo Rose aliviada de que no hubiera más problemas con sus tíos.
-Regresa cuando quieras- dijo Ginny sonriéndole de nuevo, como con tristeza.
Sus dos tíos la acompañaron a la puerta y Rose sentía que se le quitaba un peso de encima.
La abuela Molly siempre le había dicho que no importaba cuántos amigos tuvieras, la familia siempre sería la única que estaría para ti cuando tuvieras un conflicto, y Rose ahora la entendía. A pesar de haber sido grosera con ellos, sus tíos la habían recibido y la habían aceptado sin quejarse. Ahora esperaba que Albus tuviera una actitud parecida.
Eran las ocho de la noche cuando llegó al fin al Café granate. Una parte de ella deseaba que Scorpius estuviera allí, pero no había rastro de él por ningún lado. Había algunos clientes sentados a las mesas de madera y charlando animadamente. Ciertamente el ambiente de ese café era armonioso.
Rose tomó aire cuando abrió la puerta, intentando reunir así todo el valor que necesitaría para enfrentar su peor temor: el rechazo.
Albus estaba inclinado sobre la barra, dibujando distraídamente sobre un bloc de notas. Rose lo observó durante un momento, tratando de que el nudo que tenía en la garganta se desvaneciera para poder llamar su atención. Se acercó lentamente a la barra, como si temiera ser mordida, pero de inmediato le llegaron de nuevo las palabras "Sólo por hoy, relájate" acompañadas del rostro sonriente de Scorpius y dijo:
-Es un lindo dibujo- su voz denotaba nerviosismo, pero ya las había pronunciado.
Albus levantó la mirada bruscamente, tanto que Rose creyó que se había hecho daño en el cuello.
-¿Qué haces aquí?- preguntó cortante, fulminándola con la mirada.
Rose siguió firme en su propósito.
-Vine a pedirte perdón, Al- dijo-. He sido una persona horrible contigo, no sólo anoche. Sólo pensaba en mí y olvidé que tengo una familia maravillosa. Olvidé que tengo el mejor primo de todo el mundo- se corrigió- y lo arruiné todo. Lo siento mucho, en serio. Haré lo que sea necesario para que me perdones.
Albus no dijo nada, sólo le hizo una seña para que lo siguiera a la parte de atrás, donde nadie podría verlos. Una vez allí, Rose se vio envuelta en el cálido abrazo de su primo, aquel al que siempre había sido más allegada, aquel que podía hacerte sentir bien sólo con abrazos como ese.
Rose se aferró a él como nunca antes lo había hecho, no pudiendo creer que él no le hubiera gritado un par de cosas.
-Estaba demasiado molesto contigo- admitió Albus sin soltarla aún-. Lo que te dije…
-Tenías toda la razón- dijo Rose de inmediato-. Me abriste los ojos, Al. Siento que no te merezco.
Albus soltó una risita.
-Somos familia, hermosa, la familia es para siempre, lo queramos o no.
-Te quiero, Al- le dijo Rose casi sollozando.
-Es lindo tenerte de regreso- rió él para luego darle un beso en la mejilla.
Rose recordó que Louis le había dicho lo mismo horas atrás, así que no pudo evitar preguntar:
-¿A qué te refieres con eso?
-Cuando éramos pequeños eras una niñita cursi, parecías nuestra mamá- dijo burlón-, apenas lo recuerdo, pero de un momento a otro eso cambió.
Rose no dijo nada, pero ya eran dos personas cercanas a ella que le habían dicho lo mismo, no podía ser coincidencia.
-¿Cenamos juntos hoy?- preguntó Rose esperanzada.
-¿Tú cocinarás?- respondió Albus haciendo una mueca nerviosa.
-No soy tan mala cocinera- se enfurruñó Rose.
Albus soltó una carcajada.
-Tú, yo y toda la familia sabemos que eres a la única a la que la abuela Molly se negó a enseñar algo del arte culinario por esa vez que casi incendias su cocina- rió Albus.
A Rose no le quedó más remedio que reír con él.
-Bien, compraré algo de comer- se rindió Rose sacándole la lengua.
Ambos se dirigieron de nuevo hacia el mostrador, donde ya había dos clientes esperando ser atendidos.
-Nos vemos más tarde- se despidió Rose de su primo, más sonriente que nunca.
Rose al fin se sentía tranquila, pues a pesar de saber que aún tenía mucho que arreglar, estar ahora bien con Albus era lo que necesitaba para reunir el coraje suficiente ante lo que haría al día siguiente, algo que ni ella había imaginado en sus sueños más dementes.
Le llevó unos cuantos minutos llegar al restaurante de los Longbottom, donde ordenaría algo para llevar antes de que cerraran.
-¡Hola Frank!- saludó Rose al chico, que esa noche hacía de recepcionista.
-¡Hola, Rose!- contestó él con una sonrisa- ¿quieres una mesa?
-No, sólo ordenaré algo para llevar- dijo Rose, y en ese momento vio pasar a Julieta del otro lado del lugar, con los audífonos de su ipod puestos. Sin decirle nada más al chico, Rose fue hacia ella, cruzando mesas con gente que disfrutaba de una linda velada.
-¿Rose?- se sorprendió Julieta al verla, quitándose los audífonos.
-Hola- dijo ella tímidamente, pero ella le sonreía.
-¿Dónde dejaste a tu amigo?- preguntó Julieta pícaramente.
La imagen del rostro de Scorpius le llegó de inmediato a la memoria, por lo que sonrió, causando la risa de su amiga.
-No sabía que ese sujeto… ¿Lorcan? Te gustara tanto- rió Julieta.
-¿Lorcan?- Rose se sonrojó, captando su error- No, sólo somos compañeros en el trabajo, es todo…
-Así les dicen ahora…
-Escucha, lamento haber sido tan cortante el otro día- se disculpó Rose- ¿Sigue en pie el ir juntas de compras?- preguntó Rose antes de que ella agregara algo más.
-¡¿En serio?!- exclamó Julieta emocionada.
-Claro- afirmó Rose con su mejor sonrisa.
-Bien, le diré a Elotito que lo veremos mañana a las seis en punto.
Rose asintió, resignada a conocer al tal "Elotito" sólo para complacer a su amiga, pero ya no le importaba tanto pasar una pequeña molestia sólo si la hacía feliz.
Julieta tomó su orden y pronto la comida que Rose le había pedido estaba perfectamente empacada. Rose se despidió de los Longbottom y salió a la calle con las bolsas con comida en mano.
Una gran sonrisa se extendía por su rostro, y se hizo más ancha al ver el nombre de Scorpius en la pantalla de su celular, llamándola.
-Hola, Rose ¿cómo va todo?- preguntó Scorpius cuando ella contestó.
-Más que bien, me atrevería a decir. Hablé con Albus, con mis tíos y ya todo está bien- dijo Rose cantarina-. Muchas gracias por todo, Scorpius, no sé cómo pagártelo.
Scorpius rió.
-No tienes que pagarme nada, Rose, con que estés bien me conformo.
Rose no estaba acostumbrada a tratar a personas como él. Generalmente siempre querían algo a cambio, por eso era que llamaba tanto su atención.
-Gracias, Scorpius- dijo Rose sinceramente- ¿sabes algo? Realmente me siento inspirada.
-¿Para escribir?
-No- negó Rose y enseguida le contó lo que tenía planeado hacer el día siguiente.
-Es un gran paso, me alegro mucho por ti.
-Y te lo debo a ti, gracias de nuevo.
Scorpius rió nuevamente.
-No te quites crédito. Es muy valiente lo que vas a hacer. Recuerda que el ego no es más que una abstracción - dijo Scorpius convencido-, y tú estás peleando para aminorarlo de la mejor manera.
Las palabras de Scorpius a veces eran tan profundas que a Rose le tomaba un poco más de tiempo del acostumbrado entenderlo, pero le pareció que tenía razón. Si se ponía a analizar todos los desastres en la historia provocados por el hombre, como las guerras, se daría cuenta de que todo no era nada más que la ambición de unos pocos que entrometían a millones en sus problemas personales y afán de poderío.
Rose había escuchado muchas veces que si querías que alguien más cambiara, debías empezar contigo mismo, y allí fue que entendió lo que Scorpius estaba haciendo con los carteles en la editorial. Sólo proponía hacer lo que él ya hacía, no les pedía más.
-¿Cómo fue que hablaste con tus padres?- preguntó Rose a la hora de la cena, cuando Albus había llegado ya a casa y Rose lo esperaba con la mesa ya dispuesta con la deliciosa comida preparada por Hannah Longbottom.
-Fue algo loco en realidad- dijo Albus luego de limpiarse la boca con la servilleta-. El jueves que estaba en la cafetería llegó Scorpius ¿te acuerdas de él?- Rose asintió, suponiendo por dónde iba la cosa- el caso es que comenzamos a hablar y no sé cómo llegamos al tema de la familia. Terminé contándole lo que había sucedido con mis padres antes de ir a la universidad, ya sabes que no hablo de eso con nadie que no seas tú… y entonces me contó una historia muy curiosa que me hizo entrar en razón. Tal vez las personas no sean perfectas, pero son únicas y en un descuido podemos hacer algo de lo que no nos sintamos orgullosos y perderlas para siempre. Eso me hizo pensar en cómo me sentiría si mañana mis padres murieran y yo no les dije que los amaba.
Rose tragó saliva. Por un lado estaba sorprendida del poder que las palabras de Scorpius habían causado en Albus, por el otro estaba curiosa por saber de dónde había aprendido eso el rubio ¿a quién había perdido él? Aún así, ese sentimiento duró poco. No podía menos que escuchar a Albus.
-Así que el viernes en mi hora del almuerzo le llamé a mis padres para decirles que quería verlos. Se sorprendieron mucho, pero aceptaron de inmediato. Le pedí la noche libre a Scorpius para eso. Estábamos hablando cuando llegaste- concluyó.
-Lo siento- dijo Rose apenada.
-Olvídalo- contestó Albus sin molestarse.
-¿Y qué les dijiste?
-Que si les parecía bien, me gustaría que olvidáramos todo el episodio pasado y regresáramos a ser lo que éramos. Ellos me dijeron que estaba bien, pero debíamos arreglarlo todo de una vez para que no hubiera resentimientos- Rose asintió, comprensiva-. Pasamos mucho tiempo hablando y cuando ya me iba mi madre me abrazó- tragó saliva, Rose sabía que contenía las lágrimas-. No tienes idea de cuánto había extrañado eso.
Rose lo tomó de la mano y le dio un fuerte apretón. Al sonreírle Albus, Rose supo que estaba mejorando en su manera de consolar a la gente, al menos era un comienzo.
-Supongo que ahora tendremos que obsequiarle una gran cesta de frutas a tu jefe ¿no?- bromeó Rose.
-O a ti con un moño de regalo en la cabeza- dijo Albus encogiéndose de hombros.
-No sé si ofenderme porque me quieres regalar o porque creas que encajo en todo esto- rió Rose.
-¡Hey! Era un cumplido- se defendió Albus riendo también-. Digo, ambos son escritores, y no eres fea…
Rose se cruzó de brazos, ofendida, y le sacó la lengua.
-Mañana iré a casa de los abuelos- dijo Rose recordando- ¿Vas a ir?
-Claro ¿por qué no?- contestó Albus recargándose en el respaldo de su silla.
-Y luego iré de compras con Julieta- agregó Rose.
-Creí que le habías dicho que no podías- se sorprendió Albus.
-¿Cómo lo supiste?- preguntó Rose levantando una ceja.
-Ella me lo dijo, frecuento más a Julieta que tú- le recordó su primo, quitándole importancia.
Rose se encogió de hombros y siguió comiendo.
Al día siguiente, Rose no podía recordar haber estado más nerviosa nunca en su vida. Albus iba a su lado en el autobús, ajeno a la batalla que se estaba librando en su cerebro, donde millones y millones de posibilidades y escenarios pasaban a toda velocidad, mareándola.
-¿Crees que Louis venga?- preguntó Albus cuando ya iban llegando a la casa de sus abuelos- Victorie me había dicho que estaba en una especie de depresión, estaba realmente preocupada.
-Él está bien- aseguró Rose y, recordando la promesa que le había hecho a Louis, dijo-, sólo fue un experimento fallido, es todo.
-¿Cómo sabes eso?- preguntó Albus sorprendido, mirándola de hito en hito.
Rose le contó la versión corta de lo que había sucedido, desde que Louis la había ido a buscar a la editorial hasta su viaje a Westminster, omitiendo el detalle de quién la había llevado, claro.
Ya habían llegado a la casa y Albus aún no decía nada.
-Hola, abue- saludó Rose a su abuelo cuando les abrió la puerta, un hombre ya entrado en edad, pero que siempre lucía una sonrisa para sus adorados nietos.
-Hola, hijos- saludó el hombre a los dos, amablemente-. Sólo faltan ustedes, su abuela pensó que no vendrían y ya hemos comenzado…
-No hay problema, abuelo- dijo Albus despreocupado, siguiendo al hombre hasta el jardín, donde ya estaba toda la familia comiendo.
En cuanto vieron a Rose, todos se callaron.
Rose pudo sentir que la observaban casi con decepción, y no se esperaba menos. El único que le dirigió una sonrisa fue Louis, quien a pesar de conservar sus ojeras de varios días, se veía mejor que la última vez.
Pronto las conversaciones regresaron, pero ninguno le dirigía la palabra a Rose, quien se limitó a comer en silencio, o al menos intentarlo, pues el nudo en su estómago se hacía cada vez más grande. En ese momento deseó que Scorpius estuviera allí a su lado, con su sonrisa sincera para darle ánimos.
Cuando la comida había terminado ya y Rose había alcanzado un punto máximo en su propia mente en la que no podía más, exclamó:
-¡Lo siento!
De inmediato se tapó la boca, dándose cuenta de que esa no era la manera en la que había planeado disculparse con su familia. Pero al ver que todos la miraban, pasmados, no pudo hacer nada más que seguir:
-Siento haber actuado como una persona sin corazón todo este tiempo, en serio no saben cuánto lo lamento- dijo sincera-. Ustedes son lo más importante que tengo y no me gustaría perderlos nunca bajo ningún concepto. Fui una idiota (perdona la palabra, abuela), y no espero que me perdonen de inmediato, sólo quiero saber si puedo hacer algo para…
-Sólo cállate, Rose- gruñó Dominique, captando las miradas de todos, por lo que soltó una carcajada, no sólo por eso, sino por la mirada asustada que Rose había puesto en ese momento-. Lo decía porque no es necesario que hagas nada, somos tu familia después de todo ¿no?
Rose le sonrió como nunca antes.
-Sólo necesitas mejorar un poquito esa actitud- dejó escapar Teddy.
Rose se lo tomó en serio, pero todos los demás rieron.
-¿Cuánto te tuvieron que pagar para disculparte, hija?- preguntó Hermione casi venenosa.
Rose tomó aire, dispuesta a callarse, no quería seguir peleando, pero para su sorpresa, Ginny vino al rescate.
-No tanto como a ti, Hermione- dijo ésta mirándola fijamente.
Todos se quedaron callados, sólo se escuchaba el zumbar de una mosca allí cerca, pero todos miraban fijamente a Ginny y Hermione, fulminándose mutuamente con la mirada.
-Es suficiente- dijo la abuela Molly duramente, lo suficiente para que hasta el más inocente bajara la cabeza. Y es que a pesar de que todos fueran ya adultos, las palabras de la mujer que los trataba a todos como sus hijos seguían haciendo mella en todos.
Los primos voltearon a verse mutuamente, declarando su señal de salida. En cuanto estuvieron fuera de la vista, pudieron escuchar los gritos de los adultos, recriminándose unos a otros, pero no supieron qué.
-Supongo que pudo haber sido peor- dijo James encogiéndose de hombros, tomando las llaves de su auto.
-No sé cómo pueden llevar un suceso lindo como una disculpa a algo tan idiota como un pleito- dijo Lucy moviendo la cabeza negativamente.
-¿Todo bien, Rose?- preguntó Roxanne con tacto.
-¿Qué?- dijo Rose distraída, notando las miradas de todos sobre ella- Sí, bien, bien.
Pero muy por dentro de ella, había esperado que todo se resolviera, incluso lo de sus padres. Y fue allí que recordó las palabras de Scorpius…
Recuerda que el ego es lo que ha destruido civilizaciones enteras… pero no es más que una abstracción.
-Lamento haber sido tan dura contigo, Rose- dijo Dominique para sorpresa de todos-. Sé que no eres muy buena para esto de las relaciones humanas…
Pero Rose la cortó:
-Igual no debí ser tan mala con ustedes.
Y entonces Rose entendió que ese día había dejado su ego de lado, y no podía sentirse mejor.
Hola de nuevo! Sí, hubo muy poco de Scorpius este capítulo, pero más adelante habrá más! Y se me olvidó ponerles adelanto el capítulo anterior, pero aquí les va el del capítulo once:
Cuando llevaba más de cinco minutos buscándola sin éxito y había sacado ya su celular para llamarle, unas voces del otro lado llamaron su atención.
-No entiendo por qué hacen la ropa así de pequeña- reía Julieta.
Rose sonrió con alivio por haberla encontrado, pero antes de que diera la vuelta a unos aparadores que las separaban para decirle que ya había llegado, el sonido de otra voz la detuvo en seco.
-Antes de que llegue tu amiga, quiero hablarte de algo- dijo una voz de hombre que Rose conocía muy bien.
Y listo! Nos vemos en el siguiente =D
Qué tengan una hermosa semana!
