–Chicos les presento Namek– Dijo justo a tiempo para que Vegeta que iba entrando escuchará.


¡Estoy emocionada!– Bulma sonreía frente al vidrio del mando. –Esto será genial… Hace tiempo que me hubiera gustado volver, los Namek son muy amables– Dirigió su mirada a los tres Saiyajin, la sonrisa se borró por un gesto –No los asusten, déjenme a mi hablar con ellos.

–Como sea– Dijo Vegeta expresando el poco interés que tenía en ello, salió junto a los hermanos y Bulma sola se dedicó a aterrizar la nave.

Los Saiyajin tuvieron que soportar la turbulencia generada al entrar a la atmósfera del verde planeta, pero bueno ellos habían dejado solo el mando de la nave a Bulma, que le resultó un poco más difícil de lo que creía el aterrizaje y mientras lo hacía no pudo evitar recordar una situación parecida con Vegeta la primera vez que habían llegado a Vegitasei.

El tiempo pasa muy rápido. En cuánto aterrizaron la princesa corrió a cambiarse la pijama que aún traía puesta y tomar su mochila con todo lo necesario.

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Al bajar todo estaba cómo recordaba, tierras azules y lagos por todos lados. Le parecía gracioso la planta que cubría el suelo en la mayor parte del planeta, parecido al pasto, pero más esponjoso y azul.

–Y este es Namek– Extendió sus brazos sonriendo.

–Hmp– Vegeta observó el planeta, no había nada interesante.

Bulma se estiró, y respiró profundamente, era bueno respirar aire puro y el oxígeno de Namek era muy parecido al de la Tierra.

–Oye Bulma ¿Dónde están las esferas?– Preguntó Kakaroto.

–A pues… No estoy segura, pero los Namekusei nos dirán y si no tengo un plan B

–¿Para dónde?– Preguntó Raditz

–Buena pregunta– Se levantó viendo para cada punto cardinal, ni siquiera eran los mismos que la Tierra, lo sabía, tampoco había un sol que le indicara por donde era –Es cerca de un lago– Evito mirar el ceño fruncido de los tres Saiyajin –No me miren así, es la segunda vez que estoy en este planeta… Ok denme unos minutos en lo que trato de encontrar la ruta que seguí. Bien… Haber, baje de la nave, había una montaña alta y luego me subí a mi moto y...– Mientras Bulma divagaba.

Vegeta harto de la situación solo salió volando, rápidamente Raditz y Kakaroto lo siguieron.

El suave y rápido sonido del viento rompiéndose llamó la atención de Bulma, al voltear se encontró con la nada, miro el cielo y solo pudo gritar –IDIOTAS DESCONSIDERADOS

No los Saiyajin no lo escucharon, pero en cuanto Vegeta se dio cuenta de que algo faltaba gruñó y regresó. Raditz solo pudo reírse y Kakaroto se río acompañando a su hermano.

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Estaba enojada, cuando lo vio bajar no le dio tiempo de quejarse, el la tomo en brazos y salió volando.

–Ah– Se sostuvo de su cuello por tan repentino movimiento –Te odio

Vegeta la ignoro.

Bulma dejo su enojo a un lado disfrutando la vista, una de las ventajas de volar.

(…)

–Ahí– Señaló Bulma el claro asentamiento en medio de lagos –Estoy emocionada

Los 3 aterrizaron, la princesa bajo de los brazos de Vegeta y corrió a las casas.

–Parece que no hay nadie– Dijo Kakaroto

Cuando ella se acercó pudo ver a dos pequeños Namekusei –¡Hola!

Los pequeños de túnicas blancas en cuanto vieron a Bulma gritaron y salieron corriendo dejando muy desconcertada a la chica.

–¿He? ¿Qué pasa?

–Parece que los asustaste– Dijo Raditz mientras observaba el pequeño pueblo que parecía desértico.

–¡Como que los asuste! Seguramente fuiste tu…– Camino entre las casas –Hola...Hola… ¿Hay alguien? Namekianos…

Los tres Saiyajin caminaron, pero en cuánto Vegeta sintió alguien detrás y al dar la vuelta lo confirmó, un extraterrestre Namekusei alto de piel verde y dos antenas pequeñas, un chaleco simple y el pantalón blanco y holgado.

–¿Qué quieren?– Preguntó con una voz fría. –No son bienvenidos les pediré que se vayan

Ninguno se inmuto ante las palabras –Tenemos asuntos aquí Namek…

–¿Y cuáles son…– El no terminó su pregunta cuando Bulma se divisó entre las casas. –La humana

–¿He? ¡Hola! Me recuerdas vine aquí hace unos años ¿Cómo estás?

El Namekusei la vio con seriedad, el si la recordaba, había estado presente en su primera visita.

–Tu eres bienvenida– Dijo, pues conocía las intenciones de Bulma y sabía que no era malas ya se los había demostrado años atrás. –Pero ustedes ¿Qué hacen aquí?– Preguntó una vez más a los Saiyajin.

–Vienen conmigo no te preocupes… ¿Oye dónde están los demás? La última vez que estuve aquí me encontré un paisaje muy diferente a este.

–NO SON INVASORES– Grito el de piel verde y pronto varios de la misma raza salieron de las casas, los que reconocieron a Bulma se acercaron a saludarla.

–Nos da gusto verla de nuevo– Dijo uno de los Namek, se miraba de una edad avanzada y de un tono de verde más oscuro.

–Señor Moori a mí también me alegra mucho verlo de nuevo

–Humana Bulma también nos alegra tener gratas visitas… ¿Que los trae a nuestro planeta?

Bulma mantenía su sonrisa, pero con menos efusividad –Yo… Estoy viviendo una situación que… Yo necesito su ayuda.

El Namek asintió –Entonces necesitas hablar con el gran patriarca

–Estoy un poco desubicada, jeje, amm podría recordarme por donde es.

El Namek Moori asintió, caminó unos pasos hasta llegar al Namek que los había recibido.

–Llévalos con el patriarca por favor.

Este asintió. Para luego a acercarse al grupo. –Síganme… Humana Bulma puedo llevarte si es lo que quieres. Tendremos que volar por la distancia.

–Solo dinos donde es– Hablo Vegeta antes de que Bulma pudiera decir algo. Esto causo una sonrisa en la princesa y se preguntó cómo debía tomar aquellas acciones ¿Celos? Negó, Vegeta estaba muy lejos de sentir eso.

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Mientras volaban Vegeta sintió las manos de Bulma sobre su cuello más tensas de lo normal –¿Qué te pasa?– Preguntó antes de ser consciente de que lo había hecho

–¿He?... Bueno es que… estoy emocionada, pronto tendremos las esferas y aunque no sepa cual sea tu deseo aun, creo que será fascinante, ellos me contaron que de las esferas salía un gran dragón y luego todo el cielo se oscurecía… Suena genial verdad, anoche no pude dormir de la emoción.

A Vegeta aun le costaba a entender a Bulma, por momentos era enérgica y decidida, luego fastidiosa y orgullosa, tenía de todo, mientras seguían al Namek pensó una vez más en que pediría. Este pensamiento había sido recurrente para él en los últimos días, mientras entrenaba en la cámara de gravedad, o antes de dormir.

El planeta era grande, pero el trayecto no duró tanto, el lugar a donde se dirigían estaba relativamente cerca, en un alto y curioso monolito entre uno de los tantos lagos. En la cima un templo blanco de la misma arquitectura de las casas que antes habían visto permanecía.

Al bajar la puerta del tembló se abrió elevándose en el aire y rompiendo cualquier ley de gravitación que pudiera existir en ese planeta, aunque sólo Bulma había pensado en ello. Un Namek muy parecido a él que los había llevado salió.

–Me da gusto verte de nuevo Bulma– Saludo con parsimonia el Namek

–A mí también Nail

La mirada de desconfianza se posaba sobre los Saiyajin y estos no eran indiferentes de ella, una vez más la aclaración de Bulma sobre que eran sus acompañantes calmó a los extraterrestres de piel verde y por fin entraron. El primer nivel estaba vacío, solo una escalera alrededor de la pared que conducían al siguiente piso se perdían entre el lugar por ser del mismo color que el resto de la construcción.

–Subamos– Dijo Nail mirando hacía el techo donde se encontraba una abertura para ingresar al segundo nivel. Todos empezaron a flotar y antes de que alguien dijera algo Bulma camino a las escaleras.

–Yo tomaré las escaleras– Aclaró, para luego arrepentirse de tan absurdo comentario. Era divertido volar, pero cuando lo haces en brazos de otros te sientes una carga y Bulma no sería eso. Su orgullo se lo impedía.

Por fin el último escalón y por todas las miradas que recibió se dio cuenta que había tardado más de lo que ella pensó. Miro hacia abajo, eran varias escaleras. No era su culpa. La sonrisa de la princesa se dirigio al gran Namek sentado en lo que parecía un trono, mucho más grande que cualquiera ahí. Con disimulo vio a los Saiyajin ¿Acaso no estaban sorprendidos del gran tamaño de ese Namek? Ella cuando había conocido al patriarca había tenido una reacción completamente diferente, tango para incluso causarle un pequeño grito.

–Humana Bulma. Creí que nunca volvería a verte… Dime ¿Quiénes son estas personas que te acompañan?

–Se que prometí dejarlo en paz, pero necesito su ayuda es por eso que me atreví a venir.

El gran Namek asintió, mantenía una ligera sonrisa de tranquilidad en el rostro, sabía que la humana no tenía malas intenciones. Sin embargo, los otros tres seres que la acompañaban no tenían un aura de la cual pudieran estar orgullosos en particular uno de ellos resaltaba de los tres; el más bajo.

–¿Quién te acompaña?

–Él es Raditz, y el Kakaroto– Señaló ambos –Amigos míos de la raza Saiyajin… Y el es mi esposo el príncipe Vegeta.

–¿Tu esposo?– El patriarca sonrió –Recuerdo ese término del que me contaste, las razas que deciden unirse a un ser para pasar el resto de su vida.

Ella asintió. Ocultando completamente el trato y todo lo que había detrás de su arreglado matrimonio

–Entonces también son bienvenidos

Vegeta había permanecido en silencio observando y cuestionando todo en su mente, no dijo nada una vez más cuando fue presentado como el compañero de Bulma. Era una estrategia ¿Cierto? Ya nada los unía, la marca en su pierna y muñeca era eso solo una marca.

–¿Ocupas las esferas?– Preguntó Nail

–Si… Hay un enemigo que a causado mucho daño, mató a muchas personas y si no lo detenemos la devastación será terrible. También queremos recuperar lo perdido…

–¿Dónde están las dichosas esferas?– Interrumpió Vegeta altanero.

La princesa lo fulminó con la mirada.

El patriarca y Nail compartieron una mirada, no confiaban en ese sujeto.

El ambiente se volvió tensó y cualquiera podía sentirlo. Bulma ideaba una manera rápida de salir bien librada de ello.

–Vegeta. Sé que estás enojado por lo sucedido, pero cálmate… Gran patriarca el enemigo es llamado Freezer y necesitamos terminar con él.

–Está bien, confío en ti niña, espero las decisiones al lado de estos hombres sean correctas. Puedes usar las esferas, los tres deseos son libres para tu uso.

–Gracias… Espere ¿3?

Él asintió

–¡Genial!

–Pero me gustaría saber qué es lo que van a pedir

Vegeta no prestaba atención a la conversación desde hace minutos sus sentidos se mantenían centrados en energías entrantes al planeta, eran muchas, pero no podía identificar que eran. Era como si estuvieran aislados, como si algo los rodeará. Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando el silencio se apoderó del lugar y las miradas solo se dirigían a él.

–¿Qué va a pedir príncipe?

Vegeta gruñó, necesitaba la manera de vencer a Freezer, pero ¿Qué o Cómo?

–Necesito la fuerza para derrotará a mi enemigo…

El patriarca asintió –Es algo subjetivo, no te parece. Las esferas del dragón que creamos hace tanto tiempo fueron con la idea de recuperar también lo que perdimos, pero no todo en esta vida es posible de tener con un deseó. Las esferas tienen limitaciones, puedes revivir a cualquier persona que desees, pero solo una por deseo y no puedes matar directamente a nadie.

Simples palabras que dictaron el sentir en todos ahí. "Solo se puede revivir a una persona por deseo" Y eso significaría solo tres Saiyajin de vuelta a la vida, Y a quien más afectó fue a la peliazul que se quedó muda. Las palabras retumbaron con fuerza en su cabeza. Sintió su boca seca, una molestia en su garganta cuando escucho que aquello que había imaginado no podía cumplirse. Se sintió culpable por qué le había dado esperanza a Vegeta y ahora se había roto en mil pedazos, había prometido traer a todos junto al planeta y eso ya no sucedería. Miro a los tres y se sintió mal.

–¿Bulma?– Le Habló Nail

–Yo… Es que… Yo jamás pensé que… Lo siento

Vegeta sabía perfectamente que las disculpas eran para él, pero no le dio importancia, y no por qué no le interesará estaba decepcionado e incluso enojado, pero su prioridad era vencer a Freezer.

–Creo que sería bueno que ustedes terminen con esto… Amm yo me voy– Habló Bulma sin decir otra cosa bajo las escaleras, no quería que la vieran cómo en ese momento se sentía.

Nadie la detuvo, salió y entre sus cápsulas busco cualquiera que la ayudará a bajar la alta montaña. Un vehículo deslizador fue su ayuda, se montó en él y salió volando.

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Vegeta se mantenía con los brazos cruzados. Sentía varios ki a la distancia, y rogaba que lo estuviera imaginando. Pero cuando los scoutter de los hermanos sonaron. Solo confirmó sus sospechas.

–Vegeta se detectan varios Ki fuertes del otro lado del planeta, es extraño.

–Ya lo noté.

–¿A quién esperan Namek?– Preguntó con una voz fría.

–Nadie…

–Hay que investigar– Dijo Vegeta y sin decir más salieron del templo. Mientras volaban les indico a sus compañeros que destruyeran sus scoutter.

–¿Por qué Vegeta?

El mantenía su vista fija en un punto lejano del verde cielo, recordó las palabras de su informante Garrula. "La muerte de los Saiyajin se expandió como espuma, creme no esperaba verte de nuevo. Curiosamente soldados de Freezer han pasado por está estrella y otras cercanas, es como si buscaran algo por esta zona, sabes que eso no es normal, no hay planetas habitados en esta galaxia solo es un camino de paso. Lo mejor que hay en millones de años luz de estas áreas son estas pocilgas de estrellas. Dicen que Freezer a estado buscando algo por mucho tiempo. También se le a visto en otras galaxias similares a esta, incluso más alejadas, no hay otra cosa que te pueda decir"

Qué tan probable sería que aquello que mantenía a Freezer en esa zona fueran las esferas. Y si ese fuera el caso estaban en muchos problemas.

–¿Por qué tenemos que destruir los scoutter Vegeta?– Insistió Raditz.

–Por qué Freezer está en este planeta…

Ya no tenía duda entre más se acercaban más sentía ese ki insufrible y despreciable, y no venía solo, una flota de soldados lo acompañaba.

Raditz y Kakaroto no esperaban escuchar eso, ya nadie dijo nada, la desdicha creció cuando se acercaron y pudieron ver la gran nave del emperador del universo en medio de la nada, con decenas de soldados bajando.

–Vegeta hay que irnos, larguémonos de aquí antes de que Freezer nos detecte…

Pero no el príncipe no se movió, se mantenía estático en el aire maldiciendo todo lo que podía era posible.

–Vegeta… Si Freezer sabe que…

–¡Silencio!– Vegeta sabía que una lucha directa con Freezer estaba muy lejos de sus posibilidades. Esto lo enojaba, lo humillaba, le hacía recordar todos los años, sus malditos años de vida en los cuales le había servido por ser débil. Su único objetivo era derrotarlo. Pero eso no era posible y si lo sabía.

Lo cual solo le afectaba más. Su maldita suerte, aquella que dictaba su vida lo había llevado una vez más a vivir la peor situación.

–Vegeta Bulma está sola– Habló Kakaroto

Con esto por fin Vegeta reaccionó y con un gruñido salió volando, justo a tiempo cuando el emperador salió de la nave.

(...)

El emperador del universo había esperado ese día por meses desde que había encontrado el planeta su rumbo había tomado. Siempre creyó en aquel cuento de soldados renegados "Las mágicas esferas que concedían deseos" Se informó, mató y busco hasta que dio con el planeta. Por fin su deseo "la inmortalidad" sería concedida y así no habría ser en la faz del universo que pudiera si quiera enfrentarlo.

Su viaje a Namek había sido largo, después de la muerte de los monos por fin libre de cualquier problema tomó camino, sin embargo, problemas con sus nuevas bases de soldados interrumpieron su tiempo de viaje. Pero por fin ahí estaba en el extraño planeta.

–¿Qué señales detecta el scoutter soldado Dodoria?

El corpulento soldado de piel en picos rosas se mantenía del lado derecho del emperador. Presiono el botón superior del lente sobre su ojo, pronto el informe paso a través del lente dando señales que no agradaron mucho.

–Señor se detecta un ki particularmente alto cerca de aquí, está acompañado de 2 más pequeños… cerca también hay un asentamiento con al menos 50 seres de bajos niveles, casi nulos…

–Interesante...– Habló el emperador ligeramente curvado en su flotante asiento… –Soldados… Diríjanse a ese pueblo necesito información.

–De inmediato señor– Un grupo de 15 soldados con armas en mano tomaron vuelo.

En cuanto estos se perdieron de la vista el emperador giro en su silla –Vamos Dodoria hay que investigar este planeta. Lo que buscamos es muy valioso para estar en un lugar tan mísero cómo un pueblo de tan pocos habitantes, debe haber algo más… Especial– De igual manera partieron con un grupo de soldados siguiéndolos.

(...)

Bulma estaba triste. Se había alejado lo suficiente hasta que divisó un pueblo cercano, no llegó, se quedó unos kilómetros lejos. Sentada en la nada del azul pasto, busco entre sus cápsulas aquella especial en donde guardo el segundo prototipo del radar que había construido hace años. Segundo porqué el primero había sido destruido junto al planeta Vegitasei. Durante los últimos días en la nave había estado trabajando en el.

Se acostó en el pasto con el radar entre sus manos, cerró los ojos cansada. Soltó todo el aire que mantenía en sus pulmones mientras se adentraba en sus pensamientos. Fue cruel darse cuenta de que había sido muy tonta al parecer una simple luciérnaga siguiendo una luz de esperanza, y con ella había llevado a Vegeta, Raditz y Kakaroto. Se movió ahora utilizando uno de sus brazos como soporte para su cabeza recostada sobre un lado del cuerpo, cerró a un más fuerte los ojos pensando que los Saiyajin ya no volverían. Había conocido pocos y siendo sincera ninguno la había tratado bien o lo suficiente para ganarse su cariño, pero nadie merecía morir de la manera en que ellos terminaron. Se dio cuenta que estaba condenada junto a Vegeta a seguir algo inexistente. Y eso era muy cruel, ahora Vegeta la odiaría, la odiaría por haberle dado esperanza. Tenían las esferas podían pedir cualquier cosa, menos la que le había prometido, porqué ni la muerte de Freezer podían conseguir ni regresar las vidas pérdidas.

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El tiempo pasó rápido, no lo sintió, prometía así misma reponerse, levantarse y salir a buscar las esferas. Por lo menos se las daría a Vegeta.

Se sentó tallando sus ojos tratando de ocultar el resto de las lágrimas que habían escapado furtivamente de sus azules ojos.

Encendió el radar que después de un pitido en una negra pantalla líneas verdes resaltaron con cuadrantes de un plano cartesiano y tomando cómo centro su localización. Por lo menos la esfera estaba cerca, en el pueblo que había visto tiempo atrás, subió a su vehículo y tomó rumbo al pueblo.

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Los Namekusei una raza pacífica no esperaban lo que ese día el destino les deparó. Mucho menos la pequeña aldea que un día como otro normal cada habitante se disponía con sus tareas, cultivos, construcción, enseñanza. Todo estaba bien, los niños jugaban, los adultos trabajaban. Pero la paz terminó cuando un grupo de soldados extraterrestres aterrizó.

Cada aldea en Namek tenía un aprendiz directo del gran patriarca que cuidaba del bienestar de los suyos.

Cuando vio llegar a los extraños se acercó para preguntar –¿Quiénes son?

–Soldados del gran imperio frío

–¿Qué desean?

–Las esferas del dragón AHORA

El Namek indicó con una mirada a los que estaban cerca que se fueran, los pequeños viendo el peligro y miedo al ser apuntados por armas corrieron buscando un refugio. Pero él ejército de Freezer era conocido por la barbaridad de acciones, la muerte de 2 niños y un adulto que trató de protegerlos dió pie a la devastación.

–HABLA O MATAREMOS A TODOS.

Al líder de la aldea el Namek Shinbar por proteger a su pueblo no tuvo opción, escoltado por tres soldados con armas apuntándole caminaron hasta el centro de la aldea y enterrada sacaron la esfera perfecta de color naranja brillante con dos estrellas en ella.

Shinbar miro con dolor su pueblo ser masacrado por qué a los soldados no les importo cumplir su palabra en cuanto la esfera tuvieron las armas se dispararon y todo se cubrió de sangre.

La mitad de los soldados se fue con la misión cumplida mientras un grupo de 5 se quedó inspeccionando minuciosamente el pueblo por si había algo más que encontrar.

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Bulma siguió las coordenadas del radar, se dió cuenta que la esfera se alejaba.

–Se está alejando muy rápido, seguramente son los chicos– Presiono el acelerador, pero se dio cuenta que nunca los alcanzaría. Con algo de fastidio sintiéndose inútil decidió bajar en el pueblo para preguntar y también saludar, la población de Namek no era grande y hace años en su visita había conocido a muchos.

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Nada la preparó para lo que la esperaba al bajar. Sintió sus piernas perder fuerzas y también su respiración se pauso con dolor. Todos estaban muertos ¡Muertos! El azul de la tierra competía con la sangre morada esparcida, su corazón se rompió y el llanto llegó a ella cuando vio tres pequeños cuerpos juntos. ¿Qué había pasado? Se asustó cuando pensó en Vegeta, ella no era ajena al conocimiento de lo que se dedicaba, era una raza guerrera, lo sabía, su padre le dijo y lo vio en persona.

¿Acaso Vegeta había sido el responsable?

–No, No...– Repetía ya con la cabeza agachada y de rodillas, sus piernas la habían dejado de sostener. –¿Por qué?– El pensamiento repentino se fue. El responsable de esa masacre no era Vegeta, no tenía ningún sentido, se acercó al grupo de tres niños que sobre el suelo sus cuerpos estaban, tomo uno entre sus manos y al cargarlo la fría piel rígida la golpeo de una manera que la hizo romperse, lloro, ahora verdaderamente ella un llanto con agonía.

Escucho ruidos entre las casas pensando que era alguien se levantó.

–Hola…– Limpio sus lágrimas después de dejar al pequeño Namek en el suelo lo más suave que podía –¿Hay alguien? Soy Bulma… La humana… ¿Qué pasó aquí? Por favor.

Una risa detrás de ella y algo a su espalda pasando entre su cabello, la obligó a voltear. Todo sucedió en un mismo instante en el que el tiempo pareció ir a cámara lenta, su corazón se aceleró como si quisiera compensar la lentitud anterior, o al menos esa sensación es la que tuvo la pelíazul. Detrás de ella un extraño ser que claramente no era Namek la miraba con lacividad mientras sostenía un arma directamente en ella.

–Pero qué criatura tan interesante– Dijo otra voz ahora frente a ella dos seres más los tres de diferentes especies, el que tenía más cerca le recordaba a un pulpo, los demás sus rasgos eran humanos, pero sin orejas y de pieles naranjas.

La ansiedad comenzaba a apoderarse de ella. Ahora sabía quiénes eran los responsables de las muertes y estaba desprotegida a su Merced.

–¿Cómo te llamas preciosa?

Ella no hablo, tal vez no podía por los nervios, no era la primera vez que alguien le apuntaba con un arma o violentaba su vida prometiéndole la muerte, pero nunca en una situación parecida.

–No puedes hablar, tal vez no nos entiendes

El hombre a su espalda se acercó más, con la punta del arma rozó su cuello lo que solo la puso más nerviosa.

–¿Dónde están las esferas del dragón?

Una vez más no contestó, su mente trabajaba a mil por hora para salir de esa situación, sus armas estaban encapsuladas y tres contra ella era desventaja pura.

–¿Dónde están las esferas insistió?

Bulma jamás revelaría nada de las esferas mucho menos a esos asesinos, su desafiadora personalidad se vio reflejada.

–Me preguntas como si te fuera a contestar

El hombre que la apuntaba alejó el arma y se paró enfrente junto a sus dos compañeros.

–Entonces si hablas.

–Claro no soy estúpida como tú comprenderás.

–Bonita y grosera ¿No creen que es el paquete completo amigos?

Los dos soldados rieron luego de pronunciar algo en algún otro idioma.

Bulma se estremeció en su miedo, necesitaba salir de ahí ¡YA! Su vehículo a unos metros, su única salvación pocas las probabilidades.

–No te hagas tonta conmigo no eres de este planeta. Ahora dinos ¿Quién eres?

Bulma no contesto, dió un paso atrás y una vez más las armas le apuntaban.

–No vas a hablar, bueno eso solo hace la situación más divertida.

Lo siguiente que recibió fue una fuerte cachetada que marcó todo su rostro, cerró su mandíbula con fuerza para no gritar ni llorar.

–Tienes que ser más concreta ¿Dónde están las esferas del dragón?

–Las esperanzas son peligrosas. Así que no las tengas no te voy a contestar– Habló con dificultad. Recibiendo una fulminante mirada.

Por fin sus pies reaccionaron el instinto de sobrevivir la hizo correr con ingente fuerza, cayó junto aún agudo grito cuando la energía del arma dio cerca de sus pies.

–AHHH– Grito aún más cuando sintió unas manos en su cintura elevándola por los aires. Se movió como un gato en un costal, pataleo y gritó. –Bájame, BAJAME

–Ya Bulma– Dijo una gruesa voz.

Entonces al voltear Bulma se sorprendió –¡Raditz!

El Saiyajin solo le brindó una ligera sonrisa, y se detuvieron viendo desde lo alto la aldea donde Vegeta seguro con una mano extendida frente a tres cuerpos ahora los miraba. Una pequeña explosión en una casa dio vista a Kakaroto, y vio otros dos cuerpos tirados frente a él.

-...

-...

-...

Salieron volando aprisa. Bulma ocultó su rostro del viento que lastimaba su piel.

Aún no entendía nada de lo que estaba pasando. Vegeta, Raditz y Kakaroto llegaron a la aldea siguiendo la sutil energía de Bulma comprobando que estaba en problemas, actuaron sin dudar. Vegeta con ira se acercó a los soldados en cuanto la princesa salió corriendo y terminó con sus vidas asegurándose de que les doliera.

(...)

Bajaron entre las montañas. Vegeta observó a Bulma buscando cualquier herida, solo la piel de su mejilla izquierda enrojecida con una marca le indico un golpe, nada más que pudiera ver, solo sus azules ojos a punto de llorar.

–Fue horrible… Ellos mataron a todos. ¿Qué está pasando? ¡Ellos también están buscando las esferas!

Vegeta se acercó a la montaña y sin ningún atisbo de lógica la golpeó causando grietas y el derrumbe parte de esta.

–MALDICIÓN

Después de eso el príncipe sintió las miradas, regresó a su compostura, cruzado de brazos.

–¿Por qué hiciste eso Vegeta?– Preguntó ella atónita. –¿Qué está pasando? ¿Dónde está el patriarca?

Raditz también se mantenía escéptico a lo que estaba pasando. Aunque los arranques de ira eran comunes en su príncipe. Sabía que la situación con Freezer era tensa.

Por otra parte, Vegeta mantenía la vista fija a Bulma

–¿Vegeta?

El ambiente se volvió tensó, los 4 entendieron que no debían pronunciar nada. El príncipe estaba muy serio y sus gestos no enmarcaban o daban señal de lo que estaba pasando y menos Bulma entendía.

–Freezer está en este planeta– Dijo rompiendo el silencio. –Los que te atacaron son parte de su ejército.

Bulma no podía creer lo que oía, se desconectó un momento del mundo buscando el ideal que su mente necesitaba para poder creer. Mejor dicho, comprender que realmente Freezer estaba en ese planeta.

–No– Dijo en un muy bajo murmuró –No puede ser.

Cada uno daba conclusión propia de lo que estaba pasando. Mientras la ira cubría a Vegeta, el desconcierto en Raditz y Kakaroto, Bulma contrajo sus manos con miedo.

–¡No podemos dejar que Freezer consiga las esferas!– Se levantó de golpe y gritó.

Vegeta gruñó. No podía creer que realmente su suerte fuera tan mala. El destino lo quería muerto enterrado bajo la tierra y su humillación total.

–¿Y ahora?– Kakaroto preguntó rompiendo el silencio que se había mantenido entre todos.

–No se– Dijo Vegeta arrepintiéndose de inmediato, era un pensamiento que había escapado de sus labios.

Raditz se movió frente a Bulma –¿Estás bien?

La princesa nerviosa. Crispó su rostro, no entendía y le daba miedo lo que estaba pasando, se preguntó y no solo ella ¿Qué podría hacer Freezer con aquel poder ilimitado? ¿Qué sería capaz de pedir? Cualquier cosa no era buena y de eso estaban seguros.

Bulma llevó las manos a sus ojos mientras se recargaba sobre sus rodillas –No, no–

-...

-...

-...

Vegeta sabía que una lucha directa con Freezer estaba muy lejos de sus posibilidades. Esto lo enojaba, lo humillaba, le hacía recordar todos los años, sus malditos años de vida en los cuales le había servido por ser débil. Su único objetivo era derrotarlo. Pero eso no era posible y si lo sabía.

Lo cual solo le afectaba más, dirigió su mirada a Bulma sin moverse de su lugar, estaba asustada y tensa, seguía lamentándose la situación cosa que también hacían ellos, pero no lo expresaban.

No podía vencer a Freezer, sin embargo, eso no significaba que no lo haría hasta que su vida se consumiera con una derrota o ganar. No podía permitir que Freezer consiguiera las esferas, si eso llegaba a pasar sus posibilidades contra Freezer serían peores y en su situación eso era terrible.

–No podemos dejar que tenga las esferas– Murmuró Bulma.

El príncipe aún no quitaba su mirada, no tenía palabras para contestar a lo que ella anhelaba.

–Raditz, Kakaroto. Vayan a investigar y mantengan un perfil bajo, aunque ya no tienen sus scoutter a un pueden detectar su ki.

Los dos asintieron y salieron volando.

(...)

–¿Qué está pasando Vegeta?– Dijo Bulma ahora sentada con las piernas retraídas a ella.

–Sentí una presencia pensé en Freezer, solo cuando me acerqué y vi su nave pude comprobarlo. Está aquí junto a un grupo de soldados.

….

–No podemos permitir que tenga las esferas.

Vegeta negó –Eso es obvio– Dijo altanero.

Lo que solo hizo enojar a Bulma –¡No necesito tu maldito mal humor Vegeta…!

–¡Y yo no necesito tus gritos humana!

–¡No me digas humana!

–Eso eres.

….

El silencio los envolvía. Y la princesa se cuestionó todo y recordó con pesares lo que implicaba las esferas. La promesa rota de una esperanza creada.

–Vegeta

Él no la miro, pero era obvio que estaba escuchando.

–Perdóname por lo de las esferas, yo no sabía que solo podíamos revivir uno a la vez.

El príncipe rodó los ojos –¿Qué importaba eso?

–Te di esperanzas de ver de nuevo a tu familia.

Vegeta recorrió el rostro de la peliazul deteniéndose en su mejilla, el golpe empezaba a reflejar los estragos. Luego la miró directo a los ojos. Se sentó a un lado recargándose en la misma piedra que ella.

–Tus sentimientos humanos son estúpidos.

–¿Qué?

–No me afecta cómo a ti.

–¿Pero?

–La gente muere, que importa.

–¿Pero?

–¡Muertos Bulma! Muertos, no los necesito a mi lado, ni el planeta ni nada…– Sus palabras eran crueles, pero él era así.

Bulma lo miró sin entender, ahí estaba el Saiyajin con el que se había casado. El cruel guerrero sin sentimiento orgulloso, altanero, que menosprecia sin importarle nada.

–Además– Habló él rompiendo el silencio –Tenías razón yo no los traería de vuelta hasta que Freezer este muerto y no está muerto verdad.

Ella movió su cabeza negando.

–Entonces no importa

Esas palabras la hicieron sentir un poco mejor. Tal vez eran ideas suyas o el trataba de decirle a su manera que la perdonaba. Si seguramente se lo estaba imaginando, pero prefería quedarse con esa idea.

–Vamos– Dijo él levantándose.

–¿A dónde?– También se levantó.

–A tu nave, regresaras al planeta

Esto trajo muchos malos recuerdos a la peliazul y un trago muy amargo –Ho no esta vez no– Se alejó de él recordando cómo la había forzado a salir de Vegitasei la vez anterior.

Vegeta sonrió ligeramente con burla –¿Y qué harás aquí? Enfrentar a Freezer. Humana débil.

–Estúpido Saiyajin, no me iré. Deja de burlarte no conseguirás nada con eso. ¡Te traje aquí entonces también te sacaré de aquí!

Vegeta borró su sonrisa pues sabía que ella no mentía.

–No me interesa

–¡Pues a mí sí!

-...

-...

-...

Bulma se sentía derrotada, mal, triste por todo ese cúmulo de situaciones y sentimientos.

–Prometí no molestar a los Namek y mira parece que a mí llegada solo les traje muerte– Habló viéndolo.

–¿Y?

–Me siento responsable.

–¿Tu trajiste a Freezer?

Ella negó

–Entonces deja de lamentarte… Estamos aquí, no me importa si me cuesta la vida, no dejaré que Freezer tenga las esferas.

La princesa se mordió el labio apartando la mirada de él. –Esto se ha vuelto una misión suicida…

–Esa es mi vida.

–No me gusta estarme acostumbrando a comentarios así...– Bulma suspiró –El que Freezer obtenga las esferas no solo nos condena a nosotros sino a todo el universo y aunque sé que solo tú importas en tu pequeño mundo nuestros intereses son los mismos, el cual es a un Freezer muy lejos de las esferas.

Vegeta se cruzó de brazos, se inclinó un poco a Bulma que siendo la diferencia de altura tan poca quedó muy cerca de su esposa solo logrando que ella se sonrojara como adolescente.

–¿Y qué quieres decir con eso?

–Que ya que un día un trato junto nuestras vidas, llevemos más allá ese trato y hagamos algo más. Algo que nunca estuvo en los planes que unieron nuestras vidas.

–¿Más? ¿Cómo qué? No estás siendo muy concreta.

Sentirlo tan cerca la ponía nerviosa –No dejaremos que Freezer obtenga las esferas, aunque nos cueste la vida.

–¿Y por qué estás tan segura de ello?

–Por..por qué ellos no tienen el plan B

Vegeta entrecerró su mirada y se alejó un poco de ella –¿El plan B?

Bulma asintió –Los Namek tienen las esferas, pero no dejarán tan fácil que un ser como Freezer las obtenga… El tardará más en reunirlas y nosotros al tener el plan B las conseguiremos mucho más rápido.

–¿Y que es el plan B?

–Esto– De entre los bolsillos de la mochila sacó un aparato que enseñó orgullosa –Este Vegeta es el plan B… El radar del dragón– Presiono el botón de la parte superior y se mostró un punto amarillo –Yo lo construí, detecta la energía de las esferas y aunque Freezer ya tiene una, ahora la ventaja está de nuestro lado.

Vegeta negó ¿Por qué no le sorprendía eso de Bulma? Siempre supo de su inteligencia y probablemente solo ella haría algo así. Vio el radar y luego su mano, la misma con la que lo sostenía aquella con la marca del emblema de su raza.

Por un momento los problemas se fueron fijó sus sentidos en ella, y luego negó. Esa mujer humana, gritona, orgullosa, y tenía muchos adjetivos más para describirla, pero también y sin negarlo atractiva.

¿Ya que importaba? La vio entretenida con el radar identificando hacía donde ir. Se acercó a su espalda la tomó de la cintura y sin darle tiempo de reaccionar le dió la vuelta acercándola a él, muy cerca, demasiado.

Escucho su corazón acelerarse y la mirada de los azules ojos solo le indico lo desconcertada y nerviosa que estaba.

–¿Vegeta?– Bulma estaba tan nerviosa de tener a Vegeta tan cerca y repentinamente que se sorprendió de ser capaz de articular palabra.

El agarre en su cintura era seguro con un solo brazo y supo no podría alejarse. Vegeta mantenía una cínica sonrisa en su rostro, por un motivo le gusto verla así.

Dejó de importarle la situación, ella era atractiva y el no era indiferente, puso más firmeza en su agarre de la pequeña cintura y sin previo aviso para ella termino con los centímetros que los separaban.

Sus labios juntos y ella atónita por un momento no supo qué hacer, era suave y a la vez ferviente, cómo Vegeta era, seguro. Correspondió al movimiento de los labios y por fin todo encajo, ambos tomaron los labios del otro con recelo y ella dejó los nervios para llevar sus manos a el pecho de él. Demostrando tal vez algo que ambos tenían tiempo imaginando.

Se separaron y Vegeta la soltó, la vio más sonrojada y lo único que fue capaz de hacer después de su desliz de atracción fue tomar el radar que aún sostenía Bulma, dar la vuelta y caminar.

–No te quedes ahí Bulma, tenemos que buscar las esferas.

–…?... Si– Habló sin creer lo que acaba de pasar.


Gracias por leer espero les gustara, siento que me estoy tardando mucho en actualizar, por lo que prometo este domingo tienen un nuevo capítulo de esta historia.

¿Les gusto el capitulo? Espero haber cumplido sus expectativas con la primera interacción de la parejita, ya necesitaban algo más, como ustedes comentan ya están casados, merecían un verdadero beso y Bulma de verdad no lo esperaba.

Saludos, y bonito fin de semana. Nos leemos pronto.