Hayner suspiró, empezando a aburrirse mortalmente. Como Roxas se había ido a Dios sabe donde, Olette le ofreció sentarse con ella a tomar el sol. ¡Pero era estúpido! Él no podía quedarse quieto durante tanto tiempo sin hacer absolutamente nada. Iba en contra de su naturaleza. ¡Ya había estado diez minutos mirando hacia el cielo tumbado en una toalla! ¿Qué se suponía que iba a hacer así? ¿Dormir? ¡Pues no, Señor! A la Playa no se iba a dormir, si no a jugar. ¿Dónde demonios se había metido su mejor amigo? Se marchó hace más de media hora.
Axel, Larxene y Demyx se acercaron a ellos, tras acabar su intenso e injusto partido. Demyx se tiró en la arena, rebuscando en la nevera para robar un refresco, mientras que Axel y Larxene se sentaron al lado de Hayner tapando su querido sol. El chico soltó un quejido gracioso.
- Hey. ¿Habéis visto a Roxas? -Preguntó de pronto el más alto, haciendo un esfuerzo por que no se le notase que quería pasar tiempo por el rubio, aunque a Olette no se la colaba.
- Se ha ido a comprar con Naminé hace unos quince minutos. -Sonrió ella. -¿Por qué no vas a buscarlos?
- Oh si... Iré a eso. -El pelirrojo se levantó de un salto. -Gracias, Olette.
- No hay de qué. -Respondió, soltando una risita, antes de ponerse boca abajo para seguir tomando el sol.
- ¡Te acompaño, Axel! -Soltó Larxene levantándose también para seguirle.
Para Olette, no pasó desapercibido el largo suspiro que salió de la boca de su amigo rubio en cuanto esos dos se marcharon. La chica volvió el rostro hacia Hayner, levantando una ceja, sin dejar de sonreír.
- ¿Por qué no sigues el castillo?
- No es un Castillo, es una muralla. -Respondió el chico con fastidio, sin molestarse en abrir los ojos. -No sería lo mismo sin Roxas...
- Oh, Hayner. Y qué harás cuando se vaya, ¿Eh?
El chico se quedó en silencio unos momentos, frunciendo el ceño. Era cierto. ¿Qué iba a hacer cuando Roxas se marchase definitivamente y para siempre? Aún no había pensado en eso...
Se quedó en silencio, metido en sus propios pensamientos durante unos segundos. Eso es, hasta que otra sombra cubrió su rostro, lo cual le fastidió bastante. Se levantó, con cara de mala leche y se volvió hacia la figura que le privaba del calorcito en la cara.
- Axel, ya te hemos dicho que... -Y se quedó en silencio, en cuanto se percató de la sonrisa prepotente que tenía Seifer en su rostro, mientras lo miraba de arriba a abajo. -Tú. -Soltó, haciendo su mayor esfuerzo por no bajar la mirada de su cara.
- Buenos días, Bella Durmiente. -El retintín con el que lo dijo, solo hizo que un sentimiento de ira naciese en Hayner. El mismo que tenía cada vez que veía a Seifer a decir verdad. Pero esta vez, estaba mezclado con algo extraño que no consiguió identificar. Aunque era igual de molesto.
Al ver que su amigo no iba a responder, Olette también se incorporó con un suspiro.
- ¿Qué quieres, Seifer? -Preguntó la chica esperando que esos dos no empezasen a pegarse o algo así, en mitad de la playa.
- Venia a preguntarle al rubito si le apetecía jugar un rato. -Seifer sonrió ampliamente.
El rostro de Hayner pasó del blanco al rojo tan rápido que apostaba a que era un nuevo récord.
- ¿¡P-Perdón!?
Seifer ladeó la cabeza, haciéndose el inocente, mientras levantaba una pelota.
- Ya sabes... ¿Al Vóley? ¿Cuatro contra cuatro, como siempre?
Demyx, que los miraba con diversión, soltó una carcajada, ganándose una mirada de odio por parte de Hayner.
- Hayner... ¿Estás bien? -Olette miró a su amigo con preocupación.
- ¡Perfectamente! -Declaró, levantándose de un salto. No iba a dejar pasar esa humillación así por las buenas. -Bien. Juguemos. -Se cruzó de brazos, mirando al rubio de forma desafiante. -Hey, Demyx. Tú juegas.
- ¿Eh? No, no. Yo paso.
- Juegas si o si. -Declaró como venganza por haberse reído.
- ¿Te apuntas, Zexion? -Sonrió Olette, y por primera vez Hayner se percató del chico que había estado ahí todo ese rato.
Zexion levantó la vista de su libro, y examinó a cada uno de los presentes. Luego se encogió de hombros.
- Puede ser divertido... -Murmuró.
- ¡Ha! ¡Prepárate para morder el polvo, Seifer! -Sonrió el rubio soltando una risotada. El más alto también sonrió, levantando una ceja.
Pues ahí había llegado su nueva diversión.

La marea estaba baja, y desde las rocas era fácil llegar a un pequeño castillo de piedra al que era casi imposible de acceder cuando esta estaba llena, por culpa de las corrientes. Después de comprar un par de helados, Naminé insistió en ir allí, porque tenía que contarle algo "muy importante".
A Roxas le gustaba ese Castillo. De pequeño, su madre nunca le dejó ir con Hayner, Pence ni Olette porque "era muy peligroso", así que cuando llegaron empezó a correr por todo el sitio. No era muy grande, y parecía más bien una torre. Sin puerta, cruzabas a un salón enano que tenía unas largas escaleras, las cuales conducían a un balcón por el que podías ver toda la playa. Ahí fue donde se sentaron los dos rubios, con sus respectivos helados. Naminé parecía nerviosa por algún motivo.
- ¿Sabes, Roxas? -Comentó de pronto, dándole un bocado al helado de fresa. -Dicen que si tu primer beso es en este sitio, con la persona que amas, vuestros destinos estarán entrelazados para siempre.
- ¿En serio...?
En seguida pensó en Axel. Él seguro que ya había besado a muchas personas. Le tentó preguntarle a Naminé si eso funcionaba cuando sólo una de las personas no había besado a nadie nunca, pero le dio vergüenza.
- ¿Alguna vez has besado a alguien, Roxas? -La pregunta le pilló por sorpresa, por lo que empezó a toser exageradamente.
- Que va... -Soltó con una risita. -¿Y tú qué?
El inocente rubio no pillaba ni una de las indirectas, por lo que la chica se incorporó, dispuesta a tomar medidas drásticas. Agarró al chico por las mejillas, el cual la miró de forma confusa y sin pensarlo junto sus labios, cerrando con fuerza los ojos.
A Roxas le tomó exactamente treinta segundos procesar lo que estaba pasando, pero para cuando lo hizo la chica ya se había separado.
- Naminé... -Murmuró, al ver que la rubia lo mirada, casi asustada.
- R-Roxas yo... Tú me gustas mucho. -Ella se puso en pie, agarrando las manos del chico. -Me harías muy feliz si por favor aceptases mis sentimientos por ti.
- Naminé yo... -Roxas se mordió el labio inferior, realmente disgustado por esto. -Lo siento mucho pero yo... No puedo...
- ¿Y por qué no? -El corazón le dio un vuelco al ver que la chica estaba al borde del llanto. -¿Entonces es cierto? ¿Te gusta Axel?
- Naminé... No llor...
- No me toques. -La rubia se quitó un mechón de pelo del rostro, en seguida arrepintiéndose de haberle dado un golpe en la mano a Roxas. -Lo siento... Yo... Necesito estar sola.
El pobre rubio vio como la chica bajó corriendo las escaleras, y luego salía de la isla del castillo a toda leche. Le dolía en el alma tener que rechazarla, porque después de todo, Naminé se había convertido en una nueva amiga importante para él, igual que lo era Xion. Pero sabía que si aceptaba los sentimientos de la rubia simplemente le haría daño a ella y se lo haría a él mismo. No pudo evitar pensar si su reacción sería la misma en el caso de que Axel le rechazase.
Se dijo a si mismo que iría a buscarla para pedirle perdón, pero por algún motivo no pudo dar ni un paso.
Tenía la cabeza ardiendo por todo lo que había pasado, además el sofocante calor no ayudaba. Notó su boca seca de pronto, seguido de unas horribles náuseas. Posó su mano derecha en la frente, al notar un intenso mareo invadir su cabeza, y fue entonces cuando cayó al suelo de boca.

- Ahh... Tengo calor... -Murmuró Xion a Pence. Los dos hacían de jueces del partido de Vóley entre el equipo de Hayner y el de Seifer.
- Bebe algo de la nevera. -Comentó el chico, señalando con la cabeza las mochilas.
- Me apetece helado... -Sonrió ella, con una mirada golosa.
- ¡No! Si tomas un helado con este calor puede darte una insolación. Es mejor beber agua. -Pence se sentó en la arena. -Cuando Hayner y Roxas eran pequeños sufrían al menos una todos los veranos, porque no podían resistirse a comer helado.
- Ahí va... -Xion se puso a su lado con la botella de agua. Dio un trago y siguió. -¿No es peligroso que haya ido a comer helado entonces?
- Pero ya hace casi una media hora de eso, ¿no? Además está con Naminé. Seguro que si le pasase algo, lo traería corriendo.
- Sabes mucho de estas cosas, Pence. -Sonrió ampliamente la chica. -No se si serias mejor médico, o cocinero.
El chico se sonrojó levemente, y rió de forma nerviosa.
- ¡N-No es para tanto! Ahaja.
Un golpe fuerte llamó la atención de los dos morenos. Hayner estaba tirado en el suelo, cubriéndose la cara, mientras soltaba improperios ahogados. Pence se acercó corriendo, y en seguida supo lo que pasó. Sumando dos y dos, suponía que Trueno, que miraba hacia otro lado como quien no quiere la cosa, había golpeado el balón con demasiada fuerza y le había dado a su amigo en toda la cara. Sólo lamentaba haberse perdido el gran golpe.
- Hayner... ¿Estás bien? -Preguntó Olette, agarrando al rubio por el brazo y ayudando a levantarlo. -Vaya, hombre. Ya es la segunda vez en una semana... Encima te has hecho daño en la rodilla...
La chica se quedó quieta al ver la mano de Seifer, que parecía ofrecerse a llevarlo a la enfermería de la Playa. Olette entrecerró los ojos y le dedicó una mirada sospechosa de madre leona, cuidando de sus crías.
- ¿Qué pasa? ¿No confíes en que te traiga al enano sano y salvo? -Preguntó levantando una ceja. -No te he dado motivos para pensarlo, ¿sabes?
- No es eso... -Murmuró ella, cruzándose de brazos. -¿Por qué te importa de pronto el bienestar de Hayner?
Y todas las miradas se volvieron hacia Seifer, el cual no tomó ni dos segundos para pensárselo.
- Porque es Trueno el que le ha golpeado. Es lo justo, ¿no?
- Ya. ¿Y por qué no le lleva Trueno?
- ¿De verdad me preguntas eso? -Soltó con tono burlón, haciendo enfadar aún más a la chica. Simplemente porque tenía razón, y no había forma de pillar sus verdaderas intenciones ocultas, que SABÍA que las tenía.
- Anda, Olette. Deja que se lo lleve. -Sonrió Demyx, intentando calmar el ambiente. -Así podemos seguir jugando...
La castaña tomó un minuto entero para pensarlo.
- ...Está bien. -Suspiró, pasándose una mano por el cabello. -Mejórate, Hayner...
- ¿Quieres que os acompañe? -Preguntó Xion con la mejor de sus intenciones.
Seifer le dedicó una mirada divertida, mientras sonreía ampliamente.
- No será necesario.

Seifer llegó, cargando con Hayner a la enfermería cutre que tenía la playa, para casos de emergencia. Les hicieron sentarse en la sala de espera, porque los dos pringaos que habían allí trabajando habían salido corriendo por una chica a la que le había dado un golpe de calor... O algo así.
El caso es que Hayner era un quejica, y Seifer se estaba cansando, así que se colaron dentro de la consulta en cuanto los dos tipos salieron por la puerta. Sentó al chico en una especie de camilla alta y de metal, mientras buscaba tiritas, Betadine y demás mierdas para las heridas. Hayner empezó a balancear el pie que no tenía herido, esperando a que Seifer le curase, pero sin apartar las manos de su cara. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que otra vez estaban completamente solos en una sala pequeña. Sintió nervios en el estómago, igual que el Martes, pero esta vez estaba casi impaciente.
- Ah. Mierda. Por fin. -Seifer se giró con distintos utensilios médicos en las manos, y se acercó al rubio.
Ahora si que no pudo resistirse a bajar la mirada hacia su cuerpo. Conocía a Seifer desde crío, por supuesto que lo había visto más de una vez sin camiseta, pero por algún motivo ahora no podía evitar fijarse en eso. ¿Siempre había tenido abdominales? No pudo evitar compararse consigo mismo, que estaba más canijo que un palo de escoba. ¿Cómo demonios había conseguido ganar peleas contra este tipo?
- Tierra llamando a idiota. -La voz de Seifer lo sacó de su trance, haciéndolo levantar la cara. Había acabado de colocarle una venda en la rodilla. -Decía que quites las manos.
- Ya, ya me he enterado. Tsk.
Cerró un ojo con molestia, mientras que limpiaba la sangre que brotaba de su pobre y torturada nariz. En alguna ocasión, se había quejado de que le parecía demasiado grande, pero ahora seguro que se había metido para dentro o algo.
- Listo. Ya podemos volver. -Declaró Seifer tras colocarle una tirita, y guardando lo que le había sobrado en los cajones de antes.
- ¿Volver? -Su voz sonaba desilusionada, pero no fue su intención.
Parecía que era justamente lo que Seifer quería oír, porque sonrió un poco con burla.
- ¿Qué pasa? ¿Quieres quedarte aquí?
- No es eso... -Hayner frunció el ceño. Por supuesto que sabía que el imbécil se estaba haciendo de rogar, pero no le importaba.
- ¿Mmm? ¿Entonces que quieres?
- Quiero que me beses. -Y fue directo al grano, porque si no iban a estar ahí hasta la noche.
Hayner se fijó en que al más alto le pilló desprevenido la respuesta, porque abrió mucho los ojos. Incluso juraría que sus mejillas se habían puesto al menos un poco más rojas. Adoptó una expresión de satisfacción total, que molestó a Seifer, el cual se acercó hasta donde estaba Hayner sentado.
- Borra esa estúpida sonrisa de tu cara.
Eso sólo hizo que la ensanchase, agarrando al rubio por la nuca con ambas manos. Ahora que estaba sentado en la camilla, eran de la misma altura.
- Oblígame.

Larxene y Axel llegaron a la playa corriendo, la primera cargando con una pequeña rubia inconsciente en brazos. Habían llamado a los cutre-enfermeros encargados de esa zona para que fuesen a la playa.
- Ahh... Ha subido la marea. -Se quejó Demyx, al no poder seguir su juego de Vóley, y fue entonces cuando se percató de sus dos amigos alterados. -Oh... Son Larxene y Axel.
- Y Naminé. -Declaró Olette, abriendo mucho los ojos.
Todos se acercaron corriendo, incluidos los amigos de Seifer, para ver si la chica estaba sana y salva. Los médicos no tardaron en acudir con todo tipo de remedios para reanimar a la muchacha.
Axel les explicó que la encontraron en el paseo marítimo tirada en el suelo, y que en seguida supusieron que se trataba de un golpe de calor. Por muy preocupados que estuviesen todos, Larxene es la que se veía más disgustada, amenazando con que si su hermanita no despertaba iba a asesinar a los dos médicos.
Por suerte, la chica estaba bien y no necesitaba ser reanimada, sólo descansar en un lugar fresco. Eso no fue problema, porque las nubes estaban empezando a cubrir el cielo, y empezaba a hacer hasta frío.
Larxene vistió como pudo a su inconsciente hermana, para que no pillase un resfriado, y fue entonces cuando Xion hizo la gran pregunta.
- Oye... ¿Y Roxas?
Todos volvieron la vista hacia ella, y luego a Axel y Larxene. Ambos hicieron una mueca.
- No estaba con Naminé... Axel lo ha buscado por todo el paseo. -Explicó la rubia. -No está por ninguna parte.
- ¡Pence! Dijiste que a Roxas solían darles Golpes de Calor en Verano, ¿no?
- Eso dije...
Xion empezó a hiperventilar.
- ¿Y si...? ¿Y si se ha caído al agua? ¿O alguien lo ha raptado? ¿O está entre las rocas?
Y eso sólo hizo que todos empezasen a alterarse, incluido alguien tan tranquilo como Zexion.
- ¡Tenemos que encontrarle! -Lloriqueó Demyx.

Olette corrió tan rápido como pudo, con su ropa puesta y en mano las de Hayner y Seifer. A ella le encargaron ir a avisar a esos dos, mientras que empezaban a buscar. Los médicos iban a traer a Naminé para que descansase en la enfermería, pero ella fue más rápida al ir sola y sin carga alguna.
Abrió la puerta de la sala de espera, pero no había nadie allí. Oyó voces dentro de la consulta, así que abrió esa de un golpe.
- ¡Hayner! ¡Es horrible! ¡Roxas ha...!
La chica se quedó callada, al ver a su amigo enrollándose con el que se suponía que era su enemigo mortal. Los dos chicos se separaron inmediatamente, Hayner con la cara como una señal de Stop, y Seifer con expresión molesta. Era la tercera vez que los interrumpían.
- Olette... No es lo que...
Tiró la ropa a sus caras, mientras cerraba la puerta de un golpe.
- ¡P-Por favor terminad lo q-que estuvieseis haciendo y salid! -Olette habría gritado de emoción, si no estuviese tan preocupada. -¡Y daos prisa! ¡Roxas está en peligro!
- ¿ROXAS? -Oyó la voz alarmada de su amigo. -¿Qué le ha pasado?
- ¡Es una larga historia! ¡Vamos, date prisa!
Eso explicaba los chupetones de Hayner... Sólo le molestaba el hecho de que no se lo hubiese contado antes. Habría pedido a Pence que hiciese fotos en el partido de Vóley. Aunque fuesen borrosas.