Unas gotas de sangre cayeron al suelo. Con el dorso de su mano, Azumi se limpió la nariz viendo que la sangre venía de allí. El dolor era intenso, pero una sonrisa se dibujó en su cara.
- No te rías, desgraciado – gritó Kageyama enfadado mientras sus compañeros le cogían y trataban de calmarle – maldito cobarde, no voy a dejar que le hagas daño. ¿Me oyes?
- La has cagado – sonrió Azumi levantándose – sólo eres un crío. ¿Qué vas a hacerme?
- Eh, eh, eh – escuchó a Asahi que le sostenía con fuerza para evitar que volviera a abalanzarse sobre él – cálmate, Tobio.
- Voy a destrozarte si le haces algo.
- Eres tú el que acabará mal, voy a ir a por ti por esto. No va a quedar así.
- Ven cuando quieras, yo no te tengo miedo, pero no dejaré que sigas destrozando y humillando a Hinata.
- Hinata es mi esposo, me dio un hijo maravilloso mientras tú te follabas a tu novio en Estados Unidos, ése que te abandonó por el nuevo colocador. Vamos… diles a tus compañeros el motivo por el que regresaste… Hinata ya lo sabe.
Kageyama sabía que Hinata sabía algo… se lo había reprochado en el parque el día que lo vio jugando a voleibol con su hijo, pero no lo dijo a nadie más, tampoco a Hinata le había contado la verdad de lo sucedido… y era posible que ese tipo frente a él hubiera destrozado su verdad y contado una vil mentira.
- Volví porque me sentaron en el banquillo – dijo Kageyama sorprendiendo a todos, sin creerse que él… el genio de las colocaciones hubiera acabado en el banquillo – y acabé allí porque no podía centrarme en el juego, por eso he vuelto a mis orígenes, a los compañeros que me vieron crecer y me hicieron madurar, quiero jugar con ellos.
- Qué bonita historia – sonrió Azumi – volviste porque tu novio se follaba al nuevo colocador a tu espalda. Te quitó tu puesto y a tu novio – se reía – volviste con el rabo entre las patas y ahora quieres meterte en medio de la relación que tenemos mi esposo y yo.
- ¿Qué relación? ¿Pegarle? ¿Forzarle a mantener relaciones sexuales contigo? ¿Qué relación es ésa? Yo te lo diré… la de un maldito cobarde.
- Voy a llevármelo lejos de este deporte, lejos de ti y quiero que lo sepas, verás cómo cada día ese chico se hunde más hasta que ya no puedas reconocerle.
- Sólo lo haces para dominarle – dijo Kageyama sonriendo – eres débil… no puedes controlar el carácter de Hinata cuando es él mismo, no eres capaz de seguir su ritmo, porque él es incansable, alegre, hiperactivo, demasiado nervioso y ama este deporte. No voy a dejar que le hundas, cada piedra que le tires, yo te la devolveré y no dejaré de hacerlo hasta que Hinata salga de ese pozo en el que está, porque le tenderé todas las manos que hagan falta con tal de sacarlo.
- Haz lo que quieras – le susurró Azumi al oído – yo me lo follaré todas las noches mientras tú te vas a tu solitaria cama.
- Antes que tuyo… fue mío – le sonrió Kageyama consiguiendo que su sonrisa se borrase de golpe – nunca lo olvides… a diferencia que tú… conmigo lo hizo por puro placer, disfrutó y disfruté, volvería a hacerlo una y mil veces con él y estoy seguro… que él preferiría estar conmigo a contigo. Yo no tengo que forzarle para que me deje tenerle.
La rabia se apoderó de los ojos de Azumi. Era cierto que sabía ese "error" que su esposo había cometido en el pasado con Kageyama y aunque no quisiera admitirlo… sabía que Hinata siempre estaba pensando en él, que en el fondo sólo se había casado por compromiso, porque su padre le había obligado. Si pudiera… Hinata saldría corriendo a los brazos de ese desgraciado que ya le abandonó una vez.
- Le abandonaste – dijo Azumi tratando de justificarse.
- Para ser periodista deportivo estás muy mal informado – sonrió Kageyama – no… yo no abandoné a Hinata, yo iba a dejarlo todo por él, fue Hinata quien me alejó.
- ¿Qué? – se sorprendió.
- Como oyes… fui a confesarle que le amaba y él me echó de su lado, me dijo que aceptase ese contrato y me marchase con mi novio, fue él quien me alejó. No podíamos jugar juntos después de aquella noche, él se sonrojaba y se ponía demasiado nervioso al verme, así que no tuve opción, sabía que conmigo su juego empeoraría, me sacrifiqué y me largué para que pudiera volar con sus alas. Tú le has destrozado esas alas, pero yo se las arreglaré. Si me acepta de nuevo… si deja de ponerse nervioso cuando juguemos juntos… él volverá a volar para mí.
- Mientes – dijo Azumi.
- ¿Por qué mentiría? Puedes ir a comprobarlo… pregúntale a Hinata si fue él quien me echó de su lado.
- Te vas a arrepentir – dijo Azumi antes de marcharse por el pasillo para ir a contrastar toda aquella información que acababa de recibir.
Kageyama sintió cómo sus compañeros le soltaban cuando Azumi se marchaba, pero seguía tenso, seguía enfadado por todo lo que estaba descubriendo. Ese desgraciado no se saldría con la suya, no si él podía evitarlo.
No perdió ojo de aquel pasillo pese a que Azumi se había marchado, tan sólo cuando el médico salió y le informó al equipo que Hinata estaba despierto y podían entrar a verle, Kageyama corrió hacia la puerta evitando que los demás se le adelantasen. Ninguno dijo nada, sabían que era él quien más preocupado estaba, así que simplemente esperaron un rato más y dejaron que entrase primero.
Corrió por el pasillo hasta la puerta del fondo donde estaba la enfermería. La puerta estaba abierta y se apoyó en el marco respirando con dificultad por el sprint que había hecho para llegar, sin embargo, se relajó al ver cómo Hinata giraba su rostro de la ventana hacia él y sonreía.
- Ey… lo siento, creo que os he preocupado.
- Joder… - susurró Kageyama caminando con pasos firmes hasta él.
Hinata trató de incorporarse para parecer más presentable, pero lo primero que sintió fueron los fuertes brazos de Kageyama abrazarle a la vez que hundía su rostro en el omóplato del chico derramando unas traicioneras lágrimas.
- Lo siento… - escuchó a Kageyama – no sabía nada… querías ayuda y yo…
- ¿Tobio? – preguntó Hinata extrañado.
- Lamento todo – susurró soltándole, pero dejando caer sus brazos y su rostro sobre el colchón de la camilla, llorando desconsoladamente.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Hinata sorprendido, puesto que sólo una vez había visto a Kageyama tan afectado… cuando perdieron la primera vez que se presentaron a los nacionales.
- Perdóname… perdóname por no darme cuenta de tu infierno. Tuve que sospechar algo cuando te vi aquel día en la farmacia, cuando te he visto hoy en el campo con esas magulladuras, lo siento…
Hinata abrió los ojos asustado. ¿Qué era lo que sabía Kageyama? ¿Hasta dónde sabía o quién se lo había contado? Supuso que el médico que le acababa de atender tras el desmayo.
- ¿Qué es lo que sabes? – preguntó asustado - ¿Qué te ha contado el médico?
Kageyama levantó la cabeza dejando que ese chico viera sus lágrimas, dándole a entender lo que sabía, dándole a entender que había contado algo íntimo, le había contado sobre sus relaciones, podía verlo en sus ojos. Miedo… ira… frustración… culpa, se sentía culpable y es lo que más rabia le daba.
- ¿Por qué te sientes culpable? – preguntó Hinata.
- Porque pude impedirlo… porque pude ayudarte y no lo sabía.
- No puedes ayudarme en esto – sonrió Hinata.
- Él… es tu esposo pero te ha forzado… no soporto esa idea, no soporto que te hagan daño. Debiste contármelo, no debí irme.
- Te eché – dijo Hinata sin más – tuvimos un error.
- No fue un error para mí y lo sabes, te quiero, Hinata.
- No puede ser, estoy casado.
- Mal casado – sonrió Kageyama – con un hombre que te humilla, te destroza, te hiere…
- Pasaron muchas cosas cuando te fuiste, Kageyama.
- Me fui por ti y lo sabes. Me fui… porque no podíamos seguir juntos después de aquella noche.
- No necesito que te excuses, Kageyama…
- Yo lo necesito, necesito que me entiendas. Quería dejar a mi novio. Aquella noche descubrí cuánto te amaba y quise hacer las cosas bien. Dejé a mi novio y fui a buscarte, pero tú me dijiste que me marchase, que cogiera esa oportunidad, me felicitaste por salir con mi novio. Yo intentaba hablar contigo para decirte que te amaba…
- Lo sé – dijo Hinata llorando – te amaba… aún te amo pero…
- ¿Qué ocurrió?
- No puedo… no puedo contártelo – lloró.
- ¿Por qué?
- Porque no me creerías si te lo dijera, porque me culparías… porque me obligaron a casarme con él. Mi padre lo tenía preparado…
- ¿Por qué te obligaron?
- Mi padre quería hacer negocios con la empresa del padre de Azumi y… yo fui la moneda de cambio. La noche que me acosté contigo… había bebido mucho, intentaba olvidarme que iban a casarme, sólo quería amarte una sola noche, quería ser tuyo – sollozó – lamento haberte metido en ese problema, tenías novio y yo… yo lo sabía y aun así… te besé, dejé que me tuvieras, te seduje y no te lo impedí.
- Me abriste los ojos. Dejé a mi novio.
- ¿Qué?
- Lo dejé esa misma mañana por ti. No quería haceros daño así que intenté arreglar las cosas, pero tú… me echaste y… acabé cogiendo esa propuesta de trabajo en Estados Unidos. Yutaro me pidió una segunda oportunidad… y tú me habías rechazado así que… acepté volver con él, pero nada volvió a ser igual, sólo tú rondabas mi cabeza.
- No quise hacerte daño… yo no quería… - lloró Hinata – no quería destrozarte la vida, así que te alejé de mí. ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué no te has quedado en tu equipo? ¿En profesionales?
- Por ti… y por mí – susurró acariciando con sus dedos la mejilla de Hinata, acercándose con lentitud a él, ambos llorando por sentirse separados cuando pudieron estar juntos – te amo, Hinata.
- Y yo a ti – susurró entre llantos – por favor ayúdame.
Kageyama acercó sus labios hasta los de Hinata, besándole con suavidad, intentando no hacerle daño en aquel labio partido del pequeño. Hacía años que soñaba con volver a sentir los labios de ese chico y ahora… por fin volvía a tenerle. No podían dejar de llorar, tampoco querían separarse pese a saber que estaba mal, finalmente, fue Hinata quien se separó.
- No vas a quererme – dijo Hinata.
- Claro que te querré.
- No… no cuando sepas la verdad.
- ¿Qué verdad?
- Es que… ¿Recuerdas las pastillas que me viste comprar en la farmacia?
- Los anticonceptivos, sí… ¿Qué ocurre?
- Eran para mí, me las tomo sin que mi esposo se entere porque… porque no quiero…
- ¿Te las tomas?
- Tengo un problema, Kageyama… es un problema genético o algo así… los médicos no se lo explican pero… tengo… tengo un útero, Kageyama. Sé que es difícil de asimilar pero… el niño que viste es mío.
- No puede ser – sonrió Kageyama limpiándose las lágrimas, pero Hinata se levantó la camiseta dejándole ver la marca de la cesárea – ¡Dios mio! – exclamó Kageyama.
- El niño no es suyo… - lloró – ya estaba embarazado cuando me casé, mi padre aceleró el matrimonio para que nadie se diera cuenta de eso. Azumi aceptó ser el padre pero…
Kageyama se dio cuenta en aquel instante de lo que Hinata trataba de decirle. Aquella noche fue más importante de lo que él había imaginado. Ahora entendía por qué Azumi le odiaba tanto a él, ese niño le recordaba todos los días que Hinata había sido suyo.
- En Estados Unidos cambiaste tú número de teléfono, cambiaste tu compañía, no podía contactar contigo. Me enteré dos meses después de tu marcha y… no supe cómo decírtelo. Llamé a tu manager pero no me creyó, creía que estaba bromeando para que volvieras al equipo del Karasuno. Lo siento mucho.
- ¿Tengo un hijo? – preguntó Kageyama asustado de todo aquello – tenemos… un hijo – afirmó intentando pensar en lo que suponía aquello, intentando mentalizarse de aquella bomba que le había caído.
