Advertencias: Este fic es un R27 y contiene menciones y roces de AG, 8059, D18, XS, 10069, 6927 y otras.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, así como tampoco sus geniales personajes. Son propiedad de Akira Amano.

Aclaraciones:

–Hablan los personajes. –

Hablan los personajes en italiano.

"Recuerdos"

'Pensamientos'

Mensajes de texto. (También dependerán del idioma)


Capítulo 10

Cobardía

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Tenía una semana de haber regresado a Italia. Las cosas parecían haberse calmado un poco entre las familias, pero le había resultado bastante agotador hacer las visitas pertinentes a cada jefe para hablarles sobre la situación de Mukuro.

Suspiró.

Vamos, pronto tendremos diversión, Tsu-chan. –Albito Evocatore se inclinó sobre el castaño para abrazarlo. –Deberías dejarme actuar a mí solito~. –el rubio hizo un mohín y apretó un poco más su cuerpo.

Suéltalo. –gruñó Kyoya con fastidio, lanzándole un libro de la estantería que tenía a un lado. –Y tú también, quítate de encima. –Dino sintió como el otro lo alejaba de su cuerpo y se apegaba más a la pared.

Ya casi termino lo que Gio me encargó. –dijo con calma. –¿Estás bien, Albito?

Tsuna sonrío cuando el otro se giró hacía él con lagrimitas en los ojos y se le tiró encima quejándose de la agresividad de Hibari. Dino esbozó una sonrisa, uniéndosele al rubio y restregando su rostro con el del castaño.

Había cosas que Hibari admiraba de Tsunayoshi, siendo una de esas cosas el que permitiera con tanta facilidad que las personas se le acercaran. Solo de estarlos mirando se sentía irritado y con ganas de morderlos a todos hasta la muerte.

Tsuna, la cita para reunir a las familias es en cuatro días. –Hayato se quedó parado en la puerta con desconcierto, observando al par de rubios que abrazaban al chico entre quejas y lloriqueos. –¿Qué pasó? –interrogó al pelinegro.

Pasa que son unos herbívoros estúpidos.

A veces Hayato se preguntaba el motivo por el cual Hibari era el novio de Dino Cavallone. Cuando lo veía comportarse como un idiota alrededor de su jefe, no podía evitar tener esos pensamientos. Y es que siendo Hibari como era, despegado y celoso de su espacio, que tuviera un novio tan empalagoso como Dino era inaudito.

Bueno, solo venía a decirte eso. –el peli plata suspiró. –Y, por cierto, tienes visita.

Tsuna se extrañó. Justo en ese momento se encontraba en su sección de las empresas centrales de Vongola, encargándose de los últimos detalles de la reunión con Carvallo. Además, aún estaba con los preparativos para la llegada de Takeshi y Tsuyoshi.

¿Quién es?

Hayato forzó una sonrisa. –Byakuran.

El castaño pareció verdaderamente sorprendido con la noticia. No esperaba que fuera a aparecerse en la central de Vongola solo para verlo. Y estaba tan seguro porque Kikyo le había dicho que Byakuran estaba muy deprimido luego de lo sucedido con Mukuro.

Déjalo pasar. –Tsuna recargó sus codos sobre la superficie del escritorio y les lanzó una mirada seria a sus compañeros.

Te dejamos solito. –Albito le envió un beso con su mano y se retiró de la oficina con pasó animado. Dino salió tras él llevando al pelinegro de la mano, aunque el rubio sabía que se estaba arriesgando a ser mordido hasta la muerte por tocarlo. Hayato los siguió para avisar a la secretaria que le dejara el paso libre al oji lavanda.

La verdad estaba ansioso. Quería saber qué demonios le pasaba por la cabeza a Byakuran, porque, a pesar de todo, Mukuro estaba bastante bien. Pero eso solo se debía a que todos estaban haciendo lo posible para evitar que se deprimiera. Su madre había hablado con él a solas cuando Xanxus lo dejó libre, poco después Cozart y Dino hicieron lo mismo. Brina y Timoteo solo conversaron con él cuando el chico tuvo tiempo de comer y descansar. Así que, realmente, mucho tiempo para pensar en lo ocurrido no le habían dejado.

Hola, Tsu. Te ves elegante. –el chico se sorprendió al escuchar la voz del albino frente a él en las sillas. Lo miró fijamente y contuvo las ganas de golpearlo.

Es decir, jamás en su vida había visto al Gesso en una situación semejante. Las ojeras parecían golpes en sus ojos, estaba pálido y mucho más delgado que la última vez que lo vio en Namimori. Además, iba completamente desaliñado, su traje negro estaba por sin ningún lado y la camisa lavanda estaba arrugada. Y, ya por piedad, Tsuna prefirió ignorar su cabello revuelto.

¿Elegante? –el castaño se miró y parpadeó. Llevaba su típico traje negro con la camiseta naranja. No se veía lo elegante por ningún sitio.

Byakuran río. –¿Cómo has estado? Me sorprendí cuando me llegó la noticia de que Primo y Décimo estaban de vuelta en Italia. ¿Por qué no me dijiste nada?

Fue inesperado. Han pasado muchas cosas y… ¿Tú sabías que Iemitsu metió la pata con Carvallo? Pues eso nos ha traído algunas prisas. –no le gustaba mentir, así que dijo la verdad a medias. Sonrío. –¿Y tú? Te ves terrible.

Byakuran estaba ahí por tres motivos. El primero: el rumor sobre Primo y décimo en Italia. Segundo: la presencia de Albito Evocatore en los alrededores. Y el tercero: el rumor sobre el regreso de Mukuro Spade a Vongola. Quería saber que tan cierto era lo último. Necesitaba desesperadamente confirmar el hecho para estar tranquilo.

¿Es…es cierto que Mukuro ha regresado a Vongola?

Vaya. Tsunayoshi no creyó que el rumor llegaría tan rápido a oídos de Byakuran. Aunque, sí bien era un adelanto a sus planes, eso no cambiaba que la noticia lo iba a ayudar a iniciar con todo lo que iba a hacer.

Bueno, es que no lo podía dejar solo. –la sonrisa en sus labios era inocente y dulce. –Es, ante todo, mi amigo y mi hermano. Así que lo dejamos volver.

Byakuran bajó la vista. –Me alegra.

No lo parece. –el décimo recargó su barbilla en la palma de su mano y lo miró. –Es malo que digas mentiras.

No estoy mintiendo, Tsu. De verdad, yo…

¿Tú? –lo instó, entrecerrando los ojos.

Byakuran se mordió los labios. –…yo estoy muy feliz por él.

Seamos sinceros, Byakuran, ¿Tú ya no lo amas? ¿Lo engañaste y ya?

No lo soportaba. Sí seguía así Tsuna iba a conseguir lo que quería. –Debo irme, Tsu.

Estaba huyendo como un cobarde. La mirada de oro líquido de Tsunayoshi le quemaba la espalda. Sabía que estaba furioso con él, estaba consciente de que estaba jugando con fuego al provocar así al castaño. Pero…pero no quería enfrentar el verdadero motivo de su visita. Quería escuchar de Tsuna que Mukuro también estaba mal, quería saber que no era el único idiota que se sentía así. Sin embargo, no podía dejarse al descubierto ante el décimo.

En fin. –escuchó que dijo. –Daemon ha aceptado la propuesta de comprometerlo con alguien más. Creo que las opciones variaban entre Albito Evocatore, Ayla Velius, y alguien más de las alianzas pertenecientes a Arcobaleno. –el castaño se encogió de hombros. –Supongo que dentro de poco se decidirá.

¿Qué? –se quedó parado frente a la enorme puerta de la oficina, observando el picaporte y su mano suspendida en aire a punto de tocarlo. –¿Comprometerlo?

Tsuna parpadeó con inocencia. –Sí, son cosas de la familia Spade, no me preguntes.

¿Lo vas a permitir? –su voz sonaba quebradiza.

–… ¿no debería? Quiero decir, tú abandonaste a Mukuro y Vongola impuso esa condición para su regreso. Reborn sugirió a algunas personas de sus alianzas. Una linda chica llamada…creo que se llamaba Sybil. Aunque Albito parece interesado, no sé.

Crueldad.

O karma.

Byakuran estaba inseguro de como llamarlo. Sí, era cierto. Él había dejado a Mukuro para que volviera a Vongola, debió imaginar que se pondría una condición así para asegurar otras alianzas. Respiró pesadamente, los ojos le picaban y su garganta se negaba a dejar salir cualquier sonido.

Oye, Tsunayoshi, ¿Se puede saber por qué Albito está…? –el silencio cayó sobre él. A pesar de que tenía al rubio meloso colgado de su cuello, quejándose sobre su frialdad, sus palabras se ahogaron cuando vio de frente el rostro de Byakuran. Frunció el ceño. –¿Qué estás haciendo aquí?

Albito miró por encima de su hombro y parpadeó. Sus ojos se entrecerraron y apretó más su agarre en torno al cuello de Mukuro. Incluso decidió ir un poco más lejos recargando su barbilla en el hombro del Spade.

–…hola, Mukuro… –miró con disgusto al rubio. –Así que era cierto que estabas aquí, Albito.

Por supuesto, escuché por casualidad que había una chance de conseguir al bello Mukuro y no pude evitar venir.

Tsuna reprimió una carcajada al escuchar el nuevo mote del "Bello Mukuro" y giró un poco su rostro al notar que el aludido lo fulminaba con la mirada.

Bueno, bueno. Byakuran ya se iba y ustedes tienen trabajo. –el castaño se encaminó a los tres. –Hagan el favor de no hacer un escándalo, ¿Quieren? –los miró con seriedad. –No sé sí ya te llegó la notificación, Byakuran, pero en cuatro días se reunirán las familias nuevamente para la votación. Habrá muchas cosas que hablar ese día, así que espero estés en tu mejor forma. –el chico se dio la vuelta y se sentó de nuevo en la silla. –Porque no voy a ser benevolente.

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Reborn necesitaba dormir con urgencia. Desde hacía una semana que se estaba dedicando a dejar todo en orden para poder trasladarse a Italia. Y, por sí fuera poco, le había llegado un correo con el escudo de Vongola avisándole sobre la reunión que se llevaría a cabo en cuatro días en la sede principal de la familia.

Miró a Mammon.

–No me mires así. Se rumorea que el décimo es quien pidió la presencia de todos los jefes en esa junta. Se comenta que la votación no será lo único que se hablará ese día. –

–¿Tú también vas? –

–No, el actual líder de los Spade es Daemon. Y Xanxus es mi jefe, así que no tengo nada que estar haciendo ahí. –

–¿Giotto? –preguntó con indiferencia.

Mammon sonrío. –Ambos van a estar presentes. –la mujer recargó su mentón en la palma de su mano. –Ellos van a presidir la junta. Ahora que por fin Tsuna volvió a Italia, las familias están más inquietas que nunca. Algunos dicen que Giotto dirigirá las empresas, otros dicen que es el renacuajo, pocos han acertado al pensar en ambos como jefes. –y la verdad ella se estaba divirtiendo mucho. –Aunque no hay nadie que se oponga a ellos. –

Reborn no podía evitar pensar que quien haya entrenado a Tsuna para el puesto había hecho un gran trabajo. Muy a pesar de la apariencia del chico, él estaba bastante cualificado para desempeñar su papel. Aunque eso solo lo había escuchado de Fon, sí cabía decir.

–¿Qué es lo que se hablará en esa reunión que requiera de la presencia de toda la alianza? –

–Pueden ser muchas cosas. El renacuajo es inteligente y no desaprovechará la oportunidad de pedir sus opiniones respecto al regreso de Mukuro a Vongola. Además, para evitar que hagan un escandalo por ello, te puedo asegurar que Carvallo tendrá algo que ver. –

Reborn había estudiado a profundidad las diversas alianzas que había en Vongola. Luego de haber recibido ayuda de Varia para sacar a flote las empresas Arcobaleno, se había dedicado a investigar y conocer cada una de las familias que pertenecían al acuerdo de Vongola. Sí, se sorprendió cuando se dio cuenta de la ayuda que recibían, del apoyo y respaldo. Por ello no se molestó cuando Xanxus le dijo que, a cambio de su ayuda, él debería serle leal a Vongola.

Sin embargo, no había mucha información sobre la familia Carvallo, a pesar de que Hayato y Tsuna habían recalcado su importancia para la alianza.

–¿Mukuro es bueno para negociar? –

Mammon alzó la vista de su laptop y fijó sus ojos en el rostro de Reborn. –Lo es. Tan bueno como yo. –que era mucho decir, la verdad. –Los Vongola tienen ese sistema por un motivo muy concreto. Cada uno de los hombres de confianza del líder es bueno en un área en particular. A pesar de que deben estar preparados para cualquier situación, cada uno se especializa en algo. Como imaginarás, la niebla debe serlo en negociar cuando el jefe no está. –

Había escuchado mucho sobre eso. Los seis hombres de confianza que forman el equipo de trabajo del jefe Vongola. Los más cualificados, los mejores en el tema.

–¿El trabajo del jefe? –

–El mismo que el de cualquiera. Debe encargarse de todo al mismo tiempo. La verdad, Tsunayoshi no quería tomar esa responsabilidad, Giotto tampoco. Ambos, cuando eran niños, repudiaban el hecho de pertenecer a Vongola. –

–¿Muy pesado para ellos? –inquirió.

–No te lo imaginas. Ambos han sufrido mucho por pertenecer a la familia, han tenido que enfrentar muchos desafíos y han crecido por la fuerza. Sé que ves a Tsuna como un niño inocente que no se entera de nada, sin embargo, a veces puede llegar a ser tan astuto como un zorro. Él…simplemente ignora lo que no le concierne. –Mammon esbozó una tenue sonrisa. –Sepira lo crio para ser un buen líder y, según Luce, él tiene más la personalidad de ella que cualquiera de sus descendientes. –la mujer miró la pantalla de su laptop y suspiró. –…sí, hubo un cierto momento en el que Tsuna pidió que le negaran el derecho a suceder a Timoteo. Estaba tan decepcionado de lo que significaba llevar ese apellido que…bueno, las cosas se descontrolaron un poco. Luego, cuando Xanxus habló con él, pidió tiempo para pensarlo. Hace poco Daemon me comentó que tanto Giotto como Tsuna planeaban cambiar muchas cosas tras tomar el mando de la familia. –

–¿Cambiar muchas cosas? –

Ella asintió. –Los miembros de la alianza pueden llegar a ser bastante irrazonables aún sí están tratando con un niño. Cuando ellos comienzan a ir a la escuela, los jefes tienen el derecho de saber sobre sus resultados académicos. Muchos de ellos disfrutan humillando a los hijos herederos de otras familias. Ya sabes, el típico: "Mi hijo es mejor que el tuyo". Sin embargo, tratándose de los Vongola, pueden intervenir más de lo necesario. La excusa de Timoteo era que, siendo los prospectos a jefes de la alianza, ellos tenían derecho a saber como iba la cosa. –Mammon chasqueó la lengua. –Las que disminuyeron está práctica fueron Brina y Nana, porque para ellas eso era una falta de respeto a la privacidad de los niños. Lo que, a mi opinión, es cierto. Poco les faltó para insultar a Ryohei y a Lambo por sus calificaciones deficientes durante la primaria. –un recuerdo amargo, ciertamente. –Por otra parte, está el tema de Xanxus. –

Reborn alzó una ceja. –¿El primo de Tsuna y de Giotto? –

–Sí. Aún hay ciertos problemas por el hecho de que no es un hijo de sangre de Brina. Tsuna ya estaba harto de esto, así que, según Daemon, dijo pondría un alto a esa situación. –

Los rumores sobre la unión de los miembros Vongola ya no parecía ser una mentira. Durante largo tiempo escuchó de muchos jefes que los familiares eran bastante unidos, sobre todo los miembros más jóvenes. Ahora que sabía quienes eran Primo y Décimo, casi podía decir que era bastante obvio.

–Por otra parte, los jefes aceptan a Tsuna y a Giotto sin rechistar por los innumerables logros que han tenido desde muy jóvenes. El logro de que la familia Carcassa esté en la alianza es cosa de Tsuna. Y lo de la familia Sarkis es logro de Giotto. –

Recordaba vagamente al hijo de los Carcassa. Aquel mocoso impertinente de cabello rubio. Sí, ese chico se llamaba Saga, según Colonello era un amigo de Tsunayoshi. Y, por lo que había escuchado, se llevaban bastante bien.

–Saga, ese mocoso. –gruñó.

Mammon asintió. –El futuro jefe de los Carcassa, Saga Carcassa. Un amigo muy cercano del renacuajo. –aún no entendía del todo como es que habían hecho amistad. Saga era bastante escandaloso, lo que se contraponía con la personalidad del décimo. Pero sí consideraba que tenía como amigo a Albito, casi podía entenderlo. –Tsuna y Giotto tienen unos amigos bastante…interesantes. –y eso era poco comparado con lo que realmente eran.

–Sí mencionas a Hibari Kyoya y a su hermano Alaude… –el pelinegro los recordaba bien porque eran los que lucían más peligrosos.

–Los hermanos menores de Fon. –comentó Viper. –Por supuesto. Son amigos de la infancia. –

Una conversación lo suficientemente interesante, sin embargo, aún tenían muchas cosas que hacer antes de poder relajarse.

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Dino Cavallone esquivó por muy poco el golpe que Kyoya le lanzó. A veces olvidaba que su novio detestaba las muestras de cariño. Y, aunque estuvieran en la oficina del pelinegro, Dino sabía que él detestaría que Tsuna los encontrase a mitad de algo íntimo.

A veces pienso que aún te gusta Tsu-chan. –comentó el rubio sentándose en uno de los sillones morados. Hibari lo miró molesto.

Vuelve a decir una tontería así y te morderé hasta la muerte.

Las cosas eran bastante simples. Dino tenía la estúpida idea de que él, Hibari Kyoya, seguía enamorado del castaño. Pero seguía sin comprender de donde sacó la idea de que a él le gustaba el herbívoro. En primer lugar, él lo apreciaba mucho. Lo conocía desde hacía muchos años como para que fuera lo contrario. Además, Tsuna jamás le tuvo miedo, lo dejaba hacer lo que quería y era su compañero de entrenamientos. Segundo: ellos siempre habían tenido una relación de amigos-hermanos, tal y como el castaño la tenía con el resto de sus guardianes y amigos cercanos. Por otra parte, él lo entendía como nadie. Así que, a sus ojos, era inconcebible que Dino tuviera esa estúpida idea.

Sin embargo, tampoco se podía culpar al rubio. No cuando la prioridad del pelinegro siempre era el bienestar de Tsunayoshi.

No es ninguna tontería, Kyoya. –Dino cerró los ojos y suspiró con pesadez. –…siempre lo he pensado.

Hibari tenía muchas cosas que decir al respecto. Cierto que se desvivía porque Tsunayoshi siempre estuviera a salvo, pero eso era debido a la relación de hermanos que los unía desde niños. No era una obligación, pero tampoco lo hacía porque el chico le gustase románticamente.

Bufó, irritado.

–…estoy contigo porque quiero, herbívoro estúpido. –Dino abrió los ojos con sorpresa cuando sintió el peso extra en sus piernas. El otro lo miraba con intensidad. –El hecho de que Alaude esté con Giotto no quiere decir que yo deba estar con Tsuna. Además, él es mi hermano, la persona a la que cuido como tal.

Una declaración bastante sincera.

Dino sonrío y se atrevió a pasar sus brazos por la cintura del chico. Hibari no dijo nada en protesta y tampoco se movió. Dentro de pocos minutos podría salir de la empresa sin problemas, porque Tsuna le había concedido el resto del día libre para que lo pasará con el rubio.

El omnívoro me dio el día libre. –comentó con calma. –Iremos a donde quieras.

El mayor se sorprendió. Según había escuchado, Tsuna tenía bastante trabajo por varios motivos. Uno de ellos era la llegada de la lluvia y su padre.

¿Estás seguro? Sé que Tsu tiene muchas cosas que hacer.

Está bien. Él dijo que podría arreglárselas solo con Lambo y Ryohei por hoy.

Dino le dio un suave beso en los labios y se levantó sin soltarlo. Hibari lo miró con desconcierto. Y su confusión aumentó cuando el mayor entrelazó sus dedos con los suyos y lo saco arrastrando de la amplia oficina. Para cuando lo notó, y vaya que tardó un poco en hacerlo, ambos estaban frente al escritorio del décimo.

Tsuna los miraba con extrañeza.

¿Dino?

Me llevo a Kyoya por hoy, hermanito. Gracias por el tiempo.

Tsuna soltó una suave risita y asintió. –Descuida, sé que sueles pensar cosas raras de nosotros, pero Kyoya y yo somos familia, ¿Verdad?

El aludido asintió.

Diviértanse, los veo en la noche. –les sonrío con calidez. –Y mamá dice que pobre de ti que no vayas a cenar, Dino.

Dino se avergonzó. A veces seguía sin acostumbrarse a la relación que Nana había extendido hacía él. La verdad sea dicha, desde la muerte de su madre, la castaña lo había tratado como a un hijo más. Y, de hecho, había vivido muchos años en la mansión Vongola, hasta que llegó el día en que tomó la dirección de la familia Cavallone.

Estaré puntual.

Hayato los vio salir de la oficina desde su asiento en los sillones. Desde siempre le había hecho gracia el tipo de relación que llevaban esos dos. De una forma u otra, Dino lograba sacar el lado infantil de Kyoya cuando estaban solos. Y, así, Hibari era completamente capaz de hacerlo actuar de forma madura.

¿Quién era el adulto en la relación?

Bien. Tsuna y Hayato votaban, secretamente, por Kyoya.

Hoy llega Takeshi. –

El peli plata asintió ante la afirmación de su jefe. –Asari dijo que él iría por ellos. Deben estar por llegar a la empresa.

Tsuna notaba el evidente nerviosismo de su mano derecha. La verdad es que él también estaba inquieto. Y es que jamás en la vida de conocer al beisbolista se habían presentado ante él con semejantes pintas de mafiosos de alta categoría. Hayato vestía su típico traje negro con su camisa roja. Se veía elegante por donde lo analizases.

Y luego se hablaba del décimo jefe de Vongola. Aquel que desprendía elegancia natural por cada poro de su piel.

Somos idiotas. –suspiró el castaño antes de echarse a reír en compañía del otro. –Takeshi es Takeshi.

Gokudera no lo discutía. La verdad es que ambos se estaban haciendo ideas tontas sin siquiera haberlo visto. Tan solo había transcurrido una semana desde que se habían despedido en el aeropuerto de Namimori, la cosa no debía haber cambiado mucho ¿no? Él solo conocería la verdadera forma de vida de sus amigos.

¿Qué están haciendo? –Enma apareció por la puerta junto a Cozart. –Lo que pediste ya está listo, Tsuna.

¿Lo que pediste? ¿Qué pediste? –interrogó Hayato curioso.

El chico se levantó de la silla y se encaminó a la puerta mientras se colocaba el saco que había dejado sobre el respaldo del mueble. –Una visita guiada a Takeshi y Tsuyoshi-san por la ciudad. Desde luego, G, Asari y tú son los encargados de llevarla a cabo. Por lo que, como te imaginas por cómo me estás mirando, tienes el resto del día libre.

Gokudera se apresuró a seguirlo por los pasillos de la empresa. Tras ellos, Cozart y Enma caminaban quitados de la pena, respondiendo las señas de respeto que las secretarias y trabajadores les dedicaban a los cuatro al pasar.

¡P-pero, hay mucho que hacer y tú…!

Ah, dios mío. –se quejó en voz baja. –Tan solo ve y diviértete ¿sí? Yo aún tengo que ir a ver a Albito y llamar a Reborn. No avanzaré muchas cosas hoy y, lo que llegue a hacer, aquí están Ryohei, Lambo, Nagi y Mukuro ¿de acuerdo? No tienes de que preocuparte.

El otro parpadeó sorprendido. No había pensado en que Tsuna le fuera a dar el día libre para que pudiera ir a verse con Takeshi. Le sonrío, amplia e inocentemente. De esa clase de sonrisas que a G le hacían creer que su hermano aún era un niño.

¡Gracias!

Tsuna le devolvió la sonrisa. –De nada. Ahora vamos, porque Asari nos espera en el vestíbulo con ambos.

El resto del camino que hicieron para llegar al vestíbulo lo dedicaron a retocar algunos elementos del plan original de Tsunayoshi, quien les comentó a los tres jóvenes lo sucedido con Byakuran hacía algunas horas.

–¡Yo, chicos! –los cuatro se detuvieron frente a los Yamamoto.

–Se ven elegantes. –les sonrío Tsuyoshi.

Tsuna esbozó una sonrisa nerviosa. –Por culpa de Deamon siento que parecemos de la mafia. –

–¿De la mafia? –

Asari río. –Tiene que ver con una historia que Daemon les contó cuando eran niños. Ahora todos ellos sienten que parecen de la mafia cuando visten así. –

–En fin, me da mucho gusto ver que llegaron bien. –comentó el castaño alegremente. –Antes de que se vayan a dar una vuelta por la ciudad, les presento a Cozart, el hermano mayor de Enma. –el aludido sonrío amigable.

–Mucho gusto. Gracias por cuidar de mis hermanitos. –el pelirrojo miró a los tres menores y volvió a sonreír.

Tsuyoshi notó el ligero acento italiano en sus palabras, a pesar de que en Tsunayoshi jamás lo percibió.

–Un placer. –dijeron ambos pelinegros al mismo tiempo.

–Bien. Por hoy tienen el día para descansar y dar un paseo. Sin embargo, Takeshi, hoy por la noche conocerás a la persona que te ayudará a establecerte en tu puesto. –el castaño lo miró con calidez. –Superbi Squalo es su nombre, y es la mano derecha de mi primo Xanxus. Además, estarás asesorado por tu hermano y por mí tía Brina. –

–¿Y yo qué haré? –intervino Tsuyoshi.

–Ah, sí. Mamá dijo que irán a buscar un buen sitio para que ponga un restaurante de sushi. Es para agradecerle por las molestias que le he causado hasta ahora. –

El mayor parpadeó. –¿Pero de qué hablas, Tsuna? Sí tú a mí no me diste ninguna molestia. –

–Por favor, acepte el regalo. –Hayato también parecía decidido en hacer que Tsuyoshi aceptase lo que ellos querían obsequiarle.

–Vamos viejo, no tiene nada de malo. –

Tsuyoshi ya comenzaba a preguntarse cómo es que no podía negarle nada a esos cuatro pares de ojos.

Recordaba a la perfección el día en que su hijo le presentó a Tsuna. Al principio creyó que sería una amistad pasajera como las que solía tener su hijo, sin embargo, mientras más tiempo pasaba con él más cambios positivos notaba en Takeshi. Antes de notarlo, el castaño se había vuelto una constante en su restaurante, más aún cuando dedicaba parte de su tiempo libre en ayudarlo con su trabajo.

Suspiró, derrotado.

–Bien, pero pagaré cualquier costo en el futuro. –

Bueno, al menos no se estaba negando ya.

Décimo, su hermano quiere que vaya cuanto antes a su oficina para preparar los detalles de la llegada de la familia Mirch. También me pidió que le diera este folder con los documentos para la negociación con los Carcassa. –Tsuna asintió.

Gracias, Irina. Dile que estaré ahí en quince minutos.

La silenciosa mujer rubia asintió con la cabeza. –Perfecto. –y se retiró tan rápido como llegó.

Asari sonrío. –Pensé que ustedes también aprovecharían para ir a pasear. O, al menos, esa impresión nos dio cuando Giotto decidió darnos el día libre, ¿Verdad, G? –el pelirrojo asintió.

–¿Eh? No. Vamos a ir a una reunión con los Carcassa y con los Tomaso. –

–Entonces no deberíamos tomarnos el día. –comentaron los hermanos Gokudera al mismo tiempo.

–No se preocupen. Estaremos bien, vamos los dos. –Tsuna observó con rapidez los archivos y asintió. –En fin, no les quitó más tiempo, Giotto me espera. –

Tras despedirse con su mano, los chicos lo observaron encaminarse al elevador. Cada persona que pasaba por su lado le sonreía y lo saludaba con educación. Inclusive, uno que otro, se detenía para conversar brevemente con él.

–Tsuna es tan popular como siempre. –río Enma.

–Parece bastante ocupado. –comentó Tsuyoshi preocupado. –Lo veo un poco ojeroso. –

Cozart asintió. –Ha estado haciendo muchos movimientos en los últimos días. Ayer se pasó la noche en vela con Dino y con Giotto. –

–¿Dino? –Takeshi ya se encaminaba a la salida junto a los otros.

–Es el líder de la familia Cavallone, además de ser el medio hermano mayor de Tsuna y Giotto. –

Asari suspiró. –Imagino que Tsuna no se los dijo. –

–Lo habrá olvidado. –comentó Hayato. –Para él es normal, después de todo. –

Cozart y Enma se despidieron también. Ellos aún debían completar algunos mandados del castaño antes de poderse sentar a descansar.

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Hibari debía haber imaginado que Dino lo llevaría al parque de diversiones, muy a pesar de que el otro sabía cuánto detestaba las multitudes. Sin embargo, al ver lo feliz que iba Dino paseando bajo el área verde del sitio, Kyoya reconsideró la idea de quejarse por el lugar elegido para su cita.

Suspiró.

Ese caballo idiota lo volvía herbívoro.

¿Por qué habías estado faltando a las cenas cuándo Tsunayoshi estaba en Japón? –preguntó cuando se sentaron bajo un árbol. –Sabes que a Nana le preocupa esa actitud tuya.

Dino se tensó. –…no sé, me sigo sintiendo incomodo por la situación. –el rubio bajo la cabeza.

Espero que sepas lo que dirán esos dos cuando te escuchen diciendo eso.

Dino lo imaginaba. Giotto lo quería demasiado como para soportar que tuviera esos pensamientos horribles en su cabeza. Y Tsuna se entristecería. Eso era seguro.

¿Te molesta Nana? –preguntó el pelinegro. –¿Te disgusta?

El mayor pareció horrorizado por las insinuaciones de su pareja. –¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre decir eso? –Dino lo miró. –Es por Iemitsu…no lo soporto.

Hibari estaba consciente de lo que él estaba hablando. No lo reconocía como hijo, por ello jamás le cedió su apellido. Su madre, Seana Cavallone, había aceptado el hecho de que lo criaría ella sola. Cuatro años después, la mujer recibió la más inesperada de las visitas: Nana Vongola.

Curiosamente, la castaña mujer no estaba ahí para advertirle sobre nada. Había ido a verla con la intención de presentarle a su propio hijo, Giotto, al suyo. Según las palabras de Nana, ella no quería que su hijo desconociera la existencia de Dino, cuyo padre era el mismo que el de sus hijos. Así que, armándose de valor e ignorando a Brina, Nana había ido a verla.

Y se hicieron amigas.

¿Se lo has dicho a alguien?

Dino parpadeó. –¿Cómo?

Kyoya estaba esperando pacientemente a que Dino decidiera decírselo por sí mismo, sin embargo, él parecía no querer mencionarlo.

Squalo se lo dijo a Xanxus y él se lo comentó a Alaude. Lo que sucedió entre ustedes antes de que él se fuera a la misión con Carvallo.

Dino debió imaginarse que Squalo no se quedaría callado. –No. Y no creí que Xanxus lo supiera, debo decir.

Giotto y Tsunayoshi estarán furiosos.

Iemitsu no sabe que los demás están enterados de que soy su hijo. Piensa que Nana conoció a mi madre por accidente y que jamás se enteró de nada.

Y era así como Hibari comprobaba una vez más que ese hombre era un idiota.

En fin, deberías decírselo a los dos. Tsuna se sentirá traicionado sí se lo sigues ocultando. –Kyoya se levantó de la banca. –Tú también eres importante para él, Dino, eres su hermano.

Palabras simples pero ciertas.

El rubio asintió.

Por el momento, se dijo Dino, seguiría disfrutando del día con su novio. Había muchos juegos a los que no había subido nunca y esperaba poder divertirse junto al pelinegro. Ya conversaría más tarde con sus hermanos.

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Iemitsu percibía el pesado ambiente en la mansión. Había escuchado de la servidumbre que sus hijos habían vuelto de su viaje a Japón. Del cual, aún en ese momento, desconocía su objetivo. Timoteo le había comentado que esperase a ver si Tsunayoshi tenía la cortesía de decírselo, sin embargo, el anciano hombre parecía estar casi cien por ciento seguro de que el chico se negaría a decirle nada.

Bufó.

En ese preciso momento estaba espiando por los barrotes de las escaleras al castaño, quien hablaba en… ¿ruso? Con Enma. Poco después detectó la aparición de Giotto que iba con Alaude. Los cuatro se dijeron algo en tono bajo y se dispersaron por distintos lados. Cabe destacar que ambos Vongola siguieron el mismo camino, por lo que Iemitsu perdió el poco valor que había reunido y se quedó tirado en el descanso de la escalera.

¿Se puede saber que haces ahí? –el rubio dio un brinco y un grito. Giró su cabeza, cuando estuvo de pie, y miró a la malhumorada Brina Vongola.

La mujer llevaba su típica vestimenta formal en tonos negros, resaltando la camisa de color vino. Su cabello rubio estaba atado en una coleta y sostenía un folder en su brazo izquierdo. A su vez, notó Iemitsu, Luce Giglio Nero hacía su aparición tras la rubia.

¿Han visto a Aria? –preguntó la mujer con una sonrisa tensa. No quería ser descortés con Iemitsu, pero Nana ya se había desahogado con ella algunos días atrás, así que estaba segura de que necesitaría de todo su autocontrol para no actuar erróneamente.

Brina negó. –Lo siento, pero no. Aún así, creo haber escuchado de Gio que iría de compras con Nana.

Luce asintió. –Ya veo.

Iemitsu tenía muchas ganas de preguntarles algo muy importante a ambas, pero temía la reacción de su cuñada. Miró nerviosamente los alrededores, pero al final decidió que preguntaría sí o sí. Había tomado la decisión de corregir todos los errores que había cometido durante su vida paternal, y eso comenzaba desde cierto rubio de orbes mieles.

Em, chicas, ¿Pueden darme un poco de su tiempo? –ambas mujeres parecieron sorprendidas del tono serio que el otro utilizó, muy diferente del estúpido y chillón.

¿Qué quieres? –interrogó Brina con frialdad. –Tengo cosas que hacer con Xanxus.

Hablarles sobre Dino.

Aquello pareció captar su atención. –¿Qué sucede con él? –preguntó Luce, sosteniendo una parte de su vaporoso vestido blanco. Iemitsu señaló la biblioteca, que estaba a un lado, y los tres entraron en ella.

Luce se sentó a un lado de Brina y el hombre frente a ambas.

Es…bueno, hay algo que jamás les dije. –Iemitsu suspiró. –Hace tiempo tuve un hijo fuera del matrimonio con una mujer muy amable, ella era linda y soñadora. El tipo de mujer que parece tierna. Mi familia era…bueno, ustedes conocen mi historia familiar. Así que, cuando ella me dijo que estaba embarazada entre en pánico y la alejé de mí, porque tenía temor de que mis padres le hicieran daño a mi hijo. –el rubio apretó los puños. –Antes de notarlo me convertí en…esto, una copia burda de mi padre.

Sí lo que tratas de decirnos es que Dino es tu hijo, pues, te digo, vas tarde. Lo hemos sabido todo el tiempo. –Brina se levantó del sillón.

¿Qué? ¿Nana, Gio, Tsu…? ¿Ellos lo saben?

Luce asintió. –Hace tiempo, cuando Nana recién tuvo a Giotto, fue a visitar a Seana para conocer a Dino. Según ella, porque no quería que su hijo creciera sin saber de su hermano. Fue extraño, pero ellas se hicieron amigas. Cuando Seana estaba agonizando en el hospital, le pidió que cuidase de Dino hasta el momento en el que se hiciera cargo de Cavallone. Tsu tenía muy pocos días de haber nacido, así que Seana solo lo cargó una vez.

¿Cómo es qué…? Olvídalo, es hasta obvio que lo saben, sí lo pienso bien. Son unidos, muy unidos. –los había visto más de una vez a los tres juntos. Tenían esa aura familiar entre ellos. Era estúpido que no lo supieran.

Había tratado durante mucho tiempo de alejar a Dino de sus hijos, porque le daba miedo lo que había hecho con Seana. Ella era muy dulce, y quizás habría entendido su situación como lo hizo Nana. Pero decidió huir, porque siempre había sido un completo cobarde. La abandonó a su suerte, enferma y con un hijo. Le hizo creer que no valía la pena y huyó. Sin embargo, vaya mujer con más fortaleza, había logrado sacar adelante su empresa y a su hijo.

A pesar de todo, le dolía que hubiera muerto tan joven, pudiendo haber encontrado a alguien más con quien compartir su vida. Él había arruinado su juventud.

¿Qué harás? Tsuna y Giotto están aquí, los dos. ¿Hablarás con ellos? ¿Te disculparás o seguirás huyendo? –Brina estaba parada a la puerta, mirando hacía el pasillo. Iemitsu miró hacía allí también.

Giotto y Tsuna estaban subiendo las escaleras con parsimonia mientras conversaban sobre la reunión con los Carcassa. Además, el castaño estaba alegre porque Reborn ya estaba por llegar a Italia.

–…hablaré con ellos. –Iemitsu salió de la biblioteca y se posó frente a ellos, bloqueándoles el paso. Giotto frunció el ceño.

Vaya, una semana aquí y es la primera vez que te vemos la cara. –soltó el rubio con veneno.

¿Necesitas algo? –el castaño lo miraba con sus grandes ojos chocolates. Parecía bastante calmado.

Iemitsu asintió.

Tengo que contarles algo. ¿Dino podría venir también?

Está en una cita ahora mismo. –dijo Giotto, serio.

¿Podrían llamarlo? Esto tiene que ver con los tres. –musitó con firmeza.

El oji azul estuvo a nada de replicar, pero el toque en su hombro lo hizo callarse.

Está bien. Mientras tanto, deberías hablar con mamá. –comentó el castaño, sacando su celular.

Iemitsu negó. –Debo hablarles a ustedes primero.

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Byakuran dejó sobre la mesa lo que Bluebell le llevó para cenar. De igual modo que había hecho con el desayuno, la comida y la merienda. La chica frunció el ceño cuando se dio cuenta de que el plato estaba intacto, justo como todos los anteriores a ese. Miró a Kikyo en busca de respuestas, pero el mayor negó con la cabeza.

Ella estaba muy, muy enfadada.

Las cosas se estaban yendo de proporción. Ella era, quizás, seis años mayor que Byakuran. Había concedido cada capricho suyo y se había callado todas sus opiniones porque sabía que tenía que dejarlo madurar por sí mismo.

Pero esto ya era ridículo.

Alto ahí, Byakuran.

Kikyo se estremeció cuando su esposa dejó el delantal sobre el respaldo de la silla de madera. El albino la miró con verdadera sorpresa cuando lo sentó en los sillones y se paró frente a él, con las manos en las caderas en una pose que, por experiencia sabía, era una mala señal.

Te he dejado solo con tu sufrimiento a ver cuánto más aguantabas, pero esto ya es demasiado. ¿Piensas morirte de hambre? ¿Piensas que haciéndote esto lo que hiciste se solucionará para bien por arte de magia? ¿Qué eres? ¿Un niño? ¡No seas idiota! Tú, mejor que nosotros, sabes que lo que le hiciste a Mukuro estuvo mal, sabes que no debiste hacerlo. ¿Qué fue por su bien? ¡No me vengas con estupideces, mocoso! Asume tu miedo por ti mismo, no te protejas detrás de excusas absurdas. –Bluebell se dio la vuelta. –Sí continuas con esto te vas a arrepentir. ¿Quieres ver a ese muchacho casado con alguien que no seas tú? Adelante, estás a nada de conseguir algo que te dañará para siempre.

El sonoro portazo que dio al salir dejó a Byakuran estático. Kikyo se le acercó.

Espero que sepas que estás jugando con fuego, Byakuran. Ella tiene razón. Al menos por una vez en la vida acepta que estás haciendo las cosas mal a tiempo. Eres bueno y el décimo buscará la forma de ayudarlos. Sabes que sí esto continua, Tsunayoshi te destrozará ¿Verdad?

Lo sabía. El juego que había iniciado Tsunayoshi solo podía ser ganado por él. Más de una vez lo experimentó en carne propia. Él no se iba a detener hasta hacerlo entrar en razón, sin importar el método que debiese utilizar. ¿Destrozarlo? Sí, destrozar sus barreras, su estabilidad emocional, sus sentimientos, todo, solo para hacerlo entender.

Lo adoraba por ello. Sin embargo, no daría su brazo a torcer. Estaba decidido a conseguir lo que se había propuesto.

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Su valentía comenzaba a flanquear. Los tres pares de ojos que lo examinaban con certeza lo estaban poniendo más y más nervioso.

Jamás había considerado lo que otros jefes sentían al tener al par Vongola mirándolos de esa forma, quizás ahora podría comenzar a respetarlos más.

No tenemos todo el día. –dijo Giotto con fastidio. –Dino tiene una cita a la cual regresar.

Tsuna parecía ser el único presente en esa habitación que no lo miraba con desprecio. Aunque su mirada estaba lejos de ser amable o cariñosa. Él estaba…alerta.

Escuché de Luce que ustedes ya saben que son, bueno, ustedes saben…

¿Hermanos? –inquirió Tsuna con voz serena. –¿Y qué sí lo sabemos?

Había puesto peor la situación. El castaño ahora sí parecía matarlo con la mirada. Giotto ya tenía el ceño fruncido y Dino lo miraba con desprecio. Sus tres hijos estaban en perfecta sincronía, eso tenía que reconocerlo.

Hay una historia que quiero que escuchen. –el rubio suspiró. –Es sobre mi familia. Más exactamente, mi padre. –el mayor bajo la cabeza. –Yo solía ser miembro de la antes reconocida familia Estraneo, aquella que al final cayó en la ruina a causa de los tratos con el bajo mundo. El padre de Reborn Arcobaleno, Raven, fue su amigo de juegos. Cuando ellos decidieron que era una buena idea robarles dinero, el bajo mundo fue a por ellos. Al final, mi alcohólico, agresivo y destructor padre fue asesinado junto a Raven Arcobaleno. –Iemitsu se negó a mirarlos. –Dino, cuando conocí a tu madre yo estaba huyendo de mi familia. Querían venderme por una buena suma de dinero. Me enamoré de Seana y la embaracé…siendo sincero, me dio pánico que ellos dieran con ustedes. Seana era preciosa y el que estuviera embarazada la habría hecho más llamativa para mi padre. –y eso era poco. –No tengo disculpa, me alejé de ustedes por miedo a ser como mi padre y al final…al final es lo que soy.

El abuelo ya nos lo había dicho antes. –comentó Tsuna, despreocupado. –Sin embargo, no justifica que fueras tan altanero, hiriente y que pensarás que tenías el derecho a humillarnos. Mamá ha soportado mucho por ti, pero tú no quieres soportar nada por nadie.

–…lo que me dijiste cuando te enteraste de lo de Alaude… –susurró Giotto.

Y aquello que me dijiste a mí antes de irte a la misión a España. –murmuró Dino.

Ah, sí, ese tema. Los dos lo habían escuchado cuando llegó a la mansión con Kyoya. La advertencia sobre quedarse callado acerca de su parentesco.

–…lo lamento mucho, juro que seré un mejor padre de ahora en adelante, para los tres. Pero, Dino, jamás quise darle a ninguno mi apellido por lo manchado que está. Ningún Estraneo está orgulloso de serlo.

¿Ninguno?

¿Hay más? –interrogó Dino con extrañeza.

Sí, y ustedes lo conocen bien. –su hermano menor. –Lancia.

Ah, eso explicaba las constantes conversaciones que ambos mantenían cuando el moreno estaba en la cocina ayudando a las muchachas. Más de una vez ellos los habían visto charlando de forma relajada.

No hay forma de olvidar. –comenzó a decir Giotto, saliendo de su sorpresa inicial.

–…pero podemos hacer el esfuerzo de comenzar a entenderte. –finalizó el rubio, empleando su típico tono sereno. –Sin embargo, tenemos reglas.

Giotto se cruzó de piernas y afiló su mirada. –Comienza a pensar en lo sentimientos de los otros cuando hables, nosotros siempre intentamos ser de tu agrado cuando éramos pequeños.

Y nunca fuimos suficiente para ti, eso hay que decirlo. –musitó Dino con seriedad. –Sí nos amabas o no…eso solo tú lo sabes, pero sí quieres cambiar algo debes hacerlo primero por ti. Mi regla es que nos respetes, nosotros nos callamos mucho por respeto. –los mayores miraron al menor a la espera de que dijera algo, pero él se limitaba a observar con intensidad a su padre.

Te hemos dejado hablar y aceptamos tus intensiones. –sus ojos eran calculadores y gélidos, miraban a Iemitsu de la misma forma en la que lo haría Brina. –Pero tú nunca has tratado de entendernos a nosotros. Sí, sufriste y tuviste miedo, pero nunca pensaste en las muchas ocasiones en las que nosotros sentimos temor. Comprendo lo que pasaba por tu mente, pero tú nunca intentaste hacer lo mismo con nosotros. Cada vez que nos viste llorando… ¿Te preguntaste por qué estábamos así? Caminar por la calle con el miedo de que quizás alguien te sigue, ver a tus amigos sufriendo por tu culpa… ¿Alguna vez pensaste en eso? Te fue muy fácil gritarnos lo que quisiste, sin considerar las consecuencias. Te fuiste y no te importó dejar a Giotto, te marchaste y no te interesó lo que mamá sentía. ¿Hay alguna razón por la cuál yo deba entenderte a ti, entonces?

De alguna forma la biblioteca se quedó en silencio. Tsuna observaba fijamente el rostro del contrario, mientras Dino se removía inquieto a su lado. Las orbes azulinas de Giotto se entristecieron ante el sentimiento amargo que se filtró en las palabras de su hermano, esperando que su padre no empeorase la situación.

–…no hay forma en la que yo me pueda disculpar, es cierto. He sido cruel y malvado con ustedes, no los conozco en absoluto. No tengo idea de que comida les gusta, o que es lo que le gusta a Giotto de Alaude. O, peor, no sé cuánta carga llevan sobre sus hombros por ser de Vongola y Cavallone. No sé nada de ustedes. Pero…pero me arrepiento. Cuando los veo a los tres juntos, siendo como uno solo, me arrepiento de no haber estado ahí para ver cómo surgió esa unión. Me siento peor cuando pienso en la forma en que Giotto y tú se hicieron tan cercanos, yo…yo soy una horrible persona, lo lamento, lo lamento tanto…

Tsunayoshi se levantó del sillón y lo pasó de largo, sin mirarlo.

–…esa es mi regla. –Iemitsu abrió los ojos ampliamente. –Se sincero y vive sin mentiras. Y… –el chico se detuvo en el umbral de la puerta. –…si nos vuelves a abandonar, jamás te lo perdonaré. –sentenció con seriedad.

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Lal Mirch quiso hacerse a un lado cuando Iemitsu se le aventó encima. Sin embargo, debido a que tras ella estaba Colonello, solo pudo recibir el apretado abrazo. Masculló una maldición y trató de alejarlo, pero el mayor parecía realmente feliz de verla.

¿Qué sucede aquí? –preguntó Colonello con extrañeza, moviéndose para saludar a Giotto. –¿Y eso que estás con Iemitsu, Gio?

Le estamos dando otra oportunidad. –sonrío con calma. –Por cierto, ¿Qué relación tienen ustedes dos, papá?

Iemitsu soltó a la chica cuando ella lo golpeó en el estómago, y se giró para ver a su hijo con alegría infantil.

Ella es Lal, la hija de los Mirch. –la presentó. –Es como una hija.

Colonello y Giotto se miraron con sorpresa.

Iemitsu me ayudó a salir de Italia, me quitó de encima a mi familia.

El rubio recordaba a la perfección ese día. Lal estaba perdida en las calles de Sicilia luego de haber escapado de su casa, no tenía dinero y se defendía como podía de los hombres que trataban de abusar de ella. Por esa temporada Colonello estaba en Inglaterra con Reborn, así que estaba sola. Pero ese día Iemitsu salió a buscar un regalo para Nana, seis semanas tarde de su cumpleaños, y se la topó peleando con un hombre. Le ofreció ayuda y le cuestionó su situación. Lal le contó todo, con suma desesperación, y él se sintió identificado con ella.

Le dio una casa temporal, un apartamento pequeño en el centro de la ciudad, y la ayudó a salir de Italia. Ella le contó que Colonello estaría viviendo en Japón en poco tiempo, y él la ayudó a irse. Su situación le recordó a la suya con su padre, le tomó cariño como a una hija y le ofreció su cariño paternal, aquel que no sabía que tenía.

Vaya, no lo sabía. –musitó Colonello. –Bueno, no sabía que la persona que te ayudó era Iemitsu-kora. –se corrigió.

Giotto no dijo nada, pero su atención se fue directo a sus hermanos, que venían del jardín cargando canastas llenas de flores. Tras ellos, Nana caminaba con alegría, mientras Brina miraba a los menores con pena.

Sé que ya conocías a Giotto y a Dino. –comenzó a decir Colonello. –Pero no sabías quién era Tsunayoshi, pues ahora te lo presento-kora. –el rubio le hizo señas al castaño, quien le entregó la canasta que llevaba a Dino y se acercó al otro.

Hola Colonello. –saludó alegre. –¿Estabas en las empresas Arcobaleno?

Sí-kora, pero ahora quiero presentarte a mi prometida. –su voz sonaba alegre y cariñosa, mientras lo empujaba hacía ella.

Tsuna miró a Lal con evidente sorpresa y ella le devolvió la misma mirada anonadada.

¡Tú! –dijeron al mismo tiempo.

¡Estabas bien! –Lal sonrío alegre. –Me preocupé cuando ya no te vi. –le dijo, revolviéndole el cabello castaño.

Tsuna sonrío. –Ya no pude ir, Gio ya estaba de vuelta y difícilmente podía salir.

Colonello tosió para llamar su atención. –Disculpen, pero ¿De qué hablan ustedes dos? ¿Se conocían?

Tsuna asintió luego de separarse del abrazo de la mujer. –Sí. Ella me salvó cuando unos hombres quisieron secuestrarme, a cambio, le hice compañía todos los días en el parque. –comentó con calma. –Curioso, nunca te relacione como la prometida de Colonello. –la miró.

Y yo a ti nunca te relacione con los Vongola.

Cuando lo salvó aquel día, él menor caminaba solo de regreso de la escuela. Parecía absorto en sus pensamientos y no se dio cuenta de que una camioneta se paro a su lado. Lal admitía, aunque lo hiciera solo en su mente, que se alarmó cuando el niño grito. Así que, ignorando que no era su problema, lo había ayudado. Y él, tierno y agradecido, se quedó con ella toda la siguiente semana. Y un día ya no lo vio. El mismo día en que conoció a Iemitsu.

El mundo es muy, muy pequeño. –comentó Nana, quien se había detenido a ver lo que ocurría. Dino y Brina siguieron su camino hacia la cocina. –Un placer verte de nuevo, Lal Mirch.

La peli azul asintió. –Un placer.

De alguna forma, Nana los terminó arrastrando a todos a poner las flores recién cortadas en todos los jarrones que había esparcidos por la mansión. La verdad, ninguno tenía idea del momento en el cual acabaron aceptando hacer aquella labor, pero Nana y Brina sí que parecían saberlo.

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Mukuro bajó del avión cuando Spanner le dio un golpe en el brazo para despertarlo. Miró somnoliento el aeropuerto de España y se preguntó el momento en el que accedió a la locura de Tsunayoshi de ir él a solucionar las cosas con Carvallo.

Tsuna dijo que hablabas español, ¿es cierto? –preguntó Shoichi al lado del rubio. –Porque yo no.

Oh, vamos, Tsu lo mandó a sabiendas de que hablaba español, ¿no? –dijo Albito alegre.

Mukuro no sabía que era peor: sí el que Tsuna lo hubiese enviado a España sin darle otra opción, o sí el que estuviera ahí, sin opción, con Albito y sus secuaces. Bien podría haber ido solo, pero el décimo se negó, ve tú a saber por qué.

Ya cállense. Esteban Carvallo pasará por nosotros a las diez de la mañana. –les dijo Mukuro, harto de tanta palabrería. –Y cómo sigan molestando, los mataré.

Entre esto y aquello, Mukuro descubrió que Tsuna se había quedado con su tridente. No supo en qué momento se lo quitó, pero estaba seguro de que era obra de su adorado jefe. Y, tras pensar un largo momento en eso, recordó cuando le dio un abrazo en el aeropuerto.

Frunció el ceño.

Tsunayoshi era mucho más astuto de lo que parecía.

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Reborn decidió que era buena idea darle una sorpresa a Tsunayoshi. Por ello, caminaba tranquilamente por las calles de Sicilia con dirección a Vongola. El edificio era magnifico, eso había que reconocerlo. Y el interior lo era más. La recepcionista lo miró por encima de los folders que leía y sonrío un poco.

¿En qué lo puedo ayudar? –preguntó educada.

Reborn sonrío. –¿Es posible que pueda ver a Tsunayoshi Vongola?

La mujer parpadeó y negó con la cabeza. –Lo siento, pero el décimo no está por aquí. Salió hace mucho junto al joven Dino Cavallone.

Reborn frunció el ceño. ¿Dino Cavallone? ¿Quién era ese y por qué Tsunayoshi estaba con él desde hacía mucho?

Descuida, Ilena, yo lo atiendo. –Reborn no tuvo que girarse para reconocer la voz de Giotto Vongola. Pero lo hizo por instinto.

Por supuesto, Primo. –la mujer volvió su vista a lo que hacía y ambos jóvenes se miraron fijamente.

El rubio le hizo señas para que lo siguiera al elevador. –Tsu está ocupado, Reborn. –le dijo cuando las puertas se cerraron. –Tiene que hacer algunas cosas fuera de Vongola. –Giotto presionó el botón que lo llevaría el decimoquinto piso y lo miró. –Las preparaciones para la reunión de las familias las está ejecutando él mismo. Ayer envió a Mukuro a España para solucionar lo de Carvallo.

Reborn no pudo evitar fruncir el ceño cuando el nombre de Mukuro salió en la conversación. Miró al rubio y luego a las puertas metálicas del elevador.

¿En dónde está ahora? –interrogó con fastidio.

Está en la mansión de los Vendicare. Fue a ver a Bermuda.

Bermuda Von Veckenschtein era uno de los jefes familiares más mencionados en los acuerdos. Reborn había escuchado de Mammon que era un chico bastante extraño y complicado, por ello, muchos de los nuevos jefes no eran muy afines a él.

Tsu es muy amigo suyo, así que fue a verlo para pedirle que no esté en contra de Mukuro.

Reborn suspiró con pesadez. Tal parecía que su novio tenía amistades bastante extrañas y peligrosas.

Giotto salió del elevador con el pelinegro tras él. Caminaron por un largo pasillo e ingresaron en una enorme y elegante oficina. Junto al escritorio de madera negra estaba Gokudera G con su hermano menor. Hayato lo observó.

¿Reborn? –mencionó el peli plata con sorpresa. –Creí que llegarías hasta mañana.

Vine antes.

Giotto sonrío. –¿Alguna noticia de Dino? –preguntó, quitándose el saco negro y dejándolo sobre el respaldo de su silla.

No. Ya llamé a Tsuna, pero…bueno, me contesto Lambo y dice que aún sigue en la junta con Bermuda. Decidí probar suerte con Jager, y me dijo que estaban por terminar. –contó Hayato. –Por cierto, vino Zakuro de Gesso, dijo que quería hablar contigo, Primo.

G alzó una ceja. –¿Y por qué te dio el mensaje a ti?

Porque primero fue a buscar a Tsuna, pero él no estaba. Luego preguntó por Giotto, y le dije que estaba fuera también. Después quiso saber quien iba a regresar primero y le dije que Primo, por eso me dijo que le notificara que quería hablar con él.

Giotto asintió.

Ya hablaré con él después. Además, él quiere hablar con Tsuna, no conmigo. –el rubio se sentó en su silla y tomó el legajo que G le tendió. –G, llama a Alaude. Saldré de nuevo. –ordenó tras leer las hojas.

¿A dónde vas ahora? –preguntó el otro ya en la puerta.

A la mansión Mirch.

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Bermuda Von Veckenschtein era un chico de diecisiete años con un carácter impredecible y complejo. Por lo general, estaba solo. No le gustaban las conglomeraciones y prefería disfrutar de la soledad. Sin embargo, su única excepción era Tsunayoshi Vongola, el chico que se hizo su amigo en una bodega subterránea cuando estaban secuestrados.

¿Por favor? ¿Solo una? –Bermuda bajo las hojas que leía y miró el rostro suplicante del castaño Vongola.

No.

¿La mitad?

Bermuda escuchó la risa de Alejandro y frunció el ceño. –Dile a Jager que le sirva un plato de galletas. –ordenó con un suspiro. Tsuna sonrío con total ánimo y se recargó en las cómodas sillas de tapiz negro.

¡Gracias, Bermuda!

Bermuda Von Veckenschtein, aquel que además de todas sus características tenía un pasatiempo que Tsunayoshi adoraba: la repostería. Lo cierto era que Bermuda ya conocía aquella extraña afición de su amigo por las galletas y los postres, por ello, siempre le hacía galletas de diversos sabores. Pero ese día estaba enojado con él, así que había decidido castigarlo sin su ración de galletas.

Sabes que no puedes enojarte con él. –río Lambo, en el momento en el que Tsuna se distraía con el celular.

Vale la pena intentarlo. –suspiró. –Además, me desespera que haya perdonado a Mukuro y a Byakuran.

Lambo, que hasta ese momento había estado sentado en los sillones, sonrío con calma. La verdad era que todos, al principio, habían pensado lo mismo que Bermuda, pero cuando Elena los regañó comprendieron lo que Tsunayoshi estaba pensando.

¡Gracias, Jager! –Lambo y Bermuda miraron al alegre chico que ya comía su ración de galletas glaseadas.

Bermuda suspiró.

En fin, ¿Cómo planeas hacer que el resto de la alianza acepte lo que estás haciendo? Es obvio que Dino, Daemon, Alaude, Bianchi, Cozart, Reborn y el resto de tus conocidos no van a decir nada, pero ¿y los demás?

Tsuna esbozó una sonrisa muy al estilo de Xanxus y dejó su plato sobre el escritorio del otro.

Muy sencillo. El resto de la alianza está poco interesada en lo que me suceda, ellos solo van a ver lo que es mejor en términos de habilidad y resultados. Por este motivo es por el que envíe ayer a Mukuro para España.

Bermuda asintió. –Es seguro que él arreglará lo que Iemitsu hizo. Los Carvallo adoran a los Spade tanto como a ti y a Giotto.

Tsuna asintió. –Exacto.

Además, la segunda fase de su plan yacía en ese viaje. Era por ese motivo que le había pedido a Albito que fuera con él, porque sabía que pronto se esparciría el rumor de que tanto él como Mukuro habían ido de viaje juntos. Y el que Shoichi y Spanner estuvieran ahí solo le daba el toque necesario para hacerlo más creíble aún, porque ambos eran pareja, y Shoichi era un buen amigo de Albito, aquel que viajaría con él para cuidarlo.

Tsuna esbozó una sonrisa maliciosa.

En aquel encuentro con Byakuran en su oficina, hacía pocos días, había querido dejarle en claro que las cosas iban en serio. Quería ver sí podía hacerlo recapacitar antes de tomar medidas drásticas. Pero, como ya suponía, tendría que hacer uso de sus mejores cartas para que Byakuran cayera en la telaraña que estaban tejiendo para él.

¿Cómo va tu plan? –preguntó Bermuda. –¿Has logrado algo con Byakuran?

Ya cayó. –Tsuna sorbió un poco de agua. –Hablé con Bluebell en la mañana, me dijo que Byakuran está por los suelos. Solo es cuestión de tiempo.

La red de contactos de Tsunayoshi Vongola era incluso más amplia que la del propio Timoteo. Él tenía amigos incluso en las familias más nuevas, por ello era que la información pasaba tan rápido. Y, desde los inicios de su amistad, Tsuna se había caracterizado por ser el único capaz de hacerlo entrar en razón.

Así que ahora es un plan para ponerlo celoso. –comentó Bermuda con calma.

Tsunayoshi río. –Claro que no. Aunque todo va bien sí es la impresión que da. Byakuran es lo que está pensando, así que es perfecto. –el castaño miró su celular antes de volverlo a dejar en su bolsillo. –El plan va encaminado a hacerlo ver que ya lo perdió. El comentario sobre comprometerlo fue el primer paso. La impresión de los celos es el segundo.

Bermuda y Lambo se miraron.

¿Y el tercero?

Tsuna recargó su barbilla en la palma de su mano izquierda. Sus ojos reflejando un brillo de misterio malicioso. –¿No lo adivinas? Tienes todas las pistas frente a ti. –Bermuda parpadeó.

El día de la reunión… –susurró con sorpresa. –El viaje a España y todo eso, los tiempos…Mukuro va a regresar justo cuando la reunión ya haya comenzado.

¿Y con quién iba? –preguntó con diversión.

Bermuda lo miró con sorpresa y luego sonrío. –Ya veo, así que es eso.

Lambo y Alejandro se miraron sin comprender, pero sí algo había por seguro, era que Bermuda parecía interesado en el desenlace de toda aquella situación.

Y justo cuando Tsuna se levantaba de la silla para retirarse, Dino ingresaba por la puerta junto a Jager.

Es hora de irnos, Tsu, aún hay que tratar con los Carcassa.

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Yamamoto Takeshi suspiró con alivio cuando Brina le dedicó una sonrisa. Tal parecía que Squalo y Brina estaban bastante emocionados por sus progresos en tan solo dos días. Y aunque Tsuna y Hayato lo negasen, era imposible no notar que muchas cosas las sabía por ellos. El modo de hacerlas los delataba a ambos por completo.

–¿Cómo vas? –la voz de Asari interrumpió el silencioso ambiente de la biblioteca. Takeshi, un tanto desconcertado por el repentino cambio entre el italiano y el japonés, sonrío ampliamente al verlo.

–Brina-san dice que bien. –

La rubia sonrío. –¿Bien? ¡Este chico absorbe la información como una esponja! –

–¡VOOI! Estoy seguro de que los enanos tuvieron que ver. –exclamó Squalo.

Asari lo miró parpadeando. –Em, ¿Squalo? ¿Por qué llevas el cabello trenzado? –

El albino se encogió de hombros. –Fue Uni. –

–¿Uni? ¿Qué no estaba en Japón? –

–Jaja, Gamma-san llegó con ella está mañana. Aria casi tuvo un infarto. –sonrío Takeshi. –Ahora está jugando con Fuuta en los jardines traseros. –

Asari río.

–¿Y tú que haces aquí? ¿No deberías estar con Giotto? –preguntó Squalo. –Hace rato el enano menor llegó por Kyoya y se volvió a ir. –

–¿Tsuna? ¿Qué no iba a estar con Bermuda? –inquirió Asari con extrañeza.

–Fue a ver a los Carcassa. –

Asari emitió un "ah" y luego sonrío. –Vine porque Alaude me pidió que recogiera unos documentos relacionados con Lal Mirch. Tal parece que su familia vuelve a buscarla y ahora piden el apoyo de Vongola. –

Squalo y Brina fruncieron el ceño.

–Creí que Iemitsu se los había quitado de encima. –comentó el albino con molestia.

–Lo hizo, pero ahora que saben que se va a casar quieren impedirlo. El sueño de Alyssa Mirch siempre ha sido casar a su hija con Giotto, pero como ella está comprometida con Colonello, ha puesto el grito en el cielo. Peor aún, porque ella está aquí, en Italia. –explicó Asari. –Aunque tal parece que Iemitsu no es tan idiota como parece y los hizo firmar un acuerdo legal sobre no molestarla, les quitó sus derechos y él aparece como su tutor legal desde hace muchos años. –el pelinegro les mostró el documento. –Firmado y notariado, así que Giotto lo pidió para quitárselos de encima definitivamente. –

Brina se levantó del sillón y se encaminó hacía la puerta. –Iré contigo. –Squalo y Asari se tensaron. –Squalo, quedas a cargo de Takeshi en lo que vuelvo…iré a destrozar a Alyssa. –la sonrisa que se dibujó en sus labios hizo que los dos chicos se miraran con temor.

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Tsunayoshi había llegado tarde a las empresas Vongola. Eran las siete de la tarde y el sol ya se estaba ocultando. Dino había desaparecido con Kyoya nada más bajar del auto, y Lambo ingresó primero que él, así que había llegado a su oficina él sólo.

–Bienvenido. –el castaño, que cruzó la oficina sin detenerse a pensar que, extrañamente, las luces estaban encendidas, se detuvo en seco y abrió los ojos ampliamente. –¿Sorprendido? –

Tsunayoshi se giró de inmediato y observó a Reborn, quien se encontraba sentado en los sillones bebiendo café. El castaño amplió una sonrisa.

–¡Reborn! –

El pelinegro se había levantado, se le había acercado y lo había abrazado. Tsuna correspondió el contacto con emoción.

–Llegue en la mañana, pero no estabas. –el chico se alejó del mayor y parpadeó. –Estuve un rato con Giotto, incluso lo acompañé a ver a los Mirch. Por cierto, tú tía es una mujer de miedo. –la verdad es que la reunión estaba demasiado tensa. Alyssa Mirch se había puesto como loca al verlo, pero él estaba ahí por Colonello, después de todo, él trabajaba en sus empresas y era su deber ver por él.

Cuando las cosas se estaban poniendo peor, y Giotto comenzaba a enojarse, Asari había llegado junto a Brina Vongola, quien resolvió el asunto en diez minutos con una expresión dulce que parecía hecha para matar. Igual, Alyssa pareció tranquilizarse nada más la vio, porque no le rebatió un solo argumento a la mujer.

Después, cuando Giotto los presento, Brina lo había analizado, lo amenazo de muerte con una sonrisa amable y dulce, y susurró una sentencia. Así que, él tenía prohibido tocarle un solo cabello a Tsunayoshi hasta que él tuviera la mayoría de edad. Y, viendo como era Brina, prefería cumplir con su palabra, además, era prueba de su buena voluntad hacía los Vongola.

Por mucho que le pesara.

–¡Estoy muy feliz! –le sonrío. –Creí que llegarías hasta el día de la reunión. –

El pelinegro le dio un suave beso en los labios y sonrío ladino. –Pude viajar antes. Además, Gamma estaba histérico por venir a ver a Aria. –

Tsuna sonrío. –Eso quiere decir que Uni está aquí. –

–Sí. Creo que Gamma iba a hablar con Aria. O eso fue lo que dijo. –

Ambos se sentaron en los sillones a conversar, a sabiendas de que más tarde Tsuna tendría que presentar al otro al resto de su familia.

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Superbi Squalo reprimió una carcajada cuando Xanxus tiró de Tsunayoshi para ponerlo a su lado. Reborn, quien alzó una ceja ante la acción, observó fulminante al mayor. La verdad es que ambos habían dejado las empresas cuando Tsuna recibió la llamada de Nana, quien lo apresuraba a llegar para la cena.

Reborn Arcobaleno. –siseó con veneno. –Así que ahora estás con Yoshi.

Tsuna suspiró. –Xanxus, me lo prometiste. –la forma en que lo miró y la expresión triste, hicieron que el pelinegro parpadeara. Squalo sonrío.

¿Qué intención tienes con el enano? –el peliblanco parecía divertirse, pero Reborn notó enseguida el brillo asesino escondido en sus ojos platas. –Bel, llévate a Tsuna y déjalo con Giotto. También ve por Dino.

El rubio, que apareció de entre las sombras, se llevo al castaño sin darle oportunidad de rechistar. Squalo y Xanxus se miraron.

Esto es muy sencillo, Arcobaleno. –dijo Xanxus. –Tú lástimas a Yoshi y yo te mato. Tenlo en cuenta en el futuro, basura.

Reborn ya estaba fastidiado de lidiar con las amenazas de la familia Vongola. Miró a los dos hombres que estaban frente a él y chasqueo la lengua. Una cosa era soportar a Giotto, quien era el hermano mayor del castaño, y otra era el resto de la familia.

¿Piensas matarme? –su tono de voz salió venenoso y burlón. –Lo siento, pero no tengo que atender a tus amenazas.

Antes de notarlo, una bala rozó su mejilla, y una espada se coloco cerca de su cuello. Reborn esbozó una sonrisa ladina, y Squalo se alejó de él para esquivar la patada que el pelinegro pensaba propinarle.

La sonrisa de Xanxus se amplió, y señalo con su cabeza los jardines de la mansión. Tras él salieron Squalo y Reborn. La pelea comenzó cuando la segunda bala fue disparada, esta vez por mano del Arcobaleno. Superbi sintió la emoción de la batalla recorrer su cuerpo, y una sonrisa tenebrosa se extendió en sus labios.

Reborn notó que la espada que Squalo blandía era larga, pero que tenía algo extraño en ella. Cuando los proyectiles fueron disparados, el pelinegro entendió el motivo de su presentimiento.

La pelea comenzaba a tornarse demasiado intensa, Reborn se deshizo de su saco negro, mientras que Xanxus tiraba a un lado su gabardina. Squalo recogió su cabello y se colocó a un lado de su prometido.

Los tres se miraron.

El jardín estaba hecho un desastre, las bancas de mármol estaban rotas, los árboles yacían tirados sobre el pequeño estanque del fondo y las flores hacía rato que habían desaparecido entre el caos.

Squalo se limpio el sudor de la nuca, Xanxus se sacudió un poco de la tierra que cayó en su pantalón y Reborn cargo su pistola verde. Un par de segundos pasaron, mientras se analizaban, y luego los tres se lanzaron al ataque.

Ya estuvo bien. –una voz fría tensó a Squalo, mientras su espada era bloqueada por otra. Al mismo tiempo, Xanxus notó la mano que se posaba en su brazo, bloqueando su ataque, y Reborn sintió el empujón de una patada en su abdomen.

Cuando el aturdimiento pasó, los tres notaron frente a ellos a Asari, Tsunayoshi y a Fon. Dentro, observando lo que ocurría, estaban Giotto, Dino y Nana, quien mantenía su ceño fruncido.

¿Se puede saber que están haciendo con mi jardín, niños? –Nana sonreía, pero sus ojos reflejaban su molestia. –Respondan.

Tsuna se alejó de Xanxus, se colocó entre Fon y Asari, y se cruzó de brazos. Reborn se sacudió el pantalón y observó a su pareja, quien lo ignoraba y miraba a su madre.

No tengo mucho que decir, mamá Nana. –susurró Squalo, enfundando su espada. –Lo siento.

Xanxus asintió, de acuerdo con el albino.

Brina los espera dentro. –ante aquello, Xanxus tragó saliva en seco, mientras Squalo se tensaba.

–…y tú, Reborn Arcobaleno, ¿Cómo te atreves a venir a mi casa a pelear con mi familia? Debes saber lo que significa esto para Vongola. –soltó la mujer.

Ellos me provocaron. –respondió con seriedad.

Fon suspiró. Asari sonrío tensó y Tsuna frunció el ceño.

Y tú me has provocado a mí. –Nana salió al jardín. –Tsu, tendrás un entrenamiento más estricto con Brina, Fon y Alaude. A partir de mañana te levantarás a las cuatro de la mañana y practicarás hasta las siete y media. Cuando vuelvas por la noche, será de ocho a once. ¿He sido clara? –los ojos de la castaña vislumbraron el rostro serio de su hijo.

Sí, mamá, muy clara.

Reborn la miró desconcertado. –¿Por qué lo castiga a él? Yo he sido quien…

No eres un Vongola, no soy la jefa de las alianzas y no tengo ningún derecho a castigarte. Pero Tsunayoshi es mi hijo, él te trajo y por ello se originó todo esto. Por consecuencia, él debe cumplir el castigo adecuado. –Nana se giró. –Te pido que salgas de la mansión, Reborn Arcobaleno.

Giotto miró a su hermano, pero le hizo señas a Fon y a Asari, quienes lo siguieron. Tsuna, al verse sólo con Reborn, negó con la cabeza.

–¿En serio peleaste con Xanxus y Squalo? –el castaño miró el desastre del jardín. –…no lo puedo creer. –suspiró.

–Lo repito, ellos… –

–Sé cómo pueden ser esos dos, pero tú también debiste decir algo que los molesto. –el menor lo miró. Y Reborn supo que estaba furioso por el tinte naranja que cubría el tono chocolate. –Fue muy complicado para mí abrirme a mí familia para decirles como me sentía. No sabes lo mucho que dudé en decirte sobre Vongola y tú… –Tsuna suspiró. –Olvídalo. Mamá ya te pidió que abandones la mansión. Hazlo, está furiosa. Y yo tengo un castigo que cumplir. –

Reborn no alcanzó a decir, pues en la puerta se encontraba un hombre rubio que observaba a su hijo con seriedad.

–…trataré de hablar con ella. –le dijo el mayor a Tsuna, quien le sonrío.

Está bien, papá. No la harás desistir, lo sabes. –y fue lo último que escuchó de ellos, porque desaparecieron en el interior de la mansión.

¿Qué demonios acababa de hacer?

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Gokudera Bianchi giró un poco el rostro cuando Fon y Alaude golpearon al mismo tiempo a un cansado Tsunayoshi. A su lado, Aria y Luce se mordían los labios con completo nerviosismo. Después de todo, Nana también estaba molesta con ambas.

La noche anterior la cena había sido tensa y silenciosa, pero cuando el castigo dado a Tsuna por lo ocurrido llegó a oídos de todos los presentes, Enma y Kyoya habían dado a conocer lo que las Giglio Nero hicieron antes de llegar a Italia.

Y Nana se había enfurecido.

Vamos, a penas son las seis. –sonrío Brina, mientras el castaño se levantaba del suelo. Fon miró a su hermano, pero Alaude negó con la cabeza.

Lo sé. –contestó con calma, limpiándose la sangre del labio.

El décimo estabilizó su peso antes de ponerse en la postura adecuada para luchar. Sin embargo, Brina se sorprendió cuando se dio cuenta de que aquella pose pertenecía al estilo de artes marciales de Bermuda. Aria silbó, impresionada.

Esto es demasiado. –dijo Bianchi, estresada. –Mamá Nana exageró.

Iemitsu, que recién aparecía en el lugar, no pudo evitar pensar que Bianchi tenía razón. Muy a pesar de lo mucho que esos tres amaran a Tsuna, también era cierto que adoraban luchar. Así que, muy en el fondo, Iemitsu comenzaba a sentir respeto por su hijo menor, quien soportaba el ritmo de los tres de una muy buena forma. Y, la verdad, es que el hombre se vio hipnotizado por la forma de luchar que tenía su hijo.

Y…ya son las siete y media. –dijo Brina, justo cuando Tsuna lanzaba una patada que se detuvo a centímetros del rostro de Alaude.

El rubio sonrío. –…muy bien.

Tsuna se dejó caer en el suelo. Estaba agotado. Y su castigo apenas comenzaba, aún le quedaban las tres horas de la noche.

¿Tienes hambre? –preguntó Iemitsu, haciendo notar su presencia. –Lancia y yo te hicimos de desayunar. –Tsuna sintió su estomago rugir y se sonrojo.

Gracias, papá.

¿Piensas hablar con Reborn? –preguntó el rubio cuando Tsuna estuvo a su lado.

No preguntes. –el menor camino adolorido por los pasillos, hasta que llegó al comedor. Dino, al verlo, le sonrío y lo abrazó con cariño.

Giotto le palmeó la cabeza y Nono le sonrío. Tsuna quería creer que todo aquel castigo terminaría pronto, pero se sintió mejor cuando Xanxus y Squalo llegaron más apaleados que él. Brina caminaba tranquila, detrás de ambos, y Coyote se limitaba a reprimir una risa.

Me muero. –musitó el castaño cuando se dejó caer a un lado de Hayato, quien lo miró preocupado.

¿Estás bien? –siguió Lambo. –¿Llamo a Ryohei?

Tsunayoshi sonrío un poco. –Estoy bien, solo estoy molido.

Todos guardaron silencio cuando Nana apareció en el lugar. Timoteo suspiró. Ya hablaría con su hija luego.

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Fon suspiró. El humor de Reborn estaba de mal en peor desde que salió de la mansión Vongola. Lal y Colonello se limitaban a observarlo, y Mammon negaba con la cabeza cada cierto tiempo.

–Metiste en un serio problema a Tsuna, Reborn. –Verde estaba sentado a un lado de Mammon, quien asintió con la cabeza. –Hacer enojar a Nana Vongola es lo peor que puedes hacer.

Y no es como que él no lo supiera ya. Pero estaba fastidiado de que todos se creyeran con el derecho de intervenir en su relación con Tsuna, aunque luego de pensarlo, notó que era evidente que lo hicieran. Desde luego, Colonello le había tenido que decir que Tsunayoshi también había recibido su buena dosis de advertencias de parte de todos los amigos de Reborn. Porque, a pesar de todo, Aria, Lal, Verde, Mammon, Bianchi, Fon y Colonello lo apreciaban mucho.

Y ahora sabía que su novio estaba furioso. La noche anterior ni siquiera le dirigió una frase completa. Se había ido y ya.

–¿Qué vas a hacer? –preguntó Lal luego de un largo rato. –Cuando me fui en la mañana él ya estaba entrenando. –

–¿Entrenando qué? –gruñó el otro, irritado.

–Artes marciales. –dijo Fon. –Mamá Nana nos dio esa tarea a mí, a Alaude y a la tía Brina. –

Reborn lo miró fijamente. –¿Tú lo estás entrenando? –

–Lo entrené desde que era pequeño, sí. –sonrío. –Pero será un castigo muy pesado. –

Lal había pasado por el área en la que estaba Tsunayoshi a eso de las seis de la mañana. Y, la verdad sea dicha, se horrorizo cuando vio cómo estaba. El entrenamiento era mucho más que estricto, Brina era despiadada. Pero el menor se defendía muy bien, tanto que les dio problema a los dos hermanos Hibari.

–Te pasaste está vez, Reborn. –dijo Aria, quien había permanecido en completo silencio desde que llegó con Fon y Bianchi.

–Fue horrible. –susurró Bianchi.

–Y aún falta la parte de la noche. –comentó Fon. –Estará castigado por tres meses. –

Reborn se mordió los labios. No solo hizo que su novio se enfureciera con él, también lo había metido en problemas con su madre y, encima, lo habían castigado por algo que no fue su culpa.

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Byakuran Gesso no supo que decir cuando Tsuna se apareció en su oficina con expresión cansada. Lo observó saludar con su mano derecha, recostarse en su sillón blanco y poner su brazo sobre sus ojos. Curiosamente, no vestía con su traje negro. Llevaba un pantalón de mezclilla, una camiseta naranja y tenis. Su cabello estaba más largo que de costumbre y parecía bastante exhausto. Aunque ni así se veía peor que él. Byakuran quería saber porque el décimo siempre se veía bien, sin importar lo que se pusiera.

¿Tsu? –decidió hablar cuando notó que el chico comenzaba a quedarse dormido. –¿Estás bien? –el albino se levantó de su silla giratoria y camino hasta él, se sentó en la mesita de centro y con cuidado retiró el brazo de su rostro, para poder observarlo.

Estoy molido. –dijo, mirándolo con sus grandes ojos chocolates. –Y Reborn no deja de llamar, déjame quedarme aquí.

Byakuran frunció el ceño. –¿Sucedió algo?

Tsuna sonrío. –Reborn peleó con Xanxus y Squalo. Mamá se enfureció y yo salí castigado. No quedó nada del jardín. Ahora está en reparación.

Byakuran parpadeó. Se enderezó y lo miró fijamente.

Vaya, ahora entiendo.

¿Y tú cómo estás?

Su visita era engañosa y Tsunayoshi sabía que Byakuran estaba al tanto. Pero eso no quitaba el que su amigo tuviese ganas de gritarle que estaba mal. Pero Byakuran se abofeteó mentalmente, se encogió de hombros y sonrío con falsedad. Sus ojos buscaron no toparse con los chocolates y abrió la boca para hablar.

Ya veo. –el castaño sonrío y se sentó en el sillón. Byakuran cerró la boca con desconcierto y lo observó levantarse. –Eso es lo que hay, ¿eh?

Byakuran nunca iba a entender a Tsuna. Él era enigmático, característica que compartía con Giotto y con Sepira Giglio Nero. Siempre parecía saber algo que los demás no, sobre todo cuando el asunto los involucraba a ellos, sus amigos.

Vas por muy mal camino, Bya-chan. –la forma en que lo llamó lo hizo sentir un escalofrío. Y el recuerdo de Kikyo diciéndole que Tsunayoshi lo destrozaría lo hizo quedarse helado. El castaño lo miraba con una seriedad tenebrosa, pero ni así se sentía amenazado.

Su expresión era calmada, pero luego de algunos segundos sonrío con dulzura.

Continúa así, Byakuran. La terquedad es un rasgo que pertenece a los Vongola por naturaleza. ¿Quieres ver hasta dónde llegaremos? –su sonrisa lo hizo tragar saliva.

¿Qué es lo qué…?

Estás jugando conmigo, no lo olvides. Habrá que ver quien perderá primero. –y el albino lo vio desaparecer por la puerta.

Kikyo y Zakuro, quienes habían estado escuchando detrás de la puerta, respiraron aliviados cuando el décimo se fue.

–…tan terrorífico como siempre. –susurró Zakuro, ingresando en la oficina. –¡Hey! ¿Estás bien?

Byakuran solo reaccionó cuando Kikyo le dio un suave golpecito en la cabeza. Y la mirada de su mano derecha reflejaba el mismo comentario que él recordó.

"–…Tsunayoshi te destrozará. –"

No lo dudaba ni un poco. El décimo estaba jugando en serio. Él estaba siendo muy serio, realmente no le iba a tener piedad.

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Continuará~

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¡Hoooolaaaa gente!

¿Cómo están? Ya sé que me he tardado un montón en actualizar, pero el capítulo es muy largo, así que siento que los recompenso un poco.

En fin, la noticia es que aún quedan dos capítulos más. Así que aún les daré un poco más para leer, ¡Estoy súper emocionada!

Pero ya no los entretengo más, pasó a mi parte favorita, ¡Los agradecimientos!:

ReynaFantasma: jaja, Mammon siempre tan creativa con sus amenazas. Y he aquí ya el encuentro de Reborn con Varia, ¿Qué te pareció? Espero te haya gustado el capítulo.

Sawada-Reiko: jeje, ya solo quedan dos capis, así que espero este te haya gustado :)

SnowHikari-chan: muchas gracias. En serio me hace muy feliz saber que te gusta mi historia. Un beso y un abrazo, espero te haya gustado el capi :)