Capítulo 10: Que empiece el espectáculo

—Señoras y señores, ahora haremos un breve descanso de cinco minutos, tras los cuales dará comienzo la segunda parte de la obra. Los que deseen salir del salón de actos, pueden hacerlo. Pero recuerden que en cinco minutos tienen que estar de nuevo en sus sillones —comunicó el profesor Smith con un micrófono.

Algunas personas prefirieron permanecer en sus sitios; otros, salieron a tomar el aire. Mientras tanto, al otro lado del escenario los actores preparaban todo lo necesario para la siguiente escena. Los encargados del decorado, cambiaron el del barrio marginal por el decorado de una casa pobre y descuidada. Los Rrb y las Ppg se cambiaron de ropa, pues la siguiente escena representaba los hechos de días siguientes.

Ya todo estaba preparado. Apenas quedaban dos minutos para que empezase la segunda parte.

—La próxima vez ten más cuidado al agarrarme —le exigió Blossom al pelirrojo.

—Parece que empiezas a ablandarte, debilucha.

—Me has agarrado con demasiada fuerza —contestó la chica, poniéndose delante de él.

—Pensé que tenía que ser realista —dijo él con simpleza y burla.

Maldito idiota — se dijo Blossom.

De fondo se escuchó la voz del profesor Smith anunciando la continuación de la obra. Boomer se acercó a Brick y ambos salieron juntos al escenario, dejando a Blossom sola y de brazos cruzados.

—No puedo, hermano. Me es imposible olvidar a esa chica.

—Pero, Kyle, ya ha pasado más de una semana. ¿qué es lo que te ha hecho esa mujer?

—No lo sé. Debe de haberme embrujado. Nunca antes me había pasado. Necesito volver a verla.

Salen del escenario y se cambia el decorado por el de la habitación de Penélope. En ella, se encuentran Blossom y Bubbles, sentadas en la cama y charlando como buenas amigas.

—Diana, ¿qué debo hacer? Ese chico insiste en rondar por mi cabeza. ¡No debería ser así, es un ladrón!

—Quizás tenía necesidad de robar para sobrevivir, señorita Penélope —sugirió Diana con un gran sentimiento de culpabilidad y una expresión triste.

—¡Pero me amenazó, Diana! Quería hacerme daño.

—No creo que lo hubiera a hecho.

Penélope se acercó a la chica rubia y la tomó de las manos.

—Le defiendes demasiado. ¿Hay algo que quieras contarme?

Bubbles se levantó de la cama, aparentando nerviosismo, y le dio la espalda a Blossom. Buttercup observaba todo desde un lado del telón. Estaba aburridísima. Al ser un personaje secundario, su papel no exigía mucho y tenía más bien poco que decir. Butch, en cambio, se alegraba de no tener que seguir "haciendo el ridículo con ese estúpido traje de idiota".

—Buttercup, déjame decirte que ese vestido te sienta muy bien. ¡Pero si casi pareces una mujer!

La morena hizo oídos sordos a la provocación de su contraparte. Antes de empezar la obra había decidido que lo mejor sería pasar de él. Pero cuando vio la sonrisa de imbécil que tenía el chico en la cara, no pudo resistirse a contestarle.

—Y tú con esa chaqueta casi no pareces una —dijo, con una sonrisa burlona que hizo que el chico se cabreara.

—¡Callaos! —susurró Brick por detrás —. Las vais a desconcentrar.

Los dos se callaron por un momento, pero al minuto Butch volvió a la carga.

—Pensándolo mejor, prefiero verte con ropa normal y pensar que eres un chico. Con ese escotazo no podría concentrarme en la pelea.

Buttercup se puso como un tomate. Butch, a sabiendas que la chica se cabrearía, salió corriendo. Poco después,se podía ver a la morena encima del Rrb, practicando una llave de lucha libre.

—¡Sal de mi cuarto, Diana! No puedo creer que me hayas traicionado.

Bubbles salió del escenario. Blossom fingió sentirse mal y se acostó en la cama. Las luces se apagaron y entró en escena Brick. El chico se sentó a lado de ella y le acarició el pelo. En ese momento, Penélope despertó.

—¿Qué haces aquí? Vete. Mi padre no puede verte.

—Sabes perfectamente lo que hago aquí.

Blossom permaneció callada por unos segundos y, después, se levantó de la cama y le dio la espalda, cruzándose de brazos.

—No, no lo sé.

Brick se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Blossom sintió un escalofrío al notar sus musculosos brazos alrededor de su estrecha cintura.

—Estoy aquí por ti.

—No deberías haber vuelto.

—Pero lo he hecho.

Blossom se dio la vuelta. Lo que vio en los ojos del chico la sorprendió. No había odio, ni enfado. Estaba expectante. Colocó su mano sobre el pecho de Brick y notó, con asombro, que su corazón latía a mucha velocidad. ¿Acaso estaba...nervioso?

Brick, y no Kyle, se acercó a Blossom, que dejó de ser Penélope, y la besó. La pelirroja sintió sus brazos y piernas temblar. Su estómago era un revoltijo de nervios. ¿Esas eran las mariposas que todo el mundo mencionaba? ¿Desde cuándo había cambiado algo entre ellos? Todo había sido culpa de ese maldito teatro.

El besó terminó y se cerró el telón, anunciando otra escena. La gente se levantó de sus asientos para aplaudir. Algunos silbaron a la parejita y otros los alagaban con palabras como guapos o sois los mejores.

La siguiente escena transcurrió con normalidad. Les tocaba actuar a Boomer y a Bubbles y todo iba fenomenal. El problema apareció cuando les tocó actuar a los líderes otra vez.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Bubbles.

—¿Que qué pasa? —repitió Buttercup, indignada —. Pasa que los protagonistas no están.

—¿Cómo que no están? —preguntó Boomer.

—Pues que no están. ¡Que se han ido sin decir nada!


—¿No crees que ha sido algo rastrero dejarles solos? Ni siquiera hemos terminado la obra.

Brick volvió a besar a la pelirroja, propinándole un mordisco en el labio inferior.

—A la mierda ese maldito teatro. ¡Estaba hasta las narices de actuar! Además, nadie nos preguntó si queríamos hacer la obra.

—En eso tienes razón.

—Siempre la tengo.

—Engreído.

El chico llevó su boca hasta el cuello de Blossom y clavó sus dientes en su blanca piel sin ninguna delicadeza. La chica profirió un grito de dolor.

—¡Ay, imbécil! —dijo, y saltó sobre él para devolverle el mordisco.

Esto llevó al comienzo de una pelea que se desarrolló entre mordiscos, besos e incluso arañazos. Definitivamente, del amor al odio había un paso, pero en el caso de los rojos, estaban en medio de la fina línea que los separaba.

Fin