Capítulo 08.- La ley de Murphy: el origen de todos los males


El traqueteo interminable de las uñas del rubio sobre la mesa de roble, estaba desquiciado al judío que de por sí estaba ansioso. Le detuvo la mano con brusquedad pidiendo sin palabras un poco de silencio y así poder pensar. ¿Serían grabados apenas llegara el elenco?
Tweek preguntaba cada diez minutos si no deseaban ordenar pues su padre comenzaba a disgustarse. Kyle tuvo que pedir café americano y Kenny solo lo vio beber. Si se atrevía a ingerir cualquier cosa, las arcadas harían su trabajo devolviendo todo al momento.

Los nervios lo estaban desquiciando a paso lento... Demasiado a contraste con el ritmo acelerado de su corazón. Kyle tratando de transmitir un poco de confianza, le dio un par de palmadas en el hombro.
—¿Todo bien? —Preguntó Tweek con su típico matiz subido de tono.

—Por ahora —rió McCormick con un poco de miedo en la voz.
Entre tanto, el gesto de Kyle mostraba todo un poema al ver a su ahora ex entrar a la dichosa cafetería junto a Henrietta y Pete. Trató de concentrarse en su taza de café, pero claramente la mano le temblaba.

Tweek se movió con rapidez para atender a quienes habían llegado y justo detrás de su mesa.
El pelirrojo se veía exasperado y con ganas de saltar del lugar, correr o intentar decirle a Stanley lo mucho que le quería. Así hizo, se levantó de su asiento mientras Kenny ya veía venir la continuación...

Se equivocó.
Una taza salió volando de la mesa contigua. Kyle volvió a su lugar escondiendo la cabeza del café y la porcelana. Kenneth vio el cabello negro y escuchó los gritos de Tweek, supo que Tucker había llegado a su límite, a saber por qué.
Ni siquiera tuvieron qué preguntar; enseguida se escuchó la razón a todo pulmón por la voz nasal de Craig, que en cambio a la mayoría del tiempo, se escuchaba irritablemente colérico.

La cara desencajada de Marsh y Broflovski, valían oro.
Pete, el amigo gótico de Stan, se mantenía sereno frente al cafeinómano quien recibía los gritos de Tucker a su propio nivel escandaloso.
Kenny no tuvo que preguntar como el buen chico cotilla que es, porque enseguida Tweak hizo a un lado al de cabello teñido y también comenzó a gritar.

—¡Solo viene a beber café! ¡Jesucristo! ¡Ci-cierra la boca, Craig! —Más de un presente veía al rubio con sorpresa y es que pocas veces se ponía así, fuerte, decidido y sobretodo... Molesto.

—Que te den —dijo Tucker y salió de ahí mostrando el dedo medio a Tweek quien trató con todas sus fuerzas de negarse a perseguirlo y lo consiguió. Se retiró a la cocina otra vez dando un portazo.

El gótico suspiró y peinó su cabello con un breve movimiento de cabeza, miró a Marsh y ambos salieron de la cafetería. Estaba claro que no les dejarían de molestar con miradas acusadoras.
Stan quiso detenerse en la mesa de Kyle y Kenny; pero al parar en seco, dos chicos bien parecidos entraron con una cámara en mano y se sentaron justo ahí saludando al rubio y al pelirrojo.
A Stan casi se le cae la mandíbula de la impresión y empujado por la voz de Pete, salió, confundido y con un amargo sabor en la boca.

¿Tenían una cita o algo parecido? ¡Carajo! ¡Qué lío!

Nev fue el primero en hablar y es que apenas entrar al condado Park, todo fue distinto. Como si el aire destilara un gran aroma a problemas y drama.

—No se ve eso todos los días —apuntó al chico de chullo azul que ya iba un poco retirado del lugar.

—Bienvenido a South Park —rió McCormick. Ahí, sería anormal no ver una pelea.

Kyle se veía más distraído de lo normal y con obvias razones; ayudaba a Kenneth justo en un momento crucial para su futuro. Todo aglomerado para causar suficiente estrés y mucho más.
Sorprendía que aún tuviera cabello y las uñas enteras.

—Bien. Kenny ¿por qué no nos cuentas tu historia con la modelo de Internet? —Max fue al punto de inmediato enfocando al rubio pecoso con la cámara digital.

—La conocí hace más o menos un mes. Ella agregó mi cuenta de Facebook y yo la acepté al instante —encogió de hombros—. Nunca se le niega una solicitud de amistad a una niña bonita. Ya saben.

Los presentes rieron exceptuando a Kyle que rodó los ojos y también los puso en blanco.

—Él acepta todo lo que se pueda ligar —habló el pelirrojo sofocado por la poca seriedad de su amigo.

—Gracias, Kyle —emitió con sarcasmo—. En fin. Me contó un montón de cosas y yo a ella, al principio y nada importante. Su edad, a qué se dedica y lo que le gusta. Ya saben, nada fuera de lo común. Al principio creí que era una chica boba y altanera; pero cuando intercambiamos número de teléfono, se convirtió en una persona totalmente distinta. ¿Me entienden? No era la Marjorine Miller de Kansas, súper modelo y ególatra. Ella es... real —hizo una pausa para suspirar e intentar explicar su punto. Lo que él consideraba real—. Es tímida, pero fuerte y tiene altas expectativas de los demás aún si estos son malas personas. No ve el mal en nadie, a pesar de todo lo que le he contado acerca de mí. Eso me hizo reaccionar de forma distinta. Me tranquiliza hablar con ella. No salimos, pero a mí me encantaría intentarlo.

Broflovski había bajado la guardia y lo miraba con pesadumbre. No sabía todo aquello respecto a la relación que el blondo tenía con la supuesta modelo. Por un momento, se sintió fatal por recurrir a ese medio.
Pero no había marcha atrás, pues con mayor razón debían desmentir a quien fuese: Marjorine o Kyle.

Y la sonrisa radiante de Kenneth, había cambiado. Se notaba el dulce aroma del miedo. El pánico a la destrucción de lo que creía como verdad.

—¿Tienes fotografías de ella? —Preguntó Nev.

Kyle fingió beber de su café y colocarse atento a los movimientos de Kenny. Con un poco de pesar, el rubio entregó su teléfono móvil con un par de fotografías de la chica.
Las únicas que tenía y eran las mismas en su perfil de Facebook.
Max levantó una ceja porque esperaba ver una muchacha de cuerpo proporcionado. Con curvas y mirada provocativa.
Lo que normalmente se ve en una fotografía falsa. Como iluminación de estudio y todo eso.

Demasiado distinto a las fotografías de Marjorine; sin embargo, tenían buen ángulo y enfoque. Alguien conocedor de las reglas fotográficas, había tomado esas ilustraciones.
Por lo que, daba una señal.
Sin embargo, la rubia tenía un rostro demasiado dulce y aunque llevaba ropa un poco provocativa, no daba ese aspecto erótico, sino inocente.

—Cielos. Es bonita —Nev reaccionó y Kenny sonrió. Claro que sí lo era.

—Bien. ¿Es todo lo que sabes de ella? Y supongo que estas fotografías solo las tienes tú —insinuó Max.

No obstante, Kenny negó. Es decir, las fotografías estaban en su perfil, y solo un par más que él guardaba, no. Por respetó no las mostró. Después de todo, la chica aparecía en lencería y eso lo dejaba como algo bastante privado que prefirió no mencionar.

—Esas están en su perfil —dijo Kyle encogiéndose de hombros al ver también a la chica en el móvil ajeno.

—Ya veo —suspiró Nev—. Entonces... ¿Qué les parece si investigamos un poco más y les llamamos cuando tengamos algo?

—Espero que sean buenas noticias —volvió a sonreír, pero se notaba el dejo de ansiedad.

—Siempre piensa positivo —asintió el moreno.


Regresaron a casa; cada quien por su lado y cuando el rubio tocó el computador viejo, no pudo contenerse y encenderlo.
Tardó poco más de media hora en acceder a Internet, como siempre, pero eso no lo detuvo para seguir.

Miró de soslayo a la ventana y se giró buscando en su puerta entreabierta. Se estaba tomando demasiadas molestias para nada. No tenía caso esconderse y tampoco tenía de quién.
Derrotado, suspiró y entró en su perfil de cotilleo.

La última conexión de Marjorine...

¡Genial! Estaba en línea, pero el corazón le jugó en su contra al palpitar con estrépito. La diestra le tembló al mover el ratón de computadora.
Intercalaba las frases debido a la ansiedad, por lo que borraba y volvía a escribir.

Hasta que un mensaje, en cambio, saltó a la pantalla antes de que enviase el propio.
De la rubia. McCormick contuvo la respiración al leer.

"Lamento ausentarme, tenía mucho trabajo hoy"

El rubio se llevó las manos al rostro decidiendo si era buena idea creerle o no. Así que hizo lo que cualquier persona en su sano juicio —que por suerte aún conservaba— y respondió con una pregunta.

"¿Ahora puedo llamarte? Quiero escucharte y saber que estás bien. Fueron dos días y temí que estuvieras enferma."

Claro, al principio lo creyó hasta que Kyle le aventó la pedrada de la posible realidad.

"Papá me quitó el teléfono celular. Por eso no pude contactarme hasta ahora."
Excelente excusa, Cartman. Porque sí, era el castaño quien estaba detrás de la pantalla. Había conseguido frenar a Butters a tiempo.

"Ya veo..." Kenny se debatía.
No estaba bien, pero tampoco fue capaz de confesar que estaba recurriendo a un programa para averiguar la verdad.

Dejó así la pantalla encendida y se tiró a la cama, encajándose un par de resortes en el camino.
Los labios rosados estaban hinchados puesto que pasó toda la mañana y parte de lavarse mordiéndose; sin mencionar que Butters lo inspiraba con gran destreza. Todo el día, actuó como un mártir huyendo de su presencia.
Se veía aterrado.
Ya no sabía qué creer. Por dónde empezar y qué valía la pena resolver primero.

El sonido de la bandeja de entrada resonó en sus oídos cansados y de un modo pesado se atrevió a leerlo.
"¿Estás molesto?"

"En realidad... "dejó el mensaje y escribió uno nuevo. "¿Puedes charlar por videocámara?"

"La mía está descompuesta. Lo siento, Kenny."

"¿Hablas en serio?" ya su paciencia había muerto. ¿Por qué tantas trabas? ¿Y si Ky tenía razón?
Eso pintaba la situación. Tuvo que levantarse de nuevo para caminar y sostenerse la cabeza buscando una buena manera de razonar; pero evidentemente algo no estaba bien.

"¿No confías en mí...?"

Jesucristo. Eso fue su completo límite porque ya no tenía cómo responder con palabras afirmativas y fuesen ciertas.
No, ya no se fiaba del todo y es que desaparecía y cuando de la nada volvía, le decía que no a algo muy simple. O quizá él exageraba pues tenía la cabeza lavada con esas estúpidas teorías del programa Catfish.
Tal vez estaba sometida a un tipo de pánico absurdo por los amigos cibernéticos.

"Fue un día muy pesado; perdona. Hoy me iré temprano a la cama"

Mentira. Ni siquiera era tiempo para dormir, aunque el rubio sentía que sí. Cerró los párpados intentando conciliar el sueño, pero este le había sido arrebatado con tremenda crueldad que atinó a suspirar entre lamentos a voz casi nula.

"Kenny. Sé que estás ahí"

El rubio veía la pantalla desde su lugar, pero no se animaba a levantarse.

"Iré a South Park para Halloween. Quiero verte."

Esa última escritura, hizo a McCormick levantarse de un salto con el corazón en un puño. Sobresaltado tapó su boca y sofocó un gemido gélido. Petrificado como estaba, no pudo responder de inmediato aunque sabía la chica de Kansas le esperaba. Tal vez Kyle sí estaba equivocado. No se abstuvo al sonreír.
Le vería... A Marjo. ¡Entonces se burlaría de todos por creerla una mentira!

A pesar de todo, tenía un sabor amargo en la boca y la intuición de negarse. ¿Alguna vez había oído que el corazón no escucha razones?
Pues ahí estaba él, tecleando con el entusiasmo pintado y la ilusión retratada.
Una llamada entrante de Nev lo hizo detenerse, pero ante el susto, envió el mensaje.

"¡Me encantaría!" envió, adjuntado un emoticono con corazones en lugar de ojos.


Cartman sonreía del otro lado del computador. Leopold lo miraba de cerca con la boca cerrada y con los párpados hinchados de tanto llorar. Por supuesto que Linda dejaría pasar al castaño hasta su habitación, pues además de ser vecinos, los adultos eran idiotas y ciegos para con las maldades de Theodore.

La sonrisa enmarcada se le borró del semblante cuando un mensaje apareció tras el de McCormick.
Ni pizca de idea qué era eso de Catfish, pero con una ceja castaña altiva, lo leyó un par de veces más.
Butters se había acercado con temor y la vista gacha. Sin embargo, Eric no permitió que viese la mejora más magnífica en su plan.

Ya no recordaba la razón de maquinar todo aquello, pero saboreaba la venganza edulcorada, como tanto le gustaba jactarse y para colarse en un pedestal que no le correspondía.

—Basta... —murmuró Butters cohibido—. Por favor, Eric... Es suficiente.

El castaño chasqueó la lengua y ofreció a Marjorine para verse en el baile de Halloween. En Tv de paga todo tiene mejor sabor de boca ¿no? Sería épico tener en primer plano el rostro de su amigo. Le quería, pero lo jodió y punto. Además, era una simple broma de preparatoria. No es la gran cosa.

[Jueves 30/10/2015 - 15:41]

—Bien. ¿Estás listo para saber lo que encontramos? —Preguntó Nev al rubio.

Por un momento, Kenny consideró el levantarse e irse a otro sitio, pero las palmadas en su espalda —por parte de su pelirrojo amigo— y las cámaras a su rededor, le impidieron huir de la realidad.

Por suerte Broflovski accedió a que la reunión fuese en su casa. En primera porque la de los McCormick no figuraba entre las más bonitas del condado, sino de hecho, en la parte de "mierda" de la ciudad.
Un primer plano de la sala. Aleluya que Ike ayudase por una vez y distrajera a la judía más estricta del país. ¡Quién sabe qué haría de enterarse que grababan su casa para un reality show!

Por último, McCormick aturdido por todo el contexto, encontró el aire necesario para invocar su voz al fin. La garganta le ardía y la cabeza le pesaba porque el miedo lo corroía de pies a cabeza.

—Nunca estaré listo, entonces díganlo todo —suspiró y Kyle intentó sonreír.

La computadora portátil de Nev le dio cara al rubio quien contempló el mismo perfil que conocía de memoria. Intentó encontrar fallas o algún indicio de que era falso. Kenny podía ser inteligente, pero se distraía muy fácil y no escatimaba su tiempo en juntar detalles como el pelirrojo.
Le parecía totalmente normal. El perfil social de cualquier chica en la red.

Una fotografía por aquí, otra por allá y nada más.

Tragó saliva y miró a los conductores del programa esperando a que comenzaran con su gran investigación de la chica.

—Dices que mantienes contacto por Line y otras mensajerías en línea, ¿no?

Kenny asintió con la preocupación acentuada en sus ojos azules.

—Bueno, para comenzar, las fotos parecen ser verídicas. Aunque lo que encontramos no fue mucho, es suficiente para asegurar que no creemos que "Marjorine" exista. Sé lo que estás pensando y puede que la chica de las fotografías sea real, pero es un poco increíble que una muchacha de su edad, aparentemente, consiga un contrato siendo menor de edad. En su perfil dice que no tiene más de diecisiete. Hay esperanza de que la historia que te contó sea cierta, solo por la calidad de las fotografías; son bastante buenas, pero aún así no queremos crearte falsas esperanzas. No encontramos perfiles o cuentas ligadas al número telefónico.

—Pero recibimos una respuesta positiva y aceptó vernos. La pregunta es si estás listo para saber lo más raro que descubrimos y quizá sea lo más importante —articuló Max.

—Basta del suspenso, quiero saberlo todo —murmuró Kenneth. Estaba hastiado hasta la médula. Le daría urticaria de tanto pensar y a él no le gustaba repasar tantas ideas por su cabeza.

—El número que nos diste no está ligado a ninguna cuenta o perfil de Internet, pero… —Nev hizo una pausa dramática y las cámaras enfocaron a Kenny—. El registro de esa línea no está en Kansas, está en Colorado. Para ser más específicos: South Park, Colorado.

—¿Qué? —Fue Kyle quien cuestionó por ambos, pues el rubio no comprendía del todo lo que se le acababa de mencionar.

¿Qué el número de Marjorine estaba registrado en Colorado? Más aún, ellos mencionaron el nombre del pueblo, por lo que había un noventa por ciento de probabilidades de que conocieran a la chica. Porque sí, Kenny creía fielmente que se trataba de una mujer; pero era demasiado extraño porque más de una vez juró haber visto ese rostro, sin embargo el maquillaje lo disfrazaba bastante bien. Dicen que un poco de polvo, rubor y rímel hacen la diferencia además de laborar como una máscara tan efectiva al igual que el periódico y papel maché.

—Esto no puede estar pasando —murmuró Kenny con la cabeza entre las rodillas y sosteniendo las palmas en la nuca, para después cambiar la posición de un movimiento brusco, al erguirse y echar la cabeza hacia atrás.
Tomó aire y se levantó del sofá haciendo a un lado a uno de los camarógrafos. La toma se cortó por unos minutos y es que McCormick ya había salido de casa de los Broflovski, más que asustado. No podía estarle sucediendo todo aquello.

En primer lugar porque de entrada, Marjorine le había mentido. Quien fuese o no la chiquilla, le había jurado ser de Kansas más de una vez y él había caído como tonto cuando lo prometió sin tapujos.

Y es que el sabor amargo estaba en el viento para donde quiera que cogiese aire. Si tenía varias cosas que ocultar, entonces no le hubiese pedido encontrarse el fin de semana; pero es que algo en especifico no terminaba de cuadrar.
No es que iría a South Park el fin de semana; ya estaba en South Park. Pateó una pequeña piedra y le dio a una bicicleta estacionada en la acera contraria. Frunció los labios y así fue a casa, sin mirar atrás o escuchar a Max y Nev que hacían un montón de preguntas. No lo siguieron después de que gritó.
—La veremos mañana —fue todo lo que dijo antes de volver a girarse.

Sintió el pecho estrujarse con fuerza y la ira apoderarse de sus dientes que sin duda comenzaron a clavarse sobre sus propios labios.

[Viernes 31/10/2015 – 19:38]

La primera amenaza fueron sus padres, después Kenny para que al final fuese la escuela entera. Butters con una mueca de frustración se dejaba colocar el lápiz labial y el rubor rosado a regañadientes. Temblaba y sujetaba sus propios brazos con un temor irracional. Jamás había conocido a su amiga ansiedad tan fiera como en esos cortos segundos en los que Eric sonreía, satisfecho de su obra.

No tenía sentido. Dejarse hacer todo aquello para continuar con una mentira que acabaría mal de todas formas. Si se enteraba la escuela entera poco importaba ¿no? Porque en poco más de un mes se iría lejos del pueblo a una buena universidad en Nueva Jersey.

Cartman empujó una bolsa negra contra el pecho del rubio y a este casi se le cae de la repentina brusquedad. Expuesto en temor, la abrió para encontrase con un pequeño vestido en colores verde menta y turquesa. Frunció más los labios y un chillido se ahogó en su garganta mientras Eric continuaba ensamblando quién sabe qué cosas tras una gran pantalla. Ya antes le había explicado que era parte de su trabajo como miembro del comité estudiantil, pero esta vez la inteligencia de Butters al fin daba señales de vida para con Eric. Claro que no le creía ni una pizca. Eso tenía una explicación bastante lógica, pero Stotch no sabía realmente si quería conocer la verdad.

Se limitó a levantarse y virar a ambos lados de la puerta de emergencias. Si no se vestía, no deseaba imaginar qué le haría el castaño. ¿Más almendras? Quizá podía hasta inyectarlas directo a la sangre. Aunque igual podía fingir ir al baño para cambiarse y correr lejos, muy lejos de todo aquello.
¡Perfecto! Igual podía lavarse el maquillaje lo más rápido que pudiese y encerrarse en su habitación toda la noche.

—V-voy al baño —tragó saliva—, me vestiré.

En cuanto dio un par de pasos la risa de Cartman lo desconcertó y lo hizo sudar frío. Paralizado a unos cuantos metros de la salida, sintió las grandes zancadas acercarse. El piso tembló incluso o tal vez fue su imaginación a punto de reírse en su cara.

—Ni te creas que te dejaré salir de aquí solo. No seas más marica y ponte el vestido aquí. Nadie puede entrar, solo yo. —Además de la presidenta, pero un dato más o menos no haría daño.

¡Maldita sea! Gritaba Leopold estremecido por su pulso acelerado y la mirada altiva de Cartman. ¿Es que no eran amigos? Deseó llorar más que nunca, pero tal parecía que hasta esa función había huido de su cuerpo nada más ver a Eric colocar el seguro a la puerta.
Debía calmarse por el bien de su cabeza. Respiró con pesadez y se repitió una y otra vez que lograría encontrar la forma de liberarse. Por el momento, hacerle creer al castaño que no pensaba negarse ya, sería mucho más beneficioso que ir a la fuerza. Al menos algo le había aprendido a Theodore. Darle por su lado.

—P-ero no mires —dijo al fin armado de valor. Si se negaba sería peor y pudo corroborar que dio el paso correcto cuando el semblante de Eric se relajó y volvió a lo que hacía momentos atrás.


El elenco del programa había llegado una hora antes de la fiesta que el comité había organizado. Por supuesto Kenny envió un mensaje a "Marjorine" con la dirección exacta en la que podrían verse y qué mejor en un lugar lleno de gente donde no podría huir tan fácilmente de las mentiras. Aunque también no se atrevió a mirar después si es que llegó una confirmación, dando por sentado que iría.

Kyle en cambio, se regañaba mentalmente por haber llamado al programa. En primer lugar porque jamás había visto a McCormick tan furioso.

—¿Cómo te sientes, Kenny? —Preguntó Max y se le vio al rubio suspirar.

—Me siento hecho una mierda, dude. —Obviamente aquello sería censurado.

—Bien, ya casi llegamos.

—Maldición —susurró McCormick a la par que se sostenía las sienes. Ya no estaba demasiado seguro de seguir con aquello, no como en la noche anterior.

Sin salir de la camioneta, Nev marcó el número de la sospechosa, pero la llamada fue cortada antes de siquiera ser contestada. Daba mala espina desde el principio y los cuatro se miraron con un dejo de suspicacia. Volvieron a llamar, pero esta vez entró a buzón.

—Tal vez no quiera contestar. Si no lo hizo antes, no creo que lo haga ahora —comentó Kenny de brazos cruzados y con la mirada fija en la entrada del colegio. Todos entraban con escandalosos disfraces y otros más con una gran falta de imaginación.

Pero no lograba ver a la supuesta chica de Kansas que le arrebató el sueño más de una noche. La que le juró ser modelo y tener un montón de problemas por los cuales no podía verle. Tenía que ser una broma. Se dio cuenta de que comenzaba a madurar porque esa adrenalina que antes gozaba en compañía de sus amigos, ahora la repudiaba y quería sacársela a tirones del cuerpo.

La atención de las cuatro personas dentro de la camioneta, se vio sostenida por un moreno que gritaba desde afuera, enfurecido y con una mueca torcida.
Kyle pegó un brinco en su lugar pues pocas veces había visto a Stanley tan irritado y dolido al mismo tiempo.
Lo último que les faltaba: más drama.

Kyle se disculpó con McCormick y bajó de la camioneta; ahora o nunca. Pero eso no parecía ser suficiente para Marsh quien golpeaba el vidrio del copiloto donde se encontraba uno de los conductores del programa.

—¡Baja de ahí, infeliz! —Gritó enardecido y cegado por los celos.

—¡Basta Stanley! —Amonestó Broflovski al sostenerlo de los brazos, pero, estaba hablando de Stan. El capitán de futbol americano. Por supuesto que no pudo detenerlo; sin embargo el moreno se giró con estrépito a Kyle.

—¿Por qué, Kyle? Me cambias por un sujeto que te lleva seguro seis años más —escupió frenético—. No, no voy a permitir que te aparten de mí.

El pelirrojo estuvo a nada de protestar porque todo lo que decía el de ojos azules, no tenía sentido. Así fueron las cosas con él siempre. Irracionales, pero sumamente dulces. ¿Cómo reprocharle su comportamiento cuando lo había tomado con gran decisión de la cintura y ahora le besaba con una pasión desmedida? La de un Romeo. Por esta vez dejaría que las palabras de Julieta calaran en sí. La mejor disculpa de todas es el arrepentimiento y a ambos se les notaba al mover los labios, lo mucho que sentían haber estado alejados tanto tiempo por un estúpido malentendido.

Se detuvo cuando la mano de Stan se coló indiscreta por su camisón verde olivo y se separó unos segundos para ver que McCormick se acercaba a ellos y se recargaba en una de las puertas del vehículo.

—Kenny está bien si… —No terminó la frase.

—Anda, de todas formas no tengo muchas ganas de quedar en ridículo frente a mis amigos —una sonrisa triste otra vez y una señal con la barbilla.

Kyle no dijo más y Marsh sin entender demasiado giró la mirada. Turnándola del rubio al pelirrojo. Stan estuvo a nada de preguntar, pero Broflovski no le dio tiempo. Ike, se encontraba en la fiesta y sus padres se lucían dentro como chaperones, en todo caso, lo peor que podían hacer, era perder el tiempo en ese momento.

Las luces mercuriales se encendían en cuanto paso daban por las calles ya oscurecidas por la noche. Los niños pasaban en grupo con cómicos y adorables disfraces, más que aterradores. Ajenos al ajetreo de Halloween, ambos chicos continuaban corriendo tomados de la mano sin girar la mirada hacia atrás. A veces la adrenalina es dolorosa para unos y ardiente para otros más afortunados.

I don't even know myself at all
I thought I would be happy by now
The more I try to push it
I realize – gotta let go of control

Mientras un rubio miraba a las estrellas asomarse y el pánico crecer en su pecho, una silueta pequeña comenzó a acercarse y temblaba, como una muñeca de cuerda y trapo. Tenía la cabeza gacha y sin duda caminaba con dirección al estacionamiento.

Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen
So let it happen

Max y Nev salieron de la camioneta en cuanto la vieron acercarse. Daba pequeños tropezones y no dejaba de moverse con una ansiedad impresionante. Jugaba con las manos frente a su regazo y ese gesto se le hizo terriblemente conocido a Kenneth. Sintió el cuerpo frío y se pasó una palma por el rostro entero. Era una muchacha parecida a la de las fotos. Pequeña, delgada y con el cabello rubio, pero no podía dejar de pensar que algo andaba mal, en primer lugar porque no levantaba el rostro y en segundo, tenía esa sensación de arcadas en la boca del estómago.

—¿Es ella? —Preguntó Max a Kenny, pero este no supo cómo responder.

—Eso creo, no lo sé —fue honesto.

Los puños a ambos costados, apretados con tanta fuerza que los nudillos se colorearon en blanco y las uñas se le encajaron en las palmas.

It's just a spark
But it's enough to keep me going

Cuando levantó al fin la mirada, Kenneth entró en crisis porque reconoció de inmediato la pequeña cicatriz en el ojo izquierdo. Todo cobró sentido y no había duda para entonces. La peluca rubia, el maquillaje, el increíble parecido de vida que tenía Marjorine con… Leo.

Su rostro se tornó tan pálido que ni siquiera se distinguía el rojo en la nariz y las orejas a causa del frío. Los labios entre abiertos y la decepción en la mirada.

Lo esperaba de todo mundo, excepto de Buttercup. No, él no podía haberlo engañado de una forma tan cruel ¿verdad? Era un chico bueno y adorable; pero una imagen dice más que mil palabras y él no sólo tenía unas fotos, sino el prototipo en vivo.

And when it's dark out, no one's around
It keeps glowing

—No puede ser —se giró con las manos en el rostro en cuanto estuvo frente a él. Quería llorar, gritar, y hacer un montón de preguntas a la vez. Tenía tanta furia contenida y no porque fuese un chico en realidad, ni por el hecho ya de que le mintió mucho más de lo que creyó.

Fue Butters, el tímido chico de su clase que dijo apoyarle varias veces. El de sonrisa dulce y amalgamada con torpeza.

Pero Leopold no estaba mejor, se veía en los irises celestes que estaba a nada de romper en llanto. Seguro le tenía asco, además de que la mirada de decepción en su rostro, fue un duro golpe a su corazón. De nuevo el vértigo amenazó al más bajo.

Every night I try my best to dream
Tomorrow makes it better
Then I wake up to the cold reality
And not a thing is changed

—¿Se conocen? —Preguntó al fin Nev mientras Max continuaba con la grabación, pero este no era el único con una cámara.

Dentro del gimnasio, una gran pantalla había sido encendida con un simple clic al mando que Eric sostenía. Una gran extensión salía desde la puerta trasera hasta unos metros atrás de donde se desarrollaba su preciosa venganza.
A vivo color, cada uno de los presentes se giró cuando escucharon la conocida voz de McCormick estallar.

—¿Que si lo conozco?
Sí había hablado en masculino.

Una risita sarcástica y duramente fría se le escapó. Estar decepcionado se quedó demasiado corto. Le dolía el pecho porque incluso llegó a sentirse confundido por Butters, por Marjorine… Ambos, y la culpa le comió un tiempo a causa de dicha razón.

But it will happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen

—Yo creí que sí —gruñó ya no sabía si molesto consigo o con Stotch.

Leo escuchó ese crujido que hace el papel al ser arrugado con fuerza y sin contemplación. De nuevo era su corazón haciéndose trizas y al ver a McCormick alejarse sin ganas de seguir con ese estúpido teatro sin sentido, no pudo evitar detenerlo.

No, no, no. Justo eso deseó evadir tiempo atrás, pero maldita la hora en que escuchó a Eric Cartman y sus intenciones falsas.

—¡Kenny! Es-pera, por favor. ¡T-te lo puedo explicar! Yo, y-yo sé que te lo puedo explicar —había comenzado a tartamudear más de lo normal. Maldito habito que no lo dejaba en paz.

—¿Qué vas a explicar, Stotch?

Golpe duro. Kenny jamás le había llamado por su apellido. Ahí supo Butters que no tenía un una mínima oportunidad.

It's just a spark
But it's enough to keep me going
And when it's dark out, no one's around
It keeps glowing

En el gimnasio se unían las risas, los cuchicheos y no sobraban las caras sorprendidas así como las poco impresionadas. La mayoría siempre pensó que Leopold era un poco o muy femenino para cualquier tío. Se escucharon las risitas de Eric en un tono más bajo a la voz de McCormick que continuaba con la mirada desencajada en desesperación.

Max y Nev intentaron intervenir, pero Kenny con un tono agresivo les pidió que no lo tocaran, porque ya habían hecho suficiente.

—¡¿Eh?! ¡¿Qué mierda piensas explicar?! ¡¿Cómo me mentiste y fingiste ser otra persona?! —Se le rompió la voz—. Creía en ti. En Marjorine y en ti. ¡Y me sentí culpable! ¡Dios! ¡Soy tan idiota!

—P-pero deja que… —intentó otra vez Leopold.

—¡¿Qué?! ¿Esta fue tu idea? —Le dio una última oportunidad. Porque sí, en algún punto llegó a deducir que el cabrón detrás de todo era Cartman.

It's just a spark
But it's enough to keep me going
And when it's dark out, no one's around
It keeps glowing

Ajenos a todo, Stan y Kyle se sonreían al son de pequeños suspiros. El pelirrojo se retorcía a causa de los agresivos empujones de Marsh, quien después de tanto tiempo sin el calor de su amante, no pudo contenerse ni un poco. No se detuvo a preguntar si lo lastimaba en algún punto y de todas formas, el de risos no parecía menos que extasiado.

And the salt in my wounds isn't burning anymore than it used to
It's not that I don't feel the pain, it's just I'm not afraid of hurting anymore

El que aferrara las piernas a su cintura le aseguraba lo mucho que estaba disfrutando de esa nueva faceta en el moreno.

—¡Ah! —Gritó Kyle echando la cabeza hacia atrás y aferrándose a su almohada.

La cama rechinaba como nunca y fue un gran alivio que el ruido de las fiestas no permitiera que los sonidos lascivos escaparan más allá de la habitación.

And the blood in these veins isn't pumping any less than it ever has
And that's the hope I have, the only thing I know that's keeping me alive

Se miraron satisfechos cuando clímax les recorrió el cuerpo entero y sin cerrar los párpados se besaron con la dulzura necesaria. El perdón estaba en el aire y las dudas sentadas en el pasado.

Stan besó las mejillas pecosas y murmuró un perdón mucho más tenue que sus fieras acciones. Kyle asintió y expresó las mismas palabras.

Alive

Se dejaron acunar por las sábanas y el frío nocturno. Mañana se pondrían al tanto con lo sucedido en el baile, y el estacionamiento; sin saber que sería un caos total y penoso.

Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen

El llanto de Stotch ahora no solo repicaba en el estacionamiento, sino también en el lugar donde el baile de Halloween se llevaba a cabo y es que no pudo darle una respuesta a Kenneth. Por supuesto que no había sido su idea, pero tampoco tenía el valor para delatar a Eric. No era tan malo después de todo y también compartía la culpa al haber aceptado un acto tan cruel.

Al haberse enamorado de él.

—Eso es suficiente para mí —murmuró refiriéndose al silencio y tras dar unos pasos lejos del estacionamiento, echó a correr a cualquier lugar. Lejos, muy lejos donde las mentiras y las risas internas no le alcanzaran.

Butters fue grabado en un primer plano por el castaño quien por fin salía de su sitio, escondido tras un automóvil avejentado.

Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen
Gotta let it happen

It's just a spark

Los conductores de Catfish se acercaron al pequeño que ahora se reducía a temblar y llorar en cortos gimoteos. Intentaba inútilmente limpiar su rostro, pero enseguida volvía a inundarse en lágrimas.

—¿Estás bien? —Preguntó Nev obviamente preocupado y Max había decidido apagar la cámara, como si todo aquello no fuera suficientemente embarazoso.

Leopold negó y aunque Max intentó ayudarle a levantarse, este se negó por completo y se irguió por cuenta propia. Le siguió a Eric con la mirada y dando zancadas hasta él, se plantó con furia y le arrebató la cámara.

—Me mentiste, a mí y a K-kenny —comenzó titubeando un poco.

Eric se reía y le daba poca importancia a todo, hasta al hecho de que la cámara continuaba encendida.

—Yo no mentí, tú mentiste ¿recuerdas? Tú eres un travesti que sedujo a Kenny —chistó—. ¿Qué? ¿Al fin me dirás que te enamoraste de él? —Eric lo sabía. Fue una pregunta retórica.

Leopold con más vergüenza ahora que ira, dejó caer la cámara y le dio un fuerte pisotón. Corrió en la dirección contraria que el rubio mayor. Mientras Cartman se lamentaba por su carísima cámara rota y los presentes en la fiesta disfrutaban de la estática en la pantalla.

But it's enough to keep me going
(So if I let go of control now, I can be strong)
And when it's dark out, no one's around
It keeps glowing

Lloraba a mares, gritaba y pateaba la madera rota de la casita en el árbol. Le dolía. Tanto que la presión en el pecho le impedía respirar correctamente. ¿Por qué?
Tal vez sí se había enamorado de ambos después de todo; del mismo al fin y al cabo, pero no podía con el engaño, la zozobra y el punzante pensamiento de que ni siquiera negó su culpa.

Al final se deslizó hasta tocar la alfombra vieja y con aroma a tabaco, con el rostro humedecido y las esperanzas rotas.

It's just a spark
But it's enough to keep me going
(So if I keep my eyes closed, with the blind hope)
And when it's dark out, no one's around
It keeps glowing

Las esperanzas de que todo fuera una maldita broma de muy mal gusto. Pero no, esa era la cruda realidad de su triste vida.