Disclaimer: Los personajes perteneen a Stephanie Meyer.

Edades:

Edward: 10

Bella: 10

Rose:11

Emmett:11

Alice: 10

Jasper: 10


Capitulo 10: Perdiendo la Esperanza.

Era como si el agujero cada vez fuera más profundo; cada segundo se acrecentaba con los recuerdos que atacaban su mente que, aunque trataba de evadirlos, venía automáticamente. La acosaban en sueños; terribles pesadillas llenas de resentimiento y añoranza. Las posibilidades no dejaban de alterarla, cavilando acerca de lo que pudiera haber sucedido.

Quería forzarse a sí misma a seguir adelante, pero el dolor era más fuerte que ella. Los intentos eran en vano. La culpa la embargaba, siendo consciente de que no sólo se había descuidado a sí misma, sino también a su familia.

El negro monopolizaba sus atuendos; independientemente del luto que guardaba, no sentía ánimos de buscar algo colorido para usar. Su vestimenta reflejaban su pesar, su sufrimiento, los sentimientos encontrado dentro de ella.

Se esforzaba por mostrarse tan alegre como solía comportarse, pero no podía. Había una pieza del rompecabezas que no encajaba. No podía ser ella misma le faltaba una pieza.

Bella se preguntaba si algún día su madre podría tomar en cuenta que no era la única que cargaba con la pérdida de un familiar. Sus amigos eran los únicos que mejoraban la situación.

No había vuelto a demostrar tan evidentemente su atracción hacia Edward, pero el lazo entre ellos se había reforzado y no había marcha atrás. No había un día en que no intercambiaran besos en sus mejillas, sin importarles las miradas extrañadas de los hermanos Cullen.

Hacía cuanto podía por permanecer lejos de su madre, aunque eso hiciera crecer más la grieta que se había abierto en su alma. Sentía que la brecha era cada vez más amplia sin poder remediarlo de ninguna forma. Deseaba fervientemente decirle a Renée cuánto la amaba y que, quizá, podría apoyarla ahora que la necesitaba, pero ésta jamás se lo permitió. Había sido lo suficientemente insensata para no percatarse de que su hija se había alejado de ella por la forma en que ella misma la hacía a un lado, como si se tratara de un estorbo.

Esperaba impaciente por la llegada de sus amigos. Mecía sus piernitas, inquieta; cuando escuchó el timbre repiquetear por toda la planta baja no tardó más de un par de segundos en levantarse de su asiento y correr a la puerta.

— ¡Yo voy! —exclamó, moviendo sus pies rápidamente.

Segura de que Esme era quien le esperaba tras el umbral, abrió la puerta de un tirón, más fuerte de lo necesario. Se sorprendió al comprobar que no era Esme. En su lugar estaban un par de hombres que no podía reconocer. Sus rostros eran tan iguales y tan diferentes a la vez… Tan inescrutable uno como el otro, sin ninguna expresión visible en sus facciones duras. Uno era moreno y el otro rubio, pero estaban tan bronceados que apenas distinguirías la diferencia en su tono de piel.

Eran mucho más altos que Bella. Se sintió intimidada ante lo desconocido, tragando en seco cuando sus miradas se enfocaron en ella. Por instinto, dio un paso atrás.

—Charlotte —llamó en voz baja, esperando que ésta pudiera escucharla. —Charlotte, ven —imploró, mucho más agudo de lo normal. — ¿Quiénes son? ¿Necesitan algo?

—Sí —murmuró el rubio, grave, con una nota petulante. —Pero no algo en lo que tú puedas ayudarnos —la burla con la que hablaba incluso llegaría a ser humillante.

— ¿Llegó Esme, Charlotte? —interrogó Renée en las escaleras.

Bella resopló mentalmente, ¡al fin había salido de esa claustrofóbica habitación!

— ¿Quién eres tú? —le devolvió la pregunta el moreno, no con mucha más cortesía que su compañero.

—Isabella Swan, mi hija —anunció Renée, detrás de ella. Haló a su hija por un brazo con delicadeza, situándose entre su pequeño cuerpo y los desconocidos. Había adoptado una postura protectora tan repentina que pareció olvidarse de su aflicción por un momento.

—Entonces ella es Isabella —cuchicheó el uno al otro. —Creí que sería mayor…

— ¿Necesitan algo, caballeros? —repitió la pregunta hecha por su hija segundos atrás, impidiendo que ellos hablaran de más frente a su hija. No era indispensable que ella conociera cada pormenor…

—Señora Swan, —intervino el moreno—nuestras condolecías.

— ¿Qué es lo que quieren? —exigió firme.

—Hablar con usted —respondió el rubio, altanero.

—Isabella, cariño, sube a tu habitación —dijo Renée con tono firme aunque suave. Era la primera muestra de afecto que le había dado en días, por escueta que fuera. Se preguntó qué era lo que había hecho mal para que la llamara por su nombre completo. —Obedéceme —imperó al observarla parada estática.

—Sí, mamá —susurró.

Un impetuoso deseo de fisgonear la dominó, pero tuvo que poner todo de sí para reprimirlo. No podía espiar, no sólo porque sería una falta de educación, sino que, si era descubierta, las consecuencias serían muy malas.

Las dudas la asaltaban. ¿Quiénes eran ellos? ¿Por qué estaban en su casa? ¿Cómo se habían enterado de la muerte de su abuela? Si bien Forks era un pueblo pequeño en la que todo se sabía tarde o temprano —más bien temprano—era obvio que ellos no eran originarios de Washington.

—Compórtense —pidió Charlotte con dulzura, distrayéndola.

—Lo haremos —respondieron a coro.

Su habitación no era muy pequeña, pero tampoco era excepcionalmente grande. Era curiosa la forma en que podían caber seis personas sin sentirse incómodos.

—Hola —dijo Bella.

—Oye, ¿estás bien? —interpeló Jasper, conociendo exactamente sus emociones desde el momento en que había pisado la alcoba —. Pareces preocupada.

Maldijo por lo bajo, aunque hubiera sido una buena mentirosa Jasper hubiera sabido la verdad de sus sentimientos. Se confortó pensando que, incluso cuando pudiera mentirles, ellos se darían cuenta.

—No es nada…

— ¿Sabes? —acusó Alice. —Te conocemos perfectamente. ¿Qué ocurre?

Bella soltó un suspiro, derrotada. Explicó lo sucedido minutos atrás; lo atemorizantes que podían llegar a ser esos hombres; resumió su breve diálogo y acotó resignada que su madre la había enviado a su habitación seria e inescrutablemente. Agregó, quejumbrosa, que la había llamado por su nombre completo.

—Los adultos son extraños —le restó importancia Emmett.

—Pero mamá nunca se comporta así —señaló Bella, aumentando su propia confusión.

—Quizá sean viejos amigos —aventuró Rosalie, sin creerse ni una palabra.

—Si fueran amigos no habrían sido tan descorteses—suspiró. Bella miró a cada persona en su dormitorio.

—Todo irá bien —aseguró Edward. —Emmett tiene razón, los adultos son extraños.

Se esforzó por olvidar lo sucedido, al fin, no encontraría la respuesta de ninguna forma. Había algo que no encajaba; un detalle que no conocía que no le permitiría descubrir qué era lo que estaba sucediendo en sus narices. Le pareció una tarea imposible.

Renée volvió a su perpetuo encierro en su recamara, como si nada hubiese ocurrido.

Sugirió sin darle demasiadas vueltas al asunto el primer juego que se le vino a la mente. Nunca había sido buena para esconderse pero pensar sobre un buen lugar le facilitaría distraerse. No necesitaron decirlo en voz alta para hacer saber que todos estaban de acuerdo.

—¡Emmett y Rosalie cuentan! —dijeron unas cuantas octavas más alto.

—Nosotros siempre contamos —protestó Rosalie. —No es justo.

—Ha sido unánime —se burló Alice. Ella, como siempre, tuvo la última palabra, sin la menor posibilidad a réplica.

Emmett, en cambio, no debatió ni una palabra, sólo se dedicaba a ver el suelo con su rostro sonrojado, contando los minutos para que los demás fueran a esconderse…

—Hay que ir por parejas —propuso Jasper, poniendo sus pies en el jardín que se hundía a cada zancada que daba.

—Vamos, Alice —aceptó Bella, sujetando la mano de la chica.

—No —se opuso, desasiéndose de su mano. —Sabrán que estamos juntas—excusó, sin saber exactamente por qué había refutado su oferta. —Tú ve con Edward.

Era la primera vez que volverían a estar solos y, por alguna razón, eso los ponía nerviosos a ambos. Se convencieron a sí mismos que no había justificación para dicho nerviosismo, eran los mismos de siempre.

Alice rió complacida al ver la ligera incomodidad de su amiga. Se arrepintió al instante de haberla metido en semejante embrollo cuando se dio cuenta de que, si ellos se iba, se quedaría sola con Jasper.

—Tonta, tonta Alice —se recriminó a sí misma sin que nadie pudiera escucharla. —¿Vamos? —preguntó en voz baja, escondiendo sus emociones.

En los labios de Jasper bailaba una sonrisa que la hubiera hecho suspirar si no hubiera sido consciente de que su mirada estaba fija en ella. Soltó una risita histérica cuando éste tiró de su mano para hacerla avanzar.

— ¿Te sientes bien? —inquirió con serenidad.

—Claro, ¿por qué no habría de estarlo? —fingió un aplomo que no sentía.

Él enarcó una ceja, obviamente no creyendo su mentira. Ella pensó que lucía estupendamente guapo con esa ropa.

—Si tú lo dices —se rindió. —¿Dónde podríamos escondernos?

— ¿No es demasiado pequeño? —torció el gesto, inconforme.

—Jasper, —lo miró fijamente —nosotros somos pequeños.

En efecto, ella era tan menuda como una astilla y Jasper era más bajito que sus hermanos, aunque Edward tampoco era muy grande, lo pasaba por un par de centímetros.

En cuclillas, se movieron despacio tras los arbustos que adornaban la pared sur del jardín. Jasper iba detrás de Alice. Ella no necesitaba que nadie estuviera al pendiente de ella sus paso eran seguros y firmes, a pesar de que sus plantas no tocaran por completo el suelo humedecido.

—Mi ropa se ensuciará —gimoteó, percatándose por primera vez del lodo esparcido alrededor de las plantas.

—Te veras bien, de todas formas —elogió sin siquiera prestar atención a sus palabras; era simplemente lo que había querido decir.

—¿De verdad lo crees? —quiso asegurarse, dudando de que las manchas de barro pudieran borrarse del impecable color blanco de su pantalón.

—Estoy convencido.

Finalmente se dejó caer al lado de Jasper sobre el fango, ya sacudiría su ropa después. Cruzó sus piernas, apoyando sus codos contra sus rodillas. Recargó su cara contra su palma izquierda, mientras la derecha descasaba contra el pasto, hundiéndose contra su peso.

Su rodilla y la de Jasper se rozaban ocasionalmente. No dijo nada cuando Jasper cubrió su mano con la propia, pero tampoco protestó. Observó a su alrededor, buscando cualquier señal de su hermano o Rosalie buscándolos. Agudizó el oído intentando escuchar la más mínima pisada.

Le llamó la atención que uno de los múltiples árboles que Renée cuidaba con tanto esmero se moviera levemente.

—Qué extraño —susurró, frunciendo el ceño.

— ¿Qué? —la interrogó Jasper escuchando su lucha interna.

—Mira —apuntó hacia el árbol frente a ellos. Ambos observaron como las ramas se mecían entre ellas a pesar de que el viento no soplaba.

—Qué observadora —reconoció.

— ¿Es que acaso Emmett no sabe contar? —gimió, desesperada. Sus músculos comenzaban a entumirse, con ese inconfundible y molesto cosquilleo después de un largo lapso de inactividad.

—Deben estar buscando en algún otro lado.

—Ven, Rose —dijo Emmett. —Deben de estar en alguna parte.

—Shhh —. Jasper puso un dedo sobre sus labios —.Aquí vienen.

—Qué extraño —se quejó Emmett —. Creí que Bell dejaría una marca o algo. ¡Ella siempre esta cayéndose!

Ellos tuvieron que reprimir una risita, él llevaba la razón. Sin embargo, no estaban dispuestos a ser encontrados.

— ¿Dónde puede estar Alice? —agregó Rosalie.

—No tengo idea —contestó. —Ella podría esconderse en cualquier parte, es demasiado enana.

Alice llamó traidora a Rosalie en su mente cuando ésta soltó una risilla.

Al otro lado del jardín, Bella miraba dudosa el alto árbol que su madre cuidaba con adoración. ¡Y vaya que había hecho un gran trabajo! Era altísimo.

—Seguro, mono araña—dijo con sarcasmo. —Jamás he podido subir a un árbol y resultar ilesa.

—Eso es porque nunca has subido conmigo —contestó con una sonrisa presuntuosa.

Ella pensó que, de no ser lo mucho que le gusta, ya le habría propinado un buen golpe por presumido.

—Lo haré—accedió con un suspiró.

Bella jamás sabrá como lo hizo, pero escaló por el tronco, asiéndose de las ramas y en un par de segundos estaban en sentado meciendo sus piernas sobre una de ellas.

—Olvidaste un detalle, genio —acusó, mirando hacia arriba. —Tú eres mucho más alto que yo.

—Nunca pensé en que me imitaras —contraatacó, sintiéndose orgulloso de que ella no pudiera replicar. —No quiero que te lastimes. Ven —extendió su mano, dejándola a su alcance.

—¿Perdón? —dijo escéptica.

—Sólo toma mi mano, te ayudaré.

—Caerás —predijo —.Te golpearás contra el suelo.

—Por supuesto que no—bufó. —Toma mi mano.

—Soy muy pesada —arguyó, sin estar convencida de que fuera una buena idea.

—Tonterías. Deja de quejarte y dame tu mano. Si caigo prometo no culparte —persuadió, mirándola a los ojos, esperando que fuera suficiente para convencerla.

—Lo será.

— ¡Sólo hazlo! —gruño, con la irritación fluyendo en su voz.

Él no tuvo ningún problema en alzarla. Tomó su otra mano y la ayudó a sentare a su lado, como si no pesara ni un gramo. Era más fuerte de lo que aparentaba. Ella se le quedó mirando sorprendida, pero él ignoró sus ojos deslumbrados y escaló hasta la siguiente rama.

—Sube —pidió con cortesía. —No nos encontrarán arriba.

—Caeré.

—No lo harás —dijo con seguridad. —No dejaré que te lastimes. Vamos, confía en mí.

Repitió el proceso por lo menos tres veces, soportando su peso para que no hiciera ningún esfuerzo. Ella se sintió agradecida de no caer.

— ¿Cómo bajaremos? —preguntó, una vez sentada en una de las ramas, segura. Él la miró con los ojos desorbitados y la sombra de la duda atacó su expresión. —Oh, Dios mío —murmuró, sintiendo que su respiración se aceleraba.

Él soltó una carcajada ligera.

—Deberías haber visto tu cara —apenas pudo decir entre risas. —Obviamente sé cómo bajar, Bella.

Ella le propinó el tan deseado golpe, entornando los ojos. Se sentía ofendida, ¡se estaba burlando de ella!

—Eh, eso duele —gimió, sobando el área de su brazo que había golpeado.

—Bien. —Giró su rostro para no tener que verlo, fingiendo que no estaba ahí.

Sus risas cesaron. Sus dedos se posaron en la barbilla de ella, provocando que se volviera hacia él. Evitó su mirada, como si no sintiera la descarga eléctrica recorrer su cuerpo mientras sus dedos permanecían en su cara.

—No te enfades —suplicó en un tono lastimero. —¿Puedes perdonarme?

—No —dijo con firmeza.

Sus mejillas se habían teñido de un rosa adorable y la miraba con tanto arrepentimiento que tuvo que resistirse para no quedarse viendo hacia éstos y hundirse en ellos.

—Por favor —imploró—. No quería ofenderte.

—Te pareció muy divertido, ¿o no? No veo por qué no puedes seguir divirtiéndote…

La acidez con la que habló hizo que su corazón se contrajera.

—No si estas enfadas conmigo.

—Pues lo estoy —.Movió su cabeza para deshacerse de su contacto y cruzarse de brazos con dramatismo.

—Por favor, Bella, perdóname.

Él era un tramposo. Sabía que si le hablaba en ese tono ella lo perdonaría al instante, sin importar qué hubiera hecho. Era la clase de voz que te haría desear abrazarlo y pedirl que no estuviera triste.

—Eso no es justo…

— ¿Entonces, me perdonas? —una sonrisa se le dibujó en los labios, creyendo que había ganado.

—Claro que sí—. Dejó que él la envolviera en sus brazos. Agregó contra su oído —Sabes que no puedo enfadarme contigo. ¿Podemos bajar ahora? —pidió, sintiendo que el vértigo la invadía.

—En cuanto esté seguro de que ellos no están mirando —contestó mirando por entre las hojas hacia el suelo.

—Ven —dijo Jasper con un hilo de voz, apenas Alice que estaba junto a él podría escucharlo —. Debemos movernos sin que puedan vernos.

Se deslizaron con gracia a través del pasto, sin hacer un solo ruido. Miraban por sobre sus hombros cada vario segundos para asegurarse de que sus hermanos no estuvieran mirando.

Al arrastrarse en cuclillas por entre los rosales una espina rozó el tobillo de Alice haciéndola gemir.

— ¿Estás bien?

—Sí —le restó importancia. —Sólo me corté.

— ¿Te duele? —preguntó tontamente. Quiso golpearse a sí mismo por haber dicho eso en voz alta.

—No mucho —aseguró haciendo un gesto de dolor.

Él caminó mucho más despacio vigilando cada paso de Alice. Apenas había sido un corte pero sangraba y su piel ardía cada vez que se apoyaba sobre su pie izquierdo.

— ¿Puedes correr? —quiso saber. No quería que se lastimara más.

—No lo sé —hizo un mohín —. Tal vez, pero si no lo hago perderemos.

—No, Alice —dijo con prudencia. —Te puedes lastimar, si no haces ruido podremos llegar antes de que nos vean.

—No pasara nada…

—Ya dije que no —murmuró severo. Ella le sacó la lengua, haciéndolo sonreír —. Vamos, ten cuidado con tu pie.

Giraron sus cabezas cuando escucharon a Edward y Bella bajar de un árbol con sigilo. Les había alertado un crujido que podía haberse confundido con una caída. Pero nadie parecía haber tropezado, ni siquiera Bella. Ella había aterrizado con suavidad al lado de Edward.

Rosalie miró en la misma dirección que ellos, encontrándolos.

— ¡Jasper! —gritó Alice, cuando ella intentaba adelantarse y él permanecía de pie, inmóvil. No le importaba si dolía, solo serían unos segundos. Alice Cullen nunca perdía.

—Tu pie…

— ¿A quién le importa eso? —gimió, instándolo a moverse con ella.

No logró recorrer más de dos metros cuando sintió que su tobillo le lastimaba. Sin detenerse, alzó su pierna izquierda y comenzó a moverse a pequeños pero veloces saltos, manteniendo arriba su pierna.

Brincaba ágilmente, avanzando rápidamente hacia su objetivo. Jasper le dedicaba miradas extrañadas. Corría a su lado, asiendo su mano, con todas sus fuerzas.

Alice logró llegar antes que su hermano, y sintiéndose victoriosa, se dejó caer en el suelo para reposar su pierna.

—Vamos, Alice —insistió Jasper. —Busquemos una bandita.

Habían entrado a la cocina, en busca de algo que comer después de una larga jornada de juegos del escondite.

— ¿Qué tienes en el cabello, Charlotte? —había preguntado Rosalie.

—Es… ¿una hoja? —Jasper le siguió la corriente.

—No es nada, chicos —contestó nerviosa…

Alice sospechó que era ella quien agitaba las hojas y no el viento inexistente. No dijo nada, no estaba segura de su afirmación.

Las manecillas del reloj parecieron correr mucho más aprisa pues, en lo que les pareció un abrir y cerrar de ojos, era hora de volver a casa. Lilian y Esme intentaron sin mucho éxito a la madre de Bella. Aunque ella no pudo escuchar su conversación, estaba segura de que no habrían obtenido mucho más que ella.

—Buenas noches —deseó Bella. Cerró la puerta en un movimiento suave, girándose en el proceso. Estaría sola una vez más.

No había dado más de cuatro pasos cuando la puerta volvió abrirse, haciéndola tensarse, recordando por primera vez lo sucedido horas antes. Afortunadamente para ella, su corazón y su cordura, era Charlie.

—Hola, cariño—.Besó su frente, con más cuidado de sus usuales movimientos bruscos y sin una gota de garbo.

Tomó una ducha rápida antes de cenar, preguntándose si esta noche Renée tomaría su lugar en la mesa. Cada día se hacía la misma pregunta y cada día se sentía incluso más decepcionada al observar su lugar vacío.

Se vistió con su pijama de toda la gama de los azules, era su favorita. Su cabello era un lío, buscando sobre el tocador se dio cuenta de que lo había olvidado en la habitación de su madre.

Cruzó el pasillo con calma, dejando que sus pies descalzos pisaran las frías baldosas. A diferencia de ella, su madre acostumbraba mantener la puerta abierta. No le pareció necesario tocar antes de entrar.

El envase de uno de los perfumes de Renée estaba tirado en el suelo, hecho añicos tras el impacto. El delicado aroma de éste era tan intenso en la habitación que le revolvía el estómago.

—Tú no eres culpable —reconfortó Charlie. —Nadie lo es.

Hablaba con paciencia y estima, haciéndola detenerse. No quería interrumpir una escena semejante.

— ¿Nadie lo es? — indignada. — ¿Nadie? ¡Por supuesto que hay un culpable! —gritó con histeria. Su voz se parecía más un chillido. — ¿Sabes quién lo es? ¿¡Lo sabes!

—No, Renée, no lo sé —contestó con temple.

— ¡Tú! —incriminó. —Tú y tu estúpido trabajo. ¡Ahora dices que estás preocupado por Bella! ¿Sabes quién estuvo aquí hoy? Esos agentes de Arizona —él la miró incrédulo, pero ella no le permitió hablar. — ¡Tenías que haber visto la cara de Bella, estaba aterrorizada! Y lo peor de todo es que ella tenía razón pero yo no podía hacer nada por ella. ¡Me sentía tan impotente de no poder hacer nada!

— ¿Qué hacían aquí? —indagó.

— ¡Por el amor de Dios, Charlie! Tu hija estaba horrorizada porque dos extraños vienen a su casa y sólo se te ocurre preguntar el motivo—resopló, sin bajar ni una octava su voz. —Eres increíble. Nos mudamos por una razón; ¡huimos por esa razón! Por tu trabajo y tus errores. ¡Tenías que meterte con esa escoria! —gritaba, desgarrándose la garganta. Su esposo la escuchaba con la cabeza gacha con cada palabra quedando grabada en su mente. —.Arruinaste nuestra vida en Phoenix; ahora mi madre ha muerto… —no pudo evitar soltar un sollozo lastimero antes de continuar, ahora mucho más bajo, casi en un susurro. —Porque ellos decidieron vengarse.

—No te estoy entendiendo —explicó con la voz entrecortada.

— ¡Lo que escuchaste! Están libres y todo indica que fueron ellos quienes estuvieron en cada de mi madre—tomó un respiro, como si no tuviera el suficiente para proseguir. —Quizá ella estaría viva si…

—Tú sabes mejor que nadie que no era mi intención —decía en tono neutro, aunque alguien que lo conociera tan bien como Bella o Renée podía adivinar que sus sentimientos eran un desorden.

—Pero sucedió—agregó inmediatamente después. —No voy a permitir que dañen a Bella, no a ella.

Renée vació su armario de un solo tirón. Como pudo, lo hizo caber en una maleta; las prendas estaban arrugadas, chocando unas contra otras. Charlie lo miraba estupefacto sin mover un solo músculo.

— ¿Qué haces?

— ¿Tú qué crees? —lo miró con sarcasmo. —Me voy de aquí.

—No… no puedes hacer eso. No.

—Por supuesto que puedo, sólo mírame —se señaló a sí misma para un segundo después seguir con su tarea. —Ya lo estoy haciendo.

Le tomó por sorpresa mirar a su hija en el umbral, mirando la escena, inmóvil. Ella tenía la misma expresión que había esbozado cuando los desconocidos estuvieron ahí; oscilando entre el miedo y la duda; la tristeza y la incertidumbre.

— ¿Estuviste escuchando? —.Bella le respondió con un ligero asentimiento. —Bien, así no tendré que explicártelo.

Repitió el proceso: descolgar, doblar y guardar. Lo hizo varias veces hasta que la maleta de Bella, mucho más pequeña, estuvo llena. Había desocupado su armario en un dos por tres. Colocó con cuidado los objetos personales de su hija, mientras sostenía con el hombro el teléfono.

—Medianoche —confirmó, hablándole a la bocina. —Gracias, señorita.

— ¿Qué...?

—Nos vamos —le informó, sin ninguna expresión en su voz. —Ahora.

— ¡No! —suplicó. —No me irá, estoy bien aquí.

—No te lastimarán, Bella, no lo voy a permitir —.Cerró la cremallera de la maleta, presurosa. —Por favor, no te pongas difícil.

— ¡No me estoy poniendo difícil! —gritó —. Es sólo que no haré algo que no quiero, y no puedes obligarme.

—Puedo —retó Renée. —Cámbiate, estaré abajo.

—No iré a ningún lado —arguyó, desesperada.

—Lo harás, no me importa si no es lo que quieres —dijo sin vacilar, fuertemente.

—No.

—No es un sugerencia —reprendió. —Harás lo que yo digo.

—Mamá, no.

—Apresúrate, Isabella—exigió. —Nuestro vuelo saldrá en unas horas.

Salió de la habitación, demostrando su impaciencia en cada paso. Bella no tenía idea de cómo reaccionar, sólo sabía que debería obedecerla. Una idea iluminó su mente, como último resquicio de esperanza.

— ¿Hola? —dijo Alice a través del teléfono.

—Ayúdame —impetró. —Por favor.

— ¿Qué sucede? —respondió reconociendo la voz de Bella.

—Mi mamá…

— ¿Está bien?

—Sí, sí —se apresuró a agregar. —Me llevará lejos.

— ¡Adónde! —se exaltó.

—No tengo idea —aceptó —.Discutió con papá y dijo tantas cosas tan horribles… ¡No sé que hacer! No quiero irme.

— ¿Cuándo? —preguntó, ideando algo que hacer al respecto.

—En unas horas —dijo dubitativa. —Medianoche, creo.

— ¡Qué! —.La respiración se le fue un segundo. —No te preocupes, tengo un plan. Sólo… haz lo que te pidan, pero no le digas a nadie que hablaste conmigo.

—Adiós, Alice —se despidió, creyendo que no volvería a escucharla.

—Permanecerás aquí, te lo prometo.

—Te quiero —confesó, como si fuera la primera vez que lo expresaba en voz alta —Dile a todos que los extrañare.

—No, Bella —gimió. —No te irás; estamos juntas. ¿Qué pasa con nuestros planes, nuestros sueños? Deberíamos graduarnos juntas y asistir a la boda de la otra… Un día te casarás con mi hermano y todo eso… pero no puedes irte, Bella.

—Adiós —insistió.

— ¡Isabella Swan! —sermoneó. —Alice Cullen nunca pierde. Nunca.

—No puedes hacer nada, Alice…

Cortó la llamada en un sonido sordo. ¿Qué era lo que Alice podía hacer? Nada. Debería viajar con su madre a algún lugar, sin la posibilidad de ver a las personas que amaba. No le quedaba más que resignarse a dejarlos ir, por mucho que doliera.


Nota Original

¡Perdón por la tardanza! No tengo escusa, es solo que estoy muy nerviosa porque ya voy a entrar al colegio. La tensión no ayuda.

Espero que les haya gustado el capitulo, el siguiente lo tendré lo más pronto que pueda, lo juro. Se llamará "Operación: Rescatando a Bella"

¿Recuerdan qe en el primer capitulo decía que se habian mudado por razones qe Bella entendería cuando fuera mayor? Bueno, poco a poco, según se desarrolle la historia vamos a saber porque (si, vamos, me faltan algunos detalles) :D

Son geniales chicas, sus reviews son hermosos. Disculpen si no los contesto todos. Mil gracias ¡Ya pasamos los 100! Entre más reviews tengo más ganas de escribr me dan :D ok, eso sono a chantaje.

Dejen su review!

Un besos helados...


Editado. 20.01.11

¿Reviews?

By,

LizBrandon

Priimero que nada!

¡Lo siento! Se que dije que actualizaría ayer pero no pude T_T y veanme aqi... a las 6 de la mañana actualizando, no he dormido nada por escribir. Yosbelt, si voy a dormir preferiría escribir pero... bueno, si mi mamá me ve en la compu a esta hora me va fusilar, obviamente no me va a creer que me levante temprano, empezando por el pequeñosimo detalle que mi cama sigue alzada y terminando las enomes ojeras que me cargo jaja

Quiero agradecer a todos por haber dejado su review, agragarme a favoritos, ponerme alertas o simplemente haberlo leido. ¡Son geniales, chicas! También gracias a Yosblet Cullen por haberme ayudado con la pelicula. TOY STORY! amo esa peli! jaja gracias yosbelt por ayudarme!

Espero que les haya gustado. Espero su review! YA saben, lo qe sea, no importa aunqe se un 'marianita w/h' o un 'me gusto' o un 'lo detesto cono toda mi alma, no escribas más eres un isulta para fanfitction . net' eso si, por favor critica constructiva, tampoco qiero que me insultenxD

Les mando muchos besitos

Gaby Cullen