Bueno, pues nada, otro capítulo más (y lo que me ha costado parir este… Debe ser porque NO leo nada de NADIE)
Arthe, para hacerte feliz, en este capítulo también sale Lisías :) A alguien tengo que hacer feliz, pq me parece que, aunque esta está siendo mi historia favorita del trío (ni te imaginas lo que disfruto escribiéndola), me parece que sólo te interesa a ti (snif)
Capítulo 9. LEONARDO.
Poco a poco, al marcharse Nadya, los demás fueron también retirándose lentamente. Las horas de la mañana siempre son las de menor actividad en una familia, del mismo modo que al anochecer las casas se convierten en auténticos hervideros de actividad. No se trata de cumplir con la leyenda, sino tan solo de una cuestión práctica. Todos hemos vivido como nómadas, y fuera de la protección que ofrecen los muros de las mansiones, hemos pasado infinitas mañanas encerrados entre las paredes de nuestras casas, alejados de los implacables rayos del sol y de las miradas curiosas de nuestros vecinos. Eso ha hecho que nos aficionemos a la noche, y que las familias hayan establecido las horas nocturnas como el momento adecuado para recibir a visitantes y enviados, para reuniones y demás actos sociales.
Algunos se retiraron a entrenarse, otros a descansar, y muchos a reunirse con sus compañeras y amigas. Pronto sólo quedamos en el salón mi hermano y yo, acompañados por Malachy y Lisías.
"Es curioso", comentó éste último. "Esperaba que Tadeo se reuniera con nosotros esta mañana. Lo último que habría imaginado es que se marchara con tanta prisa"
"Y menuda prisa. Creo que ese condenado salvaje destrozó las ruedas de su maldito coche con ese derrapaje", comentó Malachy, risueño.
"Eh, ten un poco de respeto, amigo. No llames 'maldito coche' al Masserati de ese condenado salvaje", reproché, intentando desviar la atención de Lisías de la actitud de Tadeo.
"Es una máquina increíble", sonrió Lyosha.
"Deberíamos comprarnos uno", sugerí.
"Nadya nos matará si nos compramos otro coche"
"Le diremos que es para Andros. Para cuando crezca"
"No va a creérselo"
"¿Y a quién diablos le importa?", reí.
Nuestra intención era incluir a Lisías en la conversación. Adora los coches, y todo lo que tiene que ver con la velocidad. Pero no mordió el anzuelo. Asistió a nuestro rápido intercambio de frases sin mediar palabra, aguardando a que termináramos para seguir con su interrogatorio acerca de Tadeo.
"Y volviendo al asunto anterior, ¿sabéis vosotros por qué Tadeo se marchó con tanta precipitación?"
"Salió de caza", respondió Lyosha, reticente a dar más explicaciones.
"No me sorprende lo más mínimo", rió Malachy entre dientes. "Yo también necesitaría alimento urgente si estuviera en su lugar. Lo que me sorprende es que vosotros no estéis ahora mismo en el bosque"
"Malachy…", suspiró Lisías "Sería conveniente que te fijaras no sólo en el conjunto de las frases, sino también en la elección de cada palabra"
Malachy frunció el ceño, sin atreverse a replicar a la crítica de Lisías. Transcurrieron unos instantes en los que sin duda volvió a analizar la frase de mi hermano y finalmente maldijo entre dientes su falta de concentración.
"En ese caso, no puedo por menos que compartir tú curiosidad, Lisías. Lo último que esperaría de cualquier hombre es que quisiera consumir adrenalina después de lo de esta tarde", comentó, confuso.
Lisías analizó nuestras expresiones, y me forcé a mantener una mirada impenetrable. No obstante, sé que no servirá de gran cosa. Soy muy consciente de que ya sabe lo que le ocurre a Tadeo.
"Creo que no se trata tanto de consumir adrenalina, como de serenar la furia que nace de la desesperanza, Malachy", resolvió Lisías, buscando nuestro asentimiento con la mirada. No necesitó respuesta, pudo leerla directamente de nuestras emociones. "Maldita sea. Otra triste historia más para Tadeo. Desde luego, no puede decirse que sea uno de los favoritos de la Fortuna"
No queriendo que Lisías le llamara la atención una vez más por su falta de concentración, Malachy meditó cuidadosamente sus frases. Al poco, la comprensión iluminó su rostro, y rápidamente se transformó en una mueca amarga.
"Así que…", murmuró. "Diablos, no sé cómo no me he dado cuenta antes. Ha sido muy hábil ocultándolo"
"Desde luego, lo ha sido", asintió Lisías. "Si la desesperación por el bienestar de Nadezhda no hubiera hecho mella en él, jamás lo habría descubierto"
"Pero aún así, no acabo de comprender el motivo de su presurosa escapada", intervino Malachy. "Él ya sabía que no tenía esperanzas antes de entrar en esa habitación. ¿Qué ha cambiado para que perdiera de ese modo los nervios?"
"Esa si ha sido una buena observación, amigo", aprobó Lisías, para el evidente orgullo de Malachy. "Por los rumores que han llegado a mis oídos, ha sido un encuentro largamente esperado, y buscado con denodados esfuerzos por parte de Tadeo, debo añadir. Sin duda ha tenido que considerar en este tiempo si tales juegos le beneficiarían o le perjudicarían, dado lo que siente por Nadezhda"
"Espera un momento, Lisías… No será…", interrumpió Malachy, con expresión de incómoda sorpresa. "¿Lo habéis rechazado?", nos preguntó, atónito.
Lisías se volvió velozmente hacia él, y después hacia nosotros, con la desaprobación pintada en su rostro.
"¿Ha sido eso lo que ha ocurrido?", inquirió molesto. "Sé lo posesivos que sois con vuestra compañera, y lo acepto. Es extraño, pero lo acepto. Pero a pesar de ello, los dos sabéis que no tenéis ningún motivo de peso para rechazar a Tadeo. Cualquier hombre se sentiría honrado de llamarlo su hermano. Y si Nadezhda corresponde a…"
"No lo corresponde", repliqué secamente. "No es eso lo que ha ocurrido"
"¿No ha sido eso?", preguntó Lisías con suspicacia.
"No, no ha sido eso. Somos posesivos, es cierto. Tú mismo lo has dicho. Y me consta que esa es una circunstancia que está en boca de todos. Pero si Nadya correspondiera a Tadeo, Leo y yo lo aceptaríamos sin dudarlo. Con todos mis respetos, no tenéis ningún derecho a insultarnos así", masculló Lyosha, cortante. Peligrosamente cercano a la ira.
Yo mismo me siento alarmantemente irritado. Y no soy tan poco introspectivo como para no saber que mi irritación no se debe tanto a las críticas de Lisías y de Malachy, como a la amargura que me provoca el malestar de mi amigo. Saber que no hay nada que pueda decir o hacer para aligerarle su carga, para mitigar o tan siquiera compartir su dolor.
"Disculpadnos. Tenéis toda la razón, naturalmente", murmuró Lisías, contrito.
"Lo siento", añadió Malachy. "No debí siquiera considerar la idea"
Su rápida disculpa nos serenó de inmediato. Lyosha cruzó una veloz mirada conmigo, buscando mi aprobación para poner al corriente a nuestros amigos de lo que ha sucedido esta noche. Asentí, y con un suspiro resignado, mi hermano se dispuso a explicarse.
"Lo que ha ocurrido es que Nadya le ha pedido que se quede junto a nosotros. Le dije que cuando todo el asunto de los brujos se resolviera, lo más probable es que Tadeo se marchara a buscar el olvido. Y ella se puso como una fiera"
"Pretendía hacerle jurar que no la abandonaría", añadí yo. "E incluso le recordó a Menelao para apoyar sus argumentos"
"Pero si no le corresponde, ¿por qué diablos le pide que se quede?", preguntó Malachy, genuinamente sorprendido.
"Lo ama. No del modo en que se ama a un compañero, pero quizá sí del modo en que se ama a un hermano", sugerí, buscando la conformidad de mi hermano.
Yo tampoco entiendo la reacción de Nadya, pero él ha tenido que ver en su mente el proceso que le ha llevado a hacer tal petición. Aunque en realidad, no me hace falta la aquiescencia de Lyosha. Desde el mismo instante en que puse mis pensamientos en voz alta, supe que esa es la explicación. Pero sigo sin entenderlo. Si lo ama como a un hermano, debería dejarlo seguir su camino. La enloquecida lógica de las mujeres siempre me deja fuera de juego. Lyosha asintió, tan confuso como yo.
"Si. Es exactamente eso. Aunque que me aspen si lo comprendo. Nadya le dijo que si la ama, debería quedarse. Y yo creo que lo mismo puede aplicarse a ella. Si lo ama, debería dejarlo marchar. Debería entender el dolor que le causa saber que jamás será suya"
"Las mujeres son criaturas extrañas, amigos", sonrió Lisías. "Maravillosas, extraordinarias, mágicas y deliciosas. Pero extrañas"
"Y condenadamente porfiadas. Si a vuestra compañera se le ha metido entre ceja y ceja que Tadeo debe quedarse, insistirá en ello hasta el fin de los tiempos", añadió Malachy.
"Pero no puede quedarse", exclamé. "No me malinterpretéis, tanto Lyosha como yo estaríamos encantados de tenerlo en nuestra casa. Pero Nadya no lo quiere como compañero, y Tadeo es demasiado orgulloso como para someterse a la disciplina de una casa como miembro de la familia. Y maldito si no lo comprendo. Yo sentiría lo mismo de estar en su lugar"
"Por supuesto, puede quedarse como invitado todo el tiempo que desee, pero sería una situación absurda. ¿Cuál sería en realidad su estatus? Dudo mucho que aceptara algo así"
"No es un asunto que tenga fácil solución, desde luego", asintió Lisías. "Pero esta siempre ha sido una familia bien dispuesta a las novedades. Estoy seguro de que podremos encontrar una solución que satisfaga a todos los implicados, si finalmente Nadezhda consigue su objetivo"
Cuando terminó de pronunciar esas palabras, supe que mi hermano y yo buscaríamos esa solución. Y me sorprendí a mi mismo al darme cuenta de lo mucho que anhelo que esta situación se resuelva para bien. Que Tadeo permanezca con nosotros. Me he acostumbrado tanto a su presencia, que me dolería separarme de él para siempre. En los dos meses que lleva con nosotros, se ha convertido en una compañía insustituible, y si bien es cierto que siempre lo he considerado como uno de mis mejores y más queridos amigos, ese sentimiento se ha fortalecido y renovado con el tiempo que he pasado conviviendo con él y su afectado y pretencioso sentido del humor. Con sus chanzas y sus consejos. Con su sabiduría y su infalible lujuria. Si se va, se llevará una parte de mi dormido corazón con él. En ese instante, casi comprendí a Nadya. Casi. Pero el adicto a la libertad que hay en mí, aún me dice que un hombre tiene derecho a elegir su propio camino. Si nuestra compañera lo convence, buscaré junto con mi hermano la solución más oportuna para que mantenga su estatus, pero no la ayudaré a convencerlo, como esperaría que tampoco lo intentara él si la situación fuera a la inversa.
"Estamos de acuerdo, hermano", sonrió Lyosha. "Si se queda, veremos qué hacemos. Pero no le empujaré a hacerlo por mucho que Nadya insista en ello"
"Pues yo empezaría a pensar en ello. Conozco lo bastante a las mujeres en general, y a Nadya en particular, como para saber que casi siempre consiguen lo que desean", sonrió Malachy.
"¿Le ha gustado a Mimí tu regalo, amigo?", pregunté burlón. En parte por genuina curiosidad, y en parte porque deseo abandonar cuanto antes esta conversación. Me está poniendo de mal humor. La tristeza siempre me pone de mal humor.
"Digamos que su agradecimiento me pareció muy sincero, Leo", rió maliciosamente. "Y eso me recuerda que aún no te he dado las gracias por tu sugerencia"
"No hay porque darlas, Mal. Ha sido un placer ayudarte. Y será un placer entrenar a tu hembra. Algo me dice que podré convertirla en un buen arquero"
"¿Vas a enseñar a su mujer a disparar?", preguntó Lisías, interesado, y quizá un poco sorprendido.
"Mimí se ha empeñado en convertirse en uno de mis guerreros. Lleva entrenándose desde que empezó todo el asunto de los brujos, y hasta les ha pedido a mis hombres que le permitan acompañarla en las expediciones de rastreo. Imaginarás la discusión que tuvimos al respecto"
"Creo que me hago una idea", respondió Lisías, riendo entre dientes. "Yo mismo tuve una discusión similar con Shannen hace mucho tiempo. Estuvo semanas sin dirigirme la palabra"
"¿Y cómo lo resolviste?", preguntó Lyosha.
"No lo resolví", rió Lisías. "Ya conocéis a Shannen. La constancia no es precisamente la mejor de sus virtudes. Se cansó de su nueva afición en menos de un mes, y decidió que su verdadera vocación era la pintura. O quizá fue la música. No estoy muy seguro del orden que han seguido sus miles de aficiones en todos estos siglos"
"Eso no ocurrirá con Mimí. Por mucho que me pese, debo reconocer que lleva la batalla en la sangre. Ha aprendido en menos de dos meses lo que a muchos de mis hombres les ha costado años dominar", masculló Malachy.
"Y Leonardo sugirió que la alejaras de la primera línea", comentó Lisías, aprobador. "Ha sido una estupenda idea, amigo"
"Por supuesto que lo ha sido. ¿Qué sería de vosotros si no tuvierais al León para daros consejos en materia de mujeres?", me burlé.
"Sólo tu ego supera a tu mala lengua, Leonardo", espetó Lisías. "Y no me digas por enésima vez que tienes algo que los supera a ambos, por favor. Me sé de sobra esa cantinela"
"Pero es que es la pura verdad. La Naturaleza ha sido muy generosa conmigo. Lo correcto es que agradezca sus dones presumiendo de ellos siempre que se me presente la oportunidad"
"Otros tampoco tenemos motivo de queja, y no presumimos tanto", intervino Lyosha, con falso reproche.
"Yo no tengo la culpa de que seas un desagradecido, hermano", repliqué.
El sonido del motor del Masserati de Tadeo, interrumpió la inevitable contestación de mi hermano. Todos los presentes cruzamos miradas de silencioso entendimiento, y nos preparamos para la aparición de Tadeo. Por un brevísimo instante, sentí deseos de abandonar la habitación como un perfecto cobarde, poco dispuesto a enfrentarme a él. Pero jamás he rehuido de mis responsabilidades, y no voy a empezar ahora, y menos con un amigo tan querido como es él. Aún no había llegado ni a detenerse ante la puerta, cuando mi hermano lo invitó a entrar.
Lo observé con cautela. Su humor parece haber mejorado, como suele mejorar siempre tras una productiva cacería. Nos sonrió animadamente, y entró en el salón, aunque no parecía dispuesto a sentarse.
"Odio que me miren desde arriba, Tadeo. Si vas a quedarte, preferiría que tomaras asiento", dijo Lisías.
"Sólo he venido a saludaros. Si no precisáis nada de mí, me gustaría darme un baño. Apesto a sangre y miedo"
"Nosotros nos disponíamos a ver a Andros. Quizá quieras acompañarnos. Después podrás bañarte, si lo deseas. A decir verdad, yo también necesito un baño", sugirió Lyosha.
"No me atrevía a sugerirlo, pero la verdad es que si os hace falta", replicó Tadeo con su habitual afectación. "Aunque debo reconocer que la mezcla de olores que emana de vosotros, es bastante más agradable que la que he adquirido yo en la cacería"
Y tanto que es más agradable. Aún olemos a Nadya, al propio aroma de Tadeo, y a sexo y deseo. De hecho, son unos olores tan gratos, que casi cuesta deshacerse de ellos.
"Míralo, Lyosha. Hace honor al dicho de que la confianza da asco. Primero se mete en nuestra cama, y después nos acusa de falta de pulcritud. Deberíamos darle una paliza", reí, poniéndome en pie. Mi hermano me imitó sonriente, mientras Tadeo nos observa con absoluta serenidad.
"Leo, jamás me cansaré de decirte que hay formas de crueldad más refinadas que los golpes y los zarpazos", protestó. "Lo que deberíamos hacer es torturarlo. Y se me ocurre el modo perfecto"
"Yo prepararé la bañera con azahar y jazmín. Tú ve a buscar a Nadya y a Andros", reí en su mente, sabiendo sin duda a que clase de tortura se refiere mi hermano.
Me despedí de Lisías con un gesto apresurado, arrastrando a Tadeo a nuestras estancias, mientras Lyosha va a cumplir con su parte, con la más malévola de sus sonrisas pintada en el rostro. Mientras subíamos las escaleras, contemplé su rostro, de nuevo sereno y relajado.
"Estás mejor", observé.
"Ha sido una buena caza"
Asentí, mientras entraba en nuestras habitaciones, y él me siguió, dedicando sólo una rápida ojeada a las sábanas aún revueltas. Creí ver una mueca fugaz en su rostro, pero decidí que era mejor dejarlo correr. Sin detenerme, entré en el baño y abrí el grifo para llenar nuestra inmensa bañera. Después me dirigí al armario de las esencias de Nadya, intentando localizar el jazmín y el azahar. Me guié por el olfato, sabiendo que sería mucho más rápido que intentar leer todas las malditas etiquetas de las decenas de botes de distintos tamaños y colores que mi compañera atesora tras las puertas de cristal. Tadeo se sentó con gesto distraído en el borde de la bañera, y sentí sus ojos clavados en mi nuca. Esperé a que se decidiera a hablar.
"Vosotros lo comprendéis, ¿verdad?", inquirió, trascurridos unos segundos.
Volví a asentir de espaldas a él, concediéndome unos segundos más para poner en orden mis pensamientos. Cuando me volví por fin, sus ojos seguían fijos en mí, estudiando cada una de mis reacciones. Me incliné sobre la bañera para derramar las esencias, y finalmente tomé asiento a su lado.
"No puedes esperar que ella lo vea igual que tú", murmuré. "Y tampoco puedes pedirme que intente hacérselo ver, como ella no puede pedirme que trate de convencerte a ti"
Lo consideró un instante, fijando la vista en sus pies.
"Si quieres salir de la habitación, lo entenderé. Y si deseas marcharte de nuestra casa ahora mismo, tampoco te culparé por ello. Pero la herirás. Y mucho"
"No me iré", respondió con rapidez, regalándome por fin su risa. "He cumplido los doce siglos, no voy a comportarme como un cachorro"
"Eso está bien", susurré, poniéndome en pie para guardar los frascos.
"Leo", me llamó. Me volví de inmediato. "No creas que no había valorado los pros y los contras de este encuentro. No fue eso lo que me hizo reaccionar de forma tan desproporcionada"
"Fue la mención a Menelao, lo sé", repliqué. "Pero ya has tenido suficiente por hoy. No voy a presionarte más con eso por ahora"
"Y esperarás que te de las gracias", sonrió mordaz.
"No espero nada", mascullé. Suspiré, considerando cuáles van a ser mis próximas palabras, y volví a mi lugar junto a él. "Eres mi amigo, y te amo. Y odio ver como sufres. Si de mi dependiera, me sentiría honrado de llamarte mi hermano, créeme. Pero la suerte no te ha sonreído una vez más, y no hay nada que pueda hacer para corregirlo. Y te seré sincero, una parte de mí se alegra de que así sea. Pero otra lamenta el daño que esto te hace. A mí también me gustaría que te quedaras, pero un hombre debe tomar sus propias decisiones. Seguiré insistiendo sobre lo de Menelao, porque es injusto y cruel, pero llegado el momento, te apoyaré en lo que decidas, lo sabes. Y lo mismo ocurrirá con esto, aunque tenga que pasarme semanas consolando a mi compañera"
Me sonrió una vez más, con auténtico afecto, y al poco, su sonrisa volvió a nublarse.
"Una parte de mí desea quedarse", murmuró.
"Lo sé. Y es la misma parte que desea volverse contra Menelao"
"Quizá sí", asintió
"Amo las dos partes de ti, Tadeo, y aceptaré a la que quiera que termine ganando la partida. Y sé que mi hermano también lo hará"
"¿Y Nadya?"
"Las mujeres son criaturas extrañas, Tadeo, pero si de partes hablamos, te aseguro que una parte de ella también lo aceptará"
Consideró mis palabras unos instantes, mientras el sonido de los pasos de mi hermano y mi compañera, y su sabroso rastro, se aproximan ya por las escaleras.
"Gracias. Y trasmítele también mi agradecimiento a Lyosha. Sé que siempre pensáis como un solo hombre. Pero dime, ¿cómo se las arregla un bocazas deslenguado como tú para encontrar las palabras correctas?", inquirió sonriente.
"Debe ser otra parte de mí", repliqué, riendo a carcajadas. "Pero no nos des las gracias aún, amigo. Estás a punto de comprobar lo refinada que es la crueldad de mi hermano. Vamos, entra en esa bañera antes de que te de tiempo a arrepentirte"
"¿Y por qué diablos iba a arrepentirme?", preguntó intrigado, mientras se desnudaba velozmente.
"Yo sé lo que me digo", sonreí, imitándolo.
Apenas unos segundos después, Lyosha y Nadya entraban en el baño. Nadya, que sostenía a Andros entre los brazos, no pareció en absoluto sorprendida por la presencia de Tadeo. Es posible que hubiera percibido su olor, o que mi hermano la hubiera avisado. Me inclino por lo primero. Nadya cada vez está más atenta a lo que le dicen sus sentidos. Con una sonrisa, retiró las cobijas que cubren a nuestro cachorro, y me lo entregó sin una palabra. Lyosha se desvistió velozmente y se unió a nosotros, pero Nadya se tomó su tiempo, sin dejar de sonreír ni un segundo. Cuando la última prenda cayó a sus pies, mi hermano y yo retuvimos nuestra innecesaria respiración. Tadeo nos miró intrigado, pero cuando nuestra compañera entró por fin en la bañera, y el olor del azahar y del jazmín se entremezcló con el ya tentador perfume de su piel, conformando una fragancia irresistible, comprendió más allá de toda duda nuestros motivos. Cerró los ojos con expresión de auténtico deleite, y aspiró el delicioso aroma que a estas alturas debe inundar hasta el último centímetro de la habitación. Al cabo de un instante, él también dejó de respirar.
"Os aborrezco", susurró velozmente, con una sonrisa torcida.
Ajena al efecto que su fragancia está produciendo en nosotros, Nadya tomó a Andros de mis brazos, para estrecharlo entre los suyos. Lo sostuvo con un brazo, y utilizó el otro para enjabonar su cuerpecito y sus finos y negros cabellos, sonriéndole y susurrándole con ternura. Andros respondía a cada susurro con un gorjeo indescifrable, como si madre e hijo compartieran un lenguaje secreto. Los tres la contemplamos ensimismados, incapaces de apartar la vista, maravillados por la belleza de la escena. Cuando terminó de lavarlo, Nadya alzó sus ojos dorados hacia Tadeo.
"¿Has tenido una buena caza?"
"Ha estado bien", respondió Tadeo.
Nadya asintió, y tras unos segundos, suspiró y tendió a nuestro hijo hacia Lyosha. Mi hermano lo recogió con una sonrisa encantada, pero casi al momento, volvió a clavar sus ojos en Nadya, y supe que mi compañera está a punto de arruinarle el baño a Tadeo.
"Entonces, ¿vamos a limitarnos a fingir que nuestra conversación no ha tenido lugar?", preguntó en tono neutro.
Tadeo cerró los ojos y enarcó las cejas. Esperó así apenas un segundo, tras el cual suspiró teatralmente y fijó su mirada en Nadya.
"Querida, has expresado tus demandas, y presentado tus argumentos. Y te prometo considerarlos, pero debes darme tiempo. Solicito un aplazamiento, señor juez", terminó burlón.
Nadya lo miró frunciendo el ceño. Tadeo sostuvo su mirada sin abandonar ni por un instante su sonrisa burlona.
"Está bien", concedió al cabo de un rato. "Me parece justo. Pero antes déjame que te diga que…"
No pudo terminar. Antes de que pudiera pronunciar el discurso que sin duda traía preparado, Tadeo se hundió por completo en el agua, sin apagar ni un ápice su sonrisa socarrona. Nadya bufó irritada, y miró hacia nosotros, con un gesto que parecía querer decir '¿Os lo podéis creer?'. Lyosha y yo nos encogimos de hombros sonrientes, e ignoramos su expresión molesta para concentrarnos en los risueños hipidos de nuestro cachorro. Tadeo está manejando perfectamente la situación, y mientras no sea necesario, ni mi hermano ni yo tenemos pensado intervenir. Nadya suspiró, y pareció serenarse. Después de un larguísimo minuto, Tadeo emergió del agua, apartando hacia atrás su lacio cabello de un rubio ceniciento.
"Discúlpame, querida, pero no podía resistir ni una décima de segundo más sin sacar de mi pelo el olor de la cacería. ¿Querías decirme algo?", preguntó con mordaz cortesía.
Miré a Lyosha dispuesto a detener a Nadya ante la mínima señal de mi hermano. Pero éste negó suavemente con la cabeza, y una sonrisa satisfecha pintada en el rostro. Sabiendo que si él está tranquilo, no tengo nada de que preocuparme, volví a centrar mi atención en Andros, aunque observando de tanto en tanto a Nadya, que mantiene un curioso duelo de miradas con Tadeo. Tras unos segundos, pareció rendirse. Esbozó la más encantadora de sus sonrisas, y se deslizó junto a él.
"Quería decirte que si deseas lavarte el pelo, me gustaría enjabonártelo. ¿Puedo?"
Antes de que Tadeo pudiera aceptar, o negarse, Nadya tomó el champú, y empezó un ritual por el que mi hermano y yo hemos pasado decenas de veces. Contemplé satisfecho el rostro extasiado de Tadeo, sabiendo que mi turno no tardaría en llegar. Poco después, Nadya instaba a Tadeo a sumergirse en el baño para eliminar los restos de jabón, y se volvía hacia mí, y más tarde hacia mi hermano, después de que éste depositara a Andros en mis brazos con una sonrisa expectante.
Mientras se ocupaba de mi hermano, la contemplé impresionado por la magnífica actuación que está interpretando para Tadeo. Porque a pesar del tentador aroma de su piel, a pesar de la arrebatadora imagen de su cuerpo desnudo, y a pesar de la intencionada y sugestiva parsimonia con la que acaricia a cada uno de nosotros, no hay nada lascivo o provocador en su actitud. Ni siquiera una criatura tan lujuriosa como yo, se siente tentado de ese modo. Y no es precisamente difícil tentarme. No se trata de que sus juegos no despierten mi deseo. Nadya siempre despierta mi deseo, y si me hiciera la mínima señal, la tomaría sin detenerme ni a pestañear. Pero no es eso lo que ella pretende. Lo que Nadya está recreando es la más perfecta demostración de afecto, ternura y cariño que jamás ha mostrado ante mis ojos mujer alguna. Con cada gesto nos envuelve en una intimidad única, en una familiaridad y confianza insuperable. Y supe que pretendía demostrarle a Tadeo todo lo que puede ofrecer más allá del amor. Toda la felicidad y el sosiego que es capaz de invocar sin esfuerzo hasta para el más torturado de los hombres. Como si quisiera decirle que lo que puede brindarle no es un pobre sustituto del amor, sino un regalo en si mismo. El descanso y la paz por la que ha suspirado toda su atormentada existencia. Y mi dormido corazón casi estalló en mi pecho al comprender que lo que le ofrenda es algo innato en ella. Algo que no necesita meditar o planear. Y que siempre será para mi hermano y para mí, independientemente de a quien más lo ofrezca.
Cuando terminó con Lyosha, lamenté que tan dulce momento llegara a su fin, pero ella aún tiene algo más en mente. Recogió a nuestro hijo de mis brazos, y sostuvo el champú en alto, incitándonos a ocuparnos de ella. Creí que tres hombres como nosotros, tan poco acostumbrados a la ternura, no seríamos capaces de recrearnos del modo que ella lo había hecho sin que el deseo se apoderara de nosotros. Pero me equivoqué. Y a pesar de mis once largos siglos, esta mañana aprendí algo nuevo de mí mismo. Algo que jamás hubiera sospechado. Supe que dentro de mí, hay un Leonardo que jamás ha fingido al declarar versos de amor, por muy convencido que estuviera de hacerlo. Que la pose de romántico empedernido que tan buenos resultados me ha dado con algunas hembras, no es tan pose como pretendo. Pero también supe que esa es una faceta de mi tan profundamente enterrada y olvidada que sólo Nadya conseguiría sacarla a la superficie.
Nadya ronroneó con suavidad, interrumpiendo el curso de mis pensamientos, y por una vez, sus ronroneos tan sólo me provocaron una sensación de calma y felicidad, y no la habitual lujuria. Sonreí, esperando que ella captara mi gesto, cuando un sonido nuevo y desconocido se unió al ronroneo de mi compañera en perfecta sintonía. Nadya abrió los ojos, y cambió su postura para poder mirar a Andros.
"¡Está ronroneando!", rió. "Ahora ya sabéis que ha heredado de mí"
"Aparte del mal genio, quieres decir", se burló Lyosha, acariciando con ternura el cabello de Andros, que descansa sobre el pecho de su madre, con los ojos cerrados y una hermosa expresión de placidez en su rostro gordezuelo, emitiendo un agudo ronroneo.
"Nunca había conocido a un macho que ronroneara", murmuró Tadeo, mirando a nuestro cachorro con interés.
"Tampoco hay muchas hembras que lo hagan", señaló Lyosha.
"Pues si sus ronroneos provocan en las hembras lo mismo que los de las hembras provocan en nosotros, este muchacho va a tener aún más éxito que sus padres", reí.
"Leo…", empezó Nadya en tono de reproche.
"Ya me reñirás en otra ocasión, querida. Ahora es mejor que salgas de la bañera y atiendas a Cora. Parece muy alterada", repliqué.
Nadya me miró frunciendo el ceño, sin duda preguntándose si intentaba tomarle el pelo. Pero cuando se concentró en lo que llegaba a su olfato, pudo comprobar la veracidad de mis palabras, y salió de la bañera como una exhalación, con Andros colgado de su brazo y protestando ruidosamente, mientras le pide a Cora que la espere unos segundos. Mi hermano, Tadeo y yo, abandonamos el calor del agua, vistiéndonos con calma. Cuando Nadya salió del cuarto de baño, Lyosha se volvió hacia nosotros, con una sonrisa sarcástica en el rostro.
"Es mejor que desaparezcamos, hermano", susurró.
"¿Gelo y Glauco?", inquirí.
"Y Peter. Están junto a la verja. Y por lo que pude ver en Cora, Sven no tiene muy buen aspecto"
"Por la ventana", sugerí.
"¡Leo! ¡Lyosha!", llamó Nadya con furia, antes de que pudiéramos movernos.
"Tarde", sonrió Tadeo.
Con una risa disimulada, nos dispusimos a reunirnos con ella. Tadeo nos seguía ocultando su hilaridad por el pobre sistema de bajar la cabeza para que el cabello ocultara su rostro. Nadya envolvió descuidadamente a Andros con una toalla, lo dejó en brazos de Cora – recibiendo a cambio un gruñido irritado por parte del cachorro - y nos indicó con un gesto irritado que la siguiéramos. Salió hacia las escaleras corriendo a toda la velocidad que le permite de nuevo su cuerpo, libre ahora del peso que la desequilibró durante estas últimas semanas. Sólo espero que la carrera mejore un poco su humor, aunque sospecho que será una esperanza vana.
Sin detenerse ni un segundo, abrió la puerta de la mansión, salió al jardín, y corrió hasta la verja principal. La seguimos sin esfuerzo. Aún le falta mucho para poder moverse tan rápido como cualquiera de nosotros. Cuando estuvo a unos diez pasos de su objetivo, frenó en seco. Junto a ella, Sue observaba la escena que mis bien afinados ojos llevan contemplando todo el camino, rodeada de una aureola de auténtica rabia controlada.
A tres pasos de la verja, en el exterior, Ángelo y Glauco sostienen a un maltrecho Sven, arrodillado y cubierto de sangre. Peter está medio vuelto hacia él, mirándolo con una sonrisa malvada en su aristocrático rostro. Al igual que Gelo y Glauco está despeinado, desarreglado y sucio, pero no parece haber sufrido ninguna herida de importancia. No puedo decir lo mismo de Sven. Su cara está dibujada por la sombra de lo que hace unos minutos debía ser un brutal zarpazo, una de sus manos se regenera, sin duda dolorosamente, después de haberse quebrado por al menos una docena de sitios, y a su costado le falta un buen pedazo de carne, mostrando una herida que le debe arder como el demonio.
"¿Tres contra uno, hermanito?", preguntó Tadeo, mordaz. "No parece una batalla justa"
"No nos insultes, Tadeo", replicó Gelo en tono ligero, con una alegría peligrosa en su voz, habida cuenta de la furia que está destilando Nadya en este instante. "Nos enfrentamos a él uno a uno. No es culpa nuestra que no pudiera invocar la misma ira que nosotros"
Peter miró hacia nosotros, y clavó sus ojos por un instante en Nadya. Dándose cuenta de que ella está a punto de poner fin a la escena, volvió a girarse de inmediato hacia Sven.
"Adelante, dile a la dama lo que hemos hablado", ordenó, señalando a Sue con un gesto veloz.
Un murmullo casi indescifrable salió de labios de Sven. Gelo y Glauco lo sacudieron sin piedad.
"Que pueda oírte con claridad", masculló éste último.
"He dicho que lo siento", gritó Sven, furioso. "No debí tratarte así. Me porté como una rata", añadió, clavando sus ojos en Sue con lo que casi parece un arrepentimiento real.
"¿Qué quieres que hagamos, Sue? Tú decides", ofreció Glauco.
Nadya se adelantó para detenerlos, pero los brazos de mi hermano la retuvieron con fuerza.
"Ahora el daño ya está hecho, querida. Intervenir no servirá de nada", susurré. "Déjales acabar"
Nadya se revolvió un momento, pero algo de lo que mi hermano debió decirle en privada comunicación, ha debido de convencerla. Con un gesto digno, se sacudió de su presa, y permaneció quieta, reprimiendo una furia desproporcionada. Tan hermosa como el más bello de los ángeles guerreros. De no ser porque sé a ciencia cierta que me rechazará con muy malos modos, la arrastraría de nuevo a la cama sin detenerme un segundo. Qué diablos, tres minutos más observando la escena, y lo intentaré de todos modos. O la poseeré aquí mismo, sin tomarme la molestia de esconderme a los ojos curiosos de los demás. Siempre está magnífica cuando se enfada, pero en este momento, cuando intenta controlar su rabia, cuando cada músculo de su cuerpo parece dispuesto a saltar y atacar a la menor provocación, y su piel exuda el olor de su ira, irradiando un tono azulado que la envuelve como una luz mística, está más maravillosa que nunca. Amo a su fiera interior tanto como a la Nadya dulce y cariñosa que tanto nos ha seducido hace apenas unos minutos. Y si me obligaran a elegir entre ambas, sería incapaz de decir cuál me gusta más.
Aparté mis ojos de ella a regañadientes, para ver el final del melodrama que se desarrolla ante nuestros ojos. Su avanzó unos pasos, hasta situarse frente a Sven. Lo miró casi con desinterés, como se mira un bulto maloliente que se encuentra en el camino, mientras Peter y sus compañeros aguardaban su reacción con serenidad. Tras unos segundos, alzó la mano, y lo abofeteó con fuerza.
"Ya he tenido bastante. Sacadlo de mi vista", gruñó al fin, dándoles la espalda.
Sin volverse ni una sola vez, se alejó con la dignidad de una reina, cruzando por nuestro lado sin detenerse ni a dirigirnos una simple mirada. Ángelo y Glauco empujaron a Sven hacia el suelo, y este se levantó con más lentitud de la que, estoy seguro, hubiera deseado. Compuso un gesto de ofendido desdén y clavó sus ojos en los actores de la escena. Por mucho que me desagrade, no pude por menos que aprobar su actitud, y su falta de temor. Peter y mis primos le sostuvieron la mirada sin alterarse, y tras unos segundos manteniendo el duelo de miradas, Ángelo perdió la paciencia.
"¿No has oído a la dama? Ya ha tenido bastante. Y si ha sido suficiente para ella, también lo es para nosotros. Lárgate y agradece su compasión. O tu suerte", masculló.
Con una última mirada, Sven les dio la espalda finalmente, alejándose hacia la mansión, cojeando levemente, y sujetando el costado herido con su mano sana. Al pasar junto a nosotros, nos saludó con una cortés inclinación de cabeza, como si nada hubiera ocurrido. Como si no estuviera cubierto de sangre y polvo, y tan solo hubiéramos asistido a una animada charla entre amigos. Respondimos a su saludo sin dudarlo. Quizá sea un imbécil con las mujeres, pero desde luego, sabe como debe comportarse un hombre en el resto de las situaciones. Sonrió levemente, satisfecho y agradecido de nuestra actitud, y siguió su camino apretando los dientes en un reprimido gesto de dolor. Cuando por fin se perdió de nuestra vista, entrando en la cabaña que le ha sido asignada, Nadya estalló.
"¿Se puede saber que ha pasado aquí? Creía haber dado instrucciones muy concretas sobre este tema", rugió.
"Y así ha sido, mi dama", replicó Glauco. "Hasta donde yo sé, dijiste que no tolerarías una pelea en tu casa. Y te doy mi palabra que toda la pelea ha tenido lugar fuera de los muros de nuestro hogar"
"No le hemos tocado ni un solo pelo bajo tu techo, prima", añadió Gelo, con falsa contrición.
"Sabíais perfectamente a qué me refería", gruñó.
"Las órdenes deben cumplirse al pie de la letra, querida", intervino Peter. "Así es como se nos ha enseñado siempre, y así lo hemos hecho. No puedes acusarnos de desobediencia"
Nadya se debatió unos instantes, sabiéndose vencida. Por un lado, arde en deseos de seguir con la discusión, pero por el otro, sabe que no servirá de nada embarcarse en un debate sin fin con nuestros primos. Las órdenes se han cumplido. Con resultados inesperados para ella, pero no por ello puede acusar a nadie de falta de disciplina.
"Largo de mi vista", espetó con rabia.
Mis primos y Peter se apresuraron a obedecerla, disimulando sus sonrisas. Cuando ya estuvieron a una distancia prudencial, Nadya se volvió hacia nosotros, buscando un blanco para desahogar su rabia.
"Esto ha sido cosa vuestra", masculló.
"En absoluto, querida. Leo y yo nos limitamos a trasmitir tus órdenes", replicó Lyosha.
"Al pie de la letra", añadí yo, incapaz de reprimirme.
"Muy bien", gruñó. "Pues ya que sois tan afectos a seguir las órdenes al pie de la letra, seguid esta: manteneos alejados de mi vista hasta nuevo aviso. Y os adelanto que no será hasta que me pase el enfado, y que pienso mantenerlo mucho, mucho tiempo"
Tras lanzarnos su airado discurso, dio media vuelta y echó a andar hacia la casa de invitados con los más perfectos ademanes de dignidad ofendida. Sólo cuando la puerta de la casa se cerró con fuerza tras de si, mi hermano y yo estallamos en carcajadas, a las que Tadeo no tardó en unirse con una risa suave.
