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¡Hola! .o./ Pues bueno, la vida es la vida y te desbarata los planes cuando le da la gana, así que aún no he podido terminar esta historia DDDDDDDDDx pero bueno, hoy que por fin terminé los exámenes finales y mientras lavo la ropa y horneo un pastel me he puesto a resarcir mi error y por tanto aquí tenéis un nuevo cap. :DDDDDDDDD

Muchas gracias por vuestro apoyo en los reviews, gracias a ellos es que vale la pena sacar tiempo de donde casi no hay. ¡Que lo disfruten! NwN/

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Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima.

Fic basado libremente ―muy libremente― en la película sur-coreana "Baby & Me"


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.

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] Tenth [

Sobre Razones Para Subir A Vehículos

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Pues bien, venid conmigo y os seguiré contando de las aventuras de Gajeel Redfox.

Si tiene suerte puede que todo salga bien y esta sea su última aventura.

Ahora observadlo ahí, sentado frente a un escritorio lleno de carpetas ordenadas y papeles en perfecto orden, mas Gajeel en ese momento no paraba de mirar el reloj con forma de estrella que una vez una mujer de escarlata cabellera le había regalado a un serio capitán de rostro tatuado.

El tiempo discurría para él con lentitud.

Desde que se había bajado de la patrulla no parada de pensar en lo que le sucedería ahora, y no solo por lo que le pertocaba a él sino también por su pequeño Rogue, en ese momento sentía un temor enorme de perder al pequeñajo.

De verdad no quería que sucediese.

Ya veis que el pequeño lo ha conquistado.

¿Pre-presentó cargos? ―preguntó ansioso cuando la puerta de la oficina en la que le habían permitido quedarse se abrió.

No hemos tomado su declaración aún ―el capitán de azul cabellera se llevó una mano a la nuca para masajear la zona―, pero sigue molesto y es probable que lo haga.

Ya… veo ―Gajeel bajó la mirada hacia el bebé dormido en sus brazos y envuelto en el abrigo largo que le prestó el capitán Fernandes, durante tantos días intentó hacer las cosas bien y nadie le dio mérito y ahora hacia una incorrecta y estaba en el ojo del huracán de nuevo.

La profesora Scarlet viene en camino ―informó Jellal y Gajeel subió la mirada extrañado y el azulado explicó―, ya sabes que es tu tutora en estos momentos, tenía que avisar a alguien, aunque seas mayor de edad sigues siendo un estudiante.

La metí de nuevo en un lio ¿cierto? ―preguntó entre apenado y molesto consigo mismo, siempre se las había dado de independiente, pero ahora se daba cuenta de cuantas veces fue protegido.

Tened presente que la sabiduría suele llegar en los momentos más tensos.

Así es ―Jellal asintió y tomó su chaqueta azul marino del perchero―, si esto llega al consejo de la escuela es probable que la culpen a ella por insistir en mantenerte allí y por tanto manchar la reputación de la misma, tal vez la despidan ―Gajeel iba a objetar pero el capitán lo detuvo con una dura mirada―, y no es la única, Dragneel y Fullbuster también se verán afectados.

¡Pero ellos no tienen nada que ver! ―Gajeel bajó el tono al ver a Rogue moverse― ¡Ellos no han hecho nada! ¡Y la profesora solo ha querido ayudarnos!

Yo lo sé, tú lo sabes, ellos lo saben y la profesora Scarlet también, pero muchos en el consejo solo verán a los amigos de un problemático que ya de por sí tenían antecedentes y a una profesora que por querer dárselas de salvadora actuó de manera negligente ¿ahora entiendes la gravedad de lo que hiciste?

Gajeel asintió sin fuerza.

Porque sí, no lo dudéis que lo entendía.

No quería que esto pasara… ―comentó derrotado.

Ni yo tampoco, pero pasó ―contestó el capitán.

Capitán ―la puerta sonó dos veces y la pelirosa que había estado jugando hacía un rato con Rogue, entró―. Erza ya llegó, la llevé a donde el hombre tomado como usted me pidió.

Bien ―Jellal asintió y con mucho cuidado sacó el brazo del cabestrillo sencillo que le habían puesto hacía unas horas luego de recibir una leve herida de bala en un operativo en el que cooperó―, gracias por avisarme.

¿No le vas a decir a Erza que estás herido, verdad? ―la joven cerró la puerta detrás de ella y frunció el ceño―. Sabes que si se entera por otros medios se va a molestar.

Lo sé ―Jellal soltó un suspiro mientras ahogaba el dolor en su hombro y se colocaba poco a poco la chaqueta para evitar que se notara el vendaje bajo su camisa―, pero no quiero preocuparla más de lo que parecía por teléfono.

¿Entonces no le dirás? ―insistió la pelirosa y Gajeel ya no tuvo dudas de que el capitán y su profesora tenían algo muy serio.

Sí le diré, pero no hoy Meredy ―finiquitó el peliazul cuando por fin pudo colocarse la prenda.

Y al igual que vosotros, la chica puso los ojos en blanco.

Luego no digas que no te lo advertí ―negó la pelirosa y salió de la oficina en tanto el capitán se sentaba tras el escritorio y chequeaba varios papeles, algo que el azabache lo había visto hacer desde que llegaron, eso además de dar informes y órdenes a cada persona que entraba o llamaba. El chico se había sorprendido de cuanto trabajo requería mantener algo de control sobre la ciudad en la que vivía.

«Y pensar que nosotros vivíamos armando lio» se reclamó para sí el Redfox. Incluso el día en que conoció a la profesora andaban de problemáticos y de eso hacía meses y todavía seguía necesitando de la ayuda de ella.

Parpadeó en confusión, una gran pregunta se instaló en él.

Ca-capitán Fernandes… ―carraspeó y el hombre dejó de leer los papeles en su mano y lo observó con seriedad― ¿Por qué la profesora está hablando con ese hombre?

La profesora Scarlet está intentando que no coloquen cargos contra ti.

¿Eh? ¿Cómo?

Se podría decir que ella conoce a ese hombre ―contestó y volvió a sus papeles.

¿Acaso él y ella fueron novios o algo? ¡No me diga…! ―se cortó el mismo ante una idea repentina que no pudo evitar expresar― ¿¡Ella es la mujer que él dijo que había embarazado mientras veníamos a la comisaria!? ―la mirada que le dirigió el capitán lo hizo aguantar la respiración.

Acá entre nos, el capitán parecía más un ser oscuro que un defensor de la ley.

Erza no fue su novia, ni mucho menos está embarazada de él ―informó en un tono seco y amenazadoramente calmo, Gajeel asintió varias veces en gesto nervioso―. Bacchus Glow es un conocido de nuestra época universitaria.

En-entiendo… ―tragó grueso―, entonces usted también lo conoce.

Así es ―Jellal volvió a masajearse la nuca y relajó su molestia―, por ello es que logré que aún no declarara.

¿Y por qué la profesora puede hacer que no me ponga la denuncia? ¿No pudo haberlo hecho usted también?

Si pude haberlo hecho, pero hay cosas que puedo pero no debo hacer, la… negociación ―dijo a falta de una mejor palabra―, que la profesora Scarlet hará ―Gajeel notó que el capitán volvió a llamarla por su apellido y se preguntó por qué trataban de ocultarlo ya que ciertamente era muy obvio que entre ellos había algo, él ya había notado ese algo desde hacía tiempo y eso decía mucho porque él solía ser algo denso para esas cosas― no es apropiada para mi cargo.

Eso no suena a algo legal ―el Redfox elevó una ceja.

Tal vez no lo sea, pero de cierta manera es justo ―el azulado movió un poco el brazo herido y frunció ligeramente el entrecejo antes de sacar unas pastillas, tomarse un par y beber un poco de agua de una botella junto a él―, las circunstancias que te llevaron a robar esa cartera tienen sus razones entendibles.

Gajeel se sorprendió ante eso.

¿Usted no cree que merezca ser procesado por eso?

No del todo, pero principalmente ―negó y señaló al durmiente―, ese pequeño no merece que se lo lleven a un orfanato y le nieguen una familia por el tiempo que tome el conseguirle un hogar por un hurto menor. Nos dijiste que robaste la cartera porque te dio miedo la falta de dinero y no poder mantenerlo, y te creo, por ello no creo que sea justo que ahora las leyes te vayan a encerrar por los errores pasados que has estado enmendando con creces al tratar de hacer las cosas bien como me lo ha informado la profesora Scarlet.

Y es que si lo pensáis bien, la justicia es más que solo leyes.

Y-yo… ―el ojirubí tragó grueso debido al nudo que sintió en su garganta, al fin y al cabo si habían personas que notaban su cambio― gr-gracias… ―susurró mientras pensaba en la bondad de su profesora, la amistad de Natsu y Gray y la ayuda sin límites que le había brindado su Mcbot.

Y en este momento tened por seguro que Gajeel Redfox se sintió realmente agradecido.

Y también sintió muchas ganas de ver a Levy McGarden.

Asegúrate que esas gracias lleguen a quienes de verdad lo merecen ―aconsejó Jellal firme pero amable―, y que sean las acciones quienes demuestren que de verdad lo sientes y ―el azulado puso un tinte autoritario en su voz―. Que sea la última vez que metes a la profesora en problemas, puede que no termines encerrado, pero el trabajo comunitario que tengo reservado para ti te hará reflexionar por varios meses.

Gajeel asintió en silencio.

Y así se quedó hasta que varios minutos después la profesora fue anunciada en la oficina.

¡Gajeel! ―la peli-escarlata se acercó a él con rapidez y el chico bajó la cabeza y se preparó para recibir un buen golpe, pero en su lugar la mujer le dio unas palmadas de apoyo en el hombro, lo que lo hizo llenarse de curiosidad y elevar la vista para toparse a su profesora con alivio en el rostro― ¿Estás bien? ¿Rogue está bien?

S-sí… ―balbuceó extrañado ante la falta de violencia.

Entonces está bien… ―le sonrió pero al momento frunció el ceño―, tenemos que hablar muy seriamente.

Pro-profesora… yo…

No hoy ―negó con la cabeza―, hoy has pasado por mucho ―soltó un suspiro y le palmeó de nuevo el hombro―. Hoy quiero que vayas a casa y pienses en lo ocurrido.

¿Pero y los cargos? ―miró al capitán que llegó a colocarse junto a la profesora― ¿De verdad puedo irme?

Bacchus no presentará cargos, Meredy ya le tomó la declaración y no te acusó de nada ―Erza aseguró.

¿No? ―incrédulo aún Gajeel paseaba su vista del azulado a la pelirroja.

¿Entonces lo que sospeché es cierto, eh? ―intervino Jellal, atrayendo la atención de la mujer.

Sí, a cambió tendré que intervenir ante Gildarts… ―soltó un nuevo suspiro y le miró a los ojos―, tal vez ocupe un refuerzo de policías… ―Gajeel miró extrañado como el serio capitán soltaba una carcajada.

Tendrás las que requieras, no queremos que Gildarts destruya media ciudad cuando lo sepa ―Erza rió también y Gajeel se rascó la cabeza, de pronto sintió que se había perdido de toda una conversación que había ocurrido entre esos dos mientras se miraban y sin que él se diese cuenta.

Pobre, aún no entiende la telepatía del amor.

No entiendo de lo que hablan… ―se quejó y se puso de pie.

Es mejor que no lo sepas aún ―comentó Erza y Gajeel dejó ir el tema, ya tenía suficientes problemas con los propios―. Ahora discúlpate con el capitán Fernandes por causarle molestias, luego te iré a dejar a tu casa.

Yo… ―Gajeel negó decidido―, quiero irme solo ―la profesora iba a regañarlo pero el ojirubí la interrumpió―, pero las disculpas esas si se las daré a ambos... ―para sorpresa de ambos adultos el chico bajó la cabeza en una educada reverencia―. Y-yo… yo de verdad lamento ser un reverendo dolor en el culo.

Sí, la ha liado al final. Dadle crédito que lo ha hecho de corazón.

Jellal y Erza aguantaron una carcajada.

Y ahora me voy.

Gajeel, espera, te llevaré…

No, lo necesito ―negó con terquedad.

Redfox, la profesora te ha dicho que…

¿Sabía que al capitán Fernandes lo hirieron hoy y tiene el brazo vendado por la herida de un disparo? ¡Gee hee! ―soltó con rapidez y con un brillo malicioso en la mirada aprovechó la sorpresa en el rostro de su profesora para llegar hasta la puerta―. Ni siquiera podía colocarse la chaqueta cuando supo que usted estaba por venir… ―y entonces el azabache lamentó ver toda la preocupación y tristeza que llenó la mirada de ambos adultos por la revelación.

Y mejor se escapó del lugar.

Erza yo… ―Jellal intentó explicarse.

¿No me lo ibas a decir? ―la calma con la que le preguntó lo hizo dar un paso atrás.

Yo…

¿Fue grave? ―bajó la mirada y apretó la tela de la falda de su abrigado vestido con una de sus manos apuñadas.

No, la bala rozó mi brazo, otra dio en el chaleco y dejó solo un hematoma por el impacto.

Bien ―y sin decir más la profesora abandonó la oficina.

No, no. No los maldigáis aún.

Dejando a Jellal con la explicación en la boca, Erza caminó tan rápido que no tardó en toparse a Gajeel a unos cuantos pasos fuera de la comisaria en medio de la fría noche que se cernía sobre y alrededor de ellos.

Gajeel.

Okey, lo siento. No debí decir eso ―se detuvo y volteó a ver a la pelirroja que llegó frente a él―. Ese hombre le dijo a la otra mujer, la pelirosa ―explicó― ¿Melody?

Meredy ―corrigió Erza.

Sí, ella. Él le dijo que le diría a usted mañana para no preocuparla. No creo que deba enojarse con él, usted es muy preocupona y puedo apostar mi bola izquierda ―Erza alzó una ceja pero Gajeel igual continuó―, a que él prefiere perder el brazo antes que verla a usted asustada o triste, bueno, de por sí que se nota que ya perdió la cabeza por usted… ―Gajeel admitió para sí mismo que le divirtió ver la atribulación en el rostro de ella.

Es-eso no…

Usted es la que dice que odia que le mientan, así que no me venga con mentiras ―negó con la cabeza para luego declarar con seriedad pasmosa―. Es un buen hombre, les doy la bendición en nombre del plantel estudiantil.

El sonido de un golpe en la cabeza resonó en las afueras de la comisaría central de Magnolia.

¡Ayyy! ―se quejó el chico― ¿Creí que me había librado?

¡No quería golpearte pero te lo has ganado a pulso! ―le reclamó enojada y avergonzada, aunque bajó el tono al ver a Rogue removerse en su sueño―. ¡Parece que de verdad querías que te golpease! ―casi susurró.

¡Tsk! ―el chico miró hacia otro lado.

Toma… ―luego de negar con la cabeza y sacar una cartera de mano de una de las bolsas de su vestido le extendió un fajo de billetes―. Si necesitas más, dímelo.

¿¡Qué!? ―chilló al ver el dinero― ¡Yo no voy a…!

Sí, lo vas a aceptar ―declaró sin duda―. Me tardé en llegar por encontrar un bendito cajero automático y no aceptaré un no, así como tú no aceptaste un no cuando le diste el dinero de la venta de tu motocicleta a Macbeth o cuando rechazaste que él te diera parte de ese dinero después.

Gajeel se sorprendió tanto que no pudo replicar.

Sé que lo has intentado y has trabajado para mantenerlos a ambos, pero sé que es difícil, en especial cuando no tienes con quien dejar a Rogue ―Erza se acercó y le deposito el dinero sobre el abrigo que tapaba al bebé―. Cuando trabajes y ganes dinero me lo devuelves, solo… ―le miró casi con suplica― no vuelvas a hacer lo que hiciste esta noche, no arruines todo tu esfuerzo por cambiar a causa de un tonto orgullo que te impidió pedir ayuda y evitar todo esto ―el Redfox asintió aún incapaz de hablar―. Y si lo que quieres es ir a ver a la señorita McGarden, por favor ve en taxi, es menos peligroso para Rogue.

¿¡EHH!? ―volvió a chillar abochornado al ser descubierto.

Te aseguro que ella también está muy preocupada por ustedes dos

¡Yo y ella no…!

Hora de irte, ojalá la encuentres, ella ha estado algo decaída ―le informó la mujer mientras escuchaba pasos acercarse a ellos.

Sabía muy bien a quien pertenecían y sabía muy bien que debía hacer.

¡Tsk! Le digo que no es lo que piensa… ―Erza sonrió cuando lo vio encaminarse preocupado hacia un taxi― ¡Y le devolveré cada jewel! ―le gritó cuando llegó a uno de ellos y abrió la puerta, la profesora alzó la mano para despedirse del chico.

Y luego se abrazó a si misma antes de voltearse.

No quería preocuparte más ―inició el azulado apenas ella volteó a verlo―, pensé en decírtelo mañana, quería contártelo en persona porque sabía que si te enterabas…

¿Me preocuparía tanto que vendría a hacer una escena aquí o en el hospital y todos se enterarían de que una histérica te ama? ―Jellal se quedó estático ante las palabras de Erza y más aún cuando ella se acercó a él y reposó su cabeza en su pecho, metió sus manos bajo su chaqueta y rodeó su cintura en un abrazo tranquilo―. Te creo, Jellal, y tienes razón, lo habría hecho, y no habría estado bien, eres el capitán y…

Eso es lo que menos me importa… ―Jellal bufó divertido y la apegó a sí mismo con el brazo sano―. Por mí que todo Earthland se entere de que una mujer tan maravillosa como tú se preocupa por mí… y me ama… ―declaró extasiado y desbordante de felicidad se inclinó para depositarle un beso en el cabello y sonrió aún más cuando la escuchó suspirar en su pecho―. Solo no quería causarte más preocupación, quería estar ahí para calmarte, y asegurarme de que no conducirías como una loca por venir a ver como estaba y terminases arrestada en una celda…

Erza rió.

Pero os aseguro que eso hubiese ocurrido, la profesora hubiese conducido rápida y furiosa.

Pero ya que está aquí puede hacernos el favor de ir a dejar al capitán a la casa ―una pelirosa llegó junto a la pareja y extendió hacia ellos una bolsa y unos papeles―. Aquí están los analgésicos, los vendajes, el cabestrillo que se quitó y… su incapacidad de ocho días. Además recursos humanos llamó y dijo que si se daban cuenta de que no tomaba sus días de incapacidad lo iban a despedir.

¿A despedir? ―la peli-escarlata se separó un poco de él― ¿Incapacidad? ¿Tan grave fue la herida?

N-no ―Jellal negó avergonzado, de hecho la razón de que se topase en esa patrulla con Gajeel era porque después de salir del hospital se había ido de nuevo a trabajar y luego, y de manera obligada, lo habían mandado a irse a casa a reposar―. Solo fue un raspón superficial.

¿Entonces por qué los analgésicos? ―preguntó la profesora con la mirada entrecerrada, Meredy aguantó una risilla divertida al ver al capitán que todos respetaban y temían, nervioso y en aprietos por una fierecilla mujer que apenas le llegaba a la altura de los hombros.

Cuando recibí el disparo en el chaleco anti balas me tiré al suelo y caí sobre mi hombro y terminé con un esguince leve, eso es lo que me duele.

Hummm…

Te lo juro ―el azulado compuso su sonrisa más sincera y después de un rato fue recompensado por un beso en la zona lastimada cuando su hermosa peli-escarlata se elevó un poco en sus puntillas.

Te creo, pero quiero ver cómo está de todos modos ―se separó sin muchas ganas de dejar su calor y masculino aroma para tomar la bolsa, los papeles, agradecer a Meredy con cariño y guiarlo de la mano hasta su auto.

Erza, no es necesario yo…

Sé dónde estás viviendo ―la mujer le abrió la puerta del auto―, lo sé, y quiero ir ahí…

Jellal asintió avergonzado y entró al vehículo.

Las pastillas que se tomó lo durmieron apenas el auto arrancó…

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Ahora dejemos ese automotor y sigamos a otro.

Justo ese que pensaron.

El taxi que tomó Gajeel Redfox estaba llegando a su destino, mas no es el que la profesora pensó, aunque Gajeel si lo pensó y quiso ir a donde la pequeña Levy McGarden en la que pensaba, pero entonces había recordado lo que ella había dicho sobre que él no solía considerar los horarios y viendo que ya casi eran las nueve de la noche pensó ―sí, ha pensado bastante nuestro ojirubí― que no era bueno para su relación con la familia de Levy el presentarse a esas horas en su casa.

Al parecer su subconsciente ya planea buenas relaciones familiares.

Así que, en lugar de visitar a la pequeña chica, el joven se ha ido directo a casa, ha pagado, dado gracias y bajado del taxi con tranquilidad, para su sorpresa, cuando puso un pie fuera del vehículo un gato negro salió junto a él y se subió a su hombro.

¿En qué momento te has subido al taxi? ―interrogó asombrado.

El gatito pareció responderle con un gesto de suficiencia que lució muy natural en su rostro.

¡Gee hee! ―sonrió en aceptación.

Era un gato rebelde.

Y a Gajeel le ha agrado eso por lo que acaba de proclamarlo parte de su nueva familia.

Tendré que buscarte nombre… ―asintió el chico mientras caminaba lo que faltaba para llegar a su casa con un Rogue aún dormido en brazos―, un nombre de guerrero ―volvió a asentir para sí y dejó de caminar repentinamente al escuchar una cancioncilla conocida al acercarse a la esquina antes de llegar a su casa.

Cuando Don Pato está enojado, no hay quien le alivie ¡Ay, que espanto! ― chasqueó dos veces la lengua―. Cuando Don Pato está alegre, no hay quien lo calle ¡Ay que rebelde!―dos palmadas se oyeron antes de continuar―Y si Don Pato está enamorado ―una risilla interrumpió el estribillo y luego la pequeña soltó dos tímidos besos al aire―, no hay quien lo pare ¡Ay que ardiente!

Gajeel se aguantó una carcajada, cada vez que escuchaba la canción del tal Don Pato le recordaba a alguien pero no sabía a quién, aunque estaba seguro de que algún día descubriría a ese quién.

Y sí, para él solo faltaba verse a un espejo para descubrirlo.

Para cuando pudo contener la risa Gajeel asomó la cabeza por la esquina de la calle y observó a la pequeña Levy sentada frente a la puerta de su casa con su pijama de panda y un pato en el regazo, de manera inevitable Gajeel sonrió ante la imagen, y se sorprendió de que pudiese sentirse tan aliviado, alegre y reconfortado al ver a alguien, y repentinamente su mente volvió al momento en que la besó en la frente en la clase, la ternura y agradecimiento que sintió en ese momento; y, aunque no se engañaba al decir que si deseó besarla de una manera más pasional y no en la frente, aceptaba que eso que hizo se sintió más íntimo y real que cualquier cosa ―y él había hecho muchas― que hubiese hecho con cualquier otra mujer antes.

Más íntimo, más real y más importante.

Si repasaba todos esos días y semanas junto a ella se daba cuenta que entre ella y él nunca había existido realmente esa pared de hierro que él solía poner con todos, con ella era más honesto que con cualquiera y aunque ella no podía ―ni siquiera en sueños― causarle un daño físico o someterlo con fuerza, de todos sus conocidos cercanos eran quien probablemente tenía más posibilidades de dañarlo de otra manera más…

¿Más qué? ―se interrogó a sí mismo, y volvió a repasar sus conversaciones con ella, y recordó la risa de Levy que lo había hecho sentirse alegre la primera vez que la escuchó, algo que también había pasado una vez que ella se durmió con Rogue en brazos o una vez que él se durmió en su hombro mientras intentaba aprender a dormir a Rogue.

Le había gustado la sensación.

Y esa vez pensó que Levy era más cálida que muchos cuerpos que habían estado friccionándose contra él.

Gajeel sintió sus mejillas calentarse y observó los ojos de Rogue con un brillo que se le antojó divertido.

Y entonces Gajeel negó rápidamente con la cabeza.

Él no era así.

¿¡Qué me pasa!? ―se regañó a sí mismo y volvió a mirar al gato en su hombro― ¿Por qué me sentí así? ―Gajeel pudo jurar que el minino puso los ojos en blanco antes de bajarse de su hombro e irse a subir a los tejados― ¡Hey! ¿¡Qué significa eso!? ―chilló y luego se tapó la boca para no ser escuchado por McBot.

No estaba preparado para hablar con ella.

No cuando sentía una especie de ¿taquicardia? en el corazón con solo pensar en verla.

Gajeel Redfox… ―el chico no pudo reaccionar cuando una mano grande y pesada lo agarró del hombro y susurró cerca de su oído y a espaldas de él―. Te esperaba. Te he esperado por mucho tiempo… ―la voz autoritaria y grave le erizó el vello de todo el cuerpo y antes de poder reaccionar el hombre detrás de él ya lo había metido en un auto y se lo había llevado a un misterioso destino.

Escuchadme atentamente: ¡Nunca os subáis al auto de un desconocido!

El joven de cabellera azabache no tardó más que unos minutos en darse cuenta de que había sido ¿secuestrado?, y lo peor de todo es que sabía que si hubiese estado sin Rogue fácilmente habría encontrado un escape, pero no era así, Rogue seguía con él, estaba en un auto extraño con un hombre un poco más bajo que él pero corpulento y no sabía si tenía armas.

¿Acaso pensabais que las aventuras de Gajeel se habían acabado?

«¡Maldita sea! ¡En otra vida colgué a inocentes en árboles!» se maldijo el Redfox ante su situación y mientras observaba con disimulo tras las ventanas semi polarizadas del vehículo al menos pudo determinar de que aún estaban en territorio conocido.

Esto… yo… ―intentó hablar pero el hombre con calva insipiente levantó una mano y lo detuvo de manera instantánea, la manera de moverse del desconocido le recordó a alguien, pero tampoco daba con quién.

Llegamos ―declaró sin ninguna emoción el hombre―. Sígueme ―y al ver que el chico no se bajaba aún del auto, añadió―. Bien, si quieres que sea en el auto será en el auto, te dejo elegir.

Gajeel tragó grueso y abrió la puerta.

Fuera del auto era más probable conseguir un escape.

Si estáis en una situación de ese tipo mantened la calma y mostraros sumisos, mejor que os subestimen.

El hombre señaló hacia adelante con una mano y le indicó a Gajeel que caminase por delante de él, así lo hizo el Redfox y en su mente pasaron las mil y una veces que borracho no le había importado meterse en callejones solitarios o subirse a autos de recién conocidos, también llegaron a su mente las veces que había peleado con bandas de otros lugares, contactado traficantes menores y las películas de mafiosos que había visto en la que eran liderados por hombres como el que estaba detrás de él, hombres al que había que besarle una sortija en el dedo, justo como el que ese hombre traía

«¿¡La mafia!?» Si no se equivocaba había escuchado de que algo así era lo que habían desmantelado el capitán Fernandes y un equipo especial conjunto de diversas comisarias esa misma tarde y por la que el capitán había terminado herido.

Todo iba mal.

¿Y conocéis a Murphy y sus leyes?

Y todo empeoró cuando el bultito en sus brazos se despertó y comenzó a llorar.

S-señor… ―el Redfox se detuvo―. Mi bebé está llorando, yo…

Adentro me encargaré de él ―sentenció y le señaló la puerta a unos cincuenta pasos―. Andando.

Y Gajeel volvió a obedecer meciendo al pequeño en sus brazos hasta acallarlo.

Lo que más le horrorizaba es que pudieran dañarlo.

El Redfox no era creyente pero oró siete veces mientras la puerta se abría.

Podría deciros que en medio del caos y el miedo se descubren a los verdaderos ateos.

Entra rápido, que no entre frío a la familia ―con voz autoritaria pero siempre serena coaccionó al chico y éste entró, respiró hondo y casi entró en pánico al ver gente adentro «¡Familia!» ver sus sospechas justificadas logró que apretara cierto esfínter del cuerpo, uno que casi se le sale de control cuando el hombre le tocó el hombro antes de volver a hablarle―. En la mesa de la esquina, es privada ―extendió la mano para señalársela y Gajeel no perdió tiempo y la tomó y le besó la sortija con reverencia, el hombre alzó una ceja y continuó―, y además… siempre fue la favorita de mi pequeña Levy.

Gajeel soltó todo el aire de golpe.

¿¡Qué!?

¡Lenny! ―una mujer interrumpió la confusión del azabache y se acercó al hombre y lo abrazó con familiaridad― ¿Cómo están Vivy y los chicos?

El hombre sonrió con fugacidad y con gesto casi robótico devolvió el abrazo.

¡El papá de Mcbot! ―chilló de nuevo y lo señaló, ahora entendía porque se le hacía familiar en algunos gestos, y ahora en esa nueva luz veía que su cabello además de canas tenía mechones celestes apenas un poco más oscuros que los de la mencionada.

Todos bien, gracias Francis, Desde el Uno hasta el Once ―respondió con su voz serena y robótica―. El padre de Levy, es correcto ―se dirigió a Gajeel, respondiendo toda pregunta de manera ordenada― ¿Francis, que tal tu familia? ¿Tu cuatro ya no está enfermo? ―Gajeel se sorprendió de eso pero al parecer la mujer ya estaba acostumbrada a ese comportamiento.

Cuatr…. Es decir el pequeño Arthur ya dejó el hospital, solo era un resfriado mal cuidado ―comentó con una sonrisa―, y por lo demás bien, como puedes ver hay casa llena hoy.

Y Gajeel por fin ha observado que el lugar estaba lleno de familias, familias comunes y corrientes ―o lo corriente y común que pueda ser una familia realmente― pero para nada eran familias de mafiosos, como se ha imaginado el Redfox.

¡Ala, que imaginación la de este muchacho!

Cuando el joven Redfox recibió un jalonazo de pelo del pequeño Rogue se dio cuenta que los adultos habían dejado de hablar y la mujer se retiraba a atender a otras personas y él finalmente se quedaba solo, pero no con un mafioso, secuestrador, asesino, posible violador y fetichista, no, él se quedaba solo con el padre de su McBot.

Sí, solo con el padre de Mcbot.

Sí, el padre.

Sí, solo.

Él.

De pronto ha deseado que ese hombre fuese lo primero que pensó y no lo que resultó ser.

Y al mirar de nuevo a los ojos oliváceos del señor frente a él sintió una especie de pánico a pesar de la similitud que tenían con los de Levy McGarden.

O tal vez era eso.

Ojos inteligentes, penetrantes, estudiosos y observadores.

No había manera de librarse de decir la verdad de lo que fuese que el preguntase.

Y no entendía porque tenía miedo de las verdades.

La mesa de la esquina ―reiteró el hombre y se encaminó a ella―, la mesa favorita de mi Levy, de la que justamente ha estado pendiente de ti, y de eso ―el hombre se detuvo y señaló una silla con una sonrisa demasiado gentil para que Gajeel la creyese real en ese rostro casi robótico― vamos a hablar.

Rogue cerró los ojos y se hizo el dormido.

Les he dicho que es un niño inteligente.

Y Gajeel se ha arrepentido en ese momento de cada uno de sus pecados.

Aunque al parecer, los estaba por confesar…

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Si habéis dejado la plática yerno-suegro seguidme por acá.

Las cosas están por caer por su propio peso.

Recién el auto de la profesora se ha detenido en el complejo departamental en donde ella vivió alguna vez por muchos años con el capitán azulado que recién se despierta del efecto de los analgésicos ―ya con el cabestrillo puesto de nuevo por orden de la ahora conductora― y que además está silencioso y nervioso por lo que ella podría pensar del que él hubiese decidido seguir viviendo allí.

Y ella sabía que debió haber sido doloroso.

Sus fotos, sus cosas compradas en conjunto, las vivencias, sus recuerdos.

Todo estaba en ese lugar, pero no estaba su relación, no estaba ella y tampoco estuvo él por completo, la profesora sabía que el capitán debió de sentirse como un alma en pena al ver cada pared familiar y cada habitación vacía todos los días o noches en que llegaba allí luego de sus largas jornadas laborales, y entonces entendió también que si él se había estado sobre-exigiendo en extensas horas laborales era porque simplemente no quería ir a ese lugar antes lleno de sentimientos y ahora vacío.

La profesora suspiró.

Suspirad con ella también.

Su capitán era un mártir.

Porque había visto en ese vivir en soledad en su antiguo hogar la manera para castigarse diariamente, de tratar de sentirse menos culpable y de expiar su exceso de culpa absurda.

Que voy a hacer contigo… ―murmuró la mujer y Jellal la volvió a ver ansioso, sin embargo se sorprendió al observarla sonreír―. Vamos ―habló en voz alta―, necesito revisar esa herida.

Erza, yo…

Vamos… ―insistió, salió del auto y se encaminó al apartamento sin fijarse en si Jellal la seguía o no, ella quería ver con sus propios ojos si el capitán había cambiado algo del lugar.

Y tened por seguro que nadie le sacaría eso de la cabeza.

La decidida mujer se adentró en el complejo, saludó a su antiguo casero quien la miró curioso y se adentró en el ascensor, justo allí fue cuando Jellal se le volvió a unir, aún silencioso y con el rostro preocupado apretó el tercer botón que los llevaría a su piso. La profesora quiso tomarle la mano y decirle que no tenía por qué preocuparse, que de cierta manera lo entendía, pero no lo hizo.

Porque sabía que era bueno para Jellal el lidiar con esa parte de su auto-castigo.

Cuando salieron del ascensor la alfombra absorbió el sonido de los pequeños tacones de la profesora, pero no hubo manera de silenciar el sonido de las llaves del azulado al abrir la puerta.

Y ahí veis a la profesora respirando hondo y dando un paso adentro.

El capitán entró un poco después, varios pasos detrás de la mujer de cabellera escarlata que se había quedado en media estancia luego de encender las luces, observando las sabanas dobladas en el mismo sillón donde ellos hablaron, durmieron y se amaron tantas veces, también la misma mesita central de vidrio que tenía una pequeña grieta en una esquina la recibió, las fotos en marcos caseros estaban puestas de la misma manera al igual que los diversos adornos y pinturas que decoraron siempre su hogar.

Era como si el tiempo no hubiese pasado allí.

Y tal vez así era.

Porque cuando no podéis dejar ir lo que os ata, simplemente no podéis avanzar.

Erza… ―susurró el hombre y la mencionada sintió una gran ola de nostalgia, estaba allí, en el lugar que siempre consideró su hogar, todo estaba igual, todo estaba en su sitio; a excepción de las sabanas, cosa que adivinó era porque Jellal no dormía en su antigua habitación, algo que la alivió porque eso sería demasiado para cualquiera, ella viviendo lejos de ese lugar solía soñar con él en las noches, y pensar en él en el día.

¿Cómo vivir en un lugar tan lleno de tanta nostalgia?

Jellal… ―se volteó a él con seriedad― ¿Me amas aún o solo te acostumbraste a amarme? ―el azulado abrió los ojos sorprendido por la pregunta pero luego de ese repentino asombro negó y sonrió al entender el porqué de la misma.

Te amo, Erza ―respondió sincero―. No viví aquí por un capricho de amor o por costumbre, viví aquí porque quería volver a estar contigo a pesar de sentir que no merecía una oportunidad, una parte muy… ―soltó un bufido y se desacomodó el cabello―, muy egoísta de mi quería que me perdonaras y volviésemos a vivir aquí… juntos…

Entiendo… ―Erza se volteó luego de solo esa palabra y se encaminó a su habitación, llegó rápido, de pronto el departamento se le antojó muy pequeño.

De hecho siempre lo había sido.

Era un departamento que alquilaron en conjunto en sus días austeros de simples universitarios.

Se componía de la sala y unos cuantos pasos a la derecha una cocina pequeña en la que apenas alcanzaban los dos, un baño a la izquierda, y el cuarto que compartían con un pequeño balcón lleno de macetas con las rosas que Jellal le regalaba y ella trasplantaba para que no se marchitaran.

«¿Estarán ahí aún?»

Se apresuró a abrir la puerta y a encender la luz.

Su cama compartida, poco más grande que una individual, estaba perfectamente tendida y al igual que en la estancia todo estaba ordenado y adornado igual, el escritorio estaba atestado de sus papeles ―los de ella―, siempre había ocupado mucho espacio pero Jellal nunca le había reclamado por tal hecho, al contrario, Jellal solía hacer su propio papeleo en la mesita de vidrio en la sala.

En un tiempo atrás estaba bien algo así.

A lo lejos pudo ver las rosas brillar gracias a las luces artificiales de los departamentos contiguos.

Todo tan pequeño, tan simple, tan…

Ahora lo entiendo… ―susurró la mujer y se sentó en su pequeña cama.

¿Erza? ―se acercó a ella y se acuclilló a su lado― ¿Estás bien? ―alzó su mano para acariciar su rostro pensativo pero un pequeño dolor lo hizo bajar el brazo.

Y eso ha hecho volver a la profesora a Earthland.

¡Tu brazo! ―parpadeó y su puso de pie, chasqueó la lengua cuando recordó que dejó los analgésicos y demás en el auto―. Iré a por el botiquín ―propuso luego de un momento―, siéntate en la cama y quítate la camisa ―ordenó y dejando perplejo al azulado salió de la habitación y volvió cuando Jellal se quitaba la chaqueta con dificultad y algo de dolor disimulado en el semblante.

Soy una tonta, es obvio que te duele hacerlo por ti mismo… ―negó con la cabeza al volver y verlo liado y se acercó a ayudarle con cuidado―. No me parece que sea nada como me dijiste ―le reclamó divertida y eso tranquilizó al capitán.

El hombro solo duele un poco, y la herida pica por ser superficial ―le respondió él y su piel reaccionó ante el toque de la mujer que ahora desabotonaba su blanca camisa.

Siempre sientes más de lo que dices… ―le recriminó con suavidad, sentía sus mejillas acaloradas al terminar de soltar todos los botones.

¿Sabéis por qué?

Sí, ella siempre había sido débil ante el aroma, la voz y el cuerpo tonificado del hombre junto a ella, Erza extrañaba pasear sus manos por cada musculo marcado de su abdomen, sus brazos, sostenerse de sus bíceps y marcar su fuerte espalda mientras se amaban, y ella también extrañaba recorrer con más que sus manos cada fibra ejercitada de su apuesto capitán.

Estoy segura que entendéis esas razones y en parte es por ellas.

Pero habían otras más, de mucho más peso, y esas eran las que la hacían temblar casi imperceptiblemente al sentir la confianza que Jellal tenía con ella para mostrarse vulnerable ante ella.

Desnudo, cansado, frágil emocionalmente.

Completo.

Algo que solo a ella se le era permitido ver.

Está sangrando un poco… ―dijo en voz baja mientras retiraba el vendaje de su brazo y le acariciaba el hematoma en la parte frontal del hombro ―, limpiaré y luego volveré a vendar ¿De verdad no te duele mucho? ―Jellal negó y Erza trabajó con cuidado, recordaba lo mala que era con eso y sonrió, al final había aprendido para poder ayudar al azulado cuando sufrió un accidente durante un patrullaje―. ¿Seguro que no te duele? ¿No te estás haciendo el valiente para quedar bien ante mí? ―preguntó con un mohín y Jellal sonrió divertido.

No, no mucho… ―soltó un suspiro―. Solo lo suficiente para que lo cures con un beso… ―Apuntó travieso y Erza le sacó la lengua mientras continuaba su tarea― Erza ―llamó su atención tocando su mejilla con cariño pero ella no subió su mirada― ¿En qué pensabas hace un rato? ―el capitán la observó seguir trabajar y no apuró su respuesta.

Aunque os aseguro que mucho de su nerviosismo provenía de esa duda insatisfecha.

Nos acostumbramos a estar juntos… ―soltó de pronto mientras terminaba de asegurar el vendaje.

Erza, no es así, estoy seguro que…

¡Shh! ―le silencio con un dedo en los labios― ¿No te enseñaron a levantar la mano para hablar? ―le regañó divertida con su tono de profesora― ¿Me vas a dejar hablar? ―Jellal respiró hondo y asintió―. Bien… ―le cerró un ojo y el capitán se sonrojó―, cuando digo que nos acostumbramos el uno al otro me refiero a que empezamos a dar todo por hecho, a que todo iba perfecto, pero no era así, Jellal… nosotros ―señaló a su alrededor y lo miró a los ojos―, nos estancamos…

Y sí, lo habían hecho.

Olvidamos nuestros planes de comprar nuestra propia casa, con jardín, terraza y con muchos árboles ¿lo recuerdas? ―preguntó pero continuó hablando―. Dejamos todo para después, olvidamos nuestros sueños de viajar, de tener una mascota, de lanzarnos en paracaídas, de aprender un nuevo idioma juntos, de ir a clases de cocina, lo dejamos de lado por la falsa sensación de plenitud, y por eso… ―tomó la mano de Jellal entre las suyas―, por eso nos separamos por esa tontería, porque teníamos miedo de que realmente ya no fuésemos el uno para el otro y usamos ese mísero hecho como excusa, porque era mejor pensar que esa era la causa a pensar que ya no sentíamos lo mismo el uno por el otro… ―su mano acarició con cariño el vendaje―.Teníamos miedo de avanzar y perder lo que ya disfrutábamos… así como yo tenía miedo de volver a Magnolia y pedir este empleo, o tu indecisión para dejar tu cargo y seguir adelante con la oportunidad que surgió…

Si dejáis que el agua se estanque, ésta empieza a heder.

Si de verdad queremos estar juntos, Jellal… ―una lagrima traicionera acarició su mejilla―, no podemos caer en lo mismo, no podemos conformarnos con lo poco, porque sé que confío en ti lo suficiente para arriesgarme a más, a mucho más...

Y entonces Jellal la abrazó.

Sin importarle su dolor en el hombro, sin preocuparse de que ella le rechazase.

Solo la abrazó.

Porque él también confiaba en Erza y sabía que ella tenía la razón.

Quiero estar contigo… Lo quiero todo contigo, Erza… ―murmuró contra su oído y Erza Scarlet soltó un par de lágrimas de alegría, porque descubrió que tan estúpidos habían sido por tanto tiempo.

Yo también lo quiero todo contigo… ―subió sus brillantes ojos achocolatados a él y sonrió y él le sonrió de vuelta.

Porque sí, celebrad conmigo ahora.

Ya habían tomado una decisión.

El día que almorzamos en el parque… ―comenzó Jellal mientras estiraba su mano para limpiar las lágrimas de su profesora―, vi una casa que cumple muy bien con aquel diseño que imaginamos una vez ―Erza le miró sorprendida y emocionada ―, si quieres podemos ir a verla mañana, es hora de usar lo que ahorramos para cumplir ese sueño…

¿De verdad? ―sus labios se extendieron en una sonrisa de completa alegría, hasta ahora recordaba esa cuenta de ahorros en conjunto que habían abierto hacía tantos años ― ¿Ya habías pensado en que esa casa fuese para nosotros?

Por completo… ―se sonrojó―, tiene muchos árboles, un gran balcón y un hermoso jardín frontal… ―se pausó un momento y a Erza le dieron nervios― pero…

¿P-pero?

No soy muy conocedor del tema ―se inclinó hacia ella y le dio un dulce beso antes de continuar―, pero creo que le hacen falta rosas, tus rosas… tenemos que arreglar eso cuando la compremos…

Y ella le dio por completo la razón.

Y ya que tu año escolar va a terminar y yo tengo que tomar pronto vacaciones o me despedirán… ―Erza asintió con seriedad―, podemos empezar con ese proyecto. Creo que más bien hemos tardado mucho.

Sí, eso es muy cierto ―aceptó sin ninguna duda―, entonces no perdamos tiempo, Jellal, ya perdimos demasiado ―su tono aliviado, decidido y travieso alertó cada fibra nerviosa del capitán a tiempo para reaccionar cuando ella lo empujó con cariño hacia el colchón de la cama y se subió sobre él, besando su hombro herido y el vendaje con suma delicadeza, acariciando con cariño su cuerpo, haciéndolo gruñir cuando sus manos se pasearon por su torso desnudo haciéndolo olvidarse de su herida y obligándolo a acariciar a la mujer sobre él, tentándolo a desplazar hacia arriba la falda de su vestido desnudando sus muslos y enviando placenteras cosquillas a la peli-escarlata al acariciar su cintura, mandando electricidad al rozar el costado de sus pechos llenos mientras retiraba la ropa y la dejaba caer perdida en algún lugar del suelo alfombrado de la habitación mientras la boca de ella descendía dulce, jugosa y entregada sobre la de él.

Sus manos en sus cuerpos, sus bocas en sus labios y el éxtasis en su alma.

Y sus cuerpos cedieron a sus deseos, y la ropa desapareció por completo entre suspiros e imprecaciones, entre sollozos necesitados, risas divertidas y gruñidos un poco adoloridos pero mayoritariamente placenteros.

Muy placenteros.

En una conjugación de cuerpos que llenó de cacofonías exquisitas esa habitación que había estado abandonada.

Y mientras ellos se acarician, vosotros no miréis más, e iros conmigo.

Es tiempo solo para ellos.

Dejad al amor arrasar con la necesidad de dos cuerpos que se extrañaban…

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~o°°o°°o°°o~

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Una pareja se arregla,

Y un posible suegro se integra.

¿Qué sucederá con esa terna?

Tal vez os cuente,

De nueva cuenta.

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~o°°o°°o°°o~

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¿Review?

:D Los reviews deciden cual historia actualizo D:

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Rincón De La Escritora En Proceso:

Waaa~ Como os dije antes ―hace mucho tiempo que seguro no os acordáis. Mea culpa xD― este fic no se me hacia para meter lemon por eso lo he dejado muy superficial, pero es que la profesora y el capitán se merecían algo de pasión consumada. 7w7)r

Y… chan chan chan… ¿Qué le dirá el sueg… el papá de Levy a Gajeel? ¿Sabremos más de Levy? ¿Gajeel dejará de vivir al borde del peligro y de la imaginación? xDDDD

La canción de Don Pato es inventada, que hace tiempo me pidieron conocer de esa canción. ¿De quién creen que habla esa canción? xD

¿Cuál fue vuestra parte fav del cap? xD

Y sin más, me despido. Gracias por el apoyo. NwN

Agradecimiento:

Adorables reviewistas con cuenta os respondo por PM:

Sakom Raiya

Hati-Chan

Lady Werempire

Indigoooo

The Queen Of Nightmare

Banana Sama

DanaLovesOhana

Mile McGarden

MinSul6011

IBLWE

Levyroses

Adorables reviewistas sin cuenta os respondo por acá:

Wendy Dragneel: Buen dilema. xD Se podría decir que Gajeel tiene suerte mixta pero gracias a sus amigos la buena suerte siempre lo rescata. xDDD Sí, toda la razón, Pantherlily no podía faltar. *w*Yo también quisiera golpear a esa clase de mujeres… 7,7)9 Desgraciadas. Espero te siga gustando y disculpa la tardanza. Gracias por leer. NwN Beshos.

BlueMoonDaughter: ¡Jajjaja! xD Nunca confíes cuando digo número de caps faltantes, todos los fics los tengo en la cabeza y los borradores mentales me dicen tal cosa, pero a la hora de desarrollar lo que pertoca en cada cap me extiendo y debo cambiar el esquema inicial. Ahora que leo el rev para contestar, veo que volví fallar con el cálculo. xDDDDDDD *shora de frustración* En esa comisaria ya aprendieron que el capitán es un hombre protector y paternal, yo mato por una foto de ellos así… *suspira* Si pudiese dibujar algo que no fuesen bolitas y palitos podría hacer fanarts… QwQ)9 xDDDDDD Los grupos de wspp para shipear son la onda 7w7)r (?) Pues el Jerza sufrirá como ha sufrido siempre y yo sufriré y me desquitaré en los fics… Dx Gajeel recibe de todas partes pero también capta info importante. 7v7)r El capi se porta bien, el capi merece premio. Lo que ha pasado Gajeel es como la acumulación de su mal karma U,U ojalá que ya se le haya gastado y el bueno que ha ido acumulando gane la siguiente partida. :/ Bueno, no ha sido solo por Erza que Jellal le ayuda, él tiene una debilidad por los problemáticos, por algo trajo a su lado a Oración 6. xD Gracias por leer. O3O/

FletchS: Gajeel aún tiene un poco de mal karma que pagar. U,U Pero ya se está encaminando. Este cap tiene más Jerza 7w7)r espero te haya gustado. ¡Aish! Gracias por decirme que he mejorado! QwQ Entre tanto que uno escribe, una no se da cuenta la diferencia pero cuando otra persona se lo dice entonces te das cuenta. TTuTT Muchas gracias.

Milena Redfox: Me alegra que te parezca interesante la historia. *w* Espero te siga gustando, esperaré que Gajeel encuentra el buen camino pronto. xD Ojalá lo disfrutes. Beshos. O3O

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Favs. Follows. Lectores Tímidos.

Gracias mil por leer.

¡Adieu!

.o./

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