Y cómo todos los días tratando de publicar así suceda el apocalipsis.

;)

Capítulo 9

"Más Sabe el Diablo"

Dean no era nada discreto, eso lo había aprendido Cas a la mala.

Tras haberse besado en la casa del terror, salieron tomados de la mano y a ninguno de sus amigos pareció impresionarles que al subir a la rueda de la fortuna se besaran. Pero el asunto no terminó allí.

A Cas no le molestaba que Dean tomase su mano en el instituto, sin embargo tenía ganas de que se lo tragase la tierra cuando el rubio lo besaba descaradamente en el aparcamiento y algún maestro les gritaba que se separasen. Muchos de los profesores no veían su relación con buenos ojos, algunos hasta crispaban los labios con asco, pero a Dean no parecía importarle ni siquiera cuando algún idiota en sus clases le gritaba maricón.

-Pero si le gritan maricón a Castiel, les partes la cara –comentaba Crowley, entre dientes-.

-En efecto –afirmaba Dean-.

Entre besos en el armario del conserje, y mordidas de cuello dadas en pleno pasillo, la "situación" de Castiel Novak y Dean Winchester no tardó en llegar a oídos de la directora. Y, de alguna forma, se propagó por todo Lawrence hasta llegar a oídos de Chuck.

Castiel amaba tomar la mano de Dean o que éste lo abrazara por la cintura plantándole un dulce beso a mitad de la calle. Era algo que el rubio no hacía generalmente con alguna de sus chicas, salvo en los pasillos del instituto. Pero fue definitivamente bochornoso tener que llegar una tarde a casa, y que su padre lo estuviese esperando para darle "la charla" porque habían llamado de la escuela.

El moreno ya había recibido "la charla" a sus trece años, por lo que Lucifer había bautizado a esa como "la charla gay".

-Castiel, si amas a ese muchacho por mi está bien. No me voy a volver loco o a armar un escándalo por que mi hijo sea homosexual; y aunque me duele no haberme enterado por ti mismo, entiendo que hayas tenido miedo de decírmelo –dijo Chuck, caminando por la sala y moviendo sus manos en el proceso. Castiel lo escuchaba, tomado por sorpresa; una parte de él había estado segura de que su padre enloquecería si se enteraba-. Pero hay cosas que a tu edad a veces carecen de importancia, aunque tienen gran repercusión en tu vida…

-¿No le vas a decir que va a quedar embarazado, o si papá? –Había intervenido Anna, desde las escaleras-.

-¡Anna ve a hacer tu tarea! –exclamó Chuck y con eso su hija desapareció-. Lo que quiero decir Castiel, es que el sexo no tiene nada de malo, pero no quisiera que algún idiota se aprovechara de ti y después te hiciera sufrir.

Chuck se había limitado a hablar de sentimientos, de la entrega que implicaba el amar a alguien, y Castiel se sintió aliviado. Pero Lucifer, que a veces parecía ser el demonio encarnado, se había encargado de la parte bochornosa una vez estaba cerca el baile de navidad de la escuela al cual Dean invitó a Castiel por los alto parlantes de la escuela sin que le importase ser castigado con dos semanas lavando baños.

Era sábado por la mañana y había caído la primera granizada de invierno. Castiel despertó de buen humor, sabiendo que adornarían la casa para las fiestas, pero ni siquiera sospechaba que ese día precisamente su hermano planeaba "hablar con él".

Anna y su padre habían sacado esa mañana muy temprano las cajas de plástico donde guardaban los adornos navideños. Castiel y Lucifer fueron los encargados de ir a comprar el árbol; aunque el mayor refunfuñaba, Cas sabía que sólo lo hacía para no parecer un "niñito emocionado con la navidad"

Faltaba poco más de una semana para la Noche Buena, por lo que la familia Novak pasó todo el día ocupada en la labor de adornar la casa. Colgaron los bombillos, pusieron lucecillas en las ventanas, una corona en la puerta, guirnaldas en el árbol, y Anna trepó en una escalera para colocar la estrella dorada en la punta del gigantesco pino natural. Castiel no tuvo tiempo de ver a Dean ese día, pero se prometió que lo compensaría el domingo.

Chuck, Anna, Castiel y Lucifer, se tumbaron en el sofá cuando ya había oscurecido. Estaban exhaustos pero el resultado era hermoso. Su hogar lucía como una pequeña casa de cuento. Castiel preparó café para todos, y Chuck ordenó comida china. Vieron una película y su padre se retiró a su estudio: estaba terminando una de sus novelas y pronto la publicaría una editorial importante de Nueva York.

Anna cambió el canal para ver una de sus series favoritas.

-Va a gritar y dar saltitos ¡Mejor me voy! –Dijo Lucifer y subió de dos en dos los escalones hacia el segundo piso-.

Castiel se quedó un momento con Anna, viendo esa serie que a ella tanto le gustaba y hablando sobre Dean. Ella parecía sinceramente celosa de que el rubio estuviese con su hermano, y esto hacía que Cas sintiese una especie de maliciosa victoria, en especial porque conforme su relación con Dean se desarrollaba había ido entendiendo que no era otro juguete más para él.

Se despidió de Anna y subió a su habitación. Abrió un viejo cuaderno donde sabía anotar alguna que otra idea, pero no dio ni un rayón. Se la pasó pensando en Dean. En cómo solía verlo, en las palabras que le susurraba al oído cuando se besaban a solas en casa de los Winchester. Y en esas palabras que hace poco el rubio le había dicho.

Recordaba que estaba tumbados en la cama de Dean, besándose perezosamente hasta que las cosas se habían puesto calientes. Sus caderas se habían comenzado a mecer unas sobre otras, y Castiel había soltado un gemido cuando las manos de Dean se colaron bajo su camisa. Los dientes del moreno buscaron el cuello del rubio, y los dedos hábiles de Dean le retiraron la camisa. Cas intentó deshacerle los pantalones, con dedos torpes, pero no lo consiguió y se sintió avergonzado. Dean lo besó, para distraerlo mientras le susurraba que estaba bien.

-¡Espera! –Lo había detenido, apartándose un poco y quedando a horcajadas sobre Dean-.

-¿Qué ocurre, ángel? –Dean lo tomó por la barbilla pero el moreno desvió la mirada. Ambos estaban sonrojados y excitados, y sin embargo sentía miedo-. ¿Cas?

-Dean… yo… yo quiero esto… pero no sé si después… yo

-¿Qué? –Dean parecía genuinamente sorprendido-.

-No soy como esas chicas tuyas, Dean. No lo he hecho antes con nadie, y aunque te deseo, quiero… yo quiero… -antes de que pudiera terminar Dean lo tomó por las muñecas. Lo tumbó boca arriba en su cama, y se coló entre sus piernas. Lo besó, dulcemente en la nariz-.

-Cas ¿Cuándo vas a entender que no eres como esas chicas? No eres ni siquiera como ese tipo con el que experimenté hace años. Eres… eres Castiel –lo besó en la boca, y después en el cuello-, eres mi ángel. Tuve tanto miedo ese día en esa feria, miedo a decirte que sentía algo por ti… porque es así. A esas chicas las besaba, las tocaba, me las cogía y listo. Pero a ti… tenía miedo de joderla contigo…

-Dean –lo interrumpió Cas, dedicándole una intensa mirada azul-, te amo. –listo, lo dijo. Si Dean lo iba a hacer un lado por temor a algo serio, que lo hiciera de una vez-.

Dean permaneció en silencio, como temió Castiel. Se arrodilló junto a Cas, y empezó a abotonarle la camisa. El pelinegro lo miró asustado, dolido, sin saber lo que pasaba por la mente del rubio. Quedó aún más confundido cuando Dean se recostó a su lado y poco a poco lo fue atrayendo en un abrazo.

-¿Sabes? Es difícil amar a alguien cuando jamás has entendido bien lo que es amar. Aparte de Sammy, nadie me había dicho jamás que me amaba –confesó Dean, en tono neutral, con Castiel respirando en su barbilla-. Y tengo miedo… a lastimarte, pero si de algo estoy seguro: es de que te amo, Castiel.

El moreno lo había rodeado fuerte con los brazos, y había sentido un deseo terrible de llorar. En lugar de eso, repitió:

-Te amo –besando la barbilla de Dean-, te amo, Dean –para compensar todo aquello que Dean jamás había escuchado-.

Alguien golpeó la puerta de la habitación de Cas, arrancándolo del cálido recuerdo.

-¡Adelante! –Exclamó y para su sorpresa Lucifer asomó su cabeza por la puerta-.

-¿Qué ocurre? –le preguntó. Su hermano rara vez iba a su habitación-.

-Castiel, Castiel, Castiel –Lucifer chasqueó la lengua, meneando la cabeza, con los brazos cruzados-. Papá puede que sea un sentimental, pero yo soy realista y sé, porque lo leo en tu cara, que te mueres por follarte a ese noviecito tuyo. Y sospecho, con buenos fundamentos, que algo sucederá después del baile de navidad. ¿O no, Cassie?

Castiel se puso rojo, luego verde, y finalmente pálido, creyendo que iba a vomitar.

-Lucifer, si viniste a molestarme…

-No vine a molestarte. Vine a ayudarte –Castiel lo miró espantado cuando Lucifer puso dos cajas de condones sobre la cama y un bote de lo que parecía ser lubricante-. Un regalo para mi hermanito.

-¡Lucifer, lárgate de mi habitación!

-No –como si fuese el mismísimo diablo, Lucifer se sentó en el diván de la ventana, con gesto arrogante y la barbilla alzada-. Créeme Castiel cuando te digo que hablas con un experto…

Y así empezó lo que para Castiel fue la noche más bochornosa de su vida. Lucifer, a diferencia de su padre, fue explícito. No importó cuando el moreno le gritó que se callara, su hermano le explicó el uso del condón, desde cómo se ponía hasta como retirárselo, le explicó cómo usar el lubricante, y ciertos trucos de "placer". Castiel se preguntó si Lucifer no se había memorizado el Kama Sutra, tanto gay como hetero.

Cuando Lucifer terminó su charla, Cas tenía ganas de desmayarse.

-Es cierto que, como dicen, la primera vez duele. Pero si sabes hacer bien los juegos previos será el paraíso… o quizá un muy delicioso inferno. Verás: lo primero que puedes hacer, después de los preliminares, es poner lubricante en tus dedos y met…

-¡Es suficiente! ¡Ya basta, Lucifer! ¡Vete, vete! –Castiel no lo soportó más y lo sacó a empujones-.

-¡Me lo agradecerás! –Gritó su hermano desde el otro lado de la puerta-.

Como ya se habrán dado cuenta se acerca el lemon…

xoxo