CAPÍTULO 10
MONUMENTO A LA SOLEDAD
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Este sótano es un ataúd
Estoy enterrada viva.
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Su comida estaba delante de ella pero no se había atrevido a probarla aun. Sabía que Ulquiorra iba a entrar en su habitación de un momento a otro. La idea de tener el plato intacto frente a ella la aterraba, pero no tanto como la idea de que sus amigos murieran. Aun podía sentir el reiatsu de Kuchiki-san, estaba peleando con todo lo que tenía, pero estaba rodeada de una desesperación que Inoue nunca había sentido antes, tal vez Kuchiki lo ocultara muy bien y no lo pudo notar antes. Se preguntó qué podría haber gatillado esa angustia en el corazón de Rukia para que se sintiera de esa manera.
¿Por qué nunca me dijo que se sentía de esta forma? ¿Contra quién está luchando que su corazón se está quebrando?
Inoue estaba completamente quieta con su cabeza agachada, miró el plato de carne con papas doradas sin sentir hamnre en lo absoluto. Suspiró tomando el tenedor y decidió que necesitaba comer si quería tener la oportunidad de preguntarle a Ulquiorra si le podría permitir salir de esa habitación. Sin embargo, cuando el utensilio tocó la comida, la única cosa que pudo hacer fue moverla alrededor de su plato.
Moriré aquí sólo para estar a salvo.
Moriré aquí sólo para estar a salvo.
Tal vez… si me escondo detrás del Sofa no lo note. No. Aun ahora puedo sentir sus ojos mirándome, vigilando cada uno de mis movimientos… sus ojos…
Suspiró una vez más. Le resultaba a veces imposible sacarse los ojos de Ulquiorra de la mente y sobre todo de sus pensamiento cuando estaba sola en esa habitación. Esa mirada que le había dado cuando lo bofeteó la iba a perseguir el resto de su vida. Se tocó la mano un momento, mirándola con cuidado recordando lo que había ocurrido. Le dolía, le ardía y al mismo tiempo sentía que cosquilleaba en ansiedad.
¿Qué me pasa?
Incluso en ese momento de desesperación podía cerrar los ojos y recordar el día en que lo encontró durmiendo y lo observó durante un largo tiempo mientras lo hacía. Se sentía muy avergonzada de pensar en ello. Él estaba durmiendo con tanta calma, sin emitir sonido alguno y luego ese deseo imprudente vino a ella… quería cubrirlo con una de sus mantas. Tan pronto como caminó hacia él, arrodillándose a su lado para taparlo y acomodar el plumón… sus ojos se abrieron. Por un segundo, sintió que no era una amenaza para ella, sólo por un momento, sintió que él le tocaría el rostro para ver cómo se sentía su piel contra la de él. Pero había fracasado, estaba tan sorprendida de que hubiese despertado que había soltado un pequeño grito y para pedirle perdón por ello lo había llamado "Ulquiorra-kun". Había sentido la forma en que él se había alejado desde ese día. Y justo entonces, sentanda en frente de aquel plato de comida sin tocar, no podía evitar preguntarse si había habido un tiempo en su estadia en que a él de hecho le hubiese importado ella.
Porque tú te fuiste.
Yo obtengo nada.
Claro que no. ¿Por qué le importaría? Sólo soy una carga para él, una orden que debe seguir. Y… lo bofeteé. Probablemente me odie ahora. Desearía que Kuchiki-san estuviese aquí. Desearía que Kurosaki-kun abriera esta puerta…
Deseó poder saber qué estaba pasando. Sólo podía sentir la forma en que Kuchiki-san estaba llevando su alma al límite luchando. El corazón de Inoue dolió. Deseó que alguien la pudiera abrazar, realmente lo deseaba en ese momento.
Soy tan débil. Necesito que alguien esté aquí conmigo en vez de poder pelear por mi cuenta. Soy tan débil… me avergüenzo tanto de mi misma.
El tenedor se le deslizó por los dedos hasta caer al suelo mientras que su corazón se saltaba un salto. Justo entonces, el reiatsu de Kuchiki-san desaparecía. Todo su cuerpo comenzó a temblar, sus ojos se volvieron vidriosos mientras las lagrimas aparecían y caían a la mesa sin si quiera tener la necesidad de pestañar.
– Kuchiki-san…
Todo aquello era demasiado para su corazón, ya no podía aguantarlo más. Empezó a respirar pesadamente, se estaba ahogando viva.
–¡Kuchiki-san! – Gritó con angustia mientras lanzaba lejos la comida con un movimiento instintivo de su mano y corría hacia la puerta. Intentó abrirla, girar la manilla con toda la fuerza que tenía, pegándole energéticamente con ambos puños. - ¡Déjenme salir! – suplicó golpeando la puerta una, dos, tres y todas las veces que se necesitaran, hasta que sus puños le comenzaron a doler. - ¡Por favor! ¡Déjenme salir! – Gritó una vez más, gritó hasta que su voz se agotó en su garganta. Pero todo aquello era inútil, no había nadie ahí, nadie iba a ir a buscarla. Sus amigos estaban muriendo uno a uno y todo lo que ella podía hacer era sentarse ahí y mirar como pasaba desde la lejanía. – Dejen…me… - Ya no tenía la fuerza en su cuerpo. – No… no puede ser… - apenas se mantenía de pie mientras se inclinaba hacia la puerta. – Kuchiki-san… - Su corazón se estaba quebrando. – No puedo… no puedo más… no puedo soportarlo.
Y tú te vas con apenas una señal.
Nunca te dije "Adiós".
Golpeó la puerta algunas veces más, gritando para que la dejaran salir pero todo parecía inútil.
–¡Tsubaki! – Gritó finalmente, dándose por vencida con lo demás. – ¡Koten Zanshun! – Era la única manera que tenía para liberarse de esa habitación. - ¡Lo rechazo! – Una fuerte luz dorada golpeó la puerta, pero además de que ésta temblara un poco, no se movió. - ¡Lo rechazo! – gritó una vez más entre lágrimas mientras Tsubaki iba contra la puerta sin causar daño en ella. - ¡LO RECHAZO! – Tsubaki hizo que la puerta temblara con fuerza y algo de polvo cayó desde el techo hacia ella, pero nada pasaba. Aizen se había asegurado de que no pudiera salir de ese lugar con sus poderes. – Lo…Lo…Rechazo… - Pero Tsubaki ni si quiera atacó la puerta esta vez. Su voz era tan débil que sólo volvió a su lugar. Era inútil.
Caminó hacia el sofá. Ya no podía permanecer de pie por más tiempo. Tembló mientras forzaba sus piernas a que se siguieran moviendo, todo su cuerpo tiritando sin control por el dolor que su alma estaba soportando. Apenas estuvo lo suficientemente cerca del sofá, colapsó sobre sus rodillas, llorando. Podía sentir las últimas palabras de Rukia directamente en su corazón… "Estoy en camino…Inoue…" Más lágrimas salieron de sus ojos mientras gemía en agonía… "Estoy en camino…Inoue"
Todo esto es mi culpa. Están aquí por mí.
Cerró los ojos con fuerza, arrugando toda la cara mientras que hundía el rostro contra los suaves cojines del sofá, sentándose en el piso. No tenía la fuerza ni si quiera para llorar o gritar o intentar golpear la puerta. Apretó los cojines entre sus manos, intentando controlar su cuerpo, pero todo era inútil.
Ishida-kun, Kurosaki-kun y Abarai-kun todavía están en camino. Kuchiki-san y Sado-kun aun podrían estar vivos… tengo que ser fuerte. Podrían necesitar que los sane. No puedo darme por vencida ahora y perder mi esperanza en ellos. Nunca dejaré de creer en ellos. Kuchiki-san dijo que venía en camino. La esperaré con una sonrisa, no con lágrimas.
Justo en ese momento, sintió que todo su cuerpo era rodeado por algo. Era el reiatsu de Kurosaki-kun. Suspiró mientras sentía esa esencia familiar abrazando su cuerpo. Era él… el hombre que ella amaba intentando protegerla incluso a la distancia. Su ropaje blanco ondeó hacia arriba con la energía, haciéndola tiritar. Era él, no tenía duda sobre eso.
Y la energía desapareció tan repentinamente como apareció, dejándola preguntándose sobre ello.
– Kurosaki…kun…
Silencio. No había nada dentro de ella ahora, sólo soledad y desesperación. Incluso podía sentir el viento soplar afuera mientras que una tormenta de arena se acercaba a Las Noches.
–¡NO! – Gritó inclinando todo su torso contra el sofá. No lloró esta vez, tal vez porque estaba confundida por la energía o quizás porque no quedaran más lágrimas en ella. – Primero Kuchiki-san, y ahora Kurosaki-kun… no puede ser.
Pero no tuvo tiempo de pensar en ello. Un ruido vino desde la puerta. Alguien estaba forzándola para abrirla con una llave o algo así, era un ruido raro.
– Ulquio…
Y entonces se abrió, sin que pudiera ver quién era por la luz brillante que venía desde el pasillo ocultando la presencia de fuese quien fuese que estaba entrando.
–¿Lo ves? La princesa está completamente sola. – Risa femenina, voz femenina. No, no era sólo una, eran dos. La puerta se abrió un poco más y ahora si podía ver quién era con certeza: Menoly y Loly. Instantáneamente temió por su vida. Tal vez, ahora que sus amigos habían sido derrotados, no tenían necesidad de que ella viviera. – Orihime-chan… ¿Juguemos un juego?
