Advertencia: Este fic ha sido elaborado de un fan para fans sin fines de lucro, todos los personajes de Yuri On Ice le pertenecen a su respectivo creador. Yo únicamente los utilizo con fines de entretenimiento.

Resumen: Especial mil lecturas Wattpad, sometido a cambios futuros.


Especial: parte II

En el instante que Yuuri volvió a recobrar conciencia sobre si mismo, se dio cuenta se hallaba tendido sobre una mullida superficie blanda. Removiéndose inquieto pese a la cómoda posición, comenzó a preguntarse cuándo exactamente había salido del agua para entrar otra vez en su dormitorio así que, lleno de natural curiosidad, intentó levantarse mas un potente mareo le impidió hacerlo.

Recostándose una vez más, lanzó un gemido lleno de angustia pues el breve vistazo al entorno fue suficiente; aquella, por supuesto, no era su habitación sino la de Victor.

Colocándose ambas manos sobre el rostro, Yuuri rebuscó entre sus recuerdos alguna explicación lógica que explicara dicha situación, empero le resultó imposible pues una densa bruma se lo complicaba. Igual tampoco se necesitaba ser demasiado listo para entender los posibles acontecimientos. Seguro Victor, preocupado ante su prolongada tardanza, creyó buena idea ir a buscarlo encontrándole medio ahogado en las aguas termales, que no sobrepasaban siquiera los dos metros de profundidad, llevándoselo después a dónde podría continuar durmiendo sin peligros mortales innecesarios.

Bravo Yuuri: original forma de ridiculizarse a si mismo.

Girándose un poco, Yuuri notó que todas las almohadas tenían impregnado el característico aroma del ruso, haciéndolo sonrojar casi contra su voluntad. Aquel era el espacio del hombre a quien tanto admiraba: donde dormía, pensaba y podía relajarse del extenuante mundo exterior, haciéndole sentir como si fuera un reverendo extraño ahí dentro. Lleno de mortificación, Yuuri se dijo necesitaba marcharse aun si necesitaba hacerlo a rastras –de igual modo su orgullo seguiría destrozado–, y se levantó una vez más luchando contra las horrorosas nauseas.

De nuevo estaba haciendo las cosas mal, Yuuri lo sabía de antemano, pero ya encontrarían el tiempo para hablar porque en semejantes condiciones no se atrevería a mirar a los ojos al otro hombre con dignidad. Empero, justo en ése momento la puerta se corrió permitiéndole a Victor entrar con una bandeja entre las manos y, el recién llegado pareció en verdad sorprendido al verle despierto, motivo por el cual sonrió amable mientras terminaba de entrar al dormitorio en su totalidad.

—Hola —saludó al acercarse, la cautela con que lo hizo era notoria en cada uno de sus movimientos, para después depositar la bandeja sobre el pequeño buró adyacente a la cama; en ella había jugo, fruta y unas cuantas aspirinas—. Por un momento creí que dormirías hasta mañana.

El chico Katsuki desvió sus ojos hacia las ventanas del fondo; afuera estaba totalmente oscuro.

—¿Qué hora es? —Victor avanzó dos o tres pasos, aunque mantuvo cierta distancia prudencial, evitando así hacerlo sentir incómodo.

Yuuri en verdad agradeció en silencio tal detalle porque le daba a entender iba en son de paz.

—Casi media noche —informó regalándole una pequeña sonrisa conciliadora—. ¿Que tal te sientes? —quiso saber.

Y estuvo a punto de colocar su mano abierta sobre la frente del japonés para corroborar si tenía fiebre, sin embargo se detuvo a medio camino como si tocarle no figurara entre los límites permitidos, causándole una profunda oleada de desepción.

—Mareado —dijo con sinceridad—. ¿Qué ocurrió?

—¿Versión larga o resumida? —obviamente Yuuri prefirió elegir la segunda—. Me has dado un susto de muerte, eso ha pasado —le acusó sin disimular su evidente preocupación—. Como tardabas demasiado en volver, fui a buscarte para saber si te apetecía cenar conmigo y casi sufrí un ataque cuando te vi flotando en el agua inconsciente, luego te saqué para traerte aquí —explicó—. Sé...sé que tal vez estés molesto pues ya no soportas mi presencia, pero tenía las manos ocupadas y la puerta de tu habitación es más difícil de abrir, así que...

Yuuri aprovechó ése momento para incorporarse sobre la cama y abrazar sus propias piernas, en un gesto sumamente infaltil.

—No estoy molesto —confesó avergonzado. Victor frunció el entrecejo sin mostrarse muy convencido.

Y si, tenía razones para dudar porque su actitud no lo hizo pensar ninguna otra cosa.

—Lamento decirlo, pero me diste esa impresión —agregó sin medias tintas, cuando tomó asiento junto a él con evidente cautela—. Necesitamos hablar Yuuri, ¿lo sabes verdad? —este asintió, aunque igual se mostró reticente a ser quien iniciara dicha conversación pendiente—. Primero, perdona por haberte gritado en el Ice Castle —Yuuri abrió sus ojos en total incredulidad; pudiera no parecerlo, pero Victor era un hombre muy orgulloso—. Ninguno tuvo un día particularmente bueno y las cosas nos sobrepasaron, supongo.

Yuuri asintió antes de responder:

—También lo siento.

Entre los dos se hizo un pesado silencio. El chico Katsuki en serio quería decirle muchísimas cosas y preguntarle otras tantas, así como también hacerle saber cuán importante era para él tenerlo a su lado ya fuera en calidad de entrenador, amigo u cualquier otro adjetivo que creyera conveniente utilizar.

De igual modo, ansiaba esclarecer los motivos por los cuales actuó tan distante la última semana; revelar su continua confusión tras haber compartido aquel beso en China. Pero no sabía cómo comenzar, creía tener atorado un gigantesco nudo en la garganta que le impedía producir sonido alguno, pero gracias al cielo Victor se adelantó a cualquier tema que pudiese arrojar al aire, mientras le sonreía como si algo le causara desmedida gracia; algo que claramente Yuuri no alcanzaba a comprender.

—Mientras estuviste dormido, me dio tiempo de sobra para realizar un gran examen de conciencia. Por desgracia lo que encontré no fue nada agradable —dijo entristecido—. Te hice daño Yuuri —declaró—, y lo lamento.

El joven de gafas se removió en su sitio dispuesto a sacarlo del error, pues Victor no había hecho otra cosa que ser amable y paciente, aun cuando Yuuri mismo no lograba entender sus propios líos emocionales.

—¡No! Te equivocas, tú nunca serías capaz de lastimarme —Yuuri aseguró bastante convencido—. Al menos no intencionalmente.

—Ahí radica el principal problema —le acarició la mejilla ya sin temor a ser rechazado—. Suelo ser un idiota impulsivo si alguien me interesa de verdad, más aun porque jamás me han importado las opiniones ajenas. Y, tal como podrás haberte dado cuenta, tiendo a cometer estupideces sin apenas percatarlo —los dos rieron pues resultaba por demás evidente—. Si soy sincero contigo, cuando estás cerca todo termina poniéndose muchísimo peor —a percepción de Yuuri, sus palabras adquirieron una tonalidad suave, casi cariñosa—. Al tenerte así —Victor se deslizó unos cuantos centímetros más, provocándole al patinador un estremecimiento—, pierdo el norte y me resulta imposible pensar como se supone un adulto debería hacerlo.

Tal vez era verdad, se dijo Yuuri. Que Victor abandonara no sólo Rusia, sino también una carrera brillante para viajar casi dieciocho horas y cruzara todo un continente sólo porque buscaba un cambio, gritaba por todas partes locura. Pero eso no explicaba lo demás.

Yuuri tenía talento, en las manos adecuadas habían demostrado que podía llegar muy lejos y tal detalle captaba la atención de cualquier profesional. Pero fuera de esto, escapaba de su comprensión el motivo por el cuál Victor lo miraba justo ahora como si fuera una joya invaluable difícil de obtener, o tal como un coleccionista lo haría tras obtener esa pieza de arte tan ansiosamente buscada.

—¿Por qué? —se aventuró a preguntar, y Victor ladeó la cabeza buscando mantener contacto visual directo

—Será porque tú Yuuri Katsuki, me das un miedo terrible —confesó a bocajarro.

En toda respuesta, Yuuri boqueó incrédulo ante tamaña revelación. ¿No se suponía él debería decir esto? ¿Por qué rayos Victor le tendría miedo si era más inofensivo que Makkachin? Dentro de su cabeza no lograba relacionar una cosa con otra, encontrándolo totalmente inverosímil. ¡Hablaban de Victor Nikiforov, cielo santo! El sujeto más deseado y con mayor autoestima que hubiese conocido jamás. ¡Era imposible!

—¿Yo? Darte miedo, ¿a ti? —se dispuso a corroborar sin podérselo creer todavía.

—Sí, figurate —admitió con gracia—. Eres la persona más buena y desinteresada con quien he tenido el privilegio de convivir alguna vez, lo cual ya es decir demasiado. Bueno, a veces dejas al descubierto tu horrible lado egoísta —lo acusó refiriéndose a la semana que prefirió aislarse—, pero tus defectos terminan volviéndote aun más sorprendente —Yuuri notó que la cara comenzó a arderle gracias a la vergüenza—. Yo...yo me sentí atraído por ti desde la primera vez que te vi.

—¿Qué? —quizá el tono empleado para expresar su genuino desconcierto hizo mella en Victor, pues arqueó su ceja derecha como si aquella importante pieza del rompecabezas no hubiera encajado desde un inicio.

—Pensé y había sido bastante claro estos últimos meses —Yuuri se apresuró a negar arrancándole al ruso un suspiro desilusionado—. En realidad, venir aquí a entrenarte para mi acabó convirtiéndose en una excusa —le reveló y, sin poderlo evitar, esto le dolió porque siempre supo aquel golpe de suerte obviamente jamás le hubiera ocurrido sólo porque sí—. No, no me mal entiendas —se apresuró a explicarse—. Sé perfectamente bien cuánto talento tienes y, ganar el Prix todavía es una meta fija para los dos, bajo ninguna circunstancia quiero que lo olvides, ¿bien?

—Sigo sin entender...—continuó, permitiéndole a sus inseguridades emerger cual veneno—. ¡Mírame Victor! Tal vez Yurio infunda temor u respeto, pero yo...sólo soy...simple.

—No es así, ni por asomo —le refutó—. Tienes una fuerza de voluntad envidiable, tu entrega y sentido de responsabilidad no sólo hacia mi, sino también a tu familia son increíbles. Decidí tomar un vuelo a Japón para demostrarte que los sueños pueden volverse realidad, porque si no te dabas por vencido entonces yo tampoco lo haría —Yuuri se quedó sin aliento pues ignoraba que Victor pensara de tal modo—. Pero sólo hasta interactuar con tus padres, con Mari, tus amigos, todas esas personas que son importantes para ti y están dispuestas a acompañarte en cada paso del camino, comprendí tal vez había apuntado mis expectativas muy alto. ¿Qué si al final resultaba ser yo quien te fallaba? ¿Y si por causa mía preferías renunciar? Jamás tuve un pupilo, ni siquiera antes de convertirme en un entrenador certificado mientras vivía en Rusia. Tú has sido el único en incontables aspectos, Yuuri —Victor tomó aire antes de proseguir—. Gracias a ello me aterroriza siquiera pensar que puedo fallarte tal como sucedió en China, pues aun con toda mi basta experiencia dentro del hielo, no sabía de qué manera ayudarte.

Yuuri de pronto experimentó un gran pinchazo de culpa gracias a los recuerdos. En efecto, Victor era un total novato en cuanto a instruirlo se refería, empero hubiese sido un gran milagro supiera cómo darle solución al problema, si ni él mismo se tomó la molestia de advertirle sobre su inestabilidad emocional ante grandes situaciones de estrés. O al menos así fue hasta que debieron sentarse a conversarlo por petición misma del ruso, quien inclusive planteó acudir con un profesional para buscar apoyo extra. Por supuesto Yuuri no se negó y las sesiones de terapia, que no sólo iban dirigidas a él, ayudaron bastante.

—Eso no fue culpa tuya —le dijo apenado.

—Ahora lo comprendo, mas en aquel instante sólo podía pensar en que sin importar cuán duro tratara, los dos continuábamos siendo unos completos extraños.

Yuuri movió la cabeza escéptico.

—No es verdad —contradijo—. Seguí tu carrera durante años, fue gracias a ti que decidí meterme de lleno en este deporte.

Victor le concedió razón, pero se apresuró a añadir:

—Eras mi fan, Yuuri —corrigió de buena gana poniéndolo un tanto incómodo—. Me conocías como figura pública, sin embargo no sabías otra cosa más allá de los artículos que las revistas o periódicos escribían cada tanto —el japonés acabó concediéndole razón—. Aun así, aunque al llegar aquí sólo era un total desconocido, Hiroko y Toshiya no dudaron en recibirme con los brazos abiertos porque sólo deseaban verte feliz. ¿Te puedes llegar a imaginar cuán mal me sentiría si los decepciono? ¡Ellos creerán soy un horrible mal agradecido!

—Pero también debo contribuir en esto, Victor —dijo con énfasis—. Todos son conscientes, saben que mi más grande sueño es patinar en el mismo hielo que tú y tenerte como entrenador era más de lo que hubiera creído merecer.

—Si, me lo comentaste alguna vez —concordó—; y es aquí cuando entro en conflicto —Victor se pasó una mano por el cabello en un claro gesto de nerviosismo—. Verás, desde hace tiempo las personas que me rodean buscan obtener algo de mi; atención, fama, dinero..sexo —Yuuri hizo una mueca—. Pero tú no —le hizo saber—, antes al contrario, soy yo quien desea cualquier cosa que puedas darme y eso me asusta: lo hace porque no me había sucedido algo ni remotamente parecido con nadie más —Victor volvió a suspirar—. Con esto intento explicar que voy a quedarme contigo no porque lo pidas, sino porque realmente quiero hacerlo.

La resolución golpeó a Yuuri como un tren bala a toda velocidad, aturdiéndolo durante varios minutos. ¿Entendió bien? ¿Victor le acababa de confesar albergaba sentimientos más allá de una simple amistad hacia él? Bueno, si que lo hizo con desmedida franqueza, pues Yuuri no encontraba la respuesta correcta para ello.

—¿Estás diciendo que...? —murmuró casi a manera de prueba.

—Para contestar tu pregunta puedo decir la verdad o ser diplomático. ¿Qué prefieres? —preguntó mirándole con ojos brillantes, casi ansiosos. Yuuri, por supuesto, siempre iba a querer fuera sincero—. Hace un momento dije que me siento atraído hacia ti, pero no de manera platónica y por ello te he lanzado indirectas durante meses, aunque cabe señalar no parecías captar ninguna fuese a largo u corto plazo. Luego te besé en China —susurró al acariciarle el labio inferior con el pulgar—...pensé que sólo así las cosas quedarían claras.

Yuuri creyó se le saldría el corazón del pecho.

—Oh...—fue todo cuanto atinó a expresar. ¿Era un sueño? ¿Una broma? ¿O acaso ambas?

—Esa es la verdad —dijo encogiéndose de hombros—. Me gustas, Yuuri. Más de lo que podrás llegar a imaginarte y, mejor aún, sé que también te has sentido atraído por mi en diversas ocasiones. ¿O lo imaginé? —el japonés ocultó su rostro con ambas manos—. No te avergüences, esto entre nosotros es completamente natural. ¿Qué importa si somos hombres? Te aseguro que un detalle tan insignificante no me impedirá quererte menos.

—No, no es eso —Yuuri al fin le miró de frente—. Es sólo que ni en un millón de años me hubiera imaginado... bueno, ya sabes...

—¿Que caería prendado de ti como un loco? —soltó entre risas—. Pues lo hice —Victor le besó la frente—. Porque ése es justo el efecto que causas en mi, sakróviche —los pequeños besos comenzaron a descender hasta las mejillas del muchacho, de tal modo que bien podría librarse si lo consideraba necesario; pero lo cierto era que Yuuri no iba a hacer eso, antes bien ansiaba seguir por aquel camino hasta el final—. Yuuri, si tan sólo supieras todo lo que me gustaría hacer contigo...

Aunque la pena lo instaba a guardar silencio, prefirió mil veces exteriorizar sus dudas:

—¿Q-qué quieres hacer conmigo? —caray, esa era una pregunta muy comprometedora sin duda, no obstante, Victor acababa de decir le gustaba más allá de lo profesional y no tenía absolutamente nada que perder, ¿cierto?

—¿Si te lo digo prometes no salir corriendo? —quiso saber al acercarse otro poco, sus rostros a casi nada de distancia.

Victor pretendía seducirlo, era bastante obvio para cualquiera con dos dedos de frente y Yuuri, quien jamás experimentó una situación parecida con una persona que en verdad le gustara al grado de albergar sentimientos más profundos, no tenía ni la más remota idea sobre cuál debía ser su próximo movimiento. Y sí, se sentía halagado porque vamos, no todos los días el mismísimo príncipe del hielo Victor Nikiforov, se tomaría la molestia de hacer esto sin motivos previos bien justificados... ¿verdad?

Dadas las irrefutables circunstancias, Yuuri quería creer que para el ídolo de toda su vida era alguien especial, aun cuando ignoraba por mucho las razones. Lo eligió entre patinadores mejor preparados, viajó desde Rusia dispuesto a todo sin importar que un atleta como Yuri Plisetsky –cuya habilidad técnica lo superaba con creces–, pidiera también ser tomado en consideración, amenazando con llevárselo a su patria una vez más.

Pero Victor se mantuvo firme cumpliéndole todas las promesas que le hizo y, llegados a éste punto, poco importaría si corroboraba la veracidad de aquella descabellada revelación. Además, debían aprender a hablar, a comunicarse en los mejores términos y superar todo posible mal entendido de ése modo, si acaso planeaban llegar más lejos.

—Me quedaré aquí —ante su respuesta, Victor le brindó una sonrisa coqueta, demasiado hermosa para su bienestar mental.

—Entonces necesitas saber me gustaría intentar de todo: besarte hasta dejarte sin aliento, acariciarte, buscar en tu cuerpo los puntos exactos para llevarte a la locura —y al final susurró con un tono por demás tentador—...hacer el amor contigo —Yuuri retrocedió algunos centímetros sin apenas darse cuenta, sin embargo el ruso le sujetó del brazo impidiéndole ir más lejos—. Dijiste que no escaparías.

—Y no lo haré —tartamudeó al verlo inclinarse más, tanto que las piernas de ambos ya entraban en total contacto—. Pero estoy nervioso...no tengo idea sobre qué debo hacer exactamente.

—¿Te parece si lo vemos de manera positiva? —ofreció con súbito interés —. Porque justo ahora tengo unas terribles ganas de besarte, Yuuri. ¿Me dejarás? —el aludido al fin cerró los párpados brindándole, sin expresar en voz alta, la tan ansiada autorización para que pudiera hacer su completa voluntad.

Obviamente Victor no desaprovechó el momento y besó a Yuuri con tranquilidad, sin exigencia ni prisas, dándole el tiempo necesario de acostumbrarse al contacto. Y en serio Yuuri se conmovió ante tanta generosidad. Victor planeaba ir lento pues respetaba su inexperiencia, no obstante hacia mucho que todos los temores del japonés habían desaparecido sin dejar rastro gracias a la constante amabilidad y paciencia que recibió durante semanas e, importándole un cuerno si era correcto o no, apartando cualquier idea lógica hasta la parte más profunda de su mente, Yuuri tomó aquella oportunidad única al envolver el cuello de Victor, acercándoles tanto como le fue humanamente posible.

Tal acción espontánea los sacó ligeramente de balance, Victor inclusive necesitó apoyar ambas manos contra el colchón para evitar aplastarlo pues, aunque ambos eran hombres adultos, físicamente las diferencias resaltaban a la vista. Mas tal contraste jamás le pareció tan atractivo al joven Katsuki; su entrenador poseía estatura privilegiada, hombros anchos, rostro de infarto y un cuerpo que atraía las miradas dónde quiera que iba. Sin embargo sólo Yuuri tenía permitido tocarle así: con lentitud pasmosa, recreándose en los firmes músculos de la espalda ajena que se ponían tensos cuando pasaba los dedos por encima, brindándole suaves caricias. Se sentía fabuloso, por supuesto, pues Yuuri reaccionaba a Victor y viceversa, al fin todos los tabúes que giraban torno a su antes no confirmada relación ahora rotos, hechos trizas por la certeza de una simple confesión.

Y al yacer entre los brazos de aquella maravillosa persona que guió su camino igual que una estrella brillante en el cielo, Yuuri comprendió había retrasado durante tanto tiempo el mantener una relación sentimental propiamente dicha, porque nadie se compararía con Victor. Haberle conocido tal como siempre soñó era igual a subirse en un juego mecánico: daba miedo, la constante inseguridad aguijoneaba su sentido común cada dos por tres, pero aún así la emoción seguía presente mucho mas allá de la típica sensación de mariposas revoloteándole dentro del estómago.

Y jamás podría tener suficiente del ruso.

Ahora que había conseguido ganarse su completo interés lejos del ámbito profesional u competitivo, Yuuri lucharía incluso contra si mismo de ser necesario para seguir manteniéndolo hasta el final. A percepción de Yuuri, tal vez ninguno estuviera enamorado todavía pero, de un modo u otro ya casi cruzaban los peligrosos límites de aquella línea divisoria, haciéndolo sentir tan bien que lo abrumaba. Entonces, frustrado por permanecer en esa misma posición pues ansiaba mayor contacto físico, Yuui se dejó caer contra la cama llevándose a Victor consigo. ¿Qué mas daba si iban rápido? Éste tipo de situaciones no se repetían dos veces y, cualquier cosa que terminaran haciendo, era total y absolutamente todo cuanto Yuuri necesitaba con cada minúscula fibra de su ser. Tampoco es como si fuese a arrepentirse luego, demasiados meses aguantando una en extremo evidente tensión sexual entre ambos lo tenía por el borde a semejantes alturas.

Gracias a ello, conforme los besos aumentaban su intensidad, Yuuri notó a Victor acomodarse sobre él con súbito cuidado, moviéndose como si estuviera hecho de frágil cristal, tratándolo igual que una fina pieza cuyos cuidados implicaban demasiada responsabilidad, volviéndolo una masa temblorosa de placer no satisfecho.

Empero, cuando las cosas comenzaron a ponerse mejor pues los tímidos roces iniciales evolucionaron hasta tornarse más intensos, Victor necesitó apartarse para mirarlo y, así mismo, recuperar el aliento. En diversas ocasiones Yuuri vio a su máximo ejemplo a seguir bajo incontables tipos de luces, más ninguna igual a esta: consumido por sus propios deseos, respirando con irregularidad y las mejillas coloreadas en un rojo intenso, viéndose tan humano, tan frágil en un grado que pocas veces –o mejor dicho en ningún momento– dejaba entrever a los demás.

Pero su rostro también expresaba confusión y duda en gran medida, como si frente a sus ojos yaciera un gigantesco enigma difícil de resolver.

—¿Qué sucede? —preguntó casi temiendo haber hecho algo mal.

Victor hizo una mueca antes de continuar:

—Creo recordar que dijiste no habías tenido novia antes —corroboró ganándose un asentimiento duditativo—. ¿Entonces quién te enseñó a besar así? —soltó con esa sinceridad suya tan característica, y Yuuri dejó escapar un "¿ah?" sorprendido—. Porque supongo se trató de una chica, ¿verdad? —apenas dos breves segundos bastaron para responderse sin esperar alguna explicación—. ¡Un chico! —exclamó casi horrorizado—. ¡Deberías habérmelo contado, Yuuri! ¿Lo conociste en Detroit? ¿En Hasetsu? ¿Cuándo? ¡Eliminé a Phichit de mi lista negra, pero si ha sido él voy a incluirlo de por vida!

Lejos de molestarse, Yuuri comenzó a reír divertido para la notable histeria del otro.

—¿Y necesariamente importa porque...?

Victor frunció el ceño, casi como si estuviera explicándole una información ultra sencilla y Yuuri no fuera capaz de captarla a la primera.

—¡No lo entiendes! —se quejó cual niño pequeño—. Se supone yo debería ser tu primera vez en cada posible aspecto. ¡Incluido esto!

El muchacho entonces colocó un dedo sobre la boca del ruso impidiéndole seguir hablando, pues tendía a volverse un melodramático cuando así se lo proponía.

—Así ha sido hasta ahora —susurró estrechándolo con ternura—. Gracias a ti, recuperé las ganas de volver al hielo y mi corazón sólo late a un ritmo acelerado si te tengo cerca —Victor contuvo la respiración—. ¿Qué más da si no has sido el primero? Nos hemos sentido ligados a personas distintas antes, las amamos a todas y cada una según las circunstancias; pero ahora estamos aquí los dos —dijo mientras le acariciaba los cabellos—. Eso es lo único importante, ¿no te parece?

El hombre de ojos azules ocultó su rostro entre el cuello y hombro de Yuuri, refugiándose ahí.

—No eres nada justo, sakróviche —le hizo saber—. Se supone soy yo quien deba decirte cosas bonitas.

Yuuri rió.

—Es una calle de dos vías, entrenador —sonrió complacido.

—¿Lo es?

—Por supuesto —Yuuri creyó todo el aire que guardaba en sus pulmones huía por alguna salida de emergencia, pues Victor había deslizado los dedos bajo la camiseta que llevaba puesta, tocando tanta piel como le era posible.

Y gimoteó algo inteligible hasta para sus propios oídos ante la cálida sensación.

—¿Sí?—preguntó, mas Yuuri no creyó necesario que le pidiera permiso para algo tan obvio.

Entonces, por toda contestación jaló al ruso en un beso húmedo y demandante, quien correspondió tras sostenerlo con fuerza como si no planeara dejarlo ir. Pronto, Victor dio rienda suelta a una serie de caricias cuyo principal propósito era explorarlo con relativa calma, para hacerle las cosas fáciles y ayudarlo a acostumbrarse al contacto.

Pero en realidad, Yuuri creía tener un incendio contenido apenas por su propia piel, pues dónde sea que Victor lo tocaba le guiaba hasta un punto que todavía le resultaba extraño, ajeno. Nunca había tenido sexo con nadie, tampoco permitió a alguien más llegar tan lejos y durante una fracción de segundo, temió no estar a la altura. Yuuri era virgen, en cambio Victor debería haber tenido por necesidad experiencias previas muy gratificantes. ¿Y si lo decepcionaba? ¿qué si no era lo que Victor esperaba?

—Todo está bien, Yuuri —le susurró al oído. Tal vez sus inseguridades fueron demasiado evidentes para el otro—. Sólo cierra tus ojos y permíteme a mi hacer lo demás —este obedeció al instante sin dudarlo, conforme Victor le repartía dóciles besos por toda la garganta, haciéndolo removerse con inquietud sin saber qué hacer con las manos.

Pero entonces el japonés emitió un gemido ahogado pues la mano de Victor procedió a palpar su abdomen gentilmente, y una violenta sacudida fue a parar directo hasta su entrepierna. Guiado por mero instinto, Yuuri arqueó la espalda pidiendo más: había deseado esto durante demasiado tiempo, tanto que ya le resultaba difícil atender a los pensamientos coherentes que gritaban debía ir con relativa calma. Pues al demonio, bien decían que cuando se lograba estar con la persona correcta lo demás pasaba a segundo plano. Además, para su total alivio Victor tampoco parecía incómodo, antes bien se mostraba complacido ante cada nueva reacción o sonido que Yuuri emitía, instándolo a continuar.

Como si hubiera escuchado sus turbulentos pensamientos, Victor descendió hasta toparse con la obvia barrera que imponía la ropa que llevaban puesta y le abrió las piernas. Yuuri no sintió temor alguno por cederle todo el control, confiaba ciegamente en Victor, pero cuando le acunó el pene semi erecto con la palma abierta se aferró a él con fuerza inaudita. Porque, a semejantes alturas, Victor bien podría manipularle a su entero antojo y no opondría ninguna resistencia.

—Enséñame —susurró Yuuri de pronto—. Dime cómo puedo llegar a complacerte también.

—Ya lo haces —tal vez Victor buscó en sus ojos cualquier vestigio de vacilación pues le miró profundamente durante dos segundos completos, mas al no encontrar ninguno le tomó la mano para guiarlo hasta su notoria erección—. ¿Lo ves? Sólo nos hemos besado y ya me tienes así —Yuuri se sonrojo hasta las orejas—. Si todavía no te sientes preparado para llegar al final, lo entenderé. Aun así hay muchísimas otras cosas que podemos hacer.

—En serio? —Victor le dijo que sí—. ¿Qué tal si nos deshacemos de esto? —preguntó al sujetar el dobladillo de la prenda—. Quiero sentirte.

—Sólo si estás seguro.

—Lo estoy.

—En ese caso...—Victor bajó los pantalones de Yuuri con prisa mal disimulada, tanto que este tuvo que alzar las caderas para darle espacio suficiente y lanzarlos al suelo, importándole un comino dónde aterrizaban—. Eres tan, pero tan hermoso.

—No se si se le pueda llamar "hermoso" a un hombre —bromeó al deshacerse también de las prendas del ruso.

—Lo eres para mí —le aseguró bastante convencido levantándole la playera que usaba, exponiendo al aire frío del ambiente su pecho sin rastro de bello pues, meses atrás, ambos acudieron a una clínica especializada en belleza, porque necesitaron hacerle depilación láser para mayor higiene y presentación al momento de patinar.

Y decantándose por acariciarle ahí, el de cabellos plata dejó cándidos besos en las clavículas de Yuuri hasta desembocar en sus pezones, los cuales succionó entre tiempos arrancándole suspiros nada recatados. Tocándolo también, el joven Katsuki recorrió apenas usando las puntas de sus dedos desde la nuca, marcando un sendero invisible que detuvo tras llegar a la espalda baja; al notar esto, Victor le sujetó la pierna izquierda colocándosela sobre su propia cintura y, sólo hasta entonces, sus miembros entraron en contacto. Yuuri se retorció, preguntándose cómo rayos pudo vivir sin esto, o cómo demonios lograría sobrevivir sin todas esas maravillosas cosas que sólo Victor conseguía provocarle. No lo sabía, pero tampoco pretendía averiguarlo de momento. Mientras se movían juntos, Victor pronunció algunas palabras en ruso con ese acento tan provocador y Yuuri, por supuesto, no entendió absolutamente nada pues carecía de comprensión total del lenguaje materno de su entrenador, pero tampoco le prestó mayor importancia pues recién habían iniciado algo parecido a un ritmo esporádico, haciéndole enfocarse sólo en ello.

Igual aunque tuviera los cinco sentidos despejados, su mente sólo registraba el placer y, en mero instinto subió las caderas arremetiendo contra Victor en una estocada febril, quien sólo desplegó una sonrisa hermosa con esos tentadores labios en forma de corazón ya hinchados de tanto besar. Y no le dio tregua, antes bien volvió a besarlo sin preocuparse por ser un poco rudo, aumentando la velocidad, aferrándole tan fuerte que seguro tendría moretones más tarde. Pero por Dios bendito que no le importaba, ninguna otra cosa le interesaba más que Victor, cuya agitada respiración le golpeaba contra el oído al murmurarle cuánto soñó tenerle de aquel modo, completamente a su entera disposición.

Luego Yuuri cerró los ojos pues se hallaba demasiado cerca del orgasmo, cosa que Victor notó al instante porque lo abrazó posesivamente, mordiéndolo donde tenía oportunidad.

Y con un pesado suspiro de placer, los dos terminaron al mismo tiempo convirtiéndoles en un desastre de humedad y semen que no se molestaron en limpiar de inmediato. Yuuri entonces se quedó laxo sobre la cama, totalmente exhausto, sin energías para moverse más allá del perímetro dónde yacía recostado. Estaba sudoroso y eso le provocaría picazón si no hacia algo al respecto, pero ya después lidiaría con ése problema.

Entre su sopor, creyó ver al ruso levantarse algunos minutos haciéndole resentir la perdida, pues se aferró al calor entre las sábanas conforme Victor hacia quién sabía qué cosa. Poco después algo tibio se deslizó por su abdomen, pecho y piernas, hasta que Victor se recostó junto a él, tapándolos a ambos con un suave edredón.

Sin preguntas, pues ya no las necesitaba, Yuuri se acurrucó contra el cuerpo ajeno dejándose llevar por la placidez y cansancio, totalmente feliz. Por desgracia no alcanzó a registrar aquello que Victor le dijo antes de caer dormido sintiéndose a salvo, querido y muy satisfecho.

Y todo a su alrededor se desvaneció en sólo cuestión de minutos.

Cuando el fin de semana pasó sin mayores incidentes, para todos fue totalmente notorio –una vez regresaron– que los dos consiguieron arreglar sus diferencias, pues eran totalmente empalagosos uno cerca del otro si se presentaba oportunidad. Hiroko y Toshiya preguntaron, sin embargo por decisión mutua decidieron guardarse para si mismos su recién conformada relación, porque no les gustaba la idea de ser asediados por todos para recibir respuestas. Al menos no cuando ellos todavía necesitaban trabajar en incontables aspectos buscando así sobrellevar aquello sin volverse locos antes.

Empero, ése tipo de cosas, por desgracia, eran difíciles de ocultar.

Minako y Mari –las más observadoras–, notaron en diversas ocasiones marcas o chupetones cerca del cuello de Yuuri, o bien donde la ropa solía levantarse sin querer durante sus entrenamientos o al hacer ejercicios simples de calentamiento. Se hizo el desentendido, claro, pero igual para todos en Hasetsu resultó ser muy esclarecedor oír las respuestas que Victor daba si le hacían alguna entrevista respecto al patinaje de su aprendiz.

Pero el mayor ejemplo tangible ocurrió cuando llegó el turno de Yuuri para competir en Rusia, pues fue muy evidente que su Eros sufrió una transformación radical, captando las miradas curiosas de los medios. Y si le preguntaban al pentacampeón cuál había sido el detonante para que su peculiar pupilo alcanzara semejante grado de excelencia en tan poco tiempo, Yuuri sólo le veía esbozar una sonrisa ladina, provocándole unas ansias terribles de meterse bajo una roca y ocultarse ahí durante semanas.

Porque si algo tenía bien seguro Yuuri Katsuki, era que al haber aceptado ser novio de aquel extravagante ruso, sólo contribuyó a inflarle todavía más el ego.

Y Victor, a su condenadamente cínica forma, lo sabía.


Y ahí lo tienen.

Lamento la espera, pero se me complicó mucho la Uni estos días. De nuevo mil gracias por todo su apoyo incondicional y paciencia.

Por otro lado, aún no soy muy buena con los Smut(lemon) así que espero no haberlo arruinado.

Espero sigan pasando un excelente fin de semana. ¡Saludos cordiales