Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, excepto por algunos que yo misma he creado para poder narrar la historia. La historia no es mía, ya que me he inspirado en una película hindú llamada "Kuch Kuch Hota Hai" que en español significa "Algo sucede en mi corazón."
Lo que está en cursiva significa que es una escena del pasado y los tres puntos un cambio de escenario.
CAPÍTULO DIEZ
UN ENCUENTRO Y UNA NUEVA RELACIÓN
Hiashi sobaba su sien, por más que intentaba hacer cuadrar los números las cuentas no salían, sabía que no debía haber invertido en aquellas acciones, pero era la única solución que tenía en aquel momento para salvar su empresa. Aunque ahora lo sabía, había sido una muy mala decisión; el futuro de la corporación Hyuga se estaba balanceando y no tenía muy buena pinta de hacia donde se dirigía.
Las cosas se habían puesto peor al perder el contrato de publicidad del producto estrella que iba a revolucionar el mercado, haciendo que el banco ya no les quisiera dar más créditos, sumando que la deuda era tan grande que podrían embargar su casa, sencillamente ya nada podía salir peor, o al menos rogaba por ello. No entendía como en un par de meses su pequeño imperio se estaba empezando a venir abajo después de tanto esfuerzo que había invertido, todo parecía una mala jugada del destino, burlándose de él.
Su esposa solo lo miraba en silencio, preocupada por su estado de salud, tenía la presión muy elevada a causa de todo el estrés que estaba recibiendo, ya no sabía que más podía hacer para aligerar su carga, estaba muy preocupada de que colapsase en cualquier momento. Tanto Hanabi como su sobrino, eran perfectamente conscientes de lo que estaba ocurriendo y no eran los únicos, ya que hasta la propia servidumbre lo notaba, pero nadie osaba hablar sobre el tema, para que así el patriarca Hyuga estuviera tranquilo y no se preocupase.
La situación había empezado porque uno de los socios más importantes de la corporación de publicidad Hyuga había desaparecido de repente, junto con una gran suma de dinero que había dejado grandes pérdidas dentro de la empresa, aquello ocasionó que Hiashi tomase una decisión arriesgada, que al final no había salido bien, pero al menos había conseguido ganar algo de tiempo.
Hana caminaba concentrada por las calles de Suna, pensando en todo lo que estaba ocurriendo, estaba tan metida en sus pensamientos que no se fijó al cruzar la acera en ese coche que estaba pasando, pero para suerte de ella el conductor fue más rápido y logró esquivarla, solo asustándola. Con velocidad el desconocido bajo de su auto y fue a ver qué tal se encontraba la mujer que se había caído por el susto.
—Se encuentra bi…—pero sus palabras se quedaron cortadas al ver esos hermosos ojos perlas. —¿Hana? ¿Eres tú, Hana? —preguntó sorprendido, ayudándola a levantarse. No podía creer que de verdad estaba frente a ella, hacia tanto que no sabía sobre la peliazul.
Cuando ella miró al extraño se quedó tremendamente sorprendida al ver de quien se trataba. Hacía más de 14 años que no veía a su querido amigo y compañero de universidad, Hamura Otsutsuki. Todavía recordaba como Hinata seguía a su hijo a todas partes, mientras que Neji molesto intentaba alejarlos, Kiba solo seguía el juego para molestar a su sobrino y Shino miraba callado negando. Ambos tenían muchas cosas de las que ponerse al día, no se habían puesto en contacto en años, por lo que después de ese pequeño accidente fueron a la cafetería que solían ir cuando eran jóvenes a tomar un rico trozo de pastel junto a esa amarga taza de café que tanto les gustaba.
Reían mientras recordaban anécdotas de cuando apenas eran unos adolescentes, de todo lo que pasaron juntos, sus aventuras y salidas. La Hyuga estaba muy feliz, volverse a encontrar con su amigo le parecía increíble. Hamura por su parte, estaba más que encantado de verla, había añorado tanto a su vieja compi, que al volverla a tener delante no se lo creía. Desde que se había mudado de Suna no había tenido la oportunidad de verla o saber de ella. Así que no iba a desaprovechar esa oportunidad para pasar el rato con su mejor amiga.
Siguieron hablando un rato más, explicándose como se había portado la vida con ellos, así que cuando Hamura le preguntó sobre la empresa una triste sonrisa se acrecentó en el rostro de la peliazul. No le quería molestar con toda esa horrible situación en la que se encontraba, pero no se pudo negar a la insistencia de su querido amigo, por lo que acabó contándole todo.
Después del encuentro con la peliazul, y que esta le invitase a cenar no dudó en llamar a su hijo, estaba seguro que se pondría muy feliz. Le contó sobre el encuentro con Hana y los problemas de la empresa Hyuga, cosa que hizo que el chico se preocupara, tenía que hacer algo, así que fue a ver si las cuentas le salían correctas y podían utilizar la corporación Hamura como aval de la Hyuga. Cuando vio que su plan era factible no dudó en comunicárselo a su padre, sencillamente no se podía quedar de brazos cruzados mientras la corporación del padre de Hinata iba a la bancarrota. El peliblanco mayor se puso muy feliz con la idea de su hijo, ya que él también los quería ayudar.
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Ya casi había pasado dos meses desde el baile de bienvenida, estando más cerca de las vacaciones de Navidad. Hinata había notado como las miradas cómplices entre la pelirosa y Sasuke habían aumentado. Las charlas y salidas entre ellos eran constantes, haciendo que Hina cada vez más perdiera las esperanza de que él la notase. Además, ahora la Haruno prácticamente se había integrado en su grupo y aunque la chica le caía bien no podía evitar sentirse incómoda. La única que sí dejaba bien en claro que no soportaba a la ojijade era Shion, pero eso lo hacía porque odiaba ver el semblante triste en su mejor amiga. Y a pesar de que Hinata siempre le decía que no la tratara así, que no era culpa de la chica, una egoísta parte de ella se lo agradecía, porque sabía que muy en el fondo culpaba un poco a la Haruno.
Ella sentía al Uchiha mucho más alejado, ya ni siquiera quedaban para jugar básquet los tres, sino que ahora solo eran ella y Naruto. El rubio sin darse cuenta se había convertido en la silenciosa fortaleza de Hinata, que, aunque no sabía que era lo que ponía de triste semblante a la peliazul, siempre estaba allí para darle un cálido abrazo, ella siempre sería su Hina, su querida amiga. Algo que la ojiluna agradecía, sin el blondo seguramente se hubiera derrumbado un montón de veces, pero él siempre la levantaba. Le debía tanto.
La ojiluna volvió a suspirar nuevamente, mientras era seguida por la preocupada mirada de Kurenai. La mujer quería a la peliazul como la hija que no podía tener, sabía que la chica se había estado comportando distinta desde la llegada de la pelirosa y aquello la tenía muy preocupada. Azuma muchas veces le decía que lo mejor era no inmiscuirse en los problemas de las universitarias que ellas lo solucionarían solas, pero ella simplemente no podía evitar sentirse preocupada por la Hyuga, siempre había tenido un especial cariño por aquella chica.
—Hina ¿Qué ocurre? —preguntó la mujer, haciendo que ella se volteara para mirarla.
—En días así extraño mucho a mi madre—dijo melancólica la peliazul, estremeciendo el corazón de la pelinegra.
—Sé que yo no soy tu madre, pero te quiero como si fueras mi hija. Ven aquí—habló la mujer extendiendo los brazos a los que rápidamente la ojiperla se fue a refugiar. Ella también tenía una gran estima por la mujer, como si fuera su segunda madre.
Kurenai no podía soportar verla así, además sabía que la causa de la depresión de la chica era la estrecha relación que últimamente mantenían el morocho con la hija del director. Hinata sabía que podía confiar ciegamente en la azabache, por lo que le explicó sobre sus verdaderos sentimientos y la dolorosa situación por la que ahora estaba pasando. La morocha escuchaba en silencio todo lo que la peliazul le explicaba, mientras aún mantenía abrazada a la ojiluna, reconfortándola.
—Hinata, solo sé sincera y dile como te sientes, no guardes secretos en tu corazón, sino siempre te arrepentirás—le aconsejó Kurenai.
La peliazul hizo más fuerte el abrazo, Kurenai le recordaba a su madre, por lo cálida y dulce que era con ella, se lo agradecía mucho, pero sencillamente no podía hacer aquello, sabía que el morocho estaba enamorado de la pelirosa y ella no era competencia para la chica. La mujer necesitaba hacer ver a la peliazul que ella era tan, o más hermosa que la ojijade, que no podía ser tan insegura. Así que decidida abrió su ropero y buscó algo que le podía quedar a la morena, pero Hinata se negaba rotundamente a ponerse alguna ropa femenina. Aunque la mujer no se pensaba rendir, así que intentó buscar algo que le resultara cómodo, pero que igualmente fuera bastante femenino.
Hinata con miedo se vio al espejo, estaba nerviosa y no podía mantener por mucho tiempo la mirada en su reflejo. Aún oía las burlas de las niñas, algo que siempre le había dejado una pequeña huella. Tocó su imagen, se sentía tan extraña, hacía mucho que no llevaba una falda, no se veía como ella, aunque no lo veía mal. Lo difícil sería salir sin que nadie la descubriera, no quería atraer miradas ajenas.
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Caminó un poco más, casi llegando al mar, se quitó las sandalias y subió su larga falda, no quería mojarla, luego dejó que el agua salada le bañara los pies, mientras la fresca brisa del mar daba de lleno en su rostro. Hoy sus amigos habían organizado una salida, pero como últimamente iba haciendo, les dijo que no podía ir, porque tenía que hacer un recado de su familia, cosa totalmente falsa, pero así al menos no le harían tantas preguntas. Además, las chicas sabían perfectamente porque la peliazul no iba, le incomodaba la presencia de la ojijade, era casi la novia de Sasuke. Además, como la pelirosa iba eran impares, por lo que al final ella se quedaría como el mal tercio de alguna de las parejas, cosa que antes no pasaba porque se quedaba con Sasuke.
Y como estaba aburrida en la universidad y por la insistencia de Kurenai le pareció que lo mejor era tener una tranquila caminata por la playa y así despejar un poco sus pensamientos. Quería que, aunque fuera por solo unos instantes quitarse de la cabeza a Sasuke junto a la pelirosa. Por una parte, quería parecerse más a la de ojos verdes, ser lo suficientemente valiente como para llevar una ropa femenina, pero lo máximo que había logrado, y porque ninguno de sus amigos estaba allí y su maestra prácticamente le había obligado era llevar esa larga falda marrón, junto a un jersey blanco, que la verdad es que le parecía bastante lindo, se alegraba de haberle hecho caso.
—Hi... ¿Hinata-chan? —. Ella volteó ante el llamado de aquel extraño, para toparse con dos ojos celestes que al principio no reconoció.
—Toneri-kun—susurró asombrada pero alegre de ver allí a su amigo de la infancia, no lo veía desde que tenía 7 años. Pero ella se sonrojó, no llevaba puesta la ropa que siempre traía, le daba vergüenza que la viera vestida de aquella manera.
Rápidamente fue rodeada por los brazos del peliplateado, haciendo que se sintiera todavía más avergonzada. El chico había cambiado bastante, ahora estaba mucho, pero mucho más alto además de que sus celestes ojos tenían un ligero toque juguetón. Por su parte Toneri estaba que no cabía de felicidad en su cuerpo, no veía a la chica desde hace muchos años. Aquello le parecía increíble, justo en la mañana su padre lo había llamado para decirle que él se había topado con Hana y ahora ocurría lo mismo con ellos dos, estaba muy contento.
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—Últimamente Hinata-chan esta siempre ocupada, no es lo mismo salir sin ella—habló triste Naruto y Shion asintió dándole la razón, mientras "discretamente" fulminaba con la mirada a la pelirosa que seguía sin entender el odio que la chica tenía contra ella.
—Dijo que tenía que hacer un recado para su familia, que ya vendría otra vez, aunque sí, se la extraña—dijo Temari e Ino le dio la razón.
Entonces a los lejos vieron un descapotable de color grisáceo bastante lujoso, que se encontraba aparcado frente a la uni, consiguiendo llamar la atención del grupo de amigos. Luego el interés por el choche se transformó en asombro cuando un chico de blancos cabellos salió del coche para abrir la puerta del copiloto, dejando ver una femenina silueta que dejó sorprendido a todos los presentes.
—¡¿Esa no es Hinata-can?! —gritó sorprendida Ino haciendo que todos corrieran hacia donde se encontraba la peliazul. Hinata se empezó a sentir muy nerviosa al ver como las miradas de sus amigos la observaban sobre todo la de Sasuke.
—¡¿Y es ropa?! —preguntó Shion sorprendida al verla vestida como una chica. —¡No me digas que el que se fue era tu "recado familiar"! —comentó exageradamente alto y entusiasta dejando atónitos a los presentes, haciendo que la pobre Hyuga se pusiera totalmente roja.
—Deberías quitarte eso. No se ve bien en ti, no está hecho para ti—interrumpió Sasuke con una voz muy fría haciendo que todos lo miraran mal, excepto Sakura, que lo veía con sorpresa, ya que no comprendía su actuar, él siempre hablaba muy bien de la ojiperla.
Las rubias hirvieron en cólera por el comentario del Uchiha. ¡Su amiga estaba hermosa!, puede que la ropa era un tanto anticuada y los colores eran un tanto opacos, además de ser dos tallas más anchas que su correspondiente medida... Las tres soltaron un suspiro, al menos se había puesto una falda, una hasta por los tobillos, pero una falda, al fin y al cabo. ¿No? ¡Era un gran avance! Pero con esto solo conseguirían que volviera a retroceder, necesitaban rápidamente corregir el estúpido error del morocho.
La Hyuga retrocedió por inercia, sus palabras le dolían, haciendo que otra vez recordara las burlas de aquellas chicas. Ella lo sabía, sabía que no se veía bien con esas ropas, pero que se lo dijese él, sencillamente le hacía más daño. Así que sin esperar más palabras hirientes salió corriendo de allí, a pesar de los gritos de sus amigas que empezaban a ir detrás de ella.
—¡Deténganse! —dijo el rubio molesto extrañando a las tres, que se iban a quejar porque las parase, pero fueron calladas al ver como le dio un fuerte puñetazo al Uchiha. —¡¿Qué mierda crees que haces?! —bramó indignado y furioso el rubio. —Ve y pide disculpas a Hinata-chan—le exigió con voz llena de enfado mientras lo veía con molestia. Naruto solo se comportaba de esa manera cuando algo realmente le molestaba, además Hinata era como una hermana para él, no pensaba tolerar que nadie, ni él, la hiciera sentir menos.
El Uchiha molesto se levantó y le devolvió el golpe, no hacía falta que le dijese que se había vuelto a comportar como un idiota y la había vuelto a herir, pero saber que se estaba vistiendo así por ese maldito chico le hacía hervir la sangre, los celos lo cegaban.
Naruto no esperó para devolverle el golpe, pero esta vez el Uchiha lo esquivó, aunque no tuvo tanta suerte con la patada que lo tumbo en el suelo, haciéndolo enrabiar más. Así que en un último movimiento le pegó con su pie en la espinilla del blondo haciendo que también cayese. Entonces Sai y Shikamaru intervinieron intentando separarlos, cosa que lograron a duras penas.
—¡Eres un idiota Uchiha! —gritó molesto Naruto. —¡Ve a disculparte! —bramaba indignado intentando soltarse de Shikamaru.
El Uchiha rápidamente se libró del agarre del otro pelinegro, marchándose echo una fiera de allí. No quería seguir peleando con el rubio no estaba de humor para aguantar todo aquello, ya que el mismo era capaz de saber como había herido a su amiga. Pero estaba muy enfadado. No podía dejar de darle vueltas a esa maldita escena que no podía olvidar. La imagen de Hinata con aquel infeliz de pelo blanco como el de un anciano, seguramente era su primer amor. Maldecía el día que se había enterado que la chica amaba a otra persona. Había intentado poner distancia saliendo más con la pelirosa, con la esperanza de que los sentimientos que tenía por su mejor amiga desaparecerían, pero aún estaban allí. Hoy más que nunca los había notado cuando una ola de ira le golpeó al ver a su Hinata con aquel estúpido. Ahora necesitaba encontrara a la peliazul y volver a disculparse, ya que la culpa lo carcomía. Desde que había conocido sus sentimientos por su mejor amiga las cosas se le habían complicado y no hacia más que estupideces, siempre hiriéndola.
Hinata lloraba, intentando inútilmente limpiarse las lágrimas, ya que más comenzaban a caer remplazando las otras, le dolía tanto sus palabras. No entendía porque últimamente se comportaba así, siendo tan ruin y mezquino con ella.
Sasuke apresuró su paso, necesitaba encontrarla, no podía dejarlo para luego, sabía que lo que le había dicho la había dañado profundamente, conocía sobre el trauma que tenía, pero aún así la había vuelto a dañar. Pero es que sus celos lo habían dominado porque no se esperaba que se pusiera aquel vestuario para un chico. Se veía realmente hermosa. Siguió buscando, mirando con cuidado cada rincón en el que ella se podía encontrar, hasta que la vio sentada en un banco, en donde la otra vez la había encontrado.
—Hina—ella al escuchar la voz del azabache quiso correr, pero él la detuvo abrazándola contra él, sorprendiéndola. —Perdóname, soy un estúpido, perdóname—le decía, pero ella lo miraba molesta. —Sabes que puedes tener a cualquier chico—dijo el azabache mientras la abrazaba más contra su pecho. —Eres hermosa, la más hermosa—se sentía estúpido, no podía recriminarle nada. Sus celos lo habían vuelto a cegar y había dicho aquellas cosas presas de la ira de ver como aquel misterioso chico estaba haciendo cambiar a su peliazul.
—Déjame—decía forcejeando, intentándose librase de él, pero el azabache no se lo permitía. —Mentiroso—decía molesta.
Tomó sus mejillas y lo hizo mirarlo directamente, pegando sus dos frentes, para luego darle un cálido beso en la mejilla que la desconcertó.
—Perdóname—le dijo realmente apenado. —Soy un idiota—le dijo, pero ella aun lo miraba molesta. —Pero no te miento, eres linda.
Todo eso le resultaba tan ridículo, él era Sasuke Uchiha, no podía estar mendingando por un poco de su amor, sabía que ella no lo veía de esa manera y por ello su orgullo estaba muy herido. Pero al verla con esos rastros de lágrimas solo hacía que aumentasen sus ganas de besarla. Se sentía como un idiota, siempre la hería, lo sabía. Pero la idea de verla entre otros brazos, sencillamente lo hacía enfadar. Con delicadeza limpió algunas gotas que aún nublaban sus hermosos ojos, aquellos que tanto quería y anhelaba.
—¿Cualquiera me miraría? —preguntó la peliazul clavando sus blancas orbes a las opuestas de él, ya con una mirada más suave. Quería irse y no responder a aquella pregunta, Sencillamente no podía seguir así, si seguía con esos sentimientos por ella lo único que lograría sería herirla, y aquello era lo último que pretendía. Debía olvidarla, y verla como lo que realmente era; su mejor amiga.
—Cualquiera—respondió mirando fijamente, mientras trataba de tranquilizarse, no quería volver a lastimarla. Nunca más, ella no se merecía aquello. Pero parecía que los sentimientos por la ojiperla estaban muy arraigados en su pecho.
Hinata se había prometido dejar sus sentimientos por el azabache, pero le resultaba tan difícil, lo quería tanto. Igual que la luna estaba atada a la Tierra, ella no podía dejar sus sentimientos por el Uchiha, si tan solo fuera tan fácil como cuando escribes en la arena y el mar lo borra. Pero parecía que sus sentimientos estaban escritos a fuego en cada parte de su piel y corazón.
Sasuke se separó despacio de ella y la volvió a mirar fijamente, no podía seguir así, no estaba actuando como siempre lo hacía, tenía que hacerlo, tenía que decírselo, tenía que revelarle lo que sentía por ella, no importaba si lo rechazaba, solo tenía que decírselo, así que decidido volvió a tomarla de sus delicadas mejillas, quería tenerla en sus brazos para siempre.
—Sal conmigo–dijo Sasuke dejándola de piedra, parecía que en cualquier momento estaba a punto de colapsar. Su piel había palideció y una mueca de sorpresa se había adherido a su rostro, haciendo que el morocho rápidamente se arrepintiera de lo que había dicho.
Hinata sintió como su corazón casi estaba por salirse del pecho, se había quedado totalmente paralizada y no daba crédito a lo que acaba de oír. No sabía ni como reaccionar, las lágrimas estaban a punto de salir, cuando lo oyó decir una cosa más.
—¿Crees que se lo debo decir así, o no suena como yo? —dijo altivamente, tratando de arreglarlo. Sabía que no era una buena idea, Hinata no sentía lo mismo por él, jamás lo haría, debía aceptarlo de una vez por todas, estaba haciendo el ridículo al intentar confesarse.
—¿De-decírselo, a quién? —la pequeña sonrisa que se le había formado se le borró, dejando paso a una mueca de confusión, pero el Uchiha no estaba consciente de ello a causa de sus lamentaciones internas y la enorme vergüenza que estaba pasando.
—A Sakura, ¿a quién si no? —se quería golpear, sabía que no había sido buena idea, por poco casi la pierde —No me digas que pensabas que era para ti, Hyuga—dijo en tono burlón y altanero cuando por dentro solo deseaba mandarlo todo a la mierda. Se estaba comportando como un maldito cobarde, que era lo que más odiaba, pero el terror de perderla para siempre era peor.
Tras aquellas palabras todas las esperanzas de la peliazul se desmoronarán en cuestión de segundos, mientras que Sasuke estaba molesto.
—¿Puedes decirlo una vez más? —preguntó ella dulcemente sorprendiéndolo. ¿Es que se había dado cuenta que su confesión de verdad era para ella? Se preguntaba internamente. Pero al ver sus perlados ojos, las palabras prácticamente le salieron solas.
—Sal conmigo—–volvió a decir, esta vez mucho más serio. Cada vez que la miraba sentía como si todo fuera a salir bien, a pesar que sabía que ella amaba a otra persona y ese nunca sería de él.
—Te quiero—respondió ella acariciando una de sus mejillas, mientras depositaba un casto beso en el rostro del Uchiha, sorprendiéndolo.
—No seas tan cursi, Hyuga—bromeó el Uchiha mirando hacia otro lado para que no se diera cuenta de su fuerte sonrojo, junto con las aceleradas palpitaciones en su corazón que solo ella podía producirle, nunca se había sentido tan nervioso y avergonzado.
Había sentido como por un momento su corazón se detuvo con las palabras de ella y casi había perdido la estabilidad. Verla sonrojada y actuar de aquella manera lo hacía sentir tan extraño, maldecía que su corazón fuera de otro hombre. Odiaría toda su vida a aquel peliblanco, porque estaba vez si que estaba seguro que ese tipo era el chico del cual su mejor amiga estaba perdidamente enamorada. Deseaba tanto que aquellas palabras de verdad fueran dirigidas a él, en verdad lo esperaba, pero sabía que ella solo lo veía como un buen amigo. Por lo que se mantendría así, debía sacar aquellos sentimientos de su corazón, además; un clavo saca otro clavo.
—Estoy segura que Sakura-san te aceptará, espero que sean muy felices—dijo sonriendo de manera sincera, pero con cierta melancolía que pasó desapercibida para el Uchiha ya que estaba demasiado metidos en sus pensamientos.
Podía sonar cruel, pero él esperaba que ella le reprochara, que le dijera que no lo hiciera, que se viera afectada. Aunque esa idea era ridícula porque ella no lo amaba y eso lo martirizaba, junto con sonrisa que parecía tan sincera, y lo odiaba. Él podía tener a cuantas chicas quisiera, pero aquella que le interesaba no lo miraba de ese modo, además, ahora Hinata prácticamente lo había rechazado.
Unas ligeras gotas descendían por el rostro de la Hyuga. De repente una fuerte lluvia comenzó a caer sobre ellos, empapándolos en cuestión de segundos. Hinata rogaba porque Sasuke pensara que solo se trababa de la lluvia y no de sus verdaderas lágrimas.
—Mejor ve a buscarla, o sino acabarás pescando un resfriado–le dijo dándole un ligero empujón mientras le volvía a sonreír. —¡Suerte! —gritó con fingido entusiasmo mientras la silueta del pelinegro desaparecía. —Suerte—susurró, para sí misma, mientras las lágrimas comenzaban a caer con mayor fuerza, ya no pudiéndolas aguantar más.
Caminó sin rumbo fijo, mientras las frías gotas empapaban su piel, pero aquello le producía tranquilidad, ya que le confirmaba que aún estaba viva, que sentía más cosas además de ese fuerte dolor que carcomía su pecho. Era una ilusa, lo había sabido desde el principio, Sasuke jamás la miró con otros ojos. Pero no podía evitarlo, amarlo era un cruel castigo del que no se podía librar.
El Uchiha caminó mientras miles de pensamientos invadían su mente, había estado a punto de perderla, el miedo se apoderó de él cuando vio que estaba por llorar cuando se había confesado. Sabía que no podía seguir así, que realmente era momento de ponerle fin a esos sentimientos, porque no quería herirla por sus ridículos celos, porque ella no se lo merecía, no ella. Sencillamente no podía culparla por amar a otra persona, aunque fuera alguien tan idiota que no era capaz de notar sus sentimientos ni a ella. Fue entonces cuando se encontró a la pelirosa que había salido a buscarlo después que el azabache se había peleado con Naruto. El Uchiha sabía que estaba por hacer iba a ser injusto con Sakura, pero necesitaba con urgencia quitarse a Hinata de la cabeza, pero sobre todo del corazón y sentía que tal vez la ojijade lo podía aliviar un poco. Además, con ella se sentía bastante cómodo y sentía que podía tener una verdadera relación.
—Sal conmigo—dijo haciendo que prácticamente la chica se le saltara a sus brazos muy feliz, mientras aceptaba más que encantada, sin darse cuenta de cómo Sasuke por dentro se le destrozaba un pedazo de su alma, era un idiota.
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—¿Entonces, te reencontraste con tu primer amor? —preguntó Shisui mientras el peliblanco se arreglaba y no le prestaba ni pisca de atención. —Tierra llamando a Toneri, Toneri responda—dijo, pero su amigo seguía sin hacerle caso —¡Toneri! —gritó a todo pulmón por fin obteniendo la atención del albino que lo miraba interrogativamente. —¿Si viste a tu primer amor? —preguntó impaciente.
El Otsutsuki le brindo una cálida sonrisa, ni el mismo lo podía creer, cuando hacía un par de horas atrás la había encontrado en la playa, odiaba que solo había ido a Japón para arreglar un par de papeleos por su master, pero al menos la había vuelto a ver, y estaba tan hermosa como la recordaba. Además, ahora que tenía su número telefónico se comunicaría mucho más con ella.
—¿Tanto te gusta? —preguntó extrañado el azabache. —Aquello pasó cuando tenías 9 años, solo eras un crio—argumentó seguro.
—No seas exagerado, solo estoy feliz de volver a ver a mi amiga de la infancia, hacía mucho que no sabía de ella—contestó avergonzado.
—Solo esperemos que todo vaya bien, hermano—dijo Suigetsu entrado de repente. —¿Listo para conocer a tus suegros? —dijo burlón.
—Oh vamos, tu también—dijo exasperado. —Entre los dos me van a volver loco—se quejó, arreglándose la corbata, mientras los otros dos reían, les resultaba tan fácil molestar al peliblanco.
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Cuando llegó la hora de la cena el timbre sonó en la mansión Hyuga, sorprendiendo a los presentes, ya que no esperaba a ningún invitado.
—¿Has invitado a alguien? —preguntó el patriarca de la familia a su esposa, que solo asintió con una risueña sonrisa.
—A Hamura-kun y su familia—le respondió con una ligera risa, ocasionando un tic nervioso en él que para ella pasó desapercibido.
Cuando el peliblanco mayor entró en la sala de la mansión Hiashi puso mala cara, parecía que estaba disconforme con su llegada, pero como todos estaban pendientes de los demás invitados no se percataron de los molesto que se encontraba el castaño. Hanabi miraba con atención a los otros dos albinos más jóvenes, preguntándose quienes podían ser, mientras que Neji trataba de recordar al que tenía ojos azules, preguntándose donde lo había visto, ya que le resultaba muy familiar y él no olvidaba la cara de una persona.
—Hola Hana—saludó Hamura dándole un cálido abrazo a la mujer, quien rápidamente le presentó a su hija menor y a Neji, que a pesar de que los había visto de pequeños, por poco no los reconoce a causa de todo lo que habían crecido, sobre todo la castaña que era una bebé la última vez que la vio. —Ten un pequeño obsequio—dijo dándole una caja de dulces japoneses que ella aceptó encantada.
—Neji-kun, te acuerdas de Toneri Otsutsuki—dijo feliz Hana, haciendo que el castaño recordara al albino de orbes celestes.
—Hola Neji—saludó el peliblanco, extendiendo su mano hacia él, que la recibió educadamente, ahora le parecía gracioso que siempre se estuviera peleando con él porque su querida prima lo siguiera a todos lados. Además, el chico siempre le había caído muy bien, ya que, a pesar de todo, era un chico amable y atento, además de muy respetuoso y educado. Siempre portándose bien con la peliazul. —Este es mi hermano, Suigetsu—dijo presentando al ojilila que animadamente saludó a todos los presentes.
Pasaron una tarde cómoda riendo, sobre todo porque Hamura y Hana contaban todo lo que habían hecho en la universidad, además de que Suigetsu y Toneri también eran muy divertidos, sobre todo el primero, que podía hacer una broma por cualquier cosa. Los reunidos de verdad que estaban pasando un buen momento, todos, menos Hiashi. Que ni siquiera había probado su plato de comida y miraba con molestia al peliblanco mayor, gruñendo de vez en cuando a todo lo que decía, sin que nadie se diera cuenta.
—¿Ocurre algo con la comida, señor? ¿Desea que le traiga otra cosa? —preguntó una de las sirvientas haciendo que por fin su esposa se percatase en él en todo lo que llevaban de velada. Solo logrando preocuparla al ver que no había comido casi nada.
—¿Hiashi, estas bien, o te encuentras cansado? —él al ver el triste semblante en su esposa le dio una de sus escasas sonrisas.
—No es nada, solo estaba concentrado pensando en unas cosas. No te preocupes—dijo tranquilamente. —Natsu, solo caliéntamelo—pidió a la sirvienta que rápidamente fue a realizar su orden.
—Creo que ya es tarde, pienso que lo mejor es que nos vayamos y dejemos descansar a Hiashi—habló Hamura para luego levantarse de la mesa. —Pero antes a mi hijo le gustaría discutir unas cosas con contigo y con Hana—informó sorprendiéndolos a ambos.
El patriarca los guió a su estudio, seguido de Hana, que no entendía que era de lo que deseaba hablar Toneri con ellos, mientras eran seguidos por las miradas de los demás presentes. Así, los cuatro se sentaron en la mesa y el Otsutsuki menor fue el primero en hablar.
—Quiero que nos dejen ser el aval de su deuda—sentenció dejando helado a los dos. —Así yo podré pagar por la deuda de su empresa.
Hiashi hirvió en cólera por las palabras del peliblanco, ¡como osaba decir eso! Si, era cierto. Tenía problemas financieros, podría en cualquier momento perder la compañía que tanto le había costado levantar, pero aun así le molestaba que le quisieran dar limosna. A Hiashi jamás le había caído bien Hamura, sabía que él había estado muchos años enamorado de su esposa, claro que ella jamás lo supo, pero igualmente siempre lo había tenido bajo vigilancia, no se fiaba de él. Habían sido mejores amigos por muchos años, así que siempre dudó de que se la intentase robar. Por ello se negaba absolutamente a recibir cualquier tipo de ayuda de su parte, no quería.
—No quiero limosnas—dijo indignado el patriarca de los Hyuga, haciendo que su esposa se sorprendiera por su comportamiento.
—Tampoco puedo decir que mis motivos son los más altruistas, ya que no deseo que Hinata se preocupe por la situación que están pasando. Así que por favor Hiashi-san no dude en aceptar mi ayuda—pidió amablemente el mucho sorprendiendo al Hyuga.
El castaño lo miró fijamente, intentando ver alguna duda en su mirada, pero solo veía determinación. —De acuerdo muchacho—dijo ya calmado. —Estaré en deuda con vosotros, muchas gracias—dijo extendiendo su mano, para alivio de Hana y el peliblanco la aceptó.
—Será mejor que nos vayamos, muchas gracias por la cena Hana-san, Hiashi-san. Ha sido deliciosa. Disculpen las molestias que hemos causado y muchas gracias por su hospitalidad—dijo el muchacho educadamente, mientras hacía una reverencia. —Adiós—se despidió.
Hiashi miró al muchacho irse, era un muy buen partido, alguien en quien sentía que podía confiar, incluso para que cuidase a su hija.
—Gracias por todo—dijo Hamura también saliendo del despacho. —Ya nos vemos Hana—dijo sonriéndole a la mujer.
Luego que la familia Otsutsuki se fue Hana regañó a su marido diciendo que no podía comportase de esa manera cuando ellos solamente querían ayudar, pero Hiashi no le prestaba atención. Ya que en su cabeza rondaba la idea de que algún día, ese chico se casara con Hinata.
—¿Se lo van a comentar a Onee-chan? —preguntó la menor, directa como siempre, siendo callada por la seria mirada de su padre.
—Hanabi, nadie le va a decir nada a tu hermana, no queremos que se preocupe de más, además ya está todo solucionado—dijo Hana.
—Tu madre tiene razón, nadie le dirá nada a Hinata—dijo el patriarca, seguido del asentimiento de Neji, estaba totalmente de acuerdo.
Por otra parte la familia de peliblanco iba tranquilamente hacia su hogar.
—Sabes, me parece increíble que a pesar de todo el tiempo que haya pasado aún sigas obsesionado con ella, realmente me sorprendes hermanito. Das miedo—comentó burlón Suigetsu haciendo reír a su padre, mientras Toneri solo suspiraba resignado.
—Bueno, creo que si lo piensa bien… Karin sería lo mismo, ¿no crees hermanito? —le respondió igual de burlón solo obteniendo una mala mirada de Suigetsu, ya que sabía que la pelirroja era su punto débil.
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Cuando la ojiluna había terminado de estudiar y repasar sus apuntes hechos hoy en clase le llegó un mensaje a su móvil, rápidamente miró de quien se trataba, ya que casi eran las dos de la madrugada. Y una enorme sonrisa se le formó al ver de quien se trataba.
—Es Hanabi-chan—dijo feliz al ver que su pequeña hermanita le había enviado un mensaje, para acto seguido comenzar a leerlo.
Querida Onee-chan, ¿cómo estás? Espero que bien, nosotros también, al menos ahora.
La verdad, es muy probable que no debería decirte esto, ya no es necesario, pero ya me conoces, me gusta hacerlo lo que me han prohibido. Ni nuestros padres, ni Neji saben que te estoy escribiendo, ellos no han querido que lo sepas, para que te mantengas centrada en los estudios, y no te preocupes de más, pero yo creo que deberías saberlo. Necesitas saberlo, también eres parte de la familia y pienso que es lo justo, además así le podas agradecer.
La empresa de papá se ha ido a la bancarrota, no hay dinero y es muy probable que nos vallan a embargar la casa. Sé que ahora mismo es posible que crees que te estoy tomando el pelo, ojalá fuera así, pero no es una broma, es completamente verdad. La empresa Hyuga ha ido a la quiebra. Pero tranquila, no es tan malo, hay una solución, el amigo de mamá se está ofreciendo pagar toda la deuda. Sé que es lo que debes de estar pensando ahora. ¿Dónde está la pega? Pero no, no la hay. Aunque si pides mi opinión diría que mucho de esto tiene que ver con el hijo del señor Hamura, es decir, Toneri. Por lo visto nos conocíamos cuando éramos más pequeños. ¿Lo recuerdas? Es un chico super guapo, de cabello blanco y preciosos ojos azules, un muy buen partido.
Creo que él es el que más ha hecho posible que pase esto, ya que fue él el que pidió hablar con papá. Sabes, si no me gustara Kiba te juro que iría detrás de él sin dudarlo, casi parece un príncipe azul. En fin, volviendo a lo que te quería decir, que podría sonar egoísta, pero… ¿no podrías salir con él? Creo que le gustas, ya que pasó casi toda la velada hablando de ti y el encuentro que habían tenido, bien guardo te lo tenías, pillina. Creo que él es mucho mejor partido que el estúpido del que estás enamorada. ¡Recuerda, no estás obligada! Es tu decisión, pero te lo recomiendo, me encantaría tener un cuñado así de guapo.
Cuídate, te quiere, tu más amada hermana, Hanabi Hyuga.
Tenía demasiado sentimientos, por una parte, se encontraba choqueada porque su padre perdiera la empresa, además de ese sentimiento de angustia que sentía si los llegaban a desalojar, no quería ver a su familia en la calle. Además, se sentía un poco molesta porque no le quisieran contar sobre los problemas familiares, era cierto que ella estaba lejos, pero ellos eran su familia. Sentía temor porque algo les pudiera pasar, y otro sentimiento de alivio y agradecimiento hacia su amigo. Además de estar un poco avergonzada por lo que su hermanita insinuaba, Toneri no la veía así. Pero al menos estaba más tranquila de la cosa no hubiera ido a peor, rápidamente le mandó un mensaje al peliblanco, debía agradecerle por lo que había hecho, le parecía increíble. Le debía una grande.
Notas de la autora: Para las fans del sexy peliblanco, Toneri, que no sé si tendrá muchas, pero yo soy una. A mí el albino me encanta, por eso lo puse con mi linda Hina, pero he de advertir, que como solo lo vi en The Last, no sé cómo es, según mi punto de vista parecía alguien amable y duce con la peliazul, sin olvidar que estaba un poco loco, pero, ¿Quién no lo está? Una cosa más, quiero volver a pedir perdón por el retraso, pero es que este capítulo sufrió bastantes cambios. Puede que este cap no les haya gustado, por lo de la fallida confesión de Sasuke, pero es que es necesaria, aun así, espero que les haya gustado. Así que sin nada mas que agregar, me marcho, al menos por ahora. ¡Ah! Y muchas gracias por todos los reviews.
